Clemencia Hardisson, luz en tiempos oscuros, un documental de Raúl Jiménez Pastor
Jueves, Octubre 30th, 2025Tiene aliento poético el título del último documental del cineasta tinerfeño Raúl Jiménez Pastor, Clemencia Hardisson, Luz en tiempos de oscuridad, aunque la ejecución de este trabajo relegue la poesía a un lado para contarnos a través de las voces de familiares, historiadores y vecinos del barrio de Gracia, la vida y la obra de una mujer singular que rompió moldes y que se adelantó a su tiempo en unos tiempos donde a nadie, y menos a una mujer, se le permitía cualquier asomo de libertad. Puede que sea su condición de aristócrata y que por sus venas corriera sangre extranjera, pero el caso es que lo que hizo, la convierte en una rara avis en una sociedad como es la tinerfeña tan reacia a cambios bruscos y por lo tanto inquieta a lo que suene a cambios, a modificar las estructuras de un sistema ya demasiado rancio y por lo tanto caduco en la vieja España de los años 30.
Nacida en el seno de una familia acomodada y con una belleza que iluminaba las sombras, la película de Raúl Jiménez ofrece un retrato del personaje a través de los recuerdos de familiares, amigos y vecinos de Gracia, entre historiadores y alguna voz autorizada, fragmentos e interpretaciones que forman las piezas de un rompecabezas algo incompleto sobre una mujer rebelde cuyo eco todavía resuena en esta tierra pese a que lo que hizo no forme parte de los libros de historia oficiales.
Hace bien Raúl Jiménez en este rescate. Rescate que no cae en una necia hagiografía sino en contarnos su vida a través de los recuerdos de quienes la conocieron. Es a través de estas palabras, algunas pronunciadas con emoción, los colores que revela este retrato de una mujer donde la verdad se confunde a veces con la leyenda.
Técnicamente, el cineasta apenas recurre a la voz neutra en off, ya que casi todo el documental es narrado por familiares y vecinos, también historiadores que vienen a concluir más o menos lo mismo: Clemencia fue una mujer indómita. Y por indómita tan sincera en sus actos que, por lo que veo en la película, no llegó a traicionar nunca pese a que sufriera arresto domiciliario durante la Guerra Civil por sus amistades con comunistas y anarquistas tinerfeños, algunos de los cuales salvó la vida por su amistad con Francisco Franco Salgado, primo hermano del general Franco, y hombre que al parecer se sintió atraído por Clemencia aunque quizá solo se trate de una de esas tantas leyendas que se cultivan y que se repiten en todas las familias.
Con un personaje tan fuerte y atractivo pero que no cuenta con demasiadas fuentes documentales que lo sostengan, la grandeza de Clemencia y también del trabajo que hace Raúl Jiménez sobre su vida y su obra, porque de eso se trata, de dejar obra para los que vienen detrás, es que el retrato final que nos deja es producto de lo que dicen otros, y no solo un intermediarios en off, en el que prima más que la objetividad histórica el amor y el respeto que todos profesan a Clemencia. En los años 60 vendió a precios muy bajos parte de las tierras de su finca, situada en el barrio de Gracia. Algunos de estos vecinos recuerdan cómo les ayudó con el trabajo que hacían junto a sus familiares y con la aportación de materiales para la construcción de sus viviendas. Este gesto desinteresado y que fue visto ayer como es visto hoy con sorpresa, manifiesta que Clemencia mantuvo firme sus ideales hasta el final, y uno se imagina que toda esa vida que ya es de película cómo no ha terminado siendo, precisamente, una película o una serie de televisión. Su relación con un líder sindicalista, y un hijo que acogió sin casarse en aquellos tiempos donde todo era pecado, son otros de los ingredientes que hacen tan literaria como cinematográfica lo que se conoce de esta mujer.
Se menciona lo de una medalla que el general De Gaulle le impuso por haber pertenecido a la Resistencia francesa pero esta condecoración como esa parte de su vida también (ya que vivió en Francia y Bélgica) aún permanece nebulosa y Raúl Jiménez con buen criterio la cita pero no la subraya porque pudo ser leyenda, y ya se sabe que entre la verdad y la leyenda, siempre queda la leyenda, al menos en el salvaje oeste.
Es probable que como canario y como tinerfeño el visionado de Clemencia Hardisson, luz en tiempos oscuros, explique que me haya emocionado tanto. Sobre todo porque en la sociedad de los años 30 y la postguerra en la que se movió la protagonista ya no existe. Aquella forma de ser se la llevó la guerra y los pocos buenos que sobrevivieron a ella tuvieron que lidiar en su propia casa con fanáticos y veletas de última hora. Los que ganaron impusieron el miedo, pero hubo personas y entre ellas mujeres católicas tan comprometidas como Clemencia, que me reconcilian con el espíritu de unas islas a veces tan tontamente dormidas pero que cuando despierta a veces es capaz de hacer gestos tan hermosos como el que hizo Clemencia.
Saludos, la vimos, desde este lado del ordenador







