La historia de la falangista tinerfeña que en 1939 quiso hacerse pasar por un hombre

Miércoles, Mayo 20th, 2026

Farsante cuenta la historia real de una joven falangista tinerfeña que el 5 de enero de 1939 se presentó en el juzgado municipal de Santa Cruz de Tenerife para solicitar su inscripción fuera de plazo en el Registro Civil pero ¿cómo era que el reputado don Bruno, padre de aquel joven, tenía un hijo cuarentón de nombre Juan Carlos del que nadie había oído hablar nunca? La verdad se supo poco después, el que decía ser Juan Carlos era en realidad Margarita Beese Rodríguez, nacida en la capital tinerfeña el 27 de junio de 1896. Su padre era Bruno Beese, alemán, y su madre Juliana Rodríguez, canaria. Una vez descubierta la farsa, Margarita alegó en su defensa que había pretendido hacerse pasar por un hombre para combatir con la Wehrmacht en las tierras de Europa pero no coló. Ingresó en la cárcel de mujeres en el barrio del Toscal hasta ser juzgada a vista cerrada pero si quieren conocer como terminó la historia y lo que se conoce de la vida de su protagonista lean Farsante. Una historia queer en la Falange (Libros del K.O:, 2026), que firma la periodista Andrea Momoitio (Ortuella, 1989), ya que saca a la luz unos hechos que dio a conocer la investigadora Yanira Hermida y en los que ahora profundiza Momoitio, quien agradece la generosa información que Hermida compartió con ella aunque tras la publicación de Farsante: “compruebo que me he dejado bastantes cosas sin resolver, por lo que estoy deseando que venga una tercera persona y quiera seguir con la historia”.

- ¿Cuál es su retrato de Margarita Beese Rodríguez?

“Lo único que puedo decir tras publicar el libro es que me quedo con muchísimas dudas y con más curiosidad de la que tenía al inicio porque a pesar de que podía haber mucha documentación, ha sido complicado tener acceso a ella, tanto la pública (archivos, hemerotecas) como privada, la de su familia, a la que he podido acceder por su sobrino Bruno. Tengo que reconocer que con toda esa documentación Margarita sigue siendo un misterio para mí porque hay un montón de años de su vida que quedan de alguna manera desconocidos, hay información a la que no he podido acceder y sobre todo una respuesta a la gran pregunta: ¿por qué se atrevió a acercarse al juzgado municipal de Santa Cruz de Tenerife para pedir ni más ni menos que la registraran bajo el nombre de Juan Carlos? ¿Por qué lo hizo?, sigue siendo una incógnita”.

- ¿Se conocen cuáles eran sus gustos sexuales?

“No tenemos ni idea, ¿estamos ante la estrategia de una persona trans que quiso en algún momento materializar su identidad haciendo este trámite o estamos ante una lesbiana que de alguna manera quiso utilizar una identidad masculina para quizás poder vivir con mayor libertad su sexualidad? Esto último si es que necesitaba un cambio de identidad. Todo esto queda sin resolver porque aunque durante el proceso judicial se dan diferentes versiones sobre por qué lo hizo, al cambiar tantas veces de versión no voy a decir que sus palabras carezcan de valor pero no nos sirven para entender el por qué real aunque ella en un primer momento dice que es porque quería ir a luchar con el ejército nazi y más adelante argumenta que tenía un aspecto tan masculino, que la gente se burlaba de ella. Y podría ser algunas de estas razones, pero podrían ser otras también”.

- Me ha llamado mucho la atención en el libro la relación que mantiene con su padre. Es muy especial.

“Sí, sí que lo fue, porque su padre, por lo que he podido ir indagando y deduciendo, es una persona muy conservadora que sin embargo le permitió a su primera hija vivir con ciertas libertades que luego no le permitió al resto de sus hijas. Libertades con las que no comulgaba. Le permitió a Margarita que se fuera a Madrid, donde le financió sus estudios. Creo que de alguna manera sabía que Margarita era una persona muy inteligente y con ansia de libertad. Que quería vivir de otra manera y su padre la apoyó, pese a que se quejara y, seguramente, se arrepintiera de haberle permitido tanta libertad. Por las cartas que he podido leer, tenía mucha estima por Margarita, y confiaba en su opinión y le preguntaba cosas. Sabía que estaba ante alguien muy inteligente y especial”.

- En Farsante. Una historia queer en la Falange usted indica que no queda constancia en los archivos que Margarita fuera falangista.

“Lo que pasa con eso es que hay también un montón de versiones contradictorias porque hay varios documentos oficiales donde se la nombra como militante falangista. Por ejemplo, cuando le abren el expediente de depuración como trabajadora de Correos y un expediente de depuración genera mucha documentación de diferentes organismos donde, de alguna manera, va explicando quién era esta persona y por qué tenía que ser depurada o por qué no y en esa documentación se dice que es una militante falangista. Ella misma lo afirmó en muchas ocasiones y Pilar Primo de Rivera la consideraba como una militante más de la Sección Femenina que fue la rama de mujeres de la Falange o sea que todas las militantes de la Sección Femenina eran de Falange. Sin embargo, es verdad que cuando acaba todo este proceso judicial y se pronuncia la sentencia definitiva del Tribunal Supremo, se envía a Falange desde el departamento de Justicia un resumen de la sentencia para que estén al tanto de lo sucedido y ahí contestan diciendo que Margarita ni es ni ha sido nunca militante falangista. También nos queda la duda de si el resto de la documentación es falsa porque parece ser que en ese momento no fueron conscientes de la gravedad de lo sucedido y quisieron de alguna manera desvincularse de ella. Mi sensación es que sin lugar a dudas fue una militante falangista pero que la Falange en algún momento quiso desprenderse de ella después de lo ocurrido”.

- Pero ¿cree que ideológicamente se sentía falangista?

“Sí, sin duda. Creo que además fue una gran defensora de los ideales de la Falange porque eso se interpreta en todos sus textos. Margarita tuvo una gran producción periodística y se nombra a sí misma como poeta. Es verdad que de su desarrollo literario más artístico no nos ha llegado nada hasta hoy o nada que haya conseguido encontrar pero sí que de alguna manera como columnista tuvo una trayectoria de cierta relevancia tanto en la prensa canaria como también en Madrid sobre todo en la revista Héroes, revista que incluso dirigió durante un tiempo. Sin duda era una persona muy conservadora que apostaba por los ideales retrógrados de la Falange. De las poca cosas que tengo en claro de Margarita es que fue falangista”.

- ¿Cómo calificaría su labor como periodista?

“Sobre todo escribía de cuestiones de actualidad. Estaba muy atenta a qué estaba ocurriendo. Por ejemplo, una de sus grandes preocupaciones tuvo que ver con la guerra de Marruecos durante varios años pero no solo por cuestiones puramente de actualidad. Un tema que atravesó mucho su escritura fue lo relacionado con el feminismo que, para una falangista muy conservadora como ella, consideraba no como sufragista, se manifestaba en contra, pero de lo que más escribió fue de feminismo o lo que ella y otras falangistas entendían como feminismo como, por ejemplo, que las mujeres pudieran acceder a la educación y a algunos empleos pero sobre todo a la educación con el fin de convertirlas en mujeres mejor formadas para seguir cumpliendo lo que entendían que era su principal función: el matrimonio y la maternidad. Margarita escribe sobre lo importante que es estar formadas para dar conversaciones interesantes a sus maridos y para educar con más rigor a los hijos e hijas sin embargo nunca se casó, ni tuvo hijos igual que otras muchas dirigentes de la Sección Femenina aunque de cara hacia afuera y en su discurso más público y mediático apostaba por una manera de vivir que nada se parece a la que eligió para sí misma”.

- ¿Y cómo cree que pudo afectarle el hecho de haber nacido aquí, en Santa Cruz de Tenerife?

“Margarita hablaba mucho de su patria chica, estaba muy orgullosa de Santa Cruz y decía que por su sangre corría al cien por cien sangre española porque a pesar de que su padre era alemán, su madre era tinerfeña, de Güímar. Estaba muy orgullosa de sus raíces aunque sí que tengo la sensación que la ciudad se le quedaba pequeña y que tenía necesidad y ganas de vivir en un territorio donde poder encontrar más oportunidades aunque trabajando en Correos pedía continuamente permisos para poder regresar a Santa Cruz. De alguna manera, estaba apegada a su tierra, pero eso nos pasa a muchas con nuestros territorios de origen pese a que mantengas con ellos cierta ambivalencia, cierta sensación de amor-odio. De todas formas y probablemente por mi prejuicio peninsular yo me imaginaba ese Santa Cruz donde vivió Margarita como un espacio donde quizás los avances sociales habían llegado más tarde aunque me llevé una sorpresa al descubrir que no era así. Existe un libro que es un clásico de la literatura lésbica española que se llama Oscuro Sendero de Elena Fortún y que releí durante esta investigación, y en el que se narra con mucho detalle como a finales de los años 20 hubo en Santa Cruz una comunidad lésbica bastante importante. Ciertos círculos lésbicos donde las mujeres lesbianas podían vivir con cierta tranquilidad su identidad. Esos ambientes eran permitidos o al menos no se castigaba demasiado esta forma de vivir”.

- Me sorprende lo que dice más en una capital de provincias que se resiste a que se despiece un monumento que tiene dedicado a Franco.

“Elena Fortún, seudónimo de Rosa María Castaño, vino con su esposo a la isla en 1918 tras perder a su hijo en Madrid, y permanecieron hasta 1920. Creo que el hermano de su marido vivía aquí y es en Santa Cruz donde se produce el despertar lésbico de la escritora y donde mantiene por primera vez relaciones con mujeres. La casa de una de ellas era la de una pintora donde se reunían muchas lesbianas, algunas extranjeras. Hay otro libro que trata este asunto pero no me acuerdo de su título”.

- ¿Se conoce si tanto Margarita como su padre desarrollaron algún tipo de actividad política en Tenerife?

“Su padre sí estuvo vinculado a Falange haciendo donaciones de dinero de manera recurrente y hay varios documentos donde solicita al jefe de la Falange que vaya a su casa porque quiere dar información de alguien. Participó al menos dándoles dinero de manera bastante asidua”.

- ¿Qué episodios de la vida de Margarita le parecen fundamentales?

“Desde luego yo creo que su paso por las diferentes prisiones en las que estuvo porque gran parte de su condena la cumple en la cárcel de mujeres de Santa Cruz pero estuvo también en Ventas y pasó un par de noches en la de Cádiz mientras esperaba el barco. Me imagino que a nivel personal su paso por prisión tuvo que impactarla mucho. A nivel político, su momento de mayor relevancia fue cuando estuvo en Málaga. En concreto cuando fue nombrada delegada femenina del sindicato vertical. Aparece más en prensa porque imparte discursos, mitines y viaja por la provincia de Málaga, reuniéndose allí con diferentes colectivos de mujeres”.

- ¿En qué círculos se movía Margarita?

“Estaba vinculada en Madrid al hispanoamericanismo, una corriente que promovía que, pese a que España había perdido sus últimas colonias en América, siguiera manteniendo vínculos con ellas. La idea de la madre patria y América como territorios que son casi hijos de España. Ella vivió esto con mucho orgullo y participó en esos círculos que pretendían la recuperación de los vínculos con las excolonias. Llegó, de hecho, a ser vocal de una federación de estudiantes universitarios que apostaban por esta corriente, federación de la que hay muy poca información y de la que es muy sorprendente que ella pudiera participar porque no era universitaria en ese momento así que lo más probable es que mintiera a la hora de acercarse a este colectivo”.

- La vida de Margarita Beese fue la de una farsante. Y Farsante es el título de su libro.

“ Sí, sí, por eso lo de Farsante aunque podía haber dicho Mentirosilla pero Farsante es mucho más contundente y duro”.

- Y una historia queer de la Falange ¿Conoce más historias queer de yugo y flechas“

“No, no conocemos ninguna más de momento pero seguro que las hay porque yo creo que la disidencia sexual y de género se ha dado de diferentes maneras pero en todos los ámbitos de la vida y en todos los momentos. Hay un rumor que se repite muy a menudo y es que muchas militantes de la Sección Femenina, en concreto de quien más se ha dicho es de Pilar Primo de Rivera, es que eran lesbianas pero no sé hasta qué punto esto responde a una intuición histórica o simplemente se trata de lesbofobia, o una manera de la izquierda por deslegitimar a estas mujeres”.

-¿Sentía simpatía por el régimen hitleriano el padre de Margarita?

“En sus cartas escribe siempre un heil Hitler y hay fotos de Hitler y banderas nazis en su casa. Se trata de una persona que desde luego contribuyó, como mínimo, con la Falange haciendo aportaciones económicas”.

- No deja de resultarme triste el destino final de Margarita porque no se sabe muy bien si fallece en un bombardero aliado en Alemania mientras trabajaba en un hospital.

“El certificado de defunción no deja lugar a dudas que murió mientras atendía a los pacientes de un hospital. Sucedió en 1945, en concreto el 29 de enero de 1945”.

- ¿Cree que se pueden aplicar las etiquetas de género de hoy a la posguerra española? Y entiendo que era muy consciente al subtitular el libro Una historia queer en la Falange. Funciona muy bien como reclamo pero ¿podemos hablar de la categoría queer en esos años?

“No tiene sentido e intento explicarlo en el libro. Es decir, no tiene sentido utilizar esas categorías pero sabemos que algo hubo en Margarita que no respondía al orden habitual establecido en cuanto a su identidad de sexo, de género. Hubo algo ahí que hizo que ella viviera de otra manera pero decirlo queer es mucho decir, es una llamada que ha funcionado porque llama mucho la atención”.

- ¿Se puede reconstruir un enigma como el de Margarita después de 80 años?

“Se pueden rellenar algunos huecos pero otros quedan sin rellenar. Tras el primer trabajo que hizo Yanira Hermida y ahora el mío, hemos avanzado bastante y me encantaría que alguien lo continuara porque creo que queda Margarita para rato”.

- Me llamó la atención que el libro no incluyera ninguna fotografía de la protagonista. ¿No hay?

“Sí que hay varias pero fui, por mi parte, renuente a publicarlas porque hay mucho en su propia explicación. ¿Por qué hizo lo que hizo? ¿Por qué cambia de versión como ya hemos hablado? Habla mucho de su aspecto, que si tenía un aspecto masculino que si por eso se reían mucho de ella y me parecía que enseñar sus imágenes solo iba a contribuir a alimentar ese morbo. No me gustaba imaginarme a nadie mirando su foto y valorando si tiene un aspecto masculino o no. Y si efectivamente se reían de ella por machorra o si en eso también estaba mintiendo. Pienso que da igual como fuera”.

- ¿Y cuál fue su sensación al verla en fotografía?

“Es complicado porque hay que situarla en su contexto. La forma de vestir, el peinado, eran otros. No me atrevería a dar ninguna conclusión al verla en fotos”.

- Entiendo que a raíz del escándalo tuvo que irse de Tenerife.

“Me imagino que más que escándalo fue un rumor muy grande en la capital. La prensa de la época no publicó nada al respecto pero me imagino que siendo ella y sus padres personas tan conocidas se sabría. Así que no tuvo que ser fácil seguir viviendo aquí. Además, sus intereses políticos desaparecerían durante sus años de cárcel así que creo que salió con pocas ganas de quedarse y que hablaran de ella. Seguramente todo esto la animó a marcharse”.

Saludos, arriba Expaña, desde este lado del ordenador

Un paseo por Santa Cruz de Tenerife siguiendo las huellas de ‘El caso del cliente de Nouakchott’

Viernes, Abril 17th, 2026

“Decidí comer en Casa El Puntero. Mi padre contaba que era el único lugar en Santa Cruz donde aún se podía encontrar pescado fresco. Eso debió ser antes de que entrenaran mai fer leidi. Además a mi no me gusta el pescado. Soy cliente de El Puntero porque usa manteles de plástico, sillas plegables de madera y un urinario de agujero, la cocinera está sorda y tardan en servirte. Como Dios manda”.

El caso del cliente de Nouakchott, Jaime Mir.
Editorial Confederación de Cajas de Ahorro, 1991
Oristán y Gociano,2011

Hay novelas a las que el paso del tiempo no araña y contamos con varias de este tipo en este archipiélago africano que vive de espaldas a su continente natural pero que mira al menos de frente al gigante americano que se encuentra tras leguas y leguas de un océano impetuoso cuyo carácter, espero, ha forjado en parte la identidad de los que habitan estos peñascos.

Este mismo jueves tuve la oportunidad de vivir una experiencia que me emocionó por dentro y por fuera. Fue un paseo espontáneo por las calles de Santa Cruz de Tenerife buscando los escenarios en los que se desarrolla parte de la acción de El caso del cliente de Nouakchott, por la que Jaime Mir obtuvo el Premio de Edición Benito Pérez Armas 1990. Es verdad que entonces esta distinción disfrutaba de mayor reclamo que hoy, en especial porque su cuantía económica resultaba mucho mayor a la actual aunque todavía hay desequilibrados/as (no los puedo llamar de otra forma) que matarían a su madre por ganar el Premio, y no por el dinero (hoy bastante raquítico) sino porque en su podrido imaginario es como pertenecer al club de los ganadores del Premio Benito Pérez Armas, galardón que nunca le dieron a Alexis Ravelo, lo que pone en tela de juicio el criterio de un jurado que con el paso del tiempo ya no ocupan los mismos sino un relevo que se sucede cada dos años.

Les contaba que me fui de expedición con ese grupo de entusiastas lectores porque tuvieron la amabilidad de invitarme a participar en la excursión, que partía de la Plaza de la Paz, donde entre parada y parada se leían fragmentos relacionados con el espacio en el que nos encontrábamos y que aparecen reproducidos en la novela de Jaime Mir. Han pasado ya 36 años, y releyendo El caso del cliente de Nouakchott me he dado cuenta que además del tiempo transcurrido, el paisaje de la capital tinerfeña poco tiene que ver con el que nos describe aunque hay escenarios, como la plaza de Duggi, que permanecen casi intactos. En las proximidades de la plaza de Duggi es donde Carlos Alonso Rico, alias Jeque, tiene su despacho, estancia que comparte con su secretaria, Rosi.

Este itinerario que incluyó calles, barrios como El Toscal y lugares emblemáticos como la Plaza de Toros, la plaza del Príncipe y locales legendarios ya cerrados y que forman parte de la leyenda urbana chicharrera como el Espacio 41 y la Recova, el mercado de Nuestra Señora de África, estuvo organizado por el club de lectura de profesorado de IES La Laboral, y la ruta (cuidadosa y con paradas para leer textos de la novela y de paso charlar de cómo eran las cosas entonces) estuvo organizada por Joaquín Ayala, todo un enamorado de esta novela singularísima en las letras que se escriben a este lado del Atlántico. Acompañó a la expedición uno de los hermanos de Jaime, Luis Mir, así que todo quedó en familia, tejiendo dentro del grupo una sensación de buen rollo tan necesario en estos días de cólera.

Alguien me preguntó durante el largo paseo la razón de que Santa Cruz de Tenerife haya aparecido tan poco en novelas de este género, a lo que expliqué que en parte se debe a que salvo El caso del cliente de Nouakchott, lo que hay publicado es de ínfima calidad y a las pruebas me remito. Existe incluso un intento de imitación de la novela de Jaime, solo que quien la escribe pese a piratearle el lugar donde tiene su protagonista el despacho (Duggi) carece de la inventiva, el dominio del lenguaje, la capacidad para los juegos de palabras y la comprensión lectora de un escritor que como fue Mir nunca se creyó demasiado que lo fuera.

Me cuenta su hermano que han encontrado apuntes entre los papeles de Jaime de un libro en el que podría haber estado trabajando. Y en mis archivos me topé con dos páginas que me envió en su día (no he podido borrar el correo) que con el título de El sicario cuenta la visita de un tipo a una casa donde (imagino) tiene que ejecutar a un hombre. Escrito así suena muy serio pero si leen estas páginas se percatarán que Jaime cuando escribía literatura podía ser cualquier cosa menos serio.

Escribo estas líneas a modo de agradecimiento a los miembros de Club de Lectura de profesorado del IES La Laboral de La Laguna, y en especial a Joaquín Ayala por la organización y a Luis Mir por los recuerdos familiares que fue desgranando en las paradas que se fueron haciendo a lo largo del camino. Quise hablarle a Luis de Trotsky, un buenazo pero impresionante perro bardino que tuvieron cuando todos imagino que éramos más felices pero tuve que irme antes de que finalizara el itinerario propuesto porque otras tareas requirieron el concurso de mis modestos esfuerzos.

Pero mereció la pena.

Y sí, fue muy bonito mientras duró.

FOTO: En la imagen, los expedicionarios.

Saludos, ¿el Portón de Oro o la Fontana de Oro?, desde este lado del ordenador

Vídeos Scorpio, el último vídeo club de Tenerife

Jueves, Noviembre 6th, 2025

No fue en marzo, ni abril, ni mayo, ni junio… como se dijo sino que será en diciembre de este mismo año, 2025, el cierre anunciado esa es la verdad, del último vídeo club que quedaba abierto en Tenerife: Vídeos Scorpio, establecimiento que se encuentra en la calle de Álvarez de Lugo de la capital tinerfeña y guarida hasta el día de ayer de los últimos románticos del cine, o toda esa fauna salvaje que sigue prefiriendo ver películas en su reproductor (antes de VHS) de toda la vida que en plataformas, que es el monstruo devora imágenes que ha generado esta situación.

Situación que cuenta con numerosas víctimas colaterales y que en una ciudad tan pequeña como es en la que vivo, hace añicos esa rutina sin precio que es ver pasar todos los días como si fueran el mismo día. Que el ciudadano vague en un líquido amniótico que hace que todo discurra sin fatigas ni sobresaltos.

Vídeos Scorpio nació a finales de los años 80 del pasado siglo XX y en la actualidad además de alquilar películas, cada vez menos, se dedicaba a venderlas. No solo las de su fondo sino cintas nuevas, la mayoría de clásicos o películas con demasiada edad.

Me cuentan que hay sobre unas 10.000 cintas en esa tienda en la que se reunían los últimos dinosaurios. Tienda en la que además de películas, contaba en sus paredes con carteles de largometrajes de otras épocas y dos monstruosos proyectores que no sé qué destino le aguardan. De momento, me dicen que la idea es venderlos siempre y cuando se encargue el comprador de recoger y llevarse por sus propios medios estas gigantescas maquinarias.

Antes de ser Vídeos Scorpio, Scorpio apareció por primera vez en Santa Cruz como una tienda de discos que estaba situada en uno de los edificios de la Rambla de Pulido. Esa tienda de música abrió en 1979 pero cerró a principios del siglo XXI. Primero vendía discos de vinilo y más tarde discos compactos. Traspasó el negocio, en unos tiempos en los que hubo varias tiendas de discos en la capital tinerfeña como Monar, Manzana, Fresi Discos, Supernovo, entre otras, y en las que uno podía examinar el disco y si no te decidías, pedirle al encargado que te lo pusiera en uno de los tocadiscos que tenía la tienda. Te colocabas unos cascos marcianos en las orejas y a escuchar una obra que tras juzgar si merecía la pena o no, te la llevabas o no a casa.

El cierre se producirá en diciembre por lo que Scorpio en estado de liquidación abre todavía. Al frente se encuentra Agustín García, que lleva el negocio desde cuando los tiranosaurios dominaban la tierra. Estos días sigue ahí aunque poco a poco y como si de una película de fantasmas se tratara, en un establecimiento más desguarnecido.

Las estanterías están cada vez más vacías y no encuentras ninguna en la categoría de porno porque, susurran las pardelas, fueron de las primeras que se vendieron cuando Scorpio comenzó su lenta y agónica etapa de cierre. El negocio ya no resultaba tan negocio. Sobre todo porque la competencia del audiovisual es terrible y demoledora. Tanto, que no solo afecta a vídeo clubes como el que se reseña sino también a las salas de cine. Espacios que a medida que pasan los años desaparecen del paisaje de una ciudad que, como Santa Cruz de Tenerife, disfrutó en el pasado de tantos y tantos cines.

Con Scorpio se diluye otro de esos referentes que marcaron mi existencia en esta pequeña y tan pueblerina capital de provincias. Ciudad en la que a medida que pasan los años cierran negocios que una vez conocí aunque es verdad que abren otros que esperan a que los conozca.

Echaré de menos las conversaciones que en los últimos tiempos mantenía con Agustín acerca de lo humano y de lo divino y a escuchar sus recomendaciones a los curiosos que todavía entraban en su establecimiento para alquiler por un día (tres euros si era de estreno) una película con la que aguantar la tarde y la noche que nos devuelve al día.

Es inevitable pensar cuando un amigo se va que algo se muere en el alma y es inquietante pensar que eso mismo me pasa cuándo se cierra un establecimiento que formó parte de mi vida. Como los cines que regaron esta ciudad. Los últimos de ellos el Víctor y los Price. El primero hace unos meses que pasó a mejor vida y el segundo se ha reconvertido en Espacio Price, en la que se imparten cursos y talleres de y sobre cine.

“Uno es que se hace viejo”, me dijo un conocido que me encontró mirando el escaparate de Vídeos Scorpio al que todavía le hace falta poner el cartel definitivo de cerrado, y no pude responder a una verdad tan directa y aplastante. Tan fría y real y es que uno, damas y caballeros, se hace viejo.

En fin, mañana será otro día.

Saludos, se dijo, desde este lado del ordenador

Fallece el arquitecto tinerfeño Federico García Barba

Sábado, Octubre 11th, 2025

El arquitecto tinerfeño Federico García Barba (Santa Cruz de Tenerife, 1953-2025) falleció la noche del pasado viernes rodeado de familiares y amigos. Él mismo decía que, profesionalmente, se había especializado en diseño de equipamientos públicos, paisajismo y en planificación urbana y fue director de la revista BASA, órgano de expresión del Colegio Oficial de Arquitectos de Canarias, desde su fundación en 1983 hasta 1991, tras la publicación de quince números.

Desde 2007 coordinó varios espacios en Internet dedicados a la difusión de ideas y debates sobre arquitectura y urbanismo, entre los que destaca el blog Islas y territorio y la plataforma Arquiscopio.

Ejerció como profesor de Arquitectura, Urbanismo y Proyectos Paisajísticos en el Grado de Arquitectura de la Universidad Europea de Canarias entre 2013 y 2018 y también fue docente de la Escuela de Arquitectura de Las Palmas de Gran Canaria durante los años noventa del siglo pasado.

Fue elegido Académico de Número de la sección de Arquitectura de la Real Academia Canaria de Bellas Artes en 2008 y fue miembro de su Junta Directiva y Vicepresidente. Vocal Ponente de la Comisión de Ordenación del Territorio y Medio Ambiente del Gobierno Autónomo Canario entre los años 2008 y 2010, hizo las misma funciones en el Consejo del Patrimonio Histórico de Canarias, órgano dependiente de la Consejería de Educación y Cultura, así como miembro de la Comisión Insular de Patrimonio Cultural de Tenerife.

Otras altas responsabilidades que asumió a lolargo de su carrera fueron de presidir la Demarcación de Tenerife, La Gomera y El Hierro del Colegio de Arquitectos de Canarias desde 2010 hasta 2013, aunque entre 1985 y 1987, desempeñó la responsabilidad de Vocal de Cultura de dicha institución profesional.

En 1981, fundó su propia oficina profesional (García Barba CPPA SLP) una consultora dedicada a trabajos de urbanismo, diseño paisajístico, así como a proyectos de arquitectura de nueva planta y rehabilitación. Bajo su responsabilidad y dirección se realizaron numerosas intervenciones arquitectónicas, paseos, plazas, parques; y de planificación urbana y territorial en diversas islas del archipiélago canario. Ganó varios concursos de ideas y obtuvo numerosos reconocimientos y premios por sus trabajos. En su trayectoria profesional complementó el trabajo técnico con la enseñanza universitaria y la investigación disciplinar, ejerciendo con regularidad como conferenciante sobre arquitectura y urbanismo en las islas, Europa y América. Fue autor del libro Jardines históricos de la isla de Tenerife y un destacado defensor del patrimonio arquitectónico tinerfeño, sobre todo del de la capital tinerfeña. En una entrevista publicada en Tenerife ahora denunció que en solo dos décadas se habían derribado “350 años de historia de la capital tinerfeña” aunque al mismo tiempo defendía que aún había tiempo de recuperar barrios con tanta solera como El Toscal y las calles dr. Allart y Cruz Verde, entre otras.

Cartas del monstruo en el cielo, una novela de Alfredo Moreno Santana

Martes, Julio 22nd, 2025

Cartas del monstruo en el cielo debe ser la primera novela que Alfredo Moreno Santana firma con su nombre verdadero ya que hasta ahora era conocido con el pseudónimo de Víctor Conde, con el que ha ganado infinidad de premios y hacerse un hueco en el universo de la literatura de ciencia ficción y fantasía que se escribe en castellano. Es verdad que ha tanteado otros géneros, como el policíaco con una entretenida y me atrevería incluso a decir osada novela negra, que ambienta en Roma y en concreto en los legendarios estudios de Cinecittà en los gloriosos años 50, pero si hasta ahora era reconocible sobre todo entre los aficionados era y supongo que seguirá siendo por su trabajo en la literatura de anticipación.

Con Cartas del monstruo en el cielo hace por primera vez incursión en las letras que se dedican a la aventura, aunque él insiste, y creo que erróneamente, que su novela es una ucrononía (género que plantea transportar al lector a un mundo posible pero que no ocurrió, como por ejemplo qué hubiera pasado si las dispersas fuerzas políticas que combatieron al lado de la II República hubieran ganado la Guerra Civil) ya que no plantea estas características sino que Canarias, y en concreto Tenerife, pudo ser en la década de los 30 un puerto de anclaje de los dirigibles de fabricación alemana que volaban con destino a América.

Es verdad, por otra parte, que en esos años, los 30 del pasado siglo, sobrevolaron las islas estas máquinas voladoras, y hay una notable colección de fotografías en las que se pueden observar imágenes que así lo demuestran, pero las islas no fueron nunca estaciones de paso en su largo trayecto hacia el océano Atlántico.

Cartas del monstruo en el cielo obtuvo el premio de novela Benito Pérez Armas 2024, y creo sinceramente que reunía todas las papeletas para hacerse con este galardón que, pese a reducir su premio en metálico cuando tenía que haber sido al revés con el fin de dar más lustre al que sigue siendo uno de los certámenes más atractivos de cuanto se celebran en Canarias, da un significativo paso atrás en cuanto a la recompensa dineraria al ganador aunque mantiene, por fortuna, la publicación de la novela, otro de los alicientes de un premio que no debe de permitirse el lujo de perder su caché ya que son muchos los escritores y escritoras que aspiran a ganarlo.

La novela además de estar muy bien escrita cuenta con una sobresaliente recreación de la capital tinerfeña en la década de los treinta y se basa en un hecho real del que deja constancia Alfredo Moreno Santana en una nota informativa antes de dar inicio a su aventura: el proyecto que auspició Alemania por crear en el parque nacional del Teide una base permanente de aerostatos en la década de los años 20, además de una estación de radiofaro en lo alto del volcán, iniciativas que por fortuna nunca se llevaron a cabo. Esta posibilidad, sin embargo, “espoleó” la imaginación del escritor para dar a luz sus Cartas del monstruo en el cielo, título que, a mi juicio, tiene algo de resonancias biblícas aunque ésta no es la idea que prima en la narración que, como casi todo lo que suele escribir Moreno Santana como Víctor Conde, se lee con mucho interés aunque haya momentos en que lo que cuenta casi se desequilibre y, aproximándose al final, la novela no culmine con los fuegos de artificios que parecía prometer.

En este sentido, se agradece que el escritor no pertenezca a esa escuela de narradores que promete mucho y da poco, que vende un, vamos a decir, monstruo que al final se queda en nada.

Le ayuda a que no caiga en ese vacío en el que sí suelen caer otros narradores/as no solo de su generación, el oficio que lleva detrás. Es decir, que ya son muchos los años que como escritor descansan en las espaldas de Alfredo Moreno Santana como Víctor Conde, aunque si lo que pretende es ser otro escritor, un autor ajeno al universo que lo hizo conocido entre los aficionados a la c/f en español, sí que debería cuidar lo que quiere contar y no tanto la manera en cómo contarlo.

La novela está estructurada en tres grandes partes, más un epílogo. Cada una de las partes consta además de cuatro actos, al estilo clásico, y en ella describe primero la llegada de Hans, un joven trabajador de la Luftschiffbau Zeppelin GmbH, la empresa continental que fabricaba “los gigantescos dirigibles que surcaban, orgullosos, los cielos de medio mundo”. El retrato que hace en esta parte de la capital tinerfeña es tremendamente vívido. Contiene, además, un entusiasmo descriptivo que casi raya en lo cinematográfico y hace sobre todo muy creíble esa apuesta por trasladar al lector a un año, 1932, que no resultaba fácil, sobre todo si quien lee la novela es natural de la isla y de la ciudad que retrata.

Como toda novela de aventuras que se precie y que se desarrolla en lugares exóticos, y el Tenerife de aquel año lo era, Hans conocerá a una mujer que le robará el corazón. Lástima que se trate de la esposa de su anfitrión, un compatriota alemán que ha hecho fortuna en la isla. No puedo contar nada más de la historia porque sería revelar otros ingredientes que están en ocasiones bien urdidos por el escritor (hay otros que no tanto), pero baste decir que en conjunto estas Cartas del monstruo en el cielo sorprenderán no solo al lector nacido y residente en la capital tinerfeña sino a otros con independencia de su lugar de nacimiento ya que está escrita con un espíritu que pretende saltar fronteras. No se trata Alfredo Moreno Santana, en este sentido, de un escritor preocupado por reflexionar sobre la canariedad, sino de un autor al que le gusta contar historias. Historias que evadan al lector de su grisácea realidad. Bienvenidas sean estas cartas, y no solo por lo que cuentan sino porque han servido para hacer salir del armario a Víctor Conde, identidad que a partir de ahora compartiendo trabajo con su otro yo: Alfredo Moreno Santana.

Saludos, leímos, leímos, leímos, desde este lado del ordenador

El eco de Cobain, una novela de Javier Hernández Velázquez

Miércoles, Junio 18th, 2025

El caso de Javier Hernández Velázquez no es nuevo pero sí relativamente reciente en las islas: es un escritor de género. Ha tanteado el género histórico, el de la ciencia ficción pero también el noir, al que le ha dedicado un mayor número de novelas además de crear un personaje, Matías Fernández, Mat Fernández, que trabaja como detective privado y es protagonista de varias de sus obras.

En estas novelas a veces hay tiros y una o dos peleas y muchas de ellas se desarrollan en Tenerife, especialmente en Santa Cruz de Tenerife, que es donde vive y tiene su oficina Fernández, en concreto en la calle Duggi, calle donde también tuvo su oficina el detective privado Jeque, personaje del escritor Jaime Mir para El caso del cliente en Nouakchot, lástima que Jaime solo escribiera esta novela que hoy se ha convertido en un título de culto para entender cómo era Tenerife, Canarias, en la década de los 80 del siglo pasado.

Javier Hernández Velázquez transita por las arenas movedizas de lo negro y criminal con comodidad. Y eso que sus novelas si bien aparentemente responden al esquema y la estructura que caracteriza el género, el escritor tinerfeño suele mezclarlo (nunca agitarlo) con otros como el thriller de acción.

En sus historias hay, y es una condición del noir, una demoledora crítica a la corrupción que ejercen los poderosos sobre los débiles en la isla que habita aunque su línea argumental cubre otros intereses, intereses que a veces y de forma completamente involuntaria parecen que reflejan la realidad.

En El eco de Cobain explorando las vivencias de un libanés que arrastra un pasado marcado por la violencia y que termina –por defender a uno de los suyos– tras los muros de Tenerife II, centro penitenciario del que logra salir por el oficio de un abogado que ha sido contratado por otro libio al que la comunidad libanesa instalada en la isla conoce como El bondadoso.

Nada más salir de la cárcel, el libio quiere vengarse del clan que asesinó a sus padres cuando él era pequeño.

La acción de la novela se desarrolla en esta ocasión en el sur de Tenerife pero también en la capital tinerfeña, donde tiene su despacho Mat Fernández, a quien se contrata para que encuentre al libio que salió de la cárcel y que se ha evaporado de las calles desde entonces.
Estructurada en dos planos narrativos, por un lado se nos cuenta lo que hace el libio, buscar a los asesinos de sus padres mientras lee fragmentos de El profeta de Khalil Gibran, y por otro las pesquisas que inicia Fernández para dar con su paradero.

En estos dos planos, las actividades del libio están narradas en tercera persona y las de Mat en primera. En este caso, que esté narrada esta sección por el propio Fernández, da recursos a Hernández Velázquez para trufar sus monólogos de comparaciones que el autor aprovecha para filtrar un poco de humor en la que me parece, sin embargo, la novela en la que Mat Fernández está más serio que nunca.

Así que noto en falta la agudeza y la ironía que desplegaba Mat en sus anteriores trabajos aunque por fortuna el personaje mantiene intacta su erudición en temas como cine, música y baloncesto que espolvorea a lo largo y ancho de una primera persona que tiene denominación de origen. Es decir, que Fernández es un protagonista con nombres y apellidos en la galería de detectives privados con o sin licencia que pueblan el género negro y criminal con acento español.

Creo que si el autor se soltara más la melena descubriríamos a un narrador que tiene muchas cosas que decir pero de momento no termina de encontrar su camino. Además del género negro, que cultiva de una manera muy personal, Javier Hernández ha intentando hacer lo mismo con la novela histórica y la de ciencia ficción.

En la histórica con un título, Baraka, que quizá sea el más místico y preocupado por la trascendencia del alma de su apretada bibliografía y que ambienta durante la guerra colonial española en el norte de África a través de un soldado tinerfeño que, perdido en el desierto tras el desastre de Annual, dialoga consigo mismo y, en clave de ciencia ficción, Akasha, una novela que está repleta de buenas ideas y género en el que Hernández Velázquez da la sensación que se mueve como pez en el agua.

Si por algo se caracterizan sus libros es por sus descripciones de ambientes pero sobre todo porque explota buenas ideas con un ligero y para nada distorsionado acento canario.

Conozco bien la producción literaria de Javier Hernández Velázquez porque llevo prácticamente siguiéndole la pista desde sus inicios, época en la que escribía novelones generosos en páginas, una tendencia de la que se ha ido desprendiendo con el paso de los años. En principio, podría parecer un escritor que guía sus historias cuando las escribe pero si algo destaca de sus libros es que deja siempre abierto en la mente del lector interrogantes, preguntas que no termina de responder con independencia del género que sea. Que lo consiga en uno tan fronterizo como es el negro y criminal, revela que como narrador ha ido adquiriendo una madurez que alcanza tintes muy oscuros y que dejan poso en su última novela, El eco de Cobain.

Un título que funciona porque cuenta una historia que sostiene gracias a una narración que brilla cuando se refiere a espacios que conoce como las calles y plazas de Santa Cruz de Tenerife. Resulta también llamativo el despliegue de personajes secundarios que se encuentran a un lado y al otro de la ley, lo que incrementa el ritmo trepidante de un relato con inevitable aroma de pulp pop.

Saludos, leímos, leemos, leeremos, desde este lado del ordenador