Archive for the ‘Cine de allá’ Category

Aburrida

Sábado, Octubre 8th, 2011

El tercer largometraje de Juan Carlos Fresnadillo prometía ser la obra más personal hasta la fecha del director que acarició todos los sueños (y alguna que otra pesadilla) de quien comenzando su carrera en provincias pisó con natural nerviosismo la alfombra roja al ser nominado a los Oscar con su primera película, el aún gratificante mediometraje Esposados.

Da la sensación que desde ese entonces Fresnadillo no se ha recuperado del susto. Lo concluyo tras ver la primeriza Intacto, la rutinaria 27 semanas después y ahora la aburrida Intruders.

Intruders, que se vende como su película de autor, no sabe moverse ni explotar las claves que conjura. Todas ellas muy arriesgadas, es cierto, pero que se infla –eso sí– con impecable caligrafía técnica porque es incapaz a mi juicio de arañar los miedos que brotan desde la infancia.

Miedos estos de la infancia en torno a los que da vueltas y vueltas mientras en pantalla no pasa casi nada. 

Y al no pasar casi nada se fractura la hipnosis y aburre.

En este aspecto, como película de miedo Intruders no da miedo y ni siquiera provoca inquietud sino bostezo.

Dan ganas, incluso, de que el presunto monstruo de nombre Carahueca se lleve a los infiernos a los niños protagonistas que sufren el acoso de esa criatura que nace de las fuentes, dicen, del celeberrímo hombre del saco.

Desgraciadamente el ente que no es feo ni guapo porque no tiene rostro no presta ese favor al espectador que se pregunta una vez más ¿cómo diablos he pagado el precio de la entrada para contemplar tamaño tostonazo?

El largo, larguísimo largometraje, recupera algo de gracia al final.

Ese momento en el que se razona que Carahueca es algo así como una enfermedad que se cocina en las entrañas de la familia y que por lo tanto se hereda de padres a hijos. Pero no es suficiente para disculpar un desarrollo que se suponía tenía que generar, si no terror, malestar en el público.

Que ese mismo público saliera de la sala planteándose que lo que se le ha contado toca precisamente sus miedos infantiles.

Intruders, en contra de los que he leído por ahí no es una película hueca sino aburrida.

O lenta como decía mi padre. Mi padre fue probablemente uno de los espectadores más inteligentes con lo que he tenido el placer de compartir butaca en eso que antaño eran templos oscuros y que hoy se llaman multisalas.

Y es que Intruders no da escalofrío.

No sabe producir miedo.

Y dan ganas de zarandear a los actores para que espabilen, para que conecten con mis miedos infantiles.

Pero no pasa nada de eso.

La película se infla mientras tanto como un globo. Y un globo solo lleva aire –nada– por dentro.

¿Dónde nace el problema de Intruders?

¿De su guión, pulcramente escrito?

¿De su notable dirección?

El filme parte de una idea ambiciosa y apasionante: indagar sobre nuestros terrores primigenios. También de cómo liberarnos de ellos si recurrimos a actos psicomágicos.

Esto del acto psicomágico es como prometer un trébol de cuatro hojas que un estrafalario vendedor de elixires varios llamado Jodorowsky ha promocionado en los últimos años como fórmula para reducir a cenizas nuestras neuras enfermas.

Jodorowsky no tiene la culpa de que su método de catarsis haya confundido desde entonces a tanta gente.

Entre ellos a Fresnadillo.

Película que podría entenderse en clave psicomágica casi como si quien les escribe creyera en el improvisado misticismo del autor de la extravagante Santa sangre.

Pero falla también en este sentido.

Y falla porque Intruders quizás hubiera quedado muy bien como mediometraje psicomágico pero no como largometraje presuntamente psicomágico.

No son creíbles los personajes. Los personajes son bloques de hielo que no crecen con la historia.

Además, y vendiéndose el producto como cinta de nuestros miedos internos, no da miedo. Ni siquiera un asomo de inquietud.

El tal Carahueca no sabe meterse en mi cabeza y revolver mis demonios interiores.

Luego interpreto que no es una película de monstruos. Y mucho menos de los que me hicieron tan feliz la infancia como espectador (y bicho raro) cinematográfico para liberarme, precisamente, de esos mismos monstruos.

Está muy bien que Fresnadillo no apueste por el susto fácil, que evite el contagio con Carapizza (ya saben, Freddy Krueger) pero sí cabe exigirle más consistencia a su Carahueca.

Consistencia que Intruders hace llegar a través de la penosa e insistente voz en off de sus dos narradores infantiles. Voz reiterativa que se suma a un metraje reiterativo que no aporta nada a esta casi nada.

Algo, ¿entienden?, que aporte sal a un vehículo que no termina por arrancar y que encima se adorna con pretensiones de autor.

Así que termino

para quien les escribe –y con todo el dolor de su alma– la verdadera y personal pesadilla de Intruders se reduce al dinero que ha tenido que abonar por verla. 

Saludos, con la Carahueca, desde este lado del ordenador.

Expedientes X

Sábado, Octubre 1st, 2011

Quedo con Pedro J. Mérida en una céntrica cafetería de Santa Cruz de Tenerife.

Mientras hago tiempo, entro en una librería y ojeo los libros.

Leo la contraportada de algunos de ellos pero solo me convence la de Factoría de animales, de un tal Ed Bunker. Miro la foto del escritor en la solapa y me encuentro con un tipo calvo y de ojos rabiosos que no parecen satisfechos.

Suena el móvil en ese momento.

Mérida me espera en la cafetería.

Nos sentamos en la terraza y fumo el primer cigarrillo del día.

J. Mérida parece nervioso.

Mira a un lado y al otro.

- Tome.- dice dejándome un expediente entre las manos. Se escabulle cuando la camarera deja sobre la mesa un cortado, un vasito de agua con gas y una tónica.

Pierdo a Mérida entre el mar de cabezas que cruza a esa hora la calle Castillo.

Me quedó desconcertado unos instantes. Consulto el nombre del expediente.

Space Invaders (1).

Y paso las páginas.

Y trago saliva.

Lo que tengo entre manos constata que, efectivamente, ya están aquí.

¿Quiénes?

¡¡¡Los invasores!!!

Tras pagar las consumiciones me alejo de la terraza rumbo a mi casa, con el libro junto a mi estómago.

Con la mano esquivo a dos hombres de negro.

Con la otra a un despistado periodista con gafas.

Y me encierro en la guarida.

Y leo los expedientes.

Uno por uno.

¡¡¡Un nuevo Julian Assange!!!

Y concluyo:

Oye como va, mi ritmoooo…

Bueno pa gozar….

Mi ritmooo…

Es decir: que ya están aquí.

Mi ritmooo…

(1) Space Invaders es un libro publicado por la XII Semana Internacional de Cine Fantástico de la Costa del Sol (Estepona). Su autor es Pedro J. Mérica y cuenta con prólogo de Carlos Pacheco y con dibujos de DKiller Panda. El volumen está estructurado en los capítulos: Guía del turista intergaláctico; Problemas con el visado; Pateras del espacio exterior; Residencia ilegal; Turismo sexual; Tráfico ilícito de vegetales; Niños de las estrellas; Sustancias no controladas; El ala oeste del frenopático sideral; Especies en peligro de extinción; Salto dimensional; Épica más allá de las estrellas; Trata de humanos y otras especies protegidas; Especuladores de parcelas terrícolas y Reyerta intergaláctica.

Saludos, temblor… temblor… tembloooor, desde este lado del ordenador.

‘Pa Negre’, ¿me entiende?

Jueves, Septiembre 29th, 2011

Es una pena que la capital de este país que llamo las Españas no dé al mar.

Pienso, y quiero seguir pensando, que entonces el carácter que conforma esta suma de complejidades que es ser lo que unos llaman español hubiera resultado muy diferente.

En mis arrebatos más locos, siempre he defendido contra los mesetarios que la capital de este país de colores rojos y negros debería de haber estado al occidente ubicada en Lisboa, mirando desafiante el Atlántico. O al oriente en Barcelona o Valencia por citar solo dos, encarándose con ese mar en el que se mezclan culturas y por lo tanto sangre, sudor y lágrimas como es el Mediterráneo.

Lamentablemente, por esas razones que escribe la Historia, la capital del país se aglutinó en pleno centro de la península Ibérica. Se llama Madrid, y si bien tiene ese encanto castellano resignado y pobretón, hidalgo y tontorrón, quiero seguir pensando que en Lisboa o en Barcelona la influencia que se hubiera derramado dentro y fuera del territorio sería distinta.

Algo me dice que más cosmopolita y menos ombliguista.

No quiero alimentar la hoguera de las vanidades que rodea a la siempre intrigante cuestión de las capitalidades pero mi experiencia me ha mostrado que los que vivimos de cara al mar tenemos otra naturaleza.

Otra forma de ver las cosas.

Bien es verdad que viviendo en Santa Cruz de Tenerife esta reflexión se hace añicos porque la ciudad siempre estuvo de espaldas al mar, casi como si lo detestara, pero es innegable que los que nacemos al lado del mar, los que nos acostumbramos a verlo sereno y bravo, lo consideramos casi como una extensión de nosotros mismos. También como la manifiesta realidad de que hasta ahí llega la tierra conocida y más allá la próxima por explorar.

Viene toda esta reflexión porque la Academia de Cine español ha apostado por la película Pa Negre, dirigida por un isleño, el mallorquín Agusti de Villaronga, para competir en la terna de largometrajes que Hollywood seleccionará en próximas fechas en la categoría a mejor película de habla no inglesa.

Me he molestado en leer las noticias, los artículos de opinión, y también los comentarios que en radio y televisión se han hecho eco en torno a la designación de Pa Negre. Y en casi todos ellos me ha molestado que además de recordarnos que se trata de la primera película catalana que representará a España en esa preselección, que insistan que nos encontramos ante un título difícil y por lo tanto dirigido a públicos minoritarios (¿los catalanes?).

Aprecio pues en todas estas reflexiones como una frustración, un vaticinio velado que Pa Negre no pasará la primera oposición a la que será sometido por el comité seleccionador norteamericano.

También una queja, disfrazada de erudición, que es una película que habla de nuestra mayor enfermedad nacional: la Guerra Civil. La Guerra Civil y sus secuelas en un rincón de la Cataluña profunda.

No han querido darse cuenta esas voces que precisamente ese detalle es lo que hace fuerte a un largometraje que acaparó estatuillas de ese cabezón que llaman Goya para sorpresa de un cine demasiado mesetario y por lo tanto poco ambicioso para descubrir otras miradas de ese país que llamo España.

En esta elección, que probablemente tiene oscuras razones políticas para quien desee verlo así, jugarlo todo a La piel que habito de Pedro Almodóvar suponía apostar con las cartas marcadas. El nombre del director manchego es reconocido fuera de nuestras fronteras.

Que se seleccionará también La voz dormida, del siempre interesante e inquieto Benito Zambrano, imagino que fue dictado más por un trato de favor de los académicos españoles (¿?).

Ya saben una manera de promocionar un filme que aún no ha llegado a estrenarse en mi provincia al menos.

Cinta la de Zambrano, curiosamente, que habla también de los efectos devastadores de su (no mía) Guerra Civil y que adapta la novela del mismo título de Dulce Chacón, una escritora a la que tuve la suerte de entrevistar años antes de su muerte y que cuando  hablaba de aquel periodo penoso de la historia de España no había logrado aún llegar a lo que debe ser una justa reconciliación entre nietos y bisnietos.

El caso es que Pa Negre es una película catalana como se empeñan en recordarnos los escribas y comentaristas. Escribas y comentaristas incapaces de descubrir que, efectivamente, siendo una película catalana, estamos ante una cinta catalana que con todo el derecho del mundo puede representar a España precisamente porque está hablada en un idioma (mal que les pese a unos y a otros) como es el catalán.

Saludos, asomado a una ventana desde la que no veo el mar, desde este lado del ordenador.

Tomando nota

Miércoles, Septiembre 28th, 2011

SATYAJIT RAY

Este jueves, 29 de septiembre, se inicia en la Fundación Cristino de Vera-Espacio Cultural CajaCanarias en La Laguna un ciclo dedicado al cineasta  Satyajit Ray.

Merece la pena ver las películas del maestro Ray. Y merecen la pena no solo porque su cine no es Bollywood (con todo el respeto descacharrante que le tengo al cine made in Bollywood) sino porque los filmes de este cineasta propone otra manera de ver y entender el cine. Y por eso hace que el cine, como otras artes cuando quien las genera es un artista, trascienda fronteras.

El primer título del ciclo es Pather Panchali (La canción del camino), que se pasará en versión original con subtítulos en español, a las 19:30 horas, con entrada libre hasta completar aforo.

Se trata de la primera entrega de la trilogía de Apu y narra la historia de una familia bengalí asediada por la pobreza y la desgracia.

El 6 y el 13 de octubre se exhibirán a la misma hora Aparajito y Apur sansar, respectivamente.

TITA LOMBARDO HABLA DE AMORES PERROS

La productora Tita Lombardo, que en estos momentos produce la versión cinematográfica de El camino, filme que dirigirá Walter Salles y que está basado en la novela del escritor Jack Kerouac, impartirá este jueves, a las 10 horas, una charla en TEA Tenerife Espacio de las Artes tras la proyección de Amores perros, película que la que participó como productora manager.

Otros trabajos de Lombardo son Babel, Profundo carmesí y Paradas continuas.

La actividad forma parte del taller de Producción Ejecutiva y Coproducción Iberoamericana que organiza el Centro de Estudios de Cine de Canarias (CECAN) y la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (Cuba).

CICLO JACQUES TOURNEUR

Los multicines Renoir de Santa Cruz de Tenerife acogerán también este jueves la proyección de La mujer pantera. La exhibición del filme corresponde al interesante ciclo que la Filmoteca Canaria dedica al cineasta Jacques Tourneur, y que se completará con El hombre leopardo (6 de octubre); Retorno al pasado (20 de octubre) y La mujer pirata (27 de octubre) siempre en los Renoir.

Los días de exhibición en los multicines Monopol en la capital grancanaria son, respectivamente, el 4, el 11 y el 18 de octubre.

La mujer pantera es un clásico del cine de terror. Y cuando escribo clásico me estoy refiriendo a clásico de verdad. A un filme que más que provocar miedo, inquieta. Así como se trata de una inteligente aproximación al despertar sexual de su joven protagonista.

El clásico, cómo no, fue reinterpretado pero no mejorado por el casi siempre interesante Paul Schrader a principio de los ochenta. 

Saludos, tomando nota, desde este lado del ordenador.

¡¡¡Kárate a muerte en las faldas del Teide!!!

Martes, Septiembre 27th, 2011

El cine de karatecas (Román Gubern intentó acuñar el subgénero como soja western pero sin demasiado éxito) cuenta entre sus estrellas más descacharrantes con John Liu, un actor de origen hawaiano que hizo carrera en los bajos fondo del séptimo arte en España en plena fiebre por las películas de Bruce Lee.

Uno de sus títulos más extravagantes es Dragon Blood, o Liu en México en su versión española.

Se trata de una cinta rodada a comienzos de los años ochenta en Canarias, archipiélago cuyos paisajes sirvieron para emular los mexicanos. Si los coge los de la Film Comisión está película hubiera sido carne de portada en los medios que tenemos a este lado del Atlántico, pero como eran otros tiempos, si no es por un chivatazo, no me entero de la existencia de este clásico de serie Z de mi querido cine de artes marciales.

El argumento de la cinta es el siguiente: En el año 1880 John Liu atraviesa la frontera de México para escapar de los que quieren apoderarse de las piezas de oro que fueron heredadas de sus antepasados y que tan solo los más fuertes guerreros pueden conservar. Unos bandidos intentarán también apoderarse de ellas.

Y a partir de ahí el lío por Liu. Un chiste fácil, me consta.

El reparto de la cinta lo conforma también José María Blanco, Casanova Wong, Hans Christian Andersen (¡así figura en la ficha a la que tenido acceso!); Jolanda Egger y Roger Paschy.

La dirige y escribe John Liu.

El filme, una co-producción española y hong-konesa, contó con el apoyo de Francisco Herrera, quien también colaboró en la puesta en marcha de títulos tan olvidables como Caspa brothers: the movie; Chi-Kung, el secreto de la energía interna y Lucha a muerte contra el dragón.

Apoyo este comentario con una imagen del filme Dragon Blood/Liu en México.

Saludos, reivindicando su estreno en la TV Canaria el Día de Canarias, desde este lado del ordenador.

‘El árbol de la vida’

Lunes, Septiembre 19th, 2011

Uno vuelve a reconciliarse con el actual cine norteamericano tras ver una película tan aparentemente sencilla y compleja como es El árbol de la vida.

Uno vuelve a reconciliarse también con los espectadores que acuden como ganado para perder el tiempo en una de esas monstruosas multisalas con aroma a refrescos y cotufas cuando nota que los mismos sentimientos que te están taladrando el cuerpo y el alma casi parecen los mismos que tiene el señor y la señora que tienes al lado.

Pero sobre todas las cosas uno se da cuenta que cuando una historia está bien contada y arropada por una poética carente de pretensiones  solo puede conmoverte porque lo que ves en pantalla es lo que sientes y has sentido.

Y comprendes, al menos durante esos momentos en lo que al salir del cine intentas ordenar las sensaciones que has recibido, que no estás solo. Y que tu aventura por este extraño sendero que es la vida te depara abrevaderos donde todavía puedes beber hasta saciarte de agua fresca con la que poder continuar hacia adelante.

Y agradeces, a un tipo que dicen es huraño y que rueda películas cuando le salen muy dentro y por lo tanto cada cierto tiempo, que esté ahí para mostrarte que el cine es algo más que cine.

Que el cine también puede aspirar a narrarte qué demonios puede ser el sentido de la vida a través de una familia que puede ser la tuya.

Y recuperas, cuando el viento caliente de la calle te azota la cara, las lágrimas que hacía tiempo habías perdido cuando te metes en una de esas salas monstruosas con aroma a cotufas y refrescos.

Y esto, a quien puede ahora leerme, es cine.

Saludos, atrevanse, desde este lado del ordenador.