Santa Cruz de Tenerife, día de un año…

Domingo, Abril 1st, 2012

Las librerías continúan siendo espacios donde poder perder el tiempo y, últimamente, escandalizarnos por el precio prohibitivo de los libros.

Repaso las novedades, ojeo por encima cualquier ejemplar que me resulte atractivo y, tras observar su precio en esos detectores electrónicos que han sustituido –imagino que por economía–  a la clásica pegatina que en el pasado ejercía la misma función en la contraportada, volver a dejarlo discretamente en el estante o sobre la mesa para continuación salir con las manos vacías mientras atravieso una puerta vigilada por el detector que algunas librerías han instalado en esta ciudad en la que habito como si me invitaran a pensar que todo el mundo no es inocente hasta que alguien o algo –en este caso el temible detector–  así lo compruebe.

Afortunadamente, quedan librerías en este territorio cada día un poco más pobre donde aún no han tenido la molestia de colocar uno de estos arcos y en los que el librero más que vigilar, se sienta cómodamente con un libro entre las manos mientras los lectores afortunados y frustrados paseamos por sus instalaciones como quien pasea por el parque.

Es decir, mirando libros como si se miraran árboles y flores; y encontrándose, rara vez, la verdad sea dicha, con algún que otro conocido con el que compartir la misma afición por los libros.

La semana pasada, alguien a quien respeto y por lo tanto estimo, me preguntó de dónde sacaba el tiempo para leer tanto. No recuerdo exactamente qué le contesté, aunque creo recordar que algo así como que ahora disfruto de demasiado tiempo libre como para volverme loco. Y que lo único que me calma la locura es, precisamente, leer libros.

Admito, de todas formas, que últimamente se me hace más cuesta arriba terminarlos… Quizá porque tengo la mala costumbre de simultanear la lectura de varios a las vez, títulos que por otra parte apenas me dicen nada salvo la de entretener mi desocupada cabeza triturando esas ideas que nos asaltan a todos cuando negras tormentas nos impiden ver… Pero, como escribía, me permiten escapar, dar como las últimas boqueadas del pez que ha sido pescado y da saltos en tierra antes de morir por asfixia o por un golpe en la cabeza. Un golpe duro y terrible. De esos que agradeces porque pone fin a una existencia sin que tengas tiempo de percatarte de la sombra ominosa que se avecinaba.

Zas y se acabó.

Fundido a negro.

El caso es que me encuentro el sábado por la mañana con un viejo y apreciado conocido en una de esas librerías que afortunadamente todavía quedan en la capital tinerfeña sin detectores contra cacos, y nos ponemos a hablar de libros. A recomendarnos novelas policíacas e históricas, e historietas y a revelarnos también los próximos títulos que un día de estos se distribuirán por el mercado.

Mi amigo me cuenta que ha descubierto al escritor uruguayo afincado en Cuba, Daniel Chavarría, a quien entrevisté en la noche de los tiempos. También, que uno de los últimos trabajo del escritor hispano-mejicano, Paco Ignacio Taibo II, El Álamo, se trata de una historia en la que su autor desmota el aura de leyenda que aún rodea a esta vieja misión española situada en San Antonio de Béjar, enclave al parecer fundado por canarios y que durante seis días los secesionistas tejanos defendieron antes de caer en manos de las tropas mejicanas.

Huelga decir que quien les escribe ama El Álamo (1960), la película de John Wayne.

Huelga decir que quien les escribe detesta El Álamo (2004), la película de John Lee Hancock.

El librero que hasta ese momento permanecía con la vista fija en un libro nos anuncia, adivinando por los derroteros que estamos llevando en nuestra entusiástica charla de novedades, que Phillip Kerr ha publicado en Gran Bretaña la última entrega de la serie Bernie Gunther, Prague Fatale, donde su protagonista se tropieza con el siniestro Reinhard Heydrich, personaje que monopoliza esa curiosa novela y ensayo que es HHhH, de Laurent Binet.

Continuamos hablando. Hablando de libros sin profundo calado intelectual, de libros que nacieron para ser sencillamente devorados por sus lectores. Puestas así las cosas resulta inevitable que mencione a Bernard Cornwell y el primer libro que abre la teatralogía que el creador de Richard Sharpe, dedica a Nathaniel Starbuck en plena Guerra de Secesión con el título de Rebelde; y de las aventuras que el escritor Saul David está dedicando a Hart, y que se desarrollan en los tiempos en los que La India seguía siendo la joya de la corona del imperio británico.

No, no he leído aún a David.- respondo.- ¿Recuerda a Harry Flashman de George McDonald Fraser?

Por lo que me cuenta mi amigo no.

No porque las historias de Hart no están escritas ni con la guasa ni las ganas de desmitificar de Fraser.

Mencionamos a Caleb Carr, Simon Scarrow y también a los españoles Arturo Pérez Reverte, José Luis Corral e Ignacio del Valle. No he leído nada de Reverte salvo sus en ocasiones interesantes artículos en prensa, pero me llama El asedio porque la acción se desarrolla en Cádiz y Cádiz es una capital de provincias con la que guardo una enternecedora devoción por vínculos familiares.

No sé cuanto tiempo llevamos charlando. Pero toca despedirse.

Salgo a la calle, la luz el sol me da su primer mordisco y enfilo a la mansión. Y mientras avanzo un paso y otro, recuerdo a un amigo que ya no está entre nosotros que sentía devoción por Tintín y las aventuras de mar y de guerra firmadas por Patrick O’Brian.

Me detengo a la altura de la plaza de La Paz.

Y hago un gesto con la mano que parece sacado de un viejo ritual masónico.

“Va por usted”.- digo cruzando la calle.

Saludos, recibo una llamada perdida, desde este lado del ordenador.

Para apuntar en la agenda…

Martes, Marzo 27th, 2012

NO DEJEN DE IR

La segunda sesión del foro Enciende La Tierra convertirá el Espacio Cultural de CajaCanarias, en Santa Cruz de Tenerife, en un espacio de pensamiento y diálogo que invitará a la sociedad a reflexionar sobre la primavera árabe. Sami Naïr y Dima Khatib debatirán este martes, 27 de marzo, sobre lo que supuso este despertar social, a partir de las 20 horas. Este debate, con entrada gratuita hasta completar aforo, estará moderado por Lourdes Santana, directora regional de Cadena Ser en Canarias.

CORTO CANARIO EN TEA

Tenerife Espacio de las Artes acoge este miércoles, a las 20.30 horas, el estreno del cortometraje Veneno, un trabajo dirigido por Jonay García (Santa Cruz de Tenerife, 1979), producido por Digital 104. Veneno está escrito por Eugenia Arteaga y lo protagonizan Aida Folch y Pepo Oliva. La película propone una interpretación “peculiar en el género fantástico”, al contar la historia de una joven que sufre una extraña enfermedad que convierte su sangre en veneno. La entrada para ver esta cinta, de 24 minutos de duración, es libre hasta completar el aforo del Salón de Actos y previa retirada de las invitaciones en la taquilla del centro. El filme, en el que también intervienen los actores Severiano García, Juancho Aguiar, Armando Jerez y Gustavo Rodríguez, se rodó en agosto de 2011 en la Residencia Universitaria Parque de las Islas de la Universidad de La Laguna.

NUEVO LIBRO DE CECILIA DOMÍNGUEZ LUIS

El Hotel Nivaria, en La Laguna, será escenario también este miércoles, 28 de marzo, de la presentación de Los niños de la lata de tomate, de la escritora tinerfeña Cecilia Domínguez Luis. El acto, que comenzará a las 18.30 horas, lo introducirá el escritor Pablo Martín Carbajal.

ARONA NEGRA, EN MAYO

El Patronato de Cultura del Ayuntamiento de Arona prepara la sexta edición de la Novela Negra de Arona, que se desarrollará del 9 al 11 de mayo en este municipio del sur de Tenerife. El año pasado, entre otros invitados, participaron en sus jornadas el escritor Lorenzo Silva y el librero Paco Camarasa, responsable de la librería Negra y Criminal en Barcelona, toda una institución para los amantes del género.

Y EL VIERNES…

Ediciones Aguere y Ediciones Idea acaban de publicar –dentro de su colección Fantasía y Ciencia Ficción– Aislados, la nueva novela de Félix Díaz. Esta obra se presenta el viernes, 30 de marzo, a las 19.30 horas, en el Ateneo Miraflores de Santa Cruz de Tenerife, radicado en la calle Miraflores, nº 3. En el acto, intervendrá, junto al autor, el director de Ediciones Aguere, Ánghel Morales García y el escritor y abogado, Javier Hernández Velázquez.

¡Quiero la cabeza de Viera y Clavijo!

Sábado, Marzo 24th, 2012

I.- ANTECEDENTES

El próximo año se conmemora el bicentenario del nacimiento de José de Viera y Clavijo, un personaje singular de la historia de Canarias no solo por encarnar en su figura las ideas de la Ilustración en un archipiélago que siempre se ha caracterizado por estar poblado de iletrados, sino también por una interesante obra literaria en la que, entre otros, legó libros como sus Noticias de la Historia General de las islas Canarias. Un texto discutido y discutible pero canónico para un archipiélago que vive al revés.

Un busto de medio cuerpo de Viera y Clavijo, personaje que se codeó en los salones de la capital francesa con algunas de las grandes inteligencias de su tiempo, ciencia que más o menos digerida se trajo de regreso a Canarias, adornaba hasta ahora el patio de los cipreses del Parque Cultural que lleva su nombre en Santa Cruz de Tenerife, pulmón verde que permanece cerrado en esta capital de provincias desde hace ya demasiados años porque no hay dinero –dicen–  para adecentarlo y recuperarlo para una ciudad que, como cantara aquel trovador de pelo rojo, muere en soledad.

El abandono y la desidia de los responsables municipales han hecho que lo que antaño fue un bonito parque ubicado en pleno centro de la capital tinerfeña se haya transformado hoy en una especie de paraíso para todo tipo de alimañas. También en una zona de guerra en la que parece que el tiempo ha vuelto hacia atrás de manera loca y veloz arruinando su humilde belleza.

La noticia que me anima a fabular este post es que, a un año de la celebración del bicentenario del nacimiento del pensador ilustrado canario, varios de los miembros de la Plataforma Parque Cultural  Viera y Clavijo han descubierto sin cabeza el busto de ese hombre que se codeó con Voltaire y d’Alembert.

Así que háganse una idea: Alguien ha decapitado a Viera y Clavijo.

“Hemos buscado la cabeza por los jardines pero no la hemos podido encontrar para reparar el busto”, dice la presidenta de la Plataforma del Parque Cultural Viera y Clavijo, Ana Mendoza, en declaraciones a La Opinión de Tenerife.

II.- ¿PEPE?

SECRETARIA: Arcarde, arcarde, que me dicen que han decapitado la estatua der Viera y Clavijo.

JOSÉ MANUEL BERMÚDEZ: ¿Ar Pepe? Julio… Julio, ¿tú sabías algo?

JULIO PÉREZ: ¿Der Pepe?

JOSÉ MANUEL BERMÚDEZ: De ese mismo.

JULIO PÉREZ: ¡¡¡Yo no tengo nada que ver con eso!!!

JOSÉ MANUEL BERMÚDEZ: Así, que quede entre nosotros, ¿es tan importante er Pepe?

JULIO PÉREZ: Para los del PP, probable….

JOSÉ MANUEL BERMÚDEZ: Jejeje.

JULIO PÉREZ: Has cogido el chiste, ¿verdad, Pepe Manuel?

JOSÉ MANUEL BERMÚDEZ: Jejeje.   

JULIO PÉREZ: Jejeje.

JOSÉ MANUEL BERMÚDEZ: En mayo viene Marilyn Manson.

JULIO PÉREZ: Debe ser masón.

JOSÉ MANUEL BERMÚDEZ: Jejeje.

JULIO PÉREZ (repentinamente rabioso): Se acabaron las bromas. ¡Quiero la cabeza de Viera y Clavijo!

III.- LA INVESTIGACIÓN 

La agente de la policía local, Guacimara, examina el busto cercenado de Viera y Clavijo. Su ayudante, Bentor, hace que toma apuntes.

GUACIMARA: Tome nota, Bentor. Son las dos de la madrugada, aunque con el cambio de hora son ahora, exactamente, las tres de la mañana. ¿Ha tomado nota?

BENTOR: Sí, mi capitana.

GUACIMARA (satisfecha): Muy bien. La idea es escondernos entre las sombras esta noche que no hay luna porque el asesino, Bentor, el asesino siempre regresa al lugar del crimen…

BENTOR: Mi capitana, dicen que de noche se oyen extraños alaridos en este parque.

GUACIMARA: Serán las ratas. Y las cucarachas que no me jarto de aplastar con las botas de reglamento.

BENTOR: No, mi capitana, dicen que se escucha un tenebroso alarido desde que le arrancaron la cabeza a la estatua esa.

GUACIMARA: Infundios de los monárquicos. No haga caso. Venga conmigo y ocultémonos en ese matorral.

BENTOR (asustado): Lo que usté diga mi capitana.

Se ocultan en el salvaje matorral. De fondo, el ruido del escaso tráfico que sube por la avenida de San Sebastián y que pasa por las Ramblas.

BENTOR (más relajado): Qué bien huele usté, mi capitana.

GUACIMARA (dura y fría como el acero): Cállese.

Silencio. Solo roto por el corretear de los roedores y el aleteo de las salemas.

Uhhhhhhh, suena de pronto.

Bentor se aferra a los brazos de Guacimara.

Ahhhhhhh.

Guacimara sale de los matorrales apuntando su revólver.

GUACIMARA: Alto, deténgase. Queda usté detenido.

Uhhhhhh.

BENTOR: Mi capitana… Mi capitana…. ¡No tiene cabeza!

Una forma fluorescente agitada por la brisa del viento baila en torno al busto decapitado de José de Viera y Clavijo.

Resuena como un trueno un disparo. El olor de la pólvora queda flotando en el aire.

Ahhhhhhh, parece que exclama la forma fluorescente, que de repente se agita y se lanza directamente contra Guacimara que descarga el cargador de su arma contra el…

BENTOR: ¡Fantasma!

IV.- EN CANARIAS EMPIEZA A AMANECER

Los rayos del sol rompen poco a poco la oscuridad que se cierne sobre la capital de provincias. Se escucha un largo y estremecedor lamento desde el Parque Cultural Viera y Clavijo.

Es tanta su tristeza, que policías locales y de la nacional, también bomberos y una ambulancia, han aparcado en sus inmediaciones ante la alerta de los vecinos.

Alguien pide llamar al alcalde o, en su defecto al teniente del alcalde. Se hace caso a la petición pero resulta un sonoro fracaso. Ninguno coge el móvil.

Los lamentos que suenan del interior del parque abandonado son cada vez más preocupantes.

UN POLICÍA NACIONAL: ¡Entremos, cojones!

Un grupo de agentes de ambos sexos se despliega con las armas en la mano por el parque abandonado. Los pájaros que anidan en la copa de los árboles, que se acaban de despertar, comienzan a cantar caóticamente.

Los policías locales y nacionales llegan hasta la plaza de los cipreses, árboles que ahora parecen esqueletos siniestros que apuntan al firmamento.

Casi todos bajan los ojos. Más de uno vomita sobre el suelo repleto de inmundicias.

Sobre el busto cercenado de Viera y Clavijo descansa la cabeza de la agente Guacimara.

En las faldas de la estatua, Bentor, con mirada de loco ha escrito en sangre algo así como Historia Natural de las Islas Canarias.

V.- ¿Y…?

JULIO PÉREZ (dando un golpe sobre la mesa): ¡Quiero la cabeza de Viera y Clavijo!

JOSÉ MANUEL BERMÚDEZ: Jejeje., deja las bromas y vamos a centrarnos en la tómbola del PGO... 

Saludos, ¡miedo y asco, qué cruz, en Santa Cruz!, desde este lado del ordenador.

Travis Bickle se llama Marlou Diesel

Domingo, Marzo 18th, 2012

Uno conduce toda la noche, y como dice Sullivan, “es otro mundo.” El único del turno que lleva a los yonquis a comprar caballo a La Cuesta  Piedra soy yo. Los demás dicen que no llevan a esa gente porque no pagan. A mi siempre me pagan hasta la espera. En realidad no los llevan porque les tienen miedo, miedo a ellos y a ciertos barrios de la ciudad a ciertas horas. Sé de muchos que se dejarían matar antes que llevar a alguien al Cuarto Distrito.”

(De la luz verde del Pájaro Azul, Retrato de Marlou Diesel, Marcelino R. Marichal)

En la película Taxi Driver dirigida por Martin Scorsese y escrita por Paul Schrader se cuenta la vida un taxista llamado Travis Bickle (Robert De Niro) que recorre como un alma en pena las calles de la ciudad de Nueva York mientras los pasajeros que transporta le cuentan sus penas y en ocasiones incluso desnudan su alma. Película que para quien les escribe continúa siendo junto a Toro salvaje la obra maestra de un cineasta que también tocó el cielo con Uno de los nuestros y Casino, Taxi Driver es un poema urbano sobre la soledad con un protagonista, un taxista ex veterano de Vietnam y algo tarado, que busca su lugar en el mundo.

El filme, al que el paso del tiempo ha convertido en un clásico, no ha generado sin embargo títulos que intentaran ver el mundo desde el punto de vista de quien conduce noche y día escuchando los lamentos de los demás. De quien tiene la vista fija en la carretera y también en el espejo retrovisor como si éste, el espejo retrovisor, fuera una hermosa e inquietante metáfora de la vida de los otros.

Ya saben, el taxista solo conduce, va de un lado al otro recogiendo y dejando gente con sus miserias y alegrías. Sube y baja la bandera mientras observa la carretera y por el espejo retrovisor al nuevo cliente.

Por todo ello, era inevitable que pensara en Taxi Driver al leer Retrato de Marlou Diesel, de Marcelino R. Marichal (Colección Burro, Tierra de Asir, 2004), un título que goza de la categoría de culto entre los iniciados que me lo recomendaron hace apenas unos meses.

De su autor, solo conocía el volumen de relatos Y fumar puede matar (Ediciones Aguere/Idea, 2010), un libro que, francamente, me dejó indiferente en su momento, por lo que recibí los elogios que otros me hacían sobre Retrato de Marlou Diesel con un resignado encogimiento de hombros. Preocupado además por las buenas sensaciones que intentaban transmitirme todos ellos acerca de una obra que, reitero, parecía ser una especie de icono al que tener que rendir culto.

Por aquello del azar, finalmente logré hacerme con un ejemplar de Retrato de Marlou Diesel en un conocido bar de la capital tinerfeña. El libro estaba metido en un sobre marrón y dirigido a mi atención y lo recogí a una hora de la noche en la que parece que  tus fantasías por fin se van a convertir en realidad aunque, lamentablemente, al día siguiente compruebes con un formidable dolor de cabeza que no fue así.

Abrí pues el sobre marrón, y lo primero que me sorprendió de Retrato de Marlou Diesel fue el número de sus páginas, apenas sobrepasaba el centenar. También que se trataba de cuentos, relatos.

Trece en total.

Una cita de la que quizá sea una de las mejores obras de Fiodor Dostoievski (Memoria del subsuelo) abre este volumen que muestra en portada al autor rodeado de tuneras y la copa de una palmera al fondo. Y me tiro de cabeza sobre sus páginas con la enojosa sensación de que aparco momentáneamente otros libros que me están ayudando tanto a seguir vivo.

Y leo.

Y leo.

Y leo.

La historia de un taxista, Marlou Diesel, que recorre por la noche las calles de La Laguna y Santa Cruz de Tenerife.

Y leo.

Y me sorprende el retrato de la noche que su autor, Marcelino R. Marichal, hace de los tristes gatos pardos que pueblan la geografía nocturna de estas dos ciudades a las que une el cordón umbilical de una carretera y una autovía. Y me quedó conmocionado con algunos relatos. Porque encuentro en ellos esa misma poesía urbana sobre la soledad que en su día descubrí en Taxi Driver.

Y sé, que detrás de los momentos que describe este Marlou Diesel, se esconde un escritor de verdad cuando escribe de y desde la verdad.

Es decir, que lo que me atrae y atrapa de Retrato de Marlou Diesel es cuando cuenta las experiencias como taxista de su protagonista recogiendo a toda esa fauna que vive en nocturnidad y alevosía.

Hombres y mujeres que pueblan ese mismo territorio en el que me muevo –y pienso que vivo– pero que solo sale de noche, con todo lo que implica la noche, que es ese tiempo en el que parece que no hace falta ponerse la máscara que sí nos colocamos sobre la cabeza de día.

Diesel escucha sus miserias mientras no deja de contemplarlos por el espejo retrovisor.

Por ahí van desfilando prostitutas, travestís, yonquis –es decir, todos nosotros pese a que nuestra vida sea diurna y no nocturna– que cuando cae el sol sabe que de nada sirve colocarse la careta para esconder lo que realmente somos: gente sin rumbo ni concierto, víctimas en definitiva de una conspiración que nos hemos tejido nosotros mismos.

Algunos conscientes y la mayoría inconscientemente.

Y de fondo, dos ciudades de provincia de noche.

Noche que rompe los faros de un taxi –el metafórico Pájaro Azul– hasta que llega la luz de un amanecer que solo va a traer más oscuridad, si cabe, sobre sus gentes disfrazadas en lo que parece un perpetuo y malévolo carnaval.

Porque todos, al final, solo quieren huir de la cruda realidad.

Retrato de Marlon Diesel no es un libro redondo.

Pero de sus trece relatos me quedo con tres piezas que te estrujan y acongojan el alma.

Me refiero a De la luz verde del pájaro azul, Roto corazón y El dedo de Dios.

Tres cuentos que han sabido conmoverme. También pasar miedo pese a que Marlou Diesel desarme por manera de ver y entender la vida. Casi como si pareciera que para él todo lo malo y bueno que puede sucederle dentro del taxi fuera lo mismo.

Calle Juan de Vera, esquina Herradores. Alguien que levanta el brazo. Decido hacer la última carrera antes de irme a la pensión. Pareo y se sube detrás un tipo que me dice que lo lleve a Los Gladiolos. No es una de mis carreras favoritas, el material que venden por allí está muy cortado y eso hace enloquecer a la gente. Le echo un vistazo por el retrovisor y me quedo tranquilo. Apago la luz verde y me pongo en marcha para coger la autopista. Se trata de un tipo normal, claro que a estas horas no hay ángeles despiertos.” (Roto corazón).

“- ¿Quieres un francesito, mi vida?.- dijo de pronto. Creí que era alguna buscona que no encontraba clientes y le dije que no tenía dinero mientras miraba por el retrovisor. Había cierto tufillo a podrido, me intrigaba una bolsa plástica que la mujer llevaba entre las manos” (El dedo de Dios).

Ahhhhh

una buena noticia.

Al parecer, Ediciones Aguere/Idea planea reeditar Retrato de Marlou Diesel.

Y si bien no es un libro de culto sí que tiene algo.

Yo lo llamo verdad.

Verdad.

Saludos, mirando por el retrovisor, desde este lado del ordenador.

‘El Santo’ visita Tenerife

Lunes, Marzo 5th, 2012

Leslie Charteris, el creador de El Santo, siempre consideró que la primera novela de su personaje fue Enter the Saint (1930), aunque los eruditos aseguran que ya había hecho de las suyas en 1928 al aparecer en Meet The Tiger!, novela de la que al parecer Charteris nunca se sintió muy satisfecho, retrasando el bautismo de Simon Templar a dos años más tarde.

El personaje, que disfrutó de bastante popularidad en los países anglosajones, multiplicó su éxito a raíz de una serie de televisión en la que el actor Roger Moore –el tercer James Bond cinematográfico–  interpretó a tan refinado como cool personaje de la literatura popular.

El Santo es un ladrón de guante blanco que gracias a su compromiso con los débiles siempre se lava la cara frente a la ley, lo que frustra los planes del infatigable inspector de Scotland Yard, Claud Eustace Teal, por cazarlo para meterlo entre rejas.

Lo que quizá no sepan algunos es que Charteris ambientó una de las historias de El Santo en Tenerife con el título de El picnic de los ladrones, y que fue editada al español en 2001 por Ediciones Idea en su colección con T de Tenerife.

Traducida por el militar retirado Emilio Abad Ripoll, quien además escribe el prólogo y las numerosas notas que plagan esta edición con el objetivo de situar al lector en cómo era la isla en 1935, fecha en la que se publicó esta entrega y año en el que se desarrolla la aventura, El picnic de los ladrones (en español con el título de El Santo en Tenerife) quizá no sea una de las mejores novelas de la serie pero sí que resulta un relato retro y notablemente realista sobre el paisaje y el paisanaje que poblaba por aquel entonces la isla.

Leyendo la novela uno descubre, además, que no han cambiado tanto las cosas: “La Plaza estaba casi desierta. Santa Cruz se va a la cama temprano, por la convincente razón de que no hay nada más que hacer. Simon entró en el coche y condujo en sentido ascendente por la calle Castillo.”

Como destaca el doctor en Filología Inglesa de la Universidad de La Laguna, José Luis García Pérez,  y autor de la Introducción de la versión española de El Santo en Tenerife (El picnic de los ladrones) la novela, entre otras curiosidades, está repleta de expresiones canarias que Charteris recogió de la calle durante su estancia en la isla, así como de notas de viaje que, inevitablemente, todo turista que recala en estos territorios del Atlántico destaca como el Teide, el valle de La Orotava y el bondadoso clima del archipiélago que hizo garantizar en pleno franquismo que Canarias tiene seguro de sol.

El Santo, algunas de cuyas novelas fueron publicadas en los años sesenta por Editorial Bruguera y Ediciones Molino en colecciones que intentaron aprovecharse del éxito inmediato que alcanzó la serie de televisión en nuestro país, también fue publicado en los años cincuenta por Luis de Caralt  con unas portadas de auténtico infarto –escribo estas líneas con el ejemplar de Hombre al agua (Saint overboard) y sé lo que me digo– para desaparecer de las librerías y kioscos cuando Roger Moore dejó de aparecer en pantalla interpretándolo.

La recuperación del personaje a finales de los años setenta y con Ian Ogilvy en el papel de Templar no contribuyó tampoco a que sus aventuras se reeditaran en un país que como España tenía en esos momentos la cabeza en otras cosas.

Para más información, pinchad en este enlace donde se hace eco de la edición en castellano de la novela El picnic de los ladrones.

Saludos, Val Kilmer nunca fue Simon Templar, desde este lado del ordenador.

David Carpenter, un Tarzán de La Orotava (África)

Viernes, Febrero 10th, 2012

Cuando de la cabeza de Edgar Rice Burroughs nació el intrépido rey de los monos, Lord Greystoke alias Tarzán, poco imaginaba su autor la popularidad que pronto iba a alcanzar este blanco nacido entre simios y azote de negros con el paso de los años.

El cine, naturalmente, contribuyó en gran parte a acrecentar el mito, en especial por las películas que en las décadas de los treinta y cuarenta protagonizó Johnny Weissmuller –la primera de ellas, la estupenda Tarzán de los monos, cinta que cumple en 2012 setenta años muy bien llevados–  y más tarde, entre otros actores, por Lex Baker, Gordon Scott y Ron Ely en una serie de televisión que más de uno de mi generación recordará con el sabor amargo de la nostalgia.

Tarzán, que es uno de esos personajes que episódicamente renace de las cenizas en cintas como en la ambiciosa Lord Greystoke: La leyenda de Tarzán (Hugh Hudson, 1984), la adaptación más fiel de la primera novela de la serie firmada por Burroughs, y la nada desdeñable Tarzán y la ciudad perdida (Carl Schenkel, 1999) con el atlético Casper Van Dien como rey de la selva, ha dado lugar también a descacharrantes versiones no oficiales del personaje como las protagonizadas por la estrella del cine pornográfico Rocco Siffredi y, sin ser porno, la que el actor –seamos benignos–  David Carpenter rodó a principio de los años setenta con el título de Tarzán en las minas del rey Salomón, dirigida por (es un decir) José Luis Merino.

David Carpenter, que en realidad se llamaba Domingo Codesido Ascanio, nació en La Orotava, Tenerife, en 1951, y tuvo una activa carrera cinematográfica en unos tiempos en los que el cine español –afortunadamente–  no se tomaba demasiado en serio.

Agraciado con un notable físico moldeado a base de nadar en las frías aguas de las playas que bañan el norte de la isla que lo vio nacer, Carpenter hace del rey de los monos es la que probablemente pase a la historia del cine como una de las peores películas jamás rodadas.

No fue culpa suya.

Aunque Carpenter, como la actriz con la que comparte escena, la emperatriz del destape, Nadiuska, no destacaran precisamente por su capacidad de interiorizar personajes.

No, si hay que buscar un culpable a este chiste hecho cine es a su director (¿?), ese José Luis Merino jarto de vino que además firma el guión de la película. Una película en la que interviene además Jacinto Molina, más recordado entre los pibes que éramos pibes por aquel entonces, Paul Naschy.

O yeahhhh.

Solo he visto una vez Tarzán en las minas del rey Salomón, pero confieso que antes de animarme a escribir este post me he quemado un poco más la cabezota observando fragmentos aislados de la cinta en Youtube con el fin de retroceder a esa infancia feliz, y para nada dickensiana, en la que me reconozco.

Si no me equivoco, y es probable que me equivoque, Tarzán en las minas del rey Salomón quedó como recuerdo en mi disco duro al descubrirla inocente en una sesión a la que asistí en el hoy desaparecido Cinema Victoria, sala que se encontraba más o menos al lado del Teatro Baudet en la capital tinerfeña.

Ninguno de estos cines existe en la actualidad.

El Cinema Victoria es hoy un garaje y el Teatro Baudet un edificio cerrado donde se aloja, en uno de sus extremos, la Librería del Cabildo de Tenerife.

Sí que recuerdo, sin embargo, las sensaciones que me provocó ver aquel Tarzán.

Un aburrimiento raro.

Para un niño al que le gustaba –y le sigue gustando– perder el tiempo que le queda de vida en una sala a oscura le pongan lo que le pongan, aquel Tarzán le resultó tan tontorrón como aún me resulta estos días.

Así que pienso que la clave de que se me quedara en la memoria fue que alguien me informara entonces de que el que hacía de Tarzán, el tal David Carpenter, era de la misma isla en la que nací y habito resignado.

Por eso, y por algo más, quizá por su carácter tontorrón, de película que parece hecha por un adulto autista, reivindico desde esta atalaya al primer y probablemente último Tarzán no oficial que nació aquí. En este archipiélago africano que es Canarias.

Carpenter, que es un personaje que se merece una novela y una película, murió en extrañas circunstancia en Tailandia, rodó además de este Tarzán otras películas donde no fue protagonista.

Entre otras destaco Una gota de sangre para morir amando porque está realizada por mi apreciado Eloy de la Iglesia. También El asesino no está solo porque en ella aparecen la faraona, Lola Flores, y Teresa Rabal, hija de de don Paco Rabal y más tarde famosa por su amor al circo y su babosillo y murguero repertorio de canciones infantiles.

Junto a José Antonio de la Loma, un extravagante y vindicable cineasta español empeñado en filmar películas de acción con ambiciones en este país de ombligos sucios que es la Celtiberia, participó en Metralleta Stein y Las alegres chicas del Molino.

Volvería a repetir con Merino en Juegos de sociedad y también se le puede ver en Yo soy fulana de tal (Pedro Lazaga, 1975), adaptación de la novela del escritor Álvaro de Laiglesia, un hombre que pese a ser hombre del régimen –fue uno de esos tantos españoles que se enrolaron en la División Azul en respuesta al grito de ¡Rusia es culpable!–  a mi me sigue pareciendo un excelente humorista, digno para recuperar en estos tiempos tan faltos de cualquier sentido del humor.

Sea del signo que sea.

Carpenter trabajó en otras películas pero al final tiró la toalla y regresó a Tenerife para poner punto y final a su carrera como actor.

Esta misma  mañana hablé con alguien que dice que lo conoció y con el que, asegura, se corrió varias juergas pero no pudo aclararme más sobre un hombre que quiero entender supo vivir con sus sueños rotos tras su regreso a la isla.

Y quizá sea eso, que regresara a la isla y aprendiera a vivir son sus ilusiones hecha cenizas lo que me ha animado a escribir este modesto post para rendirle homenaje a su memoria.

David Carpenter después se marchó a Tailandia.

Y allí, como Manuel Vázquez Montalbán, se encontró con la inevitable Señora de la guadaña.

Saludos, Domingo –David Carpenter– Codesido Ascanio ¡veinte premios Canarias!, desde este lado del ordenador.