Archive for the ‘Reflexiones’ Category

En el casting de ‘Furia de titanes dó’

Jueves, Abril 7th, 2011

La directora de casting deja de mirar la documentación que está leyendo y mira fijamente al aspirante a extra que tiene delante. El flash del fotógrafo ilumina el aula de preescolar en el que se celebra la prueba.

DIRECTORA DE CASTING (mujer rolliza y de ojos cansados): ¿Nombre?

HOMBRE: Paulino Rivero.

DIRECTORA DE CASTING (molesta): En la convocatoria pedíamos extras con barba y usted no tiene barba.

PAULINO RIVERO (tragando saliva): ¿No vale una postiza?

DIRECTORA DE CASTING (despertándose del letargo): Pues… Imagino que sí.

Paulino Rivero se saca del bolsillo de la chaqueta una barba de color negro. Del otro sale una de color blanco.

PAULINO RIVERO (mostrando las dos barbas): Sabe usted, he traído de los dos colores según la importancia del personaje.

La directora de casting asiente sin salir de su estupor.

PAULINO RIVERO: Primero me pondré la negra.

Se da la vuelta.

PAULINO RIVERO (con la barba negra): ¡Tachán! Ahora soy un hombre del pueblo…

Se quita la chaqueta y pone cara de pobre.

DIRECTORA DE CASTING (asombrada): ¡Dan ganas de ponerse a llorar!

PAULINO RIVERO (entusiasmado): No deje de mirar que aún hay más.

Vuelve a ponerse de espaldas.

PAULINO RIVERO: ¡Tachán! Ahora soy un filósofo…

Se mece la barba blanca con la mano derecha mientras hace que piensa.

DIRECTORA DE CASTING: Resulta más creíble con la negra.

PAULINO RIVERO: Espere, espere usted.

Paulino Rivero con la barba blanca hace gestos con las manos, como si tirara rayos.

PAULINO RIVERO (gesticulando): Boom, crash, kapow,ratatatata…

DIRECTORA DE CASTING: Convence más con la negra.

PAULINO RIVERO: ¿Pero esta película no se va a llamar Furia de Titanes?

DIRECTORA DE CASTING: Furia de titanes dó.

PAULINO RIVERO: ¿Dó?

DIRECTORA DE CASTING: Furia de titanes dó.

PAULINO RIVERO: ¿Cómo que dó?

DIRECTORA DE CASTING (mostrando con la mano derecha dos dedos): Dó.

PAULINO RIVERO: Dos… ah… dos… ¿de dónde es usted?

DIRECTORA DE CASTING: De ninguna parte.

Paulino asiente. Se quita la barba blanca.

PAULINO RIVERO: ¿Entonces?

DIRECTORA DE CASTING (insistiendo): Me gusta más con la barba negra.

PAULINO RIVERO: Piénseselo bien, señorita.

DIRECTORA DE CASTING: Esto es lo que hay. Lo toma o lo deja.

PAULINO RIVERO: ¿No me ve haciendo de Seus?

DIRECTORA DE CASTING: La película ya cuenta con un actor que hace de Seus.

PAULINO RIVERO: ¿Y de amigo de Seus?

DIRECTORA DE CASTING: Seus no tiene amigos.

PAULINO RIVERO: Ahí la quería ver yo… ¿no lo ve? Soy perfecto como Seus.

DIRECTORA DE CASTING: ¿No tiene usted amigos?

PAULINO RIVERO: Digamos que soy como Seus.

DIRECTORA DE CASTING: Vaya, lo mismo me ha dicho (consulta en los papeles) un tal Ricardo Melchior.

PAULINO RIVERO (colorado): ¿Ricardo?

DIRECTORA DE CASTING (volviendo a mirar en los papeles): Pero a ese ya le hemos dado un papel en la corte de Hades.

PAULINO RIVERO: Pero Ricardo no es yo. Y ni siquiera tiene barba.

DIRECTORA DE CASTING: Pero sí bigote.

PAULINO RIVERO: ¡Blanco!

DIRECTORA DE CASTING (leyendo los papeles): Pero aquí dice que no le importa teñírselo de negro.

PAULINO RIVERO: ¿Y la barba?

DIRECTORA DE CASTING: Si nos da la que tiene pues que sea postiza.

PAULINO RIVERO (muy enfadado): ¡Esto les costará caro!

DIRECTORA DE CASTING: ¿El qué?

PAULINO RIVERO (exasperado): La barba, joder, la barba. Qué coño va a ser…

DIRECTORA DE CASTING (entregándole un billete de cinco euros): ¿Trato hecho?

PAULINO RIVERO (astuto): ¡Por el bien de Canarias cualquier sacrificio vale la pena!

DIRECTORA DE CASTING: ¡Siguiente!

(*) La imagen corresponde a la primera y original Furia de titanes. Harry Hamlin muestra la cabeza decapitada de esa colecccionista que es Medusa.

Saludos, cut, cut, cut, desde este lado del ordenador.

Be a Clown

Sábado, Abril 2nd, 2011

I.- ANTES DE LA FUNCIÓN

Paulino Rivero, presidente del Gobierno de Canarias, se mira en el espejo. Al fondo, sentado en un cómodo sofá blanco, uno de los asesores le dice que está impecable.

ASESOR: Se parece al James Bond.

Rivero (Elevando la ceja izquierda y mientras se ajusta el nudo Windsor de la corbata color Burdeos): Mi nombre es Rivero, Paulino Rivero.

La sonrisa se le congela en la boca cuando suena en la habitación la danza de los enanos de la Bajada de la Virgen.

Se trata del móvil del asesor, quien responde a la llamada.

Rivero, sin dejarse de mirar en el espejo, hace que no escucha.

ASESOR: ¿Qué ya están abajo? Mmmm, bien, muy bien… Denles algo de comer que esa gente es de estómago fácil y anuncie que en unos minutos estaremos con ellos.

Rivero hace un gesto con las manos. Se mete en el cuarto de baño. Al cabo del rato sale dejando tras de sí un aroma a perfume caro. El asesor intenta detectar la marca con su nariz pero es tanto el que se ha puesto encima que le lloran los ojos y anestesia su sentido del olfato.

PAULINO RIVERO: ¿Bajamos?

ASESOR (recuperándose de la nube tóxica): Bajemos.

 II.- A PUNTO DE SALIR A LA PISTA

 Al salir del ascensor se encuentra con el viceconsejero de Cultura, Alberto Delgado.

PAULINO RIVERO: ¿Cómo está usted?

Alberto Delgado se sonroja y dice que bien. Observa la mano extendida de Rivero y la estrecha efusivamente.

Rivero y el asesor cruzan el pasillo mientras dejan detrás a Delgado, que se lleva uno de los dedos a la nariz. 

“¿Se habrá dado cuenta el presidente?”

Camina confuso detrás de ellos.

 III.- EL MAYOR ESPECTÁCULO DEL MUNDO

Paulino Rivero abre los brazos y muestra su mejor sonrisa a los artistas canarios que han participado en el programa Canarias Crea.

Da palmadas en la espalda, comenta con alguno el estado inestable del tiempo y hasta se permite soltar una carcajada que suena, o a sí al menos lo entiende el asesor, como a sincera.

PAULINO RIVERO (mientras hace gestos para que el asesor le entregue los papeles): Esto no es un acto electoral. Esto es un acto de reconocimiento a la labor que todos ustedes, empresarios de la construcción, están…

ASESOR: Ejem…

Rivero no abre la boca.

ASESOR (susurrándole a la oreja):  Son artistas, presidente…

Paulino Rivero tuerce la sonrisa aunque una bombilla parece encenderse en su cabeza.

Paulino Rivero se dobla de rodilla.

PAULINO RIVERO (limpiándose las lágrimas de los ojos): Yo me parto… Esto que he hecho es… ¿cómo se llama esto que he hecho?

Los artistas permanecen en silencio. Uno que tiene pinta de haber sido liberado de un campo de concentración levanta la mano.

PAULINO RIVERO (sonándose los mocos en un pañuelo de seda también de color Burdeos): Sí, sí, hable usted…

ARTISTA CON PINTA DE CADÁVER ANDANTE: Usted ha hecho una perfomance, presidente.

PAULINO RIVERO (que hace que se lo toma en serio): ¿Una perfoqué?

ARTISTA CON PINTA DE CADÁVER ANDANTE: Perfomance.

El asesor le murmura algo en la oreja al presidente del Gobierno canario.

PAULINO RIVERO (llevándose las manos al estómago): Pues que sea eso… ay que dolor, ay que risa más tonta…

Caminando se pone de frente a los artistas premiados. Los mira un rato, observando la variedad de disfraces que los distingue y vuelve a estudiar sus papeles.

PAULINO RIVERO (leyendo): Estamos reunidos hoy aquí porque quiero que sepan que desde el Gobierno de Canarias sabemos que la cultura es una actividad económica en la que podemos crecer mucho como región.

Rivero se calla e inclina la cabeza.

¿Está tosiendo?

CREADORA BIENINTENCIONADA: Jesús, señor presidente.

Paulino Rivero se mueve de un lado al otro, el asesor tiene que ayudarlo a ponerse firme.

PAULINO RIVERO (consultando con el dedo índice el texto): ¿Por dónde iba? Ah, sí… La aportación actual del sector cultural en el PIB de Canarias es importante, pero hay que seguir ampliando la presencia en la actividad económica de Canarias porque son oportunidades de trabajo. 

ALBERTO DELGADO (con ojos de cernícalo mirando a los presentes): ¿Se me han enterado?

La artistada asiente.

PAULINO RIVERO: Canarias Crea es un programa de la Viceconsejería de Cultura dirigido a fomentar y difundir la producción y creación cultural de Canarias fuera del archipiélago y favorecer la igualdad de condiciones de los artistas canarios con los del resto del país. Y todo eso, todo eso, desde el respeto a nuestro medio y a la proyección de nuestra cultura en todas las vertientes.

CREADORA BIENTENCIONADA: ¡Jesús, presidente!

ALBERTO DELGADO (molesto y mirando a la CREADORA BIENINTENCIONADA): ¿Se me ha enterado?

PAULINO RIVERO (conciliador): No pasa nada. No pasa nada… Lo que importa es que están aquí, en vuestra casa que es la sede de la Presidencia del Gobierno canario porque todos ustedes han participado en el programa Canarias Crea y han obtenido premios en festivales nacionales e internacionales en 2010 por su talento, creatividad y capacidad. 

ALBERTO DELGADO: ¿Se me han enterado?

CREADORA BIENINTENCIONADA: Jesús, presidente.

PAULINO RIVERO (mientras observa como uno de los invitados no deja de comer bollos rellenos de jamón de York y queso amarillo): Gracias.

Se hace un nuevo silencio. Pero en esta ocasión muy espeso.

ALBERTO DELGADO (con voz de tenor): Y los afortunados son…

Los artistas se ponen firmes. Incluso el que no deja de devorar bollitos.

ALBERTO DELGADO: En el sector audiovisual: María Sanz, por el corto Serendipia; David Baute, por la película Ella(s); y Eugenia Arteaga, por su corto Algo que aprender.

Paulino Rivero mueve la cabeza mientras intenta aflojarse el nudo de la corbata color Burdeos.

ALBERTO DELGADO: En artes escénicas, la compañía Helenaturboteatro y Burka Teatro.

Los llamados van circulando para darle la mano del presidente.

ALBERTO DELGADO: En música Sr Fusion, Bruttalized Kids, Tina Riobo, Priscila Estévez, Juan José López, Itziar Fernández, Goyo Tavío y el rapero Guille El invencible.

PAULINO RIVERO (interesado): ¿Es usted Guille?

GUILLE: El invencible.

ALBERTO DELGADO: ¿No se le olvida algo, Guille?

GUILLE (encogiéndose de hombros): ¿Las cholas?

El artista que no ha dejado de comer bollos aparta a Guille y se detiene ante  Rivero.

PAULINO RIVERO: ¿Y éste?

EL ARTISTA QUE COME: El de siempre, presidente. ¿Qué hay de mis cholas?

ALBERTO DELGADO: ¡Canarias Creaaarl!

 Saludo, presidente, desde este lado del ordenador.

¿Por qué haces el idiota, ‘Bambi’?

Miércoles, Marzo 30th, 2011

INTRO.

Un camarada de los que se parten del pecho me hizo entrega de este informe psiquiátrico. Yo tampoco le doy credibilidad al puñado de papeles del que me hizo entrega.

EL SUJETO.

El paciente creció viendo películas de dibujos animados donde los protagonistas se partían la cara y les salían los ojos de las órbitas y escupían olas de espuma cuando contemplaban a una cosita linda.

Esto nos hace pensar que el enfermo, fogueado en las artes del acoso y derribo y del derribo y acoso que les enseñaron aquellas fantasías animadas de ayer y hoy, sea inmune al tratamiento Walt Disney.

Hemos averiguado, sin embargo, que el sujeto se pone muy nervioso cuando le hablan de Bambi.

Al parecer vio la película con ocho años de edad y algo se quebró dentro de él.

No deja de repetir: ¡Déjame en paz, Bambi!

Así que recomendamos que se le aplique sobredosis de Bambi.

EL PACIENTE. CASI 70 AÑOS DESPUÉS

PACIENTE (escupiendo babas): ¿No lo entiende, doctor? ¡Solo imaginar que podré ver Bambi otra vez…!

DOCTOR: ¿Qué?

PACIENTE (llevándose las manos al cuello): ¡Póngame la camisa de fuerza y que me sometan a nuevas sesiones de electroshock!

DOCTOR. ¿Y una lobotomía?

PACIENTE (haciendo cuenta con los dedos): ¿Otra más, doctor?

DOCTOR (tosiendo): Me hablaba de Bambi. Continúe usted con lo de Bambi…

PACIENTE: Lo vi en un cine, doctor, del que guardo gratísimos recuerdos. Se llamaba  el Cinema Victoria y se encontraba justo debajo del Teatro Baudet, en la por aquel entonces avenida del general Molo hoy bautizada de las Islas Canallas.

DOCTOR (sacando la libreta de notas de uno de los bolsillos de su bata blanca): Siga, siga usted…

PACIENTE: En ese cine proyectaban de todo. Y durante un tiempo incluso se atrevieron a programar semana sí, semana no, extraños ciclos entre los que recuerdo uno dedicado al terror español.

DOCTOR (frunciendo el ceño): ¿Y vio usted esas películas?

PACIENTE: ¿Las de terror español? No. Era menor de edad, así que me limitaba a imaginarlas viendo sus carteles…

DOCTOR (decepcionado): Ya, ya…

PACIENTE: Pero como todo en esta vida el Cinema Victoria cerró. Ahora es un garaje. Es como si convirtieran una catedral en cancha de baloncesto. ¿Lo entiende, doctor?

DOCTOR: Haga el favor de continuar…

PACIENTE: Yo…. A veces cuando paso delante de lo que fue el Cinema Victoria quiero entrar en lo fueron sus tripas.

DOCTOR (levantando la ceja izquierda): ¿Sus tripas?

PACIENTE (algo molesto): Me refiero a estar dentro del garaje, doctor. No sé, igual tengo la esperanza de regresar a un pedazo despiezado y despiadado de mi infancia.

DOCTOR (pensativo): Mmmm, muy interesante pero volvamos con Bambi.

PACIENTE (tajante): No he vuelto a verla.

DOCTOR (se rasca la oreja derecha con el bolígrafo): ¿Por qué?

PACIENTE: Me da miedo.

DOCTOR (insistiendo): ¿Por qué?

PACIENTE: ¿Por qué? Porque me da muy mal rollo que maten a su santa madre.

DOCTOR (sorprendido): ¿A mi madre?

PACIENTE: A la de Bambi.

DOCTOR (subraya en rojo tres veces Bambi en su libreta): Ahhhh.

PACIENTE (nervioso): Luego conoce a sus amigos.

DOCTOR: ¿Qué amigos?

PACIENTE: En Bambi. Los amigos de Bambi, doctor. Primero el odioso Tambor.

DOCTOR: ¿Tambor?

PACIENTE (muy nervioso): Tambor. Odio a Tambor….

DOCTOR (falsamente preocupado): Relájese.

PACIENTE (más y más nervioso): Odio a Tambor.

DOCTOR (tranquilizador): Tómese una tila.

PACIENTE (echando espuma): Odio a Bambi. Odio a Tambor. Odio a…

DOCTOR (alarmado): Enfermera, haga argo.

ENFERMERA (canturrea mientras coge maternalmente la cabeza del enfermo): En un mundo mágico y de coloreeees…

Saludos, shhhhh, desde este lado del ordenador.

Cuando ‘Cleopatra’ comió carne fiesta en El Escobonal

Viernes, Marzo 25th, 2011

Si bien Andrés Chaves  ha sido el primero que se ha hecho eco de la estancia de la recientemente desaparecida Elizabeth Taylor en su columna de opinión en El Día, unos amigos me han enviado vía e-mail un artículo que me anima reinterpretar su paso por Tenerife porque se trata de un emocionado (y al parecer también fantasioso relato) sobre la breve estancia de la diosa en esta isla.

Su lectura, con independencia de que sea verdadero o falso, me ha hecho sonreír. Y con sonrisas es como se forjan las leyendas que no dejan de ser chistes que después todo el mundo se toma en serio.

Imaginad a la delicada Liz Taylor transitando en las por aquel entonces inhóspitas carreteras que conducían al sur de Tenerife con el fin de visitar unos terrenos que había comprado junto a su marido Richard Burton por la nada desdañable cantidad de 120.000.000 pesetas de la época. (Hagan la traducción en euros que yo no tengo cabeza). 

El cuento (¿verdadero? ¿falso?, que más dá… Es una leyenda) asegura que pasados cuatro meses la pareja de actores se desprendió de su parte –excepto al parecer de la alta meseta que Liz quiso conservar para construirse un hipotético castillo solo accesible por helicóptero– vendiéndolo al Banco de Santander.

Lo que me hace pensar en las razones de ¿por qué vendieron tan pronto lo que apenas meses antes habían adquirido? 

La leyenda continúa.

Se traslada a la actriz que se nos fue a Venus para que vea los terrenos que  adquirió.

En éstas, la Taylor siente enormes ganas de ir al baño y el automóvil se detiene en el Escobonal junto a un bar que se encuentra, casualidades de la vida, frente al pequeño cine de la localidad. 

Imagino así a la diosa con ojos violetas bajar apresuradamente del coche para desahogarse en el cuarto de baño del guachinche sureño.  

Y exclamar cuando entra en el aseo: What it is!!! mientras varias moscas vuelan burlonas a su alrededor.

No se oye tirar de la cadena cuando sale la señora Taylor del cuarto de baño. Su rostro, sin embargo, es de un extraño tono blanquecino, casi como si hubiera visto su peor pesadilla. O a Richard Burton cantar jarto de vino y con acento canario: una vieja seca, seca… 

Tras guardar en su bolso el pañuelo perfumado, se sienta en la mesa donde la espera su asesor financiero y quien dice contar la historia que quiero pensar es una deliciosa leyenda.

Aparece entonces la dueña del local, una señorona de las nuestras. Una mujer de mejillas sonrosadas y carnes generosas.

- Isabel, Isabel, ¡¡¡te voy a preparar una carne de cochino que no veas!!!

Liz tiembla. Sus ojos violetas se convierten en fuego.

- ¿Cochigno?- pregunta no obstante.

- Pig.- le dice el que nos cuenta la historia.

- ¡Carne fiesta!.- exclama la maga mientras reparte vino.

Y el bar comienza a llenarse de vecinos para ver a la Cleopatra.

- Yo no tener mucha jambre.- susurra la diosa.

Suena el inevitable timple.

- Yo querer ver tierras comprado…- susurra la diosa cogiendo de la manga a su alucinado asesor financiero.

- Es la Cleopatra.- grita el vecindario.

- Cleopatra... Está maciza la Cleoptara...- añade uno igual de bajito que la diosa. Podría ser el Marco Antonio del pueblo si nos ponemos shaskeperianos. 

Liz Taylor está ahora ante el plato de carne fiesta.

Las voces se apagan.

Todos observan expectantes como la actriz se lleva un pedazo a la boca.

Cleopatra lo mastica delicadamente. Tarda varios segundos en tragarlo.

- Good!.- exclama con una sonrisita con la que espera quedar bien.

- Cleooopatra, Cleoooptra, Cleooopatra.- cantan los allí reunidos.

Liz Taylor se acerca a su asesor financiero.

- Vende.- le ordena.

- ¿Vender? ¿Ya?.

- Vende, oh my God!!!

- Cleo… patra. Cleo… patra.- cantan entusiasmados los vecinos.

Liz Taylor sonríe mientras murmura mirando con sus ojos violeta a su asesor financiero.

- Tiene gracia… ¿pero no estaré ya en Venus?

Saludos, comiendo carne fiesta con Liz Taylor en –efectivamente– el planeta Venus, desde este lado del ordenador.

“Reorientar” el programa Septenio

Miércoles, Marzo 16th, 2011

Extrañas cuanto menos las declaraciones que el viceconsejero de Cultura del Gobierno canario, Alberto Delgado, ha hecho públicas hoy y que recoge un despacho de la agencia Efe: “quizás no hemos sabido vender bien la idea del plan Septenio.”

Y añade que quizá se deba a que no han sabido explicar a la opinión pública que la actividad cultural puede generar economía. También que por primera vez en Canarias se está “exportando cultura”.

Curiosa reflexión la de Alberto Delgado. Aunque desarmantes cuando afirma que quizá esto haya sido así porque se prefirió invertir en proyectos culturales y no en publicitarios.

De todas formas quiero interpretar esta –reitero– extraña reflexión del viceconsejero como la de un tipo al que le deben de haber dado alguna colleja o bien como el llamamiento de un hombre que vislumbra un futuro muy negro para la cultura en Canarias.

Ya saben, su departamento ha sido el primer afectado por el cáncer de la puñetera crisis.

Esto no quita, sin embargo, que Delgado explote su vena irónica cuando la prensa canallesca le pide su parecer sobre la lluvia de críticas que ha recibido el programa desde sus inicios: “Parece que tengo 1.936 amigos y participo en 546 empresas”, responde aludiendo a las 1.936 personas y 546 empresas que han intervenido hasta el día de hoy en Septenio.

Delgado hizo estas manifestaciones a propósito de la inauguración el jueves 17 de marzo en el Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife y el viernes 18 en el Gabinete Literario de Las Palmas de Gran Canaria de una exposición en la que se mostrará “la diversidad” que a su juicio ha caracterizado el programa Septenio.

Fotografía, danza, teatro, edición literaria y arquitectura, entre otras disciplinas artísticas.

Con esta exposición, resalta, se quiere dar una “reorientación” al Septenio.

Lo que no explica la nota de Efe es cómo.

Así que quiero imaginar que cuando Alberto Delgado habla de reorientar se refiere a publicitar entre la población de las islas lo que el programa pretendió desde sus inicios pero no supo transmitir: vender la cultura que se hace aquí. Meter en nuestras cabezas lo que significa que espectadores de otros puntos del planeta hayan apreciado un conjunto de propuestas con el objetivo de vender que el archipiélago además de “plátanos y sol” vende otras cosas. 

Y como idea –que exige una urgente reorientación– me sigue pareciendo excelente.

Así que reoriente, señor Delgado, que no lo quiero ver como uno de esos vaqueros que galopan en la pradera hasta que en pantalla aparece el inevitable The End.

Saludos, cantando “I’m a poor lonesome cowboy, and a long way from home”, desde este lado del ordenador.

Pasando lista en el Callejón de los (intelectuales) Borrachos Famosos

Sábado, Marzo 12th, 2011

El viejo Hank (Charles Bukowski) haciendo de las suyas en el prestigioso programa Apostrophe de la televisión francesa Antenne 2, presentado y dirigido por el mítico Bernard Pivot.

ANTES QUE NADA…

Cádiz es una de las ciudades más bonitas de España. A mi juicio, claro está.

Debe ser que la conozco desde que soy muy pequeño porque la mitad de la sangre que aún corre por mis venas procede de tan señorial como liberal capital de provincias.

A mi me encanta perderme por las calles de Cádiz, la mayoría de ellas estrechos callejones en los que siento el latido de la Historia. Pero no un latido pesado sino muy vivo que se mezcla con el acento de sus habitantes y su peculiar y despierto sentido del humor.

Todas las veces que he visitado Cádiz me he sentido muy feliz. Feliz por ver de nuevo a mi familia, feliz por subir a las murallas e imaginarme como la isla fue el único territorio que resistió la invasión napoleónica mientras acogía la primera Constitución de este país de cabestros.

Es una ciudad, de verdad, digna de conocer.

Y de olvidarte de quien eres en su maravillosa pequeñez.

Siempre me hizo gracia que mi abuelo cuando cruzaba una de sus callejuelas me avisara con su característica media sonrisa que entrábamos en el Callejón de los Borrachos Famosos.

Mi madre me lo recordó esta misma tarde mientras veía una película cuya acción se desarrolla en la Tacita de plata.

He buscado por la red sí esa calle existe realmente con resultados frustrantes. Por lo que imagino que el nombre de ese singular callejón probablemente se trate de una leyenda familiar. Pero que mi santa madre lo mencionara hoy me hizo revivir los buenos momentos que he pasado en esa ciudad. Una ciudad donde, todo es posible, quiero creer que existe un callejón que se llama el de los Borrachos Famosos.

MARDITO, BENDITO ALCOHOL

“El alcohol es como el amor. El primer beso es magia; el segundo, intimidad; el tercero, rutina. Después de eso lo único que hacemos es desvestir a la chica”. (Raymond Chandler. El largo adiós).

Hoy el único borracho (más bien politoxicómano) famoso del que tengo noticia es Charlie Sheen. Sheen se ha convertido en carne fiesta para los ángeles custodios de nuestra moralidad globalizada por sus continuas salidas de tono y mandar al carajo al jefe del estudio que le pagaba el mejor salario a un actor de televisión por la serie Dos hombres y medio.

La prensa reptil dice que lo ha hecho por estar perdido en noches empapadas de alcohol, drogas y starlet del cine pornográfico.

Sheen pide ahora ayuda.

Lo pueden ver en un vídeo gangrenoso donde el actor ido como una maraca reflexiona tantos disparates juntos que al final no sabes si ponerte a reír o a llorar.

Quiero pensar cuando dejo de ver tan carnívora grabación, que el chico malo olvidará sus penas una vez más refugiándose en el regazo de mujeres que solo existen en esa industria cinematográfica y probando sustancias que ya no pueden alterar lo que imagino debe ser un cerebro muy frito.

En estos tiempos idiotizados Charlie Sheen se ha convertido sin embargo en mi cada día más loooca cabeza en una especie de referente. De referente de la autodestrucción que me saca encendidos colores. Solo pido que alguien le ayude para que cuando se restablezca y se dé cuenta de las tonterías que hizo estando artificialmente feliz, reconstruya lo que le queda de vida.

De todas maneras, hermano Sheen, puede usted irse tranquilo a la tumba, nadie le va a  quitar lo bailado. Usted entrará con honores en ese Callejón de Borrachos Famosos donde también ubico a Keith Richards (¡asegura que se esnifó las cenizas de su propio padre!) cuando nos diga adiós (que sea tarde, viejo) y otras tantas estrellas del rock como del jazz, con el coloso Charlie Parker y el dulce Chet Baker a la cabeza.

Y del cine.

Cuentan, entre otros, que William Holden falleció tras cogerse una trompa soberana en casa. Tropezó con una mesa y se partió la cabeza. Estaba solo.

Imagino que cuando descubrieron el cadáver flotaría en el ambiente el olor a bourbon. También al fantasma de Holden (como hacía en El crepúsculo de los dioses) narrando con ironía algo así como “qué forma más tonta he tenido de irme de este mundo…”

MARDITOS BEBEDORES

Entre los escritores quemados por el alcohol hay una larga lista de irresponsables pero también gigantescos narradores. A mi se me ocurren Francis Scott Fitzgerald, William Faulkner, Ernest Hemingway, Raymond Chandler (“El verdadero gimlet está hecho mitad de gin y mitad de jugo de lima de Rose y nada más. Deja chiquito al martini.”); Edgar Allan Poe, Jack London (tiene una excelente novela sobre el asunto John Barleycorn. Las memorias alcohólicas), así como lo mejor de la literatura francesa de finales del XIX, con el insensato de Baudelaire a la cabeza.  

Otro ilustre alcohólico que hizo de sus borracheras material literario es Charles Bukowski, ese encantador viejo al que le encantaba rascarse los sobacos; y más que borrachos drogadictos con carnet de identidad la muchachada que formó parte de la Beat generation. Ya saben, el inquietante William Burroughs (su mejor novela, Yonqui, es una vuelta de tuerca a las Confesiones de un comedor de opio de Thomas de Quincey),  Allen Ginsberg y Jack Kerouac, adictos a la benzedrina o la anfetamina.

Otro gigante que malgastó su talento bebiendo lo impensable fue Dylan Thomas. En algún lado leí una vez que cuando llegó a su dieciocho whiskie seguido dijo algo así como “he batido un record”. Luego cayó en coma.

Más borrachos que merecen que su nombre se estampe en el Callejón de los Borrachos Famosos son los de O’Henry, Brendan Behan, Tennessee Williams, Vladimir Nabokov,  Raymond Carver, Graham Greene y un largo etcétera que me obliga a plantearme una cuestión:

¿Toda esta gentuza nos habría legado algo mejor de los que nos dejaron si no hubieran probado una gota de alcohol?

Y otra cuestión:

¿Por qué no he citado a ningún escritor español o sudamericano enganchado a la botella?

Y UNA LISTA DE ILUSTRES Y MARDITOS BEBEDORES

He aquí una interesante lista que he pillado de la revista Life en la que presenta un mefistofólico reportaje fotográfico de famosos escritores alcohólicos y adictos a otras sustancias:

Charles Baudelaire (1821 – 1867): Absinthe, Booze, Opium
Dorothy Parker (1893 – 1967): Alcohol
Philip K. Dick (1928 – 1982): Amphetamines
Elizabeth Barrett Browning (1806 – 1861): Opium
Ernest Hemingway (1899 – 1961): Booze
William S. Burroughs (1914 – 1997): Heroin
Brendan Behan (1923 – 1964): Alcohol
James Baldwin (1924 – 1987): Alcohol
Edna St. Vincent Millay (1892 – 1950): Alcohol
William Faulkner (1897 – 1962): Alcohol
Tennessee Williams (1911 – 1983): Alcohol, Amphetamine, Barbiturates
Françoise Sagan (1935 – 2004): Alcohol, Lots of Drugs
Scott Fitzgerald (1896 – 1940): Alcohol
Jack Kerouac (1922 – 1969): Alcohol
Ambrose Bierce (1842 – 1914), Alcohol
Sir Kingsley Amis (1922 – 1995): Alcohol
Jack London (1876 – 1916): Alcohol
Sinclair Lewis (1885-1951): Alcohol
Hunter S. Thompson (1937 – 2005): Everything
Anne Sexton (1928 – 1974): Alcohol, Drugs
Norman Mailer (1923 – 2007): Alcohol
Edgar Allan Poe (1809 – 1849): Alcohol
Dylan Thomas (1914 – 1953): Alcohol
Louisa May Alcott (1832 – 1888): Opium
Paul Verlaine (1844 – 1896): Alcohol, Absinthe, Drugs
Dashiell Hammett (1894 – 1961): Alcohol
Ayn Rand (1905 – 1982): Speed/Dexedrine
John Cheever (1912 – 1982): Alcohol, Various Drugs
P. Donleavy (1926 – ): Alcohol
Elinor Wylie (1885 – 1928): Alcohol
Jean Cocteau (1889 – 1963): Opium
Arthur Koestler (1905 – 1983): Alcohol
John Steinbeck (1902 – 1968): Alcohol
James Agee (1909 – 1955): Alcohol
William Styron (1925 – 2006): Alcohol
Charles Bukowski (1920 – 1994): Alcohol
Eugene O’Neill (1888 – 1953): Alcohol
Stephen King (1947 – present): Booze, Cocaine, Prescription Meds
O. Henry (1862 – 1910): Alcohol
Malcolm Lowry (1909 – 1957)
Gregory Corso (1930 – 2001): Alcohol, Heroin
Truman Capote (1924 – 1984): Booze, Various Drugs
Flann O’Brien (b. Brian O’Nolan, 1911 – 1966): Alcohol
Richard Brautigan (1935 – 1984): Alcohol
Raymond Chandler (1888 – 1959): Booze

Saludos,  ¡estamos en Carnaval!, desde este lado del ordenador.