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Otra vez: ‘A serbian film’

Viernes, Marzo 11th, 2011

No he visto la película y puñeteras ganas tengo de verla. Será cosa da la vejez y de haberme alimentado durante mucho tiempo de basura con denominación de origen gore para saber de lo que estoy hablando. Esto no quita, sin embargo, la indignación que me envuelve como ciudadano al acatar como una oveja la cultura del miedo (y sus consiguientes prohibiciones) para que continúe viviendo en un mundo infeliz.

Mundo donde el soma nuestro de cada día es aceptar (aunque sea a regañadientes) la enfermiza cultura de lo políticamente correcto. Cultura que, entre otras cosas, no quiere llamar a las cosas por su nombre.

Días, acaso meses, ya publicamos un post donde reflexionábamos sobre el guillotinazo que le han dado en este país de cabestros que es España al largometraje A serbian film, de un tal Srdjan Spasojevic que hasta el día de hoy era conocido en su casa.

La película se exhibió en el pasado Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges y levantó polvareda y apasionados debates me parece a mí más cerca de programas de televisión (muy pornográficos, por cierto) como Sálvame que a intercambio de pareceres entre gentes sensatas.

La noticia ahora es que el director del citado Festival, el señor Ángel Salas, ha sido imputado por permitir la proyección de este largometraje que hiede a cadáver porque esa cosa contiene, entre otras, imágenes en la que un hombre penetra a un recién nacido con su madre delante o a un actor porno fornicando, sin saberlo, con su hijo de ocho años.

Lo curioso de este caso es que el mismo Ángel Salas que dio su visto bueno para que A serbian film se exhibiera en el Festival, había declarado días antes de su proyección que no pensaba “volver a verla”.

Las razones son obvias.

Partiendo de la base de que lo que muestra este producto de charcutería con pretensiones de autor no es real sino una recreación cinematográfica para provocar reacciones en el espectador, continúo suscribiendo lo que ya suscribí en aquel primer post: que somos libres para hacer con nuestro cuerpo y con nuestra cabeza lo que queramos. Y de advertir a quienes se empeñan en mejorar nuestra existencia de que no veamos ni probemos de otros néctares porque son veneno, que la tendencia natural (y rebelde porque el mundo nos ha hecho así) es la de pisar el césped cuando un cartelito nos indica, precisamente lo contrario.

El juzgado de instrucción número 8 de Vilanova y la Geltrú ha entendido, sin embargo, que Salas ha incumplido el artículo 189.7 del Código Penal que castiga con penas de tres meses a un año de prisión o multa a quien “produjere, vendiere, exhibiere, o facilitare por cualquier medio material pornográfico en el que no habiendo sido utilizados directamente menores o incapaces, se emplee su voz o imagen alterada o modificada.”

Y tiene todo su derecho porque lo ampara el Derecho, aunque me pregunto si este escándalo no se está yendo de las manos. Sobre todo porque la sombra de la censura vuelve a planear en un país que pese a todo cree que disfruta de democracia y por lo tanto que todos sus hombres y mujeres viven en libertad para hacer lo que le venga en gana siempre y cuando no moleste al vecino.

Quiero creer por ello que no veremos al señor Salas entrando esposado en la cárcel, como tampoco a los miles de espectadores que ya se habrán preocupado de bajar este título en la red.

Allá ellos y sus emociones.

Ahora bien, lo que sí me inquieta (y me da mucho miedo) es que prohibiendo una película que iba destinada a espectadores minoritarios y probablemente de dudoso gusto, en el futuro se aplique la misma fórmula con expresiones artísticas que no tienen que ser necesariamente cinematográficas con el fin de que no molesten al público.

Público que tiene todo su derecho para ver los delirios de supuestos (si quieren) creadores.

Yo, que soy un espectador acostumbrado a devorar todo tipo de cine (basura y qualité, como dicen unos) renuncié hace unos años a ver El Anticristo de Lars von Trier por recomendación de un amigo. Me dijo algo así como: “no vayas a verla. Te va a dar muy mal rollo”. Y le hice caso aunque confieso que de tanto en tanto y cuando paseo por mi vídeo club favorito –ya ven, debo ser de los pocos que aún alquila películas–  tiene la tentación de castigarse las pupilas por esos accesos insensatos que me asaltan de vez en cuando.

Sí he visto otras cintas perturbadoras, algunas excelentes como Saló de Pasolini, y reconozco que es un título que de tanto en tanto vuelvo a revisar porque en esa paradójica interpretación del fascismo que nos dejó el maestro italiano, aún me sigo preguntando cómo somos tan imbéciles (yo el primero) para que quienes dictan el sistema nos siga tomando por eso mismo, imbéciles.  

Saludos, de alguien que detesta cordialmente los carnavales, desde este lado del ordenador.

¿Cultura? Ser o no ser, esa es la cuestión…

Martes, Marzo 1st, 2011

Con el paso de los años le he ido cogiendo bastante simpatía al viceconsejero de Cultura del Gobierno de Canarias. Es cierto que ha sido un personaje que he caricaturizado con peor o mejor fortuna en este blog pero en los últimos tiempos me lo he ido imaginando como una especie de yo por la sencilla razón que su área sufre el mismo dramático recorte presupuestario que el bolsillo de quien ahora les escribe.

En una rueda de prensa que Alberto Delgado ofreció este martes, 1 de marzo, para explicar la gestión de su departamento en 2010 apeló a la imaginación para que este año que ya entra en su tercer mes de existencia la cosa cultural vaya buscándose otras vías que no sean las estrictamente subvencionadas.

Esta sugerencia, dicha imagino que con resignación, ya ha sido puesta sin embargo en funcionamientos por colectivos que contra viento y marea sacan sus propuestas sin contar con la bendición de nuestro castigado financieramente Gobierno regional.

Ahí está la pléyade de cineastas que continúan rodando sus cortometrajes por amor al arte. Muchos de ellos al dar por imposible presentar sus proyectos a un Plan Canario Audiovisual más preocupado por estar físicamente en festivales que en lo que debería de estar.

Ahí está un grupo de artistas de distintas disciplinas aglutinados en los Espacios Abiertos de Libre Creación que toman las calles y plazas de los núcleos poblacionales de las islas para dar a conocer sus ingeniosos y revolucionarios planteamientos hartos de que tan sencilla iniciativa no se le ocurriera a las buenas gentes de la Viceconsejería.

Y ahí están los resistentes espacios alternativos que comienzan a brotar como setas venenosas en estos territorios disgregados. Espacios que han recogido el testigo que han ido dejando los colosales contenedores culturales.

Ya saben, me refiero a aquellos auditorios espectaculares que en los años de bonanza económica se erigieron porque se pensaba que aquí se podía… aunque al final la historia haya demostrado que quizá no teníamos que haber podido tanto…

Mientras tanto, Alberto Delgado que ya no lleva bigote advierte desde su tribuna. Casi como si pretendiera revelar que aquellos tiempos pasados de oro y miel no volverán a repetirse.

Y pese a todo, pese a su aviso a navegantes, da cifras (a estos tipos les encantan las cifras… números fríos que parecen irrebatibles) para justificar como se gestionó los 58.363.000 euros que se manejaron en 2010 para respaldar con una ayudita a 94 festivales de música, el montaje de 67 exposiciones de artes plástica, patrocinar 28 proyectos audiovisuales (la mayoría de ellos sin salir a la luz todavía) y colaborar en 222 actuaciones teatrales a cargo de compañías canarias y la promoción de más de dos mil artistas del archipiélago en el exterior.

Y seamos sinceros, leyendo que no analizando los números, parece que esos 58.363.000 euros fueron muy bien empleados. O relativamente muy bien empleados.

El ser o no ser de Alberto Delgado (y de ahí sospecho que esta valoración) será cómo demonios maniobrará en 2011 con un presupuesto que sensiblemente desciende comparado con el de 2010.

Si ayer fue 58.363.000 euros hoy son 48.852.000 euros.

Así que me imagino a Alberto tragando saliva, imaginando los serruchazos que tendrá que ejecutar este año.

Claro que si Alberto Delgado saliera a la calle y viera como otros –los que hace tiempo renunciaron a pedir con la mano abierta alguna moneda del saco de la subvenciones– probablemente se daría cuenta que igual estimuló el trabajo de los de siempre en contra de los que se liaron la manta a la cabeza y hoy hacen cultura por la puta cara.

Y a esos, precisamente a esos, es a los que hay que respaldar por su imaginación en estos tiempos de crisis.

Alberto Delgado explicó en su comparecencia ante los medios que la base del edificio en el que se ha apoyado el trabajo de la viceconsejería a lo largo de la presente legislatura fue –recoge El Día–: “La apertura del Espacio Canarias de Madrid –en febrero de 2009–, la promoción exterior de la cultura que se hace en las Islas y la puesta en marcha del Plan Canario de la Cultura”.

También añadió que más de tres mil personas actuaron en 2010 en una isla distinta a la de su procedencia con el aval del programa Canarias Crea Canarias. Y, cómo no, el programa Septenio. Programa que no nos cansaremos de reclamar en este blog exige una urgente revisión de planteamientos.

En cuanto a  la industria audiovisual, Alberto Delgado continúa aferrado al espejismo que otros le hacen ver. Dice que la Viceconsejería ha patrocinado 28 nuevos proyectos –trece largometrajes, nueve audiovisuales con destino a la televisión y seis cortometrajes– pero yo todavía espero ver el estreno de esos treces largos de los que habla. También conocer cuántos de esos proyectos se están realizando en la actualidad. En cuanto al desarrollo de ochos guiones del Laboratorio de Escritura Audiovisual de Canarias mejor corramos un para nada estúpido velo.  

Por último, alguien le preguntó al Viceconsejero qué le parecía el chiste de la designación del protagonista del Día de las Letras Canarias 2012. A lo que Delgado respondió con su característica cintura política: “En ese tema tenemos muy poco que decir porque es un asunto que lleva directamente el Parlamento, pero aún es pronto para tomar cualquier decisión”.

“Aún es pronto para tomar cualquier decisión”.

Así que concluyo: Maestro.

Maestro.

 Maestro.

Saludos, caminando por el filo de la navaja, desde este lado del ordenador.

Alberto Delgado, la llamada y el informe del CES

Domingo, Febrero 13th, 2011

Me imagino al viceconsejero de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias, Alberto Delgado, con una extraña sonrisa dibujada en los labios mientras se encuentra sentado en su despacho.

Mira por la ventana y observa como si se tratara de una señal como un rayo de sol se filtra por un conglomerado de nubes rabiosamente grises, de las que amenazan tormenta, y que inunda de luz su despacho.

Ahora me imagino a Delgado bebiendo un vaso de agua mientras mira los papeles que tiene delante. Es probable que suelte un eructo de satisfacción, recuerdo del bocadillo de pata y el cortadito que se tomó antes de subir al despacho…

Me imagino que vuelve a mirar los papeles, que los acaricia. De reojo observa el teléfono esperando una llamada. La llamada.

Imagino que Alberto Delgado no es de los que toman la iniciativa de llamar primero. Hay que entenderlo, demasiadas frustraciones, demasiados cabreos que ha tenido que comerse por la gestión de otros…

El caso es que me lo imagino acariciando esos papeles mientras el rayo de sol que sale de las nubes grises comienza poco a poco a desaparecer.

Delgado mira la ventana y descubre que ahora llueve. Una lluvia tonta pero de esas que calan hasta los huesos. Queda bien apuntar que de fondo, igual producido en el mar, llega retardado el bramido de un trueno.

Imagino que llaman a la puerta de su despacho y que el buen hombre pide a gritos que lo dejen en paz. Vibra el móvil, lo coge. No le interesa quien lo llama así que deja que el aparato continúe bailando sobre la mesa.

Sus ojos, digo, están atentos al teléfono fijo. De ese aparato se enciende de tanto en tanto una luz encarnada que le avisa de todas aquellas llamadas que pidió que le desviaran si no era la que esperaba.

Y esa llamada no llega. Pero tampoco le desespera.

Hay tiempo. Aún hay tiempo.

Lo curioso del caso es que esa extraña tranquilidad en la que se encuentra el viceconsejero no tiene razón de ser.

Pero él es así.

Lo curioso del caso también es que si fuera otro aprovecharía lo que revelan esos papeles que hoy le han alegrado este día tonto y tormentoso para reivindicar la importancia del departamento que dirige como vehículo para estimular la economía en banca rota de nuestro iluminado Gobierno de Canarias pero no, no. Alberto Delgado se limita a esperar una llamada que viendo la hora que es, es probable que nunca se produzca.

¿Comienza a inquietarse Alberto Delgado?

Pensemos que sí.

El viceconsejero comienza a trazar un esquema en una hoja cuadriculada de un cuaderno Guerrero.

Alguien toca a la puerta.

- Estoy trabajando.- grita.

Dejan de llamar a la puerta.

Alberto Delgado lee el pequeño resumen que ha escrito y se da por satisfecho. Silba el Born to Be Wild de Steppenwolf cuando subraya párrafos y párrafos de ese resumen.

Vuelven a llamar a la puerta.

- Ahora no….- exclama Delgado, que se lleva el rotulador Pilot a los dientes.

Mira la lluvia que cae sobre la desolada capital de provincias en la que se encuentra.

- Ahora no… .- musita para sí mismo.- Ahora no…

¿Eso que se escucha es otro trueno?

Si es así el trueno ya no se hace oír en alta mar sino sobre la capital de provincias en la que se encuentra.

Alberto Delgado parpadea porque cree que ha visto el resplandor de un rayo. Un flash mágico que ha llenado de luz su despacho repentinamente.

Claro que como tal se fue.

¿O habrán sido imaginaciones suyas?

No… no… Ese nuevo resplandor no son cosas suyas…

El teléfono fijo continúa mudo.

Lee sus anotaciones.

“Las estadísticas del último informe del Consejo Económico y Social (CES) revela que la actividad cultural en las islas genera puestos de trabajo cuatro veces más que el otro sector que crece en estos tiempos de crisis en Canarias, la agricultura.”

“El sector de la cultura ocupa en torno a unas 38.000 a 42.000 personas en las islas. Y crece. Crece”.

Ha subrayado siete veces lo de Crece.

El viceconsejero de Cultura suelta el Pilot.

Y espera la llamada.

Vuelven a llamar a la puerta.

Observa el teléfono fijo mientras el móvil comienza a vibrar una vez más sobre la mesa.

Mira el número… “caramba, se trata de un periodista. Que le dén”.

Teléfono fijo mudo.

Móvil vibrando.

Alguien llama a la puerta de su despacho.

Móvil vibrando.

Alguien llama a la puerta de su despacho.

Teléfono fijo mudo.

Alberto Delgado se pasa el dedo por encima del labio superior, casi como si notara en falta su bigotón.

Teléfono fijo mudo.

Móvil vibrando.

Alguien llama a la puerta de su despacho.

Móvil vibrando.

Alguien llama a la puerta de su despacho.

Teléfono fijo mudo.

En la calle continúa lloviendo.

Ahora suenan truenos. Y los relámpagos llenan de flash luminosos la triste y olvidadiza ciudad de provincias en la que se encuentra.

Saludos, ¿aún sigue esperando la llamada?, desde este lado del ordenador.

El virus del pleito

Miércoles, Febrero 9th, 2011

Vivimos en un territorio que camina peligrosamente por la cuerda floja del pleito. Cuerda inestable, casi comprada en una tienda de todo a un euro y a la que suele recurrir nuestra miserable familia política con el único fin de despistarnos de los problemas que de verdad nos preocupan.

Los medios de comunicación de estas mal repartidas islas atlánticas contribuyen a avivarlo con el fin de grabarlo al rojo en titulares cuyo texto dice de todo menos lo que anuncia el titular. Pero se ha convertido, digo, en costumbre para que los miembros de unas y otras islas nos recriminamos historias para generar controversias y tranquilizar nuestras molestas conciencias con la creación recurrente de nuevas polémicas que quieren hacernos creer que solo hay un culpable: los que habitan justo en la isla de enfrente. Entelequia tildada en alguna ocasión de sanedrín que no ha encontrado aún a su Simonini para que redacte algo así como Los protocolos del enemigo, ese que tiene usted delante de sus narices.

Durante un tiempo pensé que este mal que nos caracteriza nacía en la isla en la que nací y habito, Tenerife, pero me he dado cuenta que la enfermedad también alimenta las entrañas de Gran Canaria, lo que ha originado un circo de ida y vuelta que gira en torno a ideas tan aldeanas como nosotros somos los más guapos y pese a todo ustedes tienen más que nosotros los guapos.

En esta extraña y si quieren shakesperiana relación que mantenemos los habitantes de una y otra ínsula (dejando de lado a las otras cinco que conforman nuestro maltratado archipiélago) me pregunto aún a que intereses obedece que en esta región desestructurada por razones obvias apenas haya habido gente preocupada por crear cierta conciencia de unidad, espíritu de que o jugamos todos o se rompe la baraja.

Lo insólito del caso es que, culturalmente hablando, un ciudadano meridianamente informado de, pongamos por caso Gran Canaria, no sepa un pimiento de lo que se está generando en Tenerife y viceversa. El señor o la señora meridianamente informado de estas islas (amplio el arco y contemplo también a las otras cinco) no es que no se la traiga floja lo que se crea culturalmente (insisto) en cada una de las siete geografías en la que amamos y sufrimos, es que no cuenta con instrumentos que le haga conocer los fenómenos artísticos que se generan en cada uno de estos trozos de piedra.

Si bien es cierto que el canario padece el síndrome isla, o esa sensación de que nos cuesta un riñón hacer la maleta para ver otros paisajes, no deja de sorprenderme todavía que nos pase lo mismo cuando se trata de coger un barquito o un avioncito para atracar o aterrizar en lo que considero mi mismo territorio pese a que nos separe lenguas de ancho mar.

Lo que no es de recibo es que apenas conozcamos algo de lo que se trabaja en esta tierra si no salimos de los estrechos límites de la nuestra, y que así se pierda la oportunidad de enriquecernos o empobrecernos un poco más culturalmente hablando.

El lunes pasado, conversando con un joven y prometedor escritor y poeta tinerfeño, me confesó en estado de alucinación que él se sentía como un extraño cuando por razones de trabajo (que no tienen que ver con las literarias) viajaba a Gran Canaria, La Palma, El Hierro, La Gomera, Lanzarote o Fuerteventura. “No me reconozco”, me comentaba ya digo sin salir de su estado lisérgico. El remate fue cuando resaltó que, por ejemplo, cuando visita Madrid esta sensación desaparece. “Es como si la ciudad me aceptara”.

Esta reflexión no es baladí. Creo de hecho que es un examen de conciencia por el que hemos pasado muchos de los que perdemos el tiempo leyendo literatura de aquí y viendo cortos de aquí por poner dos ejemplos, con la esperanza siempre de sentirnos identificados con las historias (o delirios mentales) que nos cuentan.

Otro fenómeno curioso que se genera en las islas es la caprichosa necesidad que tienen muchos creadores por evitar que se reconozca este territorio en sus obras.

Entre la gente que está haciendo cine con lo puesto y que apuesta por proyectos pequeños pero no exentos de personalidad, observo que Canarias, las islas, se convierten en paisajes sin identificar donde transcurren su historia o delirio mental. No sé si esta obsesión obedece al profundo rechazo que siente la mayoría de ellos por su entorno, a quitarse de encima el sucio polvo canario porque lo asocian a provinciano. O a un espacio de segunda o tercera categoría.

Hay que darles, en todo caso, gran parte de razón pero también a instarlos a que se atrevan a desafiar ese miedo a su realidad. Lo escribe una persona que no es muy aficionada a ver su propio reflejo en el espejo, pero reconozco que es un ejercicio al que me estoy obligando en los últimos tiempos con la idea de contemplar al monstruo que hay en mí.

No sé a través de qué canales podríamos retroalimentarnos culturalmente. Es decir, qué caminos deberían de construirse  para conocer y apreciar –cuando lo mereciera– lo que se está guisando en las cocinas artísticas de las islas. Pero sí que es un planteamiento que ese gran mecenas (hoy con menos presupuesto y entusiasmo) que es la Viceconsejería de Cultura del Gobierno regional debería de plantear en estrecha colaboración con cabildos y ayuntamientos.

Y para ello sí que es necesario atacar en nuestra memoria el virus del pleito. Y las recetas para hacerlo no es la de reavivarlo sino la de buscar una solución (o soluciones) que lo haga desaparecer para siempre de nuestro castigado cerebro.

Saludos, al grito de ¡salvemos el puchero!, desde este lado del ordenador.

Sospechosos habituales

Domingo, Febrero 6th, 2011

* Entre los blogs que solía consultar en la edición digital de El País se encontraba el del cineasta Nacho Vigalondo, que se despidió el pasado jueves 3 de febrero del universo de la bitácora digital tras la publicación –y la honda expansiva generada entre sus numerosos lectores– de un desafortunado tweet en el que decía “El Holocausto fue un montaje”.

No hace falta conocer a Vigalondo para saber que su tweet fue escrito (probablemente con varias copas de más) con ganas de provocar, y así lo ha reconocido el cineasta abrumado ante la que le está cayendo encima. La primera consecuencia de su broma ha sido darle de baja en la lista de blogueros de El País y suspender la campaña publicitaria que el periódico tenía contratado con el cineasta.

La acción tomada por El País resulta, a mi juicio, demasiado expeditiva porque condena al ostracismo a uno de sus colaboradores más ingeniosos y frescos por pasarse de gracioso no en su blog sino al twitear sobre un asunto del que  no tenía que haberse hecho el gracioso.

Pero de ahí a considerar a Vigalondo sospechoso de negacionismo y antijudío va un trecho. O más que un trecho un abismo.  

En esta polémica –que ha crecido como un cáncer en el mundo de la red y que algunos medios de comunicación han utilizado para devorar al cinesta y al medio en el que tenía hasta hoy alojado su para mí imprescindible blog– solo hay una víctima. Y esa víctima es Nacho Vigalondo.

Conclusión: que a mí todo esto me parece cosa de Cronocrímenes.

Hay un manifiesto de apoyo al director circulando en la red. ¿Piensas firmar?  

* Umberto Eco vivió algo parecido a raíz de la publicación de su novela El cementerio de Praga. Bastó sin embargo que muchos de los que no pusimos el grito en el cielo leyéramos la obra para darnos cuenta que con este texto el escritor italiano no pretendía escribir un panfleto antijudío sino historiar (y no en clave de ficción) los textos fraudulentos que a lo largo del siglo XIX se publicaron en Europa acusando a judíos y a masones de ser los responsables de una gran maquinación mundial.

Entre otras obras de tal indecencia, Eco relata con fascinante pulso narrativo cómo salieron a la luz para confundir un poco más nuestras ideas textos como Los protocolos de los sabios de Sión o los libelos antimasónicos que supuestamente reveló en sus escritos Leo Taxil sobre los Hijos de la Viuda.

Si están interesados en este asunto les recomiendo la lectura de La conspiración, historieta de Will Eisner en la que desmonta con viñetas la presunta autenticidad de los famosos Protocolos. La edición en castellano cuenta con prólogo de Umberto Eco.

* Y relacionándolo con este tema de conspiraciones varias leo con sorpresa una novela de ciencia ficción escrita por Norman Spinrad titulada El sueño de hierro. El texto es una ucronía y parte del supuesto de que un mediocre pintor que responde al nombre de Adolf Hitler tuvo que abandonar Europa en 1919 para refugiarse en los Estados Unidos, donde hace carrera además de cómo ilustrador como narrador de relatos en revistas baratas. Su novela más conocida, nos cuenta Spinrad, fue El sueño de hierro, supuesta ficción hitleariana en la que narra la subida al poder de un hombre de elevada estatura, caballos dorados y ojos azules decidido a limpiar su mundo de razas a las que considera inferiores.

Al principio sueltas unas risas pero a medida que avanzas en su lectura ésta termina por congelarse en tu boca porque sabes que Spinrad no va tan descaminado en ese retrato que propone del delirante héroe de la esvástica creado por ese tal Hitler.

Saludos, perplejo, desde este lado del ordenador.

Cuatro recomendaciones ‘blogueras’

Miércoles, Febrero 2nd, 2011

* Pese a que en un principio veía esto de la bitácora digital como algo marciano al final ha terminado por unirse a la variopinta fauna bloguera porque las tecnologías, ya ven, pueden. Coriolano González Montañez, escritor y poeta, y también excelente saxofonista en sus ratos libres, se estrena en este extraño universo con su El viajero insomne, diario y reflexiones a medio camino entre la literatura y la nostalgia de esto que llamamos vida.

* El dibujante de comics Eduardo lleva ya tiempo con su blog Tirón de ojeras, casa en la que suelo entrar sin que nadie me invite porque ya la considero mi casa. No escribo para anunciar que Eduardo continúa con su experiencia bitacorera sino para llamarles la atención acerca de uno de sus post recientes. Se titula El jefe y es un cálido por emocional homenaje a uno de los mejores artistas gráficos que hayamos tenido en estas siete islas abandonadas a la suerte de los dioses, me refiero, claro está, a Ike Janacek, pseudónimo tras el que se esconde… háganse un favor y averigüen a quien me refiero.

* Compañero de faenas periodísticas desde la noche de los tiempos, Ramón Alemán Gutiérrez continúa actualizando con constancia esparta su interesante blog Lavadora de textos, herramienta eficacísima para todos aquellos a los que todavía escribir nos parece un grandioso misterio con reglas.

* El poeta Antonio Jiménez Paz también se apunta al ruidoso universo bloguero con Algo muy raro está ocurriendo, un blog, dice su autor, que no es un blog “sino un libro escrito en vivo y en directo, en proceso continuo sin propósitos determinados ni objetivos por cumplir, en construcción…”

Saludos, blogueando por ahí y por allá, desde este lado del ordenador.