Archive for the ‘Cine de allá’ Category

Vincent Cassel contra Jason Bourne

Jueves, Septiembre 3rd, 2015

Vincent Cassel y no Viggo Mortensen como se especulaba hace unos meses será el villano de la próxima entrega de la serie Jason Bourne, papel que protagoniza Matt Damon.

Otros actores que participarán en la película, y que comenzará la semana próxima a rodar algunas  de sus escenas en la capital tinerfeña, son Alicia Vikander y Tommy Lee Jones.

Tras las cámaras, Paul Greengrass, que también es autor del guión junto a Christopher Rouse.

Aún se sabe poco de la historia que contará la quinta entrega de la serie, aunque la semana pasada el mismo Damon adelantó que se inspira en el “mundo post-Snowden” y pondrá su acento en las libertades civiles y la democracia.

Dios nos coja confesados.

Saludos, se ha dicho, desde este lado del ordenador.

¡Muchas felicidades, Hemingway!

Martes, Julio 21st, 2015

INTRO

Ernest Hemingway pertenece a una estirpe de escritores que gusta o se detesta sin términos medios. También se trata de un personaje que estuvo por encima de su obra literaria, un escritor, en definitiva, que conocen casi todos sin haberlo leído. A ello contribuyó su poderosa presencia física, su sentido del riesgo y la necesidad de construirse un otro yo a través del cual relatar su vida imaginada como aventurero.

Se habla, de hecho, de su carácter para definir a un hombre bronco pero civilizado que quiere sentir la llamada de la selva pero se olvida, sin embargo, otras constantes que planean en su obra, léase el amor y el sexo, que son términos que en sus historias van inevitablemente unidos, así como las mujeres, la mayoría de ellas fuertes y en ocasiones apoyo inevitable de sus individualistas protagonistas masculinos.

Para los iniciados en la obra de Hemingway resulta muy difícil escoger una novela para invitar al profano a iniciarse en su universo aunque cuenta con títulos que no me canso –y no creo que me canse– de leer lo que me quede de vida. Uno de ellos es Adiós a las armas y otro Islas en el golfo. Me gustan, y mucho también, sus cuentos, que fue un territorio en el que se manejó bastante bien y menos, bastante menos, la novela que lo consagró durante un tiempo en su país: Por quién doblan las campanas, donde da una pobre visión de la Guerra de España, casi como si de un cartón pintado se tratara.

En cuanto a su España, una España ebria y violenta y lo suficientemente indómita para despertar el espíritu, apostaría por Fiesta, y no porque se desarrolle en Pamplona y en pleno San Fermín, sino por el grupo heterogéneo de personajes que presenta.

Encasillado en la que se conoce como Generación Perdida, y en la que compartió juergas de alcohol y sexo con escritores como Francis Scott Fitzgerald, de quien dibuja un atractivo retrato en su libro París era una fiesta pese a que dedique palabras maldicientes a la esposa del autor de El gran Gatsby, Zelda; la obra literaria de Ernest Hemingway dio origen a numerosas películas antes y después de que se pegara un disparo en la cabeza.

Abrupto final para un escritor que en los últimos años de su vida fue investigado por el FBI, abrazó con entusiasmo el triunfo revolucionario castrista e intentó vivir hasta el límite sus existencia. Y todo eso tras recorrer los campos de batalla de España y Europa; cazar animales salvajes en África y refugiarse del mundanal ruido en Cuba, isla a la que le regaló una de sus grandes obras: El viejo y el mar y en la tomó como modelo a un pescador de origen canario, Gregorio Fuentes.

La siguiente lista de películas no recoge todas las adaptaciones al cine que se han realizado sobre sus novelas –omitimos porque no la hemos visto Punto de ruptura  (Michael Curtiz, 1950),  y ningunea conscientemente todas aquellas que han querido inspirarse en algún momento de su vida o en las que aparece como discreto secundario (ver la irregular Los modernos, de Alan Rudolph y la deliciosa Medianoche en París, de Woody Allen, entre otras).

Se trata de un listado de filmes que dejaron huella a los escobilloneros y en muchos de los casos contribuyeron a que se refugiaran en sus libros tras haber disfrutado de su versión en celuloide.

LAS PELÍCULAS

Adiós a las armas (Frank Borzage, 1932).- Hay mucho que descubrir en el cine norteamericano rodado en los años treinta, una de sus épocas doradas y singularmente más revolucionarias. Entre los cineastas destacados de esa década está Frank Borzage, quien dirige una atractiva y romántica historia de amor ambientada en el frente italiano durante la I Guerra Mundial. Helen Hayes y Gary Cooper son la pareja protagonista. A finales de los cincuenta, Charles Vidor dirigiría una nueva versión con Rock Hudson, Jennifer Jones y Vittorio de Sica en el reparto.   

Por quién doblan las campanas (Sam Wood, 1943).- No, no es una de las mejores películas de su director, el siempre correcto Sam Wood, ni un título a destacar en la filmografía que se ha realizado sobre la Guerra Civil Española, aunque cuenta con dos actores protagonistas –Gary Cooper e Ingrid Bergman–  que forjaron sus leyendas en este filme que nos revela que cuando suenan las campanas, es que suenan por ti. 

Tener y no tener (Howard Hawks, 1944).- La leyenda cuenta que Hawks desafió a Hemingway al sugerirle que rodaría una gran película de una de sus peores novelas. La novela resultó ser Tener y no tener, y en el guión se encuentra, entre otros, William Faulkner. Tener y no tener es una de las grandes películas de su director, también de su pareja protagonista: Humphrey Bogart y Lauren Bacall, sin olvidarnos, claro está, de ese colosal actor de reparto que fue Walter Brennan. Una frase legendaria de la película: “Si me necesitas… silba”. 

The Killers (Robert Siodmak, 1946).- Nunca un relato corto, Los asesinos, ha resultado tan explotado, y para bien, cinematográficamente hablando. The Killers es una versión en clave negra de un cuento muy corto y contó con Burt Lancaster y Ava Gardner para dar credibilidad y consistencia a la historia de un errante. Donald Siegel rodaría en los años sesenta su peculiar versión. Versión en la que da más protagonismo a los asesinos en su impecable e implacable Código del hampa (1964). El filme está interpretado por unos sobrios Lee Marvin y Clu Gulager con traje y corbata. Uniforme profesional que inspiró a Quentin Tarantino para vestir a su pareja de liquidadores (Travolta-Jackson) de Pulp Fiction. Mención especial a Angie Dickinson, John Cassavettes y Ronald Reagan en el que quizá fue el mejor papel de su irregular carrera cinematográfica. 

Las nieves del Kilimanjaro (Henry King, 1952).- Basada en un relato del escritor norteamericano, quien apuntó que lo mejor de esta película era una de sus protagonistas, Ava Gardner, actriz por otra parte tan unida a Hemingway, Las nieves del Kilimanjaro propone un largo flash back en el que un escritor norteamericano que ha sido herido en África reflexiona sobre las mujeres que conoció y las batallas en las que luchó, entre otras alguna de la Guerra Civil Española defendiendo los colores de la II República. Junto a Gardner y a ese actor tan fundamental en la filmografía por otra parte excelente de King, Gregory Peck, trabaja Susan Hayward. 

El viejo y el mar (John Sturges, 1958).- La película no es la novela. Una novela, por otra parte, muy compleja de adaptar al cine pese a que su protagonista fuera Spencer Tracy. Como ya adelantamos, Ernest Hemingway se inspiró en Gregorio Fuentes para su pescador que lucha solo contra los poderes del mar.

Cuando se tienen veinte años (Martin Ritt, 1962).- La película reúne las historias que Hemingway dedicó a su alter ego literario, Nick Adams y cuenta con una legión de seguidores entusiastas. Mucho encierra esta historia de iniciación en la que se recorre la juventud de un joven inquieto e hijo único que viaja a Nueva York para conseguir trabajo y termina alistándose  en el ejército italiano para enamorarse y conducir una ambulancia. ¿Les suena?

La isla del adiós (Franklin J. Schaffner, 1977).- La película está basada en una de las novelas más injustamente olvidadas del escritor norteamericano, Islas en el golfo, y contó con George C. Scott como protagonista en esta aventura que se desarrolla en los cayos que salpican las costas de las islas del Caribe durante la II Guerra Mundial. No he vuelto a verla desde que recibí la revelación, allá por los setenta, pero en lo que me queda de de memoria la recuerdo con agrado, casi el mismo que me ha animado a escribir este listado de sugerencias, de películas con las que combatir el calor que nos invade y de paso –y a modo de excusa– celebrar el cumpleaños de tan formidable como vilipendiado escritor norteamericano. 

Saludos, larga vida, desde este lado del ordenador.

Algo más sobre Jason Bourne en Tenerife

Jueves, Junio 25th, 2015

Julie Stiles es una de las actrices que repetirá papel en la nueva entrega –la quinta– de la serie sobre Jason Bourne que se rodará en la capital tinerfeña en otoño de 2015. Alicia Vikander se suma también al reparto junto a Matt Damon como Bourne y Paul Greengrass tras las cámaras.

El anuncio del rodaje ha levantado, sin embargo, sorpresa en una de las partes de la negociación que ha hecho posible que la capital tinerfeña sea uno de los escenarios de la película pero no parece, de momento, que esto vaya a cambiar la ubicación geográfica del rodaje debido a las prestaciones que el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife se ha comprometido a facilitar.

Cabe destacar que han contribuido a que Bourne se ruede en la isla la Tenerife Film Comission del Cabildo Insular y la productora local Sur Film.

Entre los actores que estos momentos están en conversaciones para intervenir en la película suena el nombre de Viggo Mortensen, quien podría asumir el papel de villano en el largometraje.

Se sabe, además, que Frank Marshall regresará como productor junto con Damon, Greengrass y Jeffrey Weiner, aunque se desconoce en qué consistirá la trama de la película, pero es más que probable que Julie Stiles repita como ex agente de la CIA que se une a Bourne.

De momento, se ha informado que se realizarán varias localizaciones en diferentes puntos del municipio como Valleseco, El Toscal, la Plaza de España y el Barrio de La Alegría. Se estima que el rodaje de la película dejará en la capital tinerfeña más de cinco millones de euros.

Saludos, Santa Cruz de Tenerife, ¿plató de cine?, desde este lado del ordenador.

La versión italosoviética de Waterloo

Viernes, Junio 19th, 2015

“Una guerra entre europeos es una guerra civil”

 (Napoleón Bonaparte)

“Una batalla perdida puede ser más triste que una batalla vencida.”

(Arthur Wesley, duque de Wellington)

El 18 de junio se celebró el bicentenario de Waterloo, la batalla que significó la derrota definitiva de Napoleón Bonaparte contra la coalición aliada en ese lejano y oscuro rincón de Bélgica, ocho kilómetros de frente en el que se puso cruento punto y final al genio militar y político de quien hasta entonces era el amo de Europa.

Waterloo, que desde ese día se ha convertido en sinónimo de derrota total, fue el último intento del emperador francés por recuperar las riendas del poder tras su breve exilio en la isla de Elba. Aproximadamente cien días (entre marzo a junio de 1815) en los que  Bonaparte fue declarado “enemigo de la humanidad” mientras era aclamado por los suyos, quienes lo veían aún como el único hombre capaz de hacer grande a Francia.  Tras Waterloo, Napoleón terminaría sus días confinado en una diminuta isla del Atlántico, Santa Elena.

Una batalla de estas característica demandaba una película que recreara aquellos hechos con dimensiones igual de colosales a la tragedia que se desencadenó el 18 de junio de 1815. Tarea que finalmente asumió una coproducción italosoviétioca que, al mando del productor Dino de Laurentiis, y del solvente cineasta Sergey Bondarchuk, director de la mejor adaptación al cine de la novela Guerra y paz de Tolstói con permiso –eso siempre– de King Vidor, contó en su reparto con estrellas del cine norteamericano y británico como Rod Steiger (Napoleón Bonaparte) y Christopher Plummer (Arthur Weslley, duque de Wellington).

No deja de resultar un filme extraño Waterloo, un título de cabecera para los seguidores del cine bélico e histórico aunque distante, muy lejano para otra clase de público.

El filme cuenta el enfrentamiento que mantuvieron desde la distancia sus dos directores de orquesta. Un duelo en el que se representan dos formas de entender la estrategia militar: la audaz que siempre caracterizó a Bonaparte y la cauta con la que la que al final se llevó el gato al agua el duque de Wellington.

El largometraje, que no termina de encarrilarse, pone énfasis así en la consciente última oportunidad que representa para Napoleón la batalla así como para el frío y calculador Wellington, quien pacientemente espera la llegada de las tropas prusianas al mando de Blücher (Sergo Zakariadze). Dos hombres opuestos a los que les asaltan similares dudas y miedos cuando intentan desentrañar cuál será el próximo movimiento de su oponente.

El espectador conoce así lo que pasa por la cabeza de ambos protagonistas antes de que los cañones abran fuego, una forma de expresar las decisiones por las que finalmente apostaron, mostrando la batalla con sobresaliente espectacularidad bajo la inspirada nota musical de Nino Rota.

Waterloo debe ser vista –y entendida– más que como una película en su sentido estricto, como un modélico y espectacular documental que recrea aquellos hechos que costaron la vida de tantos hombres. Aún llama la atención la reconstrucción del ataque a la granja de Mont-Saint-Jean, la formación en cuadro de las tropas británicas para resistir el choque de la caballería francesa o el valeroso pero también inútil grito de “mierda” con el que el general Cambrone (Evgeniy Samoylov) desafíó a los británicos que lo conminaban a rendirse.

Serguéi Bondarchuk volvió a demostrar en esta película que era un formidable director de exteriores y una especie de Cecil B. de Mille del cine soviético de la época porque sabía mover a las masas. No llega, sin embargo, a la maestría que alcanzó en las escenas bélicas de su versión de Guerra y paz, pero sí que tiene similar espectacularidad aunque no el aliento poético de su personal interpretación del clásico de Tolstói. A pesar de ello, se puede atisbar ese destello, pero es eso, solo destello, en la escena del baile en la primera media hora del largometraje, cuando se presenta al duque de Wellington y a algunos de los generales que lo acompañaron en esta campaña.

En cuanto al retrato que ofrece de ambos soldados, Waterloo captura el distante desprecio que sentía el duque de Wellington hacia su tropa, hombres que solo saben beber ginebra, la escoria de la escoria, comenta cuando pasa revista, mientras que Napoleón –sobre todo en el discurso de despedida que da a los veteranos soldados de la Guardia Imperial tras su abdicación y destierro a Elba– es marcadamente paternalista.

Un paternalismo que vuelve a brotar cuando nada más desembarcar en Francia en compañía de algunos de sus leales, se enfrenta y convence para su causa y sin pegar un solo tiro al ejército que, al mando de un antiguo colega de armas, Ney, intenta detenerlo en lo alto de una colina.

Ney (Dan O’Herlihy), que junto a los hombres a su mando toma partido por Bonaparte, es uno de los personajes más castigados del filme y por la historia, así como Grouchy (Charles Millot). Bonaparte no dejará de recordarle su traición y las palabras que le dijo al rey Luis XVIII (Orson Welles) días antes de su desembarco en tierras francesas: que entraría en París con Napoleón encerrado en una jaula de oro.

En su obsesión por retratar los hechos tal y como sucedieron: movimiento de tropas, rigurosa y lujosa ambientación en uniformes, carros y armas de combate, Waterloo es una película rodada a vista de águila en la que los actores asumen, no interpretan, a los protagonistas de aquella tragedia. No emociona ni conmueve pero deslumbrará al aficionado a la Historia, quien inevitablemente la convertirá en una de sus películas de cabecera. 

 

CURIOSIDADES

* Waterloo, una de las películas más caras de su tiempo, fue un fracaso en taquilla y afectó a la producción de otra película sobre Napoleón que iba a dirigir Stanley Kubrick.

* En el filme intervinieron unos 15.000 soldados de infantería y 2.000 de caballería del ejército soviético como extras. La prensa señaló entonces que el director de la cinta, Serguéi Bondarchuk, estaba al mando del séptimo ejército más grande en el mundo.

* El campo de batalla se recreó en Ucrania aunque también tuvo lugar en Caserta, Italia. Las escenas de interiores se filmaron en los Laurentiis Studios, en Roma.

LECTURAS

* Al margen de los numerosos libros de historia que se han preocupado por relatar la batalla, recomendamos para conocer lo que debió de sentir el soldado de a pie la lectura de Waterloo de Erckmann-Chatrian, continuación de Historia de un quinto de 1813. La edición de la colección Austral de Espasa Calpe está traducida por Manuel Azaña.

* La batalla ha dado origen además a más novelas, muchas de ellas inglesas donde se ensalza –como solo saben hacerlo los ingleses–  pues a los ingleses. En este caso, léase Waterloo de Bernard Cornwell, que forma parte de la serie Richard Sharpe y por estar ambientada en las guerras napoleónicas las divertidas aventuras del brigadier Gerard de Arthur Conan Doyle, entre otras.

Saludos, cae la noche, desde este lado del ordenador.

Christopher Lee nunca muere

Jueves, Junio 11th, 2015

La leyenda de Drácula no le volvió majara como a Bela Lugosi, eso al menos cuenta la leyenda, así que cuando colgó la capa y dejó los afilados comillos en el vaso de agua, Christopher Lee recuperó la capacidad de verse reflejado en los espejos y convertirse en una estrella al menos para esa formidable y extensa minoría de aficionados al cine fantástico.

Legión que lo hizo de la familia. Como de la familia es su íntimo amigo Peter Cushing, Vincent Price, Boris Karloff y el gran Lugosi al que Martin Landau explota su sustancia sentimental y extremadamente humana en la que es, a nuestro juicio, la mejor película de Tim Burton: Ed Wood.

El señor Lee llegó por casualidad al papel que cimentó su fama en el mundo del cine. Se Buscaba a un tipo atractivo y alto. También espigado y con unos ojos que fulminaran la pantalla. Así que, dicho y hecho, en las dos primeras películas que rodó para la Hammer interpretó primero a la criatura del doctor Frankenstein y luego al conde Drácula curiosamente sin ninguna línea de diálogo.

No obstante, su innegable atractivo físico y que diera réplica elegante al también elegante Peter Cushing convirtió a estos dos excelentes actores en una pareja de hecho que no me canso de contemplar en esos clásicos del cine de terror que firmó Terence Fisher, todo un esteta y todo un poeta del género macabro, al que supo dotar de un erotismo y sexualidad que todavía trasciende la pantalla.

Christopher Lee que fue un hombre agradecido toda su vida, nunca tuvo una mala palabra, una queja con el conde que lo convirtió en un personaje popular y querido, porque así son las cosas del cine fantástico.

Enamorado del protagonista de la novela de Bram Stoker, solo lamentó no haber rodado una película que recogiera fielmente el espíritu literario de la obra original. Creyó que lo hacía cuando Jesús Franco lo convenció para que volviera a colgarse la capa y se pusiera los afilados colmillos en su estrafalaria versión cinematográfica, versión que finalmente terminó convirtiéndose en otra cosa aunque el Drácula que interpreta en la película de Franco lleva por primera vez ese bigotazo que describe Stoker en su obra imperecedera, ajena al paso de los años, siempre eterna como su conde sediento de sangre.

La Hammer fue su lugar de trabajo durante unas décadas, y en esa casa además de Drácula y la criatura del doctor Frankenstein hizo otros papeles como el del monje chalado Rasputín, ese peligro amarillo que tiene Fu Manchú y el conde de Richleau en esa obra maestra del cine demoníaco que es La novia del diablo, en la se enfrenta al siniestro mago de las artes negras Mocata, que interpreta Charles Grey, y que se basa en una de esas voluminosas y pesadas novelas satánicas de Dennis Wheatley.

Poco a poco fue consolidando su trayectoria interpretativa y tras el cierre de la compañía que revitalizó a las bestias de las Universal, Lee encontró trabajo como secundario de lujo y generalmente como villano en películas ya poco fantásticas como El hombre de la pistola de oro, en la que da réplica como Scaramanga –¡¡¡el hombre con tres pezones!!!- al mismísimo James Bond, que en esta ocasión asumía con encanto Roger Moore, así como a Mycroft, el inteligente hermano de Holmes, en la deliciosa La vida privada de Sherlock Holmes, de un Billy Wilder en victoriano estado de gracia.

Pasó el tiempo, y el señor Christopher Lee hizo un poco de todo mientras envejecía como los mejores vinos. Obtuvo un pequeño papel como oficial alemán en esa delirante comedia de todo vale que es 1941, de Steven Spielberg, y en títulos como Sleepy Hollow y Charlie y la fábrica de chocolate, de Tim Burton hasta que Peter Jackson volvió a colocarlo en la cumbre de la popularidad con su interpretación de Saruman en la trilogía de El señor de los anillos.

Es una gozada verlo en la versión original, su poderosa y cavernosa voz es única e irrepetible. Grandiosa, si queremos abusar de los adjetivos.

Eso y no otra cosa, hizo que George Lucas recurriera a sus servicios en la segunda –¿o es la primera– trilogía de La guerra de las galaxias, donde una vez más hace de conde, solo que Dooku. La presencia de su íntimo amigo Peter Cushing –que curiosidades de la vida había nacido un día antes que Lee– en la primera –¿ o es la segunda?– trilogía de esta ópera espacial, quiero entenderlo como el homenaje que Lucas quiso hacer a ambos actores.

Dos estrellas que brillan por sí solas en el ingrato universo cinematográfico.

Nonagenario pero con el corazón de un chiquillo, Christopher Lee continuó trabajando como actor o colaborando incluso con bandas de heavy metal, como Manowar, que no perdieron la oportunidad para contratar sus servicios como narrador de sus ruidosas canciones.

Pero dejémonos de recordatorios cuanto menos inútiles porque el señor Lee vive. Y vive, al menos dentro de nuestra cabeza escobilloneras, como un conde Drácula que presumo no hubiera disgustado a su creador, Bram Stoker.

Además, fue el mismo Stoker quien nos advirtió hace ya mucho tiempo que “la fuerza del vampiro radica en que nadie cree en su existencia.”

Y si uno observa el trabajo de Christopher Lee piensa, es obligado, es inevitable, que al genial escritor irlandés no le faltó razón.

Saludos, la sangre es vida, desde este lado del ordenador.

La película ‘canaria’ de John Ford

Martes, Junio 9th, 2015

No se trata de una de las películas más recordadas de ese gigantesco cíclope del cine norteamericano que fue John Ford pero la historia sí que se desarrolla en parte en uno de los grandes espacios abiertos –además de las extensas planicies del oeste americano–por la que sintió pasión el cineasta a lo largo de su vida: el mar.

La película se titula Mar de fondo (Seas Beneath, 1931) y está ambientada en los últimos días de la Primera Guerra Mundial cuando un barco señuelo de guerra Q, un tipo de  cazasubmarinos empleado durante la Gran Guerra, tiene el objetivo de atacar a un submarino alemán temido por su capacidad para hundir navíos de la flota aliada.

Tras la apariencia de un barco inofensivo, el Q esconde un cañón de indudable eficacia, pero tiene que hacer escala en las Islas Canarias –aunque las localizaciones de la película se realizaron en la isla de Santa Catalina, en la costa de California y que forma parte del archipiélago del Norte o islas del Canal– para repostar y de paso recabar información de inteligencia entre sus habitantes.

En este escenario recreado con cierta gracia latina, el comodoro Robert Bob Kingsley (George O’Brien) se enamora de una turista, Anna Marie Von Steuben (Marion Lessing), que también es espía y hermana del comandante del U-Boat. Mientras, Bob tiene tiempo de mantener un cortés enfrentamiento con uno de los oficiales del submarino alemán, Franz Schiller (John Loder), enemigos pero colegas de armas en territorio neutral. Dos oficiales y caballeros que cuando se encuentran en una cantina brindan mientras exclaman: “¡Hasta nuestro próximo encuentro!”.

En Mar de fondo, como en otras películas de Ford de principios del cine sonoro, se aprecia que el director todavía no se encontraba cómodo en el nuevo medio, aunque en esta película se rodeó de técnicos y actores con los que había trabajado en anteriores filmes como el guionista Dudley Nichols y el actor George O’Brien.

No guardaba el cineasta sin embargo buen recuerdo de Marion Lessing,  la actriz protagonista, tal y como le cuenta a Peter Bogdanovich en el libro John Ford (1).

En este volumen, el cineasta explica que Mar de fondo se trataba de “una película sobre un barco de guerra Q y tenía cosas buenas, pero en el último minuto el jefe del estudio puso de protagonista a una chica que nunca había trabajado en el cine porque creía que sabía unas palabras de alemán (y no las sabía). Me acuerdo de que teníamos una escena en la que submarino alemán se pone al lado de otro para aprovisionarse, y de pronto aparece en el puente la chica ésta, masticando ¡chicle! Delantito de la cámara. Tuvimos entonces que molestarnos en volver a rodarlo todo. Sencillamente, no sabía trabajar. Pero hicimos el aprovisionamiento en alta mar. Aquello salió bien, igual que las escenas de batallas, pero el argumento era malo. Hubo que trabajar mucho, y con aquella chica no se podía hacer nada. Después la cortaron muchísimo.”

Marion Lessing, que en el filme interpreta al personaje de Anna Marie Von Steuben, había trabajado antes en dos películas y tuvo una irregular carrera cinematográfica, entre las que destaca en un pequeño papel de reparto en Alma en suplicio (Michael Curtiz, 1945), que adapta la novela Mildred Pierce de James M. Cain.

El guionista de Mar de fondo, una historia original del oficial de la U.S. Navy retirado James Parker Jr., fue de Dudley Nichols, autor, entre otros guiones, de varias películas que dirigió Ford como Tragedia submarina (1930), La patrulla perdida (1934), El delator (1935), La osa mayor y las estrellas (1936), La diligencia (1939) y El fugitivo (1947).

No obstante, y vista hoy, a Mar de fondo se le puede objetar sus diálogos rebuscados y la historia de amor. Romance que, curiosamente, pasa a un segundo plano cuando el mensaje final de la película viene a decir que el amor a tu país es mucho más fuerte que el amor que pueden sentir un hombre y una mujer. Y que en la renuncia está el sacrificio que le debes al lugar en el que naciste.

Pese a la opinión que John Ford tenía de esta película, el especialista Jean Mitry considera Mar de fondo como un filme que además de ser uno de los primeros del cine norteamericano en el que los beligerantes se expresan en sus lenguas respectivas, cuenta con momentos de gran intensidad cinematográfica como los que presentan al barco señuelo y al submarino alemán “en una mañana luminosa y glacial mientras se espían y juegan al escondite”.

Ésta y otras escenas hacen que visualmente Mar de fondo sea una película fordiana. La tensión dramática que el director sabe sostener en alta mar e incluso el episodio en el que los marineros saltan a tierra para recorrer esa isla canaria que pudiera ser cualquiera, respira el gusto que sintió el cineasta por subrayar el protagonismo de su actores secundarios, y entre los que aparece su ya clásico buenazo pero fanfarrón, cuentista y pendenciero marino irlandés.

Bogdanovich así se lo sugiere a John Ford en el libro citado, y el cineasta casi lo admite al responder que el origen de ese personaje “es un montaje de varias personas. Por ejemplo, mi padre. Hablaba mucho de las grandes cosas que había hecho de joven, como la vez que sacó del agua una roca muy grande, o cómo cruzó a nado la bahía de Galway. Claro que era un misterioso de siete suelas, pero a los chavales nos entretenía. Se pasaba la vida parando caballos desbocados; de hecho, eso era lo que más le gustaba; en aquella época todos los coches eran de caballos; se plantaba como un torero, paraba un caballo, lo agarraba –era un hombre alto y fuerte– y lo ponía de rodillas de un tirón.”

No fue Mar de fondo la primera película que John Ford rodó sobre submarinos, un año antes había hecho lo mismo con Tragedia submarina (1930) pero sí la traemos a colación en este espacio es porque parte de la acción transcurre en unas islas Canarias que es territorio hostil, un nido de espías en el que incluso muchos de sus habitantes son marcadamente germanófilos.

Como curiosidad, y para completistas de la extensísima obra cinematográfica de John Ford, Mar de fondo es un título recomendable (se puede descargar en Internet) para acercarse a uno de los primeros trabajo sonoros de su director.

Pocos años más tarde, y tras el estreno de La diligencia, nacería la leyenda del hombre que “rodaba películas del oeste” y que terminó por perder un ojo en alta mar mientras rodaba el documental La batalla de Midway.

La metralla, sin embargo, no le arrebató su honesta, viril y lírica mirada cinematográfica.

APUNTES

* Para más información sobre Mar de fondo recomendamos consultar el apartado de Películas que suceden en Canarias, no rodadas en el archipiélago, del catálogo Rodajes en Canarias (1896-1950), editado por la Filmoteca Canaria en 2004, libro en el que además de reproducir el argumento de la cinta se informa de algunas curiosidades como que la música de la versión alemana contó con fragmentos de obras de Richard Wagner y no de la cinta original, de Peter Brunelli aunque no está acreditado. Brunelli también musicalizaría Grand Canary (Irving Cumming, 1934), entre otros filmes, la mayoría de ellos sin aparecer en los créditos.

* Si quieren saber más sobre esta película les invitamos a que consulten el artículo Ford at Fox que firma Bill Routt.

* El hijo del actor George O’Brien, Darcy O’Brien, es autor de una excelente novela sobre Hollywood: Un estilo de vida como cualquier otro, de la que nos hicimos eco en este su El Escobillón.com.

(1) John Ford, Peter Bogdanovich. Traducción: Fernando Santos Fontela. Editorial Fundamentos, 3ª edición, 1991)

Saludos, fantasías animadas de ayer y hoy, desde este lado del ordenador.