Archive for Marzo, 2023

Pesadilla en Femés

Lunes, Marzo 13th, 2023

“Entonces sucede algo. La casa comienza a transformarse. Los pasillos se hacen más largos; los muros, más gruesos. Las habitaciones cambian de lugar. El techo se hunde, como si quiera aplastar a los niños, y vuelve a alzarse hasta el cielo: la madera gime, los tabiques crujen. La lámpara se convierte en el pico de un enorme pájaro que le amenaza. Ahora sabe que no tenía miedo de irse a la cama, sino de estar en la cama”.

Año nuevo, Juli Zeh. Traducción: Roberto Bravo de la Varga, Vegueta Narrativa, Vegueta Ediciones, 2021

Un thriller psicológico en toda regla. Que anima además a seguir con la lectura de una novela que atrapa desde sus primeras páginas aunque la carne, cuando la escritura pone todo en el asador, empieza en su segunda mitad. Se trata de una historia dentro de la historia que es la que explica el conflicto y los demonios internos que sufre su protagonista, un padre de familia alemán que se va de vacaciones con todos los suyos a una casa próxima al pueblo de Femés, en Lanzarote, donde habitan una serie de fantasmas de los que este hombre tímido, receloso y que desconfía de los demás, tendrá que liberarse porque no hay vuelta atrás. Los traumas están para superarlos si no, cualquiera puede quedar preso de sus pesadillas lo que le resta de vida.

Escrita por Juli Zeh, Año nuevo toma muy en cuenta el paisaje agreste de Lanzarote para contar esta historia pero no es solo eso, un paisaje de turbadora belleza natural, sino un escenario que forma parte de ese pasado que persigue al protagonista y que revive sin saberlo. Que salga adelante con su existencia depende de si logra vencer la cadena de espantosos acontecimientos que vivió junto con su hermana cuando eran pequeños.

Es complicado escribir acerca de un libro que funciona como las célebres matrioskas, las muñecas rusas que se abren para mostrarnos en su interior otra más pequeña que también se abre y muestra una muñeca diminuta que no puede abrirse porque ahí, al menos en la novela, descansa el corazón del relato.

Jugando con Henning, que así se llama el protagonista, Año nuevo es un interesante ejercicio de estilo literario que maneja una escritora, Juli Zeh, que conoce a la perfección los mecanismos del género solo que le interesa más lo que lleva por dentro su personaje que el relato que nos explica las razones de que las cosas fueran tan mal cuando era un niño y vivía con sus padres.

Año nuevo tiene algo más que de fantástico, de surrealista. Como una pared cubierta de arañas negras y un agujero en uno de los patios oscuro como una noche sin luna y en el que habita “el monstruo”, cree a pie de juntillas Henning niño y su pequeña hermana. Lo que acontece viene después y es un infierno y al mismo tiempo un brutal retrato sobre la inocencia y la infancia que amplifica el hecho de que estas dos criaturas se vean dentro de una pesadilla a la que llegan por una serie de catastróficas desgracias.

Y resulta tan sólido el material que emplea Juli Zeh que pese a no terminar de cerrar bien una novela que hasta ese momento hace que te olvides de que hay una realidad más allá de las páginas, consigue una estocada final que, a nuestro juicio, es muy reveladora: la toma de conciencia del protagonista cuando concluye que ya es adulto tras quemar lo traumático de un pasado, cuando era niño, que es el que desencadena todo ese proceso de equivocaciones que, desde entonces marcó su vida y la relación que mantiene con los demás, incluida su esposa y sus hijos.

Juli Zeh se maneja muy bien en las procelosas aguas del thriller, en ocasiones me evoca a Patricia Highsmith no solo porque cuente la historia a través de un hombre sino porque lo que le interesa indagar es en la mente del protagonista. Para ello se sirve de un tiempo presente, unos hechos que se desarrollaron en el pasado, y vuelta al presente.

El paisaje de la isla de Lanzarote es el segundo gran protagonista de esta novela ya que, como se dijo, sería otra si no tuviera lugar en la isla de los volcanes. El relato se desarrolla además no en un espacio próximo a la costa sino interior. Al fondo Femés, que es la misma localidad en la que Rafael Arozarena ambienta Mararía, su obra más emblemática, y más allá un paisaje desértico, formado por rocas de volcán y una casa aislada que será el lugar en el que tendrán lugar los hechos.

Que la escritora haya escogido esta parte de la isla para contarnos su historia es fundamental para entender el conflicto que lleva por dentro Henning. Sirve, además, para que Zeh se explaye con un paisaje que se nota que le fascina y que logra plasmar con una belleza que interpreta muy bien Roberto Bravo de la Varga como su traductor. Permite también aproximarnos a una isla vista a través de los ojos de uno que viene del norte, de la gélida Alemania, país que aparece al final de la novela cuando la familia regresa a casa. Después del sol, de la potentísima luz de la isla, la acogedora pero fría penumbra del lugar en el que nació.

Me ha sorprendido muy gratamente Año nuevo y me gustaría seguir el itinerario de una escritora de línea tan clara y clásica. Y sí, descubro que hay otras novelas suyas traducidas así que no tardaré en volver a Juli Ze.

Saludo, se dictó, desde este lado del ordenador

El grito del profeta

Viernes, Marzo 10th, 2023

Pasa a mi lado el hombre que grita. El hombre que grita es un indigente que tiene pinta de ser un profeta. Es delgado y largo. Levemente inclinado y lleva una barba blanca que le da aires de orate. Lo escucho ahora mismo, mientras escribo estas líneas porque suele pasearse cerca de casa y casi siempre más o menos a la misma hora. Casi como un reloj. A veces me lo encuentro por la calle y me dan ganas de gritarle como saludo pero no lo hago. Todavía. Los gritos del profeta no son de alarma sino de advertencia, como si quisiera decir apartad de mi, alejarse, carajo… No saben la que se les viene encima. Y sube y baja por la Rambla de Pulido donde un poco más allá está la mujer (loca la llama uno) que le da de comer a las palomas silvestres que viven en esta capital de provincias. Las ratas del aire que diría El Maño.

Al profeta me lo encontré de sopetón un día y nuestras miradas se cruzaron. Sentí recelo porque su mirada era la de un perturbado. Es decir, que no me veía a mi sino a otra cosa o igual, vaya uno a saber, era yo mismo. Así que seguí mi camino con unas ganas enormes de desayunarme unos churros pero la churrería estaba cerrada. Siempre acompañado de la perrita nos subimos al parque de La Granja, donde puede correr y charlar con otros compañeros perrunos cuando más que oír, escuché el grito. Pero no era el del profeta de la barba blanca sino el de un francés con pintas de vaga por el mundo que llevaba una bicicleta a cuestas.

Como no entiendo el idioma no sé lo que iba diciendo, pero sí que los gritos eran en lengua gabacha y que por la entonación, debía de quejarse de algo. O no. La verdad es que lo ignoro y me distraigo con reflexiones que no llegan a nada ni a nadie.

Pregunté a una pareja que paseaba a su perro en el mismo parque de La Granja si conocían a ese francés pero me dijeron que no, nanay, que no sabían de quien podía tratarse. Pero sumé uno más uno y la solución me dijo que se tratan de dos iluminados que no dejan de advertirnos de lo que hay, o de lo que se nos viene encima.

Me encuentro en la plaza que está en la calle del padre Anchieta a uno durmiendo y tapado hasta arriba (como si fuera un cadáver) en uno de los sillones que hay en el entorno, y el otro día a un tipo durmiendo en un colchón que habían arrojado entre unos cubos de basura. Debajo del puente que cruza a pocos metros de La casa del carnaval, uno ha improvisado una vivienda y muy cerca, otro se ha montado una caseta de campaña… Quise pensar entonces y ahora que los gritos de los dos profetas eran lo que dije: advertencias y no gritos para espantar el miedo. Un reclamo angustioso de lo mal que están yendo las cosas aunque no nos demos cuenta todavía…

Termino este texto que no busca nada con el grito del profeta de barba blanca que pasa debajo de casa. Pese a la hora que es, nadie le llama al silencio, lo que entiendo como una señal de respeto y no de tolerancia, que solo implica desprecio.

Ahhhh, ahhh.- se escucha el grito, grito que gradualmente baja de volumen a medida que el hombre se aleja de la calle, de pasar debajo de mi ventana.

Saludos, ahhh, ahhh, desde este lado del ordenador

Un viernes y sábado cargado de presentaciones varias

Jueves, Marzo 9th, 2023

Este viernes se presenta en la asociación Blanco y Negro de El Toscal, Santa Cruz de Tenerife, el libro Escena final, de Roberto A. Cabrera. En el acto, que comienza a las 20 horas, acompañará al autor Adalber Salas. La asociación Blanco y Negro se encuentra en la calle de San Martín, 46.

Alexis W. Da a conocer este vierners, 10 de marzo, el libro El Hierro. La isla del color en un acto que se desarrollará a partir de las 20 horas en el Centro Cultural de El Pinar con una intervención lumínica en el Parque del color, por Picacho y un dúo de piano y violín a cargo de Marcos de Paz y Aída.

El Espacio R, La Recova, en la capital tinerfeña acoge el sábado, 11 y a las 19 horas, la primera de las mesas redondas del Festival Tenerife Noir 2023, encuentro en el que se abordará Canarias, autores y escenario de lo negro criminal y en la que intervendrán Estela Valido, pseudónimo bajo el que se esconde cinco escritoras/es de las islas que presenta CasaDores; Roberto A. Rodríguez, que hablará de Malpaís; Miguel Aguerralde y El jardín secreto y Rafael A. Solís, autor del libro de relatos Parada de fantasmas.

Por último y este sábado 11 de marzo también, la librería de Mujeres en Santa Cruz de Tenerife acoge la presentación del libro A instancias del agua, de Isabel Expósito. El acto comenzará a las 18 horas y acompañará a la escritora el también escritor Antonio López Ortega.

Saludos, sale el sol, desde este lado del ordenador

La mirada Vilageliú

Miércoles, Marzo 8th, 2023

Título: Si quisieras buscarme. Guión y dirección: Josep Vilageliú. Ayudante de dirección: Daniel León Lacave. Fotografía: Facu Pérez. Producción: Laly Díaz. Música y sonido: René Martín. Reparto: Cathy Pulido y Miguel Ángel Rábade.

Rodada el año pasado, Si quisieras buscarme se trata de momento del nuevo trabajo del cineasta Josep Vilageliú, probablemente uno de los hombres de cine más estajanovista a este lado del océano. Es creador junto a Daniel León Lacave de lo que llaman Cine Leve y autor de unas memorias de cine que piden a gritos editor. Y lo piden porque en esas páginas se narra un buen pedazo de la historia de este arte en Canarias, un archipiélago pequeño pero que cuenta con su propio relato de cine. Un relato que no es, precisamente, el oficial.

El caso es que esa probable historia nacería en los años veinte cuando José González Rivero y Romualdo García de Paredes presentan el primer largometraje rodado íntegramente en las islas, concretamente la de Tenerife, El ladrón de los guantes blancos y, dos años después, 1928, en Gran Canaria, con el estreno de La hija del Mestre, de Francisco González González y Carlos Luis Monzón.

Josep Vilageliú rueda (y que así sea durante mucho tiempo) una o dos películas por año. Si se tiene en cuenta que inició su andadura en 1967 en la Ciudad Condal, se trata de un cineasta que además de oficio (que lo tiene) paralelamente ha madurado también un estilo o mirada. Es decir, que cualquier película de Vilageliú es fácilmente reconocible porque su cine tiene identidad, un mundo propio que gira en torno a variaciones sobre unos mismos temas.

Por eso, se engaña el que, conociendo su trabajo, piense que el cine de Josep Vilageliú es demasiado intelectual. O yendo más lejos, experimental por raro. Pero se equivocan, se reitera, porque no es eso. En todo caso, si hay algo característico en sus películas es, generalmente, la escasez de medios que suple con grandes dosis de imaginación gracias a un trabajo de producción para quitarse el sombrero.

De todas formas, el cine de Vilageliú no requiere de muchos actores, ya que uno de los temas en los que pivotean sus películas es el de la pareja y las relaciones que mantienen entre sí los hombres y las mujeres. Vilageliú rueda tanto en exteriores como en interiores aunque lo entiendo más poético fuera que cuando lo que muestra se desarrolla dentro, entre cuatro paredes. Otra de sus constantes es la de levantar una película a partir de una anécdota, en el caso de en Si quisieras buscarme, la lectura que hace una pareja de un libro de poemas de Isidro Hernández que pueden gustar o disgustar al espectador aunque lo que centra la atención no es lo que recitan los protagonistas, una siempre estupenda Cathy Pulido y un siempre correcto Miguel Ángel Rábade, sino la historia que los dos viven en la película. Ambos se encuentran en una relación en la que se detectan los primeros síntomas de cierto cansancio. De que algo no funciona como antes.

Como en otros trabajos del cineasta, Si quisieras buscarme cuenta con una excelente fotografía, una música que apoya bastante bien lo que se nos cuenta a través de las imágenes así como presta especial atención al encuadre, que es otro de los elementos que caracteriza el trabajo cinematográfico de Josep Vilageliú, una querencia especial porque cada plano resulte casi una pintura. En ese aspecto, se le podría criticar al cineasta precisamente ese minucioso cuidado que presta en sus cortos y largometrajes a lo estético en detrimento de lo que dice pero si uno conoce algo la filmografía del director entenderá que en Vilageliú prima la imagen, la imagen por encima de lo que se cuenta, otra constante que como las otras constantes forman parte del universo fílmico que como artista se ha ido construyendo a lo largo de los años. Y ya son más de cincuenta, medio siglo detrás de las cámaras para dirigir películas pequeñas que respiran todas algo de Vilageliú, esa mirada que resulta tan inequívocamente suya.

Basta con repasar el trabajo que lleva acumulando a sus espaldas para darse cuenta que como otros artistas, Josep Vilageliú ha rodado casi siempre la misma película, solo que esta mirada se ha ido construyendo a través de variaciones sobre un mismo tema. Sin importarle en ningún momento el género al que recurre y que puede ir desde la ciencia ficción al terror, pasando por el romántico que se escora a lo dramático. Si no me engaña la memoria, creo que incluso se ha atrevido con la comedia para revelarnos, más que contarnos, su peculiar manera de entender el cine. Más próxima a los ejercicios espirituales de Éric Rohmer que a los millonarios espectáculos de entretenimiento de Steven Spielberg, que es un hombre que también puede rodar películas pequeñas con buena nota.

Nadie, por ello, puede discutir que el cine de Josep Vilageliú tiene denominación de origen, una mirada que casi siempre resulta (guste o disguste a sus probables espectadores) personal, de que eso que se está viendo es una película de Josep Vilageliú.

* TEA Tenerife Espacio de las Artes estrena mañana [jueves 9], a las 19:00 horas, el nuevo cortometraje de Josep Vilageliu, Si quisieras buscarme (2022), una obra basada en el poemario La vida anterior, de Isidro Hernández. Además de este trabajo, durante la velada se proyectarán otros dos cortos anteriores del director, Aguavivas y Después del diluvio. El acto, presentado por el conservador de Cine y Video de TEA, Emilio Ramal, junto al director y guionista Josep Vilageliu e Isidro Hernández, es de acceso libre.

Saludos, the end, desde este lado del ordenador

Javier Cacho, Premio de Comunicación Sociedad Geográfica Española

Martes, Marzo 7th, 2023

Javier Cacho, físico, escritor y divulgador científico es el primer español que ha dado su nombre a una isla de la Antártida, y ha sido en reconocimiento a su contribución en la investigación del continente helado y por su trabajo también en apoyo al programa antártico búlgaro. Formó parte de la Primera Expedición Científica Española a la Antártida, a donde regresaría varias veces como jefe de la Base Antártica Juan Carlos I y es uno de los grandes divulgadores de la historia de la exploración polar, con sus libros, conferencias y artículos. Por estas y otras razones, Javier Cacho recibe el premio de Comunicación de la Sociedad Geográfica Española 2021-2022.

62º 46´05´´ S y 61º 14´38´´ W: ésta es la ubicación de las coordenadas de Cacho Island en el Diccionario Geográfico Internacional. Porque Javier Cacho tiene, como ya se dijo, una isla con su nombre. Es, de hecho, el primer español que ha dado su nombre a una isla de la Antártida, y ha sido en reconocimiento a su contribución en la investigación del continente helado y por su trabajo también en apoyo al programa antártico búlgaro, promotor de “bautizar” la isla con el nombre del científico español.

Como científico investigó la capa de ozono en la Comisión Nacional de Investigación Espacial (CONIE) y luego en el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA). Formó parte de la Primera Expedición Científica Española a la Antártida, a donde regresaría varias veces como jefe de la Base Antártica Juan Carlos I.

Pero Javier Cacho es también uno de los grandes divulgadores de la exploración polar, con sus libros, conferencias y artículos. En los últimos años se ha convertido en la referencia imprescindible para quienes se interesan por conocer la apasionante historia de la exploración polar. Ha publicado diversos libros relacionados con la historia de la exploración polar como Amundsen-Scott: Duelo en la Antártida, Shackleton el indomable, Héroes de la Antártida. Historia del descubrimiento del continente blanco, Nansen. Maestro de la exploración polar y Yo, el Fram.

Saludos, muchas felicidades, desde este lado del ordenador

Dentro del corazón de las tinieblas

Lunes, Marzo 6th, 2023

Como todas las guerras, la del Vietnam ha dado origen a mucha literatura. Buena parte de ella escrita por veteranos de aquel conflicto y de ambos lados.

Por desgracia, la versión de los que se enfrentaron a la gigantesca máquina militar estadounidense nos ha llegado a cuenta gotas ya que hay muy poca literatura traducida. No sucede así con la de los norteamericanos que intervinieron en aquel conflicto. Existe también una generosa producción literaria que registra los antecedentes de la guerra del Vietnam, sobre todo escrita y publicada en Francia, que perdió de manera humillante esta colonia (Indochina) del sudeste asiático que dividió al país en dos mitades: Vietnam del sur y Vietnam del norte.

Escritores norteamericanos como Robin Moore, Samuel Fuller, Gustav Hasford, Dennis Johnson y James Crumley, entre otros, han situado el escenario de sus novelas en la guerra de Vietnam. Algunos eran veteranos, como Hasford y Johnson, otros la observaron de cerca, muy de cerca, como James Crumley, autor de la excelente Uno que marque el paso, y escritor que está muy presente en Compasión por el diablo, un libro de Kent Anderson, autor que dedica a Crumley una obra que habla desde dentro, desde el alma de un soldado convertido en guerrero, una contienda que pulverizó la inocencia de su país.

Otros libros que se han inspirado en esta guerra que visibilizó lo de todas las guerra, su crueldad, su inutilidad, la de reducir a cenizas el corazón de los hombres, están inspirados en el relato que contaron los veteranos que pelearon en aquellas tierras así como los periodistas (en libros que se han convertido de referencia como Despachos de guerra de Michael Herr) y otros testigos cuyas experiencias el cine ha contribuido a magnificar con una estética (y una banda sonora) que ya se ha quedado grabada en nuestra memoria como la de los helicópteros que surcan el cielo anaranjado de Vietnam en Apocalypse now!

Publicada en Sajalin, una editorial que se ha especializado en dar a conocer novelas de escritores/as digamos que al margen, Compasión por el diablo, de Kent Anderson, cuenta la historia de Hanson, un joven universitario que es reclutado por el ejército norteamericano y que recién llegado a Vietnam decide unirse a los Boinas Verdes, las fuerzas especiales, ya que si uno va a un sitio como éste y no participa es como acostarse con una modelo y mirar al otro lado, reflexiona su protagonista cuando toma una de esas decisiones que cambian la vida.

El libro está dividido en tres grandes secciones (La base de apoyo, El comienzo, Fort Bragg y De vuelta en Vietnam), y en cada una de ellas se reflejan distintas situaciones en las que se ve inmerso el personaje, aunque quizás la más atractiva sea la segunda parte, El comienzo, Fort Bragg, en la que se escribe el entrenamiento antes de marchar a Vietnam y una vez en la guerra como miembro de los Boinas Verdes, su regreso a casa de permiso y darse cuenta que poco o nada tiene que le ate a su país. Un país además que lo recibe por la puerta trasera y en donde algunos lo acusan de asesino… Y si uno sigue las experiencias bélicas de Anderson en Vietnam, las misiones de alto riesgo y la relación de hermandad que teje con dos compañeros Boinas Verdes, no hace pensar otra cosa porque el trabajo de Anderson, como el de todo soldado en el frente, es del matar antes de que lo maten.

Otra cosa es que lo que sirven allí sean considerados en casa como unos asesinos. Claro que no lo ven sometido a presión en territorio enemigo, con las piernas hundidas en el fango y rodeado de una nube de mosquitos.

Y de todo esto se habla en Compasión por el diablo, unas memorias más que una novela pese a que los recuerdos hayan sido modificados en favor de la ficción. Una ficción basada en estrictos hechos reales que tienen la misión –o ese es el mensaje que hemos recogido– de hacerle entender al lector que incluso máquinas de matar como Hanson y sus camaradas, tienen alma y sentimientos en los que prevalece por encima de cualquier otro el de la lealtad. Y por lealtad, precisamente, y porque la guerra lo ha cambiado por dentro para siempre, quizá por estar condenado a sobrevivir en aquel infierno, el protagonista hace lo que hace al final del libro, desatar el caos en una base de los suyos que horas antes machacó con fuego de artillería (fuego amigo lo llaman) al mismo Hanson y sus compañeros por error. Acompañan a los Boinas Verdes guerrilleros montagnard, un pueblo que vive en las montañas y al que desprecian los vietnamitas como desprecian los blancos a los afroamericanos, advierte Anderson en un libro que nos lleva dentro del corazón de las tinieblas.

Entre lo surreal de esa guerra y de este libro, es que su protagonista, un guerrero que a veces da miedo, lleva en el bolsillo un libro de poemas de Yeats. Hanson, no lo he dicho, es un universitario que aprende en Vietnam a ver la vida de otro color. Un color que tiende al gris, y grisáceo es el corazón devastado de su protagonista.

Se trata de una novela oscura aunque está escrita con luz. También incómoda, como un golpe al estómago: ya que hombres como Hanson son necesarios en tiempos de guerra así que tened compasión por el diablo.

Saludos, una semana, la pasada, muy extraña, desde este lado del ordenador