Va de librerías…

Lunes, Diciembre 8th, 2008

* Nos cuentan que la librería Canarias, ubicada actualmente en la calle del general Sanjurjo, nº18, cambiará próximamente de ubicación. La librería (que se ha especializado entre otros temas en comics, libros bélicos y de ciencia ficción) trasladará en breve sus dependencias a la calle del Pilar, zona que se ha transformado con el paso del tiempo en la de las librerías de referencia de la capital tinerfeña.

* Una queja habitual entre los aficionados a esas cosas tan raras que son los libros es la sensación de que vivimos en islas. No quiero ni imaginar cómo se sentirá el que reside en las que no son capitalinas. Intentaré explicarme. En Canarias, por si no se han enterado, existe realmente la condición insular, lo que implica ese sentimiento aislado que nos caracteriza a todos los habitantes (nacidos o no) que consumimos vida en esta parte del mundo. Las novedades bibliográficas (salvo excepciones) que aparecen en los suplementos culturales de los diarios de tirada nacional llegan tarde y mal. Y si no te queda más remedio que pedirlo a tu librero de turno, es normal que el libro preciado llegue a tus manos con una o dos semanas de retraso. Y eso con suerte. Hace unos meses que pedí un libro en una de estas librerías y aún no ha llegado. Me da, de hecho, algo de vergüenza pasar por esa misma librería para preguntarle al responsable que ha pasado con ese título…

* Loquepasaentenerife publica un interesante artículo sobre el cierre de una librería centenaria en La Orotava. Pienso en la canción aquella: algo se pierde en el alma cuando un amigo se va… 

* Ya no hay librerías de ocasión en Santa Cruz de Tenerife aunque todavía se mantiene una en La Laguna, loado sean los dioses. En mi época de adolescencia rebelde recuerdo los gratos momentos que pasaba en la legendaria Sonora rebuscando entre tongas y tongas de volúmenes viejos y usados. Gran parte de los libros que hoy forman mi improvisada e iconoclasta biblioteca se lo debo a la Sonora. Recuerdo que en la calle Ramón y Cajal había otra tiendita, aunque no se dedicaba a la venta de libros usados sino de tebeos usados. También se vendía en ella sellos y monedas y otras chucherías por el estilo. Esa tienda, Música y labores, la regentaba un señor que sé parecía bastante al Elmer de los dibujos animados de la Warner, y siempre iba ataviado con una bata de color azul obrero. Llevaba, además, un lápiz colgado en una de sus orejas, lápiz que mojaba en saliva cuando anotaba en sus cuentas las ventas del día. Siempre he pesando que este señor era pasto de una novela. En cierta ocasión hablamos y hablamos de Cuba, un país que siempre me ha fascinado y en el que había residido ese señor. Aún recuerdo su conversación y sus ojos. Estaba como en otro mundo, preso de la nostalgia diabólica. Cuando finalmente viajé a Cuba, entendí en parte aquella situación tan cinematográfica. Sin embargo, la Cuba que yo ví no fue la Cuba que él vivió. Es decir, que yo conocí la ruinosa Habana castrista y él la loca y salvaje que tan bien describió Guillermo Cabrera Infante en sus novelas. 

Ya no hay librerías cómo éstas. O viejo que se hace uno.

Saludos a este lado del ordenador.

El enigma B. Traven

Sábado, Diciembre 6th, 2008

El caso de B. Traven es uno de los más extraños de la literatura. Nadie sabe exactamente quién fue. De hecho, ¿existió realmente el escritor? De eso hay constancia porque dejó un puñado de novelas que engrandecieron el género de la aventura, pero son muchos los especialistas e investigadores que se rompen la cabeza intentando revelar quién estaba detrás de todas esas grandes creaciones literarias. Leed este interesante artículo que firma Barry Gifford, no tiene desperdicio. Lo importante, nos pese, no es ya saber quién fue Traven; tampoco porqué se escondió detrás de un pseudónimo y no quiso dar la cara, lo importante es el legado bibliográfico que le regaló al mundo. No sé si fruto de su experiencia (algo me dice que sí) o de su imaginación (algo me dice que no).

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La novela más conocida de Traven es El tesoro de Sierra Madre, que fue llevada al cine por John Huston con Humphrey Bogart como protagonista, en el que, personalmente, considero que es uno de los mejores papeles de su carrera como actor. La historia transcure en Méjico, y nos presenta a tres vagabundos norteamericanos perdidos en un país que les es hostil. Por los azares de la vida, estos tres personajes se trasladan a Sierra Madre en buca de oro, preciado metal que encuentran aunque son acosados por bandidos con un refinado sentido religioso, así como por el hambre y la sed. El tema central de la novela es, sin embargo, la codicia. Y finaliza (no voy a revelarles el final) como tiene que terminar cualquier aventura condenada al fracaso. Hay, no obstante, un elemento de redención en esta novela que se lee casi sin darte cuenta. El filme de Huston es extraordinario, pero su material literario es, si cabe, superior.

En mi búsqueda de Traven di años más tarde gracias a un especial del fanzine El Grito dedicado a Méjico con un relato del autor titulado Macario. Es una bonita historia fantástica, delicada y humana, y en la que la que aparece la muerte como protagonista. Inquietante presencia la de la muerte como personaje en la literatura. Es un ser molesto, quizá porque somos conscientes que para ella no existe la palabra compasión. Cuando da su llamado, vayas en primera clase o tercera en el vagón de la vida, te tocó turno. Y con ella no hay negociación. Incómoda compañera de viaje, la vieja.

La mejor novela de Traven, o esa historias que te deja tarumba porque te marcó al rojo es El barco de la muerte. Una novela que aparentemente parece marinera de las de toda la vida pero en la que, pese un hondo sentido existencial, se te clavan en el corazón superando cualquier tipo de coraza emocional. Tengo este título, al que cuidado como oro en paño, en una edición del Círculo de Lectores que compré hace años. Esos años en los que era joven y supongo que más feliz.

En mi biblioteca Traven también ocupa un lugar de honor su extraordinaria El puente en la selva, protagonizada una vez más por uno de esos personajes que yo llamo Traven cien por cien: un viajero desnaturalizado, sin patria y naturalmente sin una moneda en el bolsillo, que asiste a la irrupción de la muerte en una aldea perdida en la selva.

Hoy sigo buscando más títulos traducidos del escritor cuando visitó rastros y librerías de viejo, pero mis intentos han sido inútiles. Casi me siento como uno de sus personajes en mi enloquecida obsesión por seguir leyendo sus historias. Provoca adicción, y sobre todo al cerrar las tapas de sus libros, una sensación de que la aventura de verdad es la que te hace más fuerte.

Quién sabe, quizá encuentre mañana otra de sus novelas. Yo, en contra de sus antihéroes, soy de los que piensa que la esperanza es lo último que debe perderse.

¿Lanzamos el grito? Lancemos el grito quien sabe si por última vez: ¡¡¡NO AL CIERRE DEL CINE VÍCTOR!!! 

‘El salario del miedo’, qué título y qué novela

Sábado, Noviembre 22nd, 2008

No sé, pero me atrevo a decir que casi se ha convertido en un género dentro de la novela de aventuras. También del cine, que ha bebido insaciablemente de las fuentes literarias para en algunos casos dejar obras potentísimas (visual y narrativamente hablando) y en otras mediocres por no escribir algo peor. Ese subgénero que no sé si lo es, probablemente no lo sea, son todas aquellas historias que nos ubican en un rincón perdido del mundo donde algunos europeos de distinas nacionalidades han perdido cualquier noción de nación (el juego de palabras ha salido solo) para convertirse en apátridas y por lo tanto casi en almas en pena, que viven en un purgatorio existencial poblado de mosquitos y calor, mucho calor… porque en estos escenarios de los que hablo la acción transcurre en África o en Asia, también en América del Sur… países donde han ido a recalar estos vagamundos que han perdido cualquier contacto con la realidad. El gran Joseph Conrad dejó un buen puñado de novelas con estos personajes. Ahí está su fantástica El corazón de las tinieblas, con un Kurtz que ha perdido cualquier sentimiento civilizado para fusionarse con la selva, convertirse en un elemento más de ese horror, horror indescriptible en el que casi también naufraga Marlowe, el narrador de la historia. Graham Greene cuenta igualmente con títulos repletos de hombres a la deriva, no sé yo si víctimas de un exilio que en todo caso ha sido voluntario. Marginales en su país y marginales en esos territorios fronterizos tan hostiles al hombre civilizado. Algún día le diré al mundo lo feliz que me hizo Greene con novelas como El revés de la trama, El cónsul honorario, Los comediantes, Un caso acabado y El ameriano impasible. Dejo concientemente a un lado Nuestro hombre en La Habana porque si bien nos presenta a un civilizado ciudadano británico en la capital cubana no es, que digamos, la historia de un náufrago existencial sino la aventura cómica de un burgués civilizado que cae preso en la trama del servicio de espionaje de su graciosa majestad. Hay otros grandes narradores que como B. Traven, el autor de El tesoro de la Sierra Madre, quizá sea el modelo que más se acerca a lo que quiero intentar transmitirles. El retrato de una serie de hombres blancos que han tocado fondo en países que han tocado fondo por culpa de la dichosa civilización. Hombre encallecidos y duros, pero que bucan desesperadamente volver a ser niños como le decía el venerable anciano mexicano a William Holden en ese canto a los desesperados que es Grupo salvaje (qué película, por Dios, es de esas que no me canso de ver y de ver…).

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Pero en fin, no iba a hablarles ni de Conrad ni de Greene ni del gran B. Traven (a quien algún día le dedicaré un post Dios mediante), por citar sólo a tres grandes escritores de la aventura humana, sino de un francés, Georges Arnaud (Montpellier, 1917-Barcelona, 1987), un escritor con una biografía de cine: destacado activista de la resistencia francesa, fue acusado en 1945 del asesinato de su padre y de su tía, lo que le llevó a que pasara 19 meses en la cárcel hasta que finalmente fue absuelto. Defraudado con el sistema judicial francés, viaja a Sudamérica donde vivirá miserablemente aunque fue allí donde germinó la novela a la que hoy hacemos referencia: El salario del miedo.

La novela El salario del miedo (cuenta, que sepa, con dos adaptaciones cinematográficas, la de Henri-Georges Clouzot que aún me pone los pelos de punta, y la del cineasta norteamericano William Friedkin, un remake innecesario de la original que en España circuló con el nombre de Carga maldita) que fue considerada como una obra maestra por Manuel Vázquez Montalbán en el emocionado prólogo que le dedica en la edición de Debate, es la historia de un grupo de hombres sin nacionalidad en un país sudamericano (probablemente Guatemala) que transportan por las lamentables carreteras de ese país nitroglicerina al servicio de una compañía petrolífera extranjera que encarna el mal con todas sus letras. Y apunto lo de mal porque a la compañía le importa un pimiento la vida de sus trabajadores y sí la de que la carga llene a destino sana y salva. 

Arnaud ofrece una descripción de los personajes con lenguaje seco y directo, deja de lado florituras descriptivas para los escritores de verdad (ja) y compone una novela con mayúsculas en apenas un centenar de páginas. Cuando uno la lee tiene esa extraña sensación de que escritores así ya no se dan. Al menos en este lado del mundo, satisfecho y glotón, ahora miedoso por una crisis fantasma que amenaza que nos quedemos sin consumir como enfermos.

Brutal, auténtica, es de esas novelas que lees de un tirón y que no te da margen para el respiro. Lo único malo de verdad de El salario del miedo es que es tan corta que te quedan ganas de seguir en ese universo donde sólo hay perdedores a los que les une un mismo espíritu: nihilismo. ¿Qué van a perder? piensas mientras pasas las páginas y las devoras literalmente.

En fin, uno de esos grandes libros que me marcaron y sigue marcando en mi devenir existencial.

El salario del miedo, qué título, qué novela…

Y ¡¡¡NO AL CIERRE DEL CINE VÍCTOR!!!  

Una novela y una película que te hace ver el mundo de otro color en tiempos de crisis

Martes, Noviembre 4th, 2008

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La iniciativa fue buena aunque algo frustrante en su contenido. Me refiero a la venta de libros antiguos al precio simbólico de 1 o 2 euros en la Casa de la Cultura que propuso la Fundación Ataretaco hace unas semanas y a la que, como es natural, visité con el sano entusiamo con que visto todas las librerías y puestos donde venden libros viejos y usados.No encontré mucho, sin embargo, aunque vi títulos de cierto interés de Pierre Benoit, un escritor francés de novelitas de aventura que tiene su gracia. No estaba el título clave de Benoit, La Atlántida, ni su estupenda La castellana del Líbano, pero esas cosas pasan. De todas formas, agradezco muchísimo a Ataretaco haberme topado con uno de esos libros que llevaba años buscando, El paso del noroeste, de Kenneth Roberts, volumen generoso en páginas que si bien ha sido reeditado recientemente a un precio de crisis, por prohibitivo,  he logrado adquirir ahora en una edición de los años 40 sencillamente deliciosa.Sé que a muchos lectores les irrita, y es una costumbre que afortunadamente ya no se estila en nuestros traductores, pero me encanta leer una gran novela de aventuras (y esta lo es) donde se ha castellanizado los nombres de todos los personajes. Es decir, que donde originalmente es Oliver, en la versión española es Oliverio;y Richard, Ricardo; y Johny pues Juanito; y Elizabeth, Isabel, etc, etc… y esta traducción que tengo de El Paso del Noroeste es así. Otra cosa es cuando el escritor, para ponerse interesante, asigna incógnitas a sus personas, ya saben: “estaba el señor X… tomando un café cuando entró en el salón la señorita Y… con un revólver en la mano…” Algo odioso para este que les escribe que, insiste, detesta esos “misterios”. La primera vez que oí algo de El paso del noroeste fue gracias a la obra maestra que rodó KIng Vidor en 1940 sobre esta legendaria novela de aventuras. El filme está protagonizado por un gigantesco Spencer Tracy, en el papel del mayor Rogers, secundado por Robert Young, Walter Brennan (uno de esos actores secundarios que son más que secundarios, yo diría casi que protagonistas junto al actor protagonista) y Ruth Hussey, entre otros. La película fue la primera en color del director, que cuenta también con otro de esos western que marcaron mi vida: Duelo al sol, y es bastante fiel a la novela. Claro que a ello contribuyó que participará en la redacción del guión el propio novelista, Kenneth Roberts. Los puristas del western consideran El paso del noroeste un pre-western, o una película cuya acción se desarrolla en los años como colonia británica de los actuales Estados Unidos, en plena lucha contra franceses e indios por los territorios del noroeste. A este tipo de novelas y películas se adscriben también El último mohicano y Corazones indomables, entre otras muchas, y podríamos añadir al mismo saco todas las películas que se han rodado de la gloriosa guerra de independencia estadounidense. A mi, particularmente, este periodo histórico siempre me ha fascinado, ya que muestra el germen del nacimiento de una nación  (Robert Graves ofrece la mirada británica en sus dos estupendas novelas dedicadas al sargento Lamb) que se forjó no es las calles como sugiere Martin Scorsese en Gangs of New York, sino en sus villorrios y bosques…La América pionera y salvaje, para que nos entendamos, y que tan bien ha sabido explotar el cine (y la literatura y su pintura también) norteamericano.En este sentido, y para aficionados desgarrados y de verdad, El paso del noroeste de Vidor es un clásico, una obra maestra, una cinta redonda que se inspira en una novela igual de redonda, uno de esos libros que en tiempos de crisis te hace ver el mundo de otro color y de paso te transporta (y Vidor supo hacerlo la mar de bien en su película) a otros territorios, a geografías inexploradas e indómitas que al final son doblegadas por el carácter de un puñado de hombres que no le tienen miedo al futuro. Sólo por eso, por encontrar en una montaña de volúmenes con olor a viejo (que es el verdadero olor de los libros que se hacen llamar libros), le doy mi más humildes gracias a la Fundación Ataretaco, pero también al señor Roberts y al señor Vidor. Y no, no me olvido: ¡¡¡NO AL CIERRE DEL CINE VÍCTOR!!!

Cuidado con él: Iceberg Slim

Viernes, Octubre 17th, 2008

Conocí a Robert Beck (aka Iceberg Slim) tras leer un artículo firmado por James Ellroy. Ellroy no es un  escritor dado a reconocer el trabajo de otros, así que supuse que sí citaba a Slim, éste debía tratarse de un escritor duro. De esos que una vez lo lees te cortan el aliento.

El problema fue cuando busqué referencias del tan Iceberg en Internet, y digo problema porque fue allí donde me enteré que sí, había sido traducido al español, aunque en la mítica pero también desaparecida colección Contraseñas de la editorial Anagrama. Tuve la suerte, sin embargo, de conseguir esos dos títulos (Pimp, la historia de mi vida y Trick Baby) a través de un librero de confianza, aunque tardó su tiempo en rastrearlas y hacérmelas llegar.

La espera, no obstante, mereció la pena. Pimp y Trick Baby son dos novelas, amigos y enemigos, incómodas. Molestas, brutales. Iceberg Slim nos narra en Pimp un pedazo oscuro de su vida, la de un chico negro que se convierte en chulo con todas sus letras. El libro no hace concesiones, es un relato frío como un bloque de hielo sobre las andanzas de un tipo que explota a un grupo de mujeres en su propio beneficio y que se pone agresivo si su “ganado” le toma el pelo. Para nada conmovedor, os advierto que se trata de un demoledor (aunque penosamente traducido) manual a los infiernos de la marginalidad.

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Recuerdo que cuando pasaba las páginas de esta hipnótica historia me temblaban las manos. Y creedme si os digo que yo, que soy uno de esos ejemplares raros que suele llevar un libro a todas partes, me sentía violentado cuando alguien me pedía echarle una ojeada en la calle. Maldita sea, tenía la sensación que lo que transportaba bajo el brazo era la mismísima Biblia de Satanás. Lo que te cuenta estremece porque está narrado por un perfecto canalla. Eso sí, con un estilo resignado que aplasta; y lo que es más aplastante, con una indiferencia que te descoloca. No hay arrepentimiento ni moralina con sabor jdueocristianos. Slim parece decirnos que a él le tocó lo de ser un chulo, y que así son las cosas.

Por eso advierto que acercarse a su mundo poblado de estafadores de pacotilla, mujeres que se venden por nada y hombres que le sacan lo poco que tienen a base de tortas, da pánico. Y da pánico porque es auténtico. De ahí que sus libros se convirtieran en éxito de ventas en la comunidad afroamericana donde para muchos su autor es una especie de ídolo de la marginalidad y del submundo rapero y del hip hop. Entre ellos Ice T, cuyo nombre artístico rinde homenaje al aka de Beck, Iceberg Slim.

La segunda de sus novelas que cayó en mis manos, Trick Baby, no me resultó tan impactante como su recorrido biográfico por los barrios bajos de la gran ciudad. Tiene sus momentos, un prólogo interesante (donde el propio Beck nos cuenta la historia de su personaje tras compartir celda en la cárcel) pero su desarrollo resulta demasiado bestia. El protagonista de la novela, White Folks, es un negro con apariencia de blanco. Y queencima se parece al actor Errol Flynn, lo que lo convierte en objeto de deseo de mujeres blancas con furor uterino. Folks, sin embargo, siente devoción por su hermanastra, que está liada con una lesbiana. Wuaw, contado así parece el resumen de una mala película pornográfica, pero tiene su pulso, y sobre todo un soterrado odio a los blanquitos, hombres y mujeres que sienten las mismas pulsiones que los de su raza, nos viene a contar. El problema es que a pesar de este sentimiento no se plantea como otros escritores negros, asuntos como la emancipación porque Slim es un individualista en toda regla.

Leyendo sus libros uno se imagina a los protagonistas de sus historias (al parecer escribió siete libros inspirándose en su aventura existencial) como a los negros con trajes de terciopelo y cadenas de oro que hemos vistos en las películas de los años 70, sólo que ese personaje chillón no es un monigote dentro de un filme sino un perfecto hijo de ¿?, que tuvo en este escritor a su trovador más inspirado. Su clave, que iba directo al grano. También que no se cortaba un pelo. Ahí os dejo un botón de muestra de su retorcida filosofía: “Los mejores padrotes (chulos) que yo haya conocido, que son aquellos que pueden hacer veinte, quizá treinta años en la profesión, eran profundamente despiadados y brutales. Básicamente tenían un odio elemental hacia las mujeres.”

Iceber Slim falleció a los 73 años en 1992. Para entonces se había convertido en el escritor negro más leído de la historia pese a que nunca se tomó en serio como escritor. Era una manera cómoda de ganarse la vida, dijo.

Cuidado con él.

Un americano tranquilo: Frank Yerby

Viernes, Octubre 10th, 2008

Hubo un tiempo, antes de que irrumpieran las pasiones desatadas a lo rico también lloran de Harold Robbins, que dos de los grandes reyes de la novela comercial en España (con permiso de Vicky Baum) fueron dos escrtiores curiosamente con el mismo nombre pero curiosamente de distintas razas: Frank J. Slaughter y Frank Yerby. Estos dos autores, despreciados por la crítica y por lo tanto con una amplía legión de lectores tras sus espaldas, fueron publicados con sorprendente regularidad por una de las mejores colecciones de todos los tiempos en España, Reno de Plaza y Janés, por lo que hoy  me apetece comentar (a modo de humildísimo homenaje) las historias de Yerby.

Frank Yerby nació en los Estados Unidos y está considerado como el primer escritor afroamericano que llegó a la lista de los más vendidos. Murió en Madrid en 1991, y su desaparición conmovió el corazón de sus numerosos seguidores entre los que se encontraba el que esto les escribe.

Todavía recuerdo la primera novela que leí de Yerby. El capitán rebelde, ambientada en la Guerra de Secesión norteamericana que es un periodo histórico, perdónenme ustedes que lo diga, que me interesa bastante. El libro, editado en la colección de bolsillo de Reno lo conservo todavía y formaba parte de la extraordinaria biblioteca de mi padre, que fue un señor como deben de ser todos los señores: un hombre serio con un extraordinario y muy peculiar sentido del humor.

Lo primero que me llamó la atención de esta novela fue su portada, en vivos colores y en la que se muestra a un destacamento de hombres del ejército de la Unión. Una vez abierto el libro, me dejé sumergir en su aventura, en la que el protagonista además de desafiar el bloqueo de la Guerra vive tres relaciones amorosos de esas que sólo parecen que se vive en los grandes libros… ¿comerciales?

Más tarde, y por recomendación de un excelente amigo que hoy vive en el exilio, devoré La canción de la cabra: La guerra del Peloponeso, cuya acción, obviamente, transcurre en la Antigua Grecia, y que deslumbra por lo exquisitamente documentada que está, aunque resulte bastante moralina para los tiempos que corren. Yerby dejó además otras extraordinarias novelas como Mientras la ciudad duerme y La risa del diablo, que transcurre durante otro de esos periodos históricos que me llegan a los más hondo del alma: la Revolución Francesa, por lo que no es aventurado decir que fue un escritor de novelas históricas, aunque en contra de la novela histórica actual, más preocupado por sus personajes que por la época en la que se desarrolla la acción. Lo que es de agradecer, porque sus novelas cuentan casi siempre muy buenas historia independientemente de la época histórica en la que transcurran. Lo recomiendo, y sin sonrojos de ninguna clase, aunque insisto en lo de siempre, hoy resulta bastante raro, raro, raro encontrar algunas de estos títulos en las librerías porque se trata de uno de esos escritores a los que insólitamente ha enterrado el paso de los tiempos nmás por desidia que por otra cosa.

No es descabellado vaticinar que dentro de algunos años habrá algún editor inteligente (que alguno hay, de verdad) y se atreva a levantar la pesada losa que hoy ha enterrado su nombre al menos en España, con la intención de recuperarlo para otros miles de lectores que lo exigirán como lectura de evasión  para los tiempos que corren. Estoy prácticamente seguro, porque pasa siempre así con los mejores… Además, Yerby es de esos autores inclasificables, ajenos a escuelas y generaciones. Toda su vida profesional cosnitió en ser un hacedor de ficciones, de muy buenas ficciones, que para unos será un descubrimiento y para otros un feliz redescubrimiento. Quizá haya envejecido un tanto, vale, pero pongo a Dios por testigo que el resto, probablemente el 95 por ciento, continúa igual de novedoso que siempre. Y esa es la clave, la materia que hace que un escritor y su obra sea conocido (pasado el tiempo y superado los prejuicios) como todo un clásico.