Novela y memoria sobre la Guerra (in)Civil en Canarias

Sábado, Agosto 6th, 2011

Canarias cuenta con una interesante producción literaria sobre la Guerra Civil donde se mezcla ficción y memoria a partes iguales. Este post solo pretende orientar sobre algunos títulos que considero, a mi juicio, recomendables para hacerse una idea de lo que podríamos llamar nuestra peculiar literatura sobre aquel conflicto, siendo conscientes que nos dejamos muchas obras en el tintero.

Se trata pues de un artículo que no nace con vocación investigadora ni de análisis, sino como guía de una serie de volúmenes que merecen ser recuperados por todos aquellos que estén interesados en conocer cómo desde los territorios de la imaginación y también del testimonio se nos ha contado con mejor o peor fortuna el drama de la Guerra Civil.

Para quien les escribe si hay tres títulos claves sobre este oscuro periodo de nuestra historia son El barranco, La prisión de Fyffes y Luchar por algo digno, de Nivaria Tejera, José Antonio Rial y Pedro Víctor Debrigode, respectivamente. No puedo olvidar tampoco la intimista La isla y los demonios, de Carmen Laforet y Sima Jinámar del periodista y escritor José Luis Morales, entre otros.

El barranco de Nivaria Tejera es un emotivo y desolador relato a medio camino entre la ficción y la memoria. La acción se desarrolla en La Laguna a principios del alzamiento y está contado a través de los ojos de una niña que asiste a la detención de su padre por ser afín a la II República, lo que supone una fractura para su infancia así como para la familia.

El barranco es para el especialista Claude Couffon la primera novela en español sobre la Guerra Civil, una reflexión muy discutible ya que se publicó antes en francés (Lettres Nouvelles, 1958) que en castellano.

El exilio interior es una de las grandes constantes en la producción literaria de su autora. Mujer que tras abandonar las islas con su familia recaló en Cuba, donde en su juventud abrazó los principios de la revolución cubana liderada por Fidel Castro hasta que ésta se escoró –ya sin máscaras– hacia el comunismo.

En una entrevista que mantuvo con el autor de este artículo (1) Nivaria Tejera reveló que una de las causas que la motivaron a escribir El barranco fue “la necesidad de despejar ese mundo interior que está tan intrincado en mi personalidad. Sentía, además, la poesía que podía extraer de todo aquello. Mi intelecto ya estaba establecido y me pareció que era un elemento de trabajo intenso para que comenzara a escribir.”

Y añadía: “Afortunadamente nunca perdemos la infancia. Lo que sí me costó fue llevarla a una posible lectura, a una escritura, a un estilo porque ya entonces quería crear un estilo agarrándome a esa terrible memoria infantil.”

La prisión de Fyffes de José Antonio Rial narra el encarcelamiento del autor en la improvisada cárcel que antaño había sido empaquetadora de plátanos.

Novela testimonio y de ambiente carcelario, Rial describe que mientras estuvo preso en Fyffes fue como “vivir en una cloaca.” Los presos republicanos estaban hacinados y sobre todos ellos pendía la sombra de la muerte.

José Antonio Rial (San Fernando, Cádiz, 1911-Caracas, Venezuela, 2009) se exilió a Venezuela donde continuó escribiendo y colaborando en distintos medios de comunicación de ese país. Algunos de sus libros son Venezuela Imán, Reverón, Jezabel, Segundo naufragio, Tiempo de espera y Las nereidas del faro.

Admirado por numerosos lectores aficionados a la novela de capa y espada de a peseta, Pedro Víctor Debrigode emplea también la ficción y la memoria en su antológica Luchar por algo digno. Obra que consta de dos partes, el primer volumen se desarrolla prácticamente en Tenerife donde el estallido de la Guerra Civil coge al protagonista mientras cumple servicio militar.

Las descripciones más estremecedoras del libro son las que se desarrollan en los barcos prisión anclados en el puerto de Santa Cruz de Tenerife y donde el protagonista cumple con la ordenanzas militares mientras contempla como día sí, día no, muchos de los cautivos salen en pequeñas embarcaciones a alta mar para no regresar jamás.

Escrita sin florituras estilísticas, Luchar por algo digno (la segunda parte se titula El espía inocente) se trata a mi juicio de la mejor novela escrita hasta la fecha sobre la Guerra Civil y Canarias. Quizá porque se trata de la historia de un hombre que sin ideologías solo quiso vivir y que lo dejaran en paz.

Otro de los títulos más conocidos sobre aquella contienda fraticida escrito en y desde Canarias es Sima Jinámar, de José Luis Morales.

Según explicó el autor en una entrevista publicada en el diario El País, la novela la comenzó a escribirla en la cárcel por dos razones: “la primera, que allí tenía tiempo. Y luego, que en aquella ocasión la novela actuaba como salida y reflexión en un momento de crisis ideológica que yo sufría, era 1969, con toda la universidad española. Intentaba, por un lado, hablar de esa realidad que para mí era tan cercana, la de las islas, y por otro, dar a todo esto universalidad, romper el localismo. Porque, al final, los problemas no son exactamente locales, ¿no? Entonces ensayé con el lenguaje canario, rural y con sus ritmos. Te llamará la atención que hay mucha redundancia, que para mí es dialéctica. Y para romper el realismo elemental aparecían algunos personajes atemporales, míticos, que rompen el tiempo y universalizan la ficción.”

La novela, reeditada el año pasado por Turpin Editores, recopila una serie de  atrocidades de las que se habla aún en susurros en Gran Canaria.

Según Domingo Martín en su interesante blog Noticias de Agüimes, Sima Jinámar es el relato de un hombre al que “el sistema va engullendo. Y, aunque una de las habilidades de Morales es la de inventar topónimos (Anuwania, las Siete Mil Islas o Banicado son algunos nombres), a esta Sima le respetó el nombre original para que no quedara duda. Los setenta metros de profundidad de este tubo volcánico sirvieron de tumba para disidentes durante la dictadura julita, en la que transcurre la trama de la novela. Con tanto cadáver gritando historias, ‘intentaron dinamitarla después de la guerra, pero entonces la abrieron más’, recuerda José Luis Morales. ‘Es imposible dinamitar algo que es como una catedral de grande’”.

La Guerra Civil también ha producido excelentes novelas como La infinita guerra, de Luis León Barreto, y ha servido de inspiración para moldear el carácter de algunos de los protagonistas de sus historias en distintos escritores de la que ya se conoce como Generación 21 como son Víctor Álamo de la Rosa (El año se la seca, Campiro que y Terramores); Al sueño polar de golondrinas, de Álvaro Marcos Arvelo y Los días de Mercurio. La iniquinidad II, de Alexis Ravelo.

Álamo de la Rosa se basó en un conocido político herreño, Manuel Hernández Quintero, para su Manuel el huido de Terramores.

El año de la seca se ambienta en el periodo de postguerra en el territorio mítico de Isla Menor (El Hierro) mientra que en Campiro que da noticias de todas aquellas personas que al estallar la guerra buscaron refugio en cuevas y tubos volcánicos para no convertirse en víctimas de la represión militar.

Álvaro Marcos Arvelo parte de la fuga que emprendió el poeta gomero Pedro García Cabrera junto a otros presos políticos desde el campo de prisioneros de Villa Cisneros a Dakar, Senegal, en 1937, en una potente novela escrita en dos tiempos que coincide en los actuales con la llegada de un barco chatarra a Puerto Santo, universo imaginario del escritor y cuyo reflejo podría ser Tenerife y en cuyas oscuras bodegas viajan 152 inmigrantes subsaharianos.

En el otro extremo de la balanza se sitúa Alexis Ravelo, quien se despoja de la influencia de su popular detective privado Eladio Monroy para narrar en clave muy negra una historia de venganza en la mejor tradición del género en Los días de Mercurio. La iniquinidad II, donde su protagonista, un hombre del bando de los derrotados descubre un secreto bien guardado por parte de uno del bando vencedor. 

Parece que el también escritor Javier Hernández Velázquez retoma el pasado cainita que supuso el conflicto en su esperadísima novela El fondo de los charcos que en otoño de este año editará Baile del Sol.  

Otras obras a destacar son Mientras maduran las naranjas, de Cecilia Domínguez Luis, novela que recupera la memoria de la Guerra Civil en las islas a través de los recuerdos de Sara, una adolescente que vive el golpe de estado de Franco cuando tiene solo diez años; La fiesta de los infiernos, de Juan José Delgado, que ofrece una visión sobre aquellos años escrita desde el esperpento y, de manera tangencial, El árbol del bien y del mal de Juan José Armas Marcelo, novela que junto a Las naves quemadas le sirvió para fundar su imaginario universo de Salbago.

Luis León Barreto recurrirá también a la isla-símbolo, en su caso llamada Tamarán, para La infinita guerra, en la que profundiza en las imbricadas raíces que tejió el poder para justificar la represión a la que sometieron a la población de las Islas nada más declararse la Guerra Civil.

El periodista y escritor grancanario Alfonso O’Shanahan es autor de la interesante Solsticio de verano, una sorprendente novela de espías ambientada en la segunda mitad de los años treinta en Canarias que ha sabido envejecer muy bien con el paso del tiempo. 

En cuanto a recuerdos, destacaría Añoranzas prisioneras, del anarquista Antonio Rodríguez Bethencourt, libro en el que narra las aventuras de su compañero de presidio Antonio Tejera Afonso Antoñé; Memorias de un hijo del siglo, del socialista Juan Rodríguez Doreste; Once cárceles y un destierro, de Diógenes Díaz Cabrera; …Empieza a amanecer, de Constantino Aznar de Acevedo y La luz infinita, de Amílcar Morera Bravo, título en el que este escritor y médico natural de La Palma incluye varios relatos sobre su experiencia como sanitario del ejército nacional en diferentes frentes de la península.

También de un palmero es Con los parias de la tierra, memorias de quien fuera fundador de las Juventudes Comunistas de La Palma y destacado dirigente político durante la II República, Florisel Mendoza.

Y…

(1) El Perseguidor, número 23. Entrevista con Nivaria Tejera, “Ya no me siento exiliada en ninguna parte“.

Saludos, cantando ¡A las barricadas!, desde este lado del ordenador.

¿Narrativa canaria? Muy bien, gracias…

Martes, Junio 28th, 2011

No deja de sorprender que, pese a la dichosa crisis, uno descubra en la estanterías de las librerías títulos escritos por gente de aquí no ya editados por editoriales también de aquí sino de fuera.

Recientemente se han presentado, entre otros, Erich el zurdo, de Domingo Luis Hernández, El guanche en Venecia (me comentan que ya se ha agotado la primera edición y que está en prensa la segunda), del profesor Juan Manuel García Ramos; Los tipos duros no leen poesía, de Alexis Ravelo y La casa de las flores rotas, de Juan Andrés Herrera, primera novela de su autor que a este que les escribe no le ha dejado para nada indiferente.

Tras el paréntesis vacacional, se anuncia la publicación en septiembre de los últimos trabajos literarios de José Luis Correa (Murmullo de hojarasca) y Cristo Hernández (Biografía reciclada de Manolito Camborio) dentro de la colección Generación 21, y en Baile del Sol la novela El fondo de los charcos de Pedro Javier Hernández Velázquez, títulos de los que ya nos hicimos eco en un post anterior.

Me informan que en octubre y en la colección Generación 21 se publicará  una novela de JRamallo que, a tenor de lo que me han soplado los que han tenido la suerte de leerla, promete.

Nuestro escritor especializado en fantasía y ciencia ficción Víctor Conde volverá a publica una vez más con Minotauro-Planeta. Se trata de Hija de lobos, relato sobre licántropos y Víctor Álamo de la Rosa tras reeditar El año de la seca con Tropo Editores, repite con la misma editorial pero ahora con un libro de relatos: Mareas y murmullos.

En Tropo Editores también se dará a conocer La trama del arquitecto, de Juan José Delgado mientras que Antonio Lozano –que presenta el próximo viernes 8 de julio en la lagunera librería Mistério la nueva edición que la pequeña pero valiente editorial Zech ha hecho de Harraga, novela que se publicó por primera vez en 2002– espera que Almuzara ponga a la venta precisamente en julio La sombra del minotauro, una historia que transcurre en Gran Canaria y en la que relata el sórdido mundo de las mafias que trafican con mujeres.

Para iniciados en la obra de autor, informar que La sombra del minotauro es la segunda (y eperadísima por los aficionados) entrega de la serie sobre el detective José García Gago que inició su autor con Preludio para una muerte.

Y sí, lo sé… No he mencionado a ninguna mujer.

Saludos, no están obviamente todos los que están, desde este lado del ordenador.

Los tipos con pellejo leemos cualquier cosa

Miércoles, Junio 15th, 2011

Señor Ravelo

Los tipos duros no leen poesía es la primera novela que leo de usted así que  como no he leído otras novelas de usted, también es la primera novela que leo que dedica a su personaje Eladio Monroy.

Permítame así escribirle –antes de emitir mi juicio– que la ha leído en apenas dos días. Simultaneando su lectura con otros libros que necesariamente no tenían que ser novelas.

Sepa usted que mientras machaco las teclas de ordenador el ejemplar descansa a un lado de la mesa. También quisiera transmitirle que perdone mi ausencia de la presentación que este mismo viernes, 17 de junio, ofrecerá en la lagunera y recogida librería Mistério (¿habrá alguien que me explique el porqué del acento en la e?).

Es un ¡misterio, gañán!

Perdone usted, señor Ravelo, que me disperse pero ansí soy de tontainamente (in)feliz.

Le contaba.

He leído su Los tipos duros no leen poesía y, francamente, me ha gustado. Pero también me ha disgustado.

Entiéndame usted bien.

Desde que tengo uso de sin razón la novela policiaca me ha acompañado en mi soledad infinita. Encontré en este maltratado y malhablado género un nicho donde me revelaban y sobre todo denunciaban cosas que en otras literaturas no me contaban.

Los maestros que me iniciaron en el género fueron existenciales perdedores que desde la iletrada Norteamérica hicieron tan rica esta literatura. Yo siento devoción, entre otros santos varones, por David Goodis, Jim Thompson y W. R. Burnett. No me canso, créame usted, de reelerlos.

Con esto quiero decirle sin acritud por donde se mueven mis intereses de reclamo como lector de novela policiaca o negra. Y que entienda que fluyendo de esos maestros del arroyo espere algo parecido de quienes tantean el género.

Un relato pesimista y demoledor que  dicten los parias de la tierra.

Señor Ravelo, quiero que entienda bien esta desviación genérica. Quiero que entienda que me atrae de la novela negra el otro lado. Ese lado oscuro y salvaje que un burgués hoy ya sin pretensiones de prosperar y muy indignado precisamente por ello, quisiera encontrar en el felizmente recuperado para el público español una seña de identidad que le dijera: “Niño, aquí tiene a una especie de Edward Bunker pero con acento canario”

Y no.

Pero con esto quiero decirle tambiém que los detectives, o los aspirantes a detectives que trabajan al lado de la ley nunca han terminado de llenarme.

De hecho, me parecen una panda de falsarios, de mercenarios que se han vendido al sistema en un género rojo y amotinado como es la novela negra.

Y no me responda usted citando a Spade o a Marlowe porque más que detectives fueron caballeros sin espadas en un mundo donde ya no quedaban románticos como ellos. Más bien, parafraseando a Pétain, dejaron a un lado el sable para convertirse en escudos.

Le cuento, no obstante, que su Los tipos duros no leen poesía me ha gustado –sin llenarme– porque está bien escrita.

La trama, sin complicaciones, se sigue.

Tiene usted, además, una asombrosa capacidad para describir atmósferas que en ocasiones entran en el alma como si el diabólico Maradona (sin la ayuda de la mano de Dios) tirara a puerta. Entienda que son balones que van directos a gol.

Me encanta esa descripción que hace de una capital de provincias el último día de la semana: “No hay nada tan largo como un domingo en Las Palmas de Gran Canaria. Si hace buen tiempo, se puede ir a la playa y luchar con otros miles de bañistas por encontrar un bien sitio. Si hay algún compromiso social, algún asadero o reunión de amigos o familiares, se puede emplear la mayor parte del día en disimular el miedo al vacío con cervezas, chuletas y choricitos barrilleros. Pero no hay quien te libre de la tarde. Esas tardes alongadas hacia la noche, en las que solo es posible penar en las pérdidas de los seres amados que un día decidieron alejarse de ti o de los que, sencillamente, entre las fauces de las muerte.”

Y también me gusta el universo de amores y amigos con los que protege a su protagonista, ese Eladio Monroy sin embargo que no termina por definirse  como duro y cínico en mi cabeza probablemente porque desconozco las otras dos historias que ha escrito usted de su protagonista.

Quiero transmitirle en definitiva que, pese a mis malestar de que pretenda que Monroy se mueva en una delicada legalidad, Los tipos duros no leen poesía me ha gustado a medias porque, a mi juicio, no tiene otra pretensión que la de entretener.

Sus diálogos son vivos, su the end con sabor a claudicación creíble y hermoso por lo que encierra de final, ¿inevitable?, de una trilogía que pide a gritos –se lo escribe un chicha–  una cuarta entrega donde Monroy visite también la isla que tanto usted como su personaje tiene enfrente.

Y discúlpeme el atrevimiento, pero me gustaría que Eladio Monroy viajara a este inhóspito territorio en el que habito (Tenerife) para resolver el caso de su vida y probablemente de su épico  final.

Un final, permítame usted sugerirle, más cercano al universo inevitable y existencial  de Goodis que al abierto y esperanzador que propone en Los tipos duros no leen poesía. 

Saludos, sin hacerle ascos al reaccionario de Mike Hammer, desde este lado del ordenador.

Los duros tienen una cita en Arona

Domingo, Mayo 1st, 2011

El Patronato Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Arona organiza del 2 al 5 de mayo la V Jornadas de Novela Negra de Arona, en la que participarán Paco Camarasa, responsable de la Librería Negra y Criminal de Barcelona, primera en España en especializarse en este tipo de literatura, y ser comisario de BCNegra, el Encuentro de Novela Negra de Barcelona; Nicolás González Lemus, doctor en Historia e investigador de la presencia de extranjeros en las islas; el escritor Mariano Gambín García, autor de Ira Dei, primera novela  de una trilogía de relatos de intriga que se desarrollan en la geografía de las islas; Alexis Ravelo, autor de cuentos, microrrelatos y, sobre todo, de novela negra, a la que ha aportado el inquietante personaje de Eladio Monroy, y el también escritor Lorenzo Silva, creador de la popular pareja de investigadores de la Guardia Civil el sargento Bevilacqua y la cabo Chamorro, y coordinador desde 2008 de Getafe negro.

Las charlas y mesas redondas se desarrollarán en el Centro Cultural de Los Cristianos.

El programa es el siguiente:

Lunes 2 de mayo

16.30 Inauguración.

Charla Agatha Cristhie en Canarias.- Nicolás González Lemus.

Historia de la novela detectivesca (1ª parte).- Paco Camarasa.

Martes 3 de mayo

16.30.- Historia de la novela detectivesca (2ª parte).- Paco Camarasa.

Presentación de la novela Ira Dei, de Mariano Gambín.

Miércoles 4 de mayo

16.30.- Historia de la novela detectivesca (3ª parte).- Paco Camarasa.

Presentación de Los hombres duros no baila, de Alexis Ravelo.

Jueves 5 de mayo

(Sala Guaza)

11.- Descuartizando a Lorenzo Silva.
Encuentro de Lorenzo Silva con los alumnos de los IES del municipio de Arona en torno a la lectura de La niebla y la doncella.

16.30 (Sala Guaza)

Descuartizando a Lorenzo Silva.

Encuentro del escritor con los asistentes a las jornadas. 

Saludos, Kiss, Kiss, Bang, Bang, desde este lado del ordenador.

La unión hace la fuerza

Viernes, Abril 29th, 2011

Acabo de venir del acto de presentación de Generación 21: Nuevos novelistas canarios, un encuentro que acogió el salón de actos de la MAC en la capital tinerfeña y que contó con la presencia de once de los doce escritores seleccionados en este volumen que desde hoy comienza a labrar su propia historia.

El ausente fue Nicolás Melini, a quien tenía ganas de darle un fuerte abrazo. Desgraciadamente, motivos personales hicieron imposible que estuviera con el resto de los compañeros en un acto que si por algo se caracterizó fue por su desenfado. Hubo risas, muchas risas, y una atmósfera de buen rollo que los once –de los doce– participantes de esta iniciativa supieron transmitir al público.

En un momento dado llegué a pensar incluso que Ánghel Morales, el responsable de este volumen, se iba a desmayar de la risa. Cuando Morales logró tranquilizarse insistió que este libro se trata de una carta de presentación de una serie de autores que, entre todos ellos, ya reúne medio centenar de obra publicada. Mucha de ella traducida a otros idiomas y con varios premios respaldándola para los que confían en la honestidad de los premios.

Siguiendo el orden de los autores publicados, el primero que intervino fue Víctor Álamo de la Rosa quien comenzó bien y terminó mejor celebrando esta reunión de narradores que hasta el día de ayer solo se conocían a través de la lectura de sus libros.

Recogió el testigo Víctor Conde.

Víctor Conde es sencillamente buena gente. Y también sencillamente un gigantesco escritor de género. Para alguien que como quien les escribe siente predilección por la fantasía, el terror, la novela negro criminal, la ciencia ficción ha sido un acierto notable que esta antología haya logrado contar con uno de sus relatos.

El tercero en participar fue el escritor grancanario José Luis Correa quien destacó la importancia de otras generaciones precedentes en la literatura canaria. Su intervención fue divertida y me atrevería a decir que lúdica. Me preguntaba al escucharlo lo que pensarían los que siguen alimentando la ridícula hoguera de las vanidades del pleito insular. Lo escribo porque en el acto de presentación de Generación 21: Nuevos novelistas canarios no se habló en ningún momento de isla. O islas. Sino de archipiélago. De Canarias en definitiva. Y así sí que da gusto imaginar que vivo en una isla donde no solo se toca el tambor.

David Galloway coincidió casi punto por punto con las palabras de sus tres compañeros anteriores. Y si bien ya lo escribí en el post dedicado a comentar lo que me parecieron los cuentos compilados en esta antología, el suyo destaca por su excelente atmósfera.

Entre las intervenciones más emotivas, me gustó la de Santiago Gil. El escritor recordó a Ezequiel Pérez Plasencia y por unos momentos (sensible que es uno a veces, solo a veces) quise pensar que estaba ahí, acompañándonos otra vez. Gil también puso el dedo en la llaga al lamentar que viviendo en islas nos enteremos antes de lo que pasa en Madrid que de lo que se cuece justo en el territorio que tenemos delante de nuestras narices.

Cristo Hernández Morales contribuyó bastante a desacralizar este acto no sé si histórico, quiero pensar que sí, con una intervención salpicada de humor donde soltó verdades como puños. Espero, esperamos casi todos, a que el escritor busque tiempo y continúe con su labor creadora por el bien de las letras que se escriben a este lado del Atlántico.

El escritor Javier Hernández Velásquez fue otro de los autores que explotó la vena del humor para desacralizar una presentación literaria diferente.

G21 ha sabido venir al mundo con una sonrisa. Con esto quiero decir que la criatura  viene al mundo sin lágrimas. Casi como si quisiera decir que el llanto solo existe para los diletantes.

La mejor intervención de la tarde fue, a mi juicio, la de Álvaro Marcos Arvelo. No tuvo pelos en la lengua. Atacó “los denostados Premios Canarias” y reivindicó el espacio que ahora ocupan esos otros que son los autores de Generación 21: Nuevos narradores canarios.

En la rica y también compleja variedad que ofrece esta antología, la voz (y la serenidad intelectual) de un escritor como Álvaro Marcos Arvelo es lo que se dice necesaria. Un acierto, además, su recuerdo a Domingo Pérez Minik.

Autor de las novelas Azul cobalto y La ciudad de las miradas, Pablo Martín Carbajal abogó por una literatura potente que debe trascender fronteras insulares. Me gustó su discurso, que navegó muy bien entre la crítica y la autocrítica.

Alexis Ravelo no es Eladio Monroy –su personaje de ficción que como sir Arthur Conan Doyle con Sherlock Holmes quiere enviar definitivamente al otro barrio–  pero sí creo que tiene algo de él. Igual es el extraordinario vitalismo que emana con sus gestos,  la manera en como dice las cosas.

Por último, intervino Anelio Rodríguez Concepción. El escritor estaba afónico, así que fue breve y coincidió con Correa en recordar a las otras generaciones literarias canarias a la que se incorpora ahora G21.

Los once coincidieron en dedicarle esta presentación a Rafael José Díaz.

CONCLUSIÓN

La clave la dio Ánghel Morales.

G21 además de ser un grupo de buenos contadores de historias, de gente que no le hace asco a los géneros y que mira a los ojos y a la misma altura a otros compañeros de fatigas generacional de la península, son tipos que en donde vivo los llamamos simple y llanamente buena gente. Y quizá sea por eso, porque son buena gente, por lo que son también tan buenos escritores.

Saludos, bienvenidos como nación a este mundo cruel, desde este lado del ordenador.

Y el mundo, pese a todo, marcha

Martes, Abril 26th, 2011

Espero con el mismo entusiasmo que el partido de este miércoles, donde los dos gigantes del fútbol español demostrarán al resto de los mortales que vale la pena ser titanes, la presentación a las siete de la tarde del volumen Generación 21: Nuevos novelistas canarios en la sede de la Mutua de Accidentes de Canarias de Santa Cruz de Tenerife).

Y lo espero porque quiero pensar que asistiré a un momento histórico en las letras canarias.

Vale, ok, sé que algunos se llevarán las manos a la cabeza –sin haber leído aún el libro, claro– pero no recuerdo en lo que llevamos de año un acto que concentre a tantos escritores –doce en este caso–  para respaldar una antología que ya está provocando cierto inquietante movimiento sísmico.

A la espera de lo que pase el viernes, día que espero sea de sano cachondeo, desacralizador y canalla como debe ser todo acto bien nacido, el caso es que significa que la novela canaria despierta porque del pasado hay que hacer añicos.

Con independencia del acto del viernes, la editorial Baile del Sol editará muy pronto En el fondo de los charcos, tercera novela del tinerfeño Pedro Javier Hernández Velázquez, en la que su autor vuelve a explorar los territorios del género negro criminal.

El argumento de En el fondo de los charcos resulta en un principio muy atractivo.

“Prisión de Fyffes, año 1937. Un poeta observa, a través de los barrotes surrealistas de su celda, una ciudad en tiempos de guerra que acepta en silencio que la fuerza de la Muerte abone la tierra y dé carnada al mar. Santa Cruz de Tenerife, setenta años después. Otros son los secuaces y abominables seres que brillan en nuestro tiempo de infinitas tribulaciones y oscuros lazaretos. La estrella de la vida ha sido desplazada, el cordero ha sido devorado por el lobo, y la imagen del Señor de las Tribulaciones desaparece de su santuario hacia el fondo de un charco de tramas políticas, sociales y económicas de unas islas convertidas en un profundo vertedero. En una habitación, Héctor Vázquez escucha a Dylan y espera la llegada de quien lo ha de asesinar. Su memoria y la del narrador omnisciente recorrerán los últimos noventa y siete días de la basura escondida. Y como es costumbre en nuestro autor, a mitad de camino un juguete amargo, una mujer.”

Por otro lado, ediciones Aguere en colaboración con Idea publicará  también una novela de J. Ramallo –autor de los cuentos reunidos en su Ensalada de canónigos–  y otra de José Luis Correa, creador del detective canario Ricardo Blanco, protagonista hasta ahora de cuatro  novelas policíacas con acento de aquí (Quince días de noviembre, Muerte en abril, Muerte de un violinista y Un rostro de sirena).

Tropo Editores reedita, por otro lado, El año de la seca, de Víctor Álamo de la Rosa, donde se describe la relación obsesiva de dos amantes y el ambiente también obsesivo y cruel en que sus vidas transcurren.

De esta novela, que ya ha sido traducida a cinco idiomas, entre ellos el francés y el portugués, José Saramago escribe en el prólogo: “Narra con seguridad de oficio el escritor, avanzando por los difíciles caminos de la identidad erótica de la pasión. Diríase también que con un erotismo de primer grado que no siempre logra ultrapasar la simple fisiología de los órganos, pero esa fue su apuesta.”

Y hay más.

Santiago Gil presenta El motín de Arucas (colección Episodios insulares, Cam PDS) título en el que narra los hechos que tuvieron lugar en esta localidad grancanaria en mayo de 1800 cuando los ciudadanos del municipio, acuciados por el hambre, asaltaron el Mayorazgo y se repartieron el trigo que se acumulaba en su interior para ser enviado a la Capitanía General de Canarias, ubicada en Tenerife (¿otra vez el puto pleito?).

Gil coordina también Ámbitos de microficción (Anroart Ediciones), volumen de pequeño relatos –cinco líneas– elaborados por los asistentes al Taller de Escritura de Ámbito Cultural 2011 impartido por el propio Gil.

Alexis Ravelo aprovecha el tiempo para presentar Los tipos duros no leen poesía, (acojónate Norman Mailer), tercera entrega de las andazas de Eladio Monroy, buscavidas marginal, sentimental y violento que se enreda en turbias aventuras cuyo principal escenario es la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.

Ravelo inició la serie Monroy en 2006 con Tres funerales para Eladio Monroy y Sólo los muertos.

Pero no se me vayan que quedan más. Las escritoras Cristina García Romero indaga en como el azar afecta en nuestras vidas en los relatos compilados en Caja de botones e Inma Velázquez prueba en la literatura infantil con sus Cuentos de chocolate, ambas editados en Idea este abril que ya no se muere.

Isabel Medina, en la misma editorial, presentó las novelas Los cuadernos de Marta 1 y 2.

Y esto solo en cuanto a novela y a relato se refiere porque en poesía soplan también aires que espero dé entrada a otro post de este –navegamos– su blog.

(*) La imagen que ilustra este comentario corresponde a Y el mundo marcha, probablemente la mejor película de King Vidor.

Saludos, un martes insólito aunque algo…, desde este lado del ordenador.