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Confesiones de un lector probablemente más que idiota (todos para uno y uno para todos)

Domingo, Septiembre 19th, 2010

La lectura de algunos libros (no necesariamente excelentes) ha forjado algunas de mis mejores amistades. En ocasiones, un libro también me ha servido para ver con otros colores paisajes y personas e incluso que un escritor tan poco valorado para unos como H. Rider Haggard subiera en mi peculiar bolsa de valores cuando coincidí con una señorita en nuestra mutua pasión por el autor de Las minas del rey Salomón quizá porque me pareció la reencarnación de Ella, otra excelente novela de Haggard.

Este post me lo suscita el mensaje vía móvil que recibí esta misma semana de un veterano amigo a través del cual me agradecía que en su momento le hubiera recomendado Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas. Obviamente, ese breve sms le hizo consquillas a mi últimamente tocada vanidad aunque afortunadamente soy consciente que todo el trabajo lo hizo el señor Dumas. Sólo bastó un pequeño empujón para que mi amigo abriera el libro y terminara iniciado en la sagrada orden del todos para uno y uno para todos.

Me viene ahora a mi fatigada memoria uno de esos momentos donde un libro procuró el milagro del acercamiento entre dos personalidades radicalmente opuestas. La charla se produjo en un  bar –que son sitios excelentes donde perder el rato hablando de fútbol como de libros–  lugar donde conocí a este elemento por mediación de otro amigo que se apartó discretamente de nosotros al apreciar la elevada temperatura que estaba tomando lo que comenzó siendo una aburrida conversación entre desconocidos.

Y es que la charla degeneró pronto en una de esas tontas discusiones que entre dos idiotas lectores se dan para ver quién sabe más de libros. Estas discusiones pueden resultar igual de violentas que las de dos macarras machacándose la cabeza, sólo que la violencia no se hace física sino verbal con el objetivo de empequeñecer el espíritu del contrincante.

Así estábamos pues cruzándonos títulos y autores como alma que lleva el diablo cuando la disputa escoró hacia los territorios de la literatura erótica que es un género que tiene discretos adeptos que, como si miembros de una estrafalaria masonería se tratara, se hermanan al reconocerse unos a otros.

Solté un nombre, Gamiani. Y el de su presunto autor, Alfred de Mussett. Percibí entonces como los ojos de mi oponente bailaban detrás de sus gafas y su tono se teñía de conciliación cuando entre los dos nos pusimos a recordar los gratísimos momentos que nos había hecho pasar este clásico de la literatura para leer con una sola mano.

Desde ese día, como diría Claude Rains a un triste y solitario Humphrey Bogart al final de Casablanca, nació una bonita amistad que aún dura pese a que de tanto en tanto nos cabreemos por las historias que leemos y que nos queman el cerebro.

Con esto pretendo demostrar que los libros sirven para hacer amigos. También enemigos, pero así son las cosas.

Siendo un tierno y confuso adolescente me emborraché con la obra completa de H. P. Lovecraft, un escritor que no goza de demasiada estima entre mi entorno de colegas lectores. Gracias a H.P., no obstante, logré relacionarme con gente que sentía esa mismo tonto entusiasmo a través de una relación epistolar que dio lugar a un fanzine cuya historia ya reseñé en este mismo blog.

Semejante pero sin ser igual, me ha pasado con otros tantos escritores de género… autores que cuando me topo con otro aficionado me brinda alguna de las más deliciosas conversaciones literarias que he tenido a lo largo de mi existencia. En una de éstas, descubrí que fuimos más de los que pensaba los que cerramos El señor de los anillos cuando Gollum se lanza al vacío con el puñetero anillo y en otra que La isla del tesoro fue la primera novela que nos llevó por el mal camino de la literatura de género.

En lo que también coincido con la amplia comunidad de lectores es en los desesperanzador que resulta que, pese a haberte devorado toneladas de libros, al final apenas recuerdes algo de ellos. Es probable que el título esté escrito en letras de oro en tu cabeza por las sensaciones que te produjo cuando te alimentaste de él, pero eres incapaz de transmitirle a otro con cierta coherencia de qué iba la novela años después. Con suerte recuerdas escenas que probablemente tu caprichosa memoria engrandece como a un coloso con pies de barro.

Les invito a que lo intenten… seguro que suspende la prueba.

He escrito ya en este mismo blog que gracias a los libros (y a muchos de esos amigos que conocí y que voy conociendo a través de los libros) he logrado capear como he podido el temporal en el que me encuentro desde hace ya bastante tiempo. Así que me temo que nunca podré agradecérselo (a los libros y a los excelentes amigos que he conocido gracias a los libros) como se merecen. A su manera han sido como flotadores en los que me he agarrado para no hundirme ante las gigantesca marejada que ésta levantando el actual temporal que hizo trizas con todas nuestras bobas ilusiones.

No sé cuanto tiempo permaneceré a flote, pero sí que estoy seguro que si no me hubiera encontrado con ellos (los libros y esos amigos que he conocido a través de los libros) ya me habría ahogado en el océano de la desesperación quiero imaginar que  para satisfacción de algunos.

No obstante, y siempre que pienso en la muerte, se me viene a la memoria el funeral que Scott Fitzgerald describe de Gatsby, el protagonista de una de sus obras maestras: El gran Gatsby.

Al cementerio acuden apenas dos personas, y quiero imaginar ahora que cae del cielo una molesta llovizna para potenciar la frase que suelta uno de los escasos asistentes para describir al fascinante (¿anti?)héroe fitzgeraldiano:

“Fue un pobre hijo de puta”.

“¿Un pobre hijo de puta?”

Me quedo sin palabras.

Saludos, lamentando la muerte de José Antonio Labordeta a quien nunca conocí como músico pero sí como impetuoso diputado, desde este lado del ordenador.

Usted puede ser el asesino (V)

Sábado, Septiembre 18th, 2010

I.- MOTIVO DE ALARMA

- ¡Busquen a ese hijo de la gran puta. Preferiblemente muerto!- exclamó Riano dando un golpe sobre el escritorio.
Los agentes se miraron entre sí mientras contemplaban como Riano se metía un puñado de tranquilizantes en la boca.

- Preferiblemente muerto…- gritó Riano mientras los teléfonos sonaban sobre su mesa. Y sonaban. Y sonaban. Hasta que cogió uno de ellos con  gesto desquiciado.

- Dígame usted, señor presidente…

Apartó el auricular de su oreja al escuchar el grito:

- ¿DÓNDE ESTÁ SAM WALDO?

El chillido pareció salir del despacho, recorrer los pasillos de la comisaría y salir a la calle de la ciudad donde pareció rebotar entre los muros de los edificios: ¿DÓNDE ESTÁ SAM WALDO?

¿DÓNDE ESTÁ SAM WALDO?

¿DÓNDE DEMONIOS ESTÁ SAM WALDO?

II. UN TIPO IMPLACABLE

Riano ocultó el rostro entre las manos y dejó que los teléfonos continuaran sonando cuando colgó la llamada del presidente. Levantó la cabeza al escuchar la voz gutural y cavernosa.

- Buenaaas taaardes.

Tras el escritorio se encontraba un hombre gigantesco de aspecto cadavérico y ojos profundamente negros. El poco pelo que tenía sobre la cabeza era liso y blanquecino por las canas. El tipo le dio escalofríos. Cuando Riano iba a preguntarle cómo demonios había podido entrar en su despacho, el que parecía un muerto parlante sacó del bolsillo de la chaqueta una tarjeta que entregó a Riano en un inquietante y orquestado silencio.

- Yo…yo no sabía nada. Acabo de hablar con el presidente y no me anunció que…

- Nooo existooo.- respondió el hombre cogiendo la tarjeta que le devolvía Riano.- Llámemeee señooor Z. Esooo bastarááá…

Riano aprovechó para meterse en la boca otro puñado de tranquilizantes.

- ¿Señor Z?

El hombre asintió.

Riano quiso formular la pregunta pero ésta parecía no salir de sus labios ya anestesiados. Pero como si le leyera el pensamiento el señor Z dijo: “Nooo seee preocupeee. Encontrarééé a Sam Waldooo.

III.-¿ACASO NO MATAN A LOS CABALLOS?

El señor Z caminaba por uno de los barrios menos recomendables de la ciudad. En una esquina descubrió a tres macarrillas que intentaban convencer a dos prostitutas para que se lo hicieran con ellos. Se acercó con la elegancia de un dinosaurio al quinteto mientras mostraba su mejor sonrisa, esa en la que mostraba su dentadura afilada y amarillenta.

- ¿Podríaaan estaaas amaables señoritas y sus respetableees acompañanteees darmeee unaaa informacióóón?

Uno de los chicos, mientras se sacaba de la chamarra de cuero apolillada una bolsita, miró al señor Z con ojos de depredador borracho. Los otros cuatros tenían la boca dibujada una o de sorpresa.

El chico abrió la bolsita y se llevó un pellizco de polvo a la nariz.

- ¿Gofiooo?.- preguntó el señor Z.

- Gofio.- respondió el chico pasando el contenido de la bolsita a sus compañeros.

- Es perjudicial paraaa laaa salud, caballeros.- le advirtió el señor Z con ojos encendidos.

- Vétete por ahí.- dijo el chico mostrándole un cuchillo de carnicero mientras los otros macarras se colocaban sin disimulo detrás del señor Z. Las dos señoritas aprovecharon la ocasión para escabullirse en la noche.

El señor Z se arregló el nudo de la corbata y se quedó un rato estudiándose las uñas. Miró al primer macarra y sonrió como si fuera íntimo amigo de Satanás.

- Las tengooo algooo sucias, ¿verdad?

- Lo que tenga que decir me lo dice a mí…- dijo uno de los que estaba detrás.

El señor Z ensanchó más su sonrisa diabólica.

- Quierooo información. Sólooo esooo.

Los tres macarras se miraron entre sí. El primero aprovechó para aspirar un poco más de gofio.

 - Tsk, tsk, tsk… esooo destruyeee el tabiqueee nasal.- dijo con falsa molestia el señor Z.

- ¡Saca la puta cartera!- Le amenazaron a la vez los tres macarras.

- Antes desearíaaa queee meee dieran información. Heee sidooo amableee y nooo acostumbrooo a serlooo.- dijo el señor Z rebuscándose en la chaqueta.

- Anda  y que te dén.- dijo el macarra que llevaba la bolsita de gofio haciendo amago de apuñalarlo con el cuchillo de carnicero.

El señor Z sacó un palo y le golpeó la mano. Dándose la vuelta al grito de Achamán le pegó un golpe al segundo en el estómago y al tercero en el cráneo. Los tres macarra parecieron derretirse en el suelo. El de la mano inflamada lloraba. El señor Z, con el mismo palo, se puso a machacar a los otros dos hasta que sus cuerpos acabaron por convertirse en algo parecido a una pulpa sanguinolenta.

Se agachó para hablar con el de la mano herida que miraba con los ojos a punto de salírsele de las órbitas como sus colegas habían dejado de ser sus colegas en cuestión de unos pocos minutos.

- ¿DÓNDEEE ESTÁÁÁ SAM WALDOOO?

 -¿WALDO?

- ¡SAM WALDOOO..!

- Y yo qué coño sé…

Crack. Crack. Crack.

¡CRACK!

IV.- RETORNAMOS COMO SOMBRAS

Sam Waldo, que contemplaba desde la ventana del edificio de enfrente la pelea, giró la cabeza.

- ¿Todavía está interesada en que averigüe donde está Septetionito?

- No.- dijo la voz aterciopelada de la mujer cuyo cuerpo ocultaban las sombras del dormitorio.- Ahora quiero que libere a Septetionito.

- ¿Qué?, ¿dónde?

V.- UNA LLAMA MISTERIOSA

El señor Z volvió a ajustarse el nudo de la corbata. Comprobó que no tenía manchas de sangre adheridas a su ropa y dio media vuelta. Comenzó a silbar la cantata del Mencey loco cuando su sexto sentido le avisó de que una luz, justo enfrente de donde se encontraba, se apagaba. Inclinó el cuerpo e hizo una elegante reverencia.

- Lamentooo el espectáculooo.-dijo mientras pensaba ¿dóndeee estááá Sam Waldooo?

VI.- ESE DULCE MAL

Y Sam Waldo, que lo observaba oculto en la oscuridad, se preguntó: ¿por qué Septetionito?

¿Por qué tanto sufrimiento?

Los titulitos corresponden a novelas de Eric Ambler, Elmore Leonard, Horace McCoy, Paco Ignacio Taibo II, Philip Kerr y Patricia Highsmith.

Saludos, imitando malamente a Gaston Leroux, desde este lado del ordenador.

Mientras pasa agosto…

Jueves, Agosto 26th, 2010

* La revista Science publica mañana, viernes, 26 de agosto, el último trabajo del investigador tinerfeño Rafael García Bustinduy en el que estudia las características de una estrella similar al Sol.

* El equipo canario ARWC Bimbache Extrem- Trangoworld participa en las series mundiales de Raids Costa Rica Adventure Race. Se han inscritos 18 equipos venidos desde todo el mundo y entre ellos  el único equipo español son ARWC Bimbache Extrem- Trangoworld. El equipo está capitaneado por Tomas Peñaranda, y lo forman Jesús Bermejo y los tinerfeños  David García Galván y Loreto García Fuentes. Para seguir de cerca esta aventura pincha en: http://www.arcostarica.com/ o consulta el blog de la competición: http://fact30.blogspot.com/2010/08/equipos-de-adventure-race-este-sabado.html.  

* Un descubrimiento veraniego. Y al módico precio de 2 euros. Una ganga. Si la memoria no me falla creo haber visto este filme en la noche de los tiempos pero poder descubrirlo o redescubrirlo que no sé, ha sido muy placentero. Me refiero a la película El viejo fusil. Un filme de venganza, algo así del estilo de las que protagonizaba Charles Bronson pero ambientado en la Francia ocupada por los nazis en 1944. Protagonizada por Philippe Noiret y Romy Schneider, lo primero que me llama la atención de esta especie de perros de paja sin finas hierbas es que el vengador lo encarne un burgués bien avenido, obeso y con gafas, a quien se le funden los plomos cuando un batallón de SS acaba con su familia. La película va un poco más allá, no obstante, del indómito espíritu guerrillero que enciende a este, insisto, buen hombre. La dirige Robert Enrico, y me pregunto cómo diablos nadie ha hecho referencia de un título que sabe bordear con sapiencia la delgada línea roja que separa a la cordura de la locura. Viéndola, recordé otra cinta gabacha sobre venganza, Irreversible. Un largometraje polémico y durísimo, y uno de esos dvd que conservo en mi particular videoteca junto a otros filmes tan incómodos pero rabiosamente intensos como Salo, del maestro Pasolini.

* Leo tres libros a la vez. Uno es Poesía canaria actual (A partir de 1980), una antología del profesor Miguel Martinón editada por Idea. Otro, Raúl Castro: la pulga que cabalgó al tigre, del periodista Vicente Botín y por último releo, alucinado, Jazz blanco, de James Ellroy. Espero pronto ofrecer mi peculiar diagnóstico de la Poesía canaria actual que propone Martinón. Respecto al texto de Botín, advertir a los incautos que se trata de un panfleto anticastrista que no aporta nada nuevo salvo mucha bilis a los que más o menos están iniciados en las cosas de la revolución cubana. En cuanto al libro de Ellroy, apuntar a corazones delicados que quizá se trate de la mejor novela de su cuarteto de Los Ángeles (La Dalia Negra, L. A. Confidential, El Gran Desierto). Pese a que recuerdo parte de la trama, me asombra descubrir nuevos matices en la novela, así como desenmarañar la imbricada maneja de su trama.

Saludos, mientras pasa agosto, desde este lado del ordenador.

Usted puede ser el asesino (IV)

Miércoles, Agosto 25th, 2010

I.- EL GORRIÓN CAIDO

Sam Waldo se encontró al volver de la barra con los dos botellines de cerveza que la mesa que ocupaba la mujer de voz aterciopelada estaba vacía. No hizo un drama porque se esperaba algo así. Se preguntó, no obstante, cómo demonios podía haber salido del local sin que se hubiera dado cuenta.

Se sentó en la misma mesa mientras Claudio exigía a los clientes que fueran aligerando para cerrar. Waldo dio un trago de la bebida, muy gélida, que resbaló por su garganta despertando sus instintos de fumador. Rebuscó en los bolsillos del pantalón con la esperanza de encontrar un paquete arrugado de cigarrillos y tuvo la sensación de que los dioses del vicio conspiraban para hacerlo feliz cuando sus dedos toparon con uno bastante arrugado.

Le quedaban tres. Encendió uno.

La puerta del garito se abrió y entraron dos hombres altos. Uno tenía el pelo de punta y el otro liso, ambos llevaban espejuelos. Claudio les gritó desde la barra que el bar estaba cerrado pero los dos tipos no le hicieron caso. El del pelo liso gritó: “no intente escarbar en la conciencia de alguien que no tiene recuerdos”, frase que casi hizo que Waldo se cayera de la silla y tirara la colilla al suelo.

- Mr. Arkadin, 1955, Orson Welles.- contestó Waldo desde su sitio. Los dos hombres lo miraron, luego se miraron y se acercaron a la mesa.

- Usted dirá.- dijo el del pelo liso mientras se sentaba frente a él.

Waldo aplastó la colilla en  el suelo.

- Necesito ayuda.

Los dos tipos continuaron observándolo. El del pelo pincho parecía incluso divertido.

- Y papeles.- añadió Waldo.

- No olvidamos a los hermanos. Explíquese.

- ¿Podríamos hablar en otro sitio?

II.- CONTRA EL MAÑANA

Caminaban por las calles mal iluminadas. Waldo entre los dos tipos. Vistos de lejos, parecían dos armarios con patas al lado de una mesita de noche.

- Creo que me han tendido una trampa.

- Ah, ¿cree?

- - Bueno, estoy prácticamente seguro que me han tendido una trampa.- respondió Waldo sacando el segundo cigarrillos del paquete arrugado.

- Explíquese.- escupió el del pelo pincho.

-  Bueno, yo, es largo de contar…

 - Tenemos toda la noche.

- Ok. Intentaré resumirles el caso.

Se metieron en una plaza redonda, con una fuente adornada de ranas y con un cisne justo en el medio al que le habían partido la cabeza. El del pelo liso y Waldo se sentaron en uno de los bancos mientras el otro armario vigilaba la zona.

- No creo que nadie nos moleste. Cuente usted, hombre de Dios.

Waldo inclinó la cabeza y entrecruzó los dedos.

- Todo comenzó cuando…

III.- PRESA

Amanecía cuando Sam Waldo terminó de contar su historia. El del pelo liso se había quitado las gafas y limpiaba los cristales con un pañuelo de papel.

- Caramba.

- ¿Puede decirme quién es esa misteriosa mujer?

- ¿La que desaparece siempre?

- Esa misma.

El del pelo liso le hizo una seña al del pelo pincho para que se acercara.

- Estamos más cerca de lo que imaginába…

Waldo sintió de repente algo caliente en su boca, se apartó asustado y vio alucinado que donde tenía que estar la cabeza de pelo liso sólo había un hueco. Se pasó la mano por la boca y comprobó que aquello caliente eran restos de masa encefálica.

- Al suelo, cretino.- gritó pelo pincho mientras sacaba una pistola mastodóntica. Resonó en la plaza un crack. Luego otro crack. Waldo contempló como pelo pincho lo empujaba dos veces la nada. Tropezar y caer dentro de la fuente mientras de su pecho saltaban ríos de sangre.

Arrastrándose por el suelo se fue escabullendo hasta esconderse detrás de una palmera. Un crack devoró parte de su tronco estriado. A lo lejos se escuchó el estridente chillido de varias sirenas.

Waldo se atrevió a sacar la cabeza y vio a un tipo correr con un fusil entre las manos calle abajo. El detective privado respiró hondo, escapó por la vía contraria.

Las sirenas sonaban ahora más fuertes.

Los titulitos corresponden a novelas de Dorothy B. Hughes, William P. McGivern y Terry Cline.

Plan de invasión silenciosa…

Sábado, Agosto 21st, 2010

Las cosas han cambiado mucho desde que llegué a este minúsculo planeta.

Informo: Elliot ha terminado por convertirse en un yonqui que sólo abre la boca para decir a quien le escuche: “yo veo extraterrestres”. Su simpática hermana Gertie es una feliz charcutera que cuando corta un trozo de carne musita: “mi casaaaaa”; y Michael, el hermano mayor, se encuentra destinado como militar de operaciones especiales en Iraq. Todas las noches y mientras mira a la estrellas se mete dentro del cuerpo el contenido de una caja entera de cerveza.

Todos estos elementos me hacen concluir que hemos acertado en nuestro plan de silenciosa invasión. Por ello, he considerado un gasto más que necesario que continuemos invirtiendo en abducidos porque si bien últimamente se han vuelto demasiado detectables: ¡no importa!

Creo, no obstante necesario señalar, que prestemos atención entre los que se hacen llamar independientes. Todas esas cucarachas que se resisten a dejar su modo de vida. Esto nos hace pensar que para el alto mando puede resultar muy interesante el siguiente documento que le hemos arrebatado a uno de ellos. Un tipo presuntamente normal para estos irritantes insectos.

“Me resisto a creerlo pero soy consciente que ya están aquí. Se parecen a ti pero no son como tú. Hace tiempo iniciaron su campaña de lavado de cerebro y todo hace sospechar que esperan culminarla muy pronto. Muy pronto.

Veo hogueras en solares y descampados donde hombres y mujeres terminarán por arrojar a las llamas toda esa documentación inútil y en papel que han ido recopilando con el paso de los años. Es probable que alguno llore en silencio pero seguramente la mueca de la resignación se dibujará en la cara de la mayoría de ellos (nosotros). Incluso muchos sentirán el inexplicable placer de quemar sus libros. De borrar ese pasado amarillento que ya no tiene cabida en el mundo.

La tipología del lector dará así un cambio radical aunque afortunadamente esta metamorfosis no afectará al veneno de la literatura.”

Con el objetivo de informar sobre algunas de las manías de quien habla este sujeto –es preocupante la última línea: “no afectará al veneno de la literatura”– hemos interrogado a algunos de estos posible rebeldes bajo hipnosis para poder detectarlos y aplastarlos con mayor facilidad cuando la invasión sea casi completa.

ATACAR SU HÁBITAT

EL CUARTO DE BAÑO.- Hemos descubierto, según muchos de los encuestados, que se trata de la mejor habitación de la casa donde pueden refugiarse para leer un rato. La media de estadía, con independencia del sexo, es que salgan de tan extraño habitáculo una hora después. Hemos observado que si el individuo/a vive acompañado, esta demora complica seriamente su relación.

EL DORMITORIO.- Para la mayoría se trata del sitio de la casa ideal aunque piensen casi por unanimidad que no es una buena idea leer algo antes de dormir, lo que debería estimular nuestros esfuerzos para que, precisamente, lean algo antes de dormir. La cosa se complica si el individuo/a lee por la mañana aseado y vestido antes de enfrentarse a lo que denomina como “rutina diaria”. Estos casos podrían ser muy molestos para la causa ya que insisten en que es el mejor antídoto para combatir a los que no son como nosotros. Es necesario convencer a los más débiles de lo contrario.  

SENTADO EN CUALQUIER PARTE.- Al observar que no acaba por convencer a la mayoría de los encuestados salvo cuando el sillón se encuentra fuera de su vivienda, recomiendo que promovamos en las cucarachas precisamente el sentimiento opuesto.

ESCUCHANDO MÚSICA.- La amplia mayoría ha coincidido en que a veces la música les acompaña en un rato agradable de concentración y lectura aunque generalmente el poder del oído resulta más fuerte que la seducción de las palabras. Ello me hace concluir que inundemos su universo sonoro de basura a la que puedan considerar como  música. 

CON LA TELEVISIÓN ENCENDIDA.- El que pensábamos era nuestro mejor aliado no ha resultado serlo tanto. Un grupo de los encuestados aseguró que si se encontraba leyendo cualquier cosa con ese aparato encendido solía apagarlo. Un apunte que considero digno de atención es, sin embargo, que según una de estas cucarachas: “Cuando intento leer con Sálvame de fondo –¡¡¡urgente: identificar este programa!!!– me doy cuenta que al final triunfa siempre las cuitas de Belén Esteban que las del joven Werther de Goethe”. (¿Belén Esteban?, ¿Goethe?, ¿son de nuestro planeta? INVESTIGAR).

(INVESTIGAR).

Saludos, al modo piel roja, desde este lado del ordenador.

Tipologías del espectador de cine

Martes, Agosto 10th, 2010

ADVERTENCIA

Esta tipología no pretende ser científica aunque sea resultado de largos años de observación y estudio de campo en distintas salas del mundo. Somos conscientes que muchos de estos tipos han involucionado en vez de evolucionar con el paso del tiempo y que el cine como espectáculo ya no es lo que fue ayer. No obstante, hemos descubierto que aún se conservan comportamientos constantes, como si estos quisieran resistirse a morir con el paso del tiempo. El presente trabajo sólo es un anticipo de un estudio mucho más amplio que esperamos finalizar en próximos meses. 

PROFESOR FRANZ DE COPENHAGUE

EL NOSTÁLGICO.-  Aquel que sigue yendo al cine pese a su elevado precio y por norma general pésima oferta. Suele ir sólo o en parejas porque rara vez se le ve en grupo. Cada vez son menos, quizá porque conocieron una forma de cine que ya no se estila. Los cursis llaman ahora a esas salas de pantalla única. El nostálgico siempre las recordará como cines. Para estos individuos salir de casa, ver una película y después tomar una copa se convirtió en un acto casi religioso. Como hoy ya no hay religiones sino fanáticos, muchos de estos nostálgicos se han encerrado en casa donde continúan viendo cine pero en la pequeña pantalla. En la soledad de su casa se han acostumbrado a no descubrir películas sino a ver las que una vez vieron en pantalla grande.
 
EL CINÉFILO.- Los miembros de esta especie, en contra de los nostálgicos, siguen gozando de relativa buena salud. Se los reconoce porque suelen leerse todas las revistas que van de serias sobre cine que hay en el mercado y presumen de paladar refinado. Son capaces de descubrir un mundo mágico y de colores con películas la mayor parte de las veces pretenciosas y se inflan como pavos reales cuando hablan de cine raro. Pero no porque ese cine sea raro de verdad sino porque suele resultar un tostonazo. Si te toca uno al lado, lo mejor es apartarse discretamente, no por peligrosos sino porque resultan, francamente, una panda de diletantes.

EL CINÉFAGO.- Algo así como las cucarachas pero en versión aficionados al cine. Apuntamos lo de las cucarachas porque tienen igual o superior capacidad de resistencia que tan entrañables insectos. Además, y como ellas, devoran cualquier cosa que sea imagen. Les importa un pimiento que la película sea mala o buena ya que lo que buscan es alimentarse con cualquier tipo de imágenes. No es recomendable que se le pregunte a la salida del cine qué les pareció la película porque pondrán los ojos en blanco y se pasearán la lengua por la comisura de los labios.

EL COTUFERO.- Suele ser el espectador que se pertrecha de toda clase de alimentos con alto contenido en grasa para ver una película. Dudo que le importe el filme en sí pero no el refresco, el cartucho de cotufas, chocolatinas, bolsas de papas fritas o cheetos y gominolas que sea capaz de transportar. Son multitud últimamente y miran de manera asombrada a quien acostumbra a ir al cine sin su correspondiente cátering encima. Ayudan a soportar una película mala porque uno le presta más atención a su succionar y masticar  que al propio filme en sí. La cosa cambia si lo que estás viendo merece la pena. Es probable que entonces se convierta usted en un aprendiz de Norman Bates.

EL CHARLATÁN.- Francamente molestos. Son los que se ponen a hablar por el móvil o con el compañero que tenga al lado sin importarle un pimiento el resto de los espectadores. Normalmente lo que cuenta no tiene nada que ver con la película sino con una amiga que lo dejó colgado, las zapatillas de tenis que espera comprarse un día de estos o las ganas que tiene de coger vacaciones. Deberían de prohibirles la entrada porque además se ponen muy violentos si uno los manda a callar.

EL ENTERADO.- Es aquel que en medio de la película suelta un chiste o grita para que nos enteremos todos que el asesino es el mayordomo. Cuando sueltan chistes y la película no vale un euro hacen gracia. Sobre todo si es original, aunque últimamente no suelo reírme con sus chascarrillos será porque la gente ya no es tan original. El enterado se convirtió en algo así como un objeto de culto en cines de verano tan inolvidables como el de la plaza de Toros de Santa Cruz de Tenerife. Acudir a este cine era como una experiencia alucinógena, no ya por el propio cine, instalado en la arena y con la pantalla agitada por el viento, sino por la peña que perdía el rato haciendo que veía la película (¡eso sí que era cine de barrio, con la copia hecha añicos y un sonido de puta pena!). En la proyección de Lúcifer, recuerdo a un borrachito señalar a la pantalla y exclamar cuando el ángel caído levantaba a los muertos algo así como un ¡¡¡Yo a ti te conozco!!! que todavía me hace estremecer la mandíbula. Y no sé, precisamente, si de la risa. ¡Linterna!

LOS ENAMORADOS.- Parejas que van al cine no sé si a ver una película. Si son primerizos y sus intenciones aún castas, los chicos suelen meterse a ver cualquier cosa. Si no les entretiene sueles oír en voz baja a él o a ella algo así como ¿por qué no nos vamos? Ahora bien, si la cosa funciona, pueden que hasta salgan más enamorados. En mis tiempos esta especie iba al cine sencillamente a meterse mano.

EL PESADO.- O el que se te sienta al lado –independientemente de su sexo– y no para de moverse, consultar el móvil o mover las piernas como si tuviera el mal de San Vito. No hablan, pero también te puede tocar uno de esos. Si es así ¡cuidado! porque es el que llega tarde y te pide que les expliques cuánto se ha perdido de la película. O que quién es ese con la cara quemada…

EL QUE SE QUEDA HASTA EL FINAL.- Normalmente son los cinéfilos, que para ellos esto de ir al cine es como para un católico ir a misa. Cuando acaba el filme se quedan hasta el final y hacen que leen los títulos de crédito. Últimamente, y si se trata de una producción de éxito, ya no son sólo estos los que se quedan sino también todos aquellos que saben que al final hay un par de minutos de película de más.

LOS QUE SALEN NADA MÁS LLEGAR EL FINAL.- Suele ser la mayoría. Cuando acaba la sesión se levantan en tromba y como una avalancha humana se dirigen a la salida sin importarles un pimiento pisarle los callos al que se queda tranquilamente sentado en la butaca. Los más previsores escapan de la sala incluso antes de que aparezca el The End de rigor en pantalla.

EL LISTO.- Son todos aquellos que ocupan la butaca que no le corresponde pese a que la sesión sea numerada. Normalmente te cuentan una milonga para que le dejes tu sitio, como la de explicarte que no se va a llenar la sala y que hay asientos mucho mejor que el que te corresponde. Al final, o llegas a las manos o llamas al linterna (acomodador) para que se vaya a hacer puñetas.

LOS PURISTAS.- Esta especie va un poco más lejos que la de los cinéfilos. Normalmente se colocan en las butacas que estén más próximas a la pantalla y se quedan en la sala hasta que desaparecen los títulos de crédito. Son, generalmente, más hombres que mujeres y suelen ir solos al cine.

EL FRIQUI.- Se han multiplicado. Y gran parte de culpa la tiene la puñetera Guerra de las galaxias. Hoy la película puede ser Batman, Iron Man o las del Harry Potter, y siempre se tratan de segundas, terceras o cuartas entregas. Los localizas porque entran en la sala con los ojos inyectados en sangre y notas su nerviosismo a distancia considerable. Esto de estar nervioso es porque esperan como agua de mayor ver la segunda, tercera o cuarta entrega del éxito de turno. A veces, incluso, van disfrazados de sus personajes favoritos.

LOS ROMÁNTICOS.- Haberlos haylos sólo que ya son pocos. Se refiere a aquellos espectadores que si les gusta la película suelen aplaudir al final. Apenas se les hace caso, pero debo de confesar que una de mis experiencias más placenteras con esta especie me sucedió viendo en Madrid la primera parte de Érase una vez en América y Brazil. Fui de los que aplaudí.

EL CABREADO.- Cuidado con éste. O ésta. Sobre todo si te toca al lado. Se trata de un animal lleno de mala leche y si puede provocará una pelea con el que tiene al lado para amargarle a la víctima la que suponía iban a ser dos horas de relax. Recuerdo todavía como en una sesión suspendieron la función porque uno de estos cabestros se lió a puñetazos con un pobre muchacho. Al final tuvo que intervenir la policía.

LOS SUBIDOS DE TONO.- Probablemente sea una de las experiencias más agradables o desagradables que le puede pasar a uno dentro de un cine. Póngase en situación: está viendo una película y siente como una mano se coloca encima de su pierna o como un pie roza con el suyo. Mira de reojo para descubrir quién es el autor o autora de esta seducción y el chasco puede ser mayúsculo si observa que quien se le insinúa es algo así como el primo/a hermano/a de Quasimodo. Si ánimo despectivo por el tal Quasimodo.

EL DEL SHHH.- Son esos que no paran en mandar a callar. Y no sólo a los que tienen la manía de hablar sino a quien se mueve en su asiento o despega, procurando no hacer ningún ruido para no molestar, el envoltorio de un caramelo. Deben de creerse importantes. Lo mejor es responderles con otro shhh.

LAS CHICAS DE ORO.- O grupo, generalmente de señoras, de la tercera edad que va al cine porque es probable que no tengan nada mejor que hacer. Lamento decir que las que me han tocado suelen ser bastante escandalosas y que ahí he tenido que ser yo quien las llamara al orden con el dichoso shhh. No te hacen puto caso.

LOS NIÑOS.- Creo que fue Alfred Hitchcock quien dijo en cierta ocasión que detestaba rodar con niños. He llegado a la misma conclusión como espectador de cine: detesto ver una película con niños, sobre todo si van acompañados de sus padres, que es cuando los enanos se crecen ante la adversidad de todos esos adultos que también una vez fueron niños. Resulta no obstante un público inevitable si usted se mete en una de dibujos animados.

LOS BEBÉS.- No me considero un Herodes pero nunca he entendido cómo alguien puede llevar a un recién nacido al cine. No pasa nada si el crío duerme plácidamente pero si despierta y se pone a llorar soy de los que se le pone la piel de gallina. Debe ser algo que llevamos dentro, pero el llanto de un niño son de esas cosas que desarman. Ni los del shhh son capaces de decirles shhh. 

EL GAMBERRO.- El que va al cine a putear. Y putear de muchas formas. Habla, tira cotufas al que tiene enfrente, enciende un cigarrillo, lanza eructos en sensurround, etc, etc…  Obviamente, va al cine no por la película sino para putear. No es un tipo feliz, pero cuidado con él si va en grupo. 

Y LOS DEL GRUPO.- Generalmente son pandillas de adolescentes y hacen del cine una fiesta con sus gemidos. En la actualidad se les puede localizar sobre todo con las películas de la saga Crepúsculo. Personalmente, lo considero como un espectáculo añadido a estos filmes. Hacen hasta obligatorio que veas ésta y otras series similare en un cine.

Saludos, desde Copenhague, desde este lado del ordenador.