Archive for the ‘Cine de allá’ Category

Las últimas palabras de George Sanders

Sábado, Abril 25th, 2015

“Querido mundo: He vivido demasiado tiempo, prolongarlo sería un aburrimiento. Os dejo con vuestros conflictos, vuestra basura, y vuestra mierda fertilizante.”

(George Sanders, San Petersburgo, 3 de julio de 1906 – Castelldefels, España, 25 de abril de 1972)

Saludos, fundimos a negro, desde este lado del ordenador.

Un resplandor: Cuerpo y alma

Viernes, Abril 24th, 2015

Reivindicado por un puñado de aficionados y considerado por esa crítica que a veces se nos constipa, Robert Rossen es un cineasta que cuenta con un puñado de películas que forman parte de mi patrimonio cinematográfico, y cintas que suelo ver sin que apenas note cómo les ha arañado el paso implacable del tiempo.

Somos muchos los que todavía nos emocionamos con la extremadamente crítica El político (1949), su western existencialista Y llegaron a Cordura (1959) y ese emocionado y poético canto al perdedor que es El buscavidas (1961), entre otras, pero se suele olvidar o relegar Cuerpo y alma (1947), que es una de las películas de Rossen junto a las anteriormente citadas, que no dejo de ver año tras año porque no ha perdido su espíritu regenerador y su impecable lección sobre la dignidad.

Una dignidad muy actual en estos tiempos que corren, y necesaria para ir al menos con la cabeza levantada pese a que todo se desmorone a nuestro alrededor.

Cuerpo y alma puede inscribirse en varios géneros aunque a mi me gusta ubicarla en ese cine pugilístico que tanto arte ha dado a la Historia del cine, aunque más que un examen sobre el mundo del boxeo lo que se propone en el filme es la redención de su protagonista, a quien interpreta John Garfield, un actor bronco que solía interpretar a trabajadores sin blanca y a rebeldes de la calle con un fondo de ternura y mucha rabia contenida. 

Frente a Garfield desfilan actores y actrices de ese cine norteamericano que se acostumbró a parir leyendas en década tan prodigiosa como fueron los años cuarenta. A mi, personalmente, me fascina en Cuerpo y alma quien le da respuesta femenina, Lilli Palmer, así como los villanos, que en el filme son encarnados por un frío y calculador Lloyd Gough, su socio William Conrad y Hazel Brooks, que interpreta a una instintiva vampiresa.

Escrita por Abraham Polonsky, uno de los guionistas represaliados en la caza de brujas del senador McCarthy por su afiliación en el Partido Comunista Norteamericano, Cuerpo y alma guarda dentro de sí más historias que las estrictamente pugilísticas, por lo que además de mostrar los combates sobre el ring se preocupa –y he aquí la clave de este filme gigantesco pero sin embargo de producción tan modesta–  por contar su vida sentimental y el dilema ante el que se encuentra: el cariño y el amor que le ofrece su chica frente a la sensación de poder que le da el dinero.

Se narra además cómo es su trato con los amigos –en este aspecto resulta muy enternecedora la relación que mantiene con un ex boxeador de raza negra (Canada Lee) a quien contrata como entrenador tras derrotarlo sobre el ring–, sus amigos del barrio y los gángster de guante blanco que solo quieren exprimirlo hasta el final.

Y exprimirlo hasta el final significa que se corrompa como ellos.

Lo interesante del filme, que está narrado como un largo flash back antes del último combate del boxeador, es que desde el primer momento el personaje que interpreta Garfield puede salvarse, aunque éste se deja tentar por la riqueza y los lujos, un esplendor –subraya la historia– podrido y cuya ambición se asocia con la de los villanos, convencidos, le repite el personaje que encarna Gough de que  ”solo se vive una vez”. Lo que aleja al protagonista de los que lo quieren y respetan hasta que despierta –y sabrán por qué si ven Cuerpo y alma–  y vuelve a ser persona. 

Se trata Cuerpo y alma de un filme trepidante y aleccionador, de un largometraje que cuenta una historia que sabe tocar muchos fibras sentimentales en el espectador.

Una película, en definitiva, que necesita de muchas revisiones porque en cada una de ellas se saca un mensaje, una idea nueva. Su moral, que la tiene, es la de los hombres y mujeres justos.

Una joya que aún resplandece en eso que llaman cine.

Saludos, plano americano, desde este lado del ordenador.

Una joya olvidada por el tiempo: El día de los forajidos

Jueves, Abril 16th, 2015

Si hay un género cinematográfico que me reconcilia con el cine es el western. De vez en cuando, y cuando creía que había descubierto casi todo lo que ofrece este tipo de películas, mis castigados ojos se encuentran casualmente con joyas desconocidas que funcionan como una flecha de luz que atraviesa la tiniebla. Una de estas joyas es El día de los forajidos, que dirige un cineasta al que la crítica considera menor vaya uno a saber por qué.

André de Toth cuenta con varias películas que forman parte de esa filmoteca que me ha ayudado a ir por la vida. Y sumo hoy al estante esta obra mayor de un director al que quieren considerar menor.

En todo caso, si uno bucea en su filmografía encontrará títulos que ya son clásicos del cine y en los que exploró casi todos los géneros como el terrorífico en la estimable Los crímenes del museo de cera (1953),  el policíaco en Pitfall (1948), el bélico en su cruda, violenta y salvaje Mercenarios sin gloria (1968) y el western, que casi monopoliza su trabajo tras las cámaras y género en el que legó grandes obras como El honor del capitán Lex (1952), Cazador de forajidos (19549 y El día de los forajidos (1959), entre otras.

Se tratan la mayoría de ellas de producciones de mediano presupuesto, cintas que contaban con guiones muy sólidos y actores con presencia como Gary Cooper, Randolph Scott, con el que trabajó en varias ocasiones y Robert Ryan, que es el protagonista de El día de los forajidos.

Escrito por Philip Yordan, El día de los forajidos puede considerarse como un western atípico por su escenario, los grandes espacios naturales desérticos están cubiertos en esta ocasión por una nieve que no anuncia nada bueno, y la preocupación que se tiene por mostrar el carácter de todos sus personajes, comenzando por el que interpreta un rudo y casi pétreo Robert Ryan, pasando por un siempre gigantesco Burl Ives, que en esta ocasión asume el papel de un capitán del ejército que ha desertado de la milicia para ganar dinero junto a un grupo de canallas bandoleros.

Muy bien urdida, la película cuenta más historias de las que se pueden apreciar en pantalla y cambia radicalmente su línea argumental en la segunda mitad. Es decir, lo que hacía sospechar al espectador iniciado iba a tratarse de un filme centrado en contar las hostilidades que enfrentan a un grupo de granjeros con un ganadero, se diluye cuando irrumpe en ese pueblo perdido en la nieve un grupo de bandidos capitaneados por Ives.

Pero hay más relatos metidos en este relato. Entre otros, el amor frustrado que siente Ryan por la mujer de uno de los granjeros, que interpreta la actriz Tina Louise, quien aporta a su interpretación una gama de matices que traduce en miradas y movimientos corporales más que en la fuerza de los diálogos, y romance condenado no por la violencia sino por un sentido de lo práctico que coloca a esta mujer muy por encima de otros personajes femeninos en películas del oeste rodadas en aquellos años.

La visión de El día de los forajidos me desconcierta y descoloca. Y me hace reconciliar con el cine, un arte que hoy confunde su capacidad para conmover y hacer pensar al espectador en función del negocio. Al observar el filme es inevitable, en este sentido, preguntarse cómo se ha retrocedido tanto intelectualmente al mismo tiempo que se  agradece a un género tan norteamericano como es el del oeste la fuerza que en ocasiones guardaban estas películas. Una fuerza que todavía hoy se conserva.

El hombre que estuvo detrás de las cámaras de este clásico imprescindible del cine, André de Toth, forma parte además de ese ilustrado grupo de cineastas que llevaron un parche en el ojo. Ya saben, los formidables Raoul Walsh, John Ford y Fritz Lang. Y sin temor a que se me caigan los anillos, por películas como ésta y su original y cínica Mercenarios sin gloria debería de estar sentado en compañía de tan ilustres cineastas.

Si el entusiasmo me acompaña, otro día hablaremos de otro director al que la crítica considera menor vaya uno a saber por qué: Rudolph Maté.

De momento, háganme caso por una vez y no se pierdan El día de los forajidos.

Saludos, las cosas del cine, desde este lado del ordenador.

Pero ¿hay dos apocalipsis ahora?

Sábado, Abril 4th, 2015

La primera vez que vi Apocalypse Now! fue en el cine Numancia, en Santa Cruz de Tenerife. La sala estaba relativamente cerca del parque García Sanabria y en sus últimos días resistía exhibiendo películas de todo género y condición. El caso es que aún aguantaba como cine en los años ochenta aunque ya entonces iniciaba su estertor que fue largo y doloroso para los que nos curtimos viendo películas en sus entrañas.

Entre otras recuerdo Grupo salvaje y Apocalypse Now! Las dos me dejaron una honda impresión. Tanta, que todavía las suelo ver y las emociones siguen siendo más o menos las mismas.

La primera vez que vi Apocalypse Now! salí del cine con el tronar de La cabagalta de las Valkirias y con la idea de que una colina incinerada con napalm debía oler a victoria.

Más tarde, y tras repescarla en vhs y disco compacto, me quedé más con el largo parlamento que pronuncia entre las sombras el coronel Kurtz, a quien interpreta Marlon Brando. Un actor que incluso estando entrado en carnes fue algo así como un prodigio.

Como algunos saben, la película no tuvo una buena acogida comercial y se propagaron rumores, entre otros que su director, Francis Ford Coppola estaba arruinado y que la versión estrenada en los cines había suprimido escenas completas para reducir su metraje.

He visto las dos versiones. La estrenada en cine y la que cuenta con las escenas añadidas y aún me sorprendo al descubrir dos películas tan diferentes pero tan unidas en su propósito.

A mi me sigue pareciendo una gran adaptación, libre es cierto, de la novela El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad, pero también un excelente largometraje sobre eso que llamo condición humana.

Mientras agoniza Kurtz repite: el horror, el horror.

Y Conrad escribe:

“La desembocadura estaba bloqueada por un negro cúmulo de nubes, el apacible canalizo que conducía a los más remotos rincones de la tierra fluía sombrío bajo un cielo cubierto; parecía conducir hacia el corazón de una inmensa oscuridad.”

Así que con toda su cruda y casi paródica épica y con toda su pretensión trascendental e intelectual los dos Apocalypse Now! –qué quieren que les escriba– a mi me sigue pareciendo la misma e irrepetible película.

Saludos, tal día como ayer nació Marlon Brando, desde este lado del ordenador.

Steve McQueen, el errante

Martes, Marzo 24th, 2015

Uno de los actores que ocupa un lugar muy destacado en mi educación sentimental es Steve McQueen. McQueen, que tal día como hoy hubiera cumplido 85 años si un cáncer de pulmón no siega su vida en noviembre de 1980, se convirtió en uno de mis referentes favoritos en las sesiones de cine de a las cuatro de la tarde, domingos en los que no me cansaba de ver Los siete magníficos (John Sturgess, 1960).

No obstante, la película definitiva, la que me hizo desde ese entonces miembro del club de seguidores de Steve McQueen fue La gran evasión (John Sturgess, 1963), que es una de esas películas que veo una vez al año y en la que –y me la sé de memoria– todavía sufro con los militares aliados que se han fugado de un campo de prisioneros alemán durante la II Guerra Mundial.

La carrera de Steve McQueen está salpicada de grandes títulos y otros que no lo son tanto pero es que incluso en esos casos si algo las salvan es, precisamente, que anda por ahí un actor al que la vida no le trató demasiado bien, sobre todo en su niñez y adolescencia, tiempos en los que solía visitar el reformatorio.

Y parte de este involuntario aprendizaje en las calles se grabó en su persona. A mi me parece un fantástico actor aunque otros piensen lo contrario.

Me encanta su trabajo como el chico de Cincinnati en El rey del juego (Norman Jewison, 1965) pero es que también me encanta El rey del juego, título en el que mantiene un duelo con grandes pesos pesados como Edward G. Robinson y Karl Malden.

Cuenta la leyenda que la película iba a ser dirigida por Sam Peckinpah, pero retiraron del proyecto al viejo Sam por protestón y acabó asumiéndolo un convencional pero en esta ocasión muy inspirado Jewison.

El paso del tiempo no le ha hecho daño a El rey del juego y aunque deteste la palabra se ha convertido en un clásico del cine norteamericano de aquellos años.

A las órdenes de Peckinpah, Steve McQueen protagonizaría dos películas: La huida y Junior Bonner.

La primera es una adaptación bastante libre de la novela de Jim Thompson, lo que explica que el escritor la detestara con cierta cordialidad y la segunda es, a mi juicio, uno de los grandes filmes del viejo Sam. Una película de vaqueros que, absorbidos por los cambios que imponen los nuevos tiempos, se dedican a ganarse unos dólares arriesgando su vida en los rodeos.

Repetiría a las órdenes de Jewison en El caso de Thomas Crown (1968), título por el que fue renocido como el rey de lo cool pese a que una extraordinaria Faye Dunaway pretendiera destronarlo y otro título clave en mi imaginario es Bullit (Peter Yates, 1968), que en parte contribuyó a popularizar en todo el mundo algunas de las empinadas calles de San Francisco, o Frisco como dirían los Beat.

También trabajó en la bélica El Yang-Tsé en llamas (Robert Wise, 1966) donde compartió protagonismo con, entre otros, un viejo conocido del reparto de La gran evasión, Richard Attenborough.

Seductor nato en la vida real y en la pantalla, Steve McQueen convenció a los idiotas que desconfiaban que fuera actor en Los rateros (Mark Rydell, 1969), que adapta una novela de William Faulkner y Papillon (Franklin J. Schaffner, 1973) donde ensombrece a un pese a todo brillante Dustin Hoffman.

Años más tarde acabaría incluso ejerciendo de jefe de bomberos en El coloso en llamas (John Guillermin, 1974) que es una de las grandes películas de catástrofe de todos los tiempos y uno de esos largometrajes que se me grabaron en la cabeza cuando lo contemplé arrobado y por primera vez en el fantástico Cine Greco en Santa Cruz de Tenerife.

No he vuelto a verlo otra vez, más que por miedo a la decepción por respeto a las sensaciones que recibí en aquel entonces.

Las últimas películas de Steve McQueen las vi acompañado de mi padre y en el Cine Víctor, sala que afortunadamente continúa abierta como el cine que siempre fue, y las recuerdo vagamente con tristeza por aquello de la ausencia.

En Tom Horn (William Willard, 1980) y Cazador a sueldo (Buzz Kulik, 1980) se nota ya la huella del cáncer en el envejecido rostro del actor, aunque la enfermedad poco o nada pudo hacer para borrarle el brillo en sus formidables ojos azules.

Su mirada, quiero creer, continuaba igual de cristalina que siempre.

Era la de Steve McQueen.

Saludos, viva el rey del cool, desde este lado del ordenador.

Algunas curiosidades sobre El halcón maltés

Jueves, Marzo 19th, 2015

TEA Tenerife Espacio de las Artes exhibe este jueves, 19 de mayo y a las 20 hora el largometraje El halcón maltés (John Huston, 1941). Los expertos Luis Adern, Jesús Lens e Iván López intervendrán en un debate tras la proyección de este clásico del cine policíaco. Para abrir boca, reseñamos en este post algunas curiosidades sobre un largometraje que se construyó con el material con el que se hacen los sueños.

- El halcón maltés es la primera película como director de John Huston, quien también se encargó de escribir el guión. Huston inició a raíz de esta película una brillantísima y modélica carrera cinematográfica, explotando sobre todo un tema que desde entonces ha permanecido muy unido a su cine: la dignidad del perdedor.

- En un principio el papel del investigador privado Sam Spade se le ofreció a George Raft aunque finalmente lo protagonizó Humphrey Bogart.

- El halcón maltés fue la tercera versión de la obra de Dashiell Hammett (la primera la realizó diez años antes Roy del Ruth y en 1936 William Dieterle) con su célebre personaje Sam Spade.

-  Mary Astor, Peter Lorre, Elisha Cook Jr. o Sydney Greenstreet son algunos de los actores de reparto de la película.

- Humphrey Bogart en El halcón maltés tuvo que besar por primera vez a una actriz en la pantalla grande (Mary Astor). La escena tuvo que ser repetida hasta siete veces. Astor declararía más tarde: “Bogie no necesitaba besar a la chica. Ni siquiera tenía que tocarla, bastaba ver como te miraba”.

- El halcón maltés fue la primera película en incluir en el cartel promocional el nombre de los dos protagonistas a la misma altura que el título del filme, compartiendo de este modo, cabeza del cartel. El tamaño de la letra empleada también fue el mismo.

- El halcón maltés le dio dos grandes noticias a la productora. Por un lado la eficiencia en la realización por parte de su director, John Huston, trajo un ahorro de 54.000 dólares a los estudios y, por otro lado, fue la primera muestra de la película –realizada en un cine de Pasadena– que no tuvo que ser cambiada en nada, lo que supuso una gran alegría para Jack Warner (dueño de los estudios Warner Bros) y Hal B. Wallis (departamento de Publicidad de Warner Bros.), quienes inusualmente estuvieron presentes en esta primera proyección del filme.

- El Halcón Maltés es la tercera novela de Dashiell Hammett. Se publicó en 1930 y es junto a Cosecha roja y La llave de cristal, uno de los títulos más conocidos y celebrados de su autor, quien solo escribió cinco novelas aunque sí numerosos cuentos a lo largo de su carrera.

- Walter Huston, padre de John Huston, interviene en un pequeño papel, como el marinero que lleva el halcón al despacho de Sam Spade.

* En la imagen, John Huston, Peter Lorre, Mary Astor y Humphrey Bogart.

Saludos, pásenlo bien, desde este lado del ordenador.