Archive for the ‘Cine de allá’ Category

‘Epito, quiero mi Batman…’

Domingo, Julio 22nd, 2012

I.-  A MODO DE INTRODUCCIÓN

La moda de las trilogías, tetralogías, secuelas, remakes se ha convertido en una especie de hongo venenoso en eso que antaño fue el mejor cine del mundo, el norteamericano, por supuesto.

Los expertos dicen que es una moda que viene de los años treinta, cuando no existía televisión y en su lugar se exhibían seriales donde se intentaba dejar al público clavado en la butaca al final de cada episodio.

Ese en el que personajes como Flash Gordon parecía iba a ser víctima de las hordas de Ming o el Capitán América, Jim de la Jungla o el mismo Batman prometían desaparecer de la faz de la tierra al estar rodeados de feroces enemigos armados hasta los dientes…

El estreno primero de La guerra de las galaxias y más tarde de Indiana Jones y tiempo después de El señor de los anillos recuperó a lo grande aquel roñoso espíritu dejando tieso en la butaca al desdichado espectador que tuvo la ocasión de verlas en pantalla grande, con sonido dolby a toda pastilla y algún fan disfrazado como los protagonistas que desfilaban en cualquiera de esas películas y sus entregas.

Esto me hace recordar que una de las peores experiencias de mi aprendizaje como espectador cinematográfico fue El imperio contraataca y quedarme con la miel en los labios con su abrupto final, con el bueno de Han Solo congelado y sorprendido de que Luke Skywalker se quedara sin mano y sin novia tras descubrir que la chica de sus sueños más húmedos era su hermana y el malvado de Vader su padre.

Tras salir de la sala, quiero pensar ahora que el Cine Greco, las reacciones fueron encontradas. En mi cabeza se mezclaba el cabreo por el continuará y la frustración de saber que tenía que esperar a que pasara un par de años antes de averiguar cómo iba a terminar la trilogía galáctica.

¿Y si no estoy en este mundo? Era una de las preguntas que se me pasaban por la cabeza con la machacona y repetitiva banda sonora de John Williams resonando en mi cabeza… Al final me quedé en este planeta y vi La venganza del Jedi.

¿Mereció la pena la espera? Mucho me temo que no.

De hecho, creo que a partir de ese día comencé a detestar cordialmente las segundas, terceras, cuartas y quintas partes porque casi nunca cumplían su promesa. Es decir, ir más allá y hasta el infinito…

En todo caso, es verdad que toleraba y tolero las que revientan a un personaje con excesivo sadomasoquismo.

Entiendan con ello mi aprecio por series como Rocky y Rambo, Terminator y alguna otra que no recuerdo porque, sencillamente, no se trataba de construir un complejo y a la postre aburrido universo sino repetir la película original solo que con más medios… También más salvaje en las que escribía y protagonizaba Sylvester Stallone, un tipo que aún continúa noqueándome porque no traiciona su manera de hacer dinero.

Y un tipo que pese a que su ideología se encuentre en las antípodas de la mía, le sigue resultando sincero porque no ha cambiado su discurso. Un discurso con el que naturalmente no comulgo pero que me fascina con inquietud venenosa: Soy la ley. La ley del más fuerte.

“Si no sabes rezar antes de que me haga real va siendo tiempo de que aprendas”.- Parece que quiere decirme con sus películas.

II.- FAST FOOD

Este preliminar es para comentarles la decepción, también el asombro no miedo, que he sentido al ver la última de Batman, The Dark Night Rises, de Christopher Nolan cuyo estreno se ha visto empañado por el desgraciado tiroteo en un cine de Denver, Colorado.

Tiroteo que inevitablemente me ha hecho recordar Targets (Peter Bogdanovich, 1968), lo que pone de manifiesto que a veces el arte, solo a veces, se caracteriza por un morboso sentido profético… Lástima que en la sesión de Denver no estuviera Boris Karloff para reducir al hijo de la gran puta que quiso conseguir sus cinco minutos de fama acribillando y asesinando a más de una decena de personas.

Entre ellos niños cuya mayor ilusión en la vida era ver como se cerraba la trilogía sobre Batman dirigida por Nolan.

Confieso, no obstante, que estando en la sala a oscura de uno de esos multicines que aún sobreviven en el villorrio en el que vivo pensaba en lo que tuvieron que sentir esos espectadores cuando se percataron que un asesino estaba disparando y de verdad sobre todos ellos. Es más, nada más comenzar The Dark Night Rises me pregunté cómo sonarían los disparos reales sobre los ficticios que pueblan como mosquitos esta película cuyo tono quiere ser crepuscular.

Escribo lo de crepuscular con una sonrisa triste en los labios.

Porque todo lo que disfraza a esta película, salvo su espectacular inicio aéreo, es de una estupidez de la que ya no debo quejarme como reincidente en ver tonterías de este calibre en la sala de un cine. Rodeado de un público entregado, convencido de que merece la pena apostar por los héroes que tanto contribuyeron a emocionar su adolescencia en la página de los colorines, tebeos, comics…

Nolan cierra la trilogía de su Caballero Oscuro con un guión penoso. Con una historia, además, que encierra un peligroso y perverso mensaje.

Y si peligroso, tenebroso y perverso era el mensaje del Dark Night con el que Frank Miller recuperó al Hombre Murciélago en su historieta donde reactualizaba con claves profundamente reaccionarias pero también libertarias al álter ego de Bruce Wayne, en el filme de Nolan se reescribe ese discurso para transformarlo ahora en una especie de paladín de ese mismo sistema que nos roba, entre otras cosas, los que nos queda de dignidad como personas.

III.- QUE LE DÉN…

El Caballero Oscuro que propone Nolan no es otra cosa que un multimillonario gilipollas que se arruina pero al que nunca le falta dinero y que regresa a su Gotham City –o la Ciudad Gótica en las siempre acertadas por delirantes traducciones de la editorial mejicana Novaro– para librarla de una especie de dictadura del proletariado en la que se ha visto metida por una especie de red skin que responde al nombre de Bane, cuyo mayor logro –y entusiasmo para quien escribe ahora estas líneas– es el robo que perpetra en la Bolsa de esa Ciudad Gótica que se supone es Nueva York aunque gran parte de los exteriores se rodaran en Pittsburg.

Bane al final es un instrumento, claro está.

La revolución que lidera es una mentira, resalta la película, cuando logra aislar Gotham del resto de un mundo que se desmorona y que solo permite primaveras árabes en países árabes…

En el filme la bandera de los buenísimos, que no la de la verdad, es la que enarbola no ya Batman sino esa ley que encarna en la película la policía, los hombres de azul, para poner fin a una anarquía cuya justicia (¿la Cuba de Fidel Castro?) solo sentencia a una muerte o un exilio que significa también la muerte.

El problema de la película, uno de los muchos problemas que suscita esta laaarguísima cinta, es que como espectador no estás ni con unos ni con otros.

Probablemente porque llega un momento en el que pasas de verla y te pones a pensar en tus problemas de verdad mientras en pantalla se parten la cara rudos policías con rudos maleantes aunque te alegre la vista observar a una chica que hace de Cat Woman disfrazada con un encajado traje de licra como si se tratara de una tarada dominatrix.

Pero eso no lo logra, sin embargo, que te entren ganas de vomitar las cotufas y el refresco con el que te has  pertrechado nada más  entrar en la sala.

IV.-  A MODO DE EPÍLOGO

Y que eches de menos… pero muuucho de menos la serie que sobre Batman se rodó en los años sesenta.

Una serie de espíritu libre y pop. Pero menos tontorrona y perversa que este Dark Night cuyo crepúsculo no es otro que el renacer de los hijos de la gran puta.

Cuando era niño, no se cansan de recordármelo mis mayores, no dejaba de repetir algo así como epito, quiero Batman… Epito, quiero Batman…

Intentaba reclamar un muñeco del hombre murciélago que había visto en un carrito.

Iba vestido de gris, con una capa negra. No era articulado. Era un Batman pirata y que no llegaba a la altura del zapato a un Madelman.

Pero yo continuaba con mi cantinela.

- Epito, quiero Batman…Epito, quiero Batman…

Fue mi padre quien se dio cuenta que lo que exigía era ese muñeco pirata de Batman que había visto colgado en un carrito.

Al final me lo compró uno de mis tíos para que cerrara la boca.

Desde ese entonces, sin embargo, continuo repitiendo “Epito quiero Batman…”

Quiero Batman.

… Epito, quiero mi Batman…

Saludos, de un hombre intranquilo, desde este lado del ordenador.

Mi extraño encuentro con Nosferatu

Viernes, Julio 20th, 2012

Me llevo la mano al pecho cuando descubro la inquietante silueta que se dibuja en el marco de la puerta: un tipo alto y delgado, calvo como una bola de billar y con feroces orejas puntiagudas. Enseña dos colmillos como de ratón mientras me preocupo seriamente de que no sea nadie (nadien decía aquel) que quiera venderme un trozo de paraíso o comerme la cabeza con el puto incendio que devora el corazón de la isla.

- No se preocupe usted que está controlado.- dice la criatura que me ha leído la mente.-  ¿Puedo pasar?- pregunta moviendo unas manos largas cuyos dedos, finos como palillos, terminan en una escandalosas uñas que parecen garras.

- La verdad es que iba a acostarme.- miento como un bellaco.- Es un poco tarde, sabe usted.

No miento al decir la hora. Son las dos de la madrugada. En algún lugar suena el clong clong de un reloj que me hace dar un pequeño saltito.

Comienzo a sudar mientras los ojos del tipo delgado se clavan en los míos.

- ¿Puedo pasar?.- insiste mostrando ahora una perversa sonrisa.

Voy a decir que no pero de mis labios sale un traicionero sí.

El individuo, que viste un abrigo negro, entra y me ordena con la mirada que cierre la puerta.

- Me encantan las arañas.- exclama cuando observa las telarañas que se han tejido en la lámpara del salón.

- Acomódese usted.- le digo señalando el sofá. Yo me instalo en el sillón de orejas, donde cruzo las piernas y hago que pongo mirada interesante. Es decir, cierro los ojos.

- Veo que estaba viendo una película.- susurra el tipo delgado.

La imagen del televisor está congelada en stop.

Comienzo a reírme. No sé porque me río… Bueno, sí… Comienzo a sentirme nervioso. Y mucho más nervioso cuando compruebo que el caballero que tengo sentado en el sofá es el mismo que aparece en la imagen congelada del televisor…

- Ehhhhh….- balbuceo señalándolo a él y a la pantalla.

- Al natural soy más atractivo, ¿verdad?.- contesta el tipo delgado mientras con una de sus manos plancha las arrugas del abrigo que lleva puesto.

Estoy a punto de soltar una tontería. Algo así como no tiene calor… Pero en bocas cerradas no entran moscas.

- Continúe viendo la película.- me anima el caballero.

- Estará cansado de verla.- intento excusarme.

El tipo se rasca la nariz y luego pasea con uno de sus dedos el largo de sus colmillos de rata.

- Que va… Vamos, vamos….

Pulso el play y la pantalla vuelve a ponerse en movimiento. En blanco y negro el orejudo se inclina sobre el cuerpo de una doncella. Sus ojos saltones miran a cámara antes de dar el inevitable mordisco.

- Ahhh, qué sed me está dando….- exclama el sujeto sentado en el sofá con la vista clavada en la pantalla del televisor. Un televisor de pantalla plana y no sé cuantas pulgadas.

-Tengo agua fría en la nevera. También cuatro garimbas…

- ¿Garrrimbas?.- pregunta con marcado acento germano.

- Cervezas, muy fresquitas.

El tipo de encoge de hombros y continúa mirando la pantalla del televisor.

Ya en la cocina, la luz de la nevera me deslumbra.

Cojo dos latas de cervezas, busco algo en la despensa y regreso al salón.

- ¿Sabe usted mi nombre?

- ¡Drácula!.- grito procurando tener el mismo acento devoto de Renfield.

- Quita, quita…..-ladra como si le hubiera mostrado la cruz.

- ¡Nosferatu, el de la película!

El tipo se rasca la cabeza y me mira con abisal tristeza al contemplar la ristra de ajos que llevo a modo de collar.

- ¡Murnau!

Niega consternado con la cabeza, que inclina suavemente sobre su pecho.

- ¡Klaus Kinski!

Se levanta del sofá y hace amago de estrangularme aunque los ajos que llevo entorno al cuello lo ponen firme en el centro del salón. Comienza a dar arcadas…

Mi ángel de la guardia, que hasta ese momento debía de estar fumando cosas raras en algún rincón de mi casa sale en mi ayuda y me grita por la oreja izquierda un nombre.

- ¿Shrek?

El hombre delgado y calvo abre los ojos…

Mi demonio de la guardia, que hasta ese momento debía de estar fumando cosas raras con mi ángel de la guardia me sopla por la oreja derecha otro nombre.

- Más… No… Espere un poco… Max… Max Schreck…

En pantalla aparece un cartelito en el que se puede leer Ende.

El señor Shreck da dos zancadas largas y sale de mi mansión atravesando como un espectro la puerta.

- ¡Nosferatu, espera…!.- voy chillando por el pasillo.

Pero solo me contesta un bofetón de calor cuando llegó a la calle.

Calor…

Demasiado calor.

Un bofetón de calor…

Mi ángel y demonio de la guardia se ponen por una vez de acuerdo: “La fuerza del vampiro radica en que nadie cree en su existencia.”

- España, España….- grito.

Saludos, Nosferatu, el vampiro, cumple 90 años, desde este lado del ordenador.

Ernest Borgnine: El perfecto patán…

Lunes, Julio 9th, 2012

Casi todo el mundo –o la gente decente al menos– recuerda a Ernest Borgnine por Los vikingos, Grupo salvaje o El emperador del Norte, pero no por Marty, película por la que obtuvo el Oscar al mejor actor en 1955.

Pese a la estatuilla, la carrera de Borgnine se desarrolló como la de actor secundario, aunque como uno de esos grandes secundarios del cine norteamericano que todo el mundo reconoce pese a que sea secundario. Lo veías aparecer en pantalla y te decías “ahí está Borgnine” si lo conocías o “hay está el gordo hijodeputa” si no tenías el gusto de conocerlo por su nombre y apellidos pero sí por su característico físico. Físico al que recurría con camaleónico talento.

Y es que el actor tenía estilo y eso que los cursis llaman llenar pantalla. Enseguida lo detectabas cuando aparecía en escena. Y si estaba haciendo de malo, pese a que sabías que Borgnine era buena gente –falleció el domingo a los 95 años, que Dios lo tenga en su gloria– encarnaba a la perfección al paleto gañán. Al paleto patán.

¿No me creen descreídos?

Vuelvan a ver De aquí a la eternidad… Y aprendan a odiarlo cuando le da la paliza al debilucho de Frank Sinatra.

¿Quieren otra?

Mmmm, observen como el miserable patán le hace vida imposible a un mutilado de guerra (Spencer Tracy) bajo las órdenes de un siniestro Robert Ryan en ese western moderno que es Conspiración de silencio…

¿Quieren más, iletrados?

¿Qué les parece el papelazo que se hace en esa obra maestra del desarraigo y crítica feroz contra el capitalismo que es El emperador del Norte? En ella, un Borgnine en estado de gracia persigue por un tren a una leyenda de los trotamundos que responde al nombre de Lee Marvin. A quien solo le fala ponerse a cantar I was born…

Dirige un genio al que los aficionados a eso que llaman cine de autor consideran un secundario: Robert Aldrich.

De bueno. O de bonachón. O de tipo grande pero con un corazón que no le cabe en el pecho, Ernest Borgnine mantiene una inquietante relación que en la película va más allá de la amistad con William Holden en Grupo salvaje. Hace de general de cinco estrellas canalla en la todavía vibrante Doce del patíbulo y de tipo que quiere salvar el pellejo en La aventura del Poseidón y de un taxista pasado de rosca en ese pequeño clásico del cine de ciencia ficción que fue y es 1997: Rescate en Nueva York.

Y eso entre otros títulos que cojo al voleo en su impresionante filmografía que incluye series, una de ellas, Océano, basada en la novela del escritor tinerfeño Alberto Vázquez Figueroa y rodada en Lanzarote. Tierra de volcanes donde me imagino a un Borgnine dando risotadas que se tragaba el mar…

La serie al final fue la que terminó siendo tragada por el mar, pero eso es otra historia.

Ha muerto Ernest Borgnine.

Y siento su muerte como la de un tipo muy querido de la familia.

Esta noche toca homenaje.

Grupo salvaje y El emperador del Norte.

Sam Peckinpah y Robert Aldrich frente a frente. Y en todas ellas Ernest Borgnine.

Son las dos caras de una misma moneda:

La del actor encarnando al amigo devoto y fiel como un perro y la del actor haciendo de un perfecto patán con instintos sádicos y asesinos.

Cosas mías, me quedo con su segundo trabajo.

No sé, me enseñó a ver al señor Borgnine de otra manera. Con otra dimensión. Me lo hizo, ya ven, demasiado humano.

Llorad cabrones porque ha muerto Borgnine.

Un actor para el que no existió la palabra secundario.

Saludos, llorad, llorad y llorad, desde este lado del ordenador.

Noticias de ese cine que tanto nos (dis)gusta

Lunes, Julio 2nd, 2012

* El director tinerfeño Juan Carlos Fresnadillo ha sido el cineasta escogido para dirigir una nueva versión de Los inmortales, que protagonizará el actor Ryan Reynolds. El filme, cuyos exteriores podrían rodarse en Canarias como otras producciones norteamericanas del tipo Furia de titanes y El dictador, se encuentra ahora en fase de preproducción y es una iniciativa de Lionsgate y Summit Entertainment. El guión está siendo revisado actualmente por Matt Holloway, responsable del libreto de Iron Man y el estreno del filme se prevé para 2013. La primera versión de Los inmortales estuvo dirigida por Russell Mulcahy y contó en su reparto con Christopher Lambert (en el rol de Connor McLeod que ahora asumirá Reynolds) y Sean Connery. La película contaba la historia de una raza de hombres que solo mueren si son decapitados, condenada a pelear entre sí hasta que únicamente sobreviva el último de su estirpe. En su momento se rodaron cuatro secuelas sobre el filme original y dio origen además a una olvidable serie de televisión.

* La senda, del cineasta tinerfeño Miguel Ángel Toledo, ha sido seleccionados para competir en la sección oficial de la XII edición del Neuchâtel International Fantastic Film Festival, que se celebra en esta localidad suiza del 6 al 14 de julio. En la categoría oficial de largometrajes que optan al premio H. R. Giger Narcise La senda es el único título de nacionalidad española que opta al galardón entre más de diez películas de Estados Unidos de Norteamérica, Canadá, Irlanda, India, Italia, Holanda y Lituania.

Saludos, ¡canastos!, desde este este lado del ordenador.

Mi primer gran beso de cine…

Domingo, Julio 1st, 2012

Leo la última entrada del blog Algo que se parece a cine que firma Daniel León Lacave. Una de esas bitácoras, junto a La flor y la mierda que cultiva El Cuervo, que se han convertido en cita imprescindible por su profundo carácter individual. Por su retrato cotidiano en el que, intuyo, sus respectivo autores dan rienda suelta y sin censuras a lo que mascullan en el calvario de su existencias…

Pese a tanto pirata…

Tanto piraaata….

Con el título de La primera película que vi contigo, Lacave construye un relato emocional y emocionado en el que no solo hace comunión con el cine sino también con las personas con las que compartió intimidad en la sala oscura…

Me ha llegado tanto su post que me ha hecho recordar experiencias parecidas en mis ya cada vez más esporádicas incursiones por las multisalas en que se han convertido los cines de mi ciudad. Una ciudad a la que, curiosamente, le separa una lengua de mar de la que habita Lacave.

En la calle, mientras tanto, todo el mundo está atento a un partido de fútbol que ignoro porque nunca fui aficionado a ese deporte que dice es Rey.

Oigo por el patio interior alguien que toca un cencerro.

Y un grito: ¡van cuatro!

Pero me resbala.

No soy un aficionado a ver deportes y, por lógica, a practicarlos.

Eso explica mi descuido físico. La barriga que cada día aumenta de tamaño… Mis bostezos cuando se empeñan en atraerme a un espectáculo en el que no encuentro otra magia que la de veinte tipos corriendo en calzones cortos detrás de un balón…

Claro que todo puede tener una explicación.

Cuando hacía que jugaba siempre me tocó ser el guardameta.

Aunque no tuve que hacerlo mal cuando los colegas del barrio me conocían como El pulpito porque solía parar la mayoría de los balones que tiraban a puerta.

Es verdad que no con las manos sino con la cabeza.

Y fue con la cabeza cuando detuve el segundo penalti que me otorgó el apodo que mencionaba unas líneas más arriba.

Creo que esa parada, o paradón como aún me recuerda algunos de los colegas con los que formaba equipo, fue responsable de que hoy lleve gafas. Que forme parte del club de los gafotas.

Aunque llevar gafas me ha librado de algún encontronazo callejero.

En cierta ocasión le recriminaron sus propios compañeros a un gorila que me iba a machacar que no fuera cobarde. Que no sacudiera a un tío que llevaba gafas.

En otra, por el contrario, y mientras me liaba a patadas furiosas, un hijo de puta al que espero que los dioses tengan en su gloria me las rompió con las manos.

¿A qué viene todo esto?

Ah, al último post que sube León Lacave en su blog.

Decía que me ha conmovido su lectura. También que ha despertado fantasmas que creía enterrados en mi memoria. En definitiva, que ha abierto la llave de la nostalgia.

Esa llave que siempre dejo medio abierta. Como la del gas de mi mansión.

Soy un animal de costumbres solitarias. Una especie de caminante que hace camino al andar sin otra compañía que la de su sombra.

Durante un tiempo, y ya lo he contado en este mismo blog, iba al cine cuando el cine era cine en compañía de amigos de sospechosas costumbres.

Más que ir al cine pues, la cosa era hacer el gamberro aunque yo lo que quería era ver la película.

Con esa pandilla de gamberros a la que pertenecía me colaba en las sesiones que proyectaban películas clasificadas S porque entre tanta marabunta, el portero –guardameta– era incapaz de detener a los menores de edad que entrábamos como una lluvia de goles mientras le dábamos el billete sin mirarlo nunca a los ojos.

“No lo mires nunca a los ojos. Manten la cabeza baja” era la consigna revolucionaria.

Así vi –nunca mirando a los ojos, manteniendo siempre la cabeza baja– entre otras producciones de soft porno las que firmaba Max Pécas.

Yo soy ninfómana fue una de ellas…

También cayó Las aventuras de Flesh Gordon, una parodia de las historietas bizarras del héroe creado por Alex Raymond…

Más tarde –adulto que se dice– vi estas dos cintas que para mi fueron capitales en aquel periodo de mi vida. Y fue como reencontrarme con aquel chaval gafudo que de puro nervio –el mismo nervio quiero pensar de los que ahora mismo están celebrando la victoria de la selección española– imaginaba que aquel pírrico éxito haría que le fuera mejor en la vida.

Cuatro goles, grita el vecino del puñetero cencerro.

Comencé a ir al cine gracias a mi padre.

Más tarde con mis hermanos y después con amigos.

Con chicas vino mucho tiempo después. Y nunca las tuve todas conmigo.

Tras ver Apocalipsis now! en un cine llamado Numancia salí de la sala haciendo que estaba en un helicóptero matando vietcongs.

Tatatatatatata…

Cuando vi que la chica me miraba con ojos de morsa le pregunté qué le había parecido la película.

- Un horror.- me respondió.

 Aquella relación estuvo condenada al fracaso desde el principio.

¿Qué hacía un tipo que solo sabía decir tatatatata con una chica tan sensible como ella?

¿Dónde estará ella?

Tatatatata.

Más tarde, y residiendo en Madrid, me dio por el cine que llamaban de arte y ensayo.

Solía aburrirme bastante cuando entraba en los Alphaville pero la moda era así y yo, que siempre fui esclavo de la moda juvenil, claudiqué.

En aquel tiempo casi todo el mundo gafota que conocía ponía por las nubes a un cineasta norteamericano del que hace años no se habla: Alan Rudolph.

Me tragué con bastante dolor de estómago muchas películas del señor Rudolph. Pero hay una en especial que detesto: Los modernos.

Y la detesto porque por ahí aparece un actor que hace de Francis Scott Fitgerald que no dice nada en la película salvo la de tomar lingotazos de ginebra.

- Fue un borracho.- me dijo la chica con la que fui.

- Bueno, sí… Un borracho, pero escribió El gran Gastby, A este lado del paraíso, Suave es la noche y…

No me dejo terminar.

Con ella fui a ver –me invitó ella– Bagdad Cafe.

En pantalla aparecía haciendo de secundario un viejo amigo: Jack Palance.

Cuando salimos, la amiga me exigió la valoración de rigor.

- Es bonita la canción.- respondí.

No sé si al día siguiente –o al otro del otro– me metí en una sala de sesión continúa próxima a la glorieta de Quevedo en la que se reponía En compañía de lobos junto con Lifeforce. Y ahí estaba sentado observando como los zombis vampiros tomaban la ciudad de Londres cuando un viejo comenzó a rozarme con los dedos la entrepierna.

El caso es que estaba tan metido en la película que mis alertas comenzaron a sonar cuando los dedos se transformaron en una mano que, presuntamente, acariciaba mi entrepierna.

- Pero ¿qué coño hace?.- exclamé poniéndome de pie.

Alguien del fondo soltó una risita.

El viejo lanzó un grito enojado y yo me cambié de lugar.

Me puse al fondo, donde las parejas más que ver la película aprovechaban para darse besos tan sonoros como los chillidos de los vampiros zombis.

Cuando volví a quedar con la amiga para ver una película le sugerí acudir a ese mismo cine que se encontraba próximo a la glorieta de Quevedo.

- No ponen nada interesante… pero en los Alphaville han estrenado Yo te saludo María, de Godard.

Malditas las ganas que tenía de ver una de Godard. Claro que…

- Vamos a verla, pero nos ponemos al fondo de la sala.

Desde ese día, y a pesar de que cordialmente detesto las películas de Godard, reconozco que le debo mi primer gran beso en la sala a oscuras.

Un beso producido, lo sé bien, por el aburrimiento de lo que estábamos viendo en pantalla.

Primero nos tocamos las manos como quien no quiere la cosa. Después, imitando al viejo, dejé caer mi mano sobre su muslo pese a que ella cruzara las piernas. Luego apoyé la cabeza sobre su hombro musitando algo así como que tenía sueño.

Cuando salimos de la proyección, un corro de ultraderechistas protestaba contra Yo te saludo, María.

María…

La del dulce beso.

Yo, desde ese día, defiendo y elevo a un altar la dichosa película de Godard.

Claro que no la vi.

Pero me sabe a mi primer beso en un cine…

 Saludos, han comenzado a sonar las putas vuvuzelas, desde este lado del ordenador.

He visto cosas que vosotros no creeríais…

Lunes, Junio 25th, 2012

Hace treinta años.

Cuando ir al cine era una fiesta…

Nexus-6: “Yo… He visto cosas que vosotros no creeríais: Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán… en el tiempo… como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”

- Vétete por ahí.- grita alguien del público.

- Gilipollas.- hace eco otro.

En pantalla, la banda sonora futurista de Vangelis intenta reforzar un primer plano que muestra el rostro herido y asombrado del actor Harrison Ford mientras se congela la imagen de Rutger Hauer, quien momentos antes ha dejado soltar de entre sus manos una paloma blanca.

- ¡Llévate a la tía buena…!.- Recomienda un listillo a Harrinson Ford.- ¡A la morena, a la morena!

- ¡Ojo, que es una puta replicante!- avisa uno.

- Pues mejor, que tiene fecha de caducidad….

Carcajadas en la sala.

- ¡¡¡No tienen respeto!!!.- chilla histérico un cinéfilo blade runniano.

- Qué te calles.- les responden cuatro.

Vuelan como palomas cotufas, papas fritas y baconcitos sobre la pantalla.

Saludos, aún recuerdo aquella sesión, desde este lado del ordenador.