Archive for the ‘Cine de allá’ Category

Enamorarse en Canarias según Cronin y Cummings

Lunes, Junio 1st, 2015

En las deácadas de los treinta y cuarenta las novelas de A. J. Cronin alcanzaron un notable éxito de ventas entre el público porque mezclaban turbulentos romances con historias protagonizadas por médicos y sacerdotes que realizaban misiones peligrosas en países abandonados de la mano de los dioses. Médico también de profesión, Cronin cuenta al menos con dos grandes títulos en los que se refleja sus obsesiones literarias: La ciudadela y Las llaves del reino, obras coherentes y también entretenidas cuyas constantes se atisban en sus primeros libros, irregulares aproximaciones al amor y a la medicina como Gran Canaria (1), cuya acción se desarrolla entre Tenerife y Gran Canaria y en la que pese a su objetiva sencillez, cuenta con cierta gracia por el retrato que ofrece de las islas y de sus gentes.

Como otras novelas de Cronin, Gran Canaria contó con una adaptación cinematográfica, más extravagante si cabe que su original literario, con notable atractivo para conocer cómo se reprodujo en estudio Tenerife y Gran Canaria, unas geografías en la que predominan el cartón piedra, las palmeras y el pico nevado del Teide, montaña que en el filme se ubica en… Gran Canaria.

Las cosas de Hollywood.

Tanto en la novela como en la película Gran Canaria narra la redención de su protagonista, un médico que vive sus horas más bajas tras fallecer algunos de sus pacientes tras probar en ellos una vacuna con la que esperaba salvarles la vida, y la historia de amor que mantiene con una mujer casada durante la travesía en barco, el Aureola, que los conduce a Gran Canaria y más tarde a Tenerife.

Alrededor de estos dos personajes orbitan una serie de secundarios, entre ellos una señora excéntrica que regenta un hotel de vida alegre, el Hemingway, un misionero y su hermana, y otros personajes que si bien no serán determinantes están ahí para dar consistencia al relato.

Un relato que comienza a moverse hacia adelante cuando el protagonista tiene que viajar a Tenerife para poner freno a un brote de fiebre amarilla que está diezmando a la población de La Laguna y sus alrededores.

La novela Gran Canaria fue publicada en 1933 y al año siguiente tuvo su adaptación al cine. Tras leer la novela y ver la película, cuesta bastante trabajo reconocer los paisajes insulares que proponen ambas historias, aunque en el caso del libro, algunas descripciones tengan chispa, en especial cuando la voz del narrador, la de Cronin, se permite valorar el territorio que pisan algunos de los personajes, muchos de los cuales califican de paraíso ya que se trata de un edén que preside el pico nevado del Teide.

No se trata Gran Canaria, tanto la novela como el filme, de un título a reivindicar, aunque reiteramos que sí que tiene interés si se lee y se observa con perspectiva e incluso entusiasmo arqueológico, ya que tratan de dos rarezas en la que se fabulan unas islas Canarias en la que se mezcla poca realidad y sí mucha ficción.

En la novela se lee: “hay un brote en Hermosa, una aldea en las proximidades de La Laguna” y descripciones coloridas del carácter ingenuo, tranquilo y feliz de sus habitantes, y que entronca con aquel espíritu aplatanado con el que las identificó Miguel de Unamuno.

“El amor es dulce

Y el que lo desprecia un loco.

Aunque sabía poco español, el significado de las palabras le resultó claro.

Con impaciencia, como si buscara un antídoto para aquel dulzor, dirigió la vista a un punto algo lejano del muelle, donde había varios carros de altas ruedas tirados por unas mulas esqueléticas y melancólicas. Estaban a la espera de la carga. Una de las mulas tosió como un ser humano y agitó su corona de moscas, antes de tumbarse casi de pura debilidad. Pero el conductor, instalado en el pescante, no se alarmó en lo más mínimo; con las manos cruzadas sobre el vientre y una flor colocada tras la oreja, roncaba plácidamente.

Bruscamente, Harvey dio media vuelta, no podía soportar el espectáculo de aquellos miserables animales. En un instante, se contemplaba la belleza de la costa y la sublimidad del misterioso pico; un instante después, surgía el sórdido cuadro de aquella vida ínfima.”

La playa de Las Canteras es objeto también de la atención del narrador cuando una de las  protagonistas, Mary Fielding, aprovecha el rato para darse un chapuzón en el mar. Y unas páginas más adelante, ella misma elogia a Gran Canaria cuando dice:

“- Llaman a esta isla la Gran Canaria –murmuró Mary–. ¡Gran Canaria! Hay color y movimiento en el nombre. Cuando pienso en este viaje, lo pronuncio en mi interior. Gran Canaria. Es un nombre que emociona.”

A modo de curiosidad, resulta interesante cómo el paisaje de la capital grancanaria fascina a la joven protagonista mientras es el pico Teide es el que arroba al protagonista masculino.

“Maravillado, Harvey quedó contemplando el pico, inmóvil. Bella como algo celestial, la visión se apoderaba de su ser y le provocaba una aguda y sutil angustia. ¿Qué le impresionaba de tal modo? ¿Era el significado de la visión, o la simple belleza del cuadro’ Atónito, contenía el aliento; no podía soportar el cuadro y, al mismo tiempo, no podía apartar la vista.”

Los protagonistas de la novela y de la película vuelven a embarcarse en el Aureola para trasladarse a Tenerife, donde primero se alojan en La Orotava y más tarde en Santa Cruz, donde el médico tiene conocimiento del brote de fiebre amarilla que está acabando con la población de la vecina La Laguna y sus alrededores.

Llama la atención en esta novela que gran parte de la acción se desarrolle en Tenerife y no, precisamente, en Gran Canaria. Es en Tenerife donde el protagonista vuelve a ser persona cuando como médico se enfrenta a la epidemia, y en donde descubre que el amor que siente por Mary es muy fuerte, tan fuerte que determinará lo que haga a continuación.

Destaca además la descripción que ofrece de la isla con respecto a la de Gran Canaria. El Tenerife de Cronin, y no tanto en la película que resulta prácticamente idéntico, es mucho más sombrío que el de la isla vecina, aunque será aquí donde cuente con aliados entre la población local como la Marquesa, quien le abre las puertas de su hacienda Los Cisnes.

En la versión original del largometraje, y en concreto en la parte tinerfeña, los protagonistas además de hablar en inglés pronuncian un español macarrónico con los naturales del lugar, naturales cuyo español resulte igual de macarrónico y con sospechoso acento anglosajón por mucho sombrero mexicano que lleven sobre la cabeza y el maquillaje haya tiznado de negro sus rostros.

En este aspecto, no se diferencia gran cosa esta película de otras tantas que se rodaron aquellos mismo años, una fecha fundamental en el cine norteamericano porque andaba un poco tocado por los efectos devastadores de la crisis del 29. Eso explicaría el mensaje tanto literario como cinematográfico de Gran Canaria: el amor vence cualquier tipo de adversidad. Incluso a la muerte.

La película que dirige el también actor Irving Cummings fue una producción de Jesse L. Lasky para la Fox y, como ya se ha comentado, no se rodó en Canarias imagino que por razones de presupuesto. Los paisajes pues están recreados en estudio, aunque de tanto en tanto se incluyen imágenes reales probablemente cogidas de algún documental de aquellos años.

El filme, en contra de la novela, sí que se caracteriza por sus disparates geográficos. El más llamativo es el que ubica al Teide en Gran Canaria, un error que desató una agria polémica en la comunidad canaria establecida en la Cuba de aquellos años, leo en el catálogo de la Filmoteca Canaria Rodajes en Canarias, (1896 – 1950). Se representan además a los habitantes de ambas capitales canarias como una fauna de vagos a los que les gusta cantar y que los dejen en paz. Gente sencilla y aparentemente feliz, lo que explica el desorden de sus calles transitadas por hombres y mujeres con piel morena.

Sin embargo, y al margen del envoltorio, la película Gran Canaria si se analiza desde un punto de vista estrictamente cinematográfico sí que cuenta con sobresaliente interés. La fotografía, que firma Bert Glennon, está notablemente influenciada por el  expresionismo alemán, por lo que se mueve muy bien cuando remarca las sombras y se huye de otra luz. El trabajo de los actores que forman el reparto lo hace además muy bien, aunque vistos hoy llamen la atención por cómo gesticulan, aunque hay que recordar que las carreras artísticas de la mayoría de ellos procedía del cine mudo.

De hecho, la cinta está protagonizada por toda una estrella de aquellos años: Warner Baxter, así como por la encantadora Magde Evans, entre otros. El guión está firmado por Ernest Pascal, quien adapta con bastante fidelidad el original literario, y pese a que cómo producto de entretenimiento tanto el libro como la película no hayan sabido envejecer demasiado bien, insistimos que como curiosidad vale la pena recuperarla e incluso, si se perdonan los deslices que salpican su metraje, disfrutar con este clásico viejuno del cine.

Recomendamos, a modo de punto y final, la lectura que sobre la novela y el filme hicieron en su momento Carlos Platero Fernández y Gonzalo Pavés con los títulos de  La Playa de Las Canteras en la novela inglesa: Gran Canaria y Grand Canary: el viaje imaginado de la Fox, respectivamente.

NOTAS:

(1) Los fragmentos de la novela Gran Canaria que se reproducen en este texto están sacados de una edición del Círculo de Lectores, 1965. La traducción es de Joaquín Urnieta.

El Escobillón.com agradece a la Filmoteca Canaria el préstamo del largometraje Gran Canaria para la elaboración de este artículo.

Saludos, el cielo está azul, desde este lado del ordenador.

Toda una vida

Viernes, Mayo 29th, 2015

EL SONIDO DE FRANÇOISE DE ROUBAIX 

La Filmoteca Canaria, en colaboración con Fimucité, el Festival Internacional de Música de Cine de Tenerife, organiza a finales de junioo e inicios de julio un ciclo homenaje al compositor francés François de Roubaix (Neuilly-sur-Seine, Francia, 1939 -Tenerife, 1975), con motivo del 40 aniversario de su muerte en Los Cristianos.

De Roubaix, que solía visitar las islas con su familia para practicar el submarinismo, murió accidentalmente en las aguas que bañan esta localidad del sur de Tenerife con apenas 36 años de edad. Con él desaparecía uno de los compositores de referencia del cine francés de los años sesenta y setenta, un cine al que puso música en una serie de películas de las que se pondrán ver alguno de sus títulos en el Teatro Guiniguada y el Espacio Cultural Aguere como El silencio de un hombre (Jean-Pierre Melville, 1967); Diabólicamente tuyo (Jules Duvivier, 1967); Adiós amigo (Jean Herman, 1967): Último domicilio conocido (Jose Giovanni, 1970) y Les musiciens de la pellicule (Josée Dayan, 1974), así como los cortometrajes de François de Roubaix Le Gobbo y Comment ça va,  j’m’en fou, y el documental Francois de Roubaix.Fan’s, dirigido por su hija Patricia de Roubaix. 

Paralelamente al ciclo, está previsto que Los Cristianos acoge un concierto que protagonizará el hijo de François de Roubaix, el compositor y trompetista Benjamin de Roubaix, con músicos de jazz de las islas. Fimucité entregará  a Benjamin de Roubaix y a Patricia de Roubaix un premio honorífico en recuerdo a la carrera musical de su padre.

ALERTA, ¡PIRATAS!

Una hora antes presenta con motivo del Día de Canarias los tres primeros volúmenes de Piraterías y ataques navales contra las islas Canarias (1947), de Antonio Rumeu de Armas, una obra de la que el escritor y profesor Juan Manuel García Ramos ha dicho: “Hay libros de historia válidos por decenios y decenios y otros que expiran a los pocos años. En los casos del Atlántico estudiado por Rumeu de Armas y del Mediterráneo analizado por Braudel, la validez ha durado mucho tiempo y será difícil hablar de esas geografías en adelante ignorando las visiones de conjunto aportadas por uno y otro historiador. Con su obra, Rumeu de Armas metió a Canarias, con todo merecimiento, en la gran historia universal. Eso le debemos.” Si desea descargarse estos volúmenes pinche aquí: http://www.horaantes.com/es/dia-de-canarias-2015.

EL ARTE DE PREGUNTAR

 Juan Cruz publica Toda la vida preguntando, un libro en el que recoge treinta entrevistas con escritores, y en la que se encuentran nueve premios Nobel como Pablo Neruda, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, José Saramago, Orhan Pamuk, Doris Lessing, Imre Kertész, Le Clézio y Günter Grass.

NOS VISITA UN MAESTRO DE LA HISTORIETA

* El historietista Kim, creador entre otros personajes de Martínez el facha, firmará ejemplares de su último trabajo, El arte de volar, escrito por Antonio Altarriba, entre el 11 y el 12 de junio en la Librería Lemus, en La Laguna, donde Kim participará además en un diálogo con el especialista Manuel Darias. Premio Nacional del Cómic, Kim (Joaquim Aubert Puigarnau) ha colaborado entre otras revistas en El jueves, El Víbora y Mata Ratos.

Saludos, noche y día, desde este lado del ordenador.

Películas para ver en un día de reflexión

Sábado, Mayo 23rd, 2015

INTRO

Las urnas nos harán pensar el domingo 24 de mayo que somos ciudadanos. Así se han empeñado en repetirlo, con radical cretinez en muchos de los casos, los candidatos en una campaña que por su sabor local le imprime a la cosa una expectativa digamos que curiosa. De repente, gente que ni te saluda, se te acerca para estrecharte la mano e incluso te invita, si se tercia, a que te tomes una cervecita y un pincho de tortilla. A cambio, escuchas promesas –todas bienintencionadas–  y después vete a casa que mañana será otro día.

El cine ha recogido en numerosas películas el sentido de espectáculo, más que de fiesta, que tienen las elecciones. Y la mayoría de ellas mostrando la tramoya que hay detrás de la fanfarria, los discursos y los bocadillos de mortadela.

Las elecciones han sido objeto de inspiración de la mayoría de las filmografías de los países democráticos en los que se reparte el mundo, aunque destaca la aportación del cine norteamericano en esta lista de urgencia que les proponemos. Una lista que ha tirado de la memoria cinéfila y de Internet para recomendar una serie de títulos necesarios para pasar una noche de domingo que será, me temo, muy laaarga.

LAS PELÍCULAS

Ciudadano Kane (Citizen Kane, Orson Wells, 1941).- Ya está todo escrito sobre esta película que recorre la vida y obra del magnate de la prensa Charles Foster Kane. Narrada a través de quién lo conociera, en ella Kane provoca la guerra contra España por Cuba para vender más periódicos y se presenta a las elecciones, de las que sale derrotado el infeliz aprendiz de brujo.

El político (All the King’s Men, Robert Rossen, 1946).- Basada en la novela Todos los hombres del rey, de Robert Penn Warren, la película cuenta la ascensión y caída de Willi Stark (Broderick Crawford), un hombre honrado y valiente que sufre una transformación el día que decide entrar en política y descubre que todo es juego sucio. Dramática fábula sobre el poder, Steve Zaillan dirigió una más que estimable versión en 2006 que no aporta sin embargo nada nuevo a la cinta original.

Un rostro en la multitud (A Face in the Crowd, Elia Kazan, 1957). A mi personalmente me parece una de las mejores películas de Kazan, quien contó con un guión original de  Budd Schulberg, con quien ya había trabajado años antes en La ley del silencio, para describir como el poder –otra vez el poder– emborracha a un hombre que por obra y gracias de los medios de comunicación pasa de ser un desconocido a uno de los personajes más influyentes de Norteamérica y asesorar a uno de los candidatos a la presidencia de su país. Una mirada, muy amarga, a las cándidas Caballero sin espada (1939) y Juan Nadie (1941) de ese clásico imprescindible que es Frank Capra.

El último hurra (The Last Hurrah, John Ford, 1958).- Una entrañable mirada, tierna y  enojada, sobre la política y un alcalde (Spencer Tracy) que se resiste a dejar de serlo en un pequeño pueblo de Nueva Inglaterra a cuyos habitantes aprecias y reconoces de otras películas de Ford.

El mejor hombre (The Best Man, Franklin J. Schaffner, 1964).- Escrita por Gore Vidal, un extraordinario cronista de la vida política estadounidense, El mejor hombre narra la campaña electoral a la presidencia de los Estados Unidos de dos candidatos antagónicos y sus respectivos equipos.

El candidato (The Candidate, Michael Ritchie).- Solo un actor como Robert Redford pudo interpretar a un joven político concienciado e idealista. Para los interesados en observar con pulso –más periodístico que cinematográfico– cómo se forja un candidato en los Estados Unidos de Norteamérica el filme funciona muy bien como documento aunque la historia humana que hay detrás pasa a un segundo plano ante el notable sentido del espectáculo que tienen los estadounidenses para entretenerse con cualquier cosa. Lo que incluye también la actividad política.

Taxi Driver (Taxi Driver, Martin Scorsese, 1976). ¿Qué hace en esta lista Taxi Driver? ¿Qué hace? La respuesta tiene una explicación, en este fascinante viaje a los infiernos escrito por Paul Schrader y protagonizado por un chalado Robert de Niro, Travis, nuestro solitario protagonista, se enamora de una mujer que trabaja para un candidato presidencial en un Nueva York que Scorsese retrata como cuna del pecado. Cybill Shepherd interpreta a la atractiva voluntaria pero será una joven prostituta con la forma de Jodie Foster quien ¿redima? al loco de Travis.

El diputado (Eloy de la Iglesia, 1978).- Eloy de la Iglesia es uno de los cineastas más polémicos y personales del cine español de los años setenta y ochenta. Un cronista del lado oscuro de la por aquel entonces joven democracia española que en El diputado da dos cachetadas (muy bien dadas, por cierto) a la izquierda de aquellos años. El filme cuenta cómo Ramón Orbea, un diputado de un partido de izquierdas en las primeras elecciones democráticas de la Transición, va a ser elegido secretario general, momento en el que un grupo de la extrema derecha comienza a presionarlo con hacer pública su homosexualidad. Morbo y política en una película irregular, sí, pero también muy provocadora e incómoda.

El disputado voto del señor Cayo (Antonio Giménez-Rico, 1986).- Basada en la novela de Miguel Delibes, la película propone dos visiones de España cuando en las elecciones de 1977 un candidato de un grupo político viaja hasta un pequeño pueblo de Castilla y conoce a su alcalde, un hombre que es una rareza en un país que ha tomado otro rumbo y que va a una velocidad que lo desborda.

Primary Colors (Mike Nichols, 1998).- La película está inspirada en la campaña presidencial de Bill Clinton, y en la relación que mantiene el matrimonio que interpreta John Travolta, como candidato, y su esposa en la pantalla, la actriz Emma Thompson. No termina de cuajar sin embargo como comedia esta sátira sobre las tentaciones que acosan a los representantes de la cosa pública.

Los idus de marzo (The Ides of March, George Clooney, 2011).- La trastienda y la fauna que rodea la celebración de unas primarias y hasta donde puede llegar un joven, en este caso un jefe de prensa, para convertirse en un tiburón. Y todo ello observado con elegante ironía por George Clooney, quien contó con dos actores que opacan al resto de su reparto como son Ryan Gosling y su mentor en la película, Philip Seymour Hoffman.

POST DATA

Hay más películas, como las comedias El hombre del año (Barry Levinson, 2006) y las olvidables Su distinguida señoría (Jonathan Lynn, 1992), Head of State (Chris Rock, 2003) y En campaña todo vale (The Campaign, Jay Roach, 2012).

Saludos, ¡el voto es secreto!, desde este lado del ordenador.

¡¡¡Max madera, es la guerra!!!

Jueves, Mayo 21st, 2015

Cansado de observar cómo héroes y villanos se lían a puñetazo limpio por salvar o aniquilar a la humanidad, aquí estoy de nuevo en el Cine Víctor que se resiste a desaparecer –o a que lo troceen en salas– para reencontrarme con uno de esos amigos al que había perdido el rastro hace ahora unos treinta años.

Max, que así se llama el colega, aparece en Mad Max. Fury Road, pero no tengo muchas esperanzas puestas en él porque el tío que está detrás del guión y de las cámaras ¿no se había jubilado?

- Carajo voy a estar yo jubilado.- exclama George Miller.

- ¡Abuelo George!.- digo al reconocerlo.

George es el sospechoso abuelo de las antípodas y después de tantos años regresa para contarme una nueva batallita del amigo Max.

- Abuelo, déjelo estar, que ya no tiene usté edad para estas cosas- pienso antes de que se apaguen las luces de la sala. Estiro entonces las piernas, suelto los primeros bostezos y cruzo las manos sobre mi orgullosa barriga cervecera.

- ¡Ponte el cinturón de seguridad!- grita el abuelo George.

- Anda ya.- respondo.

Y comienza Max…

¡Max madera, es la guerra!

Y la velocidad me tira pa`alante y luego pa`trás. Ná más comenzar la película. Así que como puedo me pongo el cinturón como bandolera y, con el potente viento castigando los ojos, dejo que mi corazón clame por más gasolina (y de paso un poco de eso plateado que aparece en la cinta).

¿El abuelo George? El puñetero abuelo George pisa el acelerador.

Porque Max va a más. Y cuando escribo más es max y más. Es mad.

Y vuelvo a ser aquel adolescente que se metía en el cine para que le chutaran emociones de todos los colores. Hoy, desconcertado primero y sorprendido después tras 120 minutos del ala que vuelan porque mesmeriza observar lo que pasa en la gigantesca pantalla.

Y dirige todo ese circo de coches tuneados que recorren espacios abiertos como son el desierto y una garganta de piedra que se pierde en el horizonte, el abuelo George. Maestro de ceremonia que maneja el volante con la misma pericia de hace años pero mucho mejor y a una velocidad de vértigo.

Y el tam tam de los tambores y la guitarra de un tipo rojo que va en uno de esos camiones despiertan al hombre de las cavernas que anda por ahí.

¿Y Max a todas estas?

Más que Max una Furiosa, una Furiosa Charlize Theron con la cabeza afeitada que roba como una valquiria de la carretera el protagonismo al loco de Max, que ya no es Mel sino Tom, Tom Hardy, que pasa a un discreto plano porque solo es una bolsa de sangre…

¿Western futurista?, ¿reinterpretación en clave cruda de la fordiana La Diligencia?, ¿cómic de ciencia ficción con aroma al viejo y revolucionario Metal Hurlant?

No, Mad Max. Fury Road es Más.

Mucho más en estos tiempos de cine neutro y con efectos especiales.

Un elegante y coreografiado corte de mangas a todo ese cine de autos locos a lo Fast and Furios. Y real. O como se hacía antaño… porque los coches son coches de verdad. Tan de verdad que son otros de los grandes protagonistas de la película porque tienen personalidad, la misma y cromada personalidad que los personajes de carne y hueso, y cuando actúan juntos hombre y máquina inician una danza infernal a golpe de tam tam y guitarra eléctrica que te hace saltar de la butaca.

- Ni se te ocurra quitarte el cinturón.- dice el abuelo George.

“Ni de coña” pienso mientras aprieta y aprieta el acelerador y reconozco a toda esa galería de personajes que salen de mi mismo psiquiátrico. Y del mismo escenario postnuclear en el que habito.

Y entre tanta nube de polvo… una historia que funciona con el mismo efecto que un cuento infantil de los de antes. Esos que cuando leías se te inundaba de placentera inquietud.

Un grupo de chicas, una de ellas embarazada, y a las que ha liberado Furiosa son perseguidas por la cuadrilla de Inmmortan Joe. Las chicas buscan un sitio en el que no ser esclavas, concubinas de ese Joe que es más feo que Picio y en su huida se tropiezan con Max, y se arma la de Dios.

Tan de Dios que clavo las uñas en los brazos del asiento mientras pienso que no…, no creo que la siguiente escena vaya a más porque no… no… es imposible… pero para el viejo George solo existen los posibles. Lo que hace que la piel continúe erizada…

- Frena que nos estampamos. ¡Cuidado!, ¡cuidado con esa curvaaaaa!- le gritó al abuelo George.

Y da un violento volantazo mientras por la pantalla desfilan batallas cuidadas pero más turbadora por hermosa la nocturna; y recibo información de Max, que continúa chalado, y de ese mundo desértico donde el agua es la mercancía que mueve al mundo, y de cómo han sobrevivido los hombres en comunidades. La que dirige Joe se sostiene por un ejército de esclavos que vigila un ejército de bárbaros. Hinchas que gritan Valhalla.

Y huyen de todos ellos pisando el acelerador los que portan las semillas. O la esperanza, que para Furiosa y Max tiene forma de redención. Eso dicen, los pájaros.

Poco a poco el abuelo George levanta el pie del acelerador y cuando por fin se detiene salgo como salía antes del cine: trastabillando y con las emociones encendidas.

Y pienso, luego existo, que esto y no otra cosa es nuestro espectáculo.

Saludos, tribu, desde este lado del ordenador.

Parece cosa de Ultrón

Viernes, Mayo 8th, 2015

La réplica, dicen que xenófoba, de Robert Downey Jr. a Birdman que es esa rocambolesca película asumida como azote de la vida es puro teatrooo, y la publicación de artículos en los que se arremete contra el cine de súper héroes parece cosa del mismísimo Ultrón, que es el villano en la segunda entrega de Los Vengadores.

Una cinta que pese a la lluvia de críticas revienta taquillas y eleva a los cielos una pequeña ciudad de Europa del Este porque la jornada laboral de estos titanes es la de arrasar el planeta para –dicen convencidos– defenderlo de los que quieren borrarlo de la faz de la galaxia. 

Ésta es una de las paradojas que alimenta este nuevo capítulo de unos héroes que nacieron en las páginas de un colorín hace ya un porrón de años y que han encontrado su lugar en el cine gracias a los efectos especiales…

… porque, que nadie se engañe, si se viene a ver estas películas es por los efectos especiales. Efectos ópticos y sonoros, ese estruendo que te perfora el tímpano mientras contemplas como se destruye todo lo que tocan los héroes.

Y sí, vamos, es lo que uno espera en esta clase de películas pero, cosas de la edad, no evita que la millonaria producción se le haga laaaarga cuando una vez que se supera el asombro digital, sabe que el corazón que lleva dentro solo late para abrumar y agitar –no emocionar– al espectador. Claro que este mismo espectador no deja de pensar qué diría de estos Vengadores si tuviera la edad de un niño…

Crecí, como imagino que crecieron muchos, leyendo aquellos chiflados tebeos que editaba sin puñetero amor al arte Vértice. Era signo de aquellos tiempos. Se trataban de ediciones  cuadradas y donde hubo color en la original norteamericana, la que circuló en España se caracterizaba por su blanco y negro, ese blanco y negro tan característico que define a un país que se nos perdió hace mucho tiempo.

Más tarde, sin embargo, aquellas revistas crecieron de tamaño pero el blanco y negro continuaba a la orden del día. 

De hecho, no llegué a enterarme que eran a todo color hasta bastantes años después, cuando la moda por los cómics –ahora los llamábamos así– se instaló en una época feliz de mi existencia, días en los hacía verdaderas locuras para no perderme las relecturas que guionistas y dibujantes realizaban de todos aquellos enmascarados que habían perdido la noción de que “un gran poder conlleva una gran responsabilidad.”

Con el tiempo olvidé esas lecturas y me decanté por placeres que tenía más a mano aunque el canto de aquellas historietas permanecía –y permanece– en algún rincón de mi memoria.

Tanto, que esa misma memoria me arrastra a ver Los Vengadores, que es como una película de dibujos animados donde a veces, las prescindibles, aparecen actores de carne y hueso para soltar chascarrillos mientras envían al otro mundo a robots que forman parte del ejército de Ultrón, un villano que no es humano y cuyo padre es el mismísimo Tony Stark, ese que llaman Iron-Man y que en mis tiempos reconocíamos como el Hombre de Hierro.

Más estruendo –en las historietas el sonido se reflejaba a través de onomatopeyas de escándalo: boom, crash y la que más me gustaba, pow, pow, pow, siempre cerradas por un triple signo de exclamación– y los titanes que vuelan, y que golpean y es tanta su fuerza que el que recibe el puñetazo atraviesa paredes entre bromitas del agresor, que son los héroes, a los que ahora se suma un trío que más tarde será dos y en el que Nick Fury –en mis tiempos Nick Furia– hace un cameo como el inspirador de todo este universo dibujado en papel y ahora en cine, Stan Lee.

Y continúa la ensalada mixta de tortazos que se adereza con diálogos sin vinagre para dar forma a un tebeo, que era una forma que teníamos entonces para distinguirlo de un cómic, con forma de película que emborracha –ya digo– por esos gigantescos efectos especiales en los que ha terminado por convertirse el cine americano de los últimos años.

Al menos el que se estrena en las salas, y el que recauda dinero entre todo tipo de públicos, ese público en el que me incluyo aunque vea la película en completa soledad. En la parte de abajo de un cine de verdad y rodeado de butacas vacías.

Me pregunto, a pesar del estruendo, qué sensaciones podrían asaltarme si pasara la noche en un cine tan grande.

Imagino historias que me evaden del espectáculo que enciende la pantalla aunque capto que el mensaje que contiene Los Vengadores tiene algo de sagrado: “la vida es un juego complicado cuyas piezas mueve un ser que no habita nuestro pequeño y ridículo planeta.”

Ya en la calle, y a esa hora en la que la tarde comienza a teñirse por las sombras de la noche, una Voz me dice que Ultrón, el pobre Ultrón que solo quiere evolucionar, es el personaje más humano de la película.

- No has entendido ná.- respondo entonces poco convencido.

- Tate quieto. - respode la Voz mientras me pierdo con viento fresco en una capital de provincias que muere, cantó el poeta, en soledad.

Saludos, así que parece cosa de Ultrón, desde este lado del ordenador.

El otro Tom Tryon

Martes, Mayo 5th, 2015

“Quizás ustedes leyeron sobre el accidente, en aquel frío sábado de noviembre, en el que Vining Perry, padre de Holland y Niles, gemelos de doce años, halló la muerte mientras trasladaba el último de los pesados cestos desde el suelo del granero al sótano de las manzanas para su almacenaje durante el invierno. Todo el mundo lo consideró una gran tragedia, y durante los ocho meses que siguieron al funeral de Vining Perry no se permitió que nadie jugara en dicho sótano. Pero cuando llegó junio, y con él la salida del colegio y la relajación de la disciplina, guardados ya los libros de historia y geografía, cuando había comenzado la época de Jugar Todo el Día, los mayores ocupados por la casa, y las tardes tan largas y perfectas para las correrías por el sótano, hubo quienes ignoraron la prohibición. ¡Qué fresco, oscuro y silencioso estaba! Y secreto, también. La habitación tenía una extraña fascinación, cualquiera podía sentirla, y no sólo porque allí la muerte había mostrado su rostro.”

(El otro, Thomas Tryon, editorial Ópera Prima, 2001)

La leyenda cuenta que el director Otto Preminger se aficionó a humillar a Tom Tryon cuando trabajó a sus órdenes en películas como El cardenal y Primera victoria, lo que hace sospechar que una de las razones de que su carrera en el cine no tuviera el recorrido que deseó, tuviera su origen en estas secuelas. Y eso que Tom Tryon disfrutaba de un físico atractivo, resultaba interesante y en pantalla daba muy bien como personaje vulnerable. 

Afortunadamente, la vida de Tryon va más allá del protagonismo que apenas llegó a alcanzar en el cine gracias a la literatura, donde ocupa un lugar destacado por una serie de historias que bordean lo fantástico.

Uno de esos libros –y se trata del único del que tengo constancia que haya sido traducido al español– es El otro, relato que cuenta con una estimable adaptación al cine dirigida por Robert Mulligan (1972) y adaptada del original literario por el propio Tryon.

Que conozca, Thomas Tryon es uno de los pocos actores que renunciaron a su carrera cinematográfica para instalarse en la literaria, recuerdo haber leído a Dirk Bogarde y Peter Ustinov que también se esforzaron por cultivar las letras a lo largo de su trayectoria como estrellas, aunque el caso Tryon destaca porque cultivó un género –a medio camino entre el gótico americano y el terror psicológico– en el que puede ser considerado como uno de sus pioneros y maestros a raíz de la publicación de El otro, su primera novela, y más tarde otros relatos en el que se inspirarían películas como Fedora (Billy Wilder, 1978).

El otro narra la historia de dos hermanos gemelos idénticos físicamente, Niles y Holland, que viven en una granja bajo una atmósfera opresiva tras sucederse varias muertes violentas. Niles es el gemelo bondadoso y pacífico mientras que Holland sería algo así como su reverso tenebroso. Sólo Ada, la abuela, sabe la oculta verdad de sus nietos en una trama que, poco a poco, se complica y se hace más oscura.

La novela propone una dura reflexión sobre la infancia y plantea cuestiones tan espinosas como ¿puede ser la maldad inocente?

No vamos a revelar el final de la historia pero sí el de animar a quienes no conozcan El otro a que la lean ya que se trata de una novela a la que apenas ha arañado el paso del tiempo por mucho que se intuya quien es el otro.

Invitamos además a que vean su adaptación cinematográfica, una película que sabe  transmitir muy bien el espíritu de un libro que coloca a su autor en la primera línea de los narradores norteamericanos que tratan de indagar en la nebulosa frontera entre el bien y el mal,  así como por su acertado y contenido retrato que ofrece de la familia y cómo ésta –a veces– puede ser generadora de conflictos emocionales prácticamente irresolubles.

Más próxima al universo gótico que a la novela de espanto, y próxima a la novela de terror psicológico que a la de terror sobrenatural, El otro recurre a los hermanos gemelos para bucear en las contradicciones de sus personajes, dos niños aparentemente inocentes que incuban sin embargo la semilla de la maldad. Todo ello en un entorno pequeño, opresivo y violento que lentamente va apoderándose del ánimo del lector.

El otro ha dado origen a numerosas interpretaciones que, a mi juicio, pueden despistar a quien se enfrente a esta sutil pesadilla pensando que todo cuanto está escrito tiene una explicación razonable. En este sentido, creo más recomendable abordar el libro como lo que es: un sugerente viaje a los rincones más oscuros de la mente infantil, y a explorar un territorio, como es el del mal que a esa edad actúa –entiende Tryon– sin moral alguna.

Se trata de un relato que nace de dentro hacia afuera pese a estar narrado desde la distancia de la tercera persona.

Los gemelos dan miedo y ese miedo cuenta con delicadas pinceladas fantásticas que enturbian, si cabe, la atmósfera de un libro que va más allá del fin de la infancia.

Saludos, a leer que son dos días, desde este lado del ordenador.