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Salvo las emociones, todo fluye y nada permanece

Jueves, Abril 21st, 2011

Muchos aficionados al cine y también de profesionales que se están gestando sufren hoy del virus de la tarantinitis. Virus que si no es el original puede resultar muy perjudicial para la salud.

No es la tarantinitis de todas formas un mal nuevo en la historia del cine. A lo largo de su existencia han surgido cineastas que, por una u otra razón, han contaminado a compañeros de generación, quienes acabaron por mutar las intenciones de su autor original.

La tarantinitis y su contagio no son exclusivos así de estos tiempos enfermos. Ya que el fenómeno, o fenómenos, también se ha reproducido en el pasado con una asombrosa variedad de formas.

En las últimas décadas del siglo pasado se inoculó en algunos espectadores lo que hoy se llama cine de autor. Hubo muchos autores que pese a su venenosa influencia siguen siendo respetados en nuestros días (no tanto sus imitadores) y otros tantos que cayeron en el olvido.

Estos autores fueron apropiados por aficionados a los que parecía les gustaba formar bandas apartes. Distinguirse del resto de cineastas y espectadores.

Manejaban y manejan sus propias claves, adoran (y adoraban) a unos dioses cuyo mensaje sostienen no llega a los demás.

La mayoría son incapaces sin embargo de darse cuenta que la presunta complejidad a la que rinden culto no es otra cosa que una gamberradas de arte y ensayo con la cual un espectador desarmado de prejuicios solo puede reírse porque no tiene temor a ser expulsado de ese y otros tantos círculos de iniciados.

Y es que en este curioso mundo paralelo al cine que es el de los aficionados al cine (espectadores y cineastas) hay un poco de todo. Como en botica.

Están los doctos, los que saben.

A estos puedes reconocerlos porque si hacen que hacen cine su mirada no se aparta de su ombligo. Es como si su trabajo no hubiese superado aún las influencias de otros cineastas que también hicieron lo mismo: mirarse sus ombligos.

Como espectadores, a los doctos antaño los detectabas porque se sentaban muy cerca de la pantalla, llevaban gafas y una espesa melena rebelde caía por sus chaquetas de pana.

También se encontraban (y se encuentran) los que hacen cine porque quieren hacer cine. Como aficionado entiendo que son los que tenían (y tienen) la manía de ir al cine varias veces por semana importándoles un pimiento la película que iban (van) a ver.

Me refiero a ese espectador avisado pero sin melena ni gafas que se sentaba (se sienta) algo atrás en la sala.

Por último está el cineasta y espectador despistado.

El primero es aquel que rueda películas porque piensa que es divertido. No se percata que esto es arte, algo muy serio a lo que habría que tomarse muy a broma. A veces, curiosamente, da en la diana y se convierte en autor de éxito.

El segundo es el que se encerraba (o se encierra) en un cine para que pase el tiempo. Y corre el riesgo de ser víctima de eso que llama cine de autor por varias razones.

La primera: suele salir de la sala sin entender nada de lo que ha visto.

La segunda: se siente profundamente estafado porque el filme era en blanco y negro y se exhibía en versión original con subtítulos en castellano.

Desgraciadamente, estos grupúsculos de fieles que he citado, coinciden porque solo aprenden a rodar y a ver una manera de eso que llamamos cine.

Es decir, que desechan y lo que es peor, desprecian, otros caminos por los que transitar intelectualmente.

Y no creo que esto sea bueno.

Porque salvo las emociones, todo fluye y nada permanece. 

La primera vez que vi El año pasado en Marienbad, de Alain Resnais, fue en la televisión. Estaba en casa de unos amigos y fijé la mirada en la pantalla porque me gustó lo que vi.

De hecho, y gracias a aquel visionado, la hice mía.

El año pasado en Marienbad es cine fantástico por sus acertijos, por mezclar realidad y fantasía. Presente con pasado y con futuro.

Y aún me fascina pese a ser consciente que el maldito paso del tiempo le ha hecho mucho daño. Pero a ella le debo, como a un amor que se fue, la emoción que me invadió cuando la descubrí por primera vez. 

La misma emoción que sentí cuando vi Godzilla.

El problema es que cambias como persona.

Y superas aquellos romances buscando siempre nuevos romances.

Y entiendes que quizá eso es lo que te hace diferente y hostil a los nuevos pastores que guían a su rebaño a lo que pretensiosamente llaman cine de autor.

Y entonces pienso

¿Acaso no se han dado cuenta que la única fe a la que merece la pena seguir es la de la emoción?

(*) La imagen corresponde a El año pasado en Marienbad, cinta de la que celebramos su cincuenta cumpleaños desde El Escobillón.

Saludos, costalero, desde este lado del ordenador.

¡Por San Jorge!

Miércoles, Abril 20th, 2011

El próximo sábado se celebra el Día del Libro, jornada que pasará una vez más sin pena ni gloria por esta nuestra comunidad autónoma.

Las librerías de la capital tinerfeña –que se suman a la llamada de la Semana Santa– anuncian que cerrarán el 21 (jueves) y el 22 (viernes) de abril aunque abrirán hasta el mediodía del sábado 23 para ¿celebrar? el Día de San Jorge, una cita obligada para regalen un libro y de paso una rosa.

O una rosa y un libro. Costumbre ésta que ha ido imponiéndose en los últimos tiempos no sé con que fin, aunque admito que es agradable que cuando adquieres un libro con una rebaja simbólica del diez –¿o es el cinco?– por ciento te entreguen una flor cuyas espinas –es un suponer– han sido cuidadosamente limpiadas del tallo.

Al parecer, la Asociación de Libreros de esta isla en la que habito ha tomado la decisión, previendo un notable descenso en ventas el sábado, volver a celebrar el Día del Libro el miércoles 27 de abril, día de la semana en la que todo volverá a la previsible y grisácea rutina cotidiana. 

Será por eso que pienso –luego existo– que en estos tiempos aciagos que me  ha tocado vivir los libreros más que regalar una rosa deberían de entregar al cliente un cardo borriquero.   

Confieso que he hecho amigos y enemigos defendiendo libros.

Confieso que pierdo horas y horas de mi fugaz existencia leyendo, hablando y escribiendo sobre y de libros.

También que no hay mayor regalo que te regalen un libro.

Porque si ese libro consigue abrir tu cabeza de hojalata e introducir su dulce veneno todos ustedes serán capaces de llegar a tocar el cielo, la tierra y el infierno. 

El sábado es el Día del Libro. 

Les invito a que inviertan los pocos euros que tienen en uno de estos objetos que dan tanto placer como daño.

Tanto…

… Tanto que a mi me han salvado muchas veces la vida.

De hecho no sería nada sin ellos.

Quizá sea porque también soy un libro.

(La ilustración que acompaña este post es el cuadro Lucha de San Jorge contra el dragón de Peter Paul Van Rubens)

Saludos, siempre por San Jorge, desde este lado del ordenador.

Hambre

Domingo, Abril 17th, 2011

Cosas raras las que me encuentro los domingos en el Rastro de Santa Cruz de Tenerife. Este textito lo descubrí en un volumen bastante estropeado de Knut Hamsum titulado Hambre.

I.-
Esta mañana, al pasar delante de una iglesia, me he topado con varias señoras y señores escandalizados. Me acerco picado por la curiosidad para ver cuál es el motivo de su queja.

- ¿Dónde coño se meten?- dice un caballero de edad, alto y delgado, y con  pinta de haber sido militar.

- Es que son unos desagradecidos.- Responde un tipo que parece un funcionario de la Enseñanza retirado.

- La próxima vez le va  a dar limosna la Virgen de Candelaria.- sentencia una señora con pinta de indignada.

- Calma, calma… Que todos somos criaturas de Dios.- recita un sacerdote que huele a jabón Heno de Pravia.

Me alejo extrañado.

II.-
Asombroso. Salgo a la calle desierta por aquello del inicio de la Semana Santa y no me encuentro a la gente de siempre. La mayoría habrá aprovechado para descansar en cualquier rincón de la isla. O las islas. O donde sea.

Bajando por la Rambla de Pulido cruzo con un tipo que lleva meses sin lavarse con jabón Heno de Pravia que me pide “argo para comer”.

Respondo: “Lo siento, hermano, no llevo nada encima”.

Miento como es natural. Porque sí que llevo encima una moneda de dos euros.

El hombre continúa calle abajo hasta que es interceptado por dos policías que se lo llevan a rastras.

III.-
Esa misma tarde, paseando por el Mercado Nuestra Señora de África observo a un grupo de personas mirando como muertos vivientes la escena que se desarrolla tras un cordón policial. Como no puedo acercarme lo suficiente para investigar, le pregunto a un ciudadano qué coño pasa.

- Otro pobre….- dice el caballero pasándose el dedo por la garganta.

IV.-
En el parque García Sanabria veo a un jovencito con pinta de hippie subido a uno de los bancos situados alrededor de la fuente de La Gorda tetona gritando: ¡El final se acerca! ¡Arrepentíos!

Tres adolescentes, dos de ellos con un monopatín debajo del brazo, se ríen.

El hippie continúa con su perorata. Suelta algo así como la gran puta de Babilonia y que merecemos morir por adorar al Becerro de Oro.

Un perro negro que descansa debajo del mismo banco de piedra se pone a aullar.

Oigo todavía su aullido cuando llego al Reloj de flores.

V.-
Alguien comenta en el bar que ya va siendo hora que otros imiten la decisión de Gallardón de retirar de las calles a los parias de la tierra. No sé si lo dice por mi. Aprovecho para hacerme el loco y leer las hojas parroquiales.

VI.-
Camino por las calles y plazas desérticas de la capital tinerfeña. Hago tiempo para olvidar.

VII.-
Me siento en una cafetería donde todo el mundo tiene la mirada puesta en el televisor.

De tanto en tanto miro a la caja tonta donde un locutor compungido anuncia que como la cosa continue así significará el descenso del Club Deportivo Tenerife a segunda B. Alguien, con varios rones encima, suelta una maldición. La mayoría se lleva las manos a la cabeza.

El camarero me pregunta que voy a tomar. Le pido un vaso de agua. Lo más barato. El camarero me mira de arriba abajo y parece ponerse a cavilar. Afortunadamente el tipo de las maldiciones grita que le ponga otro ron.

Dos señoras con acento portugués se ponen a mi lado de la barra. Por lo que hablan entiendo que una de ellas se queja de lo mal que huele esta ciudad.

Esta ciudad es Santa Cruz de Tenerife donde una vez más se respira en el aire ese olorcillo a huevos podridos que se escapa de la Refinería.

El mismo camarero que me atiende se acerca a las señoras y toma nota de su pedido. Me animo a recordarle lo del vaso de agua.

- Por favor, que sea con gas.

El locutor de la televisión habla con varios invitados sobre lo que supondría para Tenerife que “nuestro Club” descienda a segunda B.  

- Eso sería el fin.- anuncia uno.

- El acabose.- dice otro con una corbata que parece que le estrangula el cuello.

- El fin.- coinciden todos incluido el locutor.

El camarero deja delante de las dos señoras apoyadas en la barra sendos vasos de café con leche y dos bocadillos. Por el olor detecto que uno debe ser de pollo y el otro de tortilla.

Mi estómago protesta.

Las señoras que hablan portugués me miran.

Yo hago una mueca que espero pase por sonrisa.

Mis tripas sin embargo interpretan las Valkirias de Ricardo Wagner.

Hago que miro la televisión.

- Su vaso de agua.

Asustado miro al camarero.

- Con gas.- añade con muy mala leche.

- Graci….-estoy diciendo.

- Cincuenta céntimos.- me corta.

El camarero se va con mis últimos cincuenta céntimos.

Mis tripas sintonizan ahora con A las barricadas.

Y sin poder evitarlo miro a las señoras que devoran sus bocadillos.

Es tanta mi atención que una de ellas, incómoda, deja la mitad del de pollo y me lo ofrece.

No sé si ponerme a llorar o reír.

Al final vence la dignidad de los vencidos. Me doy media vuelta y salgo de la cafetería. Con las tripas muy cabreadas y ahora sonando como una discoteca.

VIII.-
Deambulo por esta ciudad triste, observando carteles de Cerrado, Se alquila, Se vende, Se traspasa en casi todas las fachadas oscuras.

IX.-
Me cruzo con una pareja de enamorados y decido mandar a paseo la dignidad de los vencidos.

- Hermanos .- tartamudeo.- ¿no tendrán argo suerto?

La pareja se escabulle sin responder y dobla una esquina.

X.-
Estoy sentado en la plaza de España. Acompañado por la música de fanfarria de mis tripas.

- Viejo.- me dice un policía.- ¿qué está haciendo?

Sin levantar la cabeza y con la mirada perdida en el muelle le respondo: “Creo que aún puedo pensar.”

El policía enciende su transmisor y habla con la central.

- Otro caso.- informa.

- Ya sabe lo que tiene que hacer.- responde una voz metálica con acento de aquí.

Saludos, ¿en Canarias empieza a amanecer?, desde este lado del ordenador.

Father / Yes son? / I want to kill you (y IV)

Sábado, Abril 9th, 2011

I.-

La niebla se desgaja entre las ramas de los árboles cuando el helicóptero me deja en tierra. Escucho como el aparato se aleja.

Como el FLAP FLAP FLAP de las hélices se va haciendo cada vez menos audible dejándome solo en esta selva poblada de ruidos extraños y que parece que me acechan entre la frondosidad de su vegetación.

Hace frío, por lo que comienzo a caminar guiándome por la brújula hacia lo que debe ser mi destino.

A medida que atravieso el bosque siento como si la naturaleza salvaje me masticara vivo. Y aquí, formando parte de la niebla creo que no hay nada más hermoso que disolverse. Solo hace falta un pozo para poder observar antes tu reflejo en el fondo…

Noto que desvarío.

¿Acaso eso que escucho es…?

II.-

¿Dónde estoy? Pienso cuando abro los ojos.

Mi mirada tropieza con un techo de paja y escucho el crepitar tranquilizador de las llamas de una hoguera. Me levanto del lecho y compruebo que estoy desarmado.

Salgo al exterior y me encuentro en un pequeño barranco cuyas laderas están salpicadas de hombres y mujeres vestidos de magos y con la caras pintadas de blanco y azul.

En el aire flota el inconfundible olor a carne a la brasa.

Un tipo de pelo largo y mirada de loco se me pone delante y empieza a brincar. De su cuello cuelgan collares de diversos colores y varias cámaras de fotografía.

- ¿Lo nota?.- me pregunta el loco.

- ¿El olor de la victoria?.- respondo intentando quitármelo de en medio.

- ¡Su presencia!.- chilla el loco sacándome fotografías.

Me detengo.

- ¿La presencia de quién?

- ¡De él!.- chilla el loco sacando más y más fotografías.

El loco tiene acento peninsular y pese a que lleva la cara pintarrajeada creo que es…

- ¿Quién es usted?

- ¿Yo? Yo no soy nada… Soy un artista… Nada.

Sigo caminando pero el pesado viene detrás de mi.

- Él está en todas partes… ¿lo siente?

Solo siento el olor de la sangre y como las tripas protestan en mi estómago.

- ¿Dónde está?.- Pregunto al loco.

- ¡En todas partes! ¡Es como el sueño del tranvía!

Observo al final del barranco una pequeña construcción de lo que tuvo que ser una ermita. Hay una luz que parpadea en la ventana. Dirijo mis pasos en esa dirección.

- ¡No puede!.- Advierte el loco. 

Dos tipos altos como montañas me paran en seco. Son tan altos que no les puedo mirar a la cara.

En algún lugar suena un timple.

- ¡No puede hasta que él quiera!.- dice el loco.

Uno de los gigantes me da un golpe en la cabeza y vuelvo a desmayarme.

III.-

Cuando abro los ojos me encuentro con los de Ricardo Melchior. Tiene toda la cara pintada de verde. Hasta el bigote blanco está pintado de verde.

Melchior se pasa la mano por su calva cabeza y deja a un lado el Vacaguaré de Secundino Delgado que parece que estaba leyendo. Me mira con ojos resignados y esboza lo que quiero entender es una sonrisa. Después esconde el rostro en las sombras.

- ¿Sabe como me llamo?

Asiento.

Una mano sale de las sombras y hace un gesto negativo, invitándome a que no diga nada.

- No. No me refiero a cómo me llamaba antes sino a como me llamo ahora…

Dejo que los puntos suspensivos desaparezcan en el aire.

- Beneharo.

Sale de las sombras y se pone a bailar.

Un paso adelante y un paso hacia atrás.

Una vaca muge en el exterior.

Y yo descubro un machete tirado en el suelo. A mi derecha. Siempre a mi izquierda.

Beneharo danza. Mal pero danza.

Cojo en mis manos el arma y me levanto.

Beneharo hace gestos mientras sus pies dibujan espirales.

Levanto el machete.

La vaca, en el exterior, muge y muge aterrorizada.

Clavo el machete en la tripa de Beneharo.

La vaca lanza un mugido que suena a líquido.

Continúo dando golpes con el machete.

Muuuuu.- agoniza la vaca en el exterior.

Beneharo, troceado, se derrumba.

Escucho los estertores de la vaca.

Estertores que se confunden con los de Beneharo.

Pego mi oreja a sus labios.

- El horror. El horror.- escupe de su boca rota.

Me quedo unos minutos en silencio. 

Silencio.

Silencio que de repente rompe el FLAP FLAP FLAP de las hélices de una docena de helicópteros.

Aún lejano pero apreciable suena a través del viento el Lucha canario.

IV.-

Salgo de la ermita y me encuentro al loco y a los gigantes mirando al cielo.

También el cadáver de una vaca.

Y me pierdo en el bosque.

FLAP FLAP FLAP

Saludos, Cheshire a mi lado, desde este lado del ordenador.

This is the end, my only friend (II)

Viernes, Abril 8th, 2011

Los José Miguel.

José Miguel Ruano me ofrece un plato de viejas guisadas. José Miguel Barragán, a su lado, me señala unas papas negras.

- Recién pescadas.- dice Ruano partiendo con el cuchillo un trozo de pescado que se lleva a la boca.

Enciendo un Kruger.

Silencio.

José Miguel Barragán extiende una carpeta a Ruano que la abre y la mira un rato. Me tiende una fotografía.

- ¿Conoce a este hombre?

Observo la fotografía y asiento mientras siento como las nubes de alcohol desaparecen de mi cabeza. Aplasto la colilla en un cenicero de color azul marino. Ruano toma un poco de vino blanco. Me ofrece la botella.

- Prefiero ron.-digo.

Barragán me sirve ron en el vaso que tengo delante de las narices. Tomo un trago que siento como baja como lava ardiente por mi garganta.

- Su nombre es Ricardo Melchior, hasta ayer presidente del Cabildo de Tenerife.- recitó como un autómata.

- Hasta ayer no. Hace un año que le perdimos la pista.

Ruano me muestra otra fotografía. La estudio. Y pese a que está borrosa aprecio que ahí está el tal Melchior rodeado de un grupo de hombres vestidos de magos. Todos ellos comiendo bocadillos de mortadela (pienso).

- Escuche esta grabación.

La voz de Melchior es inconfundible aunque sin el tonto entusiasmo con el que la recordaba.

- El horror. El horror. He visto el horror.

Chasquido metálico.

- Tenerife ya no es lo que era. Mi patria grande se ha vendido al mejor postor. Estoy rodeado de enemigos. Canallas. Pero aquí, en el corazón del bosque, me he dado cuenta de cómo tenemos que actuar… El horror. El horror…

- ¿Eso es todo?

- Eso es todo. ¿Le parece poco? ¡Se ha vuelto loco!

- Sospechamos que Melchior se encuentra en algún lugar de Anaga, haciendo campaña  a su manera.- Susurra Barragán llevándose una papita negra a la boca.

Saco otro Kruger.

- Su misión es interceptarlo y acabar con él.

Asiento con la cabeza mientras me pregunto hasta donde hemos llegado.

- Huelga decir que se trata de una misión extraoficial.

Saludos, esto sigue, desde este lado del ordenador.

This is the end, beautiful friend (I)

Viernes, Abril 8th, 2011

FLAP FLAP FLAP

Las aspas del ventilador que cuelga en el techo me despiertan del sopor borracho en el que me encuentro. ¿Cuánto tiempo llevo en esta habitación encerrado desde que terminé con la última misión? No lo recuerdo ni quiero recordarlo. En la radio de fabricación coreana suena el The End de The Doors.

¿A qué me recuerda esta situación?

Busco con la mano la botella de Arehucas que debe estar en algún lugar del suelo. Cierro los ojos y pienso en la guerra. Abro los ojos y veo la misma guerra.

FLAP FLAP FLAP dice el ventilador que cuelga en el techo.

Mierda.

Llaman a la puerta.

Una voz grave pregunta: ¿Capitán Tanausú?

Me levanto dando eses y abro la puerta.

- ¿Quién pregunta por mi? – escupo mientras lanzo bocanadas de aliento borracho.

Dos agentes de la policía militar canaria entran sin que los haya invitado en la habitación de la sucia pensión que he alquilado en la calle de Miraflores.

- Ayúdame.- oigo que le dice el de la voz grave a su acompañante.

A rastras me llevan al cuarto de baño.

Por el camino voy gritando: ¡¡¡cabrooones!!!, quiero mi botella de Arehucas.

Me meten en el plato de la ducha.

Uno abre el grifo de agua fría.

- ¡¡¡Cabrooones!!!.

Saludos, es una historieta por entregas, desde este lado del ordenador.