Archive for the ‘Reflexiones’ Category

¡¡¡Godoooo!!!

Martes, Febrero 1st, 2011

Tras soñar que me iba de juerga con el gran Charlie Sheen y cuatro agradables señoritas me encontré al abrir los ojos con este extraño documento que habían dejado debajo de la puerta de mi casa.


¡EN FILA!

Seríamos como un centenar de personas las que esperábamos resignadamente en la cola. Dos enfermeras con caras de amargadas pasaban a nuestro lado y nos pedían los datos personales. Tras anotarlos preguntaban si habíamos acatado las recomendaciones que nos habían hecho llegar a nuestros respectivos correos electrónicos. La mayoría asentía. Otros, los menos, confesaban que no tenían correos electrónicos y los separaban de la fila.

- Yo vine acompañando a un amigo.- dijo uno de esos mientras salía por la puerta del centro de salud.

Me dolía el pecho y estaba cansado de leer la novela que llevaba entre las manos. El tiempo pasaba lentamente mientras los que estaban delante de mi cruzaban por una puerta de color blanco sucio. Olía a sudor mezclado con desinfectante.

Por fin me tocó el turno.

LA PRUEBA

Estaba en una habitación bastante larga y ancha. Repleta de personas a los que unos señores con bata blanca le extraían sangre. Uno de esos tipo me hizo señas con la mano para que me acercara al mismo tiempo que indicaba que me levantara la manga derecha de la camisa. Tras buscar la vena sacó una inyección dispuesta a taladrármela.

Como no me gustan las inyecciones le pregunté qué coño hacía.

- ¿Es una vacuna o algo de eso?- ladré.

El tipo de la bata blanca se quedó mirándome como si fuera una oveja descarriada.

- No, una prueba. Haga el favor de estarse tranquilo.

- No me gustan las inyecciones.- dije.

- Y a mi no me gusta perder el tiempo. No le dolerá.

- Pero es que… ¡ayyy!

El hijo de puta me había clavado la inyección y extraía sangre. Me sorprendió observar que en vez de rojo fuera de un vistoso color vino.

- ¿No le parece bonita?.- le dije al tipo de la bata blanca.

- Sí que es bonita.

- Siempre imaginé que la sangre era roja.

- Eso del color vino es que usted tiene una sangre de excelente calidad.

Le di las gracias mientras me vaciaba la vena. Cuando finalizó la operación me entregó un trozo de algodón empapado en alcohol y me indicó que estuviera un rato apretándolo contra el pequeño orificio que me había hecho.

- ¿Para que quiere mi sangre?.- le pregunté.

El tipo de la bata blanca me miró un rato largo.

- ¿Es que usted no lee el periódico, no escucha la radio, no ve la televisión?

Tuve que confesarle que no.

- Estamos haciendo esto para constatar la pureza racial guanche de la población canaria.

- Pero si mi madre es gaditana.

- Eso da igual. La sangre guanche está por encima de mezclas. No se contamina. Ahora déjeme trabajar. Si sale por ese pasillo le darán un bocadillo de queso amarillo y un refresco. Dentro de tres o cuatro días le indicarán el grado de pureza de su sangre.

¿ALGUIEN PODRÍA DECIRME QUE ESTÁ PASANDO?

Salí y efectivamente en un mostrador atendido por dos gordos me dieron un bocadillo de queso amarillo y un Clipper de fresa. Me indicaron con el dedo otra puerta que daba a la calle. Allí me senté en un banco junto a un anciano que iba acompañado de quien debía ser su nieto. Me puse a comer el bocadillo.

- ¿Usted entiende algo?.- le pregunté al anciano.

- Ay mi niño yo ya no entiendo ni quiero saber nada…

- ¿Un café, abuelo?.- le dijo quien debía ser su sobrino.

El viejo se levantó y se despidió amablemente. Me quedé a solas contemplando la cola de los que entraban en el centro de salud. 

VIENTO ENFERMO

Esa noche mientras dormía en casa me despertaron ruidos que venían del piso de abajo, donde residía una pareja con dos niños pequeños de Santander.

- ¡Hostias!, canallas, hijos de puta.- oí que gritaba el de Santander.

- ¡Cállese!- exclamó una voz con acento canario.

Los niños comenzaron a llorar y la mujer dio un grito de ¡Auxilio! que me llegó al alma.

Abrí la puerta y bajé con mis ridículos calzoncillos lovecraftianos los escalones.

El rellano estaba invadido por varios agentes de la policía canaria, uno de ellos llevaba un perro de piel atigrada que rugió al verme bajar en gayumbos.

- Suba a su casa ¡esto no tiene nada que ver con usted!.- gritó el policía que aguantaba al perro.

- Pero yo… yo….- atiné a decir.

- ¡Suba a su casa!.- gritó otro policía. Imaginé que debía ser el jefe porque llevaba siete estrellas verdes impresas en su gorra azul marino.

YO SOY RACIALMENTE PURO

Me encerré en casa como un cobarde mientras oía los gritos de la mujer, los llantos de los niños y como golpeaban a su marido.

INDEFERENCIA

Al día siguiente pregunté a la vecina que vivía delante de mi casa si sabía algo de los de abajo.

- Ah, los godos….- dijo la vecina que hasta ese día había sido una viejecita muy amable que nunca los había llamado godos.

- Sí… esos mismos.

Se encogió de hombros. Luego se pasó un dedo por la garganta con una extraña sonrisa.

MIENTRAS EL TIEMPO PASA

Pasaron los días. Y comencé a leer y a escuchar y a ver la televisión pero no me enteraba de nada. Tampoco me pregunté entonces ¿por qué de pronto solo había un periódico, una radio y una televisión que informaba de lo mismo? Día sí, día no.

La nota de ficción frívola la ponía en la tele un programa de humor titulado en Clave de Ja. De eso si que me acuerdo porque puñetera gracia que me hacía.

Empecé a pensar que algo raro estaba pasando cuando por Internet solo se me permitía navegar por páginas oficiales. También cuando un día recibí un mensaje de Sanidad en el que se me informaba que, lamentablemente y tras las comprobaciones pertinentes, “su sangre guanche apenas es detectable, godo“.

- Luego la sangre guanche no está por encima de mezclas.- pensé a solas en mi casa.

¿NO SOY RACIALMENTE PURO?

Aquella noche me duché y afeité y vi por última vez mis libros, discos y películas. Recuerdo que me senté vestido en el borde de la cama.

A las cuatro de la mañana llamaron a la puerta.

¡Policía! gritó una voz.

Me levanté y abrí la puerta y no reconocí a ninguno de los ocho agentes que venían a detenerme pero sí al perro que gruñía.

- Hola.- le dije cuando iba a acariciarlo.

Me mordió la mano.

La vecina de enfrente abrió la puerta y se pasó el dedo por el cuello con la misma extraña sonrisa que la vez anterior.

- Vieja, qué mañana puede ser usted.- le dije mientras veía como la risa se congelaba en su boca.

- Mañana me voy al Teide que está nevado ¡godo!.- respondió la señora mientras cerraba la puerta. 

Godo.

Godo.

¡¡¡Godoooo!!!

Saludos, ¿a qué estamos jugando?, desde este lado del ordenador.

Todo sea por salvar tres de cada nueve árboles

Sábado, Enero 22nd, 2011

Solo he leído una novela de Alberto Vázquez-Figueroa. Se titulaba Como un perro rabioso y dio origen a una película de relativo éxito en su tiempo: El perro.

Pese a que descozco su obra me cae bien. Alcanzó nombre como escritor de novelas de aventuras en un país muy poco dado al determinismo de este género pero muchas de sus historias acabaron por convertirse en películas.

En todas las ruedas de prensa a las que he asistido con él de protagonista (sobre todo las de la Feria del Libro de Santa Cruz de Tenerife) me hace gracia que sea el primero en negarse a hablar de su literatura porque la considera una basura.

A mi me llama la atención Vázquez-Figueroa –pese a que sus libros me resulten indiferentes– porque tengo la sensación que casi siempre ha hecho lo que le venía en gana. También porque cuenta con un curioso currículum de viajero, algunas de cuyas experiencias ha volcado en sus novelas no sé si con mejor o peor fortuna.

Guste o no, Alberto Vázquez-Figuroa ha conseguido vender por su nombre. Es decir, que sus obras se consumen porque están firmadas por Vázquez- Figueroa y si bien no se trata de literatura que haga calentar la cabeza sí que tiene a una legión de fieles que siguen siendo sus lectores.

A mi me sorprendió descubrir un día que un buen amigo de los que no coge un libro se estaba leyendo completa la serie Cienfuegos. Si que me cansó su empeño en que la leyera pero me tocó el lado oscuro del corazón su entusiasmo ante unos libros que, ojeados con prisa, no me decían nada.

En una edición de Gran Hermano, ya no recuerdo cual pero fue en una, un concursante revelaba a ese monstruo hecho carne que responde al nombre de Mercedes Milá que a él le gustaba leer. Leer las novelas de Vázquez Figueroa.

En uno de esos momentos dulzones del programa, el mismo escritor acudía a Gran Hermano para saludar al concursante. Vázquez-Figueroa le firmó unos libros y habló un rato con él, después se marchó. 

He comprobado en mis conversaciones con amigos a los que sí les gusta leer cierta acritud hacia este escritor. Unos me aseguran que ya no vende como antes e incluso de que se ha arruinado. Muestran una extraña satisfacción cuando lo crucifican. Casi como si pensaran que están a punto de quitarse a alguien molesto del camino…

El caso es que cada cierto tiempo Vázquez-Figueroa irrumpe en el panorama editorial para anunciar que está vivo.  Su última novela se llama El mar en llamas y tiene la peculiaridad de que se lee de manera apaisada.

Desde la editorial Martínez Roca se informa que con esta técnica se ahorra espacio, se reduce el consumo de papel, se facilita la lectura y, sobre todo, se trata de un libro ecológico porque permite salvar tres de cada nueve árboles.

Y no sé qué decir. Esta misma tarde he cogido el libro para echarle un vistazo en la librería de una gran superficie comercial y me ha parecido lo que se dice una magada. Me apena que esta magada esté firmada por Vázquez Figueroa aunque si lo ha hecho por salvar tres de cada nueve árboles ¿quién soy yo para decir que no me gusta este formato?

Soy de los primeros que reivindico que Vázquez-Figueroa es uno de los pocos escritores españoles que se preocupa por hacer otro tipo de campaña de cada nuevo libro que saca al mercado. 

Hace cuatro o cinco años anunció en su blog que a partir de ese momento todas sus novelas se editarían a la vez en tapa dura (edición cara), bolsillo (a mitad de precio) y gratis si se descargaba de Internet. Pasó el tiempo y en un post publicado el 5 de agosto de 2010 se lamentaba: “Hace años decidí enviar gratuitamente mis libros por este medio a quien lo necesitase. Ahora he descubierto que algunos se han dedicado a comercializarlos en la red. Un escritor puede perder la fe en los políticos, en las editoriales y en el sistema en general, pero cuando lo pierde en sus lectores no le queda esperanza alguna a lo que aferrarse.”

Leo y releo este post como si se tratara de un mantra.

Así son las cosas

¡Maestro! 

Saludos, aullando a la luna llena, desde este lado del ordenador

Un presunto guión (in)feliz antes de la Nochebuena…

Jueves, Diciembre 23rd, 2010

NOTA: Una nube radioactiva ha acabado con la vida humana del planeta Tierra. La nube, sin embargo, aún no ha llegado a Canarias aunque se aproxima inexorablemente a este infeliz archipiélago…

ESCENA I. INTERIOR DÍA. DESPACHO DE PRESIDENCIA DEL GOBIERNO DE CANARIAS EN SANTA CRUZ DE TENERIFE

Paulino Rivero con barba de tres días se asoma a la ventana. Contempla en silencio el mar mientras detrás esperan con impaciencia los consejeros de su Gobierno.

RIVERO: ¿Uándo dice que llegará?

José Miguel Ruano mira apresuradamente el informe que tiene delante de las narices y aclara la voz, algo aguardentosa. Al fondo llora desesperadamente Milagros Luis Brito, consolada por Domingo Berriel y Jorge Rodríguez.

RUANO: A mañana por la noche, presidente.

Paulino Rivero se encoje de hombros.

RIVERO: ¿Y cómo lo ha recibido er pueblo canario?

Ruano (tras beber dos vasos de agua para aclarar la voz): Obviando a los lajas de siempre muy bien. Todo el mundo quieto, ya sabe.

RIVERO: Ese es el pueblo canario, coño.

RUANO: Una panda de aplatanados, presidente.

Paulino Rivero se da media vuelta y con gesto resignadamente satisfecho hace entender que la reunión ha terminado.

A solas en la habitación lee los informes mientras la luz del sol que se filtra por la ventana parece dibujar caprichosas sombras en su rostro.

LA HORA FINAL se puede leer en la portada de uno de los documentos.

ESCENA II.- EXTERIOR DÍA. PUERTO DE LA LUZ DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA

El submarino de la U.S. Navy emerge como un monstruo marino. Tras las maniobras de atraque baja de la potente maquinaria bélica y en un impecable traje azul el presidente de los Estados Unidos, Barak Obama.

Uno de los curiosos que se encuentra en la explanada fuertemente protegida por miembros de la policía canaria  grita: “Al natural el negro se parece al Natkingcole“.

Obama antes de bajar a tierra mira a un lado y al otro, levanta la mano y fuerza una sonrisa.

VECINO: Va a hablar, el Natkingcole va a hablar…

Pero Obama no habla, cierra la boca y baja las escalerillas rodeado de un ejército de guardaespaldas.

ESCENA III:- INTERIOR DÍA. DESPACHO DE PRESIDENCIA DEL GOBIERNO DE CANARIAS EN SANTA CRUZ DE TENERIFE

Ruano entra en el despacho y le anuncia a Paulino Rivero que el presidente de los Estados Unidos vuela a Tenerife en un helicóptero.

RIVERO: ¿Se sabe algo de Zetapé?

Ruano niega con la cabeza.

RIVERO: No sé por qué lo pregunto.

RUANO: La costumbre, presidente.

RIVERO: Será eso, la costumbre…

ESCENA IV. INTERIOR DÍA. DESPACHO DE PRESIDENCIA DEL GOBIERNO DE CANARIAS EN SANTA CRUZ DE TENERIFE

Obama estrecha la mano de Rivero. La diferencia de estatura es notable. Paulino Rivero tiene que ponerse de puntillas para llegarle al pecho. Acompaña al primer mandatario de los Estados Unidos una traductora con sospechoso parecido a Ava Gardner en su mejor época.

RIVERO (mirando la sobresaliente delantera de la traductora): Esto… dígale usté que es un honor recibirlo aunque lamento que sea en estas circunstancias…

La traductora informa a Obama que asiente en silencio. Ambos dignatarios se miran a los ojos. Bueno, Rivero intenta mirarlo a los ojos mientras se pone de puntillas.

RIVERO: Este encuentro se produce en un momento que es una putada.

Obama se ríe para no quedar mal cuando se le traduce el mensaje.

TRADUCTORA: El presidente Obama pregunta si desea una pastilla de veneno. Su efecto, asegura, es inmediato.

RIVERO (negando con la cabeza): Dígale que prefiero emborracharme con vino con vino. Es más canario.

TRADUCTORA: El presidente Obama pregunta si sabe que día es mañana…

RIVERO: ¿Mañana?

TRADUCTORA: Sí, mañana…

Rivero se encoge de hombros.

TRADUCTORA: Nochebuena.

RIVERO: Ahh, Nochebuena…

OBAMA (en español macarrónico): Ya no más bancos, ya no más chinos. Ya no más WikiLeaks. Ya no más crisis…

RIVERO (llevándose a la boca una botella de vino con vino): Feliz Navidad. Merry Cristmas… ¿lo dicen así ustedes verdá?

OBAMA (mientras se mete una pastilla de veneno en la boca y en español macarrónico): Verdá, verdá…

Saludos, deseándoles felices fiestas, desde este lado del ordenador.

El día que mataron a John Lennon

Martes, Diciembre 7th, 2010

Este miércoles 8 de diciembre se cumple 30 años de la muerte de John Lennon.

Los que han tenido la suerte de estar acompañados de su música en los momentos gratos y frustrantes de la existencia sabrán lo que significó conocer que el mejor The Beatles –para unos–  fue asesinado ese día a las puertas de su casa en el Edificio Dakota, un viejo y aristocrático inmueble de Nueva York que en 1968 sirvió de plató de rodaje para La semilla del diablo de Roman Polanski.

Hay fechas en la historia que por una u otra razón nos marcan porque de alguna manera somos protagonistas anónimos e  involuntarios de ella (el 11-S, el 11-M, el 23-F) y que pasado el tiempo nos hace preguntar a los compañeros de generación ¿qué hacías ese día?

Y en este caso ¿qué hacías el día que mataron a John Lennon?

Quien les escribe era por aquel entonces un adolescente que quería descubrir el mundo mientras estudiaba en el Instituto y que tuvo conocimiento de la triste noticia por la llamada telefónica de un amigo.

Fue ese amigo quien me comunicó que Lennon ya no estaba entre nosotros. Y que me transmitiera aquel mensaje lo encajé como si me anunciara que un ser muy querido de mi entorno ya no iba a estar más entre nosotros.

De aquel día conservo secuencias en mi memoria como si se trataran de fragmentos de un documental soviético de los años 20. Todo va demasiado rápido. Las imágenes saltan y se confuden con otras imágenes sin voz en off que ordene ese aparente caos que forman mis recuerdos.

Me veo con ese amigo en la plaza de España de Santa Cruz de Tenerife donde un grupo de espontáneos se ha reunido para encender velas en memoria del compositor de Imagine. Quiero imaginar ese momento por un silencio que casi podía cortarse con el filo de una navaja. También que el aire se impregna poco a poco con el olor de la cera que se desprende de las velas.

John Lennon significaba hasta ese momento para mí, y de alguna manera lo sigue significando, el más concienciado de los cuatro The Beatles. Un tipo que no se cortaba en posar en pelota picada junto a su mujer, Yoko Ono, para reclamar la paz. Todo muy hippie. Todo muy Lennon.

Significaba también en aquellos tontos debates con amigos beatlemaníacos que me pusiera de su lado porque se trataba del mejor de la banda de Liverpool. El fin era no dejar bien parado Paul McCartney porque, insistíamos los lennonianos, sus canciones eran infinitamente mejor que las de ese comemierda mercantilista que creíamos era Paul. Años más tarde los lennonianos vomitamos aquellas palabras al darnos cuenta que Paul es igual de grande que Lennon.

Claro que por aquel entonces Lennon representaba al guerrillero, al antisistema, al tío capaz de desafiar al los que estaban (y están) muy por encima de nosotros para escupirles a la cara aquello de “no me gustas, tío”.

En estos debates muy cafres George Harrison y Ringo Starr resultaban indemnes porque apenas formaban parte de la confrontación entre los lennonianos y macartianos. Aunque hablando en plata, si alguna vez fui de uno de los cuatro The Beatles es de ese iluminado llamado Harrison por razones que ahora no vienen al caso. Ringo, como a casi todo el mundo, me caía bien porque siempre fue el payaso del grupo.

Recuerdo que después de velar un rato en la plaza de España el día que murió John Lennon subí a casa y puse en el tocadisco uno de sus elepés  por el que siento un extraño y casi mefistofélico aprecio. Se llama Double Fantasy. Álbum, ya ven, que fue el que firmó Lennon antes de que su asesino Mark David Chapman le pegara cuatro tiros.

Gracias a Chapman, sin embargo, le debo haber descubierto Guardián entre el centeno. Leí en un retrato que hacían del asesino que la novela de J. D. Salinger tuvo un gran significado para él.

Intentando descifrar qué había motivado este libro para que despertara sus instintos depredadores confieso que leí la novela de Salinger y me quedé un poco más confundido de lo que estoy en la actualidad porque no entendí que pudo haber descubierto ese hijo de la gran puta en la historia de Holden Caulfield para decidir matar a un tipo que como John Lennon sólo quería que viviéramos en paz.

Un documental sobre Chapman plantea esta misma reflexión y también deja el mismo interrogante abierto.

Mi sorpresa se hace mayúscula treinta años después de la brusca desaparición de John Lennon porque continuo haciéndome la misma pregunta: ¿por qué?

¿Por qué?

¿Por qué?

Saludos, sin poder entenderlo, desde este lado del ordenador.

Dejen al cadáver putrefacto de Óscar Domínguez descansar en paz

Sábado, Diciembre 4th, 2010

No lo entiendo. La verdad es que no lo entiendo. Me refiero al artículo que publica Domingo-Luis Hernández en Diario de Avisos bajo el título de TEA y Domínguez. Y digo que no lo entiendo porque su lectura me sabe a roñosa. A carne envenenada al insistir en un asunto (en el que en este mismo blog hemos insistido en otro tiempo) que ya está pasado de moda. Que no ocupa actualidad.

En el artículo Hernández reitera una vez más el giro de noventa grados que dio esta iniciativa cuando Cristóbal de la Rosa –él no lo nombra, yo sí– reemplazó a Dulce Xerach Pérez –él sí la nombra, yo también– en el cargo y decidió cambiar el nombre de Instituto Óscar Domínguez de Arte y Cultura Contemporánea (Iodacc) por el de Tenerife Espacio de las Artes (TEA).

Cambio, viene a decir Domingo-Luis, que anunció una transformación radical en la orientación de lo que pretendía ser “Un museo para cambiar la ciudad”.

Pese a mis más y mis menos con TEA, con su reformulación como centro aglutinador de actividades diversas, he superado afortunadamente esa etapa porque al final entendí que su objetivo era que el centro dentro de sus posibilidades tuviera personalidad. Y por ello, precisamente por ello, las palabras de Domingo-Luis Hernández me han parecido injustas y relativamente incendiarias para abrir una nueva polémica en torno a un espacio que, insisto, y le cueste a quien le cueste, ha logrado convertirse en un lugar de referencia en el árido paisaje cultural de la capital tinerfeña.

Y es que TEA, en el estrecho margen de maniobra en el que se mueve, cuenta con una variada y en ocasiones interesante programación que, me consta, para muchos supone ya como un oasis en medio del desierto cultural en el que se mueve esta ciudad tan acostumbrada vivir de espaldas al mar.

Y parte de ese milagro, de saber regatear presiones externas e internas se debe a la labor que ha desarrollado su director artístico, Javier González Durana (1) con quien no estoy de acuerdo en muchas cosas pero en otras sí. Quizá porque quiero pensar que gracias a Durana y a su equipo se ha logrado que TEA sea algo más que una biblioteca que abre las 24 horas al día en su arriesgada apuesta por dejar entrar cualquier tipo de actividades –algunas muy discutibles, es verdad–  pese a que no resulten chiripitifláuticamente innovadoras.

En este sentido, y en el área que por cuestiones varias presto más interés, reconozco que TEA ha tendido una mano a ese cine independiente y guerrillero de verdad (no confundir con ese otro al que le gusta el diminutivo ito) cediendo el espacio para su exhibición. Y esto ha sido un punto a favor de TEA porque ha permitido que los subnormales viéramos el trabajo por otra parte muy digno de esos cineastas que hacen películas sin caer en la trampa del dirigismo del apoyo oficial del Gobierno canario.

Pero el presunto lamento de Domingo-Luis Hernández no va por ahí. Su queja quiere girar en torno al escaso protagonismo que desde que TEA es TEA ha ido adquiriendo la obra de Óscar Domínguez en el centro.

De hecho, se pregunta el autor del artículo “¿quién menosprecia a Óscar Domínguez?, ¿el Director Artístico del TEA? Pongamos que sí, pero eso no es todo: el responsable máximo de ese menosprecio es el Cabildo de Tenerife. De donde importa recordarle políticamente al Cabildo que el proyecto dicho tenía envergadura y que lo defendía el rigor. Luego, si se ha enterrado queda la inversión probada, y lo fue por el atractivo de Óscar Domínguez en nosotros y en quienes nos visitan. ¿Qué hacer?, ¿revender la obra adquirida de Óscar Domínguez?, ¿o basta con quitar de nuestra vista los cuadros de Domínguez para dárselos a otros ojos fuera de la Isla?”

Farragosa reflexión concluyo que anula el lapidario final de Hernández a su discurso: “quien se mira el ombligo con tanta atención no descubre que sus pies están siendo comidos por la gangrena”.

Será porque no creo que sea verdad, entre otras cosas, no lo que le pregunta Hernández en el texto al “muchacho de la portería de TEA” sobre la exposición permanente de Óscar Domínguez en el museo y descubrir abochornado y “en presencia de un alumno aventajado” que es “semipermanente”. Sino asegurar que ese mismo chico le dice que ”no hay colgado en el museo un solo cuadro de Óscar Domínguez por decisión del Director Artístico”.

¿A cuenta de qué se atreve a decir eso Domingo-Luis Hernández?

Y a cuenta de esta pregunta que planteo ¿no va ya siendo hora de que de una vez por todas sepamos los profanos hasta que punto se calibra el trabajo de Domínguez fuera de estas siete islas?

Lo digo porque siempre he pensado que al Domínguez artista lo supera el Domínguez festivo, el crápula que se fue a París porque quería ser artista y al final la enfermedad hizo de su vida una tragedia griega.  Tragedia que trasciende, a mi juicio, su obra. Obra que pienso ha sido vindicada por necesidades ombliguistas.

Con ello no quiero afirmar que el pobre de Óscar no se merezca el lugar que ocupa (como creo que no se merecía esa cosa que hacen pasar como película inspirada –es un decir– en su vida)  pero sí la de poner en su sitio a esas voces presuntamente autorizadas que lo han ubicado en una especie de paraíso artificial en la historia del arte.

La lectura del artículo de Domingo-Luis Hernández me hace pensar así que está escrito con otras intenciones porque creo que Domingo-Luis Hernández pese a todo es una persona inteligente. O al menos leída.

Su texto no me sabe por eso a reivindicativo sino a simple canallada. O a cantinflada como diría un querido y viejo amigo. Un artículo con ganas de despertar una tontuna guerra no ya con el director artístico de TEA sino con el comisariado político que tiene por encima.

Y concluyo que, sinceramente, me habría sumado a la causa si los argumentos de Domingo-Luis parecieran verdaderos. Ya saben, una reflexión punitiva y trabajada para denunciar una injusticia que en este caso no se merece TEA ni su director artístico y ni siquiera Cristóbal de la Rosa y por extensión el Cabildo de Tenerife porque sencillamente es  mentira. Y como todas las mentiras: mentira.

Así que dejen al cadáver putrefacto del pobre de Óscar Domínguez descansar en paz.

El bendito muerto es él, no nosotros.

Creo.

(1) Recomiendo la lectura de este enlace. Igual clarifica algunas cosas.

Saludos,  exigiendo saber ¿qué hay detrás?, desde este lado del ordenador.

Mira, mi niño, mira ‘Canarias, la cultura y su plan’

Miércoles, Diciembre 1st, 2010

Con el título de Canarias, la cultura y su plan el periódico El Día publica en su edición del 1 de diciembre del 2010 un artículo firmado por el viceconsejero de Cultura del Gobierno de Canarias Alberto Delgado. Una vez leído y digerido descubro (bien es verdad que sin mucha sorpresas) un texto distante y frío. O lo que es lo mismo: redactado sin alma.

Alma que busca desesperardamente el Viceconsejero al aferrarse  “a lo que se ha denominado como Declaración de Fuencaliente” no sé si con la pretensión de dotar de carácter histórico a un encuentro en el que artistas, gestores y periodistas se lo pasaron muy bien en esa bella localidad palmera pero de la cual regresaron a casa con las manos vacías. Eso sí, con la gratificante sensación de haber sido considerados vip unos días en esto de la cultura canaria.

Hay que perdonarle no obstante a Delgado su necesidad de contar con algún referente y que ese referente sea esa misteriosa Declaración de Fuencaliente porque, según escribe, gracias a ella el departamento que dirige recibió “ese mensaje y se puso manos a la obra”. Así que de ahí, de ese texto que el Viceconsejero quiere entender fundador nace lo que hoy conocemos como Plan Canario de Cultura.

En su artículo, Alberto Delgado reitera una y otra vez que este mismo Plan es fruto de la participación entre los distintos agentes del sector cultural ya que su objetivo es “convertirse en un plan de acción para el conjunto del sector cultural canario hasta el año 2020 con una continua evaluación, revisión y adaptación” pese a que “su marco de análisis y estrategia va más allá de la actuación de la Viceconsejería de Cultura.”

Alberto Delgado insiste en que el Plan Canario de Cultura (a partir de ahora PCC) quiere generar un marco de actuación estable y subraya que estabilidad y consenso son los principales logros de un documento que –mucho me temo– como no mejore su campaña de comunicación y lo traduzca con sencillez y meridiana claridad casi nadie –salvo unos pocos escogidos– entenderá en su fondo y forma.

Sin embargo que nadie se llama a engaño porque quiero entender que el texto que firma y que probablemente le han escrito otros es bienintencionado. Tanto, que a los más quemados de la cultura canaria (a los que hacen cultura en Canarias pero no ve la Viceconsejería) les seguirá oliendo a chamusquina. O a que piensen que se le vende una moto tuneada que no existe salvo en un PCC que nació a raíz de una Declaración que me pregunto todavía ¿quien demonios la suscribió?

El artículo recuerda que la estrategia del PCC gira a partir de cuatro ejes: los sectores culturales, el estratégico, el transversal político cultural y su relación con otros sectores y, finalmente, el que define a “la cultura como un elemento de proyección de Canarias hacia el exterior desde una doble perspectiva: aportación a la diversidad cultural del mundo y la necesidad de actuar en un mercado globalizado.”

El texto que firma el Viceconsejero desarrolla así estos cuatro puntos con una frialdad presuntamente técnica (también retorcida y vacía en contenidos) que desarma.

Pongo un ejemplo, y no escogido al azar precisamente: “El desarrollo del sector cultural canario requiere la dotación de nuevos instrumentos que permitan avanzar hacia la consolidación de estructuras estables que aporten reflexión e información continua para la toma de decisiones y que amplíen los espacios de participación, codecisión, legitimación y profundización democrática. En gran medida, se puede afirmar que algunos de estos instrumentos deben de tener una repercusión directa y transversal en todas las líneas del presente Plan” (¿?) (¡!).

El artículo finaliza recordando (a los hermosos y a los malditos de la cultura canaria) que a partir de este momento comenzaremos (no dice hemos comenzado por lo que la cursiva es nuestra) a trabajar en la constitución del Consejo Canario de las Artes y la Cultura como extensión del carácter participativo de este plan y ejemplo de ejecución inmediata y eficaz de las recomendaciones que nos hemos dado a raíz de este proceso”.

Así que temblad –no los hermosos– sino los malditos de la cultura canaria.

¿Conclusión? Pues que uno no sabe exactamente bien a quien pretendió dirigirse Delgado con este –quiero entender que escrito por otros– artificial artículo: ¿al inquieto y aterrado sector cultural ante la que le viene encima?, ¿a Domingo Fuentes Curbelo y a otros de la oposición socialista que cacarean sus críticas desgraciadamente poco razonadas?  ¿O a él mismo?

¿O a él mismo?

Creo tras el leer y releer el artículo que al Viceconsejero se lo escribieron voluntariamente para sí mismo. Sólo así puedo entender la falta de entusiasmo y ese tono gilipollas y pesadamente burrocrático con el que se empapa esta declaración que dice ser fruto de otra declaración de la que no me acuerdo por mucho que me empeñe.

Saludos, a lo game over, desde este lado del ordenador.