Las novelas del viejo león de pelo blanco: Samuel Fuller

Viernes, Agosto 29th, 2008

 fuller.jpg

Ssupongo que los/as que recalan en este blog conocerán si no en su totalidad sí algunas de ls películas de Samuel Fuller (Worcester, 1911-Los Angeles, 1997) un director especializado en películas de bajo presupuesto que fue reivindicado en los años setenta por jóvenes cineastas europeos que poco o nada recogieron de su talento. Me refiero en concreto al sobrevalorado Win Wenders, cuyo cine se ha ido empequeñeciendo con el paso del tiempo por mucho amigo americano que bucase desesperadamente.

No voy a comentar sin embargo lo que me sugiere el cine del león de melena blanca del que dice la leyenda que disparaba al aire cuando gritaba la palabra acción. No, no quiero hablar de sus películas aunque recomiendo a los iniciados y a los novatos a que la redescubran o descubran según sean los casos. Hoy quiero hablarles del señor Fuller como escritor ya que, afortunadamente, se tradujeron algunas de sus novelas cuando en este país todavía se traducía a gente interesante.

El primer título que leí del director de La casa de bambú fue Muerte de un pichón, novela que más tarde llevaría al cine en el invierno de su descontento. O en el de una carrera plagada de meridianos éxitos. La película no vale mucho, pero la novela que da origen al filme todavía suda interés para los que disfrutan con una buena ficción policiaca. Fuller, en este sentido, cultiva el subgénero duro de la novela negra, influenciado notablemente por la soledad del corredor de fondo que caracteriza el universo de uno de los maestros literarios del género: David Goodis. La novela trancurre en escenarios de la vieja Alemania Federal y está protagonizada por un personaje con nervios de acero aunque balndo corazón. Se editó en nuestro país en la colección Espiral, de la mítica Fundamentos, y con suerte se puede pillar en rastros y librerías de viejo. Lo mismo pasa con su deliciosamente reaccionaria 144 Piccadilly, novela con la que arremente contra la cultura de la paz y las flores que encarnaron los hippies en plenos años 60. Por políticamente incorrecta es seguro que incomodará a más de uno y una, pero si el lector sabe abstraerse del peculiar ideario del cineasta y escritor, les garantizo que la novela respira un déjame entrar que, al igual que me sucede con su película Manos peligrosas (brutal reflexión anticomunista), te absorbe hasta llegar a sus páginas finales.

Considero, sin embargo, de las novelas leídas hasta la fecha de Fuller como la más interesante la titulada El fusil, cuya acción transcurre durante la guerra de Vietnam. El fusil es un M-1 que pertence a un vietnamita, Quan, “con él era un gigante de cinco pies capaz de luchar contra el  mundo por sí solo” lo describe Fuller, quien aprovecha la novela para mostrarnos también dos conceptos ante la guerra que encarna en un militar norteamericano y un pacifista de la misma nacionalidad que dan con sus huesos en aquel apocalipsis ahora. 

Como en todas las novelas de Fuller, y como en sus películas si uno se para a pensarlo, el pacifista no será tan pacifista cuando vea cara a cara a la muerte, mientras el militar, acostumbrado a la vieja dama, resultara más humano (junto a Quan) de esta todavía sorprendente novela contra ¡la guerra!

El viejo cineasta de cabello blanco confesó en cirta ocasión, no obstante, que la guerra era un tema que lo apasionaba porque, según él, “la muerte es la emoción básica porque vivimos en un mundo de odio”.

Otras novelas que sobre la guerra del Vietnam son la recomendabilísima Un chaleco de acero (en la que se inspiró vagamente Stanley Kubrick para su La chaqueta metálica), de Gustav Hasford y editada en su momento en España por Seix Barral, y la raccionaria Boinas Verdes, de Robin Moore, título que fue llevado al cine por John Wayne en la fue su última película como director tras su épica (y sí) fabulosa El Álamo. Hay otros títulos sobre este conflicto escritos tanto por estadounidenses como vietnamitas, también franceses cuando Vietnam era su colonia, Indochina, y quizá de origen a otra entrada en el blog según salga el sol. El motivo de este post era, sin embargo, Samuel Fuller y su recomendable producción literaria, por lo que añado a las tres novelas antes citadas (todas ellas editadas por Fundamento), Mi nombre es Quint, que apareció en español en la inolvidable colección Etiqueta Roja de Edicions B.

Mi nombre es Quint es otro de los grandes títulos literarios de este genial hombre de acción. El lector la pude leer como si se tratara del lado oscuro de Bourne, el súper espía al servicio de nadie creado por Robert Ludlum, aunque más coherente y bestia. En esta novela hay un poco de todo: asesinos profesionales con más de 70 años, hombres poderosos que encarnan lo peor que todos llevamos dentro y un héroe con cierto parecido a Lincoln y cincuentón que recorre media Europa perseguido por un ejército de asesinos. Muy recomendable, vaya. En especial para esos que leemos best seller sin sonrojo.

Ignoro si hay otras novelas traducidas al español de ese animal salvaje que fue Fuller. Me haría muy feliz descubrir que sí. Si no es así, me quedan afortundamente los títulos citados y sus películas. Trabajos todos ellos que si se caracterizan por algo es por su sentido de la acción.

BANG, BANG, BANG. 

En memoria de Edison Marshall, un escritor de aventuras olvidado

Miércoles, Agosto 27th, 2008

furia21.jpg

Es probable que por el nombre no lo conozcan ni siquiera los iniciados en la novela de aventura, pero si citamos algunas de las películas que se rodaron inspiradas en sus creaciones literarias es probable que a más de uno se le despierten los instintos depredadores por hacerse con sus libros. Nos referimos al escritor norteamericano Edison Marshall (1894-1967), uno de esos autores injustamente olvidados por los seguidores de un género que tanto buenos ratos nos ha hecho pasar. Filmes como Los vikingos, un clásico dirigido con mano maestra por otro gran clásico, Richard Fleischer,  o El hijo de la furia, de John Cronwell, quizá despierten las gastadas neuronas de más de uno, por lo que recomendamos a los fanes fatales a que busquen como posesos estos y otros de sus títulos, si bien se trata, advertimos, de una tarea casi imposible porque todas sus novelas en castellano, absolutamente todas sus novelas, se encuentran hoy descatalogadas. Claro que con suerte, y yo he tenido esa suerte, te puedes encontrar con algunos de ellos en rastros y librerías de viejo. La cosa es rebuscar y mancharte los dedos de la mano con el santificado polvo de todos esos libros estropeados y de páginas amarillentas con las que suelen tropezarte cuando visitas uno de estos sitios. Y creedme si os digo que el corazón suele latirme a una velocidad fuera de lo normal cuando encuentro algunos de los excelentes trabajos de Marshall en sitio como estos.

Descubrí a Marshall gracias a la lectura de un artículo excelente firmado por Alfredo Lara López en Opar, uno de los mejores fanzines que jamás se hayan editado en España. Y quiso el destino, tras la lectura incediaria y absolutamente recomendable de Lara López, que llegase a mis manos la primera novela que inició mi particular obesión por las creaciones de este escritor. Debo reconocer, no obstante, que me decepcionó el hallazgo. El título de la novela es Un castillo en el pantano, y más que una novela de aventuras es una novela gótica, donde el autor mezcla con cierta habilidad (eso sí que es verdad, o al menos mi verdad) romances sureños con asesinatos varios… La luz, sin embargo, se encendió mucho tiempo después, cuando compré la estupenda El teniente de bengala, novela de aventuras coloniales que transcurre en la India y donde aparece una de las constantes de este narrador ultra conservador y en ocasiones reaccionaro: el mestizaje de su protagonista, lo que origina un conflicto no ya de clase sino racial. El chico que tiene la mitad de su sangre blanca quiere ser blanco pese a los obstáculos que le impone la rígida sociedad en la que se desenvuelve. El teniente de bengala es una de esas novelas río donde pasa de todo a un ritmo endiabladamente veloz. Hay tiros, romance, aventura, engaño, traiciones, heroísmo… Más o menos los mismos ingredientes que el escritor volcaría en otras de sus grandes obras: El hijo de la furia. Este título tiene reminiscencias más o menos idénticas en su inicio a las grandes novelas de Stevenson, pero a mitad de la historia da un giro de 20 grados y explora otras vías para satisfacción de lectores con ganas de sumergirse en los avatares y las inclemencias de su protagonista. Hay quien asegura que El hijo de la furia también puede leerse como una especie de El conde de Montecristo radical. Yo no voy tan lejos, sólo garantizo entretenimiento y un viaje a lugares exóticos, en este caso las islas del sur, entre otros paisajes por los que transcurre la novela, que no deja de engancharte a sus páginas. Las tres novelas citadas fueron editadas en su momento por la inolvidable colección Reno, donde lo mismo publicaban a Marshall que a Graham Greene, o a Vicky Baum y Frank Yerby, entre otros escritores de “moda” de aquellos años…

Marshall escribió muchas más novelas, pero sólo he logrado hacerme en los últimos tiempos con El bloque de jade, que no deja de ser una simpática pulp fiction, pulp fiction bastante incorrecta para estos tiempos profilácticos que vivimos. Quizá se trate, además, de la más racista de sus novelas. De un racismo tan infatil que a unos dará miedo y a otros sonoras carcajadas. Así son las cosas. Es una lástima que su novela más famosa, Los vikingos, no haya sido editada en España. Me consta que hay una edición argentina de los años 50 pero doy casi por imposible que algún día pueda hacerme con ella. Otros títulos del escritor son La isla de las focas, La joya de Mahabar, La reina del Ártico y La mujer infinita. Ah, y a modo de despedida del viejo y entrañable Opar, ¡hasta la próxima y cuidado con los malos encuentros!

NOTA: La imagen que acompaña este comentario corresponde a la actriz Gene Tierney, protagonista de la versión cinematográfica de El hijo de la furia. Obvia decir, aunque lo diré, que me sigue pareciendo una de las actrices más brutalmente bellas del cine de todos los tiempos. Los que ya fueron, los actuales y los que están por venir. ¡Qué viva Laura! Y si no, Que el cielo la juzgue.

Un emocionado y (pretendidamente) caluroso homenaje a Ian Fleming

Martes, Agosto 5th, 2008

 fleming.jpg

Varios amigos que no tienen otra cosa mejor que hacer que explorar lo que anoto cultural y curturarmente en este blog me comentan (no sé yo con qué intención) el por qué no he escrito nada sobre mi admirado Ian Fleming, el creador literario de 007 , de quien este año se celebra el centenario de su nacimiento. Y la respuesta no es otra que despiste. Sirvan pues estas líneas para recomendarles a ellos y a otros que puedan leerme que pierdan el tiempo de sus vidas maravillosas leyendo si no todas al menos algunas de las novelas de este escritor en el punto de mira de la crítica seria y aburrida, y reivindicado por el puñado de miles de aficionados que tuvimos a bien descubrirlo en una etapa de nuestra existencia donde todo lo que oyes, ves y tocas te marca para los restos…

En plan abuelito cuenta batallas recuerdo que descubrí a Bond primero por las películas que por las novelas. Me figuro que como a gran parte de los aficionados al universo del súper agente secreto al servicio de su graciosa majestad. Tuve la suerte de ver la primera película Bond, Desde Rusia con amor, en el hoy desaparecido cine La Paz. El cine La Paz era un cutre cine que en el otoño de su existencia se dedicó a programar dos películas por el precio de una. Se encontraba en la esquina de la avenida del General Mola, frente al bar Imperial (bar que sigue haciendo hasta que alguien me demuestre lo contrario los mejores bocadillos de pollo de esta ciudad) y cuando existía la plaza del mismo nombre, de La Paz.

Todavía recuerdo el impacto que me produjo la película, y que nada más empezar se cargaran al mismísimo Bond (Sean Connery) aunque segundos después descubrieras aliviado que era un falso 007 al que usaban para entrenar al malo de la película, un rubio platino Robert Shaw (el cazatiburones de Tiburón, si hombre, al que la bestia le rompe las piernas y lo arrastra a las profundidades del mar).

Después, por un amigo, me enteré que Bond además de protagonizar aquellas maravillosas películas era un personaje literario creado por un tal Ian Fleming, autor también de la novela de uno de mis filmes favoritos de mi infancia Chitty Chitty Bang Bang (1964) . Así que por esos caprichos que te da la vida, o cuando tienes esa sensación de que el mundo conspira para hacerte feliz que diría J. D. Salinger, un día cayó en mis manos una novela del agente secreto editada por Bruguera. El título: Operación Trueno. Y ese fue el inicio de mi largo, leal y agradecido romance con el universo Bond, independientemente del que mantenía con sus largometrajes.

La verdad es que puestos, debo decir que prefiero más al personaje literario que al cinematográfico. Y por razones varias. El Bond de las novelas no es un súper héroe. Tiene un punto canalla y sobre todo epicureo delicioso. En sus libros lo mejor no es la trama de espionaje, ni siquiera los atractivos malvados con los que se enfrenta, sino cómo vive el condenado a cuesta de su país. Bond, James Bond es en la novelas un vividor, un tipo que sabe comer y que gusta de las cosas exquisitas, comenzando por las mujeres. También es un tipo que se atiborra de pastillas (anfetaminas concretamente) para realizar las misiones más peligrosas. Fumador empedernido, jugador compulsivo y bebedor con mayúsculas, el personaje encarna todo lo políticamente incorrecto de nuestros sanos días y aún así, con los pulmones como pasas, la presión arterial a punto de reventarle tiene fuerza suficiente para desmontar las operaciones más fantasiosas de los malos de turno. Gente que, como el Doctor No o Goldfinger, ni fuma ni bebe, ya que sólo viven para estropearle el día a la gente del mundo libre.

Esta es otra nota de color en las novelas de James Bond. Y de su escritor, Ian Fleming, la convicción de que su héroe protege al mundo libre del feroz comunismo y, más tarde, cuando comenzó a descongelarse la guerra fría, de la organización de signo totalitario Espectra.

Ahhh, qué tipo, como se nota que es escocés.

En mi obsesión bondmaníaca me hice con todas las novelas que Bruguera editó del personaje en los 70 y más tarde conseguí la serie completa gracias a RBA. Pero no contento con ello, tengo la manía de comprar otros libros Bond editados en sudamérica (tengo ediciones mejicanas y colombianas) y de hacerme con las novelas que tras la muerte de su creador continuaron escritores como Kingsley Amis, padre de Martin Amis, que bajo el pseudónimo de Robert Markham dejó el pabellón muy alto con su El coronel Sun (editada por Plaza y Janés en la colección Espionaje en 1969) ; John Gardner, que no me convencieron, fracamente, y hoy Sebastian Faulks con la dignísima La esencia del mal. Desconozco, no obstante, el trabajo de otros continuadores como John Pearson y Raymond Benson, pero en diversos foros dedicados exclusivamente a 007 me informan que no me he perdido nada.

En mi locura bondmaníaca (que no hace daño a nadie, imagino), también me he hecho con novelizaciones de algunas de sus películas, títulos que repiten con palabras lo ya visto en imagen, y como es natural tengo varios volúmenes (algunos de ellos lujosamente editados) dedicados al agente que condenó su vida al servicio de su (graciosa) majestad. También cuento en mi haber con un biorafía en inglés de Fleming, The life of Ian Fleming, escrita por el ya citado Pearson.

¿Por qué esta manía inocente por Bond? No tengo ni idea. La razón quizá se encuentre en que me gustan las novelas de espías (las buenas buenas, es decir las que firman Graham Green, Eric Ambler y John Lecarre cuando no se pone pesado), las regulares, con mi admirado Len Deighton (creó también un agente secreto pero más creíble, Ipcress) y otros tantos que no voy a enumerar para no cansarles ni cansarme. Recomendaría de todas formas a los que quieran introducirse en el género (porque la novela de espías es un género, o fue un género cuando el mundo se dividía entre buenos y malos, o los del mundo libre y los que sufrían la dictadura del proletariado) que adquieran el interesante ensayo La novela de espías y los espías de novela de Juan Antonio de Blas.

Bueno, no sé si al final he podido rendir el homenaje que se merece el escritor que ha dado origen a este comentario. Soy consciente de que los culturetas de toda la vida (esos que no pasan de Arthur Conan Doyle en cuanto a literatura popular se refiere) continurán mirando de reojo a nuestro 007 pero como digo siempre son ellos y no nosotros quienes se lo pierden. ¿Verdad?

P.D.: Recuerdos de M y también de la adorable Moneypennie.

El último refugio

Jueves, Julio 10th, 2008

refugio.bmp

Los aficionados a la novela policíaca en España somos muchos. Cierto es, no obstante, que el lector de novela negra que no detectivesca forma parte de innumerables tribus, pero es fácil reconocer. A mí me gusta, y mucho, la novela negra, sobre todo lo que se cocinó en los Estados Unidos en los años 30 y 40, también los 50 y un poquito menos la de los 60 y 70. No sigo con demasiada atención a los nuevos escritores del género, salvo casos muy aislados (y revival) como James Ellroy, pero sí que presto atención a lo que nos viene desde tierras latinoamericanas. De hecho, creo que el movimiento “negro” en muchos de estos países tiene bastante puntos de contacto con las ficciones policiales que lo hicieron grande en los Estados Unidos. Es decir, que la crónica policíaca la cuenta, generalmente, el que está al margen de la ley. O el marginado para que me entiendan. Me encuentro estos días leyendo, que digo leyendo, devorando casi literalmente Cadáver de ciudad, de Juan Hernández Luna, escritor mejicano que obtuvo el año pasado el premio Hammet 2007 a la mejor novela precisamente con esta novela.

 Se trata, advierto, de un título no apto para todos los públicos por la crudeza de algunos de sus personajes y de lo que hacen, y no tanto por estar narrada en tres tiempos. Es un título potente por su crudeza, y algunas de sus páginas son de esas que no dejan de noquearte continuamente. Me tiene enganchado, y como todos esos títulos que suelen engancharme, lo leo a sorbos, un día tres páginas, otro cuatro… para demorar llegar al final.

Julio es el mes de la novela negra en España. Y es el mes de la novela policíaca porque la ciudad de Gijón se viste de negro para celebrar una semana dedicada íntegramente al género. El responsable de esta fantástica idea es además de un excelente escritor, Paco Ignacio Taibo II, uno de los más esforzados y rigurosos editores que ha tenido esta literatura negra en habla hispana. Yo siempre recomiendo a los aficionados que se den una vuelta por la ciudad asturiana por estas fechas, hago extensiva la recomendación a los organizadores de propuestas similares en las islas. En la Semana Negra la literatura, las charlas, las exposiciones, la feria de libros policíacos convive en perfecta comunión con la verbena. Recuerdo una vez como disfrutaba sintiendo las tripas protestar mientras ojeaba libros de la editorial Júcar y Cosecha Roja. La razón es que llegaba a mis narices el seductor olorcillo de unos deliciosos calamares a la romana que estaban cocinando en el chiringuito de al lado en ese mismo momento.

La ciudad entera se viste, además, de fiesta. Hay conciertos en las calles, buen rollito por los parques y una larga y extensa lista de establecimientos de restauración donde satisfacer a tu maltratado estómago.

Desde ese día asocio Gijón a uno de mis géneros favoritos. Por eso, quizá, siempre me saliva la boca cuando encuentro un título de unos de mis autores reverenciados en el rastro o en una librería de viejo. Están de suerte, sin embargo, los que han llegado tarde a la novela negra o los que la están descubriendo (benditos sean). Se editan a los clásicos, y el abanico incluye a maestros del polar francés como Jean Patrick Manchette, escritor que cuenta con una de las mejores novelas del género de todos los tiempos: Volver al redil, traducida en viñetas por el maestro Tardi, así como a narradores tan extravagantes y personales como Marc Behm. Paralelamente, el género convive con historias detectivescas ambientadas en periodos históricos que no es el nuestro (estás también me gustan bastante) y con detectives de hoy que no terminan de convencerme. Soy, en este sentido, un tipo que apuesta por lo de antes antes que por lo que se hace ahora. Pero qué quieren que les diga, todas aquella literatura me parece más auténtica y vitalista que la de estos días. El ladrón era un tipo con corazón roto y un desperado; el policía un delincuente con uniforme al servicio de los tipos que gobernaban la ciudad o el estado; el detective privado un personaje al margen, ni demasiado listo ni demasiado tonto. Es probable, eso sí, que demasiado ingenuo…

Pero me conformo con que el género siga vivo.

Debajo un regalo para iniciados, los ganadores de los premios que concede la  Asociación Brigada 21 de las novelas editadas a lo largo del 2007:

* Mejor novela en castellano
Cuerpo a cuerpo, de Eugenio Fuentes, editada por Tusquets

* Mejor novela traducida al castellano
Una novela criminal de Giancarlo de Cataldo, editada por Roca Editorial

* Millor novel.la en català
Aigua bruta, de Pau Vidal, editada per Empuries

* Millor novel.la traduïda al català
El secret de Christine F., de Bejamin Black, editada per Bromera

* Mejor primera novela
Entre dos aguas, de Rosa Ribas, editada por Umbriel

* Premi Florenci Clavé a la mejor portada
El caso del cadáver sonriente, de Paco Piquer, editada por Rey Lear

* Premio Rescate a la mejor reedición de alguna novela agotada desde hace más de diez años.
Prótesis, de Andreu Martín, editada por La otra orilla

Más allá del bien y del mal, adiós a Thomas M. Disch

Martes, Julio 8th, 2008

disch.jpg

Me entero por casualidad porque en la prensa convencional no he visto referencia alguna. Ha muerto Thomas M. Disch.
 Es probable que la crítica y los lectores académicos apenas les suene el nombre. Es probable también que eso pase porque no han leído ninguna de sus novelas. Ellos se lo pierden.

Disch es para unos un escritor de ciencia ficción. Un escritor potente de ciencia ficción, pero para mi es algo más que un buen contador de historias espaciales. Sobre todos los últimos títulos traducidos al castellano, El ejecutivo y El cura, volúmenes virulentos y muy radicales donde arreme, entre otras cosas, contra la codicia y la hipocresía que parece que esconde la Iglesia católica. El cura, que ha sido editada recientemente en edición de bolsillo, es un soberano corte de mangas contra esta institución, y es de lectura polémica porque habla de cosas digamos que difíciles para los bautizados. Me soplan que El Vaticano lo ex comulgó… ¿Por escribir lo quen escribía?, ¿por homosexual?, ¿por estar arruinado?

Disch, que falleció el viernes pasado, 4 de julio, por la vía rápida, es decir el suicidio, nos abandonó porque se le hizo insoportable vivir sin tener a su lado a la persona que más quería en el mundo. Ahora se enteran bastantes de que el compañero de Disch era un hombre, y qué… les digo. Lean sus novelas, métanse en su mundo, adviertan con terror lo que nos puede pasar si el sistema en el que vivimos esconde otras sutilezas. Un ideario profundamente reaccionario, unas ganas de vigilarte todo el rato y de taparte la boca si molestas… Lean Campo de concentración y En alas de la canción… No sé si fue un genio, pero si un tipo que sabía ser divertido y siniestro cuando escribía.

Es hora de que lo recuperemos los iniciados y de que lo descubran los profanos. Tiene miga. Hace pensar, guste o no guste a los académicos. 

Descansa en paz, maestro.

La llamada de Cthulhu

Miércoles, Junio 25th, 2008

lovecraft.jpg

Si eres de los que descubrió cuando salía de la dolorosa aunque también feliz adolescencia los relatos de H. P. Lovecraft no dejará de sorprenderte (y también fascinarte) la nueva página en español dedicada al escritor de Providence y a su universo de dioses olvidados por el tiempo. Ideada por Sergio Armisén, www.hplovecraft.es no decepcionará tus expectativas, pese a que por motivos de la dichosa edad haya superado las pesadillas “innombrables” de ese caballero del siglo XX que siempre quiso haber vivido en el XVIII.

Una completísima bibliografía en castellano del escritor estadounidense y apartados tan interesantes como una enciclopedia en español de personas, lugares y personajes que aparecen en cada uno de sus cuentos, son sólo algunos de los contenidos que los adoradores de Cthulhu podrán encontrar en esta página, que propone además un simpático pasapalabra lovecraftiano para fan fatales, así como artículos de fondo como El pensamiento político de Lovecraft que, para un iniciado, no tienen desperdicio.

El navegante también puede consultar una galería de autores que influyeron en la obra del maestro de Providence, así como en la amplía lista de colaboradores (adeptos los llama Armisén) que participaron con sus relatos en el mundo lovecraftiano, y responsables junto al mismo H. P., de que su obra adquiriera un corpus propio y se convirtiera en un punto y aparte de la literatura fantástica y de terror. Como toda página que se precie, www.hplovecraft.es cuenta con un foro en el que los aficionados plantean preguntas y ofrecen reflexiones sobre el hombre que siempre estuvo oculto tras la máscara de Adbul Alhazred y su libro maldito, El Necronomicón.

Absolutamente recomendable. Como también es recomendable (para iniciados versados en la ciencia de lo oculto) el entusiasta ensayo que el escritor francés Michel Houellebecq le dedicó a esa rareza literaria, no apta para materialistas, que es la vida y obra de un tal Howard Phillip Lovecraft.