Archive for the ‘El Blog de El Escobillón’ Category

‘Yeyo’-el-de-la-Rambla

Miércoles, Septiembre 9th, 2009

En estos días en los que me despierto y ando, y en los que he tenido tiempo por fin para reconciliarme conmigo mismo y la ciudad que considero mía porque me veo reflejado en sus rincones y plazas, en sus calles y en sus avenidas sin nombres franquistas, suelo acordarme sobre todo cuando paseo por el pedazo de Rambla que forma parte de mi existencia, o ese tramo que va de la plaza de Toros (¿no iba a ser de Todos?) al kiosco de la Paz, de Eugenio Yeyo Millet. Es probable que haya quien se pregunte ¿y quién demonios fue Eugenio Yeyo Millet? Baste decir que fue, probablemente, uno de los mejores poetas canarios de la última mitad del siglo XX y a quien tuve la oportunidad de mal conocer.

La editorial Baile del Sol publicó hace varios años el libro Pasto lascivo y otros poemas. Poesía incompleta 1979-1991 de Yeyo, edición al cuidado de Coriolano González Montáñez, y el único libro del que al menos tengo noticia que recoge casi todo el trabajo que pergeñó este individuo escandaloso para una capital de provincias como era y sigue siendo Santa Cruz de Tenerife. Miedosa a toda clase de excentricidades si no es en Carnaval.

Conocido por casi todos como Yeyo-el-de-la-Rambla (*), Eugenio Millet Rodríguez fue lo que se dice todo un personaje en aquél Santa Cruz postapocalíptico de los años ochenta. Y una luz demasiada incómoda en esa Rambla provinciana en la que nos cobijábamos todos los rambleros.

Yeyo siempre se declaró homosexual y comunista. Entiendo que fue una pose, porque más que comunista Yeyo fue un anarquista con todas sus letras. En aquellos años sin plomo generó una pequeña y divertidísima polémica en la página Borrador, que publicaba Diario de Avisos al cuidado de Fernando Senante, enviando a su responsable unos poemas con una introducción de Andrés Sánchez Robayna de la que se apropió sin permiso del autor. Tuvo miga aquel gesto osado y canalla. Tanto, que todavía se evoca con una sonrisa la rabieta que originó en los mentideros culturales y culturetas de la isla que lo vio nacer…

Escritor, poeta, bohemio y homosexual declarado mucho tiempo antes de que vinieran los tiempos de la normalización, Yeyo fue un tío que intentó siempre hacer lo que le ordenaba su corazón. Un bala perdida para muchos pero para otros un sujeto entrañable, asombrosamente tímido y quizá por ello con un notable sentido del humor que desarmaba.

Un vagabundo y un corredor de distancias cortas, quizá demasiado cortas, aunque eso no fue obstáculo para que peleara con su lengua hasta que el peso de la vida le resultó demasiado mareante. Un hombre libre, pese a las cadenas que esta sociedad chicharrera le ponía todos los días; uno de esos tipos que noto tanto en falta hoy en este Santa Cruz de pesebre en el que habito. En esta isla de tontería en la que me muevo. En este archipiélago cuya memoria no sale de los idealizados aborígenes y de la generación que forjó Gaceta de Arte.

Sí, ¿qué pasa?

En estos tiempos que vivimos, y en los que mis mejores amigos se refugian en discursos conservadores de tiempos enfermizamente pretéritos, Eugenio Yeyo Millet me vendió otra manera de ir por la vida, esa que sólo mastican los hombres sabios: ¿para que miras el dedo si lo que importa es la luna?

Lo noto en falta. Ya no hay estrellas fugaces como Yeyo Millet en mi Rambla moribunda. No sé si es un problema de vivir en provincias o de pertenecer a un país como España, pero gente como Yeyo son de esas que sí merecen una estatua en la Rambla. Creo que le habría hecho gracia esta iniciativa que nunca tendrá lugar.

Yo pondría debajo de su nombre tallado en mármol: “supo exhibirse sin pudor”. También el título de uno de los mejores poemarios de lo que nos dejó constancia: “el amor es un tigre disfrazado de mariposa”.

Un genio.

(*) El segundo número del fanzine Papel pal culo publicó la primera y creo que única entrevista con Eugenio Millet. Un texto delicioso, y tremendamente actual vuelto a leer desde la distancia.

Saludos nostálgicamente rambleros desde este lado del ordenador.

Cine con rabia de vivir cien por cien canario

Martes, Septiembre 8th, 2009

No creo equivocarme si afirmo (no digo) que Wansy Navarro es uno de los cineastas más auténticos y creyentes en esto de contar historias con imágenes de cuantos han nacido en estas islas abandonadas de la mano de los dioses. Con un entusiasmo a prueba de bombas, y casi siempre sin contar con apoyos institucionales, reacios al cine venenoso y rabioso de   su autor –porque se trata de un autor con todas sus letras–, Navarro ha sacado su colección de cortometrajes y ahora su primer largo por la puta cara, lo que no deja de sorprender en un archipiélago donde los cineastas artistas se han acostumbrado a vivir del pesebre de las subvenciones, ajenos a la aventura que significa sacar tu obra pese a los No, No y No de las presuntas e iluminadas comisiones que deciden los proyectos de esto que llaman cine canario.

El cine de Wansy Navarro es un cine áspero, sin escuela, mamado directamente del cine de barrio o del vídeo club de la esquina que son la mejor escuela para aprender cine. Y además, es un cine extraño, que va contracorriente en la aburrida moda en la que han caído la mayoría de los cineastas del archipiélago, muy dados a descafeinadas miradas de ombligo y a masturbaciones intelectuales mientras se alejan de lo que entendemos como entretenimiento. O contarnos una historia: las que tienen su inicio, su nudo y su desenlace.

El cine de Wansy Navarro es, además, directo. Vitriólico, repugnante en ocasiones y muy, pero que muy salvaje. Salvaje por sus historias, la mayoría de ellas aliñadas con mucha sangre y vísceras que me recuerdan al mejor cine patrio de terror. Sí, me refiero a esos clásicos de Jacinto Molina, Carlos Aured, Javier Aguirre y otros locos por un género que nunca ha contado con el respaldo sesudo de la crítica, aunque sí del espectador sin traumas imbéciles en la cabeza.

Las películas de Wansy Navarro son así de una tosquedad abrumadora pero también de una desarmante efectividad que te toca. Y te toca por incómodas, casi como si te mordieran. Es un cineasta gore, probablemente el primer cineasta realmente gore canario que muestra nuestras pesadillas pequeño burguesas tal y como son. Y con acento de aquí.

Para muchos Navarro es un intruso en esa especie de aristocracia provinciana a la quieren convertir el cine en Canarias, ciegos esos ojos a que apuestas por valores de este tonelaje abre nuevas espitas para contarnos las cosas de otra manera; sin ridículas vaguedades ni miedo a coger al toro por los cuernos. Pueblo somos y pueblo seremos hasta que no aprendamos a quitarnos la venda y aprender a MIRAR.

Y mirar es lo que propone la desarmante y extravagante cinematografía de Navarro: Mirar con bizarría a los barrios, a la miseria del extrarradio, al odio de los que no tienen nada. Y todo teñido de sangre, navajazos, diálogos cortantes, personajes fieros, esa canarias canalla real que forma parte de nuestra vida.

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La X Semana de Cine Fantástico de Estepona cierra el 11 de septiembre (qué fecha, ni aposta para proyectar una película de este cineasta mezcla de George A. Romero y Dario Argento, de Ruggero Deodato y Lucio Fulci) su sección informativa con la proyección de su primer largometraje Dispersión mortal, cuyo enlace les invito a consultar para que disfruten del tráiler de su prometedora ensalada de crímenes violentos. Con ecos a una Matanza de Texas pero en Telde, Taganana o Chipude… Financiar este trabajo, cómo no, ha salido prácticamente de su bolsillo. Una serie Z a coste de 8.000 euros. Cine indie con todas sus letras, vamos, para que nos entendamos.

La película se proyectó hace unos meses en Telde, ahora le toca Estepona y mañana espero que al resto de España y al mundo mundial. Wansy no es Pasolini, pero su visión estremecedora de contarnos la realidad me recuerda mucho a la del cineasta italiano en su incomprendida obra maestra Salo o los 120 días de Sodoma.

He dicho, que decimos los hijos de la viuda.

Así que…

¡Saludos al maestro desde este lado del ordenador!  

Tablón de anuncios

Martes, Septiembre 8th, 2009

* El 18 de septiembre finaliza el plazo de inscripción para el IV Curso Superior Universitario en Planificación y Gestión Cultural. Organizado por la Fundación Pedro García Cabrera, la Universidad de La Laguna y la Viceconsejería de Cultura del Gobierno de Canarias, esta actividad se dirige a profesionales y a personas interesadas en prepararse para el sector cultural, tanto en el ámbito público como en el privado y asociativo. Las clases se impartirán en horario de tarde desde el 27 de octubre de 2009 al 2 de julio de 2010, hasta un total de 320 horas. El programa incluye 34 asignaturas de todas las especialidades que concurren en la gestión y producción cultural, algunas ofertadas por primera vez (como Producción cinematográfica o Producción discográfica). 

* El Laboratorio de Escritura Audiovisual de Canarias (LEAC) celebra el Foro LEAC Escritura y Mercado el próximo 16 de septiembre, de 10:00 a 14:00 horas en Gran Canaria Espacio Digital, y en las misma podrán participar guionistas, directores, productores y todos profesionales e interesados en el desarrollo de proyectos audiovisuales, que deberán confirmar asistencia antes del lunes 14 de septiembre a través de audiovisual@canariasculturaenred.com. En la jornada, que arrancará a las 10 horas, se darán a conocer los ocho guiones desarrollados en la primera edición del LEAC:  Cazando mariposas con guantes de boxeo, de José Lobillo; Marina, de Judith Alzola; La galana, de David Galloway y Agustín Padrón; Fotos que nunca hice, de Octavio Guerra ; Niño soldado, de Guillermo Ríos y Pedro Fernández; El hombre de Salacot, de Javier Garrido; Seiren, de Alby Ojeda y Las espiritistas de Telde, de Daniel Millet.

* Interesantantísimo pero también terrible el artículo que hoy publica el responsable de la sección de Cultura de La Opinión de Tenerife, Erik Canino. Bajo el título de Miedo, uno no sabe muy bien en que islas vive. Algunos de los creadores de estas ínsulas alejadas de la mano de Dios ven a la Viceconsejería de Cultura como el popular Jason de la serie Viernes 13. Y no es baladí esta comparación. Pasen, pasen y lean… ¡para no dormir!

* Tenerife Espacio de las Artes (TEA) acogerá del 22 al 27 de septiembre unas jornadas sobre cine, videojuegos y robótica, entre otros temas. Organiza Espacio Enter Canarias. Lástima que no se informe en su página web del nombre de quienes participarán en estas jornadas que, presumo, serán más que interesantes.

Saludos, algo temerosos porque viene Jason, desde este lado del ordenador.
 

Ha muerto José María Millares Sall

Martes, Septiembre 8th, 2009

Ha muerto el poeta y premio Canarias de Literatura José María Millares Sall. Tenía 88 años de edad, aunque deja detrás una producción con títulos ta destacables como Liverpool o Ritmos alucinantes. Les animamos a que pinchen este enlace y lean el artículo que el también escritor Luis León Barreto le dedicó el pasado 25 de julio en La Opinión de Tenerife.

Saludos de urgencia desde este lado del ordenador.

Canción de septiembre

Lunes, Septiembre 7th, 2009

Septiembre, que posee una de las más bellas canciones y también algunas de las más grandes tragedias, es un mes endiabladamente raro. El mundo normal se activa, las hasta ese momento tranquilas calles de la ciudad despiertan y uno aprecia en cualquier actividad que decida emprender cierta amarga hostilidad de los que tienes delante. O detrás, pero a estos normalmente no los ves venir.

Mes extraño septiembre. Parece como de ni fú ni fá, colocado en el calendario porque había que colocarlo. La cartelera cinematográfica se despereza lentamente tras los saldos de agosto, y en televisión regresan los mismos imbéciles de siempre y alguna que otra cara nueva. Entre los que vuelven renovados los de Gran Hermano, programa al que invito a que se reconstruya y que transforme esa casa de cabestros en un campo de concentración. Cambian los concursantes, pero parecen los de otras ediciones. Los mismos chistes, el mismo mal hablar, la misma Mercedes Milá… Me entran arcadas cada vez que sintonizo por despiste Tele 5 y me la encuentro como intrusa en el sagrado salón de mi casa. Eso sí, y como la televisión es veneno, me quedo un rato embobado viendo ese mal rollo carcelario con aprendices a famosos de tercera división. Y me entero sonrojado que hay algún canario. Porque canario haylos en estos espacios. A un lado o al otro de la delgada línea roja que nos separa del horror. Un personaje que detesto amigablemente es la palmera periodista del corazón Lidia Lozano. El vómito que sube entonces por mi garganta tiene sabor a mojó picón. O mejor, queso asado.

El otro día vi otro programa impresentable que va con look de canalla y de me las sé todas. Lo presenta ese señor que se llama Risto. Aguanté un par de minutos antes de cambiar de canal, enloquecido porque no encontraba nada en las cadenas llamadas generalistas. Tampoco en las locales, tan babosas, y mucho menos en la tontonómica, cuya En clave de Ja no me ha abducido, lo que demuestra que soy una especie rara y probablemente en extinción.

Decididamente septiembre es un mes extraño. Casi casi tan extraño como febrero. Parece que todo cambia sin que cambie nada.

Nada.

Es algo así como volver al redil.

Saludos extrañamente perplejos desde este lado del ordenador. 

Librerías, librerías, librerías…

Domingo, Septiembre 6th, 2009

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Será porque eran otros tiempos pero recuerdo que en Santa Cruz de Tenerife había más librerías que ahora. Ahora, tiempos malos, de recesión, de veneno, de miedo y por lo tanto fantasmas. Espectros.

Y digo yo que había más librerías porque el otro día que quizá fuera ayer jugaba con un amigo a esos juegos idiotas que se basan en recordar…

Durante la charla surgieron nombres: las míticas Goya, Jarama, Rodín y una que se ubicaba al principio de la calle de El Pilar, nada más bajando el Parque García Sanabria y que fue la primera librería donde recuerdo que el dueño, pese a mi edad, me dejaba a sus anchas, a que libremente recorriera las estanterías atestadas de sus tesoros sin tener la sensación de que te clavaban la mirada en la espalda.

Íbamos mucho un amigo y yo a esta librería de cuyo nombre no me acuerdo, pese a que el librero era un Librero. Nunca he vuelto a encontrarme en Tenerife ni en esos mundos de Dios (excepto en Sevilla, en la Antonio Machado) con un Librero como aquel. Te dejaba que miraras. Que perdieras el tiempo acariciando los lomos de los libros; que los olieras, que pasaras delicadamente las manos por sus páginas… ¡Hasta te recomendaba ese o aquel título para que te lo llevaras!

Y lo mejor, si no tenías dinero porque la paga familiar había desaparecido misteriosamente en cines y golosinas, lo dejaba fiado. “Ya me lo pagarás” decía aquel buen hombre que me descubrió a Bradbury y que tenía un cierto parecido con (decíamos mi amigo y yo) Julio Cortázar.

¿Cómo se llamaba por Dios?

En aquellos tiempos de aprendices lectores recuerdo que si había una librería que detestáramos con toda la cordialidad del universo mundo era Rexachs (hoy La Isla).

Las razones son objetivas.

La mitad del tiempo que nos pasábamos en sus tripas ojeando libros sentíamos la molesta y desconfiada mirada del dependiente clavada como un puñal en nuestras espaldas.

Te movías a un lado y el dependiente se movía a un lado. Dabas un pasito para atrás y el tipo daba un pasito para atrás. Uno para adelante e ídem de ídem.

Les confieso que son pocos los libros que he robado de una librería. No sirvo para ladrón, pero sí revelo el malévolo deseo que siempre quise robar un libro de aquella maldita librería. Al ser sometido a tal férrea vigilancia, uno de mis sueños más acariciados y nunca realizados fue la de deslizarme en el bolsillo cualquier ejemplar de Bruguera, Espasa o Alianza editorial (con aquellas formidables portadas de Daniel Gil) con el único fin de burlar el acoso del vigilante. O los vigilantes.

Todo lo contrario a aquella librería pequeña y modesta del Pilar. Donde el Librero nos dejaba a solas para aprovechar y tomarse un cafecito en el bar de al lado. Así que recuerdo como uno de los días más amargos y tristes de mi adolescencia cuando una tarde bajamos y nos encontramos con que la había cerrado. Para siempre. Tuve la sensación entonces de que me habían arrancado de cuajo una buena parte de mi corazón. No he vuelto a ver a su dueño, aunque a veces tengo la sensación de que me lo encuentro por las calles de este Santa Cruz raro que me están construyendo y siento deseos de acercarme y estrecharle la mano y decirle simplemente “muchas gracias”. Gracias de verdad, y no esa palabra que hoy se ha convertido en pútrida palabreja.

Cerraron míticas librerías en mi imaginario particular y más tarde abrieron otras. Pero ya era un poco mayor. Así que nunca he vuelto a vivir esa sensación tan placentera como es la de invitarte a una fiesta (la de los libros, que también es una fiesta) sin que necesitara tarjeta de presentación. O cuenta en el banco.

No sé si fue por causa de aquel cierre para mi no anunciado que de repente me volví un poco más malcriado. Recuerdo así que iba a la librería de los vigilantes, Rexachs, y pedía un libro de un tal Lampert, un escritor inventado, y me reía en silencio cuando el dependiente con aficiones a gran hermano me contestaba que todavía no había llegado.

“¿Cuándo llegará?” le preguntaba mordiéndome la lengua para no escupir la risa. “El mes que viene. Sí, lo más probable es que el mes que viene”. Como es natural, el libro nunca llegaba aunque no me cansaba en preguntar ”cuándo” por el dichoso volumen.

Cosa de críos. Ya saben. Si por mucho que lo intento procuro demostrarle a los mostrencos que esto de los libros tiene su lado de risa. De comedia. A veces trágica porque un lector es un individuo que, como me dijo una amiga sobrada, necesita de otras vivencias para ser él  mismo. Ahora que lo pienso: pobrecita y bendita amiga, a quien le regalé la biografía de Fouché escrita por el gran Stefan Zweig. Si lo leyó o no eso, como decía el maestro Kipling, es otra historia.

Otro día les cuento las excursiones que hacíamos a las librerías de La Laguna. Excursiones que aún hoy hago aunque con menos entusiasmo que en el pasado. Allí estaba Lemus, que todavía sigue, pero ya no es lo mismo. Ese es el problema. Que ya nada es lo mismo.

Cambias tú, cambian los amigos y cambian hasta las librerías… Es decir, que ya no siento miradas clavadas en la espalda por mucho que haga para que piensen que voy a robar un libro…

Decididamente, ya nada es lo mismo.

Saludos, una vez más nostálgicamente adolescentes, desde este lado del ordenador.