Noticias negras

Sábado, Septiembre 5th, 2009

* El escritor británico Philip Kerr ha ganado con Si los muertos no resucitan el III Premio Internacional de Novela Negra RBA. Así lo hizo público anoche un jurado compuesto por Anik Lapointe, Antonio Lozano, Soledad Puértolas, Lorenzo Silva, Suso de Toro y Paco Camarasa. Se trata de la sexta novela protagonizada por Bernie Gunther (título que llegará a las librerías españolas en octubre) y cuya primera parte transcurre en 1934, lo que sirve al narrador para denunciar la connivencia entre las autoridades nazis y el crimen organizado estadounidense para evitar el boicot a los Juegos olímpicos de Berlín. El escenario se traslada a La Habana de Meyer Lanski y Fulgencio Batista en la segunda parte de la novela. Una ciudad, una época y un ambiente fielmente capturado en las páginas de la novela.

* A la espera de que dé comienzo el primer Salón Internacional del Libro Africano (SILA), los amigos de negraycriminal nos recuerdan que hay un puñado de autores del África subsahariana traducidos cuya literatura está adscrita al género policíaco. Entre otros, destacan títulos como Ramata del senegalés Abassé Ndione, El asesino de Banconi del maliense Moussa Konaté y el togolés Theo Ananissoh, del que la editorial Alpha Decay acaba de traducir Un reptil por habitante.

* El novelista francés Thierry Jonquet falleció el mes pasado víctima de un infarto. Jonquet era autor, entre otras novelas, de Tarántula, La bestia y la bella y URSS go home.

* El 30 de septiembre finaliza el plazo de entrega de originales al Premio L´H Confidencial de novela negra 2010, que convocan el Ayuntamiento de L´Hospitalet y Roca Editorial. Las bases en www.rocaeditorial.com.

* El 30 de septiembre es la fecha límite también para participar en el juego de reescribir un final para una novela mítica: Diez negritos. En el 70 aniversario de su publicación. Bases en http://www.dieznegritos.rbalibros.com/index.php?page=concurso.

Saludos con sabor a policiaco desde este lado del ordenador

‘Última aclaración’ de Ezequiel Pérez Plasencia

Miércoles, Septiembre 2nd, 2009

Reproducimos a continuación un nuevo texto firmado por el escritor y periodista Ezequiel Pérez Plasencia.

Última aclaración

“Ante las continuas llamadas telefónicas de algunos amigos canarios que lamentan la publicación penosa de mi último libro, La voz del vacío, me veo en la obligación de repetir públicamente que fue editado (por magno error no subsanado) el primer borrador entregado al responsable de la Editorial Benchomo. El primero de otras cuatro versiones enviadas. (Conservo el correo electrónico en que se admite tamaña equivocación). Pido a las autoridades políticas (Alberto Delgado, por ejemplo, pues el escudo del Gobierno Canario aparece en la contraportada) que, por favor, dejen de subvencionar a esa editorial para editar cualquier libro mío, pasado o venidero. Por no hablar ahora de los Derechos de Propiedad Intelectual.

La denuncia por daños y prejuicios ya ha sido presentada y espero que llegue pronto a buen puerto. Es mi deseo olvidarme cuanto antes de esta historia repleta de mediocridades, falsedades y vulgaridades. Mas una insidiosa y grave enfermedad  me impide de momento desplazarme a Canarias y arreglar in situ este desaguisado, y es por ello que solicito la indulgencia de los lectores que hayan adquirido el volumen. Pues me confirman que ha sido distribuido y, hoy mismo, sigue exhibiéndose en bastantes librerías canarias, lo cual habla por sí sólo de la maledicencia del director de esa firma editorial. Por insignificante que sean, es mi trabajo y capacidad intelectual los que aparecen pisoteados, maltratados en ese librucho que lleva mi nombre.

Ezequiel Pérez Plasencia

Cartagena, 2 de septiembre de 2009. ”

Saludos, una vez más muy tristes, desde este lado del ordenador.

Caminante, se hace caminio al andar…

Sábado, Agosto 29th, 2009

Con el ánimo de invitarles al sosiego y a que abran los ojos (o los cierren, lo mismo da si lo hacen para soñar) les invito a relajarse refugiándose en un libro de aventuras. Ya escribí que tengo una temporada con ganas de viajar a mundos ignotos, donde los hombres son hombres y las mujeres mujeres sin necedades porque abren su corazón a lo que podrá pasar. Esas sociedades (que existen, lo sé) donde se rechaza la incógnita que generalmente nos paraliza al Primer  Mundo (¿?), universo donde somos incapaces de desatarnos de las cadenas que nos arriman a lo que presuntamente somos. Esa comodidad peligrosa en la que todos caemos porque no hay nada más seguro que tener el frigo repleto. Aunque a final de semana tengamos que tirar más de la mitad a la basura porque no hemos sido capaces de consumirlo.

Encadenados a esa felicidad artificial que es la de gastar por gastar, ahora golpeada por la diabólica recesión que nos hace más imbéciles si cabe, me atrevo a recomendarles que se dejen de tonterías y de mirar al vecino de reojo y de envidias trasnochadas y que se refugien, pese a las ataduras falsamente reales que nos condenan, a que busquen refugio en libros o películas que los tontos llaman facilonas porque van más allá del onanismo intelectual al que nos están acostumbrando. A que sean capaces de abrir o cerrar los ojos (lo mismo da, digo, por aquello de que soñar no implica que necesariamente tengamos los ojos abiertos o cerrados) con el único fin de salirnos de la norma. O bien para que descubran que hay otros mundos –como en ese clásico del cine de aventuras de nuestro tiempo que es Matrix— donde todavía tenemos la oportunidad de ser libres combatiendo a los imbéciles, que son todos aquellos que se empeñan en convencernos de que el mundo sólo tienen su color. Su color.

Con la intención de demostrarles que hay más cromatismos en el arco iris, y cansado de pasear por el sendero de baldosas falsamente amarillas, les invito a que miren hacia atrás sin ira y contemplen lo que fueron y lo que son hoy. Sí, sé que es un ejercicio penoso porque normalmente la imagen que te muestra ese pasado perdido tiene habitualmente la forma de un monstruo, pero si tienes coraje y estás alimentado por esa literatura que desechan los vigilantes, descubrirás que el monstruo no es tal monstruo sino una semilla confusa perdida en el abismo que es nuestra vida.

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Todas mis referencias culturales me mostraron el camino. Es verdad que algunas de ellas lo equivocaron en algún momento del peregrinaje, pero siempre encuentras una voz, un sonido o una mirada que te corrige los pasos. Esos pasos titubeantes y erráticos en principio pero cada día más seguros pese a las adversidades, los vacíos, las montañas que piensas que nos vas a poder cruzar. Pero caramba, sigues. Y sigues, cansado de los cantos de sirena, de tus enormes egoísmos, sigues. Y sigues. Y sigues. Y compruebas que con cada paso dejas huellas. Y que esas huellas permanecen en la arena del tiempo hasta que el viento se las lleva.

Aprendí todo esto y algo más sin recurrir a Jodorowsky ni a Pablo Coelho, a quienes siempre he considero como brillantes vendedores del falso elixir de la autoayuda. Lo aprendí gracias a mis lecturas de caza menor y mayor. Sin hacer distingos entre unos y otros. Desechando quien no me indicaba el camino y siguiéndolo con devota y ciega devoción a quien sí me lo señalaba. Y si eres de los que está acostumbrado a pensar sobre ti mismo porque el resto es sólo una construcción de lo que piensas de ti mismo, descubrirás que no estás tan equivocado pese a las batallitas a las que diariamente tienes que enfrentarte. Esas guerritas que te hacen daño, claro está, pero de las que sales airoso porque tienes una idea fija en la cabeza, y esa es la de seguir, seguir. Seguir siempre adelante. Ya no hay vuelta atrás.

Escribo todo esto porque en este sendero en el que camino no hay cadáveres, por mucho que se empeñen, aunque me canse tropezarme continuamente con los mismos de siempre. Los pobres, sin embargo, no saben que estoy pertrechado de poción mágica. Y que una de esas pociones tienen el nombre de H. Rider Haggard, el autor de Las minas del rey Salomón y de su personaje cabestro y victoriano: Allan Quatermain. También hechizado bajo la seducción de su Ella, la princesa eterna. Y de Pierre Benoit y su fascinante reina Antinea de La Atlántida o su La castellana de El Líbano. O Stevenson. O Conrad. O London. O Kipling. O Hughes. O Falkner, y si me permiten Salgari y Sabatini, cuyas ediciones en Molino agrietadas y estropeadas conservo en un lugar privilegiado en mi biblioteca. Me dejo nombres de compañeros en el camino, claro está, pero todos ellos saben que me revelaron uno de los mayores secretos en mi devenir existencial: mira atrás, mira siempre atrás para saber seguir hacia adelante. Lo importante es lo que encuentres y quienes te encuentren, porque el resto es una mala novela de aventuras.

Saludos, caminando, siempre caminando hacia adelante, desde este lado del ordenador.   

Confesiones de un lector (idiota, probablemente)

Viernes, Agosto 21st, 2009

Tuve una época en la que me molestaba un montón que en los libros que adquiría se publicara la fotografía de su autor. La razón es sencilla, si me había puesto a imaginar cómo sería el novelista en cuestión lo recreaba como una suerte de lo que me contaba a través de sus historias. Recuerdo que el primer gran chasco que me llevé al ver a uno de mis autores favoritos reproducido en uno de esos volúmenes fue Ray Bradbury porque nunca me hubiera imaginado al creador de Las crónicas marcianas, El hombre ilustrado o Fahrenheit 451 como era de verdad: un tipo demasiado normal y corriente, con sus gafas y esa bondadosa sonrisa. Los chascos se fueron sucediendo cuando les entró a los editores la manía de poner en la contraportada la imagen del escritor, generalmente un hombre y una mujer con pose interesante en cuyos rostros no encontraba ninguna de las claves que me hicieran entender cómo habían sido capaces de construir aquellas fantásticas historias. Entre los pocos que me sorprendieron gratamente: Joseph Conrad, Edgar Allan Poe, Charles Dickens y Ramón J. Sender, el fabuloso escritor aragonés. Pero pocos más, la verdad.

Luego, por esos azares que te da la vida, he tenido la ocasión de conocer a escritores a los que más o menos les he seguido su carrera literaria mandando a paseo aquel prejuicio adolescente, aunque debo de confesar que cuando se niegan a que aparezca su fotografía en sus libros, me lo hacen más atractivos a la hora de abordarlos. Me pasó con Bruno Traven, J. D. Salinger o Thomas Pynchon. En el otro lado de la balanza pondría a Stephen King, un narrador potentísimo pero demasiado pegado a sí mismo; y algún otro de cuyo nombre no puedo acordarme ahora.

En esta mi manía que fue la de frustrarme por ver sus fotos, hay otras como la de prestar un libro (en la tienda de Sonora había un cartelito donde se nos advertía: Libro prestado, libro robado), porque he tenido la desgracia de que me los devuelvan (cuando me los devuelven) bastante estropeados. El peor caso que recuerdo fue el de pasarle una novelita a un conocido y que tiempo después (ya casi me había olvidado de que se la había prestado) la recuperara con casi todas las páginas sueltas y varias manchas de café con leche. Obviamente, le regalé el libro mutilado al cabestro procurando que entendiera por la mirada que le lancé que nunca jamás le iba a prestar otro.

Hay pocas cosas que me hagan salir de mis casillas, una de ellas es observar como un desalmado dobla un libro o es capaz de cogerlo con las manos hechas mierda. En esos momentos estoy a un paso de convertirme en el estrangulador de Boston, independientemente de cual sea el libro. Lo mismo me pasaba con las novelitas baratas del oeste, terror, policíacas o de ciencia ficción, cuyo diseño de cubiertas estaba preparado para soportar las zarpas de cualquier energúmeno. Prejuicioso que soy, ya lo dije.

Como lector (compulsivo) prefiero las ediciones de bolsillo a las de tapa dura, y soy de los que se va a cualquier parte con el librito a cuesta. Cualquier momento es bueno para hacerme menos dura las esperas: en la cola del banco, en la cola del paro, en la cola del médico, en el cine antes de que empiece la película…

En una ocasión estaba en el banco y alguien de la cola al verme tan abstraído en la lectura exclamó: “si lo sé, la próxima vez traigo un libro”, lo que para mi fue como meter un gol por toda la escuadra. ¿Por qué? Porque aquel señor la próxima vez iría al banco con su librito a cuesta. Todo sea para abstraernos de las antipáticas piedras que se ponen en nuestro camino. Además, en ocasiones tengo la sensación de que no hay acto más enojoso para otros que el ver a uno a su bola y con los ojos clavados en un libro. No sé, es como asistir desde fuera a un diálogo mudo y telepático en el que no estás invitado. Por eso me encanta ver a personas leyendo, es como contemplar a alguien que duerme: invulnerable en su propio universo.

A veces me pasa, cuando leo una novela de humor, que suelto la risa en la soledad de mi casa y me quedo un rato perplejo e inquieto. No me pasa lo mismo cuando disfruto de una comedia cinematográfica porque la ves y la escuchas (y si es una filme silente por lo menos tiene música de acompañamiento) y tu carcajada forma parte de lo que estas observando. Pero reírte leyendo… es como si con tu risa rompieras las cadenas de tu soledad. El eco se queda un momento flotando en el aire, casi lo puedes coger entre los dedos hasta que se desvanece.

¿Y si pasas miedo? A mi me pasó leyendo el Drácula de Bran Stoker. Recuerdo que tuve que cerrar la puñetera novela porque lo estaba pasando realmente mal, aunque a la vez sentía la tentación de volver a leerlo para continuar pasándolo mal. No sé si Drácula es la mejor novela de todos los tiempos como dicen que dijo Oscar Wilde, pero si la han leído es probable que piensen que casi es una de las mejores novelas de todos los tiempos.

Soy también de los que de tanto en tanto afilan el lápiz y subrayan una frase, un comentario que le sacudió en el libro o los libros que está leyendo. Tiemblo, de todas maneras, cuando cojo algún ejemplar usado en rastros y tiendas de viejo y me tropiezo con subrayados a bolígrafo o con rotulador fosforescente. De alguna manera han matado a ese ejemplar. Entiendan ustedes que entiendo que es un acto vandálico. De hecho, sólo recuerdo haber hecho eso con determinados libros de texto, pero era una manera inconsciente de “liquidarlo”, de demostrarle el poco aprecio que le tenía a ese galimatías que por cojones tenía que aprenderme.

La verdad es que inicié este post con otra idea, la de recomendarles a uno de esos escritores a los que sí he tenido la suerte de conocer y de los que me han dejado clavado en el sillón estas últimas semanas, donde he ido adquiriendo como buenamente he podido sus novelas. Ya les hablaré de él, Alonso Cuento, con quien mantuve largas y provechosas charlas sobre libros en Gijón. Y en concreto de un escritor, Herman Melville, cuya Bartleby, el escribiente, me parece (para disgustos de los imbéciles) una de las mejores novelas de humor de todos los tiempos. Quizá sea por lo visionaria que resulta, o su retrato trágico de ese personaje que sólo sabe decir: preferiría no hacerlo.

En fin.

Saludos a lo ser o no ser desde este lado del ordenador.

Una recomendación literaria (muy) ‘cool’

Miércoles, Agosto 12th, 2009

Hace ya tanto tiempo, tanto tiempo… que mi memoria ha hecho trampas con el grato recuerdo de aquella experiencia, pero es que leyendo la novela de Jake Arnott Delitos a largo plazo, no he dejado de evocar aquel día de año remoto y perdido en el tiempo en el que un amigo y yo nos metimos como quien no quiere la cosa a ver Quadrophenia.

Conocía vagamente el discazo de The Who que inspira esta cinta sobre las luchas que los movimientos pandilleros británicos de mods y rockers mantuvieron en Gran Bretaña en los años sesenta, pero sí tengo muy fresca la sensación con la que el colega y quien les escribe salimos del cine. Somos los mods, somos los mods… Como es natural la euforia adolescente nos duró unas cuantas horas porque obviamente no fuimos nunca (por fortuna) mods, y mucho menos menos cuando nos dimos cuenta que lo mismo vibrábamos escuchando a los Small Faces que a Buddy Holly, pero así son las cosas cuando uno es un tierno e inquieto quinceañero con ganas de comerse el mundo…

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Decía que he recordado aquella película leyendo Delitos a largo plazo porque esta novela está ambientada precisamente en aquellos años para contarnos la historia, a través de cinco voces distintas, del ficticio gangster Harry Stark, un frío y calculador hijo de puta que está inspirado en uno de los gemelos Kray, famosos hampones de aquel Londres pop cuya banda sonora sigue sonando de vez en cuando en el compacto de casa.

Lectura frenética y refrescante, de esas que te cogen por el cogote y con las que tienes la sensación de que estás perdiendo el tiempo cuando no estás devorando sus páginas, Delitos a largo plazo es el primer volumen de una trilogía (Canciones de sangre y Crímenes de película) que la colección Roja & Negra de Mondadori promete editar en próximas fechas tras el latigazo que ha dado en las espaldas de casi todos los lectores de sus primeras aventuras publicadas en España.

Narrada, como decía, a través de la mirada de cinco protagonistas: un chapero, porque las inclinaciones sexuales de Stark son con su mismo sexo; un aristócrata alcohólico y corruptible; un matón de segunda, una actriz en declive y un criminólogo, la novela de Arnott nos ofrece (al modo del Ciudadano Kane de Orson Welles) un retrato variado e inquietante pero también lujuriosamente cool de este hampón al que le gusta vestir como un dandy.

Cinco visiones desencajadas de una década y una sociedad, la londinense de los sesenta, donde estrellas de variedades, políticos, chicos de la calle se mezclaban con asesinos por aquello de sentir emociones fuertes.

Cuenta, además, con frases de esas que te obligan a buscar un lápiz y subrayarlas: “Existe un curioso lazo entre los granujas de clase baja y los crápulas de clase alta. Supongo que es el odio que comparten hacia las clases medias“, así como una arrolladora capacidad para meterte dentro de un universo delirante donde las reglas dejan de ser reglas. Y todo eso a ritmo de crooners de la época, y de música mods y rockers mientras disfrutas de un copazo (o dos) de ginebra. Sólo hay un problema, y es que tras su lectura amaneces atontado y compruebas ligeramente amargado que has dejado el café por el té.

En fin, háganse un favor: consigan a corto plazo estos Delitos a largo plazo.

Saludos moderadamente cool desde este lado del ordenador.

¡Viva Canarias libre! ¡Libre de imbéciles!

Lunes, Agosto 10th, 2009

¿Cómo era aquella canción? “Vivo en un país donde tocan el tambor… ” O algo así.

Me acuerdo ahora de aquella tonadilla porque hoy más que nunca o se toca el tambor como en las películas de Tarzán o aquí pasa lo de siempre: desidia, dejar morir lo que vale. Por eso ¡Ankawa! que gritaba la feliz creación de Edgard Rice Burroughs en las películas… ¿Por qué? Porque me entero en el blog lagatacristi que a estas alturas de curso la Feria de la Edición, que este año dedica el grueso de sus contenidos al Libro Africano, no tiene todavía recinto. Un  espacio donde se aloje. Si leen el post descorazonador al que hacemos referencia se enterarán que sus organizadores (que son gente que hace porque cree en lo que hace pese a la ceguera y sordera de las administraciones canarias que hoy más que nunca navegan bajo el fatídico hechizo del canto de sirenas del Septenio: “ohhh, bandera tricolor que enarbolo por esos mundos de Dios”) llevan lo que se dice un tiempo buscando un sitio donde ubicar la nueva edición de la Feria. Feria que se ha hecho un nombre dentro y fuera de las islas no gracias a la visionaria gestión de los responsables de Cultura (ayuntamientos, cabildos y gobierno) sino a quienes lo organizan contra viento y marea; equipo que ha sabido vender este encuentro fuera de estas islas apartadas de  la mano de Dios. O los dioses.

¡Viva Canarias libre!

Si leen el post al que le invitamos formarán parte de ese extraño viaje al corazón de las tinieblas que es Canarias, tierra de imbéciles. O la crónica desesperada de una desesperación.

Empieza el delirio.

Los organizadores hablan con el Ayuntamiento de La Laguna, en concreto con la actual (in)responsable de (in)Cultura. Tras veinte días en la sala de espera, los recibe la Señora para decirles con acento juguetón canario lo de “chachos, es que estoy tan liada”. También saliendo del paso y recurriendo a Larra (aunque ¿sabrá esta Señora quién fue Larra?) les deja caer lo del “vuelvan ustedes mañana” mucho me temo que sin acento español. O godo, como decimos en esta tierra cuando nos queremos poner chachis pirulis.

Pero lean el post, anímense y llevénse las manos a la cabeza. La concejala de (in)Cultura lagunera de cuyo nombre no quiero acordarme les pide a los chachos a que eperen “a la próxima semana, que viene alguien que nos puede decir…” ¿La razón? La Señora coge vacaciones.

¡¡Viva Canarias libre!!

¡¡Libre!!

Los organizadores de la Feria de la Edición, acostumbrados a lidiar con molinos de gofio y de viento, se ponen entonces en contacto con el Ateneo. Pero ah, pibes, es que está cerrado por vacaciones. 

¡¡¡Viva Canarias libre!!!

Los de la Feria llaman entonces a la puerta del actualmente ignoto Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife, centro que acogió la exitosa edición del año pasado, y la opereta continúa. Porque da igual que se pagara ”religiosamente” el alquiler de la experiencia anterior. Su actual presidenta o directora (¿?), esa iluminada que llaman Miriam Durango o artista de la cosas huecas, “se olvidó y no reservó fecha”. Además, anuncia con la boca pequeña, el espacio lo tiene “reservado” para esos días, finales de septiembre, para una de las exposiciones que tanto le gustan: ¡¡¡Un mundo mágico y de colores!!!

¡¡¡¡Viva Canarias libre!!!!

Continúa el kafquiano relato (Franz, ¿no naciste en Canarias) cuando los protagonistas llaman a la puerta de Cultura del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife (¿?) y su responsable (¡la Señora!, ¡la Señora de verdad verdad! O la primera dama del chiste) dice que este encuentro profesional de editores se la trae floja: ”No es interesante”.

¡¡¡¡¡Viva Canarias libre!!!!!

En definitiva, que no hay espacio para la CULTURA con todas sus letras. Parece que se impone la consigna de los imbéciles, que es la de marear la perdiz. Y por mucho que me rompa la cabeza, ustedes perdonen, no entiendo el o los por qué.

¡¡¡¡¡¡Viva Canarias libre!!!!!! 

Y no lo entiendo porque este festival está dando nombre a la isla. A Santa Cruz de Tenerife, a La Laguna, a la madre de lo parió cuando apostaron sin reservas por el encuentro… Un encuentro de serie B. O de bajo presupuesto.

Me entra la tristeza. Y por lo tanto un renuncio justificado no a Canarias sino a quienes dirigen nuestro destino en lo universal. 

Clamo: ¡¡¡¡¡¡¡¡Viva Canarias libre!!!!!!!

¡Libre, imbéciles! 

Saludos,  cada día más desperados, desde este lado del ordenador.