Archive for the ‘Cine de allá’ Category

Fidel Castro en el cine, la historia no lo absolverá

Viernes, Diciembre 9th, 2016

INTRO

El pasado 25 de noviembre fallecía en La Habana Fidel Castro, el hombre que manejó durante más de cincuenta años y con mano de hierro los destinos de  Cuba y de miles de cubanos, a quien dio escuela y hospitales pero también condenó a presidio por disentir de sus ideas. Personaje complejo, paternal, maniqueo, egocéntrico, rebelde y furioso (bravo, que dicen los de su tierra), la pregunta ahora es plantearse si la Historia –o no– absolverá al guerrillero que tras bajar de las montañas llegó a La Habana en enero de 1959.

Sea absuelto o no, la figura de Fidel Castro alcanza dimensiones históricas. Los analistas destacan que consigió convertirse en un líder mundial y recuerdan que casi provoca la tercera guerra mundial cuando estalló la crisis de los misiles. Estamos a principio de los años sesenta y el pulso que sobre la isla mantienen soviéticos y norteamericanos solo llega a su fin cuando Nikita Kruchev decide reembarcar los cohetes mientras masas de cubanos adoctrinados y encolerizados le gritan “Nikita, Nikita, lo que se da no se quita.”

Fidel Castro junto con Ernesto Che Guevara y Camilo Cienfuegos forman como la santísima trinidad de un proceso revolucionario que nació tras el frustrado ataque al cuartel Moncada en julio de 1953. Estos santos laicos, más que marxistas y leninistas, martianos en el caso de Castro y Cienfuegios, entraron en la Historia cuando un pequeño yate de nombre Granma desembarcó a un grupo de hombres en una playa de del oriente cubano. Este desembarco dio inició a lo que más tarde se conocería como revolución cubana. Una revolución que como todas las revoluciones tiene sus luces pero también sus sombras.

Este artículo no pretende ser un sesudo análisis político sobre la vida y obra del comandante en jefe sino un juego, si se nos permite, en el que hemos intentado localizar esas películas en las que un actor ha interpretado a Fidel Castro en pantalla, fuera ésta grande o pequeña.

Jack Palance, Juan Luis Galiardo y Demián Bichir han interpretado con peor o mejor fortuna al comandante, un hombre que, cuenta la leyenda, participó siendo un mozo como extra en varias películas del enemigo. O Hollywood. Los títulos son Vacaciones en Méjico y Easy to wed, filmes que no hemos tenido oportunidad de ver para localizar entre los figurantes la corpulenta silueta de quien años más tarde se convertiría en uno de los enemigos número uno de los Estados Unidos de Norteamérica.

LAS PELÍCULAS

Che!, Richard Fleischer, 1969.-  Mientras el cadáver de Ernesto Guevara aún permanecía caliente tras ser acribillado a balazos en un aldea perdida de Bolivia, el sólido Richard Fleischer rueda la que, probablemente, sea una de sus peores películas.  No ya por un discurso abiertamente proestadounidense, sino por el tono maniqueo del que se sirve para retratar la ascensión y caída del guerrillero argentino. El filme recorre la vida del Che desde las espesas selvas de la Sierra Maestra, en Cuba, hasta Bolivia. Omar Sharif interpreta al primero médico y más tarde soldado verde olivo mientras que Fidel Castro es Jack Palance.

Topaz, Alfred Hitchcock, 1969.- Tampoco se trata de una de las mejores películas del maestro del suspense ni de una de las mejores novelas ladrillo de mi respetado Leon Uris y si bien nadie interpreta a Castro en este confuso y sin embargo fascinante largometraje de espías, John Vernon encarna a un convincente revolucionario que se parece bastante a… Fidel.

Bananas, Woody Allen, 1971.- No se trata de una de las mejores películas del primer Woody Allen cinematográfico pero cuenta con algunos gags memorables y un discurso políticamente incorrecto que no gustará ni a las izquierdas, tan dignos y moralinos ellos como a las derechas, tan de misa diaria y moralinas ellas.

Matar a Castro, Chuk Workman, 1989.- Intento fallido de adaptar el clásico La caza del hombre (Fritz Lang, 1941) ya que al intercambiar los dictadores que se ponen en el punto de mira del fusil que empuña su protagonista, Walter Pidgeon en el filme de Lang y Stuart Whitman en la estrafalaria versión de Workman, no aguanta ni un asalto la segunda. Serie B o Z según se mire y al servicio de un productor demasiado pasado de rosca, esta extravagancia es lo que es, una extravagancia cuyo visionado da vergüenza ajena.

Hasta la victoria siempre, Juan Carlos Desanzo, 1999.- Alfredo Vasco interpreta al Che Guevara en esta entusiasta producción argentina recomendable solo para los que, como quien escribe este post de urgencia, sienten abierto y a su manera comprometido interés  por ese pedazo de la historia de Cuba. Orestes Pérez interpreta a Fidel Castro.

Lío en La Habana,  Peter Askin, Douglas McGrath, 2000.- Si alguien la ha visto, que nos la cuente.

Fidel, David Attwood, 2002.- Miniserie de televisión de marcado signo anticastrista que interpreta en su infancia, juventud y madurez los actores Honorato Magaloni y Víctor Hugo Martín (en la imagen). Gael García Bernal hace de Che Guevara, personaje que volvería a interpretar en la mucho más luminosa Diarios de una motocicleta.

La ciudad perdida, Andy García, 2005.- Pese a que su guión estuvo escrito por Guillermo Cabrera Infante y contase con una buena producción para recrear la feliz y loca Habana de los años cincuenta, La ciudad perdida es un pretencioso y confuso largometraje que dirige sin pena ni gloria el actor Andy García, quien al asumir las facetas de director y actor de la cinta cometió uno de los mayores fiascos de su carrera. Gonzalo Menéndez interpreta a Fidel Castro en esta nostálgica y casposa cinta de oportunidades… perdidas.

Che Guevara, Josh Evans, 2005.- Película que o bien es espantosa o ha sido víctima de una conjura judeomasónica porque, que se sepa, no se estrenó jamás. La protagoniza Eduardo Noriega, que hace de guerrillero argentino y le secunda, entre otros, Enrico lo Verso como Fidel Castro. En la imagen, Noriega como el guerrillero argentino.

I love Miami,  Alejandro González Padilla, 2006.-  Lo más significativo es que presenta  a un envejecido Fidel Castro que interpreta Juan Luis Galiardo. Ese Fidel huye en balsa a Miami tras ser víctima de un atentado.

Che, el argentino, Steve Sordeberg, 2008.- Empeño personal de Benicio del Toro, que encarna a uno de los mejores Ernesto Guevara de la historia del cine, Fidel Castro lo asume con magnético y mimético oficio Demián Bichir, quien compone un personaje complejo, motor de una revolución que, ya ven, medio siglo después continúa conmoviendo al mundo.

SI YO A CUBA LA FILMARA…

Otras películas en las que no aparece Fidel Castro pero está presente porque su sombra es alargada son Cuban Rebel Girls (Barry Mahon, 1959), Piers 5, Havana (Edward L. Cahn, 1959); la fascinante Soy Cuba (Mikhail Kalatozov, 1964); El padrino II (Francis Ford Coppola, 1974); Cuba (Richard Lester, 1979); Havana (Sydney Pollack, 1999); Operación Fangio (Alberto Lecchi, 1999) y Sangre de Cuba (Juan Gerard, 2003), entre otras. La Cuba castrista ha protagonizado además algún capítulo de Mi bella genio, Los Simpson e incluso la secuencia pre créditos de Octopussy, una de las más hilarantes películas de James Bond protagonizadas por Roger Moore. No olvidamos, además, los intentos de asesinato y la frustrada invasión de Bahía de Cochinos que se narra en The Company, serie que adapta la monumental novela sobre la CIA de Robert Littell. Hemos obviado, por razones de espacio, las películas cubanas que se rodaron sobre la revolución como Historias de la revolución (Tomás Gutiérrez Alea, 1960) y Clandestinos (Fernando Pérez, 1987).

Saludos, hasta la victoria, ¡siempre!, desde este lado del ordenador.

Ciclo de cine documental ‘Cultivando el cambio’

Miércoles, Octubre 5th, 2016

El ciclo de cine documental Cultivando el cambio se inicia en octubre y de forma conjunta en las islas de Tenerife y Gran Canaria.

El ciclo gira en torno a la idea de que un cambio “no sólo es deseable, sino que es posible.” Con este objetivo, se exhibirán documentales que tras su finalización, contarán con un debate en el que se hablará de esta posibilidad, y sus temáticas van desde la agroecología, la economía, la solidaridad o el respeto al medio ambiente.

La película STOP! Rodando el cambio inicia el ciclo; seguida de En busca del sentido, Monedas de cambio, El poder de la comunidad, No estamos solos y Las cosechas del futuro, para  finalizar con Mañana.

La periodicidad del ciclo es semanal en Gran Canaria, donde las películas se proyectarán en los cines Monopol, que se han comprometido con esta iniciativa propuesta por Alborinco, grupo de productores y consumidores de Gran Canaria y el Ateneo Miraflores 3, en Tenerife, en la que su periodicidad será quincenal y los jueves.

El ciclo comienza este jueves 6 de octubre –en ambas capitales canarias– con STOP! Rodando el cambio, a partir de las 20.30 horas.

Saludos, all right!, desde este lado del ordenador.

Pero… ¿hubo hombres libres de Jones?

Martes, Septiembre 20th, 2016

En el desolado y estéril paronama de la cartelera destaca una película que sin ser cine espectacular, sí que contribuye a afianzar los cimientos que te han construido como persona.

Lo destacable de Los hombres libres de Jones es lo que cuenta, la visión sobre una Guerra Civil y la guerra silenciosa por la liberación de los esclavos en una nación –lo de gran que lo ponga el que quiera– que aún continúa cuestionándose sus defectos heredados con razonable espíritu crítico.

Los hombres libres de Jones se desarrolla durante y ya finalizada la Guerra de Secesión, y es el relato de Newton Knight (Matthew McConaughey), un desertor del ejército confederado que lidera a un grupo de iguales en el Condado de Jones, y con los que iniciará un  alzamiento armado que se convierte en otra guerra civil, pequeña, pero guerra civil en plena Guerra de Sececión.

Al director Gary Ross, responsable de las estimables Los juegos del hambre y Pleasantville, se le pueden reprochar muchas cosas pero no una mirada coherente y meridianamente distanciada sobre las historias que cuenta, relatos que coinciden en un mismo tema: la rebelión.

En Los hombres libres de Jones la que emprende un grupo de perdedores que no terminan de estar de acuerdo en considerar a los negros como iguales, pese a que forme parte del ideario de quien los conduce, Newton Knight, una especie de protocomunista al que pronto la realidad le joderá la existencia.

Es inevitable pensar en retratos de grandes rebeldes como Espartaco, William Wallace o el Benjamin Martin de El patriota, estos dos últimos interpretados por el mismo actor, Mel Gibson, pero no solo aquí se queda Los hombres libres de Jones aunque el destino de su protagonista sea el mismo de Espartaco y William Wallace: la derrota.

La derrota en Los hombres libres de Jones no tiene, sin embargo, nada de épica, aunque no es una derrota estéril. 

La segunda mitad de largometraje incide en ello, aunque muy por encima, al mostrar la ejecución silenciosa de miles de afroamericanos en los estados del sur al finalizar la Guerra de Secesión, y la aparición del Ku Klux Klan, escuadrones de la muerte cuyos miembros votaban al partido Demócrata.

La película solo tiene un problema. Y ese problema, para quien lo quiera ver así,  es Matthew McConaughey, quien eclipsa al resto del reparto. Imprime carácter al personaje, un guía iluminado pero con los pies firmes en la tierra.

Terminé yendo a verla en una de esas multisalas con olor a cotufas y que te obligan a que te compres un refresco a primeras horas de la tarde en una sala con espectadores que sabían lo que iban a ver.

Así que no percibí el masticar añorado del vecino de butaca, ni las pantallas iluminadas de los móviles cincuenta minutos después de comenzada la película. Incluso hubo gente que se quedó hasta el final de lo títulos de créditos, esa costumbre que solo se da en las salas serias y con un público, quiero pensar, agradecido.

Fue una tarde de cine, esas mismas que disfrutaste hace ya no sé cuánto y en las que te preguntas cosas tan profundas como pero… ¿hubo hombres libres de Jones?

Saludos, hay que ver, desde este lado del ordenador.

Pero es una de Woody Allen

Lunes, Septiembre 5th, 2016

Woody Allen ya no es un nombre sino una marca que cuenta con excelentes trabajos cinematográficos y películas rutinarias y perfectamente olvidables.

Café Society, su último trabajo hasta la fecha, pertenece a la categoría de perfectamente olvidables pese a que sea un filme muy Allen, tanto que se devora así mismo, cogiendo ideas prestadas de anteriores películas para contar la historia agridulce de un amor que pudo ser.

El Hollywood y Nueva York de los años treinta son el territorio geográfico en el que se desarrolla la historia, dos ciudades antagónicas: la primera es frívola y cruel y en cualquier sitio te pueden clavar una puñalada porque está poblada de individuos que actúan como plantas trepadoras que persiguen manejar el gran negocio del cine, frente a otra ciudad, Nueva York, en la que la excéntrica familia del protagonista vive en un barrio de clase trabajadora. Se trata de gente sencilla pero con sus problemas.

Algunos de los mejores momentos de comedia –en esta película que no es una comedia sino un trabajo más de Woody Allen– son precisamente los que protagonizan el clan familiar, que insiste en las bromas judías que disemina a modo de identidad la filmografía de un cineasta que, tras llegar a los ochenta años, parece que continúa contándonos el relato de sus neuras. Neuras ya no tan obsesivamente sexuales como en sus primeras películas, sino quemadas por la nostalgia de un tiempo que se fue y que observa con irónica mirada.

Y allí deben de anidar los traumas de un cineasta con genio intelectual.

Genio intelectual para dar forma a diálogos que si no brillantes son más que notables para definir a sus personajes aunque no a sus historias, algunas de las cuales por rutinarias no van en ninguna dirección.

Y Café Society toma esa errónea dirección. Tanto, que termina y punto. El espectador que se conmovió con Manhattan,  Zelig, Delitos y faltas y Medianoche en París sale de Café Society con la mosca detrás de la oreja, preguntándose a qué viene ahora que haga películas con retales de otras películas suyas.

Un corte y pega sutil pero sin vida interior.

Un zombie alleniano que no alimenta el fuego el trabajo de Jesse Eisenberg y  Kristen Stewart, la pareja protagonista y cuya pasión no emociona. Resultan antipáticos y marcan distancia con respecto al público, me comenta un amigo.

El resto del reparto rodea a  los enamorados a modo de microcosmo social, de invitados a un Cáfé Society al que pronto se le acaban las existencias.

Pero es una de Woody Allen.

Un tipo que con más de ochenta años todavía escribe y dirige películas, tiene tiempo para tocar el clarinete, no recoger Oscars y salir en las portadas de la prensa sensacionalista por sus aparentes delitos y faltas privados.

Así que resignación, es una Woody Allen.

Saludos, yo solo sé…, deste este lado del ordenador.

Georges Méliès, al filo de lo imposible

Martes, Agosto 30th, 2016

Sin George Méliès (1861-1938)  la historia del cine hubiera sido otra. Fue el primero que vio que “las películas tienen el poder de capturar los sueños.” Y de sueños impregnó sus películas con efectos especiales que, incluso hoy, resultan atractivos por extraños y fantasmagóricos, tan mágicos que aún transporta al hechizado espectador a La Luna entre otros escenarios que no han perdido esplendor.

Ese esplendor se refleja en la exposición Georges Méliès. La magia del cine a través de películas, fotografías, dibujos y reproducciones de las criaturas y maquetas que mostró en pantalla el cineasta.

Dibujante, mago, director de teatro, actor, decorador y técnico, productor, realizador y distribuidor de más de quinientas películas, el relato de Méliès que propone esta exposición es de un hombre que fue capaz de vivir el sueño de revelar sueños a través de una serie de ingeniosos trucos ópticos que lograron hacer posible lo imposible.

La exposición muestra algunos de los artilugios que lo fascinaron cuándo descubrió las imágenes en movimiento, quiénes lo influenciaron para que se iniciara en el ilusionismo y la evolución, a través de sus películas, que acabarían por convertirlo en uno de los primeros soñadores que desafió aquel cine primitivo que fue más allá del regador regado invitando al espectador a fantásticas expediciones al polo y a la luna.

Georges Méliès construyó su propio estudio de cine, el primero en Francia, adquirió el teatro de su maestro Robert Houdini y rodó y rodó fantasías un buen puñado de años hasta que el sueño se transformó en cruda realidad.

Hay un periodo de su vida en el que parece que la magia lo abandonó, aunque encontró en esos momentos de dureza extrema a una de sus principales actrices, Jeanne d’Alcy, con quien se casa y con quien regenta un quiosco de juguetes y golosinas en la estación de Montparnasse. Ese mismo establecimiento se reproduce en La invención de Hugo (Martin Scorsese, 2012), uno de cuyos protagonistas, el inquietante autómata, es uno de los objetos de la muestra que ahora rinde homenaje al cineasta en la capital tinerfeña. Ben Kingsley, no podía ser otro, interpreta al ilusionista, al artista que susurró abradacadabra a lo largo de su accidentada travesía por la vida.

El destino no fue benevolente con Méliès durante unos años. Parece imposible pensar que el hombre que  fue capaz de viajar a la Luna venda ahora caramelos y soldados de hojalata aunque la fortuna medio le sonríe en el otoño de su vida cuando lo reconoce un aficionado, Léon Druhot, director de Ciné-Journal, y su trabajo comienza a reivindicarse para que no caiga en el olvido. Tanto, que recibe en 1931 la Legión de Honor por toda su trayectoria.

Pasará el resto de sus días en el castillo de Orly, casa de jubilación de la Mutua del Cine, residencia en la que fallece el 21 de enero de 1938.

La exposición Georges Méliès. La magia del cine recupera con sobriedad pero sin perder encanto la obra de un artista a través de una serie de objetos, algunos originales y otras reproducciones, que ponen de manifiesto que no se ha perdido la capacidad de ilusión del artista.

Su nada por aquí, nada por allá… funciona.

Georges Méliès. La magia del cine permanece abierta hasta el 15 de octubre de 2016 en el Espacio Cultural CajaCanarias (Plaza del Patriotismo, 1)

Un clásico fantástico

Viernes, Agosto 12th, 2016

Por esos inexplicables designios del destino cae en mis manos El tormento de las 13 doncellas como si un ente espectral me guiara a tan extraña como sorprendente película.

Y digo bien cuando escribo ente espectral porque el director de la cinta, el alemán Harald Reinl, falleció hace ahora treinta años en el Puerto de la Cruz, Tenerife, tras ser apuñalado por su tercera esposa, la actriz checa Daniela Maria Delis.

Casualidad o no, confieso que no había depositado demasiadas esperanzas en la cinta pero fue ver la portada y asomar en una esquina que la historia se basaba en un relato de Edgar Allan Poe lo que despertó mi últimamente adormecida curiosidad. Y mi instinto, bregado en mil batallas, no me traicionó porque este tormento de 13 doncellas respondió a las expectativas.

Eso sí, más que basada en un relato de Poe está vagamente inspirada en un relato del autor de El gato negro, de quien coge algunos elementos, como el péndulo de El pozo y el péndulo y poco más, y sí influencias, afortunadas, de las producciones de la Hammer, la atmósfera y la presencia de Christopher Lee así lo delatan; y de La máscara del demonio, el clásico de Mario Bava.

La literatura en lengua alemana cuenta con un grupo selecto de obras maestras fantásticas y terroríficas, ese terror que poco a poco te mete el miedo en el cuerpo. Se refuerza con una sólida base en su folclore y se distingue por la descripción de personajes.

El filme de Reinl recoge ese espíritu que juega con lo macabro. Cuenta con una primera parte modélica en la que se sumerge al espectador en un mundo turbio, extraño, un puente entre lo real e irreal con temple poético e inquietud metafísica pero sin perder tono de humor negro.

Protagonizada por un excelente y atractivo Lex Baker, actor que da la medida del héroe romántico y Karin Dor, actriz que da la medida de la heroína romántica que la película requiere, El tormento de las 13 doncellas es gótico en estado puro. Una rareza en clave fantástica que anima a seguir la filmografía de un cineasta que realizó varios western con Lex Baker como protagonista y que adaptaban novelas de Karl May, a películas de suspense y terror desde el mismo corazón de la selva negra.

Entiendo que por eso el trabajo de Harald Reinl no haya sido aireado por aficionados a las extravagancias ni a la potentísima cultura popular alemana, que es igual o más bestia que la de sus viscerales hermanos latinos… Pero ellos se lo pierden porque El tormento de las 13 doncellas merece ser descubierta como la joya, pequeña o grande, que es del género fantástico en el cine.

Una Constantin Film Produktion, la historia arranca con la maldición con la que el conde Frederic Regula condena a quienes lo ajuiciaron así como a sus descendientes antes de morir acusado de asesinar a trece doncellas.

La venganza se producirá eones después con dos de los descendientes. Para contarlo, Reinl introduce al espectador en un mundo de fantasía negra a través de una mirada escéptica, la que encarna el personaje que interpreta Baker, y la de los creyentes, que se personifica en el conductor de la diligencia que los lleva al castillo maldito y más tarde el mismo espectador.

Feliz descubrimiento El tormento de las 13 doncellas. Pero no solo por lo que significa y debe reivindicarse, sino por la forma en cómo llegué a ella…

Un ente espectral me señala una carátula en la que detecto un nombre vagamente conocido…

Harald Reinl…

Saludos, gritos y susurros, desde este lado del ordenador