Archive for the ‘Cine de allá’ Category

Más cínico, imposible… (diálogos de cine)

Lunes, Agosto 1st, 2011

Burt Lancaster a Gary Cooper en Veracruz (Robert Aldrich, 1954)

“¡Ben Trainer, amigo mío! Me recuerdas mucho a mi padre adoptivo. Se cargó a mi verdadero padre después de jugar con él una partida de póquer. Y le dio tanta lástima de mí que me adoptó. ¡Era un buen tipo mi padre adoptivo! Solía aconsejarme: muchacho, no te fíes ni de quien tengas que fiarte. Tenía razón el viejo: me lo cargué por la espalda en cuanto aprendí a usar el revólver. Ahora que me doy cuenta, eres el primero al que cuento mi vida. ¡Ben Trainer, amigo mío! Creo que te aprecio. ¿No te dije nunca que me recuerdas a mi padre adoptivo?”

Saludos, bang, bang, bang, desde este lado del ordenador.

Películas para después de una guerra

Sábado, Julio 23rd, 2011

I.- INTRODUCCIÓN

Me propone un lector que seleccione un puñado de películas sobre nuestra Guerra Civil coincidiendo que este lunes fue, precisamente, 18 de julio. Hace pues 75 años que los españoles (de un lado y del otro) hicieron historia como les gusta hacer historia, dándose garrotazos.

Claro que, reinterpretando lo que le decía Harry Lime a su colega en el Tercer hombre, eso quizá explique porqué  este país es cuna de poetas y no de relojeros.

En esta pequeña lista que presento he obviado las películas que otras cinematografías han realizado sobre este conflicto. Me refiero a títulos conocidos pero a mi juicio menores como ¿Por quién doblan las campanas?, la extraña y aún desconocida El ángel vestía de rojo, Llegó el día de la venganza, Tierra y libertad y la reciente Encontrarás dragones.

Sí he añadido, por el contrario, dos títulos dirigidos por cineastas no españoles como son el italiano A. Genina y el francés A. Malraux porque se tratan, a mi juicio, de títulos imprescindibles sobre nuestra Guerra.

El primero porque se rodó cuando media Europa había sido devorada por el nazismo y el segundo porque se trata de un título de ficción bélico filmado mientras las tierras de España eran arrasadas por el huracán de la contiende civil.

He procurado, para reducir el abanico, centrarme en películas estrictamente bélicas aunque también comente rarezas que si bien transcurren en la retaguardia, en aquel Madrid del No pasarán, creo que merecen ser citadas por raras, extrañas. Otro título que por razones obvias se comenta es el que firmó Francisco Franco con el pseudónimo de Jaime de Andrade.

También se repasan algunos títulos claves estrenados a finales del siglo XX e inicios del XXI obviando voluntariamente películas como Trece rosas porque continúan representando aquel conflicto con un partidismo enojosamente idiota.

No comentamos tampoco La hora de los valientes y La lengua de las mariposas, entre otros, alarmados ante la extensión de este post.

La mayoría de estos títulos pertenecen al subvencionado cine español que, citando uno de los artículos de un insólitamente lúcido Arturo Pérez Reverte, cuando aborda la Guerra Civil o bien acostumbra a pintar al bando perdedor (los rojos) como haraganes sin afeitar o al vencedor como señoritos de pelo engominado.

II.- PELÍCULAS

ESPOIR. SIERRA DE TERUEL (André Malraux, 1938).- Si hay una película mito dentro de las numerosas que se han rodado y rodarán sobre la Guerra Civil española se encuentra Espoir. Sierra de Teruel. Y por varias razones siempre y cuando el análisis vaya más allá del propio filme en sí, ya que se trata de un trabajo cinematográfico correcto pero tendiendo a la mediocridad. Entre los elementos que han contribuido a que Espoir. Sierra de Teruel se haya convertido en mito está André Malraux, el hombre que escribió y dirigió esta película que narra la creación de una escuadrilla de aviación en el ejército del aire republicano. Malraux, entre cuyas obras cuenta con la aún excelente La condición humana, terminaría años más tarde convirtiéndose en ministro de Cultura (1958-1969) del gobierno De Gaulle. En cuanto a la película en sí, destacaría algunos combates aéreos y la escena de rescate por parte de un grupo de campesinos de un piloto cuyo caza ha sido derribado.

SIN NOVEDAD EN EL ALCÁZAR (Augusto Genina, 1940).- Según se informa en los contenidos extras del dvd, Sin novedad en El Alcázar quiso ser El acorazado Potemkin de las cinematografías totalitarias de signo derechista en plena II Guerra Mundial. Para ello, los italianos recurrieron a uno de los episodios más publicitados durante la Guerra Civil española como fue la resistencia de este emblemático edificio toledano por las fuerzas franquistas al mando de José Moscardó. Lo más insólito de esta producción, obviando su ridículo y militarista mensaje, es que continúa siendo un excelente filme bélico que narra con vigor el día a día de los asediados. No falta en el largometraje el momento en el que Moscardó decide sacrificar a su hijo para no rendir la plaza, así como un vitriólico retrato que, según la ideología imperante en aquellos tiempos, significaron para España los políticos republicanos.

RAZA (José Luis Sáenz de Heredia, 1941).- Es una película de obligado visionado. Aunque más que como película por quien firma su guión. Un tal Jaime de Andrade, pseudónimo tras el que se escondía Franco, ese hombre cuyo cadáver quieren desenterrar del Valle de los Caídos.  Hay un curioso ensayo de Román Gubern donde analiza en este filme y plano a plano, la psicología del dictador que merece una relectura porque como película es de una propaganda casposa que hoy se antoja hilarante aunque continúe siendo siniestra. Raza cuenta la historia de la familia Churruca, donde tres hermanos llevan vidas distintas. Uno se hace militar gallardo y patriota; el otro un viva la vida y rojo, y el tercero sacerdote. Aún con esas, y manteniendo una rigurosa distancia ante su mensaje ramplón, Raza  contiene un puñado de excelentes escenas bélicas.

ROJO Y NEGRO (Carlos Arévalo, 1942 ).- Si hay un título de culto sobre nuestra Guerra Civil es Rojo y negro, del cineasta falangista Carlos Arévalo. El propio título de la película hace alusión a los colores de la bandera falangista que, como muchos sabrán, también eran enseña de los anarquistas solo que los primeros la mostraban en vertical y los segundos en diagonal. La copia que tengo de esta película es penosa pero eso no es razón para que piense que no pasa la prueba del tiempo. Contiene momentos de una siniestra plasticidad. Como la escena que transcurre en una checa que casi parece que inspiraría años más tarde a Francisco Ibáñez para su 13 Rue del Percebe. Entre las curiosidades del filme hay que destacar la historia de amor que surge entre un hombre de izquierdas y una falangista de corazón que colabora con el ejército nacional integrando lo que se conoció como Quinta Columna. He vuelto a ver la cinta, el dvd iba junto al volumen Cine y Guerra Civil española. Del mito a la memoria (Vicente Sánchez-Biosca, Alianza Editorial, 2006), y salvo la sorpresa de que su abnegada heroína sea, precisamente una heroína que asume funciones de partisana en aquel Madrid de Prieto y don Lenín que cantara la cabaretera Celia Gámez, es de una estulticia demoledora que, cosas de aquel régimen cuartelero, disgustó a los militares victoriosos por demasiado falangista.

El SANTUARIO NO SE RINDE (Arturo Ruiz-Castillo, 1949).- Un título a destacar en la filmografía franquista sobre nuestra contienda. En la película el enemigo, salvo si es un comunista extranjero, se representa como españoles que tienen más cosas en común con los sitiados que con los comunistas extranjeros, así que obviando su inevitable espíritu patriotero y cursilón, El santuario no se rinde es una buena película dentro de una cinematografía española sobre su Guerra Civil que, insisto, no cuenta aún con una especie de su Lo que el viento se llevó.

LA FIEL INFANTERÍA (Pedro Lazaga, 1959).- El filme adapta la novela del mismo título de Rafael García Serrano, escritor falangista que con esta obra –que ha sido equivocadamente comparada con la pacifista Sin novedad en el frente– intentó por una vez rendir justicia a los combatientes del lado perdedor en pleno régimen franquista. Cuando escribo rendir justicia me refiero a que los dibuja como seres normales y corrientes a los que las circunstancias han colocado al otro lado de la trinchera. Desgraciadamente, Lazaga no supo transmitir el dramatismo que aún respiran las páginas del libro de Serrano, aunque tiene un final (el cuerpo de un soldado nacional se confunde con el de un republicano) que sabe a  metáfora trágica para ilustrar poéticamente lo que supuso aquella guerra que el cine español no ha terminado por reflejar con la medida que se merece.

MI CALLE (Edgar Neville, 1960).- Aunque solo un segmento de la película se desarrolle estrictamente durante la Guerra Civil, a mi me parece uno de los mejores trabajos de su director. Trabajo, todo sea dicho, que también significó su testamento cinematográfico. Mi calle cuenta la vida de una calle madrileña desde finales del siglo XIX a la postguerra y está repleta de personajes variopintos y castizos que tiñen de un entrañable costumbrismo el relato. Entre los mejores momentos del filme, por dramático, está el encuentro de dos niños que se hacen amigos y cuyo destino conoceremos a través de una irónica voz en off:Uno de ellos terminará matando al otro cuando estalle la Guerra que dividó a hermanos y amigos en dos oscuras mitades.

LAS LARGAS VACACIONES DEL 36 (Jaime Camino, 1976).- Interesante retrato de una familia de alta burguesía catalana que el estallido de la Guerra Civil los coge por sorpresa mientras pasan unos días de descanso. El filme está protagonizado por Concha Velasco, José Sacristán y Paco Rabal, y se deja ver todavía aunque el arañazo del tiempo le haya hecho mella. De todas maneras se trata de un título a tener en cuenta para recordar cómo aquellos trágicos acontecimientos marcaron al rojo vivo a toda una generación de españoles fueran de las ideas que fueran.

SOLDADOS (Alfonso Ungría, 1978).- La película está inspirada en la novela Las buenas intenciones de Max Aub y se trata, a mi juicio, del mejor filme sobre la Guerra Civil que he visto en pantalla hasta la fecha. Les recomiendo que se la bajen porque ignoro si hay manera legal de acceder a ella. Trabajan en el filme, entre otros actores, Claudia Gravi, José Caride, Jose Calvo, Manuel Guitian y Ángel Alvarez, y se trata, reitero, de una película de la que guardo grato recuerdo aunque igual la memoria me traicione. Aún así, no se me va de la memoria una secuencia en la que se muestra a un oficial del ejército republicano caminando con las manos pegadas al estómago mientas se desangra por un páramo.

LAS BICICLETAS SON PARA EL VERANO (Jaime Chávarri, 1984). – ¿Sabían ustedes que Chávarri fue el nombre del primer director que sonó para dirigir Mararía? En fin, Las bicicletas son para el verano adapta la obra teatral del mismo título escrita por Fernando Fernán Gómez. La acción transcurre en Madrid y está vista a través de las experiencias de un adolescente con una idea fija en la cabeza: conseguir una bicicleta. A mí, personalmente, Las bicicletas son para el verano me sigue gustando mucho, y a ello contribuyen sus actores protagonistas: Gabino Diego, Agustín González, Amparo Soler Leal y Victoria Abril.

DRAGON RAPIDE (Jaime Camino, 1984).-  Dragon Rapide disecciona la conspiración militar que eclosionó en julio de 1936 con espíritu documental aunque se trate de una película protagonizada por actores. Juan Diego, por ejemplo, interpreta a un Franco con demasiados tics. Cuando se estrenó la película en pantalla grande, muchas críticas resaltaron que por primera vez se mostraba a Franco y su esposa en el lecho conyugal, pero es como decir pasen y vean como podría haber sido la vida privada de  dos personajes sin demasiada imaginación sexual. Obviamente y por razones históricas, las dos capitales canarias aparecen como escenario de la acción aunque la productora no se gastó dinero para rodar estas escenas en las dos capitales canarias.  

¡AY, CARMELA! (Carlos Saura, 1990).- Con guión de Rafael Azcona y José Sanchís Sinisterra, autor de la obra del mismo título, ¡Ay, Carmela! es uno de los mayores éxitos de la carrera de su director. El éxito de la película se debe en gran parte a su cuidada reconstrucción de la España de aquellos tiempos pero también al excelente trabajo –a medio camino entre la comedia y el drama– de Andrés Pajares. Actor que con esta película enseñó a industria y espectadores que reunía más registros que los que explotó con su pareja de hecho Fernando Esteso. ¡Ay, Carmela! aún respira épica y muestra cómo unos cómicos intentan sobrevivir en aquellos tiempos donde estaba prohibido reír. A destacar, también, el trabajo de Carmen Maura.

SOLDADOS DE SALAMINA (David Trueba, 2003).- El filme adapta la novela del mismo título de Javier Cercas, título que fue todo un best seller en su momento. La historia sigue con bastante fidelidad lo que cuenta el libro salvo que su protagonista en la película es una joven e inquieta periodista, Ariadana Gil, y no un joven como en la novela. Lo mejor de Soldados de Salamina son las escenas que reconstruyen el calvario por el que pasó el escritor falangista Rafael Sánchez Mazas. Nunca en pantalla se ha mostrado mejor al derrotado ejército de la II República.

LIBERTARIAS (Vicente Aranda, 2004).- A pesar de que la crítica le dio estopa en su momento a mi Libertarias continúa conmoviéndome. Me gusta ese retrato de mujeres anarquistas que logran desnudarse de su pasado para enfundarse en el mítico mono azul del trabajador. Libertarias fue un filme millonario en su momento, y eso se refleja en una cuidada reconstrucción que incluye escenas de entusiastas masas cantando A las barricadas en una Barcelona que, todo parece indicarlo, tuvo que ser una extraña fiesta aquel verano del 36. En el guión colaboró el crítico José Luis Guarner y sus protagonistas fueron algunas de las estrellas más rutilantes del cine patrio de ese 2004 que ya es pasado: Ana Belén, Victoria Abril y Ariadna Gil, entre otras.

BALADA TRISTE DE TROMPETA (Alex de la Iglesia, 2010).- Ya escribí en este mismo blog la opinión que me mereció la última película hasta la fecha del director de El día de la bestia. Como espectador que no vivió aquellos días funestos que taladraron a este país de 1936 a 1939, La balada… cuenta con una tarantiniana escena bélica ambientada en aquellos aciagos días que parecía prometer pero, desgraciadamente, termina por convertirse en un tebeo con mensaje a través del cual su director intenta darnos su peculiar visión de las dos España que culmina, cómo no, en el Valle de los Caídos. 

Saludos, escobillón en mano, desde este lado del ordenador.

‘Intruders’ de Juan Carlos Fresnadillo abrirá la 59 edición del Festival de Cine de San Sebastián

Jueves, Julio 14th, 2011

Intruders, el último trabajo del director tinerfeño Juan Carlos Fresnadillo, inaugurará la 59 edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián el próximo 16 de septiembre, anunciaron fuentes de la organización.

La película se trata de un thriller fantástico que cuenta con un reparto internacional encabezado por el actor británico Clive Owen y la actriz española Pilar López de Ayala, y narra la historia paralela de dos familias cuyas vidas se ven alteradas por presencias amenazadoras.

Daniel Brühl, Kerry Foz y Carice van Houten completan el elenco de este film cuyo guión es autoría de Nicolás Casariego, finalista del Premio Nadal por su novela Cazadores de luz.

Juan  Carlos Fresnadillo es director del premiado mediometraje Esposados,  una producción rodada íntegramente en Tenerife y resultado de la unión de tres productores canarias, Zodiac Film, La Mirada y Papi Producciones, que fue candidato a los Oscar en esa categoría en 1997, así como de los largometrajes Intacto y 28 semanas después.

Saludos, tras conocer la noticia por agencias, desde este lado del ordenador.

¡¡¡¡¡¡Ratatatatatatatata!!!!!

Sábado, Julio 2nd, 2011

Últimamente solo consumo películas de gángster. Creo que es signo de los tiempos.

Veo por televisión como la policía se lleva al presidente de las SGAE , Teddy Bautista, y asocio mi renovada afición al género por el abuso de informaciones parciales que diariamente nos bombardean desde los medios de comunicación.

Medios, reflexiono, más despistado que quien les escribe y como en Fueteovejuna todos a una prestos a lanzarse como caníbales ante cualquier pedazo de carne que, no sé muy bien quién, les suelta.

Mi sobrino me preguntó el otro día si conocía a un gángster y yo le respondí señalando la televisión.

- Si está apagada.- me dijo decepcionado.

- Pues enciéndela.- le respondí.

- ¿Así veré un gángster?

Me encogí de hombros.

- Pues no lo sé, pero con suerte sale un tipo esposado.

- ¿Un gángster es un tipo esposado?

Miré a mi sobrino pensando qué responderle.

- En todo caso es un presunto gángster con mala suerte.

No respondí, obviamente, a su pregunta.

Y creo que le mosqueó sobre todo lo de presunto.

Pero ya ven, esta conversación entre tío y sobrino me hizo reflexionar y entender los por qué estoy tan encaprichado en la actualidad por ver cine de gángster.

Veo Capone, de Roger Corman.

Ben Gazzara hace de Cara Cortada y un jovencísimo Sylvester Stallone hace de secundario. También aparece John Cassavetes y Harry Guardino, un actor por el que siento debilidad y no me pregunten la razón.

Vuelvo a ver Lucky Luciano de Francesco Rosi.

Con Gian Maria Volonté, Rod Steiger y Edmond O’Brien.

Y abro los ojos.

Los abro mucho.

La ley seca…

Veo Dillinger, la versión de John Milius, obviamente.

Y Mamá sangienta, otra de Corman, y La banda de los Grissom, del gran Robert Aldrich.

Luego repesco Los violentos años veinte y Al rojo vivo, ambas de Raoul Walsh. Y me quedo más con Los violento años veinte que con Al rojo vivo aunque las dos películas me sigan pareciendo extraordinarias porque el binomio Raoul Walsh y el actor James Cagney fue química pura. Lección de cine con mayúsculas.

Y continuo viendo películas de gángster.

Películas de gángster cuando se rodaban películas de gángster con aliento venenosamente rudo y épico.

Ya saben, esas cintas en las que las fuerzas del orden van detrás del Enemigo público número uno.

Y pienso que tal y como me los ha mostrado el cine todos esos canallas sí que eran desperados de verdad en un mundo donde todavía no se conocía la palabra terrorismo.

Y descubro que el gángster heroico de casi todas estas cintas es como una especie de justiciero equivocado, rabioso con un sistema que lo obligó a prosperar trabajando al margen de la ley.

Y que esa es la gran diferencia que los distancia del gang que impera en nuestros días.

El gángster ya no es familia sino políticos y otras gentes de bien que siguen robándonos a lo grande instalados en una legalidad que, criaturas mías, pide a gritos una higiénica intervención quirúrgica.

Vamos, que Teddy Bautista y Strauss-Kahn son víctimas involuntarias de un sistema al que tanto contribuyeron a alimentar.

Así que los gángster, los gángster de verdad, querido sobrino, no son los que aparecen hoy esposados en los mongoloides medios de comunicación.

Saludos, empuñando mi Thompson, desde este lado del ordenador.

Creánme, la entrada no vale el puñado de euros

Viernes, Julio 1st, 2011

Tengo debilidad por el western.

De hecho, durante una época tormentosa de mi vida ver prácticamente todos los días películas de este género me salvó la vida.

Como todo el mundo sabe las películas sobre y del oeste no están de moda en estos tiempos criminales que nos han tocado en suerte pero de tanto en tanto algún osado se atreve a meter sus zarpas con la idea de actualizarlo o reiventarlo con resultados siempre catastróficos.

Y es que Clint Eastwood solo hay uno. Y Clint, ya lo dejó claro en su última y afortunada tentativa, sabe que el género no perdona.

Veo, gastando de mi bolsillo casi siete euros que me vendrían muy bien para otras cosas, Blackthorn, filme dirigido por el canario Mateo Gil.

Blackthorn es un western ambientado en el altiplano boliviano y parte de una sugerente idea: el célebre forajido Butch Cassidy  no murió en el tiroteo que sostuvo con su compañero Sundace Kid en un lugar perdido del corazón de Latinoamérica como sí nos contó la ya legendaria Dos hombres y un destino, donde el papel de Cassidy lo interpretaba Paul Newman.

Se plantea así en Blackthorn que Cassidy salió vivo de aquella balacera y que se estableció hasta envejecer como un roble en la misma tierra donde los que los perseguían presumían que había muerto.

Y hasta ahí todo bien en la película de Gil.

El problema es lo que viene a continuación.

Para cualquier aficionado al cine del oeste que se precie Blackthorn es una basura. Así, con todas sus letras: b-a-s-u-r-a.

Y no por un guión –que firma Miguel Barrios– equivocado y revuelto, sino por la lectura western que Gil traduce del género. Una lectura de niño de teta y de tipo que no ha visto películas del oeste. Que no ha mamado las entrañas de un género que además de ser profundamente moral como dice querer creer, va más allá de lo moral.

Es decir, que el buen western va más allá.

Es un duelo.

Un enfrentamiento de resonancias bíblicas y no solo de vaqueros cabalgando por la pradera.

Gil, al que este proyecto le queda demasiado grande, se queda en la postal, pero es que la postal –los impresionantes y hermosos paisajes de la geografía boliviana– acaban por tragarse una acción tarumba sobre lo que, presuntamente, quiere contar en su Blackthorn.

Claro que, presumo, Mateo Gil quiso contar algo en Blackthorn.

El problema es que todavía estoy preguntándome qué.

Blackthorn, además de tedioso, es un filme idiota. De esos que quieren transmitir al espectador iniciado claves de yo conozco el género cuando se nota que, en todo caso, yo lo que intento es plagiar muy bien el género. Y, Mateo, se lo dice un desesperado de verdad, usted lo que ha hecho es una mala fotocopia. Tan mala, que en algunos momentos me pregunté cómo diablos alguien permitió la exhibición de esta película.

Noté en falta a un productor con cabeza que le dijera: “Cuidado, chaval” porque probablemente me hubiera ahorrado el dinero de la puñetera entrada. Dinero, francamente, que es lo que más me preocupa por haber dilapidado en ver esta inmensa tontería.

Ya ven, por un puñado de euros.

Blackthorn ha logrado además que deteste sin cordialidad alguna a un actor por el que siento especial sintonía como es Stephen Rea, quien pienso que  probablemente justificará su risible papel en esta película con aquello tan respetable de tengo que dar de comer a los míos.

También por Sam Shepard, un Cassidy en Blackthorn que quiere ser feo, fuerte y formal tal y como reza en castellano el epitafio de la lápida del Duque (*) pero que se queda más en un Shepard que pide por señas agua ante un largometraje que se hunde irremediablemente en el fango de los tópicos que su director, Mateo Gil, cree que es el western.

Un western donde por razones geográficas no se bebe güisqui sino chicha. Y en el que se mastica hojas de coca, cuidado.

Blackthorn no es ya un quiero y no puedo porque no quiere pero sí pudo ser una interesante reflexión sobre Cassidy como leyenda y una inteligente extrapolación de las claves de un género –tan norteamericano como es el western– a una geografía que no es la de Monument Valley por poner un ejemplo.

Blackthorn es nada por no decir, aunque lo diga en francés, una merde.

O cine sin sustancia y lo que es peor para el género, una película sin épica crepuscular ni vocación de espectáculo.

Conclusión:

Para quien les escribe Blackthorn es el peor eurowestern de la historia del cine.

Una cinta mala, pero mala de verdad.

Ahórrense pues el puñado de euros que cuesta la entrada.

(*) Criaturas mías, me refiero a John Wayne.

Saludos, ¡aprende a disparar Mateo! desde este lado del ordenador.

Argo así siento cuando veo ‘Fantasía’: MIEDO

Sábado, Junio 11th, 2011

Por mucho que se rompa la cabeza no sabe como demonios ha terminado en esta pequeña y estrecha celda. De fondo se escuchan ruidos extraños, como si se arrastraran muebles a un lado y al otro. Suena también instrumentos que están ensayando. Ya saben, esa cacofonía sonora que parece que se ordena pero que termina en nada. Se afina el violín, las teclas del piano, truena la trompeta…

El hombre se sienta mientras observa la parpadeante luz de una bombilla clavada en el techo. Intenta recordar el por qué se encuentra en este espacio cerrado pero por su cabeza solo cruzan pájaros volando a mucha velocidad.

Le duelen los tobillos y tras tocarse la cabeza nota humedad en la cabeza.

Observa los dedos y contempla rastros de sangre.

Tiene sed.

Y ganas de fumar.

Rebusca en los bolsillos y encuentra un paquete arrugado de Camel.

Se lleva uno a los labios y, ¡milagro!, lo enciende cuando encuentra en los bolsillos de su chaqueta de pana un BIC forrado de acero. Aspira el veneno y deja pasar el tiempo.

“¡Ciudadano!” grita una voz metálica por un altavoz escondido en algún lado. ¡No se puede fumar!”

El hombre, con el cigarrillo colgando de su boca, hace un corte de mangas a la nada.

“¡Ciudadano!”

La luz de la bombilla se apaga bruscamente y la celda parece que se hace más estrecha cuando se queda a oscuras. Oscuridad que solo rompe la brasa roja de la colilla cuyo humo sigue alimentando veneno a sus gastados pulmones.

Escucha un click y un clack que viene de alguna parte.

Un recuadro se ilumina en la pared que tiene enfrente.

“No, no, no”, musita el hombre que tira el cigarrillo al suelo, donde se consume lentamente.

En la pantalla dibujada en la pared aparecen dibujos abstractos al son de la Tocata y fuga en re menor de Bach.

“No, no, no…” – se alarma cada vez más el hombre.

“Ha ha ha ha ha ha”.- ríe la voz que lo llama ciudadano.

“Por todos los santos esto es… Esto es…” -tartamudea el hombre.

“Fantasía, ciudadano”.- exclama la voz metálica y mefistofélica.

El hombre se pone de pie en la oscuridad. Se acerca a la pantalla y se da media vuelta.

Ahora suena El cascanueces.

El hombre se esconde en la oscuridad y cierra los ojos. El sudor comienza a resbalar por su frente cuando comienza a oír las primeras notas de El aprendiz de brujo. En la pantalla Mickey Mouse con el gorro de brujo pone a bailar las fregonas.

“Que podrían ser escobillones” piensa el hombre apretándose contra la pared de la celda.

Tachán tachán suena La consagración de la primavera. El violento nacimiento de este planeta. Los dinosaurios…

El hombre aguarda cerrando y abriendo los ojos. Parece que baila pero no es por la música sino por la sombra del miedo que va apoderándose de su cuerpo enfermo.

En la pantalla y bajo los sones de la Sexta sinfonía observa a centauros y centauras, a pequeños faunos asexuados y a un divino Baco obeso junto a un dentudo burrito alado. Zeus, en las nubes, lanza rayos y desata una tormenta.

Nuestro hombre se pone cada vez más inquieto. Y cuenta las horas cuando unas marujonas avestruces bailan la Danza de las horas.

“Oh, oh, oh…”- piensa nuestro hombre… “Por el amor de Dios… no, no, no…”

Y retrocede a su infancia. A cuando vio por primera vez Fantasía. Título que ahora cumple setenta años que no es la edad que tiene nuestro hombre pero casi, casi…

Y recuerda el impacto que sufrió con el segmento que sabe que vendrá a continuación de esa puñetera Danza de las horas.

De hecho… ¿no está sonando ya Una noche en el monte pelado?

Y mira la pantalla fascinado. Y por mucho que intente cerrar los ojos estos permanecen abiertos como si no pudiera bajarlos. Casi siente la fila de invisibles alfileres que hay distribuido en sus párpados.

Y mira.

Y grita mamá.

Grita mamá cuando la cima de la montaña se transforma en el que sigue siendo la mejor representación del diablo en pantalla grande.

Y siente como la orina se resbala por sus pantalones vaqueros.

Y se pone de rodilla sin poder evitar seguir mirando la pantalla.

Y se acuesta en posición fetal en el húmedo suelo de la habitación cuando suena el esperanzador Ave María de Schubert.

Pero el hombre ya no escucha nada. Con el dedo en la boca continúa musitando un desgarrador “mamá mamá” que se expande por la habitación que ahora huele a meados.

FLASH.

Se encienden las luces y la voz metálica grita con sorna:

“¡Ciudadano, ciudadano, bienvenido al infierno!”

Saludos, algo así siento cuando veo Fantasía, desde este lado del ordenador.