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Cuentos y novelas sobre la Guerra Civil en Canarias (y 3)

Miércoles, Julio 21st, 2021

Este periodo y también desde el punto de vista de una mujer, se refleja en La prestamista, de María del Mar Rodríguez, que se desarrolla en la isla de La Palma en un arco temporal amplio, 1850-1946, y en la que se reflejan las grandezas y miserias de sus protagonistas y Felisa en su mudanza, de María Candelaria Pérez Galván, en la que se recrea la vida de dos jóvenes canarias que viven en un pueblo perdido en las montañas de la isla que deciden ir a la ciudad para labrarse una vida mejor.

La fiesta de los infiernos, de Juan José Delgado, ofrece una visión sobre aquellos años escrita desde el esperpento y, de manera tangencial, El árbol del bien y del mal de Juan José Armas Marcelo, novela que junto a Las naves quemadas le sirvió para fundar su imaginario universo de Salbago . José Domingo ambienta también durante la Guerra aunque el escenario haga sospechar que se trata de Madrid en su más que recomendable volumen de cuentos Historias del barranco de Santos y Agustín Díaz Pacheco cuenta en El burócrata perverso, la historia de un falangista durante la postguerra. Este relato se incluye en Cuentos de otoño, un libro con ilustraciones de Raúl Consuegra León.

Luis León Barreto recurrirá también a la isla-símbolo, en su caso Tamarán, para La infinita guerra, en la que profundiza en las imbricadas raíces que tejió el poder para justificar la represión a la que sometieron a la población de las Islas nada más declararse la Guerra Civil mientras que el periodista y escritor grancanario Alfonso O’Shanahan es autor de Solsticio de verano, una novela de espías ambientada en la segunda mitad de los años treinta en Canarias que ha sabido envejecer con el paso del tiempo. También de gracanaria es Juan José Mendoza, autor de A orillas del Guiniguada, accésit del Benito Pérez Galdós 2020 y que narra la vida y obra de Antonio Pildain, obispo de la Diócesis de Canarias desde 1937 a 1966.

A caballo entre Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria se desarrolla en las postrimerías de la Guerra Civil Inmerso en la duda, de Agustín Quevedo Martín; Francisco Estupiñán aborda también aquel conflicto y la posición de la España franquista durante la II Guerra Mundial en El águila de San Juan, asunto en el que también indaga Daniel Pérez Estévez con La paciencia del peregrino mientras Eugenio Suárez-Galbán Guerra narra en Balada de la guerra hermosa la historia de dos canarios enrolados como soldados del ejército nacional en los campos de batalla que destrozan las tierras de la España peninsular.

Interés y mucho tiene la novela Vagos y maleantes, de Ismael Lozano, quien describe las dolorosas condiciones en las que vivían los presos (la mayoría de ellos homosexuales) en Tefía, Fuerteventura. Centro que mantuvo abierta sus puertas hasta inicio de los años sesenta.

Por otro lado, Agustín Carlos Barruz se preocupa en reflejar la represión y sus secuelas en Memoria de una isla sin memoria, que trascurre en Sacura, anagrama de Arucas, Gran Canaria, mientras que la escritora Elia Barceló desarrolla la primera parte de El color del silencio en julio de 1936 en Canarias y Alberto Vázquez Figueroa retrata la feroz represión de los rebeldes en las islas en su novela Bajamar. Muy de refilón, Gererardo Pérez Sánchez sitúa uno de los capítulos de Historia desconocida de mis antepasados en este trágico periodo, concretamente en Güímar, localidad del sur de Tenerife.
También son de destacar El faro y la noche, de Selena Millares, en la que se cuenta el hallazgo las memorias de un oscuro poeta y profesor represaliado tras la guerra civil española,

Otros títulos que pueden sumarse a esta relación son Episodios de la Guerra Civil y otros relatos, de Francisco Rodríguez Medina, autor también de El paseo de la muerte; Pedro Padilla Quintana y su En el azul y muy tangencialmente Jonathan Allen en la iniciática El conocimiento.

Iván Cabrera Cartaya describe en clave literaria el frustrado de atentado con el que un grupo de anarquista intentó deshacerse de Francisco Franco, por aquel entonces capitán general de Canarias, en la capital tinerfeña. Lo narra en el cuento La noche y el olvido, relato que se incluye en el libro Vigilia en Velora, por el que su autor se hizo con el premio Isaac de Vega 2019

Novelas sobre los primeros años de la postguerra son Los amores perdidos, de Miguel de León y Guad, de Alfonso García-Ramos., Los buscadores de agua, de Juan Farias; La ciudad tiene otra cara y Dos mundos y un volcán, de Luis Gálvez Monreal sin olvidar La isla y los demonios, de Carmen Laforet y que transcurre en la capital grancanaria en los años 40, entre otras.

En cuanto a libros de memorias destacan Añoranzas prisioneras, del anarquista tinerfeño Antonio Rodríguez Bethencourt, libro en el que se narra las aventuras de su compañero de presidio Antonio Tejera Afonso . La guerra fratricida, en la que el periodista Tomás Quintero Espinosa desgrana los primeros días del Alzamiento nacional en la capital tinerfeña en pequeñas pero muy vividas crónicas de aquellos días así como Memorias de un hijo del siglo, del socialista Juan Rodríguez Doreste.

Otros libros son La guerra fratricida, en la que el periodista Tomás Quintero Espinosa desgrana los primeros días del Alzamiento nacional en la capital tinerfeña en pequeñas pero muy vividas crónicas de aquellos días y Once cárceles y un destierro, de Diógenes Díaz Cabrera; …Empieza a amanecer, de Constantino Aznar de Acevedo; Tránsito, de Elba García, memorias del escultor y empresario Bernardino García; Sin rencor. Memorias de un republicano, de Mauro Martín Peña; Semilla de memoria, de Francisco González Tejera; Cecilio Segura, alcalde y maestro replesaliado en la Guerra Civil, de Francisco Suárez Moreno y La luz infinita, de Amílcar Morera Bravo, título en el que este escritor y médico natural de La Palma incluye varios relatos sobre su experiencia como sanitario del ejército nacional en diferentes frentes de la península.

De Gran Canarias a Dakar son las memorias de Eduardo Suárez Socorro, un libro que describe en su primera parte el asesinato de su padre, diputado comunista durante la II República, en la capital grancanaria los primeros meses de la Guerra Civil.

Con los parias de la tierra son las memorias de quien fuera fundador del Partido Comuinista en La Palma, Florisel Mendoza. Merece la pena citar también aunque no se trate de un libro de memorias Negrín y Canarias durante la Guerra Civil española, del especialista Sergio Millares Cantero y también una biografía que escribe Jacinto Barrios Capilla sobre Gullermo Ascanio Moreno, miembro del partido comunista y uno de los organizadores del batallón Canarias así como coordinador de su periódico, Canarias libre.

Destacaría también en esta relación con notables –somos conscientes– ausencias, Blanca Ascanio, la maestra roja, de Miguel Ángel Morales Mora y Mª de la Soledad Naya Ascanio y Gesta y sacrificio del teniente González Campos, del periodista y escritor Andrés Chaves.

(1) El Perseguidor (Diario de Avisos), número 23. Entrevista con Nivaria Tejera, “Ya no me siento exiliada en ninguna parte“.

Saludos, y fin, desde este lado del ordenador

Cuentos y novelas sobre la Guerra Civil en Canarias (2)

Martes, Julio 20th, 2021

Otro de los títulos más conocidos sobre aquella contienda fratricida escritos en y desde Canarias es Sima Jinámar, de José Luis Morales.

Según explicó el autor en una entrevista publicada en el diario El País, la novela la comenzó a escribir en la cárcel por dos razones: “la primera, que allí tenía tiempo. Y luego, que en aquella ocasión la novela actuaba como salida y reflexión en un momento de crisis ideológica que yo sufría, era 1969, con toda la universidad española. Intentaba, por un lado, hablar de esa realidad que para mí era tan cercana, la de las islas, y por otro, dar a todo esto universalidad, romper el localismo. Porque, al final, los problemas no son exactamente locales, ¿no? Entonces ensayé con el lenguaje canario, rural y con sus ritmos. Te llamará la atención que hay mucha redundancia, que para mí es dialéctica. Y para romper el realismo elemental aparecían algunos personajes atemporales, míticos, que rompen el tiempo y universalizan la ficción.”

La novela, reeditada en 2015 por Turpin Editores, recopila una serie de atrocidades de las que se habla aún en susurros en Gran Canaria.

Según Domingo Martín, Sima Jinámar es el relato de un hombre al que “el sistema va engullendo. Y, aunque una de las habilidades de Morales es la de inventar topónimos (Anuwania, las Siete Mil Islas o Banicado son algunos), a esta Sima le respetó el nombre original para que no quedara duda. Los setenta metros de profundidad de este tubo volcánico sirvieron de tumba para disidentes durante la dictadura julita, en la que transcurre la trama de la novela. Con tanto cadáver gritando historias, ‘intentaron dinamitarla después de la guerra, pero entonces la abrieron más, recuerda José Luis Morales. ‘Es imposible dinamitar algo que es como una catedral de grande’”.

La Guerra Civil también ha producido otras novelas como La infinita guerra, de Luis León Barreto, y ha servido de inspiración para moldear el carácter de algunos de los protagonistas de sus historias en distintos escritores de la que ya se conoce como Generación 21 como son Víctor Álamo de la Rosa (El año se la seca, Campiro que y Terramores); Al sueño polar de golondrinas, de Álvaro Marcos Arvelo, El fondo de los charcos y Baraka, de Javier Hernández Velázquez y La iniquidad II; Los días de Mercurio y Los milagros prohibidos de Alexis Ravelo.

Álamo de la Rosa se basó en un conocido político herreño, Manuel Hernández Quintero, para su Manuel el huido de Terramores. El año de la seca se ambienta en el periodo de postguerra en el territorio mítico de Isla Menor (El Hierro) mientra que en Campiro que da noticias de todas aquellas personas que al estallar la guerra buscaron refugio en cuevas y tubos volcánicos para no convertirse en víctimas de la represión militar.

Álvaro Marcos Arvelo parte de la fuga que emprendió el poeta gomero Pedro García Cabrera junto a otros presos políticos desde el campo de prisioneros de Villa Cisneros a Dakar, Senegal, en 1937, en Al sueño polar de golondrinas, novela que discurre en dos tiempos, los años 30 y los actuales cuando llega un barco chatarra a Puerto Santo, universo imaginario del escritor y cuyo reflejo podría ser Santa Cruz de Tenerife. En las bodegas del barco viajan 152 inmigrantes subsaharianos. Javier Hernández Velázquez recupera al poeta Domingo López Torres en una complicada novela con la que repasa hasta nuestros días un buen pedazo de la historia de la capital tinerfeña hasta finales del siglo XX. Vuelve a aparecer la Guerra Civil en Canarias, aunque en sus páginas finales, en otra novela del autor, Baraka.

En otro extremo se sitúa Alexis Ravelo, quien se despoja de la influencia de su investigador, el marino retirado Eladio Monroy, para narrar en clave muy negra una historia de venganza en la mejor tradición del género en Los días de Mercurio. La iniquidad II, en la que su protagonista, un hombre del bando de los derrotados descubre un secreto bien guardado por parte de otro del bando vencedor. Ravelo insistiría en la Guerra Civil en Los milagros prohibidos, novela que se desarrolla durante lo que se conoció como Semana Roja en La Palma, única isla que permaneció leal a la II República esos días hasta la entrada de las tropas rebeldes y la huida de los “rojos”, los enemigos del nuevo régimen, al monte y a la costa.

La Guerra Civil y la represión en Canarias mueve, por otro lado, la acción de La lista, de Juan Bosco, quien no se arruga en señalar con el dedo quienes fueron los asesinos y sus víctimas en La Orotava durante aquellos años. Juan Ignacio Royo Iranzo propone algo parecido, aunque en Santa Cruz de Tenerife en su interesante El fulgor del barranco. La capital tinerfeña en aquel tórrido verano de 1936 también es la protagonista de La maleta y el obelisco, de Andrés Servando Llopis.

Otras obras a destacar son Mientras maduran las naranjas, de Cecilia Domínguez Luis, novela que recupera la memoria de la Guerra Civil en las islas a través de los recuerdos de Sara, una adolescente que vive el golpe de Estado cuando tiene solo diez años y novela que cuenta con una primera parte, Y tú serás el río. La escritora insistirá en este tema en La Sorriba, libro que se desarrolla durante la Guerra Civil y en una tenebrosa y grisácea postguerra.

(Continuará…)

Saludos, calor, desde este lado del ordenador

Cuentos y novelas sobre la Guerra Civil en Canarias (1)

Lunes, Julio 19th, 2021

España se despertó hace 85 años rota, dividida… Daba inicio la Guerra Civil, un conflicto que arruinó física y moralmente a un país que desde entonces no se ha recuperarse de aquel golpe cuyas secuelas todavía arrastra. La tragedia colectiva que enfrentó a hermanos contra hermanos comenzó un sábado, 18 de julio de 1936.

Canarias cuenta con una interesante producción literaria sobre la Guerra Civil en la que se mezcla ficción y memoria a partes iguales. Estas líneas solo pretenden orientar al lector sobre algunos títulos que consideramos recomendables para hacerse una idea de lo que podríamos llamar “nuestra peculiar literatura sobre aquel conflicto”, siendo conscientes que nos dejamos muchas obras en el tintero.

Se trata pues de un artículo que no nace con vocación investigadora ni de análisis sino como guía orientativa, en todo caso, de una serie de volúmenes que son reseñados para todos aquellos que estén interesados en conocer cómo, desde los territorios de la imaginación y también del testimonio, se nos ha contado con mejor o peor fortuna el drama de la Guerra Civil a este lado del Atlántico.

Para quien les escribe si hay tres títulos claves sobre este oscuro periodo de nuestra historia son El barranco, La prisión de Fyffes y Luchar por algo digno, de Nivaria Tejera, José Antonio Rial y Pedro Víctor Debrigode, respectivamente. No puedo olvidar Sima Jinámar del periodista y escritor José Luis Morales, entre otros.

El barranco de Nivaria Tejera es un emotivo y desolador relato a medio camino entre la ficción y la memoria. La acción se desarrolla en La Laguna a principios del alzamiento y está contada a través de los ojos de una niña que asiste a la detención de su padre por ser afín a la II República, lo que supone una fractura para su infancia así como para la familia.
El barranco es para el especialista Claude Couffon la primera novela en español sobre la Guerra Civil, una reflexión muy discutible ya que se publicó antes en francés (Lettres Nouvelles, 1958) que en castellano.

El exilio interior es una de las grandes constantes en la producción literaria de su autora. Mujer que tras abandonar las islas con su familia recaló en Cuba, donde abrazó en su juventud los principios de la revolución cubana liderada por Fidel Castro hasta que ésta se escoró –ya sin máscaras– hacia el socialismo.

En una entrevista que mantuvo con el autor de este artículo (1) Nivaria Tejera reveló que una de las causas que la motivaron a escribir El barranco fue “la necesidad de despejar ese mundo interior que está tan intrincado en mi personalidad. Sentía, además, la poesía que podía extraer de todo aquello. Mi intelecto ya estaba establecido y me pareció que era un elemento de trabajo intenso para que comenzara a escribir.”

Y añadía: “Afortunadamente nunca perdemos la infancia. Lo que sí me costó fue llevarla a una posible lectura, a una escritura, a un estilo porque ya entonces quería crear un estilo agarrándome a esa terrible memoria infantil.”

La prisión de Fyffes de José Antonio Rial narra los día de encierro del protagonista en la improvisada cárcel que antaño fue empaquetadora de plátanos y que se encontraba en aquel entonces a las afueras de la capital tinerfeña.
Novela de ambiente carcelario, Rial escribe que mientras estuvo preso en Fyffes fue como “vivir en una cloaca” ya que los presos políticos estaban hacinados y sobre todos ellos pendía la sombra de la muerte. En esta improvisada cárcel, el poeta Domingo López Torres escribiría el poemario Lo imprevisto, que fue sacado clandestinamente días antes de que hicieran desaparecer al poeta. Cuentan que lo mismo hizo el escritor Luis Gálvez Monreal, aunque su poema se publicó en Venezuela cuando se marchó a vivir a este país hispanoamericano en los 60 pero no tengo constancia que se publicara en Canarias. A Gálvez Monreal se le conmutó la pena de muerte y pudo vivir cómo buenamente pudo primero en la capital tinerfeña y más tarde en el Puerto de la Cruz tras abrir una academia de clases particulares. Por su novela La ciudad tiene otra cara recibió el premio Benito Pérez Armas en 1955.

Inspirado en la presunta delación y posterior desaparición de Domingo López Torres en febrero de 1937, Juan Manuel García Ramos escribe El delator, una nouvelle que tras su publicación ha generado una bronca polémica entre partidarios y opositores a un libro que, presuntamente, revela quién fue el delator y las circunstancias posteriores que condujeron a la detención en la capital tinerfeña de Domingo López Torres los primeros días del Alzamiento Nacional.

José Antonio Rial (San Fernando, Cádiz, 1911- Caracas, Venezuela, 2009) se exilió a Venezuela donde continuó escribiendo y colaborando en distintos medios de comunicación de ese país. Algunos de sus libros son Venezuela Imán, Reverón, Jezabel, Segundo naufragio, Tiempo de espera y Las nereidas del faro.

Admirado por numerosos lectores aficionados a la novela de capa y espada de a peseta, Pedro Víctor Debrigode emplea también la ficción y la memoria en su antológica Luchar por algo digno. Obra que consta de dos partes, el primer volumen, El barco borracho, se desarrolla prácticamente en Tenerife donde el estallido de la Guerra Civil coge al protagonista mientras cumple servicio militar.

Las descripciones más estremecedoras del libro son las que se desarrollan en los barcos prisión anclados en el puerto de Santa Cruz de Tenerife y en los que el protagonista cumple servicio mientras contempla como día sí y día no muchos de los presos salen en pequeñas embarcaciones a alta mar para no regresar jamás.

Escrita sin florituras estilísticas, Luchar por algo digno (la segunda parte se titula El espía inocente) se trata a nuestro juicio de la mejor novela escrita hasta la fecha sobre la Guerra Civil en Canarias. Quizá porque es la historia de un hombre que, sin ideologías, solo quiso vivir y que lo dejaran en paz.

(Continuará…)

Saludos, aquel sábado 18 de julio de 1936…, desde este lado del ordenador

Los secretos que guardamos, una novela de Lara Prescott

Miércoles, Julio 14th, 2021

“Me preguntaba si dormían juntos. No lo creía, pero aun así la sola idea de que lo hicieran se convirtió en una mancha de tinta sobre un mantel blanco”.

(Los secretos que guardamos, Lara Prescott. Traductor: Aurora Echevarría, Seix Barral, 2020)

En los años más calientes de la Guerra Fría los soviéticos estaban muy por delante de los Estados Unidos de Norteamérica en el tablero de juego mundial. Un mundo al borde de la III Guerra Mundial.

Los soviéticos tras la muerte de Stalin habían puesto en marcha un proceso de tímido deshielo interior que dio un poco de aire a una sociedad hasta ese momento sujeta al miedo. La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) ocupaba el puesto de cabeza en la carrera espacial y propagaba su doctrina con éxito en los países del Tercer Mundo sin que Occidente apenas reaccionase, sobre todo después del frustrado levantamiento popular en Hungría.

Todo parecía indicar que la Guerra Fría la estaban ganando los soviéticos prácticamente en todos los frentes, incluido el cultural, lo que generó frustración en Norteamérica y otros países aliados que no terminaban de entender cómo el gran oso soviético ganaba espacio mientras el águila norteamericana se replegaba noqueado a sus cuarteles de invierno.

Los secretos que guardamos de Lara Prescott se desarrolla en estos agitados tiempos y narra el que fue, probablemente, el primer gran éxito que los servicios secretos estadounidenses contra el gigante soviético: la publicación en Italia de Doctor Zhivago, una novela escrita por un poeta hasta ese momento prácticamente desconocido fuera de su país, Boris Pasternak.

No debe de leerse Los secretos que guardamos como una novela de espías al uso, que también, sino el retrato de tres mujeres que a lo largo de un relato sutilmente construido y entrelazado fueron testigos directos, e indirectos en otros casos, de esta proeza propagandística que logró hacer temblar a la URSS, nación que puso en marcha un gigantesco aparato propagandísticos para obligar a Pasternak a que renunciase al Nobel cuando la Academia sueca decidió otorgárselo por este libro singular, redondo, obra maestra que dio origen a una desigual película y que popularizó los nombre de Zhivago y Lara como nuevos Romeo y Julieta del siglo XX. El libro de Pasternak significó también un puñetazo al estómago de un régimen que, tímidamente y en aquellos años, comenzaba una pequeña apertura.

La publicación de Doctor Zhivago primero en Italia por la editorial Feltrinelli y más tarde en el resto de países occidentales terminó por revelar el cinismo soviético, régimen que no dejaba de vindicar libertad y socialismo mientras le negaba el pan y a la sal a un escritor que el sistema soviético había convertido en enemigo del Estado.

Según las autoridades, la novela no contaba la verdad ni política ni social tras la revolución bolchevique de 1917. Tacharon las páginas de Doctor Zhivago de falsas porque no mostraban los logros alcanzados en la que se conocía como república de los trabajadores.

Para narrar cómo llegó el manuscrito a las manos del editor socialista italiano Feltrinelli, Lara Prescott presenta a tres mujeres que le sirven para guiarnos por los laberintos y vericuetos en los que se libraron las batallas silenciosas de la Guerra Fría. Esta es pues la historia de una hazaña que conmovió al mundo.

Uno de los personajes de la novela es real, Olga, la amante de Pasternak y el personaje que le inspiró su Lara literaria. A través de Olga conoceremos cómo fue la relación entre el escritor y su amante los meses previos en los que se desarrolló la operación Zhivago, también lo que sucedió cuando la novela fue publicada en Occidente y el ostracismo al que fue sometido el escritor por las autoridades soviéticas al ser acusado de alta traición.

Las otras dos protagonistas son mecanógrafas de la CIA y en torno a ellas se teje una historia de amor solo que prohibido para los años en los que se desarrolla la acción, los cincuenta.

En torno a estos tres personajes se estructura una novela que no hace aguas y que se deja leer porque combina muy bien lo que es información sobre aquellos tiempos con ficción.

Doctor Zhivago fue una novela capaz de cambiar el mundo. O al menos de agujerear el telón de acero que dividía ambos bloques porque fue un libro que, pese a estar prohibido en los países del Este, sí que se leyó a escondidas, convirtiendo a Pasternak a un lado y al otro de esa cortina ahora rasgada en un héroe.

Para escribir esta novela y resultar creíble, apabulla la cantidad de documentación con la que trabajó Lara Prescott para hacer realidad Los secretos que guardamos, una novela muy necesaria en los tiempos que corren ya que pone de manifiesto hasta donde puede llegar el poder cuando se ve amenazado por algo tan inocente como un libro. Casi parece como si Prescott quisiera decir que en ocasiones la pluma vale más que la espada aunque la creación de Zhivago y su amor por Lara le costara a su autor, Pasternak, la libertad y el silencio durante muchos años.

Lara Prescott narra esta historias recurriendo a distintas voces. Se puede escuchar la de Olga, que expresa su amor y devoción por el escritor, un amor que éste supo reflejar en las páginas de su novela; también la de dos secretarias, una de ellas de familia rusa, que trabajan en una oficina de la CIA, un microcosmos cerrado y masculino en el que la mujer es explotada como trabajadora y, en ocasiones, como mujer.

Este mundo no acepta una relación entre mujeres, como es la que mantienen las protagonistas. Los secretos que guardamos es una novela donde el amor es lo más importante, más importante incluso que la lealtad a tu país.

El libro de Prescott habla de muchas cosas más pero sobre todo habla de amor entre las personas y con independencia de cual sea su orientación sexual. El espionaje, el traslado secreto del original de Doctor Zhivago a Occidente, pasa a un segundo plano porque lo que le interesa a Lara Prescott (la escritora se llama como el personaje de la novela de Pasternak) es contar la relación y el sacrificio que asumió Olga para estar junto al escritor y el amor escondido, también secreto que une a la dos mecanógrafas en un universo cínico y perverso como es el de la CIA.

Un mundo masculino violento que solo entiende la publicación de Doctor Zhivago como arma con la que atacar al enemigo sin tener en cuenta la calidad ni el mensaje de la novela: el amor entre iguales, el amor que queda cuando todo a tu alrededor se desmorona.

Saludos, deshielo, desde este lado del ordenador

Antonio Álvarez de la Rosa: “Flaubert nunca dijo Madame Bovary soy yo”

Martes, Julio 13th, 2021

Una selección de 350 cartas de las casi 5000 que escribió Gustave Flaubert (1821-1880) a lo largo de su vida son las que ha traducido y anotado el catedrático de Filología Francesa de la Universidad de La Laguna, Antonio Álvarez de la Rosa (Santa Cruz de Tenerife, 1946), en un libro que con el título de El hilo del collar (Alianza Editorial, 2021), coincide con el bicentenario del nacimiento del escritor francés, uno de los gigantes de la literatura universal que en su correspondencia reflexiona sobre su pensamiento y su poética -detalle no menor en alguien que hizo de la escritura su razón de ser- desde su infancia hasta su muerte. En una cuidada selección y edición, el objetivo de Antonio Álvarez de la Rosa fue el de ofrecer un retrato humano del autor de Madame Bovary siendo consciente desde el principio que “las traducciones envejecen” aunque no así la literatura de un autor rebelde y polémico que quiso dedicar su vida al arte de “escribir y leer”.

- Se cuenta que Gustave Flaubert dijo ‘Madame Bovary soy yo’. Tras estudiar su copioso epistolario ¿Antonio Álvarez de la Rosa es Gustave Flaubert?

“En mi caso más que Flaubert es Madame Bovary, desde luego, aunque Flaubert nunca dijo eso de Madame Bovary soy yo sino un profesor que, a comienzos del siglo XX, explicó que una amiga de Flaubert lo había dicho pero eso no aparece por ningún lado. Ni en sus correspondencia y ni en su cuaderno de trabajo. Lo que sí es cierto es que cuando le pincha alguna corresponsal o le proponen preguntas impertinentes empieza a desarrollarse en el escritor ese concepto de la autoría que lo define. Esa relación del autor con el personaje”.

- ¿Qué es el bovarismo?

“Flaubert es un hombre que siendo un misógino empedernido tiene una capacidad de observación portentosa. Está atento y explora debajo de las apariencias. En Madame Bovary describe la situación de una mujer como bovarismo, lo que explica que a veces la novela se compare con El Quijote. El bovarismo son los deseos que más o menos gestionas aunque a veces estos desbordan la irrealidad de tu propia realidad, lo que produce un quiebro, la locura, las frustraciones que quizá desemboquen en el suicidio como es el caso de Emma Bovary pero Flaubert lo mismo construye este personaje como construye otro masculino”.

- El libro selecciona 350 cartas de una correspondencia que se aproxima a las 5000.

“Conocidas y perfectamente archivadas son 4500”.

- ¿Por qué escogió unas y desechó otras?

“Se me ocurrió escribir una introducción general donde explico lo que pretendía, un seguimiento cronológico y dividido por etapas de su vida, como refleja la primera carta que incluye el libro y que Flaubert escribe a los nueve años. En esa primera carta expresa su rechazo a la gente lo que me obligó durante la traducción a cometer errores en español para que el lector se percate que eso está escrito por un niño. Otra carta que se incluye es la que dirige a su profesor de Historia, que es muy importante porque ya con dieciocho años escribe con una tremenda claridad que lo único que quiere hacer es escribir”.

- Creo que Sartre llamaba a Flaubert el idiota de la familia.

“Lo llama así porque en principio aquel chico parecía que no iba a llegar a nada pero al final sí que consigue lo que quería: dedicar su vida a leer y a escribir”.

- ¿Cómo es el Flaubert epistolar?

“Tiene dos etapas en la correspondencia. Flaubert nace en 1821 y publica Madame Bovary en 1857. Es decir, 36 años después. Hasta ese momento nadie lo conocía. Cuando se publica el libro resulta un escándalo, a punto está de ir a la cárcel pero sirvió para que se vendieran muchos ejemplares de la novela. Las cartas hasta ese entonces son espontáneas pero después de la publicación de Madame Bovary es como si tomara conciencia de que por fin es escritor y se muestra más cuidadoso en su correspondencia. Flaubert fue un hombre de firmes convicciones pero también, cuando lees sus cartas, un hombre al que nunca le gustó bajarse del burro”.

- ¿Por qué planteó así la edición de su correspondencia?

“No quise colocar en el libro ni una sola nota a pie de página. En casi todas las cartas, cuando aparece un personaje que evoca un hecho anterior, explico al lector antes de que comience a leerla lo que se va a encontrar. Las cartas que contiene el libro son completas salvo alguna, y hubo un momento en que lo vi más como un tapiz que otra cosa aunque al final me abrumé por tantas fechas, etc. Conté con la ayuda del equipo de corrección de la editorial, que se dio cuenta de que si una novela es difícil de corregir con la correspondencia es como intentar cruzar a nado el Amazonas. Pensé que lo ideal es que el lector leyera las cartas desde un punto de vista biográfico, por lo que cada capítulo avisa de la edad y del momento en que Flaubert escribió esa carta”.

- ¿Qué constantes destacaría de las dos etapas que distingue en la correspondencia de Flaubert?

“La belleza y el amor, que llega hasta el proceso de escritura de Madame Bovary. En esos diez años se puede entender la metamorfosis que lo convierte en escritor. Leyendo las cartas aprecias todo ese proceso de creación, el trabajo literario de Madame Bovary y un hecho que cualquier creador consagrado o no debería de conocer porque Flaubert piensa que nunca será un gran escritor al darse cuenta que, cada día que pasa, le cuesta más escribir”.

- Cuanto más escribe más le cuesta escribir.

“Exacto. De alguna manera el éxito de Madame Bovary no le impidió que continuara escribiendo y publicando otras novelas. Dijo que Bovary se trataba solo de una etapa pasada, lo que lo se somete a una nueva tortura ya que tras Madame Bovary escribe Salambó que le costó diez años que ocupó en empaparse de la cultura cartaginesa. Pero Salambó es un ladrillo que tuvo mucho éxito ya que por aquel entonces estaba de moda lo exótico. Retoma después La educación sentimental, que le cuesta escribir y publica Tres cuentos y más tarde Beauvoir y Pécuchet, su última novela y piensas ¡cómo se le ocurrió meterse con ella! pero lees las cartas y descubres que jamás se detuvo en la escalera, que todo aquello para él resultaban etapas”.

- No llegó a terminar Beauvoir y Pécuchet.

“No, pero eso es porque es una novela interminable”.

- Y sí que publica en su juventud La tentación de San Antonio, un texto que revela su querencia por la mística.

“La tentación de San Antonio es una especie de ensayo místico que cuenta en el fondo la misma historia que La leyenda de San Julián el hospitalario, que forma con Un corazón sencillo y Herodias el libro Tres cuentos. Flaubert es un escritor que se tortura buscando cosas nuevas con una idea fija en la cabeza: vivir para escribir. Y así quema etapas y en todas ellas se percibe la nostalgia por lo que hizo”.

- ¿En las cartas habla de otros escritores?

“Se incluye la correspondencia que mantuvo con Baudelaire. Flaubert alaba Las flores del mal. También la primera carta que escribió a Victor Hugo, al que llamaba El gran cocodrilo; con Mallarmé, Maupassant… Flaubert fue un gran lector y le comunica a Maupassant que con Bola de cebo ha escrito una obra maestra”.

- ¿De las más de trescientas cartas que incluye el libro distinguiría alguna por su rareza?

“Destacaría las que escribe durante su etapa reflexiva, vamos a llamarla también ideológica y social, que es la correspondencia que mantiene con George Sand, que era mayor que él. Flaubert oye de ella cuando publica Salambó y La educación sentimental, que tuvo una crítica muy negativa pero que deslumbró a George Sand. Fueron dos caracteres opuestos pero su correspondencia es respetuosa. Sand dice que Flaubert escribe para la posteridad mientras que ella lo hace para mañana. Esta relación epistolar está marcada por la ternura cuando eran dos personas que en principio no tenían nada que ver. Se cruzaron más de 400 cartas y para mi esa es la etapa más rica en reflexiones de su correspondencia. Flaubert le dice que hay que escribir con frialdad para lograr que el lector se emocione”.

- Santa Teresa, El Quijote… ¿cuál es la relación de Flaubert con la literatura española?

“Conoce el Siglo de Oro, a Cervantes y la mística a través de Santa Teresa”.

- ¿Y cuál era su visión de España?

“Su imagen de España es la de la época, una mirada peyorativa. Escribe, cuando los prusianos invaden Francia, que como esto siga así Francia acabará como España, a un lado de la Historia. Otra cosa son Homero Rabelais, Montaigne, Cervantes, Shakespeare, Goethe…, que no tienen patria. Son escritores”.

- Imagino que se tomará un tiempo para desintoxicarse de Flaubert pero… ¿prepara algo nuevo?

“Estoy muy interesado en un escritor francés de finales del XVIII poco conocido, Louis-Sébastien Mercier, autor de Le tableau de Paris, El cuadro de París. Mercier es una mezcla de escritor, sociólogo, periodista y político. Fue testigo de la Revolución y miembro de la Convención. Estuvo a punto de que Robespierre se lo llevase por delante… Un personaje realmente interesante aunque este libro consta de 3000 mil páginas. Lo más probable es que plantee una antología de unas seiscientas páginas”.

BAJO LA SOMBRA DE FLAUBERT

Antonio Álvarez de la Rosa dice que siempre ha creído en la Universidad por lo que agradece que cuando comenzó en la enseñanza en 1995, el autor de Madame Bovary fuera, precisamente, el objeto de un curso al que invitó a uno de los mayores especialistas sobre la vida y obra del escritor para que hablase sobre Flaubert en la literatura moderna. Esa misma década y por medio de una beca del Gobierno de Canarias, viajó hasta Rouen donde contactó con uno de los profesores de la Universidad que ahora es el coordinador nacional de todos los actos sobre Flaubert que se celebran en Francia. En un correo electrónico, Álvarez de la Rosa le avisó de la publicación de El hilo del collar, el libro en el que selecciona parte de su correspondencia y la respuesta no tardó en llegar: ¿Puede presentarlo el 10 de septiembre en el Ayuntamiento de Rouen?

Saludos, haya paz, desde este lado del ordenador

La política desleal de la Viceconsejería de Cultura con el libro

Lunes, Julio 12th, 2021

Hace unos meses la Viceconsejería de Cultura del Gobierno de Canarias anunciaba que iba a seleccionar por convocatoria pública las colecciones literarias que iba a editar. Se añadirían dos nuevas (infantil y cómic) a las ya existentes (narrativa, poesía, ensayo y teatro) pero no se decía, nunca se dice aunque las administraciones presuman de transparentes (yo tampoco), que el departamento que dirige Juan Márquez clavaba otro clavo (y van) a la cruz que sostienen las pequeñas empresas editoras que se reparten por estas islas. Olvidadas, tan olvidadas de la mano de los dioses.

Hace dos años entrevisté a Juan Márquez (1) a quien le estoy agradecido que me adelantara unas cuantas primicias que con el paso del tiempo, es verdad, ha ido cumpliendo. Márquez me pareció un tipo serio, todos los que llevan barba lo parecen menos unos cuantos que trabajan precisamente con Márquez en Tenerife, aunque percibí cierto nerviosismo en su mirada. Pero me dije que sería cosa del cargo, de la nueva responsabilidad que asumía… No he vuelto a tropezarme con él desde entonces, pero algo me dice que ese mirar a un lado y al otro quizá ya no existe. Que se muestra más cómodo ahora que empieza a creerse que es Viceconsejero de Cultura. Y mira que el caballero, o mi niño que decimos por esta tierra, no lo ha tenido fácil de momento.

El confinamiento al que nos sometieron en 2020 y la pandemia que sigue ahí ha deslucido un mandato que por muy poco que haya hecho ha hecho el doble que su antecesor en el cargo, Aurelio González, entonces no sé si ahora miembro del Partido Nacionalista Canario (yo tampoco).

En resumen, que Juan Márquez me pareció un tipo voluntarioso y con ganas de cambio. Pasado el tiempo, voluntad no sé si conserva pero de lo que sí estoy seguro es que cambios poco, o prácticamente ninguno porque siguen ocupando las mismas responsabilidades los que trabajaron a las órdenes de González, de ahí que llamen maliciosamente al actual Viceconsejero y su director general, Rubén Pérez Castellano, los gatopardos por aquello de que todo cambia para que no cambie nada.

Oh, sí, es verdad que ya no existe Canarias Cultura en Red que sirvió para cambiar (aunque no cambió nada) aquello que se llamó Socaem. Ahora, con Márquez, más que desaparecer se sustituye Canarias Cultura en Red por Instituto Canario de Desarrollo Cultural, aunque al paso que van quizá sea mejor reconocerlo como Instituto Canario del (sub)Desarrollo Cultural porque mucho Márquez, mucha izquierda con conciencia, mucho cambio para que al final no cambie nada. Es decir, que se da juego a los de siempre.

En este sentido, la gestión con el libro parece diseñada más para neutralizar que estimular el negocio de las editoriales canarias. Así que mientras espero que alguien le recuerde al Viceconsejero de Cultura que su mando en plaza algún día concluirá, explique también porque ha dado luz verde a una serie de iniciativas que en vez de dejar huellas ya están (de)generando en una catástrofe de incalculables dimensiones para el sector editorial de las islas. Tanto, que Márquez y su equipo (heredado de Aurelio aguañac González) podrían pasar a la Historia como el Imán y los muyahidines que al grito de Allah akbar! se cargaron el sector editorial en Canarias.

El nuevo proceso que proyecta la Viceconcejería de Cultura a través de la secta, digo la Unidad del Libro para lo que resta de 2021 es el siguiente: que se elija una nueva obra (con independencia de la colección) original e inédita, de la que se editarán 500 ejemplares, 50 de los cuales se entregará a su autor junto a un incentivo económico de 4.000 euros, contemplando su distribución para el siguiente año.

“Todo ello con la firme voluntad de potenciar, incentivar y ayudar a la difusión de la literatura canaria”, esto último parece estar escrito con la diabólica ironía de un Guayota de papel.

El caso es que hasta hace unos días pensaba que era tarea de las editoriales privadas y no del Gobierno canario la de publicar, rescatar y recuperar la obra de escritores/as inéditos y que los objetivos del Gobierno regional deberían ser los de dar a conocer los grandes nombres de la literatura que genera una tierra en la que sus editores se encuentran al borde del precipicio.

Pero parece que los que dirigen, los que tienen ciertas responsabilidades en la Viceconsejería y a los que se les paga, por cierto, por ello, no se enteran. O no se quieren enterar, lo que resulta más incómodo.

Les invito a que consulten las condiciones específicas de cada colección en www.icdcultural.org. Y a que me respondan con la cabeza fría ¿por qué?

Las colecciones, que llevan nombres propios salvo una, son Agustín Espinosa (narrativa), Natalia Sosa Ayala (poesía); Clavijo y Fajardo (ensayo de literatura o lingüística); Nuevas Escrituras Canarias (poesía, novela, cuentos y microrrelatos, ensayo, teatro) que solo admite a escritores/as de 18 y 35 años; libro infantil ilustrado que lleva el nombre de Isabel Medina y la de Cómic, que no lleva como decíamos nombre propio. Le sugeriría, y gratis por cierto, al viceconsejero de Cultura, Juan Márquez, y su equipo de apandadores que rebautice la colección cómic con el nombre de Enrique Cichosz, que fue como no sabe ninguno de los que han puesto en marcha esta política, uno de los mejores guionistas y dibujantes de Canarias. Kiko, como lo llamamos quienes lo conocimos, dejó de estar con nosotros en 2011 pero para muchos sigue estando presente.

No sé en que estarían pensando en esa santa casa que es la Viceconsejería de Cultura del Gobierno de Canarias pero parece que vive en otra realidad. Y eso que apenas cuenta con funcionarios que son, estos últimos, los que sí viven en otra realidad (ese milagro de contar con un trabajo fijo). Otra cosa son sus “técnicos” y “asesores”, gente que se ha agarrado al sillón como la lapa se aferra a la roca.

Por esto y más, agradecería que alguien me explicara cuando las colecciones comiencen a andar el impacto económico que va a suponer para el área que dirige Márquez y cómo calarán estos libros entre los canarios que cogemos todavía la guagua o el tranvía. También los que pillan la guagua de San Fernando, un ratito a pie y otro andando.

Mientras tanto, el sector más dormido que acobardado, asiste en silencio a su aniquilación ante la competencia desleal que pretende ejercer el Gobierno canario a través de la Viceconsejería que dirige Juan Márquez y sus cuates. Lo que es muy grave, sobre todo en estos tiempos que vivimos. Tan confusos, extraños, de fantasmagóricos virus que cada día se parecen más a los indocumentados que fraguan la política del libro en Canarias.

El caso es que ya comienzan a protestar algunas de las asociaciones del mundo del libro. Una de ellas es la de Profesionales y Empresas de Diseño de Canarias (di-Ca) que en una nota de la que se hace eco la edición digital de Canarias 7 (2) expresó por carta “y en dos ocasiones a la Viceconsejería de Cultura del Gobierno su disconformidad con la convocatoria pública para actualizar el diseño de cada una de las seis colecciones literarias que se editan desde esta entidad”.

Al parecer y desde el Ejecutivo se les aseguró, también por escrito, que el procedimiento se ajustaba a la legalidad aunque así no lo ven los profesionales del diseño en Canarias, que en la información afirma que este “no es un procedimiento correcto y lo que hace es ayudar a precarizar aún más al sector. Hicimos un acercamiento primero explicándoles las cosas que estaban mal, modificaron algunas, pero lo que han sacado está aún peor, porque incluye cosas como exigir la residencia fiscal que consideramos incluso que puede ser ilegal”, opina Ignacio Alcántara, presidente de la Asociación de Profesionales y Empresas de Diseño de Canarias (di-Ca).

El colectivo, cuyos asociados no se presentarán a esta convocatoria en señal de protesta, llama también la atención “sobre la falta de transparencia sobre los integrantes del Jurado”, denuncia que puede hacerse extensible a quiénes serán las personas (“con acreditado prestigio”) que formarán el comité que dará el visto bueno a la publicación de las obras que se presenten a la seis colecciones que prevé editar la Viceconsejería de Cultura a través de la Unidad del Libro, que haberla hayla, aunque no haga bien las cosas.

Algunas de las preguntas son:

¿Por qué competir con las editorial privadas?

¿No era más adecuado y solidario convocar un concurso entre las editorial de las islas?

¿Repetirán como jurado los mismos de siempre?

¿Qué criterios se tendrán en cuenta para publicar a unos y no a otros?

¿Por qué no se dice quiénes formarán parte del jurado?

Preguntas, preguntas y preguntas que no tendrán respuesta aunque como escribió Pedro García Cabrera, republicano y socialista, “la esperanza me mantiene”. Claro que… ¿hasta cuándo?

(1) Juan Márquez Fandiño: “Canarias Cultura en Red se identificará ahora como Instituto Canario de Desarrollo Cultural”

http://www.elescobillon.com/2019/12/juan-marquez-fandino-%e2%80%9ccanarias-cultura-en-red-se-identificara-ahora-como-instituto-canario-de-desarrollo-cultural%e2%80%9d/

(2) La asociación de diseñadores y la Viceconsejería ‘chocan’ por la convocatoria para las colecciones

https://www.canarias7.es/cultura/asociacion-disenadores-viceconsejeria-20210710190259-nt.html

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