Archive for Julio, 2012

Inés Rojas, al frente de la Viceconsejería de Cultura

Miércoles, Julio 25th, 2012

Los problemas de salud del viceconsejero de Cultura, Alberto Delgado, quien fue intervenido quirúrgicamente en mayo pasado y que hoy se recupera felizmente de sus problemas de salud, explica el anuncio publicado el martes, 24 de julio, en el Boletín Oficial de Canarias (BOC) de una orden del 15 de junio en la que se acuerda la suplencia temporal en el cargo de su hasta ahora responsable, y el traspaso de sus funciones a la consejera del área, Inés Rojas.

Observando la tarea de desguace al que está siendo sometido este departamento desde que oficialmente estamos en crisis, me pregunto que tipo de aliento insuflará esta mujer con tantos y tan candentes calderos al fuego para encarrilar las políticas culturales del Ejecutivo autonómico y convencer con argumentos transparentes y una dirección que los tiempos exigen implacable, el reordenamiento de un área viciada hasta ayer en actividades cuya trágica realidad solo ha significado gasto indiscriminado y no inversión y resultados.

Esperamos por ello que bajo su dirección se contribuya en la medida de lo posible a encarrilar una Viceconsejería que, parafraseando a la consejera, es consciente que la cultura no ha muerto pero sí el modelo que la caracterizó en un pasado hoy absorbido por el sumidero de la historia.

Saludos desde este lado del ordenador.

La librería Mistério cuelga el cartel de cerrado

Martes, Julio 24th, 2012

En principio, el misterio de una librería como Mistério fue su nombre.

¿Mistério? ¿Qué demonios significaba ese acento marcando la E?

El segundo misterio de una librería como Mistério fue su audaz mestizaje en pleno centro de La Laguna, Tenerife.

Convertir un espacio rodeado de libros con té de casi todas las partes del mundo.

El tercer, y no último misterio de una librería como Mistério fue su especialización.

Además de té, el visitante entraba en un cómodo habitáculo dedicado a la novela de misterio, a la novela policíaca…

Se convertía así Mistério en un centro de referencia para lectores y escritores que cultivan el género… Fue, a su manera, nuestra Negra y Criminal, nuestro Estudio en Escarlata… templos que desde Barcelona y Madrid defienden una literatura que, en boca de Paco Ignacio Taibo II, ha recuperado la bandera de la novela social.

La crisis, esa negra tormenta que nos está impidiendo ver la realidad de las cosas, ha mordido a Mistério. Y Mistério, me entero por un corto pero emotivo correo electrónico enviado por sus paladines: Maru y Miguel Ángel, anuncia que tira la toalla y coloca el cartel de cerrado en su entrada.

Ubicada en ese mágico callejón lagunero que conforma la atractiva galería de la plaza de La Concepción, Mistério además de té y libros organizó un club de lectura y regaló sesiones con escritores, presentaciones y charlas que animaban este rincón lagunero en sus formidables Noches de Mistério.

Por allí pasaron, entre otros, Mariano Gambín, Antonio Lozano y Carlos Álvarez, también Alexis Ravelo y otros tantos que contribuyeron con sus presencia a arropar un enclave que fue desde sus inicios un oasis para esta tierra tan poco dada a la cultura.

Echaremos de menos los misterios que nos proponía Mistério.

Sam Spade, Philip Marlowe, George Smiley, Frederic Troy, Matt Scudder, Parker, Jack Taylor, Sherlock Holmes, Hercules Poirot, la señorita Marple, William Monk y Thomas Pitt; nuestros Ricardo Blanco, Eladio Monroy, José García Gago, Pedregal y esa inquietante pelirroja que se llama Alex Stibrings que solo persigue el sueño de Goslar que no es otra cosa que el material con el que se fabircan los misterios, se han quedado huérfanos…

Y sé, como dejó escrito Raymond Chandler, que decir adiós es morir un poco.

Saludos, un fortísimo abrazo sin pizca de misterio a Maru y Miguel Ángel, desde este lado del ordenador.

¡Qué cosa tan rara!

Lunes, Julio 23rd, 2012

A MODO INTRODUCCIÓN

Me dejan, mientras veo en mi mansión por enésima vez M, el vampiro de Dusseldorf, este texto. Texto que desliza una mano anónima por debajo de la puerta sin que se percaten ni mi guardianes mormones ni los perros salvajes y rabiosos que velan por mi seguridad en esta gozosa soledad en la que he decidido encerrarme para respirar aire limpio, libre de bacterias. De enfermizos bacilos humanoides.

Abro pues con temblores nerviosos el sobre…

Y leo…

I.- ¿VAMOS A LA PLAYA?

La amiga consigue lo imposible. Me convence para ir a la playa.

“Coge una toalla, ponte las chanclas y el bañador que bajo a recogerte…” me ladra a través del móvil.

Intento buscar una excusa rápida, de esas por las que piensan que deberían de darte el Oscar al mejor actor pero no se te ocurre otra cosa mejor que decir: “Bueno…” Como si esa segunda mitad a la que mantienes maniatada en un apartado rincón de tu mente se hubiera librado e intentara convertirte en otra persona. Una persona sana, que rechaza los venenos que forman parte de tus hábitos de burgués en franca decadencia.

Ya en el coche y mientras suena la radio le pregunto si ha pensando donde vamos a comer.

- Hay un chiringuito donde sirven pescado fresco…

- ¿Tendrán lapas, camarones?

- Pues no lo sé, pero imagino que sí.- responde mientras se mete por una carretera de curvas peligrosas que sube una montaña.

Mi amiga se pone a hablar de lo mal que está el país. De la crisis, de cómo está afectando al sector cultural. De lo mal que están las cosas. Me confiesa que si pudiera dejaba la isla y se marchaba a otro sitio. Pero no puede, se lamenta mientras da golpecitos al volante y yo sudo más por miedo que por el calor mientras el automóvil atraviesa las curvas de una carretera que tiene solo dos carriles.

Miro por la ventanilla cerrada, para que al aire acondicionado refresque el interior, los barrancos que cada vez me parecen un poquito más a un abismo.

La amiga me pregunta que como me trata la vida mientras no deja de tocar el claxon para avisar a los coches que vienen en sentido contrario.

- Mientras no me canse de leer no puedo quejarme.- le contesto resignado, pero sin atreverme a preguntarle si me deja fumar. Mi amiga es una mujer sana. No hace pilates pero sí meditación y yoga.

En la radio un energúmeno está gritando prima de riesgo. Me entra algo de sueño pero no cierro los ojos alarmado por el abismo que se asoma más allá de la ventanilla; por la conversación de mi amiga, que ha tenido el acierto de cambiar de dial, y por el frío en conserva que se mantiene en el interior del coche.

II.- LA NIEBLA

- ¡Qué cosa tan rara!- dice de repente mi amiga.

- ¿Qué?

Con la cabeza me indica que mire al frente.

Estamos a punto de entrar en una niebla espesa, de un inquietante y siniestro color gris.

- ¿En julio?

Me encojo de hombros.

Reduce la velocidad mientras los faros del coche intentan dar algo de claridad a esa nada grisácea en la que nos hemos visto inmersos. Toca el claxon mientras se muerde el labio inferior.

- Igual es mejor que retrocedamos.- sugiero.

- ¿Y dónde doy la vuelta?- me pregunta con un tono en el que delata  preocupación.

Opto por cerrar la boca aunque al final doy un suspiro cuando salimos de la niebla.

- ¡Qué cosas tan rara!- repite mi amiga.

Afirmo con la cabeza mientras me doy la vuelta para ver como la niebla baja montaña abajo como si se tratara de una sábana sucia. Voy a soltar un chiste malo, de los míos cuando ella vuelve a exclamar: ¡Qué cosa tan rara!

III.- EL VILLORRIO

Miro al frente y observo que entramos en un pueblo. Justo en ese momento el coche comienza a quejarse y se detiene en medio de la calle que debe ser la principal.

- ¿Dónde coño estamos?- dice mi amiga.

Bajo la ventanilla y observo guirnaldas, banderitas tricolores que decoran las farolas y las fachadas de las casas. Un señor bajito sale de una de ellas y se acerca a nosotros.

- Bienvenidos…- dice con una sonrisa.

- ¿Bajamos?- le propongo a mi amiga.

- No se preocupen por el coche. Pronto vendrá alguien y lo llevará al taller. Ustedes son los primeros, pero esperamos más. Sean bienvenidos.

- ¿Dónde estamos?- pregunta mi amiga.

El hombre bajito no responde. Con la mano nos invita a seguirle al interior de la casa de la que ha salido.

- ¿Qué celebran?- Digo.

- Una fiesta.- responde el hombre bajito.

Nos sienta en una mesa, donde hay varios platos de carne. Una viejecita escancia vino blanco en unos vasos de plástico.

- ¡Beban, beban… Y coman….Estamos de fiesta!.- nos anima el hombre bajito.

Pruebo la carne y no está nada mal. Mientras mastico mi amiga vuelve a preguntar por el nombre del pueblo.

- Coma, coma usted.- le dice el hombre bajito.

Saciado y algo borracho me entra el sueño. Aunque intento no cerrar los ojos.

Oigo a mi amiga en volumen muy bajo sin embargo… Señal evidente de que fundo a negro.

IV.- ¡QUÉ COSA TAN RARA!

Abro los ojos en una cama de sábanas blancas. Un ventilador desde el techo hace como que me besa con su brisa fresca. Me levanto con un fuerte dolor de cabeza. Bebo tres vasos de agua de una jarra puesta sobre una mesa y, dando traspiés, salgo de la habitación tropezándome en un largo y estrecho pasillo con el hombre bajito. Lo acompañan, detrás, dos tipos que parecen campeones de Lucha Canaria. Pregunto que dónde está el baño y el hombre bajito abre una puerta. Entro, voy directo al lavabo y me enjuago la cara. El agua tiene un ligero sabor a salitre, pero sale lo suficientemente fría para espabilarme. Tras secarme con una toalla de papel, el hombre bajito y los luchadores me llevan a un salón coqueto, amueblado con antiguallas. Me dejo caer en una mecedora.

- ¿Dónde está mi amiga?.- pregunto.

- Shhhh.- me responde el hombre bajito.

- ¿Duerme?

- Shhhh.- vuelve a decir.

Estoy tontamente relajado. Escucho por una de las ventanas abiertas música de verbena que sigo con el pie y con las manos.

- Hay baile.- dice el hombre bajito con la oreja puesta fuera.

- Fiesta.- susurro.

- Casi siempre porque aquí nos preocupamos en que casi nunca pase nada…

- ¿Cómo se llama este pueblo?

- ¿No lo sabe todavía?

V.- LA TERRIBLE REVELACIÓN

Me levanto y salgo a la calle, atestada de magos y magas que bailan.

El olor de carne a la brasa llega a mis narices.

Un grupo de tíos vestidos con mantas esperanceras interpreta una cancioncilla que de pronto se me antoja diabólica.

- ¿Dónde está mi amiga?.- pregunto nervioso.

- Bailando…

Alguien me da una papa negra arrugada.

- Yo, yo quiero irme de aquí….- murmuro mientras otro me entrega un vaso de vino tinto.

- Nadie puede irse de aquí.

- Pero yo… yo quiero irme…

- Nadien.

Intento correr pero los pies los tengo como de cemento.

Oigo una risa, también un eructo… Miro al cielo y ahora, que es de noche, descubro que no hay estrellas.

- ¿Esto, esto es el fin?.- pregunto tartamudeando.

El hombre bajito se inclina y comienza a caminar hacia atrás.

- Quiero irme.- insisto mientras me rodean magos y magas que solo tienen una idea en la cabeza: convertirme en hamburguesa.

Suena, mientras tanto, la música de los tíos con mantas esperanceras. Y alguien que recita con voz quebrada y aguardentosa…

Mi patria no es el mundo;

mi patria no es Europa;

mi patria es de un almendro

la dulce, fresca, inolvidable sombra.”

- Quiero irme…- reitero.

- “Mi patria es una isla,

mi patria es una roca,

mi espíritu es isleño

como los riscos donde vi la aurora.”

- Ayyyy, mamaíta, Ave María purísima y sin pecado concebida…- me atrevo a recitar…

(*) La imagen corresponde al filme Two Thousand Maniacs! (Herschell Gordon Lewis, 1964)

Saludos, a mi manera va por usté, don Nicolás Estévanez, desde este lado del ordenador.

‘Epito, quiero mi Batman…’

Domingo, Julio 22nd, 2012

I.-  A MODO DE INTRODUCCIÓN

La moda de las trilogías, tetralogías, secuelas, remakes se ha convertido en una especie de hongo venenoso en eso que antaño fue el mejor cine del mundo, el norteamericano, por supuesto.

Los expertos dicen que es una moda que viene de los años treinta, cuando no existía televisión y en su lugar se exhibían seriales donde se intentaba dejar al público clavado en la butaca al final de cada episodio.

Ese en el que personajes como Flash Gordon parecía iba a ser víctima de las hordas de Ming o el Capitán América, Jim de la Jungla o el mismo Batman prometían desaparecer de la faz de la tierra al estar rodeados de feroces enemigos armados hasta los dientes…

El estreno primero de La guerra de las galaxias y más tarde de Indiana Jones y tiempo después de El señor de los anillos recuperó a lo grande aquel roñoso espíritu dejando tieso en la butaca al desdichado espectador que tuvo la ocasión de verlas en pantalla grande, con sonido dolby a toda pastilla y algún fan disfrazado como los protagonistas que desfilaban en cualquiera de esas películas y sus entregas.

Esto me hace recordar que una de las peores experiencias de mi aprendizaje como espectador cinematográfico fue El imperio contraataca y quedarme con la miel en los labios con su abrupto final, con el bueno de Han Solo congelado y sorprendido de que Luke Skywalker se quedara sin mano y sin novia tras descubrir que la chica de sus sueños más húmedos era su hermana y el malvado de Vader su padre.

Tras salir de la sala, quiero pensar ahora que el Cine Greco, las reacciones fueron encontradas. En mi cabeza se mezclaba el cabreo por el continuará y la frustración de saber que tenía que esperar a que pasara un par de años antes de averiguar cómo iba a terminar la trilogía galáctica.

¿Y si no estoy en este mundo? Era una de las preguntas que se me pasaban por la cabeza con la machacona y repetitiva banda sonora de John Williams resonando en mi cabeza… Al final me quedé en este planeta y vi La venganza del Jedi.

¿Mereció la pena la espera? Mucho me temo que no.

De hecho, creo que a partir de ese día comencé a detestar cordialmente las segundas, terceras, cuartas y quintas partes porque casi nunca cumplían su promesa. Es decir, ir más allá y hasta el infinito…

En todo caso, es verdad que toleraba y tolero las que revientan a un personaje con excesivo sadomasoquismo.

Entiendan con ello mi aprecio por series como Rocky y Rambo, Terminator y alguna otra que no recuerdo porque, sencillamente, no se trataba de construir un complejo y a la postre aburrido universo sino repetir la película original solo que con más medios… También más salvaje en las que escribía y protagonizaba Sylvester Stallone, un tipo que aún continúa noqueándome porque no traiciona su manera de hacer dinero.

Y un tipo que pese a que su ideología se encuentre en las antípodas de la mía, le sigue resultando sincero porque no ha cambiado su discurso. Un discurso con el que naturalmente no comulgo pero que me fascina con inquietud venenosa: Soy la ley. La ley del más fuerte.

“Si no sabes rezar antes de que me haga real va siendo tiempo de que aprendas”.- Parece que quiere decirme con sus películas.

II.- FAST FOOD

Este preliminar es para comentarles la decepción, también el asombro no miedo, que he sentido al ver la última de Batman, The Dark Night Rises, de Christopher Nolan cuyo estreno se ha visto empañado por el desgraciado tiroteo en un cine de Denver, Colorado.

Tiroteo que inevitablemente me ha hecho recordar Targets (Peter Bogdanovich, 1968), lo que pone de manifiesto que a veces el arte, solo a veces, se caracteriza por un morboso sentido profético… Lástima que en la sesión de Denver no estuviera Boris Karloff para reducir al hijo de la gran puta que quiso conseguir sus cinco minutos de fama acribillando y asesinando a más de una decena de personas.

Entre ellos niños cuya mayor ilusión en la vida era ver como se cerraba la trilogía sobre Batman dirigida por Nolan.

Confieso, no obstante, que estando en la sala a oscura de uno de esos multicines que aún sobreviven en el villorrio en el que vivo pensaba en lo que tuvieron que sentir esos espectadores cuando se percataron que un asesino estaba disparando y de verdad sobre todos ellos. Es más, nada más comenzar The Dark Night Rises me pregunté cómo sonarían los disparos reales sobre los ficticios que pueblan como mosquitos esta película cuyo tono quiere ser crepuscular.

Escribo lo de crepuscular con una sonrisa triste en los labios.

Porque todo lo que disfraza a esta película, salvo su espectacular inicio aéreo, es de una estupidez de la que ya no debo quejarme como reincidente en ver tonterías de este calibre en la sala de un cine. Rodeado de un público entregado, convencido de que merece la pena apostar por los héroes que tanto contribuyeron a emocionar su adolescencia en la página de los colorines, tebeos, comics…

Nolan cierra la trilogía de su Caballero Oscuro con un guión penoso. Con una historia, además, que encierra un peligroso y perverso mensaje.

Y si peligroso, tenebroso y perverso era el mensaje del Dark Night con el que Frank Miller recuperó al Hombre Murciélago en su historieta donde reactualizaba con claves profundamente reaccionarias pero también libertarias al álter ego de Bruce Wayne, en el filme de Nolan se reescribe ese discurso para transformarlo ahora en una especie de paladín de ese mismo sistema que nos roba, entre otras cosas, los que nos queda de dignidad como personas.

III.- QUE LE DÉN…

El Caballero Oscuro que propone Nolan no es otra cosa que un multimillonario gilipollas que se arruina pero al que nunca le falta dinero y que regresa a su Gotham City –o la Ciudad Gótica en las siempre acertadas por delirantes traducciones de la editorial mejicana Novaro– para librarla de una especie de dictadura del proletariado en la que se ha visto metida por una especie de red skin que responde al nombre de Bane, cuyo mayor logro –y entusiasmo para quien escribe ahora estas líneas– es el robo que perpetra en la Bolsa de esa Ciudad Gótica que se supone es Nueva York aunque gran parte de los exteriores se rodaran en Pittsburg.

Bane al final es un instrumento, claro está.

La revolución que lidera es una mentira, resalta la película, cuando logra aislar Gotham del resto de un mundo que se desmorona y que solo permite primaveras árabes en países árabes

En el filme la bandera de los buenísimos, que no la de la verdad, es la que enarbola no ya Batman sino esa ley que encarna en la película la policía, los hombres de azul, para poner fin a una anarquía cuya justicia (¿la Cuba de Fidel Castro?) solo sentencia a una muerte o un exilio que significa también la muerte.

El problema de la película, uno de los muchos problemas que suscita esta laaarguísima cinta, es que como espectador no estás ni con unos ni con otros.

Probablemente porque llega un momento en el que pasas de verla y te pones a pensar en tus problemas de verdad mientras en pantalla se parten la cara rudos policías con rudos maleantes aunque te alegre la vista observar a una chica que hace de Cat Woman disfrazada con un encajado traje de licra como si se tratara de una tarada dominatrix.

Pero eso no lo logra, sin embargo, que te entren ganas de vomitar las cotufas y el refresco con el que te has  pertrechado nada más  entrar en la sala.

IV.-  A MODO DE EPÍLOGO

Y que eches de menos… pero muuucho de menos la serie que sobre Batman se rodó en los años sesenta.

Una serie de espíritu libre y pop. Pero menos tontorrona y perversa que este Dark Night cuyo crepúsculo no es otro que el renacer de los hijos de la gran puta.

Cuando era niño, no se cansan de recordármelo mis mayores, no dejaba de repetir algo así como epito, quiero BatmanEpito, quiero Batman

Intentaba reclamar un muñeco del hombre murciélago que había visto en un carrito.

Iba vestido de gris, con una capa negra. No era articulado. Era un Batman pirata y que no llegaba a la altura del zapato a un Madelman.

Pero yo continuaba con mi cantinela.

- Epito, quiero BatmanEpito, quiero Batman

Fue mi padre quien se dio cuenta que lo que exigía era ese muñeco pirata de Batman que había visto colgado en un carrito.

Al final me lo compró uno de mis tíos para que cerrara la boca.

Desde ese entonces, sin embargo, continuo repitiendo “Epito quiero Batman…”

Quiero Batman.

… Epito, quiero mi Batman

Saludos, de un hombre intranquilo, desde este lado del ordenador.

Mi extraño encuentro con Nosferatu

Viernes, Julio 20th, 2012

Me llevo la mano al pecho cuando descubro la inquietante silueta que se dibuja en el marco de la puerta: un tipo alto y delgado, calvo como una bola de billar y con feroces orejas puntiagudas. Enseña dos colmillos como de ratón mientras me preocupo seriamente de que no sea nadie (nadien decía aquel) que quiera venderme un trozo de paraíso o comerme la cabeza con el puto incendio que devora el corazón de la isla.

- No se preocupe usted que está controlado.- dice la criatura que me ha leído la mente.-  ¿Puedo pasar?- pregunta moviendo unas manos largas cuyos dedos, finos como palillos, terminan en una escandalosas uñas que parecen garras.

- La verdad es que iba a acostarme.- miento como un bellaco.- Es un poco tarde, sabe usted.

No miento al decir la hora. Son las dos de la madrugada. En algún lugar suena el clong clong de un reloj que me hace dar un pequeño saltito.

Comienzo a sudar mientras los ojos del tipo delgado se clavan en los míos.

- ¿Puedo pasar?.- insiste mostrando ahora una perversa sonrisa.

Voy a decir que no pero de mis labios sale un traicionero sí.

El individuo, que viste un abrigo negro, entra y me ordena con la mirada que cierre la puerta.

- Me encantan las arañas.- exclama cuando observa las telarañas que se han tejido en la lámpara del salón.

- Acomódese usted.- le digo señalando el sofá. Yo me instalo en el sillón de orejas, donde cruzo las piernas y hago que pongo mirada interesante. Es decir, cierro los ojos.

- Veo que estaba viendo una película.- susurra el tipo delgado.

La imagen del televisor está congelada en stop.

Comienzo a reírme. No sé porque me río… Bueno, sí… Comienzo a sentirme nervioso. Y mucho más nervioso cuando compruebo que el caballero que tengo sentado en el sofá es el mismo que aparece en la imagen congelada del televisor…

- Ehhhhh….- balbuceo señalándolo a él y a la pantalla.

- Al natural soy más atractivo, ¿verdad?.- contesta el tipo delgado mientras con una de sus manos plancha las arrugas del abrigo que lleva puesto.

Estoy a punto de soltar una tontería. Algo así como no tiene calor… Pero en bocas cerradas no entran moscas.

- Continúe viendo la película.- me anima el caballero.

- Estará cansado de verla.- intento excusarme.

El tipo se rasca la nariz y luego pasea con uno de sus dedos el largo de sus colmillos de rata.

- Que va… Vamos, vamos….

Pulso el play y la pantalla vuelve a ponerse en movimiento. En blanco y negro el orejudo se inclina sobre el cuerpo de una doncella. Sus ojos saltones miran a cámara antes de dar el inevitable mordisco.

- Ahhh, qué sed me está dando….- exclama el sujeto sentado en el sofá con la vista clavada en la pantalla del televisor. Un televisor de pantalla plana y no sé cuantas pulgadas.

-Tengo agua fría en la nevera. También cuatro garimbas

- ¿Garrrimbas?.- pregunta con marcado acento germano.

- Cervezas, muy fresquitas.

El tipo de encoge de hombros y continúa mirando la pantalla del televisor.

Ya en la cocina, la luz de la nevera me deslumbra.

Cojo dos latas de cervezas, busco algo en la despensa y regreso al salón.

- ¿Sabe usted mi nombre?

- ¡Drácula!.- grito procurando tener el mismo acento devoto de Renfield.

- Quita, quita…..-ladra como si le hubiera mostrado la cruz.

- ¡Nosferatu, el de la película!

El tipo se rasca la cabeza y me mira con abisal tristeza al contemplar la ristra de ajos que llevo a modo de collar.

- ¡Murnau!

Niega consternado con la cabeza, que inclina suavemente sobre su pecho.

- ¡Klaus Kinski!

Se levanta del sofá y hace amago de estrangularme aunque los ajos que llevo entorno al cuello lo ponen firme en el centro del salón. Comienza a dar arcadas…

Mi ángel de la guardia, que hasta ese momento debía de estar fumando cosas raras en algún rincón de mi casa sale en mi ayuda y me grita por la oreja izquierda un nombre.

- ¿Shrek?

El hombre delgado y calvo abre los ojos…

Mi demonio de la guardia, que hasta ese momento debía de estar fumando cosas raras con mi ángel de la guardia me sopla por la oreja derecha otro nombre.

- Más… No… Espere un poco… Max… Max Schreck

En pantalla aparece un cartelito en el que se puede leer Ende.

El señor Shreck da dos zancadas largas y sale de mi mansión atravesando como un espectro la puerta.

- ¡Nosferatu, espera…!.- voy chillando por el pasillo.

Pero solo me contesta un bofetón de calor cuando llegó a la calle.

Calor…

Demasiado calor.

Un bofetón de calor…

Mi ángel y demonio de la guardia se ponen por una vez de acuerdo: “La fuerza del vampiro radica en que nadie cree en su existencia.”

- España, España….- grito.

Saludos, Nosferatu, el vampiro, cumple 90 años, desde este lado del ordenador.

El Gran Juego de la paranoia y la traición

Jueves, Julio 19th, 2012

INTRO

Lo confieso, señor juez, si en la novela negra la escuela que me engancha suele ser la estadounidense porque fueron ellos –los malditos gringos– quienes supieron explotar el lado oscuro de la hasta ese entonces acomodada novela de misterio, mis apetencias se decantan por el contrario en lo que conocemos como novela de espías o de espionaje por los escritores británicos.

Eso explica que reclame en este rápida lista que solo tiene la intención de recomendar algunas de las novelas que, a mi juicio, elevan este género sobre las fronteras sombrías del mismo género, que cite mayoritariamente a los escritores nacidos en la pérfida Albión por encima de sus primos norteamericanos y de otros países porque me parecen que los vástagos de su graciosa Majestad han tenido más coraje, clase y ambiciones literarias que el resto de sus competidores.

De hecho, defiendo señor juez que la novela de espías es un género exquisitamente británico porque fueron ellos los que además de preocuparse por construir tramas sólidas protagonizadas por personajes vulnerables y con serios conflictos de identidad y moral, supieron maniobrar y fabular con los elementos que componen ese mundo fantasma e irreal que se conoce como Inteligencia.

En esta lista, como en cualquier otra lista, señor juez, faltan mucho grandes autores. Entre otros, lo admito, algún título de mi apreciado Robert Harris, Trevanian y Alan Furst, pero es que, entiéndame, la producción literaria de este último no deja de parecerme una recuperación vintage y sospechosamente mimética de lo que en su tiempo escribió Eric Ambler.

Se omiten, también, y espero que por razones obvias, las novelas de Tom Clancy y Robert Ludlum porque, a título particular, ninguna de ellas ha terminado por llenarme. Será porque me parecen demasiado teledirigidas, gruesas y confusas.  

CON LAS MANOS EN LA MASA

KIM (Rudyard Kipling, 1901).- ¿Escribió algo malo Kipling? No. Es uno de esos escritores a los que el paso del tiempo apenas estremece. A medio camino entre la novela picaresca, retrato de costumbres y maravillosa novela de aventuras, Kim acuñó como el Gran Juego el arte del espionaje. Kim son muchas novelas en una sola novela, pero sobre todo es el relato de una iniciación en la que su autor, masón reconocido, casi parece que rinde un curioso y en ocasiones contradictorio homenaje a los que también se reconocen como Hijos de la Viuda.

EL AGENTE SECRETO (Joseph Conrad, 1907).- Se trata de una de las novelas más extrañas e inquietantes del autor de títulos como Nostromo o Lord Jim. Extraña e inquietante por el retrato que ofrece de cómo operaban los grupos anarquistas a finales del siglo XIX en una gran ciudad como Londres, Conrad ofrece un retrato desolador sobre su lucha, revelando que la mayoría de estas células libertarias estaban infiltradas por agentes de la policía que se hacían pasar por entusiastas revolucionarios. Es un libro que deja un mal sabor de boca, deliciosamente paranoico.

EL HOMBRE QUE FUE JUEVES (G. K. Chesterton, 1908).- Quizá se trate de la obra más conocida y popular –con permiso del padre Brown– de cuantas escribió ese gigante llamado Chesterton. El relato se centra en una célula anarquista en la que cada uno de sus miembros se reconoce como un día de la semana. El protagonista de la novela será Jueves, un agente de la policía infiltrado que al final descubrirá que… Lean la novela y sabrán a que me refiero. Cuando la leí, comencé a ver el Domingo de otra manera.

ASHENDEN O EL AGENTE SECRETO (Somerset Maugham, 1928).- Maugham fue un autor muy popular en su tiempo aunque hoy ha caído en desgracia porque la mayoría de sus historias no han sabido resistir muy bien el paso del tiempo. Con todo, es un escritor por el que siento aprecio, quizá porque llegó a mis manos siendo todavía un adolescente que creyó encontrar en algunas de sus obras claves para caminar por ese sendero que conocemos como vida. Al filo de la navaja y Ashenden o el agente secreto son, en este sentido, dos de sus libros que más me conmovieron. El segundo porque su protagonista es un dandi que describe sus aventuras –más sentimentales que de espionaje– en la convulsa Europa de la I Guerra Mundial.

LA MÁSCARA DE DIMITRIOS (Eric Ambler, 1939).- Casi todas las novelas que dedicó al género Eric Ambler son excelentes. De hecho, si hay un padre de la novela de espionaje moderna tal y como la conocemos se lo debemos a este escritor británico que comenzó su carrera como escritor publicando en una editorial de baratillo. Más cínico que irónico, si hay un título por el que se le reconoce y que sentó escuela es La máscara de Dimitrios, parte de cuya acción se desarrolla en la Turquía y los Balcanes de entre guerras. La novela viene a contar la obsesión de su protagonista, un escritor británico, que investiga el pasado de Dimitrios, un traficante de armas cuyo cadáver ha sido hallado en Estambul. Claro que no todo es lo que parece… Muy, pero que muy recomendable.   

DESDE RUSIA CON AMOR (Ian Fleming, 1957).- Me resulta muy difícil escoger cualquier novela de James Bond porque si bien casi todas se parecen, todas tienen su algo que las diferencia. Al final he optado por Desde Rusia con amor porque se trata, a mi juicio, de la que hasta ahora continúa siendo la adaptación al cine más fiel de su original espíritu literario. ¿Novela de espías? Diría más bien que la sublimación de la novela de espías. Con todo su roñoso discurso masculino aún tremendamente cool para estos tiempos gañanes que vivimos.

EL MENSAJERO DEL MIEDO (Richard Condon, 1959).- Quizá sea de esta lista la novela perfecta sobre la paranoia y la traición en el reivindicable género de la literatura de espionaje. Y razones no le faltan pese a que haya quedado envejecida porque el conflicto que la armó haya quedado desmontado –suponemos– por la tormenta de la historia. 

EL ESPÍA QUE SURGIÓ DEL FRÍO (John le Carré, 1963).- Probablemente sea el autor más famoso de esta lista. Y razones no faltan para que continúe disfrutando de esta popularidad aunque, personalmente, prefiera a Ambler y Greene. Le Carré es el creador del agente secreto George Smiley, personaje que es un secundario en la que considero es su mejor novela de espías, muy por encima de El topo. El espía que surgió del frío es un título desgarrador, donde su protagonista es una marioneta del Gran Juego que durante la segunda mitad del siglo XX mantuvieron las potencias occidentales con las que estaban al otro lado de ese Muro que Wiston Churchill denominó como Telón de acero.

ODESSA (Frederic Forsyth, 1972).- Frederic Forsyth fue un estupendo escritor de thrillers de espionaje antes de que se convirtiera en una marca de éxito y se automatizara en posteriores novelas. Tras su impecable debut con El día del Chacal, exploró en las venas abiertas –y mucho me temo que todavía no cerradas– de Alemania al contar la historia de un joven reportero que persigue a un oficial de las SS protegido por la organización que da título al libro y que vive, como un hombre libre, en esa misma Alemania que intenta hacer un supuesto examen de conciencia sobre su siniestro pasado.

HA LLEGADO EL ÁGUILA (Jack Higgins, 1975).- Pese a que la sombra de Follet y Forsyth ha cubierto su grandeza, Jack Higgings es un escritor que continúa siendo fiel al género de espías en sus novelas. Y Ha llegado el águila, título que contó con una magnífica adaptación cinematográfica dirigida por John Sturges, quizá su título más recordado y apreciado por los aficionados. La historia narra la imaginaria operación de matar a Winston Churchill en territorio británico, misión que se le asigna a un oficial de las fuerzas paracaidistas alemanas. También aparecen norteamericanos, que salen relativamente mal parados y un nacionalista irlandés que quizá sea de lo mejor de esta inquietante ficción.

EL FACTOR HUMANO (Graham Greene, 1978).- No, no he seleccionado ni el Americano impasible ni Nuestro hombre en La Habana porque, a mi juicio, la gran novela de espionaje de Greene es, precisamente, El factor humano. Con esta novela el que quizá sea uno de los más grandes escritores británicos de todos los tiempos humaniza el Gran Juego narrándonos el relato del por qué de una traición. Claro que… ¿Traición a quién? ¿A tu país?

LA ISLA DE LAS TORMENTAS (Ken Follet, 1978).-  Conocido hoy más por ser el autor de Los pilares de la tierra, mucha gente ignora que Ken Follet es un excelente escritor de novelas de espionajed con títulos como La clave está en Rebeca o La isla de las tormentas, en la que el autor juega con mano maestra con muy pocos personajes. Cuenta con una excelente adaptación cinematográfica: El ojo de la aguja (Richard Marquand, 1981).

SSGB (Len Deighton, 1978).- Len Deighton es uno de los grandes nombres de la novela de espías. De hecho, creo que es uno de los grandes maestros de la paranoia como herramienta para explotar el miedo ya que es uno de los temas recurrentes en su fabulosa pero también desigual producción literaria. Creador de Harry Palmer como alternativa “creíble” al Bond de Fleming, y una serie de novelas que hacen ciclos completos, la peculiaridad de SSGB es que el autor plantea una ucronía con tintes negros y mano maestra: ¿Qué hubiera pasado si Gran Bretaña al final resulta ocupada por los nazis? Del mismo autor recomiendo El juego de Berlín y la apasionante La ciudad de oro.

 A OSCURAS (John Lawton, 1995).- Ambientada en Londres en los años cuarenta, durante los feroces bombardeos de la Luftwaffe, A oscuras es la primera novela protagonizada por el policía Frederic Troy, hijo de padres rusos emigrados a la capital británica tras la Revolución que pide a gritos una urgente reivindicación. Nadie es inocente en las historias de Lawton, quien repasa a través de su personaje un buen pedazo de la historia reciente de Gran Bretaña hurgando en la llaga de sus emociones más ocultas. Creo que el maestro Juan Antonio de Blas lo hubiera considerado uno de los nuestros…

LA COMPAÑÍA (Robert Littell, 2002).- Ambiciosa, y entiendo que también muy discutible y reaccionaria historia novelada de la CIA. A pesar de ello, me parece un monumento al entretenimiento que supera las mil páginas en la que su autor, un americano convencido y probablemente agente de esa misma CIA, cuenta los errores y aciertos de La Compañía desde sus comienzos hasta el derrumbamiento del bloque comunista.

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