Archive for the ‘Reflexiones’ Category

¿Truco o trato?

Domingo, Octubre 30th, 2011

“El marino ve el misterio detrás de cada cosa, y por eso se agarra como un tigre a las palpables, no por ellas, sino porque solo así cree salvarse de su naufragio de adentro.” (El negrero. Lino Novás Calvo) 

Mientras el senador autonómico por Fuerteventura, el socialista, Domingo Fuentes Curbelo, manifiesta que “nadie se puede alegrar de que los recursos de Cultura vayan a disminuir” y afirme que el Gobierno de Canarias –con el que cogobierna en la actualidad su partido– “ha instalado desde hace años al sector en la cultura de la subvención y el clientelismo”, asisto –ya sin perplejidad– por donde se está orientando el debate ante el anunciado recorte del área que gestiona Alberto Delgado.

Alberto Delgado.

El responsable –son las palabras de Fuentes Curbelo– del origen de las protestas de parte del sector de la Cultura en las islas porque todas éstas obedecen a una de las triquiñuelas habituales de Delgado “para asustar al sector.”

El senador socialista, que mantuvo en noviembre del año pasado una agria polémica con el mismo Delgado cuando éste reveló que había cobrado una colaboración del programa Septenio, programa con el que había sido hasta ese entonces muy crítico Curbelo, opina que la inquietud entre los empresarios culturales de las islas tiene su origen en un problema de gestión y en haber acostumbrado a gestores y artistas, reitera, en “la cultura de la subvención y el clientelismo con grupos que dependen exclusivamente de las aportaciones económicas públicas, y más concretamente, de las del Ejecutivo regional. La cultura, bien gestionada, puede ser autosuficiente”, resalta el socialista.

Socialista que lamenta que no se haya incidido más en la inversión destinada al libro –con la que podemos estar de acuerdo, ya no existe la Dirección General destinada a apoyar este sector–  y el audiovisual –con la que no estamos de acuerdo, les invito a explorar El Escobillón para que sepan no el por qué sino los porqué–.

Pero ¡cuidado!

Son tiempos de buscar soluciones para no sentenciar a muerte la Cultura.

Y sí, tal y como anunció Martín Rivero el pasado viernes, 28 de octubre: “de estudiar soluciones para facilitar el trabajo ‘a quien debe de solucionarlo’.”

IDEAS PARA QUIEN DEBE SOLUCIONARLO

Alfonso González Jerez propone en Diario de Avisos, entre otras medidas, que los hoy indignados reclamen un compromiso político y técnico –no dinerario– con ese Gobierno canario que según Curbelo solo ha contribuido a repartir parné para generar clientelismos.

Sugiere González Jerez:

“a) Un compromiso explícito del Gobierno regional para potenciar todos sus recursos políticos y técnicos a favor de la inclusión de empresas y actividades culturales del Archipiélago en fondos de la Unión Europea, potenciando los proyectos de partenariado, y asesorando directamente a los interesados.

b) Un compromiso del Gobierno regional para buscar nuevos incentivos fiscales a la actividad cultural con el objetivo final de alcanzar una ley canaria del mecenazgo en esta legislatura, estimulando la participación del capital privado.

c) Un compromiso del Gobierno regional para facilitar el acceso preferente a otros programas y líneas de ayuda en otros departamentos del Ejecutivo.

d) Un compromiso del Gobierno regional para estudiar, al menos, una modificación de los reglamentos de la RIC para su materialización en proyectos empresariales ligados a la cultura y el ocio.

e) Un compromiso del Gobierno regional en establecer planes de colaboración reales y realistas, dotados de ficha técnica, con ayuntamientos y cabildos para maximizar los recursos presupuestarios existentes en materia de política cultural, fomentando la emprendeduría y la promoción de promotores.”

Y si bien reconoce que no son muchas las reflexiones que aporta, “peor es nada, es decir, continuar emitiendo manifiestos y convocando reuniones catárticas de humillados y ofendidos.”

Por su parte, la ex viceconsejera de Cultura y ex diputada por CC en el Parlamento regional, Dulce Xerach Pérez,  informa en El blog de una ciudadana que le ha hecho llegar al presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero, un texto de apoyo para mejorar los presupuestos previstos para Cultura en 2012.

En su escrito, Xerach Pérez reflexiona que la economía es cultura “y que sí es economía productiva, aunque no sea economía productiva primaria o secundaria es terciaria, o más, y por tanto más evolucionada.”

Dulce Xerach apuesta por el turismo cultural (histórico-patrimonial, étnico o folclórico, religioso o espiritual, formativo, científico, de espectáculos, de acontecimientos singulares, literario y gastronómico, entre otros) y pone de ejemplo el Camino de Santiago y los datos económico que suscita.

Y por último, y en este mismo blog, quien firma como El segundo en pisar la Luna, propone (quiero suponer que como creador y consumidor cultural), una serie de ideas para que el sector indignado de la Cultura canarias al menos reflexione.

Saludos, caminante no hay camino, / se hace camino al andar, desde este lado del ordenador.

Oh dioses, vienen las olas

Miércoles, Octubre 26th, 2011

Los temblores sacuden el sector cultural en Canarias. Y el epicentro de los sismos (que no ismos) es difícil de localizar porque le salen secuelas reconocidas y bastardas que revuelven las aguas en las que hasta ahora navegaban los barcos y pateras de los que hacen posible la subvencionada (en la mayor parte de los casos) cultura en Canarias.

Diario de Avisos publica este miércoles, 26 de octubre, un reportaje en el que se entrevista a varios de los agentes implicados sobre el anunciado recorte a los presupuestos 2012 del área que hasta hoy gestiona un atribulado Alberto Delgado. Un periodista y productor cinematográfico sugiere en una radio que Delgado dimita y en un artículo desarmante de Alfonso González Jerez se pinta un panorama que obliga a tragar salivas amargas.

La red arde en proclamas y algunos representantes del sector intentan articular un movimiento de indignados más porque hay que hacer algo que por otra cosa.

Paulino Rivero se pregunta en silencio al asomarse a la ventana para contemplar un archipiélago que retrocede en un plis plas a los años setenta cuando llegarán las malditas olas que no hordas sin prestar demasiada atención al volcán de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) en Canarias, que ha vuelto a vomitar lava ardiente por la iniciativa de unos sesenta artistas de estar a favor de que el cantante Juan Carlos Senante dirija una entidad de cuyo prestigio pasado solo quedan cenizas.

Oh, dioses que me han condenado a vivir tiempos tan oscuros, ¿habéis olvidado vuestra generosidad con el pueblo que os hizo posible?

El volcán submarino de El Hierro parece mofarse y se transforma en extraña metáfora. Casi como si se animara a escupir de una vez a lo grande y provocar un maremoto con el que sepultar con olas gigantes estas islas desvertebradas y enfermas en las que habitan unas hormigas que se hacen llamar hombres.

Los bardos, pintores, gestores y cineastas corren de un lado al otro escandalizados, ciegos a la verdad.

Achamán se muestra indiferente al leer que el ex presidente del consejo asesor de la SGAE, otro canario de nombre Teddy Bautista, demanda a la institución por despido improcedente y solicita 1.200.000 euros de indemnización mientras Senante, al que Magec reconoce su lealtad cuando dijo que por Teddy, “por Teddy pongo la mano en el fuego”, sus esperanzas para metamorfosearse en director de la Sociedad si no se desvanecen al menos se altera cuando en otro escrito, esta vez firmado por casi un centenar de artistas de su tierra y bajo el lema de Caco, no gracias, le piden que por favor se dedique de una vez a sus cosas en vez de aspirar al puesto que Octavio Álvarez dejará al final de este octubre siniestro.

“Nos parece la persona menos indicada para ocupar este cargo, sobre todo ahora que no dejan de ser vertidas informaciones totalmente falsas, desde fuentes siempre huidizas, en las que se proclama al Sr. Senante embajador de los músicos canarios, o se declara a los músicos canarios a favor del canon digital o de la red Arteria, sin ni tan siquiera haber sido consultados” rubrican estos noventa ingratos…

Achamán prepara los rayos y encierra en las mazmorras a la maternal Chaxiraxi porque no son tiempos para dar amor y sí la guerra. El pérfido Guayota estalla en frenéticas carcajadas mientras Paulino, ese hombre, mueve entre los dedos el único euro que le queda a la comunidad autónoma que dirige preguntándose cuándo demonios van a venir las olas.

Eso que oye, eso que oye ¿acaso no son las aspas en movimiento del helicóptero que lo espera en la azotea de su palacio de invierno?

Saludos, odiosos soy todos vosotros Oh dioses, desde este lado del ordenador.

Ser o no ser

Martes, Octubre 25th, 2011

He seguido con atención la polémica que se ha suscitado en torno a la escasa presencia de editores y escritores canarios en el SILA porque quien puso el dedo en la llaga es uno de esos amigos a los que además de respetar profesionalmente me une una relación que, con sus naturales encuentros y desencuentros, para mí es un hermano. Me refiero a Alfonso González Jerez, uno de los escasos referentes de los medios de comunicación de Canarias que por su cruda objetividad invita a la reflexión a través de sus columnas periodísticas que hoy publica el Diario de Avisos pero que ayer también enriquecieron las cabeceras de periódicos como La Gaceta de Canarias, Canarias 7 y La Opinión de Tenerife. Lean, lean la que escribe hoy en el periódico. Podía haberla titulada Historias para no dormir.

En su primer artículo, del que nos hicimos eco en este mismo blog así como de la respuesta del escritor Nicolás Melini, Alfonso lamentaba con buen criterio –y bien es cierto que con ácidas palabras– sobre la pobre presencia de editores, narradores y poetas de las islas en el Salón Internacional del Libro Africano, encuentro que quien ahora escribe estas líneas ha estado vinculado desde hace unos años, aunque en su tercera edición ha tenido la oportunidad de vivirlo desde dentro para constatar el enorme esfuerzo que se hace por hacer realidad un proyecto en el que, obvia decirlo, quien ahora les escribe cree y en la medida de sus posibilidades ha intentado respaldar desde sus comienzos.

Me sorprende por ello el lado por el que se están escorando las críticas a las ausencias que planteó en un principio González Jerez, a quien parece que quieren crucificar por expresar libremente su opinión.

El refranero popular dice que quien se pica es porque ajos come, y a tenor de lo que he leído en blogs de poetas y escritores canarios la verdad es que, efectivamente, quien se pica es porque ajos come ya que nadie de los que ha levantado la tizona para arremeter contra González Jerez esgrime argumentos que desmonten las reflexiones del articulista.

Y es que algunos (no todos, afortunadamente) de los que escriben y editan en Canarias han preferido obviar su asistencia a las tres ediciones celebradas del SILA como quien no quiere beber de una fuente que emana en pleno desierto.

Vayan ustedes a saber sus extrañas razones. Ya saben, esa manía de pasar sed para estar quejándose todo el santo día de que tienen sed.

A mi, qué quieren que les diga, y como buen beduino que busca agua en el desierto, me parece insólito.

Será porque no me gusta pasar sed.

He tenido la suerte de asistir a encuentros con los libros celebrados en distintos puntos de este país llamado Expaña y en uno de ellos, tan cultural y festivo como es la Semana Negra de Gijón, he visto entre el público diariamente a editores, poetas y escritores asturianos a los que no se les caían los anillos por asistir a las numerosas mesas redondas, presentaciones y conferencias que allí se impartían

SILA no es la Semana Negra de Gijón, obviamente.

Sus objetivos, y el presupuesto que maneja, son radicalmente distintos.

En SILA se dan a conocer las múltiples realidades literarias que hoy por hoy se están cocinando en el continente africano y también es un foro que promueve, a través del Encuentro de Editores, el intercambio no solo con el universo editorial africano sino también europeo y latinoamericano.

Este año, por ejemplo, SILA acogió la IV Cumbre de Editores Independientes Latinoamericanos, un espacio abierto a los profesionales de la edición en Canarias…

Lamento escribir que el número de profesionales del libro del archipiélago que asistieron a este encuentro no fue, digamos, el que se esperaba.

Cuando alguien me preguntó los por qué, solté aquello que somos un pueblo aplatanado. Domesticado, feliz en una inquietante indiferencia de canario. Ese pajarito que canta muy bien siempre y cuando esté enjaulado. Dale de comer alpiste.  

En las dos mesas redondas que organizó la Alianza Internacional de Editores Independientes, salvo dos responsables editoriales canarios, lo que allí se dijo, lo que allí se expresó con mesura cuando tenía que haberse dicho a gritos, fue revelar las claves de cómo se lo montan en otros países para editar y que los libros que publican de manera independiente –fuera de las cadenas multinacionales– lleguen a su gente. A sus lectores potenciales.

Esta mañana, hablando con un editor canario al que estimo y respeto porque se ha convertido en algo así como un canario con necesidad de mover las alas, le comentaba esto mismo cuando me interrumpió diciéndome que no lo habían invitado al SILA.

¿Invitado? Pregunté.

El editor al que estimo y aprecio se quedó un buen rato mirándome.

¿Invitado? Volví a repetir.

SILA está abierto al público en general. Pero sobre todo está abierto a que los editores y escritores canarios además de hacerse una idea de lo mal que está publicar y escribir fuera de este ombligo peludo que es Canarias, aprendan escuchando las realidades de otros escritores y editores que realmente lo tienen muy duro para escribir y editar en sus territorios, e invita a que conjuntamente planifiquen futuras iniciativas editoriales.

Conocer cómo lo han hecho es, al menos para quien ahora les escribe, una respuesta  para aprender a sortear las dificultades que nos amenazan en este apocalíptico 2012 que ya se nos viene encima.

Respecto al escritor que ha dado el paso adelante al sentirse airado en nombre de otros escritores que no se han sentido airados debo decir que la producción literaria de Nicolás Melini es, a mi juicio, y sobre todo en el territorio del relato corto, excelente.

Ya he escrito que Melini es, reitero que a mi juicio, eficaz para contar mucho en apenas seis o siete páginas.

Su último libro de cuentos, Pulsión del amigo, logró lo que muy pocos libros canarios leídos en los últimos tiempos ha hecho: que me llegara al corazón, que me conmoviera. Que me dejara turulato y que supiera, no ya intuya, que detrás había un escritor que trascendía sus intenciones de futbolista asesino.

Melini, con muy buen criterio, vive en Madrid y por razones obvias no pudo asistir al SILA pero sé, no intuyo, que se sentiría muy cómodo en el Salón. Que sería uno de esos escritores canarios que asistirían –libre de prejuicios y paranoias– si no a todos al menos a la mayoría de las mesas redondas, presentaciones y conferencias que el Salón ofrece –es oro puro, creánme–  a lo largo de los cinco intensos días de su desarrollo.

Algunos opinarán que está mal que lo diga porque este año formé parte de esa familia que lo hace posible, pero pese al trabajo y los nervios, SILA es un milagro. Un oasis que invita al pensamiento y al intercambio. También al descubrimiento de un universo literario que pese a la censura y a la pobreza, está haciendo todo lo posible para competir contra un Primer Mundo que hoy más que nunca tiene los pies de barro.

De esto y otras cosas hablaron Boubacar Boris Diop o Sami Tchak, entre otros escritores, en SILA 2011.

Y como razonó Alfonso González Jerez apenas encontré a editores y escritores canarios sacando provecho de estas experiencias.

Sus razones tendrían, pienso.

Aunque no son tiempos, pienso otra vez, para mirarnos el ombligo y sí la de aprovechar las oportunidades que ofrece un espacio que invita al intercambio y al debate sensato. A tender puentes.

Por ello, que algunos de los integrantes del puchero narrativo canario se sientan molestos porque alguien les diga “esto es lo que pienso que son” me asombra. Claro que al sentirse algunos reflejados en ”esto es lo que pienso que son” se ha logrado al menos que despierten momentáneamente de su habitual letargo.

Allá ellos pero no sus lectores.

Saludos, esa es la cuestión, amigos, esa es la cuestión, desde este lado del ordenador.

¿No era yo el que tenía que esconder la cabeza?

Sábado, Octubre 22nd, 2011

Diario de Avisos publica en su edición del sábado 22 de octubre un artículo que bajo el título de Caída histórica de la inversión regional para Cultura del 65 por ciento en 2012 analiza el durísimo y por otro lado poco justificado recorte presupuestario que sufrirá el área que dirige Alberto Delgado para el próximo año: 13,5 millones de euros.

Esta cantidad, muy ajustada, obligará a que el departamento que gestiona Delgado reste más que sume en las iniciativas que en materia cultural el Ejecutivo autonómico diseñe en el apocalíptico 2012 que prácticamente ya se nos viene encima. 

Pero, por otro lado, exigirá también que con el dinero que se cuente se apueste por proyectos e iniciativas que realmente estimulen la creación y la reflexión en una islas tan necesitadas de crítica y autocrítica. Elementos que solo se encuentran en sociedades formadas, capaces de pensar por sí mismas.   

Las conclusiones de Alberto Delgado tras conocer la partida dineraria que asumirá el próximo año tritura –son sus propias palabras– las expectativas que como Viceconsejero tenía depositadas en el anunciado recorte al que el Gobierno que preside Paulino Rivero iba a someter su área.

Delgado explica así que esperaba un tijeretazo que rondaría el 4,5 por ciento del presupuesto de 2011 pero no los 13,5 millones que finalmente gestionará. Con ese dinero, lamenta,  no ve “asumible” la distribución para estimular un sector –como es el cultural en Canarias– que hoy más que nunca debe de plantearse que está ante un Ejecutivo autonómico poco receptivo al hecho cultural. 

El Viceconsejero sentencia “con esta rebaja va a ser totalmente imposible mantener los programas y la política cultural que se ha venido desarrollando hasta ahora.”  

¿Incluye Septenio?

¿Qué pasará con Canarias Crea?

Partiendo de la base que no lo ha tenido fácil Alberto Delgado desde que ocupó esta responsabilidad en plena y catastrófica crisis que como termitas han terminado por devorar los dineros que en cada ejercicio iba a parar a sus manos, es momento de que se plantee de una vez que las apuesta multimillonaria por determinadas actividades y sus campañas  promocionales y de difusión poco o nada han hecho para estimular los atractivos culturales que, desde el Gobierno, se pretendían potenciar que no vender.

Ello hace indicar que la política de repartos para 2012 debe ser afrontada con cabeza, evitando derroches porque ya no estamos en época de vacas cebadas.

Es más, son tiempos que exigen racionalizar los gastos.

También de invertirlos en actividades eficaces que contribuyan a plantar la semilla de la reflexión y el intercambio.

Son momentos de consenso.

Y también de ambiciones.

El discurso, por ello, no debe ser el de tirar la toalla sino el de abrir vías.

Vender el mensaje que se va a continuar hacia adelante con la cabeza bien alta pese a la adversidad. 

No me convence por derrotistas las palabras de Alberto Delgado cuando afirma en el artículo que “con estas cuentas se me antoja totalmente imposible seguir adelante con los programas”.

Más en estos tiempos oscuros en los que nos encontramos.

Ya no vale mirar con nostalgia ese pasado disparatado de derroche porque son tiempos que obligan a coger al toro por los cuernos, tiempos que invitan a estudiar con inteligencia donde se van a invertir los escasos recursos que se disponen.

Hacer lo contrario es una invitación al suicido.

Y Alberto Delgado, por lo que lo conozco como gestor de un departamento que, me consta, los que tiene por encima consideran como una molesta maría, ha dado sobradas muestras –con sus aplastantes errores, está bien decirlo–  de superarlos.

Si corrige desatinos, sin lugar a dudas es el hombre indicado para gestionar el raquítico presupuesto que tendrá Cultura en ese 2012 apocalíptico para unos pero integradores para otros.

Saludos, cuando me asomé al abismo contemplé mi reflejo, desde este lado del ordenador.

Confesiones de un lector justificado

Miércoles, Septiembre 28th, 2011

Tuve la suerte de nacer en una familia en la que se quiere a los libros. De hecho, recuerdo mi infancia rodeado de libros. Observo, ahora que hago ejercicio de memoria, a mi padre acostado leyendo. A mi hermano sentado en el sofá del comedor, leyendo también. A otros de mis hermanos con un libro bajo el brazo y a mi madre, después de dar de cenar a toda la jauría, relajándose con un libro entre las manos.

Mi primer acercamiento al mundo de los libros resultó por lo tanto natural e inevitable. Siendo el más pequeño de los varones me limité a imitar lo que hacían los grandes. Mi hermana, que vino justo detrás, hizo exactamente lo mismo. Coger un libro.

Entre las muchas cosas que quería hacer de pequeño estaba, además de la de ser astronauta, la de encender la luz de las habitaciones de la casa (daba saltos con la esperanza de llegar al interruptor y encender de un tortazo las lámparas que colgaban del techo para luego repetir la operación y apagarlas) y abrir los libros que me encontraba mientras intentaba descifrar aquellas letras que nada me decían porque por aquel entonces aún no sabía leer ni escribir.

Lo más cercano que hacía era colorear (y bastante mal, por cierto) los cuadernos de dibujo que me regalaban por mi santo o por mi cumpleaños, aunque casi siempre terminaba por roer como un ratón los creyones dejándome un gusto a madera en la boca que desde entonces asocio con mi infancia.

No he sabido retener en mi memoria las primeras clases a las que asistí siendo un parvulario y en las que esforzados maestros (no profesores) se empeñaron en que me iniciara en el mundo de las letras. Conservo algunos cuadernos de aquella época y de tanto en tanto me gusta pasar sus hojas no sé si en busca de aquel niño que comenzaba a entrar en un universo al que, posteriormente, le debe tanto.

Contemplo las vocales trazadas por esos dedos que ahora pulsan el teclado del ordenador y no termino por reconocerme en las A, E, I, O, U que, imagino, con tanto esfuerzo copiaba de la pizarra. Con las consonantes me he quedado un buen rato paralizado estudiando como me complicaba la vida con las B y las G.

El escritor y premio Nobel de Literatura John Steinbeck describe con maestría desarmante esta misma experiencia en la introducción de uno de sus libros más bellos: Los hechos del rey Arturo y sus nobles caballeros. Les recomiendo que se lo lean. La introducción y su ambicioso ejercicio por actualizar el clásico ciclo artúrico.

La primera vez que lo leí tuve la sensación, esa misma sensación que te pasa con otros libros, de pensar: “caramba, eso mismo me pasó a mí.” “O eso mismo pienso yo de…” Esas reflexiones, ya saben, que te hace pensar que no estás tan solo en el mundo.

Una vez dominé las letras y el arte de la escritura (bastante intraducible para ojos que no sean los míos, sea dicho de paso), los primeros libros que leí fue una recopilación de seis cuentos de Las mil y una noches, en una antiquísima edición de los años treinta con fantásticos grabados; los cuentos de Andersen, los hermanos Grimm y por fin, porque un hermano tuvo la inteligencia de prestármelo un día que echaba un vistazo a la biblioteca, La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson.

Creo que con los primeros libros que lees se produce algo muy parecido al primer amor. Un primer amor afortunado y nunca frustrado, claro está.

Al llegar a la adolescencia, tras alimentarme de fantasías varias, de las aventuras de Los tres investigadores que desbancaron a las ñoñerías de Los cinco de Enyd Blyton y sus contrabandistas, alguien me regaló en Reyes los tres tomitos editados por Bruguera de Los mitos de Cthulhu. Tres tomitos que me abrieron las puertas hacia otros mundos y una sed lovecraftiana que me llevó incluso a emular al solitario escritor de Providence editando un fanzine artesanal –Historias Extrañas– mientras mantenía un intensa relación epistolar con amigos a los que solo conocía por cartas larguísimas donde revelábamos nuestras neuras adolescentes.

Firmábamos aquellos textos inacabables con los nombres de lo dioses prohibidos aunque yo me reservé el del árabe loco Abdul Alhazred, el autor de El Necronomicón.

Les cuento todo esto porque por suerte nací en una casa donde se me enseñó a amar a los libros. Tanto, que cuando en el colegio y más tarde en el instituto descubrí que nos obligaban a odiar los libros imponiéndonos determinados textos –le cogí manía a La tesis de Nancy, de Ramón J. Sender, novela que más tarde releí sin el castigo de un examen y continúa pareciéndome un título muy regular en la fecunda producción de este sin embargo gran escritor– sus esfuerzos resultaban nulos para que mi amor por los libros menguara.

Al revés, si cabe los aprecié mucho más.

Entiendo, de todas formas, que muchos compañeros de pupitre se acostumbraran a detestarlos. Yo hubiera hecho lo mismo si no hubiera tenido la suerte de nacer en una familia que ama tanto a los libros.

Por ejemplo, apenas recuerdo salvo la obligatoriedad de leerlo porque había examen, la primera impresión que me suscitó el Lazarillo de Tormes. Librito que años más tarde, liberado de las cadenas del ordeno y mando, devoré como quien descubre agua en el desierto. Y tanta fue la satisfacción que me produjo que salté a El buscón, de Quevedo. Descojonándome de la risa con estas novelas ejemplares. Nunca mejor dicho.

La Celestina fue otro cantar.

Y cuando comenzaron a introducirse en los colegios de las islas los primeros textos de autores canarios, siempre agradeceré a aquel sistema de estudios que Maraía, de un tal Rafael Arozarena, se tratara de un título que los profesores nos recomendaban leer… siempre que quisiéramos.

Es decir, que no hacía falta que leyéramos por obligación Mararía porque no tocaba en el examen.

Así que me animé a leerlo, precisamente porque no tocaba en el examen y porque mi padre tenía un ejemplar de esa misma novela editado por Noguer.

Así que Mararía, como supongo le pasó a la chiquillada de mi generación, fue la primera novela canaria que leí porque no me obligaron a leerla. Me pregunto ahora que habría pasado si el profesor (nunca maestro) hubiera hecho lo contrario.

El caso es que no entiendo el mundo sin leer.

Sin ese extraño placer por adentrarte en otro universo, en otro espacio.

Conocer personajes, esos personajes cuyas acciones (si empapan tu alma) pareces que reconoces en otros cuando charlas, tomas un café o compartes un cigarrillo.

Como lector, y también como escritor frustrado, pienso que lo mejor de un libro suele ser su inicio.

Después de las primeras cincuenta páginas si no engancha me veo en la ingrata tarea de tirarlo a ese montón de volúmenes desechados. Aunque hay veces, raras veces, en que lo recupero por recomendación de un amigo o porque lo leo en algún lado y esas mismas cincuenta páginas las mastico y digiero con asombro.

Antaño me preguntaba cómo podía ser capaz mi padre de leer tres o cuatro libros a la vez.

En la actualidad me pregunto cómo puedo leer tres o cuatro libros a la vez.

Cuando mi padre comenzó a despedirse de este mundo dejó de leer libros.

Recuerdo ver muy preocupado los ejemplares amontonados en su mesilla de noche y a él sentado en la cama con la vista perdida. Quiero creer que en su propio libro que fue su intensa vida.

Quiero pensar por eso que el día que deje de leer y amontone los libros habré iniciado mi adiós de este mundo poblado de libros.

Así que no dejo de preguntarme, con un asomo de frivolidad. de qué títulos se tratarán.

Y espero, en un día raro como el de hoy, que entre esos libros se encuentre mi Isla del tesoro.

Saludos, tiemblan las islas del aburrimiento, desde este lado del ordenador.

El Ministerio de Cultura ¿debe morir?

Miércoles, Agosto 31st, 2011

Interesante reportaje el que propone el periódico El Mundo en su edición de hoy. Bajo el título de ¿Debe existir un Ministerio de Cultura?, el autor del artículo, el periodista Luis Alemany (no confundir con el gran escritor canario autor de Los puercos de Circe) plantea una curiosa reflexión sobre la permanencia de un órgano que en tiempos de crisis siempre ocupa los puestos de cabeza para ser desarmado.

Entre otras declaraciones, Alemany cita al consejero de Cultura de la Generalitat de Catalunya, Ferràn Mascarell, quien afirmó la semana pasada que, si por él fuera, “cerraría la institución (y redigiría su presupuesto a las comunidades autónomas).”

No quiero pronunciarme sobre el asunto pero me ha hecho pensar lo que podría significar sí las cosas resultaran finalmente así.

En un futuro.

Y recuerdo las iniciativas que con mayor o peor fortuna dirige el Gobierno de Canarias a través de los programas Canarias Crea y Septenio. Este último ha hecho público recientemente su última convocatoria de recepción de proyectos. 

El periodista Luis Alemany explica que en la práctica, el Ministerio de Cultura ya tiene los poderes muy recortados por las transferencias a las comunidades autónomas. Destaca que su presupuesto actual es de algo más de mil millones de euros, más pequeño que el del Gobierno de La Rioja, y que la legislación “que aún está por desarrollar en el área (básicamente: una nueva Ley de Derechos de Autor) desborda las competencias estrictas del Ministerio.”

Las opiniones a favor y en contra de su posible desaparición se contrastan con declaraciones de los que está a un lado y al otro. Los nacionalistas catalanes, los únicos a los que se da voz en el artículo, lo tienen en este sentido bastante claro. La pregunta que me planteo es ¿cómo acogerían los nacionalistas canarios una decisión de este calado?, pero sobre todo ¿cómo acogerían los creadores y gestores culturales que trabajan en las islas una hipotética disolución del Ministerio de Cultura?

Miguel Ángel Cortés, secretario de Estado de Cultura entre 1996 y 20000, afirma: “existen responsabilidades culturales del Estado que están recogidas en la Constitución, que están en nuestra tradición política y a las que no se puede renunciar. La cultura española es mucho más que el sumatorio de 17 culturas autonómicas, es una de las culturas más identificables del mundo y el Estado tiene la responsabilidad de promoverla y garantizar la colaboración entre comunidades. Otra cosa es que las responsabilidades del Estado en ese área cultural se cumplan con una forma administrativa u otra”.

El reportaje revela que por el momento nadie de la cúpula del Partido Popular quiere manifestarse sobre este asunto.

Lo que está claro es que vivimos tiempos en los que ya no vende desde el poder respaldar políticamente la Cultura cuando las prioridades de la población son, por razones obvias, otras. El nivel de gasto en consumo cultural por persona ha descendido además de forma alarmante.

No obstante, en este debate quiero pensar como César Antonio Molina cuando explica que sería un error muy grave la desaparición del Ministerio.

Y añade: “El área de Cultura es la que une al Estado.”

Y quiero pensar, ingenuo, que debería ser así.

La cuestión es si realmente lo ha hecho así.

Saludos, barajando las cartas del Tarot, desde este lado del ordenador.