Palabra de Jebediah Leland (y 3)

Miércoles, Febrero 27th, 2013

* TEA Tenerife Espacio de las Artes acoge desde este viernes, 1 de marzo, y hasta el domingo en dos pases, 19 y 21.30 horas, el estreno en Canarias del primer largometraje del cineasta tinerfeño Miguel Ángel Toledo, La senda.

El filme, escrito por el director junto a Juan Carlos Fresnadillo, está protagonizado por Irene Visedo y Gustavo Salmerón y se trata de una cinta de carácter fantástico en la que encuentro huellas de El carnaval de las almas, un clásico del cine de serie B cuya memoria, lamentablemente, solo conservamos algunos.

En este su blog ya le dedicamos un comentario a La senda, pero ésta es una buena oportunidad para verla en pantalla grande así como una invitación para adentrarnos en el peculiar universo de Toledo, quien arma un largometraje fantástico muy apegado a la realidad.

* Eduardo Bercedo, Edui para los que forman el clan, actúa en directo el viernes, 1 de marzo, en el Malavida. Ideas y copas, local situado en la santacrucera calle Clavel, 3.

En este concierto, el fundador de grupo ya legendarios del rock canario como Venus en surf y Nuclear Baby, repasará viejas y nuevas canciones en las que Bercedo se nos muestra no ya como un músico potente sino como el inmenso letrista que lleva dentro.

La audición, como colofón al estreno de La senda, no es un mal plan cultural para este fin de semana.

* El jueves, 7 de marzo, a las 19:30 horas, tendrá lugar en Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Las Palmas de Gran Canaria la presentación de La estrategia del pequinés, del escritor Alexis Ravelo, título que comentamos recientemente en este mismo su blog.

La presentación de la capital grancanaria se ha planteado como un acto abierto a la participación, y acompañará a Ravelo el editor Gregori Dolz Kerrigan, quien desvelará algunas de las claves de escritura de esta nueva novela, que supone un giro de noventa grados en la producción del narrador, así como el inicio de su colaboración con la editorial Alrevés, que reúne en su catálogo a autores como Carlos Quílez, Víctor del Árbol, Andreu Martín, Susana Hernández o Luis Gutiérrez Maluenda.

Alexis Ravelo presentará en mayo La sonrisa del pequinés en Tenerife.

¡Aquí lo esperamos!

Saludos, malas noticias: fallece la actriz María Asquerino y el filósofo y activista Stéphane Hessel, desde este lado del ordenador.

La estrategia del pequinés, de Alexis Ravelo

Martes, Febrero 26th, 2013

“En este mundo solo hay dos tipos de personas: los ganadores y los perdedores. Y tú y yo no somos ganadores. La gente como tú y como yo pierde siempre.”

(La estrategia del pequinés, Alexis Ravelo, Alrevés)

Alexis Ravelo ha escrito la novela que esperaba de Alexis Ravelo.

La estrategia del pekinés lo consagra así, y a mi juicio, como uno de los grandes narradores del género negrocriminal no solo en Canarias sino de la geografía nacional.

En este libro, trufado de perdedores y violencia feroz, el creador de Eladio Monroy da un paso más allá y sin la sombra de Monroy, cuenta una historia protagonizada por personajes que proceden del arrollo, buscavidas a los que casi todo les ha ido mal. Hombres y mujeres que forman parte del otro lado de la delgada línea roja.

El escritor grancanario nos pone sobre aviso nada más abrir el libro al reproducir una cita de esa obra hoy ya canónica del género como es El asesino dentro de mi, de Jim Thompson: “Una mala hierba es una planta que no está en su lugar. Si encuentro una amapola en un campo de trigo, es una mala hierba. Si la encuentro en mi jardín, es una flor… Está usted en mi jardín.”

Descubro leyendo La estrategia del pequinés a un escritor con una asombrosa capacidad para el desdoblamiento y un sentido del tempo narrativo que hace prácticamente imposible que el lector –ese ha sido mi caso– pueda dejar la novela a un lado y descansar de su nerviosa pero sobre todas las cosas creíble lectura.

La historia, como todas las grandes historias, crece con sus personajes hasta llegar a un final que no sé sí por dramático pero sí teñido de amarga redención me hace pensar que Ravelo además de escritor es un tipo con un curioso sentido lírico de la vida. Y de la justicia.

La primera parte es el relato de un atraco. Y mientras conozco el cómo se prepara la operación y el cómo se presentan a los protagonistas de lo que tiene que resultar un golpe perfecto porque va a ser ejecutado por profesionales, esas páginas saben a La jungla de asfalto, el clásico de W.R. Burnett llevado al cine por John  Huston solo que en La estrategia del pequinés el objetivo es el dinero que guarda en su casa un testaferro de la droga que trabaja en la capital Gran Canaria.

Es inevitable que piense en Burnett porque Las estrategia del pequinés contiene en sus capítulos finales algo de El último refugio, esa poética de la desesperación, de arañar lo inalcanzable que desconcierta y me hace ver otro ángulo de la producción narrativa de Alexis Ravelo.

Un escritor con aliento a clásico del género con todas sus putas letras.

Escrita con rabiosa precisión, precisión que se permite un lenguaje salpimentado de localismos canarios que dan mayor autenticidad a lo escrito porque esas palabras y expresiones no están forzadas sino que le salen de dentro, La estrategia del pequinés da un giro de noventa grados en lo que podríamos denominar como su segundo segmento en el que quizá intuyo al Jim Thompson de La Huida, solo que sus perdedores se encuentran en un territorio –la isla– rodeado de agua. Cárcel de la que parece imposible que puedan escapar pese a llevar encima el suficiente dinero para garantizar su retiro al paraíso.

En contra de las novelas de Monroy, la capital grancanaria ya no es un protagonista más del relato sino un paisaje que marca a sus protagonistas. La estrategia del pequinés podría desarrollarse así en otra ciudad porque en este título lo que importa son los personajes. Hombres y mujeres a los que dota de consistencia Alexis Ravelo.

“Una curva les descubrió el perfil de la ciudad, que ya había comenzado a iluminarse, los barcos mercantes como ogros de metal oxidado dormitando frente a la bahía, el mar grisáceo que se encrespaba levemente aquí y allá. La luna, enorme y amarilla, se dejó acuchillar por una nube y volvió a aparecer.”

Resulta difícil escribir las sensaciones que me ha provocado este libro sin revelar algún detalle que pudiera traicionar el rumbo a través del cual se dirige una novela plagada de giros repentinos. Giros que son otras de las claves que hace tan atractivo este título en el que se revela además un escritor bronco y encanallado. Al que no le tiembla el pulso cuando describe momentos de extremada violencia así como no se  pone cursi cuando narra la crepuscular historia de amor y redención que palpita dentro de ella.

Solo puedo asegurarles, como lector leído del género, que La estrategia del pequinés no frustrará a nadie. Ni a los iniciados en la literatura negrocriminal ni a los que lleguen a ella a través de una novela que –apenas recorrido este 2013 que tanto promete en lecturas– a mi ha robado horas de sueño.

Tanto, que aún estoy noqueado porque aquí hay literatura de la buena además de buena literatura negrocriminal.

Se aprecia que La estrategia del pequinés es un vehículo perfectamente armado con ritmo deliciosamente cinematográfico.

Sus protagonistas se caracterizan por sus dobleces. Los villanos, que los hay y dan mucho miedo, resultan creíbles. Y los buenos, náufragos que descubren demasiado tarde que se han metido en una aventura que los supera.

Serán estos, sin embargo, los que se crezcan ante la adversidad, los que recurran a esa estrategia del pequinés que da título, nombre a esta historia.

“Le vio el rostro, lleno de ese tipo de maldad que solo un par de décadas de ignorancia pueden llegar a producir. También le vio el tatuaje recorriéndole el cuello, la camisa embarrada de tierra y sangre, el chándal hecho jirones entre los cuales atisbó la fractura abierta en la tibia. Con mezquindad, le escupió mentalmente: “Menos mal que estás muerto, porque esto te hubiera dolido de cojones.”

Una historia sólida y convincente por sus retratos humanos en las que hombres que dejaron de delinquir hace años vuelven a lo que supuestamente saben hacer mejor por necesidad no necedad.

Ahí está El Rubio, un tipo grandote que necesita dinero para pagar la operación de su mujer; o Tito El Palmera, que hizo la mili en Regulares y hoy además de parado está separado de su mujer, y Cora, sobre todo Cora. Una prostituta con el corazón roto que ha adoptado ese nombre de guerra, Cora, por el personaje femenino de El cartero siempre llama dos veces.

Tras ellos se mueve una galería de excelentes secundarios como Junior, distribuidor local de cocaína; Larry, un abogado pijo que se encarga de recolocar el dinero negro que pertenece a una organización peninsular que lleva con mano de hierro el Turco junto a su segundo, apodado El Gordo y que quizá sea uno de los personajes más sobresalientes de esta, reitero, excelente novela que va más allá de un robo que no tuvo que haber salido así.

Detrás de este microcosmos se encuentra Alexis Ravelo, quien como un titiritero juega con ellos mientras el lector avisado, el que está quemado de haber leído tantas historias negrocriminales que no terminan de cuajar, se pregunta qué próximo golpe de efecto dará el escritor para continuar sorprendiéndolo tan gratamente con su La estrategia del pequinés.

Concluye así la novela con uno de esos finales que se te clavan.

La historia, como todas las buenas historias, se cierra con sabor agridulce.

Saludos, aún noqueado, desde este lado del ordenador.

Novedades, presentaciones y un encuentro

Martes, Enero 29th, 2013

“Cada uno pone su propio paraíso en el infierno de los otros.”

(Alberto Moravia, La romana)

NOVEDADES

* José Luis Correa, Antonio Lozano, Javier Hernández Velázquez, Alexis Ravelo, Carlos Álvarez y mi admirado Jaime Mir son, hoy por hoy, los nombres más destacados de cuantos se han atrevido a escribir en clave negro criminal sobre la realidad de Canarias. Una realidad a la que, con mejor o peor fortuna, han sabido sacarle los colores y al mismo tiempo que proponer un paisaje realista en torno a unas islas en las que ya no parece que nunca ocurra nada.

Con la publicación a finales de diciembre pasado de Morir despacio y este febrero de La estrategia del pequinés de Alexis Ravelo; que Un camino a través del infierno, de Javier Hernández Velázquez quedara como único finalista del prestigioso Premio Internacional de Novela Negra L’H Confidencial, que convocan el Ayuntamiento de L’Hospitalet y Roca Editorial, son signos que ponen de manifiesto que la literatura policiaca que se escribe en y desde Canarias comienza a interesar en la geografía peninsular, desde siempre tan alejadas de estas costas para nada algodonosas.

A la espera de que Mir y Lozano recuperen fuerzas, y mientras Carlos Álvarez termina por promocionar su novela ¿histórica? La Señora. Beatriz de Bobadilla, Señora de Gomera y Fierro, José Luis Correa regresa al terreno de juego editorial con Blue Christmas, sexta entrega de la serie que viene dedicando a su peculiar detective privado Ricardo Blanco tras Quince días de noviembre, Muerte en abril, Muerte de un violinista, Un rastro de sirena y Nuestra Señora de la Luna.

Correa presentará Blue Christmas el 9 de febrero en Barcelona y el 26 del mismo mes en la capital grancanaria. En marzo, es probable que haga lo mismo en Santa Cruz de Tenerife.

Reproducimos a continuación la sinopsis de Blue Christmas (Alba Editorial): “El día de los Inocentes es tan buen día como otro para morir. Eso debió pensar Gervasio Álvarez cuando le dieron la noticia de la aparición de un cadáver. Andrea Mérida, viuda de militar, madre de tres hijos, pensionista, ha sido envenenada con un compuesto de cianuro. Nadie ha oído ni visto nada. Nadie puede explicar la causa del crimen. Nadie parece ganar con esa muerte. Por eso Álvarez decide rescatar a un buen amigo de su retiro voluntario.”

* El año 2012 fue el año de Jorge Fonte. El investigador tinerfeño presentó como si de una ametralladora se tratara libros sobre los cineastas Robert Zemeckis, Russ Meyer y Woody Allen, de quien nos desveló su lado literario como primer volumen de una trilogía en la que estudiará además sus cinefilias y canciones.

Nada más rodar 2013, y con un nuevo volumen dedicado a Allen editado por Cátedra que no tiene nada que ver con el primero que publicó en esta misma editorial, Fonte da a conocer las claves del cine que maneja ese mago de la animación de nuestro tiempo que es John Lasseter (colección Signo en imagen / cineastas) en un trabajo que no dejará indiferente a nadie.

Lástima, de todas formas, que el libro preste más atención a la obra del director que a su vida, pero con todo es un manual más que recomendable para descubrir lo que esconde la mayoría de los trabajos de un hombre que ya ha dejado huella en títulos imprescindibles de la animación. Fonte, que no para, está ya trabajando en sendos estudios sobre Ridley Scott y Quentin Tarantino.

PRESENTACIONES

* El Ámbito Cultural de El Corte Inglés acoge este martes, 29 de enero, la presentación de la novela Entre bambalinas, de Sonia Díaz Oval, a las 19.30 horas. Junto a la autora comparecerán los periodistas Doris Martínez y quien ahora les escribe.

* Carlos Álvarez presenta este jueves, 31 de enero en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés en Santa Cruz de Tenerife La Señora. Beatriz de Bobadilla, Señora de Gomera y Fierro. El acto, en el que lo acompañará Andrés Doreste, comenzará a las 19.30 horas.

* El sábado 2 de febrero a las 19 horas, la escritora y periodista Yolanda Delgado Batista mantendrá una presentación-charla-entrevista-encuentro sobre La isla de las palabras desordenadas (Editorial Izana) con quien ahora les escribe. El acto tendrá lugar en la Librería de Mujeres de Santa Cruz de Tenerife.

Y UN ENCUENTRO

* El viernes 1 de febrero concluye en TEA Tenerife Espacio de las Artes el Encuentro de Coordinación y Cooperación Cultural organizado por el Cabildo de Tenerife y el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, con la colaboración del Gobierno de Canarias y la FECAM.

El programa, que comenzará a las cuatro de la tarde, abordará La reforma de las administraciones canarias. La perspectiva de la cultura, que impartirá José Luis Rivero Ceballos, presidente del Comité de Expertos para la Reforma de las Administraciones Públicas canarias; Gobierno de Canarias: presupuestos, objetivos, líneas de gasto, visión de la coordinación-cooperación interinstitucional, que expondrá el director general de Cultura del Gobierno de Canarias, Xerach Gutiérrez Ortega;

Cabildo de Tenerife: presupuestos, objetivos, líneas de gasto, visión de la coordinación-cooperación interinstitucional, a cargo de Cristóbal de la Rosa Croissier, director insular de Cultura y Patrimonio Histórico del Cabildo de Tenerife; Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife: presupuestos, objetivos, líneas de gasto, visión de la coordinación-cooperación interinstitucional, que desarrollará la teniente del alcalde y presidenta del Organismo Autónomo de Cultura del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, Clara Segura y, finalmente, Federación Canaria de Municipios: el gasto cultural municipal, la cultura en la FECAM, visión de la coordinación-cooperación interinstitucional, asunto del que hablará Ángel Víctor Torres Pérez, presidente de la Comisión de Educación, Cultura y Deportes de la Federación Canaria de Municipios (FECAM).

El Espacio de Coordinación y Cooperación Cultural de Tenerife está dirigido a responsables y técnicos de las administraciones culturales canarias y profesionales especializados en gestión y planificación cultural.

* La imagen que ilustra este post corresponde a Ciudadano Kane (Orson Welles, 1941)

Saludos, hemos dicho, desde este lado del ordenador.

¿Me estás hablando a mí?

Jueves, Enero 10th, 2013

LIBROS

* Editorial Roca, en su colección de bolsillo, publicará el 15 de marzo de este año La casa Lercaro, tercera entrega de la trilogía que el escritor tinerfeño Mariano Gambín dedica a la ciudad de La Laguna, y cuyo segundo volumen, El círculo platónico, se puede encontrar en las librerías por este mismo sello editorial. El caso de Gambín no deja de resultar insólito en las letras españolas, ya que es una de esas ocasiones en las que una editorial con el peso y el prestigio de Roca apuesta por el trabajo de un escritor relativamente recién llegado a la república de las letras. Las novelas del escritor son  thrillers eficazmente armados en los que desentraña misterios, salpicados de asesinatos, en la ciudad de La Laguna.

* El salón de actos del MAC (Casa Elder), calle de Robayna, 2, Santa Cruz de Tenerife, acoge este viernes, a las 19 horas, la presentación del libro Razones para la rebeldía, de Guillermo Toledo con la colaboración de Pascual Serrano. El volumen, que será introducido por José M. Castellano, dará pie a un debate moderado por Luis Pérez Serichol. Razones para la rebeldía, editado por Península, está prologado por Julio Anguita.

* Alrevés Editorial publicará en febrero la novela La estrategia del pequinés, del escritor grancanario Alexis Ravelo. Ravelo, que publicó el pasado diciembre en la Editorial Mercurio Morir despacio, cuarta entrega dedicada a su peculiar investigador y jefe de máquinas retirado, Eladio Monroy, se distancia del tono de la serie Monroy para presentar “una novela dura, violenta y crítica”, en la que aparecerán pocos policías. “Es una historia sobre perdedores protagonizada por traficantes, parados de larga duración y prostitutas ambientada principalmente en Gran Canaria”, señala el autor de La iniquidad.

* El mismo Ravelo escribe un atractivo artículos sobre el escritor norteamericano M. A. West en su blog Ceremonias. Admito mi más absoluto desconocimiento sobre el señor West, aunque me entero que es un pseudónimo porque el escritor no quería que se le identificara con quien realmente era. Un caso, por otro lado, habitual en las letras anglosajonas si recordamos a Thomas Pynchon y B. Traven, entre otros. La novela que rescata el creador de Eladio Monroy se titula El viento y la sangre, y se publicó en una edición pulp en los Estados Unidos. Llegó a España en los años sesenta y desde entonces no se ha reeditado. A ver si hay suerte y me la encuentro este domingo en el Rastro.

SERIES

* En cierta ocasión un profesor, que no maestro, me dijo algo así como “más vale tarde que nunca” cuando le entregué un trabajo dos semanas después de haberlo exigido. Resulta curioso cómo recuerdo a aquel profesor, que no maestro, por la frase que me lanzó, cargada de un cinismo disfrazado de ironía mientras recogía aquel puñado de folios mal grapados. Lo mismo me pasa con la revisión que, últimamente, y gracias a la generosidad de un buen amigo, estoy teniendo con las series de televisión norteamericanas que invaden el mercado. Llego tarde a ellas, aunque nunca es tarde si la dicha es buena. Veo ayer el último capítulo de la primera temporada de la serie Boardwalk Empire y se me saltan las lágrimas al pensar que tengo que esperar a que esa misma mano generosa me facilite la segunda y tercera temporada, pese a que sea consciente de que degenerará como degeneran todas las serie de televisión. No obstante, y con los doce capítulos que componen su primera entrega, Boardwalk Empire es un producto que no debería de perderse cualquier aficionado al cine. Y digo bien, cine, porque cada capítulo de esta extraordinaria producción es como una película que va más allá de su personaje protagonista, Nucky Thompson, interpretado de manera magistral por Steve Buscemi. Lo he dicho mil veces, odio el puñetero continuará…

* Por la generosidad de otro amigo, veo también Justified, basada en relatos del gran Elmore Leonard, posiblemente uno de los escritores con mayor éxito, y quizá por ello ninguneado, de la novela negro criminal que nos viene Estados Unidos. Su protagonista, Raylan Givens, está protagonizado por Timothy Olyphant, a quien ya vimos ejerciendo de sheriff en la más que recomendable Deadwood, y en conjunto, la serie capta muy bien el universo literario en el que se mueve Leonard, ruda ironía, mujeres con aliento al cine de Howard Hawks y buenos y malos con matices.

* Una mala noticia para los que nos confesábamos seguidores de la serie Boss, ya saben, ese potentísimo retrato del alcalde de Chicago que interpreta magistralmente Kelsey Grammer, quien nos muestra el otro lado de su registro interpretativo tras hacerme reír a carcajadas con Frasier. La mala noticia es que la han cancelado. Que no habrás tercera temporada, que nos deja –como nos dejaron cuando anunciaron el cierre definitivo de Deadwood, Carnivale–  con la boca abierta.

ADIÓS

* Me entero por el facebook de la Filmoteca Canaria que el pasado 3 de enero falleció la actriz y modelo Patty Shepard, quien hizo su carrera en el cine español como estrella de descacharrantes producciones de terror como La noche de Walpurgis, cinta que vi en su día en el Cinema Victoria, y que dirigió León Klimovsky, así como Un, dos, tres al escondite inglés, primera película de Iván Zulueta, y Timanfaya (Amor prohibido), que rodó en Lanzarote a las órdenes de José Antonio de la Loma.

(*) En la imagen Lon Chaney en El trío fantástico (Tod Browning, 1925).

Saludos, Dashiell Hammett que está en los cielos nos dejó tal día como hoy hace 51 años, desde este lado del ordenador.

Morir despacio, una novela de Alexis Ravelo

Lunes, Enero 7th, 2013

“La verdad es transparente y no se ve, la mentira es opaca y no deja pasar la luz ni la mirada. Eso fue lo que pensó Monroy: la mentira es opaca, la verdad transparente.”

(Morir despacio, Alexis Ravelo)


Resulta cuanto menos curioso. Es la segunda novela que leo, de las cuatro que el grancanario Alexis Ravelo dedica a su peculiar investigador Eladio Monroy, y siento que ya conozco a su jefe de máquinas retirado. También a los actores secundarios que se mueven a su alrededor.

Morir despacio (Mercurio Editorial) cuarta entrega de la serie Monroy, no se lee entonces sino que se recibe con los brazos abiertos, como cuando te encuentras con un viejo y apreciado amigo al que hace tiempo no ves pero que continúa siendo el de siempre.

Esta, a mi juicio, es una de las virtudes de Morir despacio. Y esta, a mi juicio, es una de las virtudes de Alexis Ravelo: conseguir que Eladio Monroy y su mundo forme parte de mi mundo.

La escritura de Ravelo es transparente y muy sencilla. Se mastica bien, y se digiere mejor. Se le puede criticar, en todo caso, su trama. El meollo que obliga a Monroy a volver a la calle, pero tiene truco. El truco es escribir un relato que pueda seguir toda clase de lectores y no solo los que se han especializado en devorar este tipo de literatura.

Un aviso pues a los hard del negro criminal, esta no es una novela de nudos y más nudos que se van desenredando a medida que se llega al apoteósico final. No, esta es una novela con un solo lazo, bueno quizás dos, donde lo que importa más que el trabajo de investigación que emprende Monroy, es la atmósfera. El aire, en ocasiones enrarecido, que respira Monroy.

La novela tiene así los pies sobre la tierra. Y la atmósfera en la que se desarrolla la investigación ecos que, desgraciadamente, son actuales como la reforma del mercado laboral, la crisis y una capital de provincias, Las Palmas de Gran Canaria, sumida no ya en su característica panza de burro sino en esa calima que de tanto en tanto invade los aires de esta comunidad autónoma con presunto seguro de sol.

En Morir despacio, como Los tipos duros no leen poesía, Ravelo arremete contra el poder y los instrumentos que maneja ese mismo poder. No sale bien parado, en este juego de verdades y mentiras, la prensa. El dibujo que hace el grancanario del director de un periódico digital, Canarias al minuto, puede estar inspirado en este sentido en un modelo real. A mi se me ocurre algún nombre. Como se me ocurren otros nombres con otros secundarios que intervienen en esta novela en la que al final, afortunadamente, se hace justicia aunque la justicia signifique una victoria pírrica contra el sistema.

Las Palmas de Gran Canaria es también protagonista de la novela, aunque más que la capital lo sea el añadido de la calima, el agobiante polvo en suspensión que Ravelo sabe describir con destreza, casi como si se tratara de otro personaje más de Morir despacio.

“La pátina caliginosa cubría Las Palmas de Gran Canaria con alevosa nocturnidad, los vientos africanos habían transportado la calima hasta la isla durante el domingo y depositándola sobre la ciudad de la luz y de los despojos. El lunes, al amanecer, se había precipitado ya sobre el paisaje: capa de polvo amarillento lo cubría todo, empobreciendo colores, deshaciendo en una nebulosa unánime los contornos de edificios, muebles urbanos, semáforos y automóviles. De haber tenido la posibilidad, los habitantes de la ciudad se hubieran quedado en casa, escondidos en un cuarto en penumbra, con un ventilador y una botella de limonada cerca, soñando con una lluvia mansa e incesante que limpiara el aire y se llevara el polvo hasta el mar.”

La nueva novela de Eladio Monroy es otra novela de Eladio Monroy. Verdad es que el personaje resulta más seguro de sí mismo, más operativo en las manos del escritor, pero no decepcionará a sus seguidores porque, como ya he escrito, es otra de Monroy. Y en las novelas de Monroy las muertes pasan a un plano secundario. Se menciona en el texto de refilón, a modo de fatal desencadenante de la acción.

Lo que interesa al autor es dotar de atmósfera un relato que, ya dije, no tiene demasiadas  complicaciones. Es lo que se espera de Monroy, por lo que Ravelo no se sale del esquema.

Aunque pienso que se trata de una novela en la que hay más del escritor que del propio protagonista, Eladio Monroy.

El final de Morir despacio tiene así aroma de toma de conciencia.

Es decir, que el jubilado jefe de máquinas se confunde en una muchedumbre que se manifiesta y protesta. Horas antes, Monroy ha desenmascarado una de las grandes fortunas de la isla, la de un hombre que se hizo a sí mismo, con el amargo sabor de la victoria en la boca.

Escribo amargo porque, como apunté antes, sabe que se trata de un triunfo pírrico aunque sin hombres como Monroy no existirían estas pequeñas victorias.

El poderoso, Marcial Navarro Lorenzo, la mano siniestra que dirige como títeres tanto a políticos, con independencia de cual sea su partido, como al resto de los que se han convertido en sus marionetas, ha hecho fortuna con una empresa de seguridad. Curiosa e inquietante lectura, porque ese pequeño ejército privado gestado y alimentado por la corrupción, podría algún día ser una realidad no solo en este archipiélago abandonado de la mano de los dioses.

Así se describe Navarro Lorenzo: “Sí. Se deja que no ha nacido hijo de puta capaz de joderme. Si se informó de verdad sobre mí, sabrá cómo empecé: vigilaba coches por la noche en la calle y, cuando ya daba la madrugada, me iba a Mercalaspalmas, llenaba un furgón con fruta y la vendía por los mismos barrios que me pateaba por la noche. Sé lo que es partirme el lomo y sé lo que es no tener dónde caerme muerto. Desde chico aprendí que nadie te va a regalar nada, que lo que tengas en la vida te lo vas a tener que ganar tú y que solo hay un objetivo en esta vida que valga la pena: que a tus hijos no les falte nunca de nada. Y, si para conseguir eso, hay que pisarle la cabeza a quien haga falta, se le pisa la cabeza y punto y pelota. Yo no soy hipócrita, Monroy. Yo soy un tío que se crió en la calle y sabe lo que es el sudor. No tengo estudios ni tengo modales finos. Solo tengo dinero. Pero, teniendo dinero, ¿para qué necesito los modales y los estudios?”

Eladio Monroy mientras tanto investiga, almuerza y cena, tontea con su novia, cuida su relación con su hija, amante de las causas perdidas y lee –tendré que conseguir el Diccionario jázaro de Milorad Pavić, una de cuyas citas abre este volumen: “La verdad es transparente y no se ve, la mentira es opaca y no deja pasar la luz ni la mirada”– mientras manifiesta su interés por los libros, algunos de los cuales ya hemos hecho referencia en este mismo blog: “Volvió a entrar y novelereó los libros de la estantería, donde abundaban las ediciones de bolsillo de Terry Pratchett y las sagas de fantasía épica y ciencia ficción, junto a algunas novelas policíacas. Solo había un libro canario, Si le digo le engaño, de Carlos Álvarez. Monroy no lo había leído, pero, por lo que sabía, iba sobre dos tipos que salían a pescar y volvían con cien kilos de cocaína de la mejor calidad. Buena pinta. Tendría que pillarse un ejemplar.”

Me recuerda también Morir despacio al mejor Charles Williams en los capítulos finales de la novela. 

Quien haya leído a Williams sabrá porqué lo digo, quienes no lo hayan leído se lo pierden. Esas cosas pasan.

Baste avanzar que Charles William trasladó al mar muchas de sus historias negro criminales. Y Ravelo traslada al mar la que quizá sea, a mi juicio, la mejor escena de su Morir despacio.

Un duelo en el que dos hombres frente a frente, en una barca que flota en la inmensidad del océano, se ven las caras. El diálogo resulta de cine mientras la tensión crece.

A mi me recordó a El arrecife del escorpión, a Calma total.

Y es en estos capítulos donde encuentro al mejor Alexis Ravelo, donde aprecio su vigoroso pulso narrativo pese a que esté constreñido por el universo de Eladio Monroy.

Un Monroy que en esa barca adquiere insólita doblez.

O lo que podría ser su reverso tenebroso.

Saludos, un lunes extraño, desde este lado del ordenador.

Un bicho raro

Jueves, Enero 3rd, 2013

Antes de las doce campanas recibo y envío WhatsApp, llamadas, correos electrónicos de personas a los que, la verdad, había olvidado y que parecen que, repentinamente, se acuerdan de uno mientras la herramienta del Facebook se inunda de mensajes que invitan a la felicidad y a que Dios reparta suerte.

Como si fuera cosa de la suerte que este año que comienza a rodar fuera mejor que el pasado, ese que se murió hace dos día a golpe de las dichosas doce y sísificas campanadas.

El caso es que todo sigue igual.

Pero se nota en el ambiente ese poco realista entusiasmo por el reinicio,  por ese “empezamos de nuevo” en el que casi parece, casi parece, que todo puede ser posible pese al derrumbe.

Pero no me malentiendan. 

Aprovecho estos días para releer, entre El fantasma de Harlot y Morir despacio, de Norman Mailer y Alexis Ravelo, respectivamente, el Crack-Up de Francis Scott Fitzgerald. Una crónica del despertar –con dolorosa y sedienta resaca– del sueño americano.

Entre otras frases del Crack-Up me quedo con: “La prueba de una inteligencia de primera clase es la capacidad para retener dos ideas opuestas en la mente al mismo tiempo, y seguir conservando la capacidad de funcionar. Uno debería, por ejemplo, ser capaz de ver que las cosas son irremediables y, sin embargo, estar decidido a hacer que sean de otro modo.”

Con el paso de los años las navidades ya no son lo que para mí fueron.

Demasiados los ausentes.

Muertos y vivos. Vivos y muertos a los que echo de menos.

Entiendan así que no sienta el mismo frenesí, y mucho menos el chispazo de emociones que la mañana del 6 de enero me recorría como una lengua de fuego por dentro.

- ¿Qué me pasa, señor Ojo?

- Ginebra…- boquea señor Ojo.

¿No soy el mismo?, me pregunto.

Estos días me he esforzado por reencontrarme con aquello que me amó y armó pero de manera quiero pensar que inconsciente he ido despojándome como quien se quita una caspa molesta de encima.

Salgo entonces a recorrer las calles de esta capital de provincias como un inocente que se mezcla entre golem para que en una librería donde ya me conocen de toda la vida un empleado haga un chiste: que no aproveche la insólita presencia de público para sisar un libro.

No utiliza el empleado la palabra sisar. Un empleado que ignora que sí que he visto momentos antes como una jovencita sisaba un libro: Soy un bicho raro, de Anne Bannon.

¿Levanto el dedo y la señalo?

¿Grito algo así como detengan al ladrón?

No.

Estoy otra vez en la calle.

Demasiada gente en unas calles decoradas con luces que, más que animarme, me derriten un poquitito más.

Tengo que recurrir a la técnica de los codazos para abrirme paso entre la marabunta y atender resignado a un periodista que me pregunta si vi –ojo que no dice escuché– el discurso de fin de año que ofreció el presidente de esta cada día más descascarillada comunidad autónoma.

- No, por supuesto que no.- respondo con una sonrisa de no quiero hacerme el gracioso.

Luego chismea como quien no quiere la cosa y nos damos las manos y el inevitable feliz de año que en estos días de apariencias se ha convertido en una consigna. En algo así como ciudadano o camarada que no era otra cosa que los soldados que compartían cama o lecho en las trincheras de Europa en los años de la Gran Guerra.

Llego a casa donde me abuuuurro por Internet consultando las mismas páginas.

En un blog se hace onanismo con una polémica barroca y tontorrona.

Un yo dije y tú dijiste y ahora tú dices y yo digo que, la verdad, no entiendo. Es más, quiero pensar que es un chiste privado que se han montando estos dos para darse algo de gusto: camaraaadas.

Son días en los que temo que el cielo se me caiga sobre la cabeza. Como a los galos irredentos, los que se enfrentaron a los civilizados romanos porque conocían el secreto de la poción mágica.

La senda de Miguel Ángel Toledo se estrena, leo en la agenda de actividades culturales que facilita el Gobierno de Canarias, el 11, 12 y 13 de este mes a las 19 y 21.30 horas en TEA.

Nunca he tenido muy claro sí se escribe TEA Tenerife Espacio de las Artes o Tenerife Espacio de las Artes TEA… ¿Alguien podría explicármelo si hace el faaaavor?

Encuentro a un precio de risa uno de los mejores discos de The Kinks, Face to Face, y me entra una insólita tristeza porque esta noche veré el último capítulo de la primera temporada de Boardwalk Empire, que ha sido de lo mejor que he digerido últimamente.

Esto me hace recordar que un amigo cubano tiene Érase una vez en América, del maestro Sergio Leone.

El amigo, cada vez que me ve, me pide que le preste con acento, en el que desaparecen las rrr por lll, películas y más películas sobre la mafia.

Solo quiere películas de mafia.

Ya le pasé la trilogía de El padrino y le he prometido que cuando me devuelva Érase una vez en América le paso Uno de los nuestros y Casino.

Rechaza de plano, para mi sorpresa, la nueva versión de Scarface de Brian de Palma.

No le digo nada del Lucky Luciano, la cinta en la que el italiano Francesco Rosi cuenta el crepúsculo del famoso gángster italonorteamericano…

Me pregunto si le gustará Boardwalk Empire.

Aunque ahora todo el mundo enteraaado habla de Los miserables, la película. El musical plagado de estrellas de Hollywood que se exhibe en los cines.

Todo el mundo enteraaado habla de la película pero no de la novela que la inspira.

Y pienso que fue un escritor único, por raro, Victor Hugo.

Yo me quedo con El hombre que ríe, que también se trata de un libro demasiado grueso en páginas y al que hay que coger, como lo cogí yo, si se está enfermo y en cama. Alimentándose de calditos y yogures.

Lo digo porque hay que tener espíritu enfermo para enfrentarse a sus novelones.

Por aquello de la belleza del monstruo también recuerdo El jorobado de Nuestra Señora de París.

Los miserables la vi, no me he atrevido a leerla aún, por primera vez en televisión. Se trataba de una película francesa que, ahora, rastreando en Internet, me entero dirigió Jean-Paul Le Chanois. Recordaba a su protagonista, a quien hace de Jean Valjean, Jean Gabin, que fue siempre un actor por el que siento una extraña, si quieren compulsiva por estrafalaria fascinación.

La otra película que suena en estas navidades donde todo cambia, nada permanece, es el Hobbit. Tampoco la he visto. Y ni puñeteras ganas por verla pero sí que recuerdo cuando leí la novela.

Fue por la fiebre tolkeniana que sufrí tras el estreno de la hoy olvidada película de dibujos animados El señor de los anillos (Ralph Bakshi, 1978).

Pero la verdad sea dicha en esta plancha: en este periodo de transformaciones varias que sufro Tolkien me parece ahora otra cosa.

O cosita.

Debe ser la edad, que va descascarillando lo prescindible de la armadura que forja tu pasado.

La idea es recuperar la inocencia. La capacidad de asombro.  

Asombro que sí encuentro cuando vuelvo a contemplar el Conan de Milius. Ya saben, la película protagonizada por ese actor de apellido impronunciable que fue gobernador de California.

En un inquietante viaje a mi pasado vuelvo a ver Desmadre a la americana, que fue la madre de todas aquellas cintas sobre universitarios con una idea fija en la cabeza: perder la virginidad.

¿Me río viendo Desmadre a la americana como la primera vez?

No.

Pero sí que sonrío.

Regreso, es inevitable, al Crack-Up:

“Soy un hombre que piensa despacio, y se me ocurrió simultáneamente que de todas las fuerzas naturales, la vitalidad es la única incomunicable. En días en que la savia vital le llegaba a uno como un artículo libre de impuestos, uno trataba de distribuirlo –pero siempre sin éxito–; para seguir mezclando metáforas, la vitalidad nunca “aprende”. Se tiene o no se la tiene, igual que salud u ojos pardos u honor o voz de barítono.”

La chica que sisó Soy un bicho raro me guiñó el ojo.

(*) La imagen que acompaña estas líneas pertenece a El Golem (Carl Boese y Paul Wagener, 1920. El filme está basado en la novela El Golem de Gustav Meyrink.

Saludos, agitando las manos, desde este lado del ordenador.