Archive for the ‘Colorines’ Category

Lo leyeron en ‘El Escobillón’

Lunes, Diciembre 5th, 2011

¿QUÉ HAY DE NUEVO, VIEJO?

Tras publicar en 2008 un interesante trabajo sobre el cineasta norteamericano Oliver Stone, el especialista tinerfeño Jorge Fonte pareció que dormía como investigador cinematográfico –tras sus recomendables volúmenes sobre Walt Disney y  Speilberg–. Afortunadamente fue eso. Un sueño. Fonte, de palabra, anuncia que romperá en 2012 no con un nuevo libro sino con tres ambiciosos estudios sobre cine. El primero de los títulos que aparecerá analizará la literatura en los filmes del neurótico Woody Allen y lo editará La Página. El segundo se trata de un estudio sobre Robert Zemeckis (Cátedra), el hombre que nos regaló la trilogía de viajes temporales más divertida de los últimos años, Regreso al futuro, así como de la entrañable crónica sentimental de las últimas décadas de Estados Unidos en Forrest Gump. Pero eso no es todo porque aún hay más. Fonte anuncia también para el próximo y apocalíptico año que se nos viene encima un libro sobre la vida y obra del estrafalario y subversivo Russ Meyer (JC). Director que cuenta en castellano con una espléndida monografía firmada por Pedro Calleja (Meyerama: la película y las supermujeres, Midons Editorial, S.L, 1995).

SANGRE NUEVA

La colección G21 Narrativa Canaria Actual que dirige Ánghel Morales, probablemente el más visionario de los editores con que contamos en estas islas desafortunadas, anuncia nuevos títulos tras la publicación de Biografía reciclada de Manolito el Camborio y Murmullo de hojarasca de Cristo Hernández y José Luis Correa, respectivamente. Las nuevas novelas que se suman a este proyecto que ha sido como una especie de maremoto en las habitualmente empantanadas y envidiosas aguas literarias canarias son Cucarachas con Chanel, de Dr. R (JR Ramallo); Malpaís, de Víctor Conde y No es la noche, de Carlos Cruz.

UNO DE LOS NUESTROS

Yo sigo sosteniendo, aunque los idiotas digan lo contrario, que uno de nuestros mejores escritores es Carlos Álvarez, con quien no puedo estar de acuerdo en muchas cosas pero en otras tantas sí. El caso es que  Álvarez acaba de presentar su última novela,  Si le digo le engaño, una historia sobre dos jóvenes que salen a pescar en la costa noroeste de Gran Canaria y se encuentran con cien kilos de cocaína flotando en el mar y no saben que hacer con ella. La historia está narrada en clave de novela negra. Si le digo le engaño es el primer título de Hora Antes, la editorial de la que es socio, y que proyecta especializarse en ediciones digitales en formatos para e-book y tablet. Álvarez es autor de la absorbente La Pluma del Arcángel (Premio Benito Pérez Armas, 1998) y Negra hora menos (Premio Narrativa Santa Cruz de Tenerife, 1991). En la actualidad trabaja en una novela histórica, la biografía de una mujer adelantada a su tiempo como fue Beatriz de Bobadilla. En cine le debemos ser co-guionista de Mararía y la co-dirección y el guión del fallido  documental Ciudadano Negrín. Trabajos ambos que fueron finalistas a los premios Goya. Al parecer, y junto a Sigfrido Monleón, proyecta un documental sobre César Manrique y Lanzarote.
 
DANKE, NICOLÁS

Nicolás Melini me recomienda Chulapos Manbo. Y como de Melini pongo la mano en el fuego en cuanto a recomendaciones literarias se refiere, intento hacerme con ella. La escribe el venezolano Juan Carlos Méndez Guédez y esta es la descripción de uno de sus personajes: “Candelaria apareció junto a él. Hola, mi niño. Alejandro contó hasta quince. Cada vez que le decía “mi niño”, él sentía que las uñas se le llenaban… de patatas, le parecía que en la cabeza le aparecía un sombrero de mago tinerfeño. Tantos años en Madrid y a ella no se le quitaba ese puto acento. ¿Por qué no podía hablar normal, como él había aprendido a hacerlo, como tantos miles, millones de madrileños lo hacían, sin todas esas eses, sin esos cantaditos insulares?”. Y pienso con una inevitable y resignada sonrisa: ¿En quién se habrá inspirado?

Y AQUÍ NADIE SIN ENTERARSE

El pasado miércoles, 30 de noviembre, la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) entregó en Casa América los premios nacionales de teatro Tirso de Molina y Margarita Xirgu que convoca cada año.  En la convocatoria de 2010, un autor canario, Antonio Tabares, obtuvo el XXXVIII premio Tirso de Molina por la obra La punta del iceberg ex aequo con Fernando Epelde García por Ud. No está aquí. Manuel Ismael Serrano recibió el galardón de Teatro Radiofónico Margarita Xirgu por El oscuro túnel de la Mirilla.

VALE LA PENA SUBIR LOS 39 ESCALONES

Ediciones Escalera es una pequeña pero inquieta editorial fundada por dos canarios en la capital de España que se ha especializado en la recuperación, entre otros autores, de escritores a los que el sistema no termina por instalar. Tras la presentación reciente de la magnífica novela corta Piercing, de Ryu Murakami, los de Escalera anuncian publican ahora la traducción de un nuevo título de la extensa pero irregular bibliografía de Jack Kerouac como es Tristessa. El Cultural del periódico El Mundo se hizo eco de ella. Pinchen enlace y pónganse al día.

¡VIVAN LOS COLORINES!

Aplaudo la iniciativa de Lagenda, en colaboración con aficionados al tebeo, para celebrar la I Semana del Cómic de La Laguna, aunque no entienda –por mucho que me esfuerce, lo que ya es decir– en que la celebren del 1 al 10 de diciembre por aquello del puentazo que caracteriza estos días de poco vino y menos rosas. Así las cosas, el Café Siete acoge una exposición de originales de Francisco Medina, Pedri Autero, Oliver Berhmann y Luis Suárez, y se presentarán trabajos de la editorial palmera Ediciones Alternativas. El miércoles, además, se darán a conocer a las 20 horas álbumes de Eduardo González y Jorge García, quienes han editado recientemente en Dolmen y Edicions de Ponent los álbumes Dentro de la noche y Los dientes de la eternidad, respectivamente.  El jueves se proyectarán en el Café Siete los dos capítulos de la serie de animación La Herencia Valdemar.

Saludos, va por tí, Enrique Cichosz, el mejor de todos nosotros, desde este lado del ordenador.

Hablando claro

Sábado, Noviembre 19th, 2011

El tebeo, la historieta, el colorín, puede ser en ocasiones una eficaz herramienta autobiográfica.

No hace falta romperse mucho la cabeza para recordar como han explotado sus vivencias en las viñetas artistas del calibre de Robert Crumb y también el dibujante y guionista canadiense Chester Brown, quien tras ilustrarnos su convulsa infancia y adolescencia en Nunca me has gustado prueba ahora a contarnos sus experiencias con el mundo de la prostitución en Pagando por ello. Memorias en cómic de un putero que estoy seguro no va a dejar indiferente a nadie.

El único problema de esta historia, impecablemente editado por La Cúpula, es su precio. Prohibitivo para los tiempos que corren. Pero si son de los que prefieren alimentar la cabeza antes que el estómago están ustedes ante un trabajo que pide a gritos su lectura.

Se trata, a mi juicio, de un cómic que trasciende viñetas y que tiene pretensiones. Una de ella es la de desmontar prejuicios en torno al universo del mercado del sexo, asunto que su autor analiza en los apéndices de este volumen sin ganas de polémica, solo exponiendo sus razones como cliente así como recogiendo algunas de las manifestaciones que le brindaron las mujeres con la que tuvo relación previo pago de una cantidad de dinero.

Chester Brown, además de ser un gran narrador de historias, es un gran dibujante. Sus experiencias y reflexiones las va desarrollando en cuadros minúsculos que se caracterizan por su distancia. Distancia que no debe de entenderse como gélida sino como un objetivo trabajo que roza lo periodístico.

El autor no apuesta así por mensajes subversivos, sino que dibuja lo que sintió en cada una de las visitas esporádicas que mantuvo con estas profesionales del sexo.

Alterna los relatos con conversaciones que mantiene con amigas y amigos para exponer las ideas que tienen estos en torno a la prostitución. La mayoría de ellos coinciden en considerarlo una actividad de salvaje explotación.

Quien crea que va a encontrar en Pagando por ello carne con la que crucificar a Brown se equivoca. Intento explicarles que estamos ante un tebeo no va por ese sentido. El mensaje que transmite su autor no cae en sentimentalismos fáciles. Intenta demostrar en todo caso y a través de apretadas viñetas que la prostitución debe ser entendida como un trabajo cualquiera. Y que como cualquiera trabajo decente que se precie, es urgente que se legalice y descriminalice.

Por respeto a ellas, Brown no dibuja el rostro de las prostitutas que aparecen en el libro. Pero sí que recoge sus ideas sobre el trabajo que realizan.

A modo de conclusión:

Pues que hacía tiempo que no encontraba una historieta, ni un libro que estudiara con tanta honestad un tema que aún sigue levantando ampollas en sociedad tan desarrolladas e hipócritas como la nuestra.

Pagando por ello es un volumen que consta de casi trescientas páginas. Y por su carácter de tesis lo recomendaría a todos aquellos que aún piensan que el cómic no es un arte.

El prólogo está firmado por un gigante, Robert Crumb, quien afirma que Chester Brown no es de este planeta.

Leyendo Pagando por ello creo que por una vez se equivoca el genio.

A mi me parece que Brown es, en todo caso, demasiado humano.

Saludos, háganme caso que merece la pena, desde este lado del ordenador.

“Tú haz los dibujos, que yo ya pondré la guerra”

Domingo, Octubre 2nd, 2011

Las primeras historietas de Tintín –Tintín en el país de los Soviets, Tintín en el Congo y Tintín en América– son las más mediocres de la serie que creó George Remi Hergé.

Como revelaba el mismo Hergé a Numa Sadoul en el libro Conversaciones con Hergé, las aventuras del sagaz periodista con flequillo hasta ese momento se habían limitado a una serie de gags con algo de suspense en el que no había nada construido.

Nada premeditado.

Se tratan estos álbumes de las primeras historias de un personaje aún sin la congoja del fenómeno que va a suscitar.

Su lectura exige un análisis desde la distancia sin disculpar al maestro por los pobres y bufonescos retratos que ofrece de los soviets, de los negros del Congo y de los norteamericanos (indios, vaqueros, gángsters) sin dejar por ello de admirar la obra de un escritor y dibujante que trasciende.

Que va mucho más allá del colorín.

Tintín, que de tanto en tanto salta al patio de la actualidad, es una vez más noticia ante el anuncio del estreno del largometraje que dirige Steven Spielberg y que produce Peter Jackson y también por los notables esfuerzos realizados por un ciudadano de la República Democrática del Congo residente en Bélgica, Bienvenu Mbutu Mondongo, para lograr sentar en el  banquillo por racista a Tintín en el Congo.

¿Que se pide de condena? que el álbum se retire del mercado en Bélgica o que incluya en su portada una advertencia que revele el contenido xenófobo de la historieta. 

Tintín en el Congo se publicó hace sesenta años y mucho ha llovido desde ese entonces. Si usted es tintinófilo, sabe que Hergé fue madurando como artista y como persona. Como artista da un giro de 180 grados con su quinto álbum y una de sus obras maestras, El loto azul.  

Puestas así las cosas estamos, una vez más, ante el debate siempre equívoco de hasta donde nos quiere  llevar lo políticamente correcto. Y a causa, en esta ocasión, por una historieta primeriza e idiotizante que ha cumplido sesenta años.

Por esta misma razón, deberían de sentarse en el banquillo películas, novelas y tebeos tan racistas como El nacimiento de una nación, Tarzán, el Guerrero del Antifaz y El Cachorro también.

O al menos insertar en sus portadas y carteles una llamativa advertencia sobre su contenido xenófobo.

¿Por qué no se ha hecho ya? 

Un poco de historia.

William Randolph Hearst (dirigiéndose a su ilustrador, Frederic Remington, cuando éste le informa que no hay nada por lo que alarmarse en Cuba): “tú haz los dibujos, que yo pondré la guerra.”

Saludos, con una amarga noticia: Diario de un kinosofista abandona la red, desde este lado del ordenador.

Harvey Pekar regresa de la tumba

Jueves, Agosto 4th, 2011

A Harvey Pekar tendrían que levantarle un monumento. Y a Robert Crumb, que fue su descubridor.

El protagonista de la serie de cómic American Splendor regresa a España con The Beats –en una feliz recuperación de 451 Editores – para contarnos qué fue de aquella generación a la que le gustaba el jazz, la fiesta y los excesos y cuya tricefalia formaron: Jack Kerouac, Allen Ginsberg y William S. Burroughs.

El tebeo de Pekar, The Beats, está dibujado por Ed Pistor.

Sus ilustraciones son atractivas por distantes e ¿irónicamente? ingenuas. A mi me parecen que van directas al grano.

The Beats de Pekar nos cuenta la biografía de sus tres mosqueteros, pero también la de algunos que contribuyeron a generar aquella moda. El volumen incluye además otras historietas que no están firmadas por Pekar ni dibujadas por Piskor, así que podían haber prescindido de ellas. Dan una visión demasiado totonrrona por pretensiosa de hacia donde va el underground norteamericano actual. 

Así que sin contar con esta aportación, The Beats es una excelente historieta que sabe despertar el lagarto que llevamos dentro para volver a enfrentarte  a Burroughs. El mejor del grupo por solo una novela: Yonki.

En la página 82 de The Beats se lee: “Cuando Carr se fue para asistir a Columbia, Kammerer y Burroughs le siguieron. Su trabajo como exterminador los llevó  algunos de los lugares sórdidos sobre los que había leído en un libro que le afectó mucho, You can’t win, de Jack Black. Estaba listo para pasar a otra cosas.”

Saludos, inquietos, desde este lado del ordenador.

Una obra maestra

Domingo, Mayo 8th, 2011

I.-

Mañana, los policías

Volverán a florecer en las aceras.

Orgullosos de sus hojas de servicios.

Y con las pistolas sobre el pecho.

Sin pan, sin trabajo y sin armas,

Vamos a ser gobernados

Por soplones y policías

Canallas y curas.

Sí… pero está con un pie en el aire

Los malos días acabarán

Y ojo con la revancha,

¡Cuando todos los pobres se unan!

(La Semana Sangrienta. Jean-Baptiste Clément)

II.-

No sé si porque este año los hombres y las mujeres de bien recordamos con emoción el 140 aniversario de la Comuna de París –ese movimiento insurreccional que mantuvo encendida la llama de la esperanza en la capital francesa del 18 de marzo al 28 de mayo de 1871–   pero para quien les escribe ha sido una sorpresa encontrarse con la versión integral de El grito del pueblo, una espléndida novela gráfica adaptada e ilustrada por Tardi de la novela de Vautrin, que compila en un solo volumen las cuatro historias que en su momento circularon de manera independiente con los títulos de Los cañones del 18 de marzo; La esperanza asesinada; Las horas sangrientas y El testamento de las ruinas.

Las razones de mi emoción, y también del sacrificio que supone en la actualidad desembolsar casi 30 euros, es que estoy ante un libro que ya me sabe a clásico. Una novela ilustrada que trasciende la frontera de la viñeta para convertirse en literatura de verdad. Tan de verdad, que El grito del pueblo sabe al mejor Victor Hugo (el que se mastica en Los miserables), a Jules Vallès, Émile Zola y el Maupassant de sus estupendos relatos sobre la guerra franco-prusiana y que en su día agrupó Alianza Editorial bajo el título de Bola se sebo, quizá el más famoso de estos cuentos por inspirar años más tarde La diligencia (John Ford, 1939).

Si a ello sumamos que El grito del pueblo es un volumen que además de entretener, informa sobre esos meses que conmovieron al mundo, creo que el dinero más que gastado es una inversión. Garantizo así a quienes ahora puedan leerme que este cómic es una obra maestra.

Maestra porque es redonda.

III.-

Y maestra porque emociona y hace lo que solo sabe hacer un tebeo cuando es realmente bueno. Que te metas dentro de la historia y que pasees por las calles de ese París liberado al que la reacción terminó de aplastar por la fuerza de las armas.

El dibujo de Jacques Tardi, probablemente el único dibujante al que hoy le sigo la pista porque siempre sorprende y nunca estafa, contribuye a que te sumerjas en un relato coral que, vagamente inspirado en Los miserables por aquello de la venganza, llega al corazón.

Y cuando escribo corazón me refiero a que vives lo que se narra en estas viñetas ricamente detallistas. A sentir lo que sienten sus personajes. A entonar La Marsellesa en las barricadas con el fusil entre las manos.

Hacía tiempo que una historieta que se hace historia no calentaba tanto mis emociones lectoras. Hacía tiempo que un libro ilustrado no me recordaba que merece la pena seguir pensando que otro mundo es posible.

Como me suele pasar con los libros que me hablan al corazón y a la cabeza, confieso que he demorado mi viaje por El grito del pueblo porque se trata de esas obras que no quieres que se acaben.

Y no quieres que se acaben porque te enseñan, te ilustran no sé si a ser mejor persona pero sí a drenar las frustraciones que minan tu existencia cotidiana.

El grito del pueblo es un volumen, exquisitamente editado por Norma Editorial, que es ya un clásico.

Un texto vivo, que palpita entre tus manos, que te hace reflexionar que aún es posible creer en lo imposible. O que debajo de los adoquines está la playa que cantaron los locos revolucionarios del 68.

Una obra maestra.

Saludos, entonando Allons enfants de la Patrie, Le jour de gloire est arrivé!, desde este lado del ordenador.

‘Superman’ desencadenado. ¿Cundirá el ejemplo?

Domingo, Mayo 1st, 2011

BILL: Como sabes soy amante de los comics. Especialmente de los de superhéroes. Encuentro que toda la mitología que rodea a los comics es fascinante. Tomemos a mi superhéroe favorito, Superman. No es un cómic grandioso, no está bien dibujado. Pero la mitología no solo es estupenda, sino que es única.

BEATRIK KIDDO: ¿Cuánto falta para que esta mierda entre en acción?

BILL: Unos dos minutos. Lo suficiente como para que entiendas lo que te explico. Lo común en una historia de mitología es que por un lado está el superhéroe y por el otro está su alter-ego. Batman en verdad es Bruce Wayne, Spiderman es en realidad Peter Parker. Cuando ese personaje se despierta por la mañana es Peter Parker. Tiene que ponerse un traje para convertirse en Spiderman. Y es en esa característica en la que Superman no tiene semejante. Superman no se convirtió en Superman, nació siendo Superman. Cuando se levanta por la mañana es Superman. Su álter-ego es Clark Kent. Ese traje, con la S en rojo, esa era la colcha con la cual estaba envuelto de bebé cuando los Kent lo encontraron. Esa es su ropa. Lo que usa Kent, las gafas, el traje de negocios, ese es el disfraz. Ese es el traje que utiliza Superman para mezclarse entre nosotros. Clark Kent es como Superman nos ve a nosotros. ¿Y cuales son las características de Clark Kent? Es débil, inseguro… es un cobarde. Clark Kent es la crítica que hace Superman sobre toda la raza humana.

(Kill Bill, Quentin Tarantino, 2003, 2004)

He recordado este diálogo de Kill Bill al leer la noticia que anuncia que el mítico hombre de acero, Superman, tomará una dura decisión contra el gobierno de turno en Estados Unidos, luego de considerar que su imagen ha sido usada para fines políticos.

¿Conmoción entre los aficionados al hombre de azul?

¿Sabía apuesta editorial de la DC Comics para reiventar una vez más a su tradicionalista súper héroe?

¿El apuesto extraterrestre cansado del devenir de su patria de origen dice por fin basta en los colorines?

Ríanse si quieren, pero que Clark Kent liberado manifieste desde las viñetas su deseo de hablar en Naciones Unidas para informar que renuncia a su ciudadanía estadounidense es clave para estos tiempos siniestros que vivimos.

“Estoy cansado de que mis acciones se interpreten como instrumentos de la política de los Estados Unidos”, asegura Superman en el último número de su revista, el 900, y que lleva por título El incidente.

La decisión de Supermán ha caído como una bomba de kriptonita en su país de adopción. Pero a mi, con independencia del giro que le den a esta historieta, me gusta. Y me gusta porque entiendo que el héroe que no es un pájaro ni un avión ya no cree en el modelo americano y por extensión planetario.

¿Cómo le habrá sentado la noticia a su archienemigo Lex Luthor? Luthor, un brillante multimillonario cuya única misión en la vida era acabar con Superman?

Si Superman decide transformarse en un apátrida ¿qué pasará con su alter ego, el debilucho Kent?

¿Combatirá así el súperhéroe más famoso de los comics al verdadero enemigo de nuestro tiempo?

Quiero pensar que bajará del cielo como una bala para aplastar las cabezas de los que han hecho posible de esta maniobra que es la crisis una razón para llenarse aún más los bolsillos mientras destruyen en nombre de enemigos ficticios empleos y promueven guerras cuya bandera no es la de liberar a los pueblos sino hacerse con su petróleo y riquezas.

¿Se atreverán en los tebeos a transformar a Superman en un antihéroe por estar cansado de seguir obedeciendo tanta mentira?

A mi la noticia me ha llenado de gozo porque la interpreto como un gesto que confunde y desarma a los que aspirabam a vernos encadenados.

No sé como proseguirá la historieta y ni me importa.

Lo que de verdad importa es que Superman –gracias al guionista David S. Goyer y el dibujante español Miguel Sepúlveda–  se rebela disciplinariamente contra su país que es decir algo así como contra nosotros, que son ellos. Eso que llaman primer mundo.

¿Cuántos, no ya súperhéroes sino héroes anónimos de nuestro planeta, seguirán su ejemplo?

Anoche tuve un sueño en el que millones de personas quemaban sus documentos nacionales de identidad y el plástico de sus tarjetas mientras miraban como un hombre de rojo cruzaba como un cohete el firmamento.

Saludos, haciéndome muchas más preguntas, desde este lado del ordenador.