Archive for the ‘Reflexiones’ Category

Tarumba equinoccial

Lunes, Julio 19th, 2010

Lo bueno, está escrito, se acaba. Regreso a la isla. Regreso a la rutina y al tradicional y surrealista paisaje tinerfeño. Será mañana, martes, 20 de julio. Hago repaso de mi experiencia gijonesa y regreso a casa con la agenda repleta de direcciones y contactos. Agradecido también por haber descubierto a un escritor colombiano de mi quinta, Mario Mendoza, un tipo cuya literatura se te atraganta, te sacude, te golpea a base de bien… es decir, necesaria para estos tiempos de imbéciles que vivimos.

En Gijón leo en tiempo record su Buda Blues y Scorpio City y consigo en Madrid, Satanás y Los hombres invisibles. Ya les contaré. Por lo pronto, me confieso enganchado a su realismo desgarrado que no mágico. Será la tarumba equinoccial.

Callejeando por este Madrid de calor agobiante y seco, que me quiebra los labios, descubro un cartel anunciando para ese mismo martes en el que regreso a la isla infernal un concierto en el que, entre otros, toca Hugo Westerdhal. Inserto el cartel para que lo vean. Y lo comenten. Y sean felices o un poco más tristes, que ya no lo sé.

Aprovecho mi estadia en la capital del reino para ver a amigos a los que hace tiempo perdí el rastro. Y observo que todo sigue igual aunque los protagonistas de la película estemos más gordos y calvos. También más desesperados. Debe ser eso del fin de la infancia, de la adolescencia, de la juventud divino tesoro.  

Entre la tonga de libros que me llevo a casa como si de botellas de agua se tratara para soportar el desierto, se encuentran tres libros ya descatalogados de un escritor francés que responde al nombre de Jean François Vilar. Me comentan que ya no escribe, que vive encerrado en su chabola, lo que a mi juicio lo engrandece en mi peculiar santuario de autores raros a los que tanta afición tengo.

Dicen sus seguidores, y Paco Ignacio Taibo II es uno de ellos, que Vilar era una especie de Julio Cortázar dedicado al polar, o a la novela policiaca gala. Esa misma escuela de la que salió mi admiradísimo Jean Patrick Manchette, un escritor que no deja de ser reeditado en este país de imposibles que es España.

En fin, eso era todo. Más o menos.

Saludos, derrochando tiempo del que no dispongo, desde este lado del ordenador.

¿Qué me pasa, doctor?

Lunes, Julio 5th, 2010

NOTA: Los datos para este diálogo de tontos han sido entresacados de las conclusiones finales del Diagnóstico de la realidad cultural en Canarias, que servirán de base para lo que será el Plan Estratégico del Sector Cultural de Canarias, esa especie de tónico súpervitaminado que nace para reanimar a un entrañable moribundo que, pese a todo, se resiste a morir y que llamamos y/o conocemos como Cultura en Canarias.

El doctor entra en la habitación del paciente sin llamar. Se acerca a la cama del enfermo, quien abre sus ojos inyectados en sangre. El doctor consulta la ficha, mueve la cabeza e intenta sonreír mirando al paciente.

DOCTOR: Vamos, vamos ¿cómo se siente hoy Cultura en Canarias?

Cultura en Canarias intenta responderle pero de su boca sólo sale una cascada descontrolada de toses que al doctor le parecen sospechosamente tísicas.

DOCTOR:  Anímese, que aún le queda mucho tiempo…- responde con misteriosa sonrisa.

CULTURA EN CANARIAS (aún entre toses): ¿Puede (cof, cof, cof)  puede (cof, cof) usted decirme cuál es el diagnóstico (cof)?

DOCTOR:  Empezaré y terminaré por lo malo: Se encuentra así por el bajo nivel de consumo cultural que existe en las islas y a la excesiva dependencia pública con la que se ha acostumbrado a este pueblo a lo de mamá, yo quiero ser artista. Le falta, además, instrumentos de información y observación cultural y…

CULTURA EN CANARIAS (agarrando las sábanas que cubre su cuerpecito con delgadísimas manos): Eso lo dice usted para seguir cobrando ¡¡¡canalla!!!

DOCTOR (que no se da por enterado): Se aprecia además un considerable desequilibrio territorial y una estructura infraestructural insuficiente de equipamientos culturales en las distintas islas (teatros, salas de conciertos, bibliotecas) lo que no ha permitido estructurar circuitos escénicos y musicales de calidad. Igualmente, y si bien es cierto que existen algunas iniciativas destacables, la industria creativa canaria es aún excesivamente embrionaria y débil en algunos sectores como el discográfico y el editorial. Observo, también, una notable carencia de empresas-tractor en la industria cultural y una raquítica interrelación y coordinación sectorial.

CULTURA EN CANARIAS: ¿Podría hablarme en cristiano?

DOCTOR (que continúa sin darse por enterado mientras lee el informe marcando las líneas con el índice de su mano derecha): Hemos detectado poca presencia de creación emergente e innovadora, así como insuficientes espacios para la creación y la producción. Además, la situación geográfica y el carácter insular de Canarias impone una lejanía respecto a los centros de producción cultural nacionales y europeos, que le resta mayores posibilidades de desarrollo y una insuficiente oferta formativa en el ámbito de las artes y la industria cultural.

CULTURA EN CANARIAS: ¿Otra vez con lo mismo?

DOCTOR (que insiste con señalar con el dedo por donde va leyenedo): Hemos visto también una excesiva concentración de la oferta en las capitales. La concentración de la oferta cultural en las capitales conlleva una poca cobertura del resto de territorios. Huelga decir, si se me permite, la poca penetración de las nuevas tecnología y carencia de ciertos marcos legislativos propios que favorecerían el desarrollo de ciertos sectores. Tiene usted además insuficiencia en proyección exterior.

CULTURA EN CANARIAS (fuera de sí): Y el puto supositorio de Septenio, ¿qué coño ha sido?

DOCTOR (levanta la cabeza molesto. Contempla al paciente y mueve una vez más la cabeza): Usted sabrá…

CULTURA EN CANARIAS: ¿Qué yo sabré dice el matasanos? ¿Dónde sacó el título, calandraca?

El doctor no responde. Parece que lo ha herido en su orgullo.

CULTURA EN CANARIAS (resoplando): ¿Cuánto tiempo de vida tengo (cof, cof, cof)?

DOCTOR (que ahora le ausculta el pecho y le toma el pulso): No me atrevería a decir. Pero ahí fuera he venido con el faycán por si acaso.

CULTURA EN CANARIAS (resignado): Pues llame usted al faycán que igual me cuenta algo nuevo porque lo que es usted…

DOCTOR (muy serio): Semos profesionales.

CULTURA EN CANARIAS: Ya. Hágame el favor y llame usted al faycán.

El doctor se retira y entra en la habitación el faycán. Se inclina sobre el cuerpo del moribundo y recita:

FAYCÁN: Arrorró mi niño, arrorró mi sol, arrorró pedazo,
de mi corazón…

CULTURA EN CANARIAS (aplatanada/o): Este lindo niño se quiere dormir…Cierra los ojitos y los vuelve a abrir…

Saludos, shhh, desde este lado del ordenador.

¡Toma, Moreno, toma!

Jueves, Julio 1st, 2010

PRÓLOGO

No fui un niño que tuviera pesadillas. Las vine a padecer oficialmente mayor y son tan extrañas y amargas que no merece la pena que insista en las muy jodidas. Pienso ahora que si fui una feliz criatura que solía dormir como un lirón sin que me asaltaran los miedos se debe, probablemente, a que desde muy pequeño me sedujo en el amplio universo del entretenimiento eso que se llama género de terror. Con todas sus chispeantes variantes.

Empaparme a tierna de edad de las historietas truculentas que publicaban revistas como Vampus o Rufus, Dossier negro o Espectro, así como de todas aquellas novelas y películas que se me ponían a tiro blindó mi cerebro hacia todos aquellos terrores que profanaban el sueño de mis amigos.

Reconozco, no obstante, que como espectador de esta clase de películas no soy el más recomendable ya que suelo brincar en la butaca. Recuerdo incluso que en una ocasión hasta solté un alarido.

Esto del grito sucedió hace muchos años y fue durante la proyección de una película de la que hablaré más abajo y que disfruté (porque con este género el que suscribe disfruta) en el ya legendario por desaparecido cine Greco, en la capital tinerfeña.

MIS MIEDOS INFANTILES

Si hay algo que siempre me ha producido mal rollo en las películas de terror son todas aquellas que están protagonizadas por niños y juguetes infantiles. Y si estos juguetes son muñecos la piel se me pone literalmente de gallina.

Este post me lo sugirió el visionado el otro día de un episodio de la Dimensión desconocida que pesqué en YouTube (hay que ver las tres partes) y que se titula, precisamente, El muñeco. Pueden disfrutarlo en versión original y también con doblaje sudamericano si pichan el enlace. Yo escogí la versión doblada porque me apetecía volver a escuchar aquellos acentos y recuperar mis viejos tiempos ante el televisor en blanco y negro que había en casa de mis padres (todavía me acuerdo de su marca, Pradoni) y que jubilamos cuando se impuso la tele a color sin que ningún día dejara de prestar leal servicio.

Es probable que si algunos de ustedes pinchan el enlace para contemplar este episodio de Twilight Zone se pregunten cómo demonios le produjo tal viruje a quien les escribe, pero créanme si les digo que fue verlo el otro día y no parar de mirar hacia atrás por si aparecía el puñetero muñeco del ventrílocuo.

Y PESE A TODO ME GUSTAN LOS VENTRÍLOCUOS

A mi los ventrilocuos me gustan bastante, debe ser porque los muñecos y en ocasiones quienes los manejan me dan miedo. Y ya saben que el miedo es una de las emociones más antiguas de la humanidad.

Es tanta mi pasión por los ventrílocuos que incluso me gustan malos ventrílocuos como Mari Carmen y sus detestables muñecos. Comenzando por doña Rogelia y terminando con aquel pato chulazo que se llamaba Nico. Mari Carmen sin embargo no copa el sube y baja de mis cotidianos desprecios como José Luis Moreno, un personaje que ya de por sí parece sacado de un cuento de terror por aquello de que parece ser el verdadero muñeco y no Macario o el cuervo Rockefeller, tan simpático con su reivindicativo ¡toma Moreno, toma!

Respecto a las películas con ventrílocuos como protagonistas (la mayoría curiosamente de carácter fantástico) les invito a que pinchen este enlace, ya que ha sido repasar la extensa lista de nombres que se citan para que inmediatamente volviera al pasado al recordar la primera y última vez que vi la excelente Al morir la noche, y la mejor de las cinco historias que se desarrollan en esta película protagonizada por un ventrílocuo y su muñeco. Me consta que ha sido editada recientemente en formato dvd.

EL GRITO

Como me he ido por las ramas, ya que comencé relatando mis miedos con niños en el cine  (Suspense y El otro me vienen ahora a la cabeza) o con juguetes como protagonistas, aprovecho este espacio para contarles lo que avanzaba al principio, mi primer y único grito de terror que he soltado viendo una película en pantalla grande. Con Tiburón no vale porque ahí lo que chillamos la chiquillada fue el ya mítico: “muere hijo de puta” cuando Roy Scheider manda al infierno al gigantesco escualo.

El filme al que me refiero es Poltergeist, de Tobe Ho0per macerado por Spielberg, y la escena –para quien la haya visto– es aquella en la que el niño despierta por la noche a causa de una tormenta y mira a su alrededor cuando sus ojos descubren sentado en una silla a su muñeco gigante de payaso. El chico continúa con su inspección ocular y cuando regresa a la silla descubre (glup) que el payaso ya no está. Y entonces… entonces… Brrrrr, todavía me produce escalofríos evocar esa escena.

EPÍLOGO

Les contaba al principio que no fui un niño con pesadillas. Y es verdad. Los miedos conjuraron en mi cabeza cuando dejé de llevar pantalones cortos. Miro hacia atrás quizá por la necesidad de comprender el origen de mis actuales pesadillas y ahora llego a la conclusión que cuando fui infante vi la luz: esto de ser adulto es lo mismo que convertirse en un muñeco.

Ya no sé si de ventrílocuo.

Saludos, ¡a lo toma Moreno, toma!, desde este lado del ordenador.

¡Los artistas son un asco!

Miércoles, Junio 30th, 2010

 

El excelente guionista y dramaturgo Ben Hecht  tituló una de sus novelas ¡Los actores son un asco! Así que recurriendo a tan sabia y provocativa denominación amplio cariñosamente su valoración a los artistas en general: ¡son un asco!

Reflexionen: la mayoría de esta especie pertenece a esa dimensión desconocida que popularizó otro excelente escritor para cine y televisión que nunca estuvo matriculado (afortunadamente) en eso del LEAC, y que se llamó Rod Serling.

No sé como serán los creadores de otras partes del universo mundo, pero en confianza y ahora que no nos lee nadie, puedo afirmar que los de aquí (los de Canarias) son algo así  como una especie de grupo salvaje pero sin la épica de los forajidos del filme de Peckimpah. Es más, y utilizando juguetonamente otro título del director de Mayor Dundee, puedo afirmar que mientras los que gestionan la cosa cultural desde las altas instancias del Gobierno regional, cabildos y ayuntamientos sean los mismos, esto suena sospechosamente a su inmortal Quiero la cabeza de Alfredo García.

Si por algo se caracteriza lo que podría definir científicamente como artista canarius, lo primero que se me ocurre es su obsesión por crear capillas, llevarse bien con el consejero de turno para el reparto de prebendas y despedazarse con sus semejantes como bestias. Lo que ilustra a la perfección aquello de pueblo chico, infierno grande.

Lo paradójico del caso es que entre estas bandas de artistas y artistuchos apenas hay diferencia y en la mayoría de los casos una coincidencia en planteamientos formales que no justifica ese “todo pa’ mí” en el que se  emperran. Es probable, en todo caso, que el problema sea que si no perteneces a la tribu o al clan, genere ese enojoso odio hacia el otro que al final se olvida cuando uno muere o simplemente desaparece del mapa insular.

Los que se salvan de la criba de los carroñeros son aquellos creadores relativamente jóvenes que han pasado a formar parte de la liga de los que están más allá del bien o del mal. Generalmente se tratan de hombres y mujeres que asumieron el riesgo de emigrar con lo puesto y hacerse un hueco en otros territorios. Y si en esos territorios adquirieron un éxito por insuficiente que sea, garantizo que a su regreso serán mirados de otra manera. No sé si con respeto, pero sí al menos como rarezas, como si esa persona materializase los sueños de los creadores que se quedaron en esta bipolar autonomía.

Teniendo en cuenta que en Canarias se crea mucho y que la vieja metáfora de que en esta tierra cuando se levanta una piedra salen tantos poetas como hormigas, ya va siendo hora de que las cosas se pongan en su sitio, y una de esas formas es a través de una crítica que sin venir de estos grupúsculos, evalúe con la suficiente independencia el trabajo que todos ellos están desarrollando gracias aún al dinero del contribuyente.

No es una tarea fácil esto de ser crítico. Es más, creo que es uno de los mejores métodos para procurarse enemigos en este archipiélago infernal, pero sostengo que es necesario. Más si tenemos en cuenta que cuando hablan o escriben no se les suele tener mucho en cuenta afortunadamente. De hecho, pienso que no hay que hacerle ningún caso a quien valora una obra hecha por otros pero sí a saber encajar su opinión. Y que esta opinión suscite debate y si se quiere bronca en unas islas donde el disenso sólo se produce en estos mismos grupos culturetas pero a puerta cerrada y en plan maoísta.

Tal y como está el panorama, con los mensajes de advertencia que están lanzando desde las instituciones avisando que la época de las vacas gordas es ya un pálido recuerdo del pasado, es necesario que los artistas según los bandos (azules o verdes como en la antigua Constantinopla romana) dejen de lado sus estúpidas diferencias y aprendan el valor de la unión. ¡La unión hace la fuerza! que decía el otro. Es recomendable también que empiecen a estrujarse la cabeza para buscar otras fuentes de financiación cuando las oficiales ya no por gestos sino de palabra anuncian que están a punto de tirar la toalla. Claro que esto ya no es tarea para artistas sino de gestores culturales. Y en Canarias, como pasa con los poetas, hoy hay tantos como hormigas cuando uno levanta esa piedra del camino…

No sé si será por el calor o por la invasión de cucarachas que parece que vuelve a repoblar las calles de la capital tinerfeña, pero ya va siendo hora que los diversos colectivos e individualidades creadoras canarias se quiten la mordaza que reprimen su (en la mayor parte de los casos justificada) denuncia y asuman –de una vez por todas– que son artistas, y que como artistas (escritores, cineastas, pintores, músicos, fotógrafos, etc…)  hay que arrimar el hombro porque no vale con estrenar, actuar, publicar, exponer con suerte una vez al año en estas desesperadas siete islas.

Ok, se supone que una de las fuentes de las que emana el programa Septenio pretendía precisamente poner remedio a esto pero visto sus resultados mucho me temo que la política de la Viceconsejería de dar una de cal y otra de arena sólo ha generado más caos donde tendría que haber diseminado semillas.

El problema es que se están agotando las posibilidades para un eficaz golpe de timón. Y la verdad, tampoco veo mucha intención por hacerlo.

Saludos, cabiZbaJos, desde este lado del ordenador.

Algo más que periodistas

Domingo, Junio 27th, 2010

De tanto en tanto me sumerjo en el testimonio que algunos grandes periodistas nos han legado en forma de también grandes libros.

Recuerdo con entusiasmo cuando leí México insurgente de John Reed, volumen que devoré en Madrid mientras me movía de un lado a otro en metro o guagua (autobús que dicen por allí) sintiéndome casi como el protagonismo de este relato vivido en tierras aztecas en plena revolución mexicana. Más tarde me abrumaría con su ya mítico 10 días que conmovieron al mundo, crónica entusiasta de los primeros días de la revolución de los soviets y más tarde la de sumergirme en sus artículos compilado en el volumen La guerra en Europa oriental en el que, probablemente, fue uno de mis más visionarios y reveladores viajes como turista de saldo por las geografías de Grecia y Turquía.

En mis lecturas de libros escritos por periodistas también navegué por los océanos del nuevo periodismo aunque debo de reconocer que la fórmula habilitada por Tom Wolfe nunca me hizo demasiado tilín, así como tampoco el periodismo bronco y gonzo de Hunter S. Thompson. Sí que me hizo más gracia la manera gamberra de narrar la realidad que destilaron gente como Terry Southern y otros hippies que se empeñaron en contarnos su propia visión de las cosas, pero no encontré en ninguno de ellos la calidad de Reed ni su implicación en esos momentos decisivos de la historia que tuvo la suerte de describir.

Cuento todo esto porque entre la ya amplia pléyade de periodistas que trascendieron las fronteras del papel diario por el volumen imperecedero se encuentra un excelente articulista italiano que, al modo de mi también admirado Curzio Malaparte, se hizo popular fuera de sus fronteras por una serie de trabajos de carácter histórico que hoy se han convertido en volúmenes de referencia por divulgativos sobre la antigua Grecia y Roma, entre otros. Me refiero al periodista italiano Indro Montenelli, autor también de un interesante volumen de retratos de personajes contemporáneos que tengo en casa en una vieja y apolillada edición de Plaza y Janés, así como su Italia lictoria, en el que narra los primeros años del fascismo y ahora, recién comprado a precio de risa, Indro Montanelli. Memorias de un periodista, testimonios que fueron recogidos por Tiziana Abate y editado en España por RBA.

Ha sido comenzar el libro apenas hace unas horas y darme cuenta que ya he superado más de la mitad de sus apretadas páginas. Quizá sea porque Montanelli –o ese “anarquista conservador” como gustaba definirse– al modo de los buenos maestros reparte su enseñanza con una humildad que no deja de asombrar. Y escribo asombrar porque con su bagaje, su experiencia e incluso con sus en ocasiones controvertidas y polémicas opiniones, habla con la voz del hombre que lo tuvo claro desde sus inicios: ser periodista.

Entre las muchas frases que detesto en este oficio de contar la realidad se encuentra aquella ya tan manida de definir al informador como “un periodista de raza” cuando el secreto, revela Montanelli en este ejemplar relato, es que el buen profesional se fragua a base de mestizaje y de disfraces variopintos con el fin de alcanzar un instinto por lo menos lo más cercano posible a la imposible objetividad. Y por otro, destaca el maestro italiano, a no perder nunca un sentido crítico ante la realidad que lo rodea pese a los numerosos mazazos que reciba.

En unos tiempos donde sólo nos queda satirizar sobre lo que vemos para no ahogarnos con nuestras lágrimas, reitero que para quien les escribe nadar en los recuerdos del periodista italiano ha sido como descubrir un islote en el que descansar antes de volverme a tirar al abismo. Sirvan estas modestas notas a modo de sencillo pero agradecido tributo a su memoria.

Saludos, tras el telón de acero, desde este lado del ordenador.

Las cosas de ‘Juancho’ Armas Marcelo

Miércoles, Junio 23rd, 2010

En contra de otros escritores canarios de su generación (la que denomino cariñosamente como el petardito de los 70) a mi nunca me ha interesado la literatura de Juancho Armas Marcelo. Recuerdo que hace años intenté leer Los dioses de sí mismos y que apenas pasé de sus primeras páginas. Y mira que fue publicitada. Obtuvo un premio y todo.

A Juancho lo he ido siguiendo a través de los artículos que todavía publica en el suplemento cultural de ABC, aunque debo de admitir que últimamente me cansa bastante cuando pone a parir desde su atalaya a otros compañeros de oficio con muy mala fe y escasos argumentos.

Hoy Juancho irrumpe en el templo de mis ideas a raíz de unas declaraciones leídas en la edición digital del periódico El Día que me han hecho preguntarme si este hombre anda bien de la cabeza. Les invito a que le echen un vistazo, si bien me he molestado en extraer algunas de sus paridas con el único fin de que se hagan una idea de las chuminadas que suelta.

En fin, allá él y sus revoltosas neuronas, que deben de viajar felices de un lado al otro en su cerebro. Imagino yo que exultantes por el especial que le ha dedicado La Página, probablemente la revista más espectral a este lado del Atlántico… ¿Quién la lee? ¿A quién le llega? ¿Dónde se vende? ¿Cómo se financia? ¿Existe La Página o es un producto más de mi imaginación? 

En la entrevista que una vez más les invito a que repasen Juancho (o el hombre que fuma puros) sienta cátedra sobre el fantasma de Mercedes Pinto –personaje de moda en estos convulsos tiempos no, afortunadamente, por el documental del bueno sí, está inspirado en su vida pero tampoco…– al mentir sin que se le caiga la ceniza del cigarro cuando afirma que ese mismo documental se lo sugirió a David Baute que hasta que no llegó su guionista y se lo propuso, sabía de la historia de esta formidable mujer lo mismo que quien les escribe de física cuántica.

Lo mejor de la entrevista, sin embargo, viene a continuación del prólogo Pinto. Lean estas declaraciones dignas de figurar en mi peculiar museo de los horrores canarios: “Me gusta la lucha. Levantarme de la cama y enfrentarme a los fantasmas que a otros les pervierten la vida, y no soy partidario de la cultura de la queja ni admito el victimismo, que me provoca verdaderos vómitos y me parece una inmoralidad que no se puede permitir en estos tiempos”.

O “reinvindico el derecho al fracaso como una de las asignaturas a estudiar desde pequeños en el colegio, y otra la lealtad”.

O “la lealtad está perdida y sólo la mantenemos algunos antiguos”.

ACLARACIÓN: Para quienes no lo sepan, los Antiguos son criaturas que creíamos muertas y enterradas pero que reaparecen cada cierto tiempo para darnos la lata.

Pero no se vayan, que aún hay más:

“Soy bonapartista, federalista y jacobino porque a mí esto de las autonomías me parece un error histórico garrafal que vamos a pagar durante mucho tiempo”.

INCISO: O este señor no sabe de historia o quiere ir todavía de enfant terrible por la vida. No sé, además, que tiene que ver Bonaparte, que defendió una Francia imperial a base de machacar con sus ejércitos a media Europa, con el estado de las autonomías. Pero en fin, alguien le debió de dar alpiste a Juancho cuando se entrevistó con el desdichado periodista de la agencia Efe.

Y otra pieza a modo de postre que me ha hecho reír: “la democracia tiene algunos inconvenientes: vulgariza y permite el triunfo del mediocre”.

UNA INQUIETUD: Sospecho, Juancho, que debes pensar que bajo los regímenes de Hitler, Mussolini, Stalin, Franco, Fidel Castro, Pinochet no hubo ni hay mediocres porque o bien están o estaban muertos, en el exilio o encerrados en la cárcel.

¡No le des ideas al Gobierno de Canarias, chacho! 

Y por último, la perla –a mi juicio– que revela el potaje mental del dícese escritor: “La cultura está en el furgón de cola porque no hay jerarquía, sino la alabanza de la mediocridad y los mediocres que son legión escribiendo en los periódicos vetando la excelencia para que no haya debates”.

Me encojo de hombros, tardo en digerir esta empanada mental y concluyo que, definitivamente, Juancho, jamás leeré un libro tuyo.

Es más, ¿hay alguien que haya leído un libro tuyo?

Probablemente Alberto Delgado.

Viva Canarias libre.

Saludos, gritando Achamán por la cordillera de Anaga, desde este lado del ordenador.