Archive for the ‘El Blog de El Escobillón’ Category

Una reflexión ¿afortunada? sobre las escasas hazañas y las infinitas chapuzas bélicas

Martes, Julio 29th, 2008

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Hazañas y chapuzas bélicas es uno de esos libros que te gustan porque sabes que no le va a gustar ni a los pacifistas ni a los belicistas más recalcitrantes. Escrito por Gary Brecher, un the war nerd o especialista en guerras tal y como se conoce a los especialistas en los territorios de la Internet, su libro es una deliciosa y provocativa reflexión sobre la guerra que te hará reír con una crueldad para nada políticamente correcta.

El nerd, que dice que vive en Fresno (EE.UU.) y que se pasa unas quince horas pegado frente al ordenador, se declara guerradicto y escribe perlas tan inciendiarias como la de: “la guerra es la única cosa buena de esta vida. . Qué digo: la guerra es magnífica. Ya sé que eso no debe decirse, pero es verdad. Vosotros también lo pensáis. Antes la gente admitía que le encantaba la guerra. Vale la pena tenerlo en cuenta, y así podréis decirles a los pacifistas que los chiflados son ellos, no nosotros”. Partiendo de la idea de que el señor Brecher no ha vivido ninguna guerra sino que la visto y se ha informado cómodamente en casa a través de herramientas como la televisión, libros e internet, sus principios por mezquinos que resulten ofrecen una visión novedosa sobre el ¿arte? de matarnos unos y otros en nombre de cualquier idea o patria fabulada. En su libro, de hecho, no deja títere con cabeza, lanzando descalificaciones a diestro y siniestro tanto a neocons como a comunistas, y analizando conflictos como la guerra de Iraq con una lucidez pasmosa.

Independientemente de la ideología que marque al autor de esta rareza histórica (el libro está editado en español por Ediciones del Lince a un precio me temo que prohibitivo) su lectura entretiene y hace reír, no ya por la crudeza de sus comentarios (es un gamberro, un provocador nato, en ocasiones se parece al clásico abusador de clase o a tu jefe), sino por cómo califica a caudillos militares como Pancho Villa (una mezcla de Homer Simpson con Espartaco) y religiosos como Jomeini (parecía un Drácula de 200 años con hábito negro), entre otros. También estudia el conflicto por el islote de Perejil (una batallita de Los Teleñecos) y repasa la historia de países castigados por continuas guerras como Colombia, Haiti o Mauritania que pondrá los pelos de punto a los más ingenuos de la casa.

El libro es una especie de mini-enciclopedia de la guerra, lo que le permite armar con toneladas de humor negro las escasas hazañas y las infinitas chapuzas que se han hecho en su nombre. Al final, uno no tiene muy claro porque su confesión de guerradicto, pero sí que saca en claro que Brecher utiliza materiales de primera mano para comentar lo que le viene en gana.

El autor, “un nacionalista americano”, arremete además contra ¿escritores? como Tom Clancy (“no es uno de los nuestros”, dice) al mismo tiempo que ofrece una interesante reflexión sobre armamento, estrategia y doctrina en el capítulo final de su obra.

Hazañas y chapuzas bélicas recorre así más de cien años de batallas con un desparpajo que desarma, y se convierte en una de esas obras (si te gustan lo temas militares aunque no hayas hecho el servicio militar) de referencia para intentar comprender donde nos han metido. Escribe sobre América (las referencias a Colombia y Haití parecen sacadas de tu peor pesadilla); África (ídem de ídem, sólo que un poquito peor si cabe), Europa, Oriente Medio y Asia. Eso sí, visto siempre desde la perspectiva de un americano medio muy informado aunque con barriga y adicto a la Coca-Cola Light. Tiene gracia el elemento.

Lo mejor, las furibundas críticas que le dedica a presidentes como Carter (un blando) o Bush hijo (un idiota). Lo peor, su autosuficiencia nerd y sus continuas ganas de provocar.  A veces se nota. En este sentido, no creo que el libro guste a los italianos, militarmente hablando los llama cobardes; y loa, aunque poquito, a franceses, británicos y españoles (por tener una historia plagada de conquistas a  base de primero golpeas y después preguntas) y a los propios norteamericanos, aunque reivindica figuras como la de Patton, quizá porque se creyó el chiste de que era un semiodios de la guerra.

En fin, estamos ante una obra de lectura obligada para friquis de la guerra y de la paz. Y yo me apresuraría a comprarlo, algo me dice que muy pronto lo retirarán de las librerías.

Gary Brecher es desde 2002 columnista de la página web The eXile, periódico quincenal inglés radicado en Moscú (www.exile.ru).      

Recordad la batalla de Santa Cruz de Tenerife… pero con la justicia que se merece

Lunes, Julio 28th, 2008

El sábado se puso punto y final al espectáculo de la gesta. Me di una vuelta por la calle de La Noria y también estuve en la plaza de la isla de La Madera, y aguanté el tipo una hora para ver a los “soldados de época” cargar sus escopetas, formar en cuadro y hacer el indio… Entonces me di cuenta que, como el personaje de Scott Fitzgerald en A este lado del paraíso, Amory Blane, soy un mediocre porque me gustan cosas tan sencillas como las trompetas tocando a plata y la de ver a un grupo de adultos disfrazados de soldados de finales del siglo XVIII. Y eso que soy de los que se acogieron a la prestación social sustitutoria antes que hacer la mili… Pero dónde haya un uniforme de época que se quite lo demás… Claro que nadie es perfecto.

Lo que me parece fuerte es escuchar en una tertulia de tele local y que forma gente muy respetable y que suele saber de lo que habla que lamenten que Galdós, don Benito Pérez Galdós, no iniciara sus Episodios Nacionales ¡con la dichosa gesta santacrucera!. Critica uno de los “sabios” que don Benito ubicarara la acción de la primera novela con la batalla de Trafalgar, lo que me obliga a reflexionar uan vez más que no iba tan descaminado cuando en un comentario anterior decía que los de Tenerife, así como los canarios en general, padecemos de una ombliguitis aguda que si no se trata a tiempo puede degenerar en una terrible enfermedad.

Me ha reventando, de hecho, que esas voces “expertas” comparen la batalla de (y no por) Santa Cruz con la batalla de Trafalgar porque no es lo mismo comparar a un elefante con una ardilla aunque los dos sean animales y mamíferos… Perdemo el rumbo, en definitiva. 

Estoy de acuerdo que se recuerde la gesta o la batalla de Santa Cruz, y que cada año, si no se puede gastar dinero en otro montaje como el que vimos el fin de semana pasado, se haga desfilar a las orgullosa tropas españolas y francesas por la recoleta calle de La Noria y se tiren fuegos de artifico si a Ángel Llanos le queda algo de dinero tras el derroche de este año, pero agradecería que los “cronistas oficiales” que se han apoderado de lo que aconteció aquellos días sean cautos y no se dejen llevar por un tinerfeñismo tontorrón porque desluce cualquier cosa que se ponga en marcha. Dejad a Santa Cruz y a Trafalgar en paz. También a los muertos de esas dos batallas. Recordemos a los caídos con sencilla humildad, es una forma inteligente de mantenerlos vivos en la memoria sin necesidad ni necedad de castigarlos con mentiras. Ni ellos ni nosotros nos lo merecemos.

He dicho.

Gesta o indigesta: ¡Dios salve al Rey!

Viernes, Julio 25th, 2008

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Asistí como un espectador más al acto de desembarco de las tropas británicas recreado en la plaza del Castillo Negro. Y si bien fui uno de tantos espectadores que no pudo ver el espectáculo con toda la plenitud que se merecía, debido a la geografía donde se desarrolló el simulacro de lo que aconteció en 1797, sí que pude ver desfilar de las tropas ataviadas con los trajes de época. De hecho, un buen, querido y entrañable amigo, Eduardo el barbas, escopeta al hombro, pasó ante mis ojos vistiendo orgulloso el traje de soldado español de finales del siglo XVIII.

¿Estuvo bien  el montaje? Creo que sí, aunque le faltó emoción, le sobró banda sonora repetitiva y algo más de ruido. No viajé en el tiempo, vamos, pero sí que me dejé arrastrar en esta calurosa mañana por una representación “militar” que pretende rendir homenaje para lo que dicen fue una gesta y para muchos santacruceros de hoy día una indigesta. Pero así son las cosas.

Como espectador me puse a pensar qué hubiera sido de esta tierra si Nelson logra lo que se proponía. Y lo que se proponía no era tomar la plaza aunque suene bonito. Ojalá, me dice un amigo, hubiera sido esta su pretensión. Yo qué sé… Si se me permite la ucronía (que es suponer cómo podían haber sido las cosas si los ingeleses hubieran ganado la batalla) y dando por hecho que el por entonces contralmirante ansiaba conquistar mi terruño, es probable que ninguno de los que conozco existieran. Yo mismo no existiría (es probable que más de uno lo celebrara) sino que habría algo parecido sólo que hablando un inglés con acento canario. Así las cosas, Santa Cruz de Tenerife no sería Santa Cruz de Tenerife sino Nelson city, y la por entonces plaza de La Pila, hoy de La Candelaria, una reproducción a pequeña escala de la Trafalgar square londinense… Imagino también que el resto de Canarias seguiría permaneciendo fiel a España menos Tenerife, que como la aldea de los galos de Astérix continuaría resistiendo contra las pretensiones de un país que al final, por cansado, dejaría las cosas  en su sitio. Es decir, que la Corona española dejaría que en Tenerife y Gibraltar ondease la enseña de la Unión Jack.

Todo esto lo pensé viendo la recreación que lleva la firma de Teodoro Ríos, en la que casi saludo militarmente cuando desfiló la tropa británica. Me mordí la lengua, es cierto, pero como un fuego violento casi grito lo de ¡Dios salve al Rey! Me contuve, no era momento ni lugar, sobre todo porque vivo en una ciudad que se permite un acto de exaltación tan español mientras su alcalde escribe que ahora se siente soberanista… No entiendo nada.

La recración de la batalla continúa mañana, sábado, y supongo yo que será más entretenida que el simulacro que nos ofrecieron hoy. A las 20.30 horas se recrea la batalla en la plaza de la Iglesia de la Concepción, La calle de La Noria y la plaza de la Isla de la Madera… Por la mañana, a las 11.30, desfile militar de época que sale de la plaza Weyler, recorre la calle del Castillo y finaliza en la plaza de España. Espero también estar. Lo que no sé es si me atreveré a gritar ¡Dios salve al Rey!

Una última cosa: Interesante e instructivo el dvd sobre el ataque de Nelson a Santa Cruz que repartió el domingo pasado el periódico El Día y que dirige Roberto Ríos. Me sorprendió su concisión, también la recreación de algunos momentos de la batalla. Me pregunto cómo a nadie se le ha ocurrido todavía escribir una novela o un guión sobre lo que pasó aquellos días.

Claro que, ¿quién sabe?

Lo dicho: ¡Dios salve al Rey!

¿Qué rey? Jorge III, por supuesto.

Una reflexión sobre El Tanque y los ‘performance’, ¿gatos por liebres?

Jueves, Julio 24th, 2008

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No soy de los que están en contra del espacio cultural El Tanque, de hecho elogio la recuperación de tan fascinante espacio, aunque piense que ha sido muy mal utilizado desde que se inauguró como sala multifuncional. Si a ello sumamos la campaña de desprestigio que periódicamente reaparece en los medios de comunicación para cargarse siempre lo nuevo, creo que El Tanque merece un lugar en el mundo. O al menos en nuestro pequeño y ombliguista universo tinerfeño.

Es una pena, sin embargo, que debido a sus peculiares características el espacio no haya podido (y tampoco sabido) tener una programación medianamente estable, y cuando acoge cualquier tipo de experiencia ésta sea de arte de “vanguardia” entrecomillado. De siempre, el arte de “vanguardia” entrecomillado le ha sonado a los aficionados iniciados y sin iniciar a tomadura de pelo sofisticada. Y en la mayor parte de las ocasiones no les ha faltado razón, para qué engañarnos. Sin embargo, en otras ocasiones, si que se han montado espectáculos atrevidos en sus propuestas, aprovechando las carácterísticas de un espacio que genera en el visitante cierta extraña actitud, como si visitara las entrañas de un templo donde no se adora a ningún dios.

Las veces que he tenido la oportunidad de visitar El Tanque he sentido esas y otras sensaciones, aunque la más inquietante fue una en la que se me invitó a participar en un laberinto donde perdí la noción de salida. En este sentido, El Tanque puede ofrecer numerosas oportunidades a los creadores que aspiran a que su público se mezcle con su obra, a que forme parte del juego de su creación.

Las tripas del recinto acoge ahora hasta el 14 de septiembre una nueva apuesta: Acciones retenidas, donde el paseante curioso podrá ver cuatro performance, que es una forma elegante de llamar al arte en vivo. En nombre del performance como en nombre de otras experiencias artísticas se ha hecho un poco de todo, lo que a unos gusta y a otros tanto irrita. Debo de reconocer que no guardo buenos recuerdos de los performance que he visto hasta ahora. Me parecen, de hecho, cosa de modernos y como cualquier cosa de modernos en la mayor parte de las ocasiones tuve la extraña sensación de que me estaban tomando el pelo, aunque quizá ese era su propósito. De todas formas nunca me ha gustado la gente que va de lista por el mundo, y creo que hay otras formas de provocar que la de venderte como oro algo que no es sino hojalata. O menos. Mucho menos. Esta y otras circunstancias me han hecho desconfiar de sus posibilidades, ya saben, lo he dicho, la de darme tantas veces gato por liebre…

Acciones retenidas, que así se llama la propuesta que ahora acoge El Tanque, no son de todas formas performance en vivo sino en vídeo. Esto puede ser una ventaja, aunque el espectador pierda nociones como las del olor y la proximidad de los cuerpos que hacen ejercicios por aquello de agredir el  espacio del observador, pero es probable que lo agradezcan todos aquellos que se sienten cómodamente en su papel de mirones y no como protagonistas de la acción.

Los responsables de estos cuatro vídeos son Pedro Déniz, Óscar Hernández y Beatriz Lecuona, así como Guillermo Lorenzo y Nacho Ramírez, quienes presentan su personal visión de las performances. Sólo espero, francamente, que sus apuestas estéticas no nos decepcionen. Claro que lo dice alguien que desconfía no del arte conceptual sino del pretendidamente intelectual, que es una forma nada inteligente que tiene el artista de camuflar sus carencias.

El extraño lenguaje de la mariposa…

Miércoles, Julio 23rd, 2008

“Tenemos a los productores (que no inversores) y contamos con un título de sonora repercusión en la historia del cine. Lo anunciamos con una nota de prensa, que facilitamos a algunos medios, y a esperar tranquilamente porque el guijarro terminará por transformarse en una bola de gigantescas proporciones”.

La leyenda de la mariposa vuelve a volar por estas islas abandonadas de la mano de Dios. Suena otra vez el proyecto de rodar un remake de Papillón en mi querida pero tan maltratada Canarias. Y en unos tiempos intranquilos, ola de calor incluida, uno sólo puede pensar en lo mal que nos van a ir las cosas con la dichosa crisis que se avecina o que ya está aquí…

Pero haya paz, que vuelve la leyenda de la mariposa.

Ahhhh, ¡si el gran Steve McQueen levantara la cabeza!… ¡Recordad al maestro Franklin J. Schaffner!… Y hablad de remake cuando el remake sea remake y no un una idea que se agita a un lado y al otro del siempre caprichoso viento de las ideas.

El vocero del nuevo Papillón que se rodará en cuatro de las islas Canarias vuelve a ser Vicente Mora, que debe ser el único director de cine que conozco que es responsable de una película que nunca existió, El día que murió Judy Garland se titula el filme rodado en celuloide espectral que es el único con el que no se fabrican los sueños… Mora asegura en una información que publican varios diarios locales que cuenta con un presupuesto de 90 millones de dólares para su Papillón, y que con brevedad dará a conocer quién dirigirá la nueva versión y qué actores, “de primera categoría y prestigio internacional”, integrarán su reparto.

Mora revela que cuenta con productores que respaldan su proyecto. De hecho, dice que la productora de nueva creación Atlantia Canarias (con sede en las islas) ha adquirido los derechos para producir esta nueva versión (y la de Banco, la segunda parte de las memoria oficiales de la mariposa o Henri Charrière) y que son: Manuel Corbi (al parecer intenta poner en marcha una nueva versión de Ben Hur para la televisión), John Kelly (La Dalia Negra de Brian de Palma) y Branko Lustig (galardonado con dos Oscar por La lista de Schindler de Steven Spielberg y Gladiador de Ridley Scott), todos ellos dispuestos a apoyar el proyecto de recuperar las andanzas carcelarias de Papillón. Eso sí, todavía no puede adelantar quién será el director de la cinta ni sus dos actores protagonistas.

 El nuevo Papillón, no obstante, se rodará en septiembre del año que viene… comenta Mora.

 Nos atrevemos por ello a sugerir candidatos para la nueva versión. E incluso a proponer una nueva versión en toda regla que recuperaría  un subgénero que hizo las delicias de numerosos aficionados al cine casposo en la dácada de los 80 y 90 del siglo pasado. ¡¡¡Un Papillón ambientado en una cárcel de mujeres.!!! Sugerimos varios nombres para la pareja protagonista: Penélope Cruz y Salma Hayek ó Hillary Swank y Kirsten Dunst… Claro que si el presunto remake mantiene fidelidad con la versión original, sugiero que las grandes estrellas sean entonces Leonardo Dicaprio y Javier Bardem o Phillip J. Seymour Hoffman y Robert Downey Jr. Ya puestos, también podrían quedar bien Chuck Norris y Van Damme… 

Por decir nombres que no quede.

En cuanto a las localizaciones, las cuatro islas donde dice que se rodará la nueva versión (La Palma, Tenerife, Gran Canaria y Lanzarote) no se me parecen mucho a la tristemente célebre isla del Diablo. Claro que la magia del cine hace milagros. Aunque, digo yo… ¿no sería menos costosa una producción de este calibre en la mismísima Guayana que es donde transcurre la acción de la novela? En fin…

Lo único que tengo claro (aunque no sé cómo se lo tomarán las cada día más desunidas productoras canarias) es lo que el otro miembro de Atlantia, Roger Corbi (y que recogemos del blog que firma Emmanuel Levi) dice: cuenta con la colaboración del Gobierno de Canarias para construir un estudio de sonido, Atlantia Studios, cuyos terrenos ¿cederá la misma Comunidad Autónoma que nos ha tocado vivir? ¿ o será cosa de la ZEC?

Ustedes dirán… que nosotros seguiremos informando.

El abuelo se nos pone otra vez nostálgico: ¡¡¡Qué viva el Vampus!!!

Martes, Julio 22nd, 2008

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Me apetece ponerme nostálgico. Debe ser cosa de la edad. Ahh, la edad. Si yo les hablara…

¿Qué edad tendría? No lo recuerdo bien, es probable que nueve o quizá diez tiernos añitos… El lugar si que permanece relativamente fresco en mi traicionera memoria: la rambla. La rambla que forma parte de mi vida como la de tantos santacruceros de toda la vida. Me refiero al tramo que va desde el kiosco La Paz hasta la hoy polémica plaza de Toros, que era un territorio donde podía moverme a mis anchas porque mientras mis padres se tomaban un café  yo podía caminar de arriba-abajo mirando los tebeos que colgaban en los carritos.

Eran tiempos, infantes míos, difíciles para un chaval con ganas de leer tebeos. Es verdad que estaban los de toda la vida, incluso los de Pumby que no me hacía puñetera gracia, pero yo aspiraba a otra cosa. Ya por aquellos tiempos me volvían loco las historias de espectros, mucho más que las de los súper héroes de la Marvel que editaba Vértice en aquellas odiosas (aunque hoy se han convertido de culto) ediciones en formato libro. Yo creo que por culpa de Vértice me hice más de los súper héroes de la DC gracias a los tebeos mejicanos de Novaro. Con Superman y su álter ego, Clark Kent, y su novia, Luisa Lane, y su amigo, el fotógrafo Jaime Olsen, y el director del diario El Planeta, Pedro White. Si los colorines eran de Batman, te partías de la risa con Bruno Díaz (¡Bruce Wayne!) y su discípulo Robín, que no era otro que Ricardo Tapia. No puedo olvidar al señor Alfredo su fiel mayordomo… Pero perdonad sobrinitos míos, porque me voy por la tangente…

Hablaba de mis paseos por la rambla, y de cómo contemplaba fascinado las portadas de los tebeos para adultos tipo Vampus, Rufus o Vampirella. El descubrimiento de Vampus fue para este que les escribe un punto y aparte. De hecho, todavía no sé como logré reunir las 40 pesetas que costaba el ejemplar para con manos temblorosas intentar que el kiosquero me lo vendiera. Y digo lo de intentar porque, generalmente, el kiosquero no aceptaba mi dinero porque ¡¡¡era menor de edad!!!

¡¡¡Eso sí que eran otros tiempos!!! Y ahora que lo pienso, parece lógico que saliera tanto tarado entre los compañeros de generación. Era frustrante iniciarte en cualquier cosa: las películas que te gustarían ver eran para mayores de 18 años, los tebeos que querías leer eran para adultos… En casa te mandaban a la cama justo cuando ponían las series que te gustaban… Uno tenía que hacer auténticos malabarismos para ver una película (¡ah mis añorados cines de barrio!), comprar un tebeo (se los pedías casi de rodillas a tu hermano mayor) o ver una serie por la tele, escondiéndote debajo del sofá, por ejemplo, aunque al final cayeras rendido por el sueño y te descubriera la familia por tus ronquidos en plan sensurround.

Pero no sé cómo, sobrinos (es cosa del alzheimer, de verdad), pude hacerme con un Vampus, que no era otra cosa que la versión en español de Creepy de la Warren. Y ví la estrellas.  Más tarde me hice con otras publicaciones de la misma editorial (Garbo), como el Rufus y Vampirella. También con algún Dossier Negro, pero ninguna me llenó tanto como la mítica Vampus.

Las historias se salían, sencillamente. Y ahí descubrí a maestros como John Severin, Joe Orlando, Richard Corben, José Ortiz, Esteban Maroto, Beá, Russ Heath, Álex Niño, ilustrando pesadillas que la mayor parte de las veces las firmaba el gran Archie Goodwin.

Mucho tiempo después, siendo ya un adolescente hecho y derecho, conseguí hacerme con otros números del Vampus en tiendas de viejo, hermanos de amigos a los que ya no les interesaban aquellas revistas y rastros por donde caía siempre buscando. Siempre buscando con la paciencia del mismísimo santo Job.

Hasta que me hice con  todos los números. Y saben una cosa, ahora que estoy viejo y achacoso no me canso de releer las mismas historietas cuando me encuentro en una de mis habituales bajonas. Y si bien la dichosa edad ya no hace que me sumerja en cada una de sus historias con la pasión con las que me sumergía cuando era un chiquillo, todavía me parecen la mayor parte de ellas sobresalientes aventuras terroríficas…

En fin, queridos míos, no hagan caso de lo que diga el viejo, pero diablos que los del Vampus me enseñaron por lo menos el camino que debía tomar a la hora de iniciarme en los tenebrosos mundos de la fantasía.

Y se acabó, leñe. Otro día rindo pleitesía al maestro Luis Vigil y sus artículos sobre cine que incluía en la revista objeto de mi devoción.

Un artículo nostálgico más de vuestro querido tío… Vampus.