Explorando el ‘Malpaís’ literario de Víctor Conde

Lunes, Enero 23rd, 2012

Tampoco me gustaría que me calificaran de escritor gafapasta. Por Dios, no, eso sería lo último. Siempre he pensado que en el infierno ese de Dante, el que está pulcramente organizado en circulitos, uno de los más profundos lo ocupan los artistas que van de divos y de relamidos, que se creen que su palabra es ley que con la ley se edifican catedrales. No, señores, a la mierda con los relamidos y con los que se expresan con polisílabos cuando van a un congreso, la literatura no va de eso. Ni de coñas. Ya lo descubrirán cuando se hagan viejos.”

 (Malpaís, Víctor Conde)

He necesitado no una sino dos lecturas para descubrir las claves que laten como dormidas en el fondo de Malpaís, la nueva novela del prolífico escritor tinerfeño Víctor Conde y en la que el autor se aparta de las geografías de la ciencia ficción y la fantasía para contarnos ahora su particular y peculiar proceso de creación literaria en una historia en la que se pueden detectar insólitas influencias borgianas y cortazianas.

Malpaís, cuya extensión apenas supera el centenar de páginas, se convierte así en un título desarmante para quienes siguen más o menos con atención el trabajo de un escritor que se mueve como pez en el agua en universos ajenos al nuestro, y quizá sea ésta, precisamente, la clave más interesante de un libro que puede llamar a la confusión ya que en Malpaís, y al modo de las muñecas rusas, se encuentran varios relatos que, como la piel de una cebolla hay que ir separando con meticulosa paciencia para obtener una visión de conjunto de un volumen cuyo mayor mérito es que está escrito por Conde para Víctor Conde.

Malpaís es así una especie de psicoanálisis en el que el escritor reflexiona sobre los mecanismos que han armado su proceso de creación y en un ejercicio literario cuanto menos sorprendente al intercalar cuentos y canciones que pertenecen a su pasado como narrador, fusionarlo con un relato lineal en el que su protagonista, Carlos, un escritor, termina conviviendo como espectador en una comuna de descreídos hippies que se hacen llamar los Bichos Despreocupados.

Estos Bichos Despreocupados quizá sea lo mejor de esta ¿novela? en la que Conde se desnuda sin pudor alguno para explicarnos qué es lo que él entiende como literatura y para contarnos qué es lo que entiende como proceso de creación y el arte de escribir. 

Malpaís no es, sin embargo, una novela de tesis ya que su autor deja muchas puertas abiertas para que el lector entre en cualquiera de ellas con el objetivo de que saque sus propias conclusiones, pero tiene un algo que la convierte en producto narrativo extraño. Una rareza experimental que de de manos de quien viene resulta sorprendente y muy arriesgada.

En este aspecto, las relecturas de Malpaís provocaron en mis ideas dos fenómenos contrapuestos:

La primera vez que la leí no entendí nada.

La segunda vez, comencé a intuir sus intenciones y a unir las piezas que en un principio había desechado porque consideré que se trataban de materiales que poco o nada contribuían a la ilógica –ahora entiendo que lógica–  de su discurso.

Malpaís es una obra inclasificable. Hermosa y poética a ratos, pero también caprichosamente gamberra con el lector habituado a otras novelas y cuentos de su autor. ¿Por qué escribimos gamberra? Porque Conde se ríe bastante de sí mismo, y al reírse de sí mismo se convierte en una especie de duendecillo travieso que desordena los materiales para confundir al lector.

En este libro, que hace el tercero de la prometedora colección G21 Narrativa Canaria Actual, el aficionado a las spaces operas de Conde se va a encontrar con un universo también alternativo aunque sus territorios no sean planetas desconocidos de lejanas galaxias sino la geografía de unas islas, Tenerife y Gran Canaria, que gracias a su imaginación se transforman en territorios mágicos.

El relato que Conde narra linealmente en los capítulos pares son así una deliciosa aventura con clave iniciática en la que un escritor llega a la conclusión que para alcanzar otra percepción no se tiene que tomar, necesariamente, sustancias psicotrópicas y como un gurú de nuestro tiempo, o como un miembro más de ese grupo que alcanza la otra conciencia aprendiendo a combinar la química que alimentan nuestro cerebro, tanto Carlos como Conde nos muestran que las puertas de las otras conciencias están en nuestra cabeza. Y que solo basta con despertar al chamán que todos llevamos dentro para darnos cuenta del inagotable pozo de fantasía visionaria con el que podríamos observar la realidad que nos rodea sin emplear para ello venenos.

Los capítulos impares son, por otro lado, piezas que aparentemente no tienen ningún tipo de conexión con el relato aunque son ejercicios literarios que Carlos/Conde ha liberado de archivos que permanecían ocultos en su, supongo, abarrotado computador.

Malpaís va a descolocar tanto a los seguidores de Conde como a los que se acerquen por primera vez al imaginario de este escritor que se ha hecho escritor con mayúsculas. Lo que es de agradecer, porque solo un escritor mayúsculo es capaz de contarnos, en el aparente desorden de su malpaís creativo, que él escribe porque se entretiene y se divierte escribiendo.

Y muchos de sus lectores, entre los que me encuentro, al explorar el malpaís literario de Víctor Conde nos entretenemos y divertimos leyendo sus historias.

(*) Malpaís se presente el jueves, 26 de enero, a las 18.30 horas en la sede la Mutua de Accidentes de Canarias.

 Saludos, de un Bicho Despreocupado, desde este lado del ordenador.

‘Stoner’, de la editorial tinerfeña Baile del Sol, entre los mejores libros 2011 del ‘ABC Cultural’

Martes, Diciembre 27th, 2011

El sábado pasado –24 de diciembre de 2011– el ABC Cultural, suplemento del periódico ABC, incluía en la lista que sus colaboradores han elaborado sobre lo mejor y los mejores de 2011 la novela Stoner del escritor norteamericano John Williams, publicada en castellano por la editorial tinerfeña Baile del Sol.

Stoner, traducida por Antonio Díaz Fernández, ya mereció en su momento críticas elogiosas. Entre otras, la del escritor Rodrigo Fresán, quien vuelve a recomendar en el ABC Cultural del sábado pasado esta novela.

Fresán escribe: “No es fácil elegir un solo título en lo que hace a la calidad y el genio; pero la empresa se simplifica si buscamos ese “algo más” que distingue y hace la diferencia. De ahí que, en tiempos en los que se habla tanto del futuro del libro (cuando en realidad se parlotea del libro del futuro, de efímeros artefactos en constante mutación) y se antepone envase a contenido, ilumina con luz propia esta novela clásica y única y más allá de modas y modelos y modales. Así, un autor poco conocido (el texano John Williams, 1922-1994), una pequeña editorial insular (Baile del Sol, Tenerife, y un título firme y duradero: Stoner.”

Otros de los doce títulos seleccionados por el ABC Cultural como lo mejor de este año son Libertad, de Jonathan Franzen; Los enamoramientos, de Javier Marías, Cuentos completos, de Evelyn Waugh y La muerte de Montaigne, de Jorge Edwards.

Saludos, esperando que alguien coja recorte, desde este lado del ordenador.

“Una mala hierba es una planta que no está en su lugar”

Domingo, Enero 30th, 2011

El ejercicio de releer una novela que te noqueó en su tiempo no está en mi caso asociado con la nostalgia. O al menos no es una actitud que me anime a volver sobre algo que ya tenía digerido en mi cabeza. Sin embargo me ha pasado estos días con El asesino dentro de mi, una de las obras claves de Jim Thompson, un narrador norteamericano caracterizado por un personalísimo mundo interior que aún sigue siendo observado con recelo por los aficionados a una literatura mayúscula y de minorías porque el señor Thompson cultivó un género popular como fue el de la novela policiaca.

Lo curioso del caso es que en este mi regreso a sus dominios, El asesino dentro de mi (colección Etiqueta negra, Ediciones Júcar, 1983) me ha sonado a nuevo. Y si bien admito que una de las razones que me empujaron a su relectura se debe al estreno (siempre con retraso porque aún no ha llegado a las pantallas de esta isla en la que habito) de la versión que Michael Winterbottom ha realizado con el nombre de El demonio bajo la piel, sumergirme una vez más en el libro, la novela, ha sido como volver a leerla por primera vez porque apenas recordaba elementos de la misma aunque capítulo sí, capítulo no, se me refrescara la memoria ante determinadas situaciones y momentos descritos.

Y pese a estos flash back, he seguido leyendo el relato porque su fuerza demoledora continuaba golpeando con la misma crueldad con la que me golpeó la primera vez que este título (cualquier título de Thompson) llegó a mis manos.

De hecho, ha sido tanto el estremecimiento, sentir ese demonio bajo la piel, que observo las novelas que tengo del gran Thompson en las estanterías de mi librería y preguntarme si no será una buena excusa volver a leerme toda la producción que tengo del escritor y renunciar a las novedades al ser consciente que, releyendo a este escritor, apuesto a caballo ganador.

Parto de la idea de que casi todos sus libros van a cogerme por el cogote y a que me cuestione ¿cómo demonios he dejado de lado a estas obras?  mientras continuo buscando como Shangri-La otros escritores que me hagan estremecer y reír (he aquí una de las cualidades y calidades de Thompson) sobre el chiste macabro que es la vida.

El asesino dentro de mi además de ser gran literatura es una obra de una metafísica arrolladora. Un título que indaga en el mal con una indiferencia que deja desconcertado. La narración, contada en primera pesona, es la historia de un ayudante del sherirff de una pequeña ciudad tejana con impulsos criminales.

 Thompson nos describe con una tranquilidad desquiciante cómo va liquidando a los que le rodean con resignada fatalidad. Y a medida que se estrecha el cerco sobre el protagonista que tú, lector, te sientas incómodamente de su lado, de ese loco con tal peculiar y cínica visión del bien y del mal.

Es un título de una honestidad aplastante y por lo tanto recomendable para todas aquellas personas a las que les guste disfrutar de un buen libro. Ahora bien, cabe advertir que su lectura no es apta para corazones sensibles. Thompson escribe con una crudeza que ya no se estila, y no se muestra en ningún momento a favor ni en contra de su personaje protagonista. Deja que sea el lector quien juzgue.

Leyendo otra vez El asesino dentro de mi choco con una frase de la novela que dejé subrayada en su día: “una mala hierba es una planta que no está en su lugar.” Inquietante reflexión que me hace pensar que este podría ser un buen epitafio para este maldito, desesperado y gigantesco narrador norteamericana de todos los tiempos.

De todos, ojo, los tiempos.  

Saludos, acompañado de Lou Ford, desde este lado del ordenador.

Vargas Llosa, una reflexión desordenada

Jueves, Octubre 7th, 2010

Mi afición a leer comenzó gracias al descubrimiento de la mejor novela de aventuras de todos los tiempos, La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson. Más tarde me inicié en otros territorios literarios pero la mayoría de los escritores que llegaban a mis manos eran anglosajones y franceses, lo que condicionó de alguna manera mi acercamiento a otras geografías de la novela y los cuentos. A medida que fui creciendo, cambié en muchas ocasiones de compañeros de juergas lectoras. Ora devorando a los rusos, ora devorando a los alemanes, ora devorando cualquier cosa que me garantizara un refugio ante la hostil realidad que me rodeaba.

En todo ese tiempo, sin embargo, admito que siempre vi con vacilante recelo la euforia que se produjo durante unos años en torno a la literatura hispanoamericana porque nunca he sido demasiado amigo de las modas. Ahora bien, que un escritor se convierta de moda no me obliga necesariamente a que lo exilie en mi peculiar bolsa de valores.

Contaba todo esto porque mi aproximación al boom latinoamericano llegó muchos años después de que sus efectos nocivos para la salud hubieran sido dispersados por el viento que todo lo arrastra. No llegaron sin embargo a conmoverme. Bueno, unos pocos de aquellos autores forman parte de mi particular santa sactorum como Jorge Luis Borges, a quien nunca consideré estrictamente un escritor sudamericano porque su obra trasciende fronteras, y Julio Cortázar, más por sus cuentos que por sus novelas, porque este argentino con pinta de actor existencialista era además de un excelente cuentista un gran aficionado al jazz. Y a uno de sus dioses: Charlie Parker.

Leí Cien años de soledad de Gabriel García Márquez por recomendación de un amigo que no prestaba libros. Y el hecho de que me prestara precisamente a mi Cien años de soledad fue un gesto que me desarmó por completo. Y claro que me gustó la novela del escritor colombiano pero tras leer otras ficciones suyas prefiero al Márquez articulista y periodista. Más tarde llegó Juan Rulfo y su Pedro Páramo y Mario Vargas Llosa, entre otros muchos latinoamericanos en esta relación donde he mezclado a unos y a otros con independencia fueran boom o pre boom o post boom. Y es que como dijo un amigo: ¡Salvemos al puchero!

Vargas Llosa, por si no lo sabían, ha obtenido el premio Nobel de Literatura. Felicidades, viejo.

En la larga nómina de escritores sudamericanos siempre me dio por gustarme los que consideraba raros. Y Borges quizá sea uno de los más raros aunque, reitero, no sea sudamericano sino universal. A mí hay un escritor uruguayo que me seduce llamado Horacio Quiroga del que poca gente se acuerda hoy. El señor Quiroga es autor de uno de los mejores relatos fantásticos que he leído en mi ya largo historial como lector del género: El almohadón de plumas.

Háganse un favor y léanlo.

En los últimos tiempos y gracias a que he tenido la oportunidad de conocerlos me ha dado por continuar leyendo a escritores de la América hispana encontrando una literatura potente y en ocasiones estremecedora. Desgraciadamente, la mayoría de estos escritores no llegan al mercado español ni los españoles al mercado latinoamericano por esa absurda decisión editorial que pone coto a que circulen una y otras obras a este y al otro lado del Atlántico. No sé si se romperá algún día esta maldición.

Hay una interesante nómina de escritores cubanos, comenzando por el agitador Pedro Juan Gutiérrez y continuando por los policíacos Leonardo Padura, Amir Valle o Lorenzo Lunar. Peruanos, con Alonso Cueto, Jorge Eduardo Benavides y Santiago Rocangliolo. Y colombianos como el excelente Mario Mendoza. O los mexicanos Jorge Moch, Élmer Mendoza, Yuri Herrara o Francisco Haghenbeck, por citar sólo los que se me vienen a la cabeza. Hay más escritores desparramados por el continente, entre ellos el argentino Ricard Piglia o el chileno Roberto Bolaño pero este post no pretende ser exhaustivo sino celebrar –a mi peculiar y desordenado modo– que Mario Vargas Llosa se haya hecho con el Nobel de Literatura.

Un premio que si bien podría ponerse en cuarentena sirve la mayor parte de las veces para descubrir autores que por una u otra razón permanecían olvidados como es el caso del gigantesco Isaac Bashevis Singer.

 De Llosa he leído, creo, las novelas que debía leer: Los jefes, Los cachorros, La ciudad y los perros, La fiesta del chivo y Pantaleón y las visitadoras si no creo recordar mal. Sin embargo, me pasa lo mismo que con Gabriel García Márquez, prefiero más al Vargas Llosa periodista que al escritor de inquietantes ficciones. Su legión de seguidores me gritará que me estoy perdiendo lo mejor del escritor pero así son las cosas en mi tontorrona y desordenada cabeza.

No obstante, y porque debía hacerme eco del Nobel, espero que estas confesión apresurada sirva para sumarme al extraordinario alborozo que significa para las letras hispanas que uno de los nuestros se haya hecho con el galardón que lleva el apellido del inventor de la dinamita.

Saludos, mirando el calendario, desde este lado del ordenador.

‘Alacrán enamorado’

Jueves, Septiembre 2nd, 2010

Algunos dirán que a Carlos Bardem le ahoga el apellido. Esgrimirán que su hermano Javier es mucho Javier. Javier es un actor de éxito, reconocido internacionalmente, y encima casado con la chica de sus ojos, Penélope Cruz, con la que coincidió en los inicios de su carrera en esa extraña película que explota las bajas pasiones humanas con metáforas culinarias de claro sabor celtibérico como es Jamón, jamón, del inclasificable Bigas Luna.

Sin conocer a Carlos Bardem, imagino que al actor y ahora también escritor, debe pensar que la sombra alargada de su hermano sólo contribuye a dignificar a un clan, el de los Bardem, que a su manera podría ser algo así como el de los Barrymore pero en versión española y, afortunadamente, sin ese signo trágico tan shakesperiano que caracteriza a tan noble familia hollywodiense.

Las películas en la que he visto a Carlos Bardem como protagonista (entre ellas el cortometraje Por dinero negro del tinerfeño Jaime Falero) me lo creo. Como actor sin demasiados registros es de esos que llenan pantalla, que obligan a que desvíes la atención del protagonista para que te fijes en el que hace el papel de secundario. No sé si será por su presencia física. O ese rostro que parece tallada a hachazos. Con esto quiero decir que impone el personaje.

No quería escribir de Carlos Bardem como actor, sin embargo. Sino del Carlos Bardem escritor. En la Semana Negra de Gijón adquirí Alacrán enamorado no porque estuviera escrita por él, sino por el título y el resumen de la historia que ofrecía la contraportada. Ahora bien, y una vez digerida la ficción, viene la pregunta: ¿supo envenenarme las entrañas? Pues a ratos.

Puede que fuera por su extensión.

Alacrán enamorado tiene un excelente arranque, un meridano nudo y un desenlace me temo que previsible. Aunque habrá lectores a los que sorprenda. Bardem sabe, no obstante, describir muy bien los ambientes que retrata pero le falla el fuelle en cuanto a solidez de sus personajes. Estas carencias son, a mi juicio, las que provocaron que no me metiera a fondo en las dobleces de su novela. Que no la notara de menos cuando dejaba descansar el libro, lo que no me pasa cuando un título absorbe mis neuronas y siento la necesidad de leerlo y leerlo mientras el tiempo pasa.

De todas formas creo que se trata de un trabajo muy digno, eficaz cuando penetra en la jungla de las tribus urbanas pero, reitero, excesivamente largo. Y un poco leeento. No obstante, es una más que potable carta de presentación como autor. Y uno de esos narradores sobre los que hay estar al tanto porque, si sabe desprenderse de sus taras, es más que probable que sorprenda con futuros trabajos literarios.

Saludos, hoy como lector adicto, desde este lado del ordenador.

¡Qué cosas!

Martes, Junio 29th, 2010

ALEGRÍA, ALEGRÍA, ALEGRÍA…

Ustedes perdonen que insista ya que no me canso de escribir sobre el asunto, pero fue leer el artículo que publica hoy el periódico El Día y sentir una de esas pequeñas alegrías que de tanto en tanto sacuden mi maltrecho corazón en unos días donde no sobra ni el vino ni las rosas.

El antiguo cine Víctor de la capital tinerfeña reabrirá probablemente sus puertas en septiembre gracias a un acuerdo que ha suscrito su propietario con un grupo de empresarios que pretende habilitar la señorial sala para teatro, conciertos, danza, exposiciones y espectáculos infantiles, entra otras actividades. No se habla, paradójicamente, de proyecciones cinematográficas o de aprovechar su reapertura para que el Gobierno de Canarias estrene con alfombra roja sus descacharrantes producciones audiovisuales pero tiempo al tiempo… que igual suena la campana…

Tras el polémico abandono del apoyo que recibía del Cabildo de Tenerife por las razones que ya todos sabemos: ¡la crisis!, el Víctor parece que renace ahora con la intención –es un suponer– de animar el cotarro cultural de la capitá, muy concentrado en TEA y La Noria últimamente, y de paso recuperar lo que antaño fue el centro santacrucero, hoy transformado en inquietante tierra de nadie.

A la espera del proyecto que gestarán los responsables de la denominada Asociación para el Desarrollo de la Inteligencia Múltiple, confieso no obstante mi estupor y también cierta admiración por los miembros de este colectivo al ser capaces de poner en marcha lo que otros intentaron perpetrar en el pasado con resultados frustrantes.

El valor añadido es que, según informa El Día, la cosa va en serio. O sea que no es un canto de sirenas como los que sonaron en el pasado. Y ello multiplica mis expectativas y reconocimiento hacia una gente capaz de reabrir el antiguo cine aunque reconvertido en otra cosa porque igual agita colateralmente a ese pedazo de Rambla que hoy parece destinada a agradable paseo de la tercera edad.

Bien es verdad que la oferta inaugural que se anuncia en los exteriores de la sala no ha despertado mi entusiasmo, pero tal y como están las cosas no deja de sorprenderme que esta gente no tiemble ante lo que significa la palabra riesgo.

Así que desde esta apartada orilla les deseo lo mejor.

UN RETRATO DEMOLEDOR

El digitaldecanarias.net recupera una semblanza que el escritor José Manuel Caballero Bonald escribe sobre el poeta canario Luis Feria en su libro La novela de la memoria. Les invito a que se la lean… y a que se queden con este singular párrafo: “Un día, de pronto, se fue Luis Feria a Tenerife y ya no volvió más por Madrid. Me telefoneaba de vez en cuando y prorrumpía en una interminable retahíla de protestas contra la sociedad insular y los burócratas peninsulares de la literatura, reiterando los graves inconvenientes con que contaba para la convivencia. Una cuña de histerismo también se incorporó a su carácter. Enemistado con todos sus paisanos, exceptuando quizá a Domingo Pérez Minik o Fernando Delgado, vegetaba y casi abdicaba de la vida en su encierro de misántropo”.

Da que pensar.

AQUELLOS ARTISTAS SÍ QUE SABÍAN MONTÁRSELO

TEA Tenerife Espacio de las Artes acoge este miércoles, 30 de junio, a partir de las 20 horas, la conferencia titulada Venus en el burdel: imágenes de la prostituta en el arte, en la que la responsable del Departamento de Exposiciones Temporales de TEA, Yolanda Peralta, ahondará las diferentes maneras en las que el mundo de la creación ha representado a las meretrices. Esta conferencia, que forma parte del programa de actividades paralelas de la exposición Picasso y la escultura africana. Los orígenes de Las Señoritas de Avignon -muestra que puede visitarse en este centro de arte contemporáneo del Cabildo de Tenerife hasta el 22 de agosto- será de entrada libre hasta completar el aforo del Salón de Actos.

Ahora la pregunta: ¿dejarán entrar a los menores de 18 años? Ya saben, por lo que aconteció con la exposición del desmadrado (a sus años, caballero) Juan Hidalgo en el mismo TEA.

Y UNA TONIFICANTE REFLEXIÓN SOBRE LA LITERATURA

Contando los días para asistir a la XXIII Semana Negra de Gijón, transcribo a continuación las palabras que su director, el escritor asturmexicano Paco Ignacio Taibo II,  pronunció en la rueda de prensa que este lunes, 27 de junio, se celebró en Madrid para dar a conocer los contenidos de esta edición. Taibo II señaló que la Semana Negra se presenta este año con la vocación de “hacer bueno el concepto de que la literatura, la oferta cultural, gratuita, variada, crítica y abundante, es el gran balón de oxígeno de una sociedad que tiene que apretarse el cinturón”; por ello,  significó que se había aumentado  “el número de autores presentes en el festival, la cantidad de mesas redondas, charlas, tertulias; que aumentáramos en cinco el número de librerías en nuestra feria del libro, que se sostuviera la calidad de los conciertos”.

En cuanto al carácter literario del festival resaltó que “en tiempos oscuros la literatura parece ser el único lugar donde se produce pensamiento crítico y pensamiento utópico. Donde fracasa la geografía. la novela descubre paisajes, nuevas fronteras, atmósferas urbanas; donde la ciencia política da nombres y cifras, la novela descubre nuevas clases sociales, cuenta sus vivencias cotidianas, las explica; donde la economía aparentemente analiza (todo el mundo sabe que los economistas, por una cuestión de principios, mienten) la novela cuenta lo que significa un despido, la reducción de un salario, una hambruna; donde la información genera ruido mediático la novela crea planos narrativos, profundidad, subjetividad, visión de conjunto. Donde las ciencias sociales tradicionales ignoran, la novela inventa la Atlántida. El mundo es complejo, se ha vuelto más complejo, la novela es capaz de enfrentarlo”.

Y yo, desde este modestito El Escobillón, le digo olé, olé y olé.

Saludos, juro sobre la Biblia que sin haber visto el partido de España-Portugal, desde este lado del ordenador.