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Tres asociaciones del sector cultural manifiestan en una carta su “extrañeza” ante cómo se ha organizado las jornadas Canarias Cultura 2020

Jueves, Octubre 8th, 2020

Carta Canarias Cultura 2020 ok(1)

Se reproduce a continuación el texto íntegro (se tiene acceso a él si se pincha el enlace) que los representantes de la Delegación del Instituto de Arte Contemporáneo (IAC) en Canarias, MAV Mujeres en las Artes Visuales y AICAV Asociación Islas Canarias de Artistas Visuales han enviado al viceconsejero de Cultura del Gobierno regional, Juan Márquez Fandiño:

“Estimado Sr. D. Juan Márquez Fandiño

Nos ponemos en contacto con ustedes desde la Delegación del Instituto de Arte Contemporáneo (IAC) en Canarias, MAV Mujeres en las Artes Visuales y AICAV Asociación Islas Canarias de Artistas Visuales para expresarles nuestra extrañeza ante la forma en que se han organizado y convocado las jornadas Canarias Cultura 2020.

A pesar de que estas jornadas se han difundido como una invitación a las/os profesionales del sector cultural en su más amplio sentido “para analizar y reflexionar sobre el papel de la cultura en nuestra sociedad actual”, creemos que la manera en que se ha gestionado la convocatoria ha obviado a las asociaciones profesionales del sector que reclamamos nuestro papel como representantes autorizados y legítimas/os interlocutoras/es.

Especialmente por el hecho de que se nos emplaza públicamente a participar en las llamadas “mesas sectoriales” que tendrán lugar en el marco de dichas jornadas.

En nuestra opinión, para que dichas mesas sectoriales tengan un verdadero carácter representativo, los/as representantes de las diferentes asociaciones profesionales del sector, deberían tener un papel relevante en las mismas, así como contar con un guion o planificación clara de las mismas y objetivos definidos. Solo de esta manera se alcanzará el propósito de llegar a elaborar un documento de conclusiones que tenga alguna validez y contribuya a recoger la situación, necesidades y propuestas del sector profesional.

Les rogamos que reconsideren estos puntos y, en virtud de la fluida relación de diálogo y colaboración que nos une, cuenten con nosotras/os y el resto de las asociaciones profesionales del sector que atañen la reflexión de la cultura y de la situación de las/os profesionales en estas jornadas.

Quedamos por tanto a su disposición para trabajar en común en las condiciones de transparencia y profesionalidad que creemos deseables para obtener un resultado de interés para la ciudadanía y las/os profesionales canarias/os.

Agradecemos de antemano su atención y les enviamos un cordial saludo”.

La carta está firmada por:

Yolanda Peralta Sierra, delegada territorial de MAV en Canarias

Pedro Déniz, presidente de la delegación del IAC en Canarias

Manolo González, presidente de AICAV

Nacido para fracasar

Miércoles, Octubre 7th, 2020

La primera novela del escritor norteamericano Nico Walker, Cherry, entronca directamente con toda una tradición literaria que está vinculada a la memoria de hombres y mujeres que se hicieron soldados, combatieron y regresaron a casa con la sensación de una juventud no perdida sino robada.

Lo relata Gustav Hasford en Una chaqueta metálica, novela que llevó al cine Stanley Kubrick y ahora Nico Walker con Cherry (Literatura Random House, 2020), solo que el escenario de Vietnam es sustituido por el de Irak, una guerra radicalmente diferente a la del sudeste asiático no solo porque sus geografías resulten radicalmente opuestas (espesas junglas en una, áridos desiertos de roca en otra) aunque sí que existe una conexión entre ambos conflictos y es la formación errática de los soldados, lo que explica su carácter desnortado tras volver a casa.

El protagonista de Cherry vive al límite tanto en la paz como en la guerra. Carece de una relación familiar normal, consume grandes cantidades de droga y no tiene donde caerse muerto hasta que ingresa en el ejército como enfermero guerrero para reproducir en otro país –que está en guerra– los mismo vicios que en casa y traérselos de vuelta cuando lo licencian. No hay futuro para el protagonista de la novela, protagonista que el aparato mediático se empeña en afirmar que es autobiográfico aunque el escritor lo desmiente en la primera página del libro.

Recoja o no la novela la desordenada vida que lleva el protagonista de Cherry es sin embargo lo de menos porque lo que cuenta es la forma dispersa en la que ordena los capítulos y la sensación de que todo lo que escribe fue verdad porque sabe a verdad. Este y no otro es la cualidad dominante en Cherry, que sus páginas resulten tan auténticas aunque el lector se vea mareado, sobre todo en la parte dedicada a Irak por un bosque de siglas militares que hace acudir con demasiada frecuencia al glosario que se incluye al final de la obra.

La conclusión es que el protagonista de la novela como probablemente el mismo autor, ha desperdiciado una vida por miedo a reconocerse en el espejo. La realidad reflejada, sospecha, no va a gustarle. Esa huida hacia adelante es lo que explica que se enrole en el ejército y deje en casa a su novia de toda la vida, una yonqui como él que le roba el corazón. Aunque uno intuye que es otra excusa que busca para olvidarse de sí mismo.

La novela está estructurada en seis partes (Cuando la vida apenas comenzaba, te vi; Aventura; Novato; Picaflor; El gran romance yonqui y Un bajón) en las que cuenta la vida del protagonista en casa. Donde trabaja y pierde trabajo. Vuelve a trabajar mientras dice que está enamorado entre juergas de campeonato que desgastan un poco más su visión de las cosas. El libro continúa con la descripción del personaje protagonista en el ejército y el destino donde va a servir como enfermero guerrero.

Se trata de la parte más interesante de la novela porque describe el día a día de un grupo de hombres y mujeres que están ahí porque es su trabajo. Hay semanas en las que las camas de los barracones quedan vacías porque ha muerto uno de los ellos, bastantes con apellidos hispanos. La tropa entre misión y misión, se relaja drogándose y bebiendo y observando películas de violencia real con ratones por internet. Relata también algunas operaciones como la quema de cabañas vacías, el asesinato de inocentes porque “estamos en guerra” y algún que otro combate mientras tachan los días del calendario.

Tras esta experiencia, el escritor muestra el regreso a casa del protagonista y su vida de nuevo como civil. Se casa con su novia de siempre, se divorcia y conoce a otras mujeres mientras se droga y bebe. Ahora aprovecha su experiencia militar –algo así como enfrentarse a la muerte todos los días– para cometer pequeños delitos. Pero no es Dillinger y sí un paleto que no sabe qué hacer con una vida que se le va por la nariz y las venas del brazo.

Cherry, que así apodaban los veteranos a los novatos que llegaban a Irak, es una novela interesante cuya lectura me hizo recordar la de Una chaqueta metálica. Lo llamativo del caso es que se trata de un libro que no desconcierta por el dramatismo absurdo de su experiencia como enfermero guerrero sino por contar con textos donde todo lo cotidiano resulta dantesco y el cambio paulatino que se produce en el narrador que cuenta la historia en primera persona.

Se reitera que Nico Walker dice lo contrario pero el libro, que lo escribió en la cárcel, está basado en hechos reales. Otra cosa es que los haya maquillado para recrearlos en una novela que no está escrita con rabia ni intención de renuncia sino como el testimonio de un enfermero guerrero en el frente de Irak como en casa.

La novela ha sido saludada con palabras elogiosas por Donald Ray Pollock y no faltan razones para entender estos elogios ya que tanto Pollock como Walker escriben desde dentro. La verdad asoma aunque esté maquillada de ficción. Está viva porque no recrea una mentira sino una experiencia. Nico Walker como Ray Pollock no son de los que marean la perdiz con la crueldad porque la violencia que aparece en sus libros… No chirría ni agota al apreciarse que forma parte de ese mundo. De su vida normal sea en la paz como en la guerra.

Lo que cambia es solo el escenario. Y el escenario que cambia afecta al personaje. Partieron y regresaron siendo los mismos solo que un poco más alejados de la realidad. Saben que no tienen futuro y que su única escapatoria como parias de la tierra, como carne de cañón, es abandonarse con sustancias que lo vuelvan un poco más nihilista y menos, mucho menos soñador.

Despiadado retrato generacional, la publicación de Cherry con todas sus flaquezas (que las tiene y muchas) pone el dedo en la llaga sobre una generación que no es otra cosa que anteriores generaciones: peones. O tipos que saben –pero no quieren admitirlo– que no hay sitio para ellos en lo que llaman el sueño americano.

Saludos, tras lla lluvia, el sol, desde este lado del ordenador

Marcelo Luján: “Me interesan las historias cotidianas en las que irrumpe la desgracia”

Martes, Octubre 6th, 2020

Los últimos cinco años han sido buenos para Marcelo Luján (Buenos Aires, 1973). En 2016 recibe el premio Hammett que concede la Semana Negra de Gijón y hace unos pocos meses el sexto premio de cuentos Ribera del Duero por cinco relatos que en palabras de Fernando Aramburu, miembro del jurado, invitan a una lectura que “dentro de la literatura resultan placenteras, intensas, fascinantes, mientras que trasladadas a nuestra vida serían para echarse a correr”.

Estos cuentos, a los que ha añadido uno más, han dado como resultado la publicación de un libro, La claridad (Páginas de espuma, 2020), que el escritor argentino presentó en el III Festival Hispanoamericano de Escritores, cita que se desarrolló en la tercera semana de septiembre en Los Llanos de Aridane (La Palma).

– Me resulta curioso que tanto en Subsuelo como en los seis cuentos que reúne en La claridad no ubique el sitio en el que se desarrollan las historia. ¿Por qué?

“Un asunto que siempre tengo presente cuando escribo es la localización geográfica de la historia solo que si un autor o autora localiza y no hay un hecho histórico o un referente concreto que potencie la narración, me parece más trabajo para el escritor o escritora esquivar las referencias concretas del lugar en el que transcurre el relato –y que podrían ser monumentos como el Obelisco en Buenos Aires o La Cibeles en Madrid– para transformar la ciudad, el campo, la playa, cualquier espacio en el que transcurra el relato en un espacio común donde el lector pueda identificarse, precisamente, porque no le doy ubicación. Creo que no es necesario localizar la historia porque si dices Mar del Plata a lo mejor desintegro lo que cuento a un lector que no es del Mar del Planta pero sí de Canarias o Cantabria. En mi caso, insisto, prefiero que el lector imagine que esa ciudad, ese campo o esa playa pueda ser en su tierra para que él mismo ponga a trabajar su imaginación. Al final el texto es más plural”.

- El escenario de su novela Subsuelo aparece en dos de los cuentos de La claridad.

“En una de las historias los maleantes llaman a la casa que aparece en Subuselo y que ahora está en ruinas la de los ahogados y sirve tanto para el que leyó la novela como para el que lee La claridad sin haber leído la novela. Y sí, es la misma casa con la misma piscina, solo que el agua está podrida y me sirve, al tratarse de una casa que frecuentó el mal, de anticipar, de avisar al lector que conoce la novela lo que va a ocurrirle a esas dos chicas que llegan a ella en el primer cuento, Treinta monedas de carne. Hacerlo así fue un proceso muy delicado porque quería que el cuento tuviera absoluta autonomía por lo que la casa de Subsuelo tenía que funcionar para el lector que no había leído la novela como para el que sí lo hizo y que para él podía ser un plus. La intención fue plantear un guiño a los lectores de la novela respetando siempre la autonomía de los cuentos”.

- El mal planea en todas las historias de La claridad pero me parece paradójico que el libro se titule La claridad cuando lo que cuenta resulta tan oscuro.

“Es un juego que planteo al lector. Las historias de La claridad son historias que trabajan mucho el contraste entre lo claro y lo oscuro en una situación de cotidianidad que está presente en mis historias, donde lo oscuro resalta más. En este aspecto, me interesan las historias cotidianas en las que irrumpe la desgracia o cómo en una barbacoa con los amigos o en la playa, que son espacios donde no nos esperamos que ocurra una desgracia, las desgracias pueden ocurrir. Sitúo siempre las historias en ese tipo de escenarios para que el lector se reconozca en los personajes y mostrar lo que puede pasar porque somos muy frágiles, incluso en las sociedades organizadas. Y ahí está el juego de claros y oscuros”.

- Uno de los atractivos del libro es que algunos de los protagonistas de los cuentos aparecen en otras historias como secundarios y eso da cierta unidad al conjunto de la obra.

“Cuando inicié este proyecto quería escribir un libro de cuentos en el que, tras vertebrar las historias, se conectaran unas con otras lo que fue un trabajo enorme. Los relatos no son excluyentes pero procuré que no dependieran del todo salvo para darle al lector detalles que reconociera y de paso crearle cierta sensación de armonía interna que la novela tiene pero los cuentos no, y esa fue una de las primeras prioridades a las que me atuve cuando me puse a escribir el libro desde cero. En este caso, pienso que el trabajo valió la pena porque mi intención era la cohesión sin que los cuentos perdiesen su autonomía”.

- De los seis cuentos que se incluyen en el libro ¿cuál le resultó más difícil de escribir?

“Me resultó muy difícil de escribir desde el punto de vista de la técnica el último cuento, Más oscuro que tu luz, que es un cuento que se agregó a los cinco restantes a petición del editor. Esta historia tuve que apartarla de los otros cinco cuentos que envié al Ribera del Duero porque no era inédito. Se trata de una historia que me costó mucho levantar y si bien se trata del más corto que se incluye en La claridad, la dificultad del cuento radica en que está narrado por una joven de diecisiete años que recuerda un episodio de su primer verano, cuando tenía catorce, y la incomodidad que sentía al verse observada por todos mientras llevaba su primer biquini… Es ese verano que significa un paso a la edad adulta, por lo que traté de profundizar en las sensaciones de una chica a la que recién se le ha muerto la madre y se siente sola y está viviendo todos esos cambios que también sentimos los chicos aunque en el caso de la joven se multiplican porque al estar en biquini se siente vulnerable pero también más despierta. Lograr meterme en un espíritu que me resultaba tan desconocido fue un reto. Otro aspecto que me resultó complejo mantener en la historia tiene que ver con ella misma, con la protagonista ya que introducirse en su piel y en su cabeza, que es la de una mujer de 17, y rememorar algo que le sucedió un verano tres años atrás, hizo que manejase muchos códigos y la verdad es que la mayoría se me escapaban”.

- Desde un punto de vista narrativo es una historia complicada.

“Es un cuento que tiene muchas dificultades, sobre todo porque el narrador cuenta un hecho del pasado en el que si bien sabes que aparece una figura que no es la de su tía, en el pasado narrativo que evoca cuando tiene catorce años no puedes ni debes desvelarlo porque estropearías el final. Como escritor no debo tampoco engañar al lector porque la narradora a los 17 sí que conoce lo que pasó y gestionar todo eso fue muy complicado como escritor pero creo que valió la pena porque la tensión se mantiene en todo momento”.

– ¿El orden de los cuentos fue intencionado?

“El orden de los cuentos es intencionado porque entiendo que así es como mejor funcionaría el libro. Hay un cambio de tercera a primera persona aunque el primer cuento que escribí fue el que aparece como segundo en el libro, Una mala luna”.

– ¿Volverá en próximas historias a visitar el paisaje de Subsuelo que aparece también en dos de los cuentos de La claridad?

“No, no lo creo. La historia que preparo ahora y que escribo con mucha calma porque soy un escritor que se toma su tiempo, se desarrolla en un pueblo y trabaja temas como la familia para plantear hasta dónde podemos llegar para proteger a un hijo. Una protección que puede llevarnos a hacer acciones atroces que incluso perjudican esa protección. Como dije, el cuento se desarrolla en un pueblo y no en medio de un valle con bosques a su alrededor porque esta historia necesita de otro escenario”.

- ¿Es una historia original?

“Se inspira en un cuento que escribí hace unos años. Ahora trabajo la estructura que pienso que tengo pero que no he podido trabajarla porque tras la concesión del premio Ribera del Duero llevo unos meses imposibles, repleto de actividades y yo necesito para escribir un aislamiento psicológico muy grande”.

- El dilema: ¿cuento o novela?

“Los dos géneros me sirven para contar y articular historias. Estoy educado como latinoamericano en el género del cuento, que amo y que me parece más difícil que la novela a la hora de ejecutarlo, pero para mi lo más importante es la historia y emplear todas las herramientas posibles para transmitirla. Historias que a veces funcionan mejor como cuentos y otras veces como novela”.

- ¿Y qué aspectos son los que cuida más en su narrativa?

“Todos los elementos son importantes en un texto literario como es la situación espacial, temporal, la construcción de personajes y la creación de atmósferas. Cada historia tiene sus requisitos, otra cosa es que el escritor pueda lograr reunir los adecuados para expresar lo que quiere”.

- Imparte clases de escritura creativa. ¿Fue alumno de este tipo de talleres?

“No fui a un taller de escritura creativa porque en mi caso las posibilidades que había en aquel entonces en Buenos Aires no lo hacía posible. Hace años que imparto clases de escritura creativa, cursos de novela, de mi particular visión del género negro y me parecen que son útiles para las personas que tienen ganas de escribir pero deben saber que se trata de un compromiso a largo plazo. No sé muy bien lo que es el talento pero si el alumno tiene entusiasmo por escribir lo que hacemos en los talleres es proporcionarle herramientas para que pueda recurrir a ellas y aplicarlas en las historias que aspira a narrar. Los talleres funcionan desde la interacción, desde la lectura y la crítica del compañero que tiene en clase pero sobre todo exige ejercicio, un ejercicio continuo para coger mecánica. Un taller de escritura creativa no tiene nada que ver con una asignatura sino todo lo contrario. A mi me encanta ver a la gente con tanta energía y ganas de contar”.

FIRMA FOTO: Juancho García

Saludos, parece que fue hace siglos, desde este lado del ordenador

Graham Greene y Groucho Marx, la extraña pareja

Viernes, Octubre 2nd, 2020

En mi formación sentimental e intelectual hay dos tipos que han resultado fundamentales para que sea lo que soy. Uno fue un comediante y el otro un escritor y si bien no tienen aparentemente nada en común sí que los une una misma mirada sobre el mundo.

Del actor he visto todas sus películas, las que protagonizó con sus formidables hermanos y aquellas en las que aparece en solitario y que no tienen –para nada– la gracia de las que realizó con su clan. Del escritor he leído casi toda su producción literaria y nunca me dejó tirado. Es una fórmula elegante para decir que abandonara la lectura de sus libros más flojos, que los tiene aunque sean, afortunadamente, pocos. Muy pocos.

El actor, que llevaba gafas y un grueso bigote pintado de negro bajo la nariz, resultó que también escribía, aunque escribiera como un amante sarnoso mientras que el segundo, el escritor, lo intentaron encasillar en la novela de espías porque cuenta con varios libros sobresalientes en ese género aunque el grueso de su producción más que estar ambientado en el Gran Juego se preocupa por ahondar en el corazón de unos personajes lastrados por la culpa.

Los dos tiene nombre que empieza por G y los dos son básicos para sortear los obstáculos que te pone delante la vida.

“La fatalidad ha querido que yo sea escritor, y escribo sobre la ausencia de raíces. Este es mi tema, en cierto modo.”
(El otro y su doble. Graham Greene. Conversaciones con Marie-Francoise Allain. Traductor: Basilio Losada. Luis de Caralt Editor, 1982)

La primera novela que leí de Henry ‘Graham’ Greene (Berkhamsted, Hertfordshire, 2 de octubre de 1904 – Vevey, Suiza, 3 de abril de 1991) fue Nuestro hombre en La Habana, un divertimento comenta el escritor en sus memorias pero un novelón para quien les escribe ya que además de contar las aventuras de un vendedor británico de aspiradoras en una de las ciudades más bellas del mundo, retrata su trabajo como espía con desarmante sentido del humor al describir cómo se “inventa” las pruebas, se enamora, desaparece uno de sus mejores amigos y debe de enfrentarse bebiendo botellitas de licor mientras juega al ajedrez con un oficial de la temible policía de Fulgencio Batista.

Tras esta novela, descubrí otros libros grandes del escritor como El americano tranquilo, El revés de la trama, Los comediantes, El fin del romance, El ministerio del miedo, El poder y la gloria, El cónsul honorario, El décimo hombre, Inglaterra me hizo así y El factor humano, entre otras. Y eso sin contar sus cuentos, la mayoría excelentes; sus autobiografías encubiertas como Vías de escape y sus artículos periodísticos, algunos tan polémicos en su día como Descubriendo al general, donde analiza en profundidad la vida y la obra del militar panameño Omar Torrijos. Y sí, no me olvido de El tercer hombre, novela que nació para convertirse en guión de una de las mejores películas de la Historia del Cine.

He leído casi todo lo de Greene y no he dudado en releer los que considero sus mejores libros porque aprendo mucho de ellos. Lecciones nuevas para enfrentarme a un mundo innecesariamente hostil.

Los que pertenecemos a la hermandad GG nos reconocemos sin necesidad de señas sino charlando con un whiskie en las manos. Un whiskie a la inglesa, con hielo y rebajado con agua con gas, por supuesto. Sin whiskie, sin embargo, reconocí hace años a otro hermano de la cofradía cuando en el diálogo que cruzábamos me dijo que la novela que había cambiado su vida como escritor había sido Una pistola en venta. “De Graham Greene”, respondí con la velocidad de una centella. “De Graham Greene”, admitió mi interlocutor, el escritor cubano Eliseo Alberto, que ya no está entre nosotros.

Lo cuento porque pone de manifiesto que los lectores de GG somos legión aunque durante años hayamos tenido que soportar a los cretinos de la literatura seria –esa que no lee nadie ni siquiera ellos mismos– decir que Greene era un escritor menor.

¿Menor? En fin, la de estupideces que me llevaré al otro mundo si existe otro mundo. GG, que se hizo católico como otros británicos ilustres, Chesterton y Alec Guinness, porque tras la confesión quedaba limpio de pecados siempre y cuando hiciera penitencia, fue además de un inglés que detestaba su país un escritor certero sobre la conciencia que nos manipula y hace mejores o peores. Su literatura está repleta de personajes con esta doblez, de traidores que no quieren convertirse en héroes, de hombres que se redimen ante mujeres que les sirven de sostén. De criminales inocentes que arrastran el peso de la culpa mientras el mundo, la Cuba de Batista, el Haiti de Françoise Duvalier, entre otros escenarios, se desmorona como se desmorona el personaje. Digo poco sin escribo que Graham Greene fue un genio. Para mi es el GRAN escritor de su tiempo y del nuestro. El hombre que supo ver muy adentro de nosotros mismos.

“Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna”.

Más que marxista Julius Henry Marx, conocido como ‘Groucho Marx’ (Nueva York, 2 de octubre de 1890-Los Ángeles, 19 de agosto de 1977) fue un anarquista. Un anarquista que utilizó el verbo como dinamita. Esa fue la primera lección que aprendí de este tipo con andar inclinado, bigote negro pintado, gafas y puro apagado entre los labios o entre los dedos…

Groucho, que fue también el más parlanchín de los hermanos Marx, solo se entendía en pantalla con uno de ellos, Chico, con quien rodó algunas de las escenas más desternillantes como absurdas de eso que conocí como cine… La parte contratante de la primera parte… y dos huevos duros… más madera que es la guerra… En fin, frases y frases que ya forman parte del imaginario colectivo de quienes tuvimos la suerte de descubrirlos en la pantalla de un cine y años más tarde de un televisor. Lo curioso del caso es que pese a que se trataran de películas en blanco y negro y de los años 30 gustaban por igual a pequeños como a grandes aunque bostezáramos cuando Harpo tocaba el arpa y Chico aporreaba como ese tal Mozart las teclas de un piano…

Pero si hubo un hermano que destacó entre los tres fue Groucho, con permiso de Margaret Dumond, la ricachona a la que toma el pelo en casi todas las películas que protagonizaron juntos.

Su verbo, ya se dijo, era como nitroglicerina. Como una ametralladora que no dejaba títere con cabeza. Ratatatata, bastaba que dijera algo para que temblaran espectáculos tan serios como la ópera, las carreras, un hotel de cinco estrellas e, incluso, el lejano oeste. No digamos ya si nos referimos a dos países en guerra y Gorucho es ministro de uno de ellos…

El guionista Rafael Azcona nos dijo hace años (me vuelvo como el abuelito Cebolleta) que solía ver Una noche en la ópera cuando se sentía deprimido. No supo decirnos entonces la cantidad de veces que la había visto (ni la cantidad de veces que se había sentido deprimido) pero se me grabó aquel antídoto. Es decir, que cuando me siento deprimido (y tampoco recuerdo la cantidad de veces que he estado a punto de tirarme de un puente) suelo ver en casa no Una noche en la ópera pero sí Sopa de ganso que a mi me sigue pareciendo la mejor película en la extraordinaria filmografía de los hermanos que no fueron marxistas en el sentido que los serios piensan.

Groucho además de cantar y soltar chistes, de participar en películas y presentar un programa concurso de televisión, fue escritor también. En la desordenada biblioteca de mi casa guardo dos libros que firmó: Groucho y yo y Memorias de un amante sarnoso. Y no, no son tan directos como sus películas pero sí que se tratan de volúmenes en los que se destila la gracia y el buen humor de un cómico que llevó la escena en la sangre desde que era un renacuajo.

A mi me gusta sin embargo cuando cruza absurdos diálogos con su hermano Chico, los dos convencidos de estar diciendo cosas serias cuando lo que dicen son cosas nada serias pero es su forma de hacerlo. En especial, cuando Groucho piensa que le están tomando el pelo al mayor tomador de pelo de la Historia del Cine lo que hace más grande a un Marx que, ya se dijo, utilizó el verbo para demoler el sistema.

Me faltan los adjetivos para elogiar como se merecen tanto a Groucho como a Greene. Me parece muy poco afirmar que eran unos gigantes a modo de colofón, de distraído pero agradecido punto final así que, por una vez, permítanme damas y caballeros (¿hay alguno por ahí) que no me levante.

Saludos, por ellos, desde este lado del ordenador

Una tinerfeña, finalista del Premio BMW de Pintura 2020

Viernes, Octubre 2nd, 2020

* La artista tinerfeña Alba Herrera Prieto ha resultado finalista al Premio BMW de Pintura 2020 en la modalidad de Talento Más Joven junto a otros cuatro concursantes. El premio, dotado con 4.000 euros, incluye otras categorías como son Premio BMW de Pintura (25.000 euros); Beca Marío Antolín de Ayuda a la Investigación Pictórica (8.000 euros) y Premio a la Innovación (6.000 euros).

* La revista digital Trasdemar anuncia la publicación de su primer manifiesto, titulado Archipiélago Cosmos con la idea de “afianzar la internacionalización de la literatura insular y establecer un puente de intercambio cultural entre las diversas realidades de los archipiélagos”. Desde la revista se han iniciado lazos de colaboración con la Feria del Libro Hispana/Latina de Nueva York, impulsada por el autor dominicano Juan Tineo, y la Nueva York Poetry Review, sumando entre sus colaboradores a una amplia representación de la diáspora caribeña y latina en Estados Unidos. Entre los colaboradores de la revista se encuentran creadores canarios residentes en el exterior, como la artista multidisciplinar Nayra Martín Reyes o la escritora canaria Maribel Lacave, residente en las islas del sur de Chile.

Saludos, eso es todo por hoy, desde este lado del ordenador

Desgracias familiares

Jueves, Octubre 1st, 2020

Es una apreciación, como lo son todas, muy personal pero considero a Ignacio Martínez de Pisón uno de los mejores novelistas del panorama narrativo actual en España. A su obra me remito. Y todo sin forzar las tornas, sin explosiones estilísticas sino más bien al contrario. Los libros de Martínez de Pisón, los buenos y los que no son tan buenos (todavía no he encontrado uno que sea rematadamente malo) cuentan historias. Y muchos de ellos cuentan historias familiares. La familia es de hecho una de las grandes protagonistas en la producción literaria del escritor.

La familia está presente en Dientes de leche y vuelve a estar presente en su nuevo libro, Fin de temporada, aunque en esta ocasión se trata de una unidad familiar reducida, la que forma madre e hijo y la extraña y morbosa relación que los une. Y sí, sí que tiene algo de complejo de Edipo pero sobre todo del complejo de Agripina, lo que explica la ligazón que los ata a los dos, sobre todo a la madre que es incapaz de vivir sin su hijo al que, curiosamente y por amor, iba a abortar cuando un fatal accidente provocó la muerte de su novio, el padre del joven que convierte al hijo en una réplica asexuada (aunque no falten abrazos y besos demasiado cariñosos) de aquel muchacho que perdió la vida al volante del coche que llevaba a la pareja al hospital.

Este hecho, y así se encarga de destacarlo Martínez de Pisón a lo largo de todo el libro, no es para nada baladí sino fundamental para entender a madre e hijo. Sobre todo al hijo que intenta huir como buenamente puede de las garras amorosas de su progenitora.

No vale que se busque una novia, una buena chica francesa, ni que intente labrarse un porvenir en un país que no es el suyo, al final los cantos de sirena de su madre harán que regrese al nido, al cobijo de los amorosos brazos de una mujer que no anda demasiado bien de la cabeza y que no mantiene contacto con su familia ni con la del novio muerto con el fin de construirse una nueva vida a solas con su vástago.

En la contraportada del libro se lee que Fin de temporada es una novela sobre la fuerza, “a veces envenenada, de los lazos de sangre; sobre secretos familiares que hacen que cada generación se vea abocada a repetir ciertos errores, y sobre cómo saber nos transforma en otras personas”, también que el escritor tiene facilidad para trazar “personajes memorables” que en la novela narra casi un cuarto de siglo de relación materno filial que se enquista en determinados vicios porque ni uno ni el otro han resuelto el pasado que arrastra. “Una trampa vital aunque intentemos ignorarlo, o precisamente por ello”, destaca la contraportada.

Como en otros libros del escritor el pasado es junto a la familia uno de los grandes temas de su literatura. Desentrañar las huellas que deja nuestro paso por la vida es una de las preocupaciones que dominan en los libros de Martínez de Pisón bien recreando ese mismo pasado en títulos como Enterrar a los muertos, en los que investiga la vida y obra de José Robles Pazos, traductor de John Dos Passos y asesinado en 1937 por agentes secretos soviéticos; la mencionada con anterioridad Dientes de leche, El día de mañana, Una guerra africana, que se ambienta en los años 20 durante la guerra de Marruecos y la novela de no ficción Filek, el estafador que engañó a Franco.

Cinco ejemplos donde familia y pasado forma parte del eje narrativo de un escritor al que unos llaman realista en unos tiempos en los que no gusta esta palabra.

El caso de Ignacio Martínez de Pisón es que se trata de un narrador que no deja indiferente a nadie. Gusta o disgusta según la clase de públicos. A nosotros nos gusta, por lo que sus libros no suelen decepcionarnos.

La apuesta que planteaba Fin de temporada resulta así satisfecha. El escritor vuelve a escribir una buena novela sobre la familia, atípica como son la mayoría de las familias, el amor y el pasado. Estos elementos son los que arman un libro que cuenta también con personajes con grises, que no resultan perfectos y propone una indagación sobre el presente que bebe de las fuentes de un pasado remoto, desconocido, no repleto de engaños sino oculto al veinteañero protagonista de una novela donde el personaje pierde camino para volver a encontrarlo y perderse nuevamente en un texto que se lee con interés porque gusta y captura la atención.

Saludos, buenas lecturas, desde este lado del ordenador