Archive for the ‘Cine de allá’ Category

Cambia de hora

Sábado, Marzo 29th, 2014

PROFESOR WAGSTAFF (GROUCHO MARX): Ah, tiene usted chófer. ¿Qué marca de coche tiene?

BARAVELLI (CHICO MARX): No tengo coche, sólo tengo chófer.

PROFESOR WAGSTAFF: A lo mejor es una tontería pero, si tiene chófer, ¿no sería lo normal tener coche?

BARAVELLI: Ya tuve uno, pero sale demasiado caro tener coche y chófer, así que vendí el coche.

PROFESOR WAGSTAFF: Pues ya ve si soy ingenuo: yo hubiera conservado el coche y hubiera vendido al chófer.

BARAVELLI: Eso es imposible. El chófer tiene que llevarme al trabajo por las mañanas.

PROFESOR WAGSTAFF: Pero si no tiene coche, ¿cómo le lleva al trabajo?

BARAVELLI: No tiene que llevarme al trabajo. Estoy sin empleo.

(Plumas de caballo, Horse feathers. Norman Z. McLeod, 1932)

Saludos, a lo fantasías animadas de ayer y hoy, desde este lado del ordenador.

Her

Domingo, Marzo 9th, 2014

Joaquin manda a paseo su sistema operativo porque Samantha tiene la voz de Gracita Morales. Piensa que otro gallo cantaría si quien levanta el ánimo tuviera el timbre de Scarlett Johansson… Da igual que fuera en idioma de bárbaros.

Se estremecen los cimientos de su dolorido cuerpo pensando en cómo sería abrir los ojos escuchando un “good morning, darling…”  de Samantha con la voz de Scalertt Johansson.

Va a la tienda Naranja a devolver el aparato pero la chica que atiende de pie y en el mostrador le recomienda pensárselo dos veces.

- Se puede solicitar otra voz.- avisa ella.

- ¿Tienen un catálogo o algo así?- pregunta Joaquín.

La chica le muestra en pantalla varios nombres y voces mientras él se pellizca la barbilla como quien se toma su tiempo. Finge que reflexiona seriamente sobre el asunto.

- Penélope Cruz o Javier Bardem siguen estando de moda.- dice la chica.

Joaquín niega con la cabeza y apunta la mirada pero no las orejas en la lista de nombres y voces que aparece en la pantalla.

- Los tenemos en varios idiomas.- advierte la chica observando la cola de potenciales clientes que empieza a formarse en la tienda.

- ¿No tendrá la de Scarlett Johansson?- pregunta Joaquín muy tenso.

- Solo en inglés y usted solicitó el español cuando firmó el contrato.

¿Nota ironía en la voz de la chica?

- Pero no la de Gracita Morales.

¿Nota ironía en su voz?

- Ah, pero al no pedir la de nadie la máquina escogió la que iba mejor con su perfil.

- No sabe nada la máquina.- dice Joaquín.

- ¡¡¡Señorita, señorita!!!–grita una tía detrás de la pareja– no me han puesto el Wi-Fi en casa.

- Eso lleva su tiempo.- dice la chica desatendiendo a Joaquín un momento.

– Pero es que lo mandé a pedir hace dos años…

- No desfallezca. Paciencia.- contesta volviéndole a prestar atención a Joaquín– Entonces ¿se queda usted con Scarlett Johansson?

- Dicho así…

- Nada, nada, déjemelo a mí.

La chica desliza las yemas de los dedos por la pantalla.

- Hecho.- dice devolviéndole el sistema operativo.

Joaquín abandona la tienda no muy satisfecho pero se coloca el auricular en la oreja derecha y oye a Samantha con la voz de Scarlett Johansson diciéndole algo que apenas entiende aunque por el tono… por el tomo la piel se le pone de gallina.

Por la calle casi todo el mundo va con su auricular puesto en la oreja gesticulando con los brazos o bien con una sonrisa en los labios. Samantha continua con su dulce perorata de la que él no se entera palabra del niño Jesús aunque a todo, a todo le contesta con un cariñoso “yes, yes, yes”.

A la puerta de la oficina y mientras apura su último cigarrillo un compañero le guiña el ojo mientras le señala el micro que lleva pegado a la oreja.

- A gusto ¿no?- dice.

Samantha susurra algo que debe ser muy excitante cuando Joaquín se quita el micro y aprovecha el momento para quemarse los pulmones con el cigarrillo que le ofrece el compañero.

- ¿Se puede saber quién es?- pregunta.

- Es largo de contar…- Joaquín se hace el remolón-… Por cierto, y ¿el tuyo?

- Lo compré hace dos días.- dice el compañero y saca su micro.- pero lo voy a cambiar porque Samantha tiene la voz de Antonia San Juan.

- Eso es un defecto del sistema –informa Joaquin con pose de catedrático–. Pide que la voz de Samantha sea la de  Scarlett Johansson.

- Pero es en inglés y yo solo sé lo que sé.

Joaquín no hace caso y entra por la puerta rumbo a la oficina.

- Darling?- despierta en ese momento Samantha con la voz de Scarlett Johansson…

- Yes?

Saludos, vivere, desde este lado del ordenador.

El señor Stanley, supongo…

Sábado, Marzo 8th, 2014

Un faraón o sacerdote egipcio hace que mira de frente mientras el mundo se mueve a su alrededor. Flota en el aire un aroma caprichoso, una mezcla de olores químicamente fuerte.

Observas que la gente se mueve arriba y abajo y que da un paso adelante y otro para detrás.

No puedes moverte y es inevitable que tropieces con uno o con una que te derrama medio vaso de whiskie.

Y quieres escapar de la marabunta como Charlton Heston, por lo que subes dándote de codazos exclamando ¡hagan sitio!, ¡hagan sitio!

Subes a casa con la cabeza dolorida pero te detienes para observar el final de la ciudad de la que has escapado y en la que resplandece una luz blanca y algo cadavérica y resuena una voz ensordecedora.

Imaginas que es la voz de un monstruo que devora a la gente a medida que sube hacia donde estás.

Un tipo que va de muerto viviente te detiene a varios metros de la casa e insiste en que bajes con él a la fiesta.

El grito del monstruo suena cada vez más cerca y prefieres ser masticado en tu casa. Declinas la invitación y dejas al tipo que va de muerto viviente caminando como si tuviera espasmos.

Imita, y bastante bien, el caminante no hay camino de los cadáveres de La noche de los muertos vivientes, el filme en blanco y negro de George C. Romero que dio origen a la pandemia por los tipos y tipas que recién han salido de la tumba.

Al llegar a tu  casa te enteras que hoy hace quince años que falleció Stanley Kubrick.

Y sientes como el monstruo se acerca poco a poco, arrastrándose como una babosa calles abajo…

Piensas en los de drugos que te derraman whiskie todos los días.

Y en los Barry Lyndon.

Entonces te llaman por teléfono. Y una voz ronca te recita como un mantra que solo se amanece en carnavales hasta “que por lo menos son las diez”.

Te recrimina que pongas cara de Jack Torrance pero ¿reconocería las caretas de Spartaco o del corononel Dax de Senderos de gloria?

- ¿Me estás hablando a mí?- murmuras por teléfono.

Y la voz  hace que tose.

- El resplandor fue descubrir al astronauta de 2001: una odisea del espacio… ¡Cómo me gustaba el puñetero traje y la escafandra!… Ahí estaba el Madelman cosmonauta… Un mito de mi adolescencia que solo llegué a conocer encerrado en cajas.

- Dísfrazate y amanece a las diez de la mañana.- Dice la voz.

Y cuelga.

Con el teléfono pegado a la oreja te asomas a la ventana vestido con el disfraz del emperador y contemplas a unas cincuenta personas meando en la calle.

Escondida en un coche se encuentra inclinada una chica que está rodeada de amiguitas que van de lolitas. Más allá, descubres a una caricatura del doctor Stragelove y, con los pantalones bajados y casi pegados a una esquina, un pelotón de Full Metal Jacket.

Cierras la ventana porque el grito del monstruo resuena ya a dos manzanas… Un grito atronador al que le acompaña una luz blanca y algo cadavérica.

Sientes calor. Oleadas de calor que se estampan en tu cara y que huelen como ¡a lavanda!

El caos lo rompe el timbre de la puerta como un secreto a voces. El pajarito del WhatsApp te avisa que tienes un mensaje pero lo dejas pasar mientras pones el ojo en la mirilla.

Dos parodias de Tom Cruise y Nicole Kidman hacen que se esconden detrás de dos espantosos y venecianos antifaces.

Cierras los ojos de par en par…

Vuelve a sonar el timbre.

- ¡¡¡Respeten, respeten!!!.- gritas como el monstruo que ahora repta baboso por la fachada del edificio.

- ¡¡¡Respeten, respeten!!!- repites cerrando con doble fechillo la puerta de tu cartillo de cartón.

Saludos, corta, corta, desde este lado del ordenador.

Olvídalo, Jake, esto es Chinatown

Viernes, Marzo 7th, 2014

Roman Polanski comenta en una entrevista que si tiene dos películas de las que se siente profundamente satisfecho son El pianista (2002), un proyecto muy personal; y Chinatown (1974) un trabajo de encargo y que sospechó iba a ser tedioso y sin sentido tras leer las primeras versiones del guión de Robert Towne.

La película podría ser entendida así como un prodigioso milagro. Aunque también la de un cuadrado perfecto porque reunió a lo más extravagante del Hollywood oficial de aquellos años:

Un cineasta polaco que había tanteado con éxito el mercado norteamericano con La semilla del diablo y cuya vida sentimental estaba marcada por la tragedia; un guionista que hizo famoso lo de ser guionista en el cine norteamericano de los años setenta; un productor, Robert Evans, conocido por sus excentricidades pero con una visión del cine que funde lo viejo y lo nuevo con glamurosa elegancia en una década prodigiosa castigada también por una crisis; y un actor, Jack Nicholson, que en aquellos años todavía era un tipo que intentaba hacerse un hueco en la industria y arrastraba fama de gamberro.

No sé si esto explica que cuarenta años después Chinatown continúe aturdiendo, pero algo debe de haber porque la misma fórmula pero con distintos ingredientes que emana Bonnye and Clyde (Arthur Penn, 1967) y las sucesivas imitaciones que se realizaron tras el éxito de Chinatown no funcionan. Todas ellas carecen de la perfección que aún caracteriza la película de Polanski.

Chinatown es, aparentemente, una clásica historia de detectives. Los ecos a Raymond Chandler ya lo sugiere la evocadora banda sonora de Jerry Goldsmith, pero es también, y ahí su grandeza, un estupendo retrato sobre las dobleces humanas y el abuso de poder. Una película que estudia las apariencias con elegante sobriedad.

Jake Gittes, el detective privado que interpreta Nicholson, es un perdedor al que parece que la vida le ha ido razonablemente bien tras dejar la policía por un caso sucedido en Chinatown, pero al que pronto se le nota que el nuevo que investiga le resulta demasiado grande.

Faye Dunaway interpreta a una aparente femme fatale que al final resulta muy femenina pero poco fatal. No reproduzco el diálogo cumbre de la cinta y en el que se descubre el pastel con la esperanza de que alguien que lea estas líneas todavía no haya visto la película…

John Huston asume el papel de un hombre de negocios, aparentemente amante de la familia y del orden. Su orden.

El mismo Roman Polanski interpreta a un gángster con el dedo fácil para la navaja, de hecho, llega a romperle la nariz a Gittes en otra de las memorables escenas que se reparten en este aparente policíaco que ha sabido perder con el paso del tiempo su aroma retro para convertirse en un clásico.

Y como clásico, su visionado todavía conmociona.

Conmociona porque explota nuevas interpretaciones y porque casi parece que la ves por primera vez.

O aparentas verla por primera vez porque sabes cómo se van a desarrollar los acontecimientos pero no a quedar desconcertado por las lecturas que sacas de una película que forma el cuadrado perfecto.

Y te deja noqueado.

Tirado en el suelo, mosquiado porque todavía te duele su contundente mensaje, ya sin apariencias, de una película que va más allá de estar construida como una matrioska.

Jack Nicholson recuperó a Gittes en The Two Jakes (1990) pero la cinta no funciona. No respira esa atmósfera inevitable, a lo callejón de las almas perdidas, de Chinatown.

No termina con un demoledor “Olvídalo, Jake, esto es Chinatown”.

Saludos, plano americano, desde este lado del ordenador.

Glamour celtibérico

Lunes, Febrero 10th, 2014

Tendrán sus razones pero ¿por qué no premio Chomón, Berlanga, Buñuel?

¿Goya?

Goya, un pintor cuya obra es radicalmente distinta –no diferente– a la del cine español de los últimos años.

¿Goya?, un artista que reflejó lo peor y lo mejor de España.

Esa misma España que anda hoy ausente dentro de un cine que cuando se muestra como unidad solo sabe vender que está molesto por el impresentable desplante del ministro de Cultura…

Es inevitable pensar en Berlanga, Buñuel… y en combatir las miserias, camufladas de drama o comedia, que me mostraron con sus películas para resistir.

Lo que veo hoy de cine español no tiene nada que ver conmigo.

Vivo en otro planeta, pienso mientras veo desfilar por la alfombra roja actores y actrices con modelazos estraterrestres para que más tarde, y desde la tribuna, protesten porque hay hambre en el mundo.

El glamour de unos profesionales que, con toda la lógica del mundo, se resisten a convertirse en nuevos indigentes.

El presidente de la Academia, Enrique González Macho, anuncia como centauro en el desierto que hacer cine en España es un acto heroico.

El trabajo de un puñado de héroes…

Me gusta escuchar a González Macho porque parece un tipo sensato.

Y sensatez hay en su queja del aumento desproporcionado del IVA al consumo cultural. También en su denuncia a la piratería y la supresión del cánon digital ya que “mientras todos los países de Europa lo mantienen con diferentes formulaciones, aquí desaparece y se sustituye por la ridícula cantidad de 5 millones de euros que vienen de los presupuestos generales del Estado. Así, si antes lo pagaba el supuesto usuario, ahora lo pagamos todos. Curiosa solución ¿no?”

Otro momento de su emocionado editorial… O del discurso de González Macho:

“estamos resistiendo a todo esto y, en 2012, hemos tenido la mejor temporada de cine español de los últimos 27 años y de ello debemos congratularnos. Aunque, para ser justos, hay que decir que todas las películas estrenadas ese año han sido producidas con anterioridad. Las de la etapa política que vivimos hoy se estrenarán a partir de marzo o abril, y ¡ojalá me equivoque!, pero creo que los resultados no serán tan brillantes como los del año pasado.”

¿Por qué?

¿Por el número de producciones?

¿Por el calado artístico de esas mismas producciones que, finalmente, se estrenarán en algún cine?

Con todo, Enrique González Macho es un tipo sensato.

Envía mensajes a navegantes:

“Tras este año de incertidumbres se ha comenzado a trabajar en la elaboración de una nueva Ley de Cine. Y tenemos gran esperanza en ello, por dos razones: primero porque creemos que es un proyecto necesario, y segundo porque cuando se pierde la esperanza uno se vuelve reaccionario.”

Reaccionario, González Macho dice reaccionario y no conservador.

Pone fin a su intervención reivindicando que “el cine debe ser una cuestión de Estado” porque añade:

“no es de los de la ceja, ni de los del bigote, ni de los de la barba, ni de los de ningún otro apéndice capilar, el cine nos pertenece a todos, es un derecho de los ciudadanos, y como cultura no es un complemento: es parte esencial de la vida.”

González Macho, entre aplausos, recita versos de uno de esos escritores a los que hay que añadir el don antes del nombre.

En este caso, don Miguel de Unamuno.

Lo reproduzco porque el viejo, don Unamuno, es uno de los venerables. Un escritor al que le duele España.

“Sólo el que sabe es libre.

Y más libre el que más sabe.

Sólo la cultura da libertad.

No proclaméis la libertad de volar, sino dad alas.

No la de pensar, sino dad pensamiento.

La libertad que hay que dar al pueblo es la cultura.”

En cuanto a la gala de los Goya…

Lo de siempre…

Glamour celtibérico.

Saludos, fundido a negro, desde este lado del ordenador.

Travestís por obligación (2)

Jueves, Febrero 6th, 2014

INTRODUCCIÓN

Hace unas semanas editamos en este su blog El Escobillón un post que, con el título de Travestís por obligación, repasaba en un puñado de títulos cómo ha abordado el cine la transformación de un actor en actriz por necesidades del guión.

En ese mismo post, anunciamos la pretensión de elaborar una lista semejante cuando se invierten los papeles, es decir, las historias en las que la actriz se transforma en actor.

Como entendemos que lo prometido es deuda, repetimos ahora el mismo esquema aunque con matizaciones y advirtiendo –como siempre que nos atrevemos a estas aventuras– que faltan más títulos. Unos ausentes por despiste y otros por sincero desconocimiento.

Destacamos, en cuanto a la selección de películas, que se ha prescindido de todas aquéllas en las que una mujer hace el papel de hombre (Kate Blanchett como Bob Dylan en I’m Not There; Felicity Hoffman y Carmen Maura como travestís en Transamerica y La ley del deseo, respectivamente; Blanca Portillo como el inquisidor fray Emilio Bocanegra en Alatriste y Linda Hunt como fotógrafo que colabora con el periodista sediento de exclusivas que interpreta Mel Gibson en El año que vivimos peligrosamente, entre otras), o comedias tan fantásticas y a las que apenas araña el tiempo como La gran aventura de Silvia porque el objeto de este repaso es solo el de ofrecer películas en las que sus protagonistas asumen una identidad falsa y masculina en la mayor parte de los casos con el fin de hacerse un hueco en un territorio dominado por hombres.

LAS PELÍCULAS

La monja alférez (Emilio Gómez Muriel, 1944).- Se han rodado, que tengamos noticia, dos versiones de la historia de Catalina de Erauso, uno de los personajes más fascinantes de una América en aquel entonces aún hispana. La primera versión, obra del cineasta mejicano Emilio Gómez Muriel, si destaca por algo es por contar como protagonista con María Félix, una de las mujeres más hermosas y carismáticas de la historia del cine. Esta es la historia de una mujer que se hizo soldado escondiendo su sexo mientras demostraba en los campos de batalla un valor que, pensaban sus compañeros de armas, solo podía descansar en el corazón de un hombre.

¿Víctor o Victoria? (Blake Edwards, 1982).- Blake Edwards es, a mi juicio, uno de los grandes directores del cine norteamericano de la segunda mitad del siglo XX aunque tendrá que pasar el tiempo y demolerse muchos prejuicios antes de que esta afirmación –para nada gratuita– sea una realidad. ¿Víctor o Victoria? se trata en todo caso de una nueva versión de un filme producido por la UFA y estrenado en 1933 –el mismo año en el que los nazis llegaron al poder– en el que se plantea la divertida historia de una cantante de ópera que no encuentra trabajo y termina como transformista en un alegre cabaret parisino. El problema surge cuando Julie Andrews, Victoria, tiene que hacerse pasar por Víctor y se enamora de un varonil hombre de negocios norteamericano que interpreta el siempre irónico y convincente James Garner.

Yentl (Barbra Streinsand, 1983).- Nunca me gustó demasiado Streinsand. Ni como actriz ni como cantante ni como directora aunque en Yentl logró y aún logra convencerme de todo lo contrario. Son varias las razones. Por un lado, la ambigua historia de amor que va tejiendo con uno de sus compañeros en la estricta escuela masculina en la que se matricula travistiéndose como hombre; también por los sentimientos que despierta en la novia de, precisamente, el hombre de quien se está enamorando.

La monja alférez (Javier Aguirre, 1987).- Una nueva versión de la vida y hechos de Catalina de Erauso, aunque sin el encanto de la primera y no por su actriz protagonista, Esperanza Roy, compañera sentimental del director, sino por la pobreza de medios con la que se puso en pie. Con todo, es una curiosidad de ese cine español empeñado en que su público lo reconozca y no que el público se reconozca en él.

Shakespeare in Love (John Madden, 1998).- No resulta demasiado creíble observar a Gwyneth Paltrow haciéndose pasar por chico para poder trabajar en una compañía de trabajo que dirige un tal William Shakespeare, pero la película es una bonita manera de acercarnos al extraordinario mundo de su autor, un nombre y un apellido que se confunde en la leyenda y uno de esos escritores a los que todo el mundo cita sin haberlo leído.

Boys Don’t Cry (Kimberly Peirce, 1999).- Es una pena que la carrera de Hilary Swank se haya estancado en los últimos tiempos porque por títulos como Los chicos no lloran merecía una mayor proyección en una industria hoy muy apegada a lo tontamente comercial. Basada en una historia real, el filme se desarrolla en un pueblo perdido de Nebraska, donde la protagonista vive una vida de mentira haciendo de chico al que solo le espera un inevitable y drástico final.

La papisa Juana (Sönke Wortmann, 2009).- La historia original hunde sus dedos en la leyenda: la de una mujer que se hace pasar por hombre hasta lograr presidir la Iglesia católica. En el filme tiene la forma de Liv Ullman, una actriz de referencia en las películas de Ingmar Berman.

Albert Nobbs (Rodrigo García, 2011).- ¿Hubiera resultado la misma película sin Glenn Close interpretando a la mujer que, por necesidad, tiene que hacerse pasar por un hombre para trabajar en un lujoso hotel de Dublín? La respuesta es no porque Albert Nobbs solo podía ser creíble si lo interpretaba una actriz llamada Glenn Close.

BONUS TRACK

El dr. Jekyll y su hermana Hyde (Roy Ward Baker, 1971).- Y finalizamos con una película que no tiene nada que ver con el objeto de este post pero sí que sirve de puente para el planteamiento del primer con el segundo artículo que hemos elaborado sobre este asunto. ¿Por qué? Porque el filme de Baker, producido por la Hammer, reflexiona inspirándose en el inmortal relato de R. L. Stevenson en ¿qué podría pasar si un hombre de pelo en pecho (Ralph Bates), y tras tomarse un extraño bebedizo, se transforma en una seductora y atractiva mujer (Martine Beswick)? ¿Quién vencerá en esta psicotrónica lucha de sexos? El travestismo por obligación vuela en pedazos para reflexionar con morbo en la idea de que en todo hombre late el corazón de una mujer y dentro de toda una mujer, el corazón de un hombre.

Saludos, ¿continuará?, desde este lado del ordenador.