Archive for the ‘Cine de allá’ Category

Extraño domingo extraño

Domingo, Diciembre 11th, 2011

Domingo extraño y casi tan baboso como una canción interpretada por Michael Buble.

Me asaltan recuerdos que creía borrados.

Y se me escapa alguna lágrima que empaña los ojos.

Siento un dolor inquietantemente incómodo en el estómago.

I.- EL BUEN PASTOR

“- Le preguntaré algo. Nosotros, los italianos, tenemos a nuestras familias y la Iglesia. Los irlandeses, su patria y los judíos, su tradición. Hasta los negros tienen su música. ¿Y ustedes, Señor Carlson ¿Qué tienen?

- Los Estados Unidos de América. El resto está sólo de visita.”

Vuelvo a ver El buen pastor (Robert de Niro, 2006) y sigo descubriendo nuevas claves en esta extraordinaria película. Y pienso, porque a veces me molesto en poner en movimiento a mis células grises, que pese a que me la sepa de memoria, que pese a que conozca cómo acabará la historia, una película es grande cuando la vuelves a ver y a ver y la descubres como la primera vez aunque ahora con renovadas y alentadoras perspectivas.

Concluyo: El buen pastor es, sin duda alguna, una de las mejores películas de la primera década del siglo XXI . Así que espero, con una delicada y transparente baba resbalando por mis labios qué tal será la versión cinematográfica de El topo, que adapta la novela escrita por el peculiar John le Carré. Un escritor difícil, lento, al que hay que cogerle el punto.

 II.- CAMINANDO POR EL RASTRO

Recorro el Rastro de la capital tinerfeña porque me refresca el alma pasear por este zoco caótico y desquiciado las mañanas de los domingos. El mayor logro que me procura, reflexiono, es que cuando estoy en el Rastro mantengo la mente en blanco. Camino por su irregular y misteriosa geografía como un cazador, investigando en sus puestos desordenados mientras rebusco entre montañas de libros y otras morrallas. Casi siempre encuentro algo interesante.

Hoy, por ejemplo, tropiezo con dos señoras mayores bastante molestas quitándome espacio vital cuando me inclino sobre unas cajas repletas de volúmenes de otras épocas que quizá fueron más –o menos– felices que las que vivimos. Una de ella expresa con una sorprendente vocecilla infantil su alegría a su amiga-o su hermana-o yo qué sé cuando pesca del montón un ejemplar de viajes bellamente ilustrado.

- Hay fotos de la China, de la China… .- repite la señora.

En otro lugar me encuentro con un ejemplar de Doctor Arrowsmith de Sinclair Lewis bastante estropeado por la humedad y con alguna página rota. Se lo hago saber al del puesto.

- Es que vino así.- responde encogiéndose de hombros.

Se trata de una edición de los años cuarenta.

Y no, no creo que viniera así.

Mis adquisiciones, hasta ese momento en la bolsa de Mercadona que llevo encima, son Laura, de Pío Baroja, y La ventana siniestra, de Raymond Chandler. Editadas las dos en la colección Libro Amigo de Bruguera.

 III.- LA TV CANARIA LOCA

 Interesante la programación cinematográfica de la TV Canaria de la tarde dominguera: las extraordinarias Hijos de los hombres (Alfonso Cuarón, 2006) y V de Vendetta (James McTeigue, 2006). Mientras las veo no dejo de sonreír en silencio, imaginando el acto de rebeldía del programador. Las dos cintas presentan una Gran Bretaña futurista bajo sistemas totalitarios. Me pregunto si el puto euro ha tenido algo que ver en su exhibición.

IV.- EL ÚNICO REGALO DE REYES

Encuentro en el Corte Inglés una película de John Huston que vi hace mucho, mucho tiempo: Éramos desconocidos. No es uno de los trabajos más conocidos del director pero sí, para quien les escribe, uno de sus títulos más recordados. La acción se desarrolla a finales de los años veinte en Cuba, en plena dictadura de Gerardo Machado. El guión lo firma el propio Huston junto a Peter Viertel. Sus protagonistas son (me pongo de rodillas) Jennifer Jones y John Garfield. Probablemente se trate de mi único auto regalo de Reyes en unas Navidades donde no habrá otros regalos de Reyes.

 V.- FUNDIDO A NEGRO

 Mientras subo a casa gira y gira en mi cabeza una frase de El buen pastor: “Nunca se sabe lo que nos deparará el futuro… La victoria tiene cien padres. La derrota es huérfana”.

 Saludos, Sunday, Sunday, desde este lado del ordenador.

… Joooder …

Domingo, Noviembre 27th, 2011

La exhibición de la película que este lunes, 28 de noviembre, acogerá el CICCA en la capital grancanaria a partir de las 19.30 horas me ha hecho retroceder en el tiempo y recordar –no sin cierta perturbación– la primera vez que vi el largometraje documental que la inquieta y cinéfila Asociación de Cine Vértigo prometer ofrecer a los espectadores.

Se trata de una cinta que el paso del tiempo ha hecho perversa pero que cuando se rodó y estrenó se caracterizó por su desarmante espíritu propagandístico de ecos wagnerianos cuyo poder de seducción continúa aún enfermizamente latente.

Me refiero a El triunfo de la voluntad, de la cineasta alemana Leni Riefenstahl. Una mujer que, guste o disguste, ha pasado a la historia del cine como una de las primeras y grandes cineastas de la historia del cine.

Una cineasta además obsesionada por llevar a la pantalla grande Terra baixa, del tinerfeño-catalán Ángel Guimerá, y cuyo rodaje se materializó entre 1941 y 1944, aunque su negativo acabó siendo secuestrado al final de la II Guerra Mundial. Tiefland se estrenó bastante tiempo después, concretamente en Stuttgart el 11 de septiembre de 1954.

La primera vez que vi El triunfo de la voluntad fue en el Cine Doré, sede de la Filmoteca Española, en Madrid, y tuvo que ser a principios de los años noventa del siglo XX si la memoria no me falla.

Veo en mi cabeza a un grupo de espectadores sentarse en el patio de butacas, la mayoría  escondiendo la cabeza, como si no quisieran que nadie los reconociera.

Imagino pues un  ambiente con cierta sordidez, en el que se respira la sensación de asistir a una sesión prohibida.

Tabú, más en unos años en los que si rebobino recuerdo como tensos y peligrosos porque estaban marcados por una radicalidad ciega que no entendía de treguas.

Así que quiero imaginar carraspeos voluntarios e involuntarios cuando las luces de la sala permanecen aún encendidas. También esa mirada perdida que uno fija en la pantalla en blanco mientras espera que la inunden las imágenes con la idea de que esas mismas imágenes lo transporten a otro tiempo y a otro lugar con el deseo que lo que vea borre –o al menos dé descanso– a la tormenta de pequeños y grandes problemas cotidianos con los que habitualmente estropea su itinerario vital.

Confieso, fiscales, que fui a ver El triunfo de la voluntad porque un buen amigo se empeñó en que fuéramos a ver El triunfo de la voluntad. Intenté salirme por peteneras para no ir.

Tengan en cuenta que en aquel tiempo, y probablemente hoy, eso de meterme a ver una película documental y en blanco y negro de 1934 era para mi sinónimo de coñazo.

Por mucha leyenda que arrastrara la tal Riefenstahl. Una señora a la que solo conocía porque, como decían los Jorge Javier Vázquez de aquellos tiempos, un enano con bigotito capaz de idiotizar a una de las naciones más serias y por lo tanto idiotas del planeta  quiso metérsela en su cama.

No sé si será verdad, aunque la propia Leni cuenta algo de eso en su autobiografía. También el acoso del doctor Goebbels, un sátiro cojo. O un pata de chicle como dicen en mi barrio.

El caso es que se apagan las luces del Doré.

Y que nos quedamos a oscuras.

Y que de repente se enciende la pantalla con el enano en un avión que desciende como si de un héroe wagneriano se tratara a la ciudad de Núremberg para asistir al Congreso del Partido Nazi.

Estamos en 1934.

Casi doce años después, en esa misma ciudad arrasada por las bombas, se celebrarían los famosísimos procesos que condenaron a muerte a los mismos protagonistas de la película de Leni.

Solo que en 1934 nadie de los que están subidos a la tribuna ni los que están debajo levantando el brazo pensaban que una catástrofe de esas dimensiones era capaz de venírselas encima.

La película muestra el recibimiento que le hace la ciudad al enano con bigotito y sigue el itinerario del lujoso Merceces Benz que lo transporta mientras hombres, mujeres, niños y niñas enloquecidos, le arrojan ramos de flores.

El enano saluda brazo en alto. Con una sonrisa en los labios.

No hay voz en off.

La película pasa entonces al mitin.

Gigantescas banderas con la cruz gamada adornan la tribuna.

Masas perfectamente ordenadas esperan la aparición del enano.

Discursean previamente una caterva de tipos ridículos vestidos de uniforme.

Es de noche.

Los focos iluminan donde están los jefecillos ridículos de uniforme.

Se hace el silencio.

El enano cruza una larga y estrecha avenida. Uno intuye como la masa contiene el aliento.

El enano sube a la tribuna y contempla con mirada emocionada y paternal a la masa ordenada. Comienza su discurso.

El micrófono parece, como en la película de Chaplin, acojonarse ante la oratoria del hombre con bigotito.

La masa se enardece.

Levanta los brazos.

Grita enloquecida.

Ende.

Y antes de que se enciendan las luces escucho tres, cuatro aplausos.

Salimos del Doré.

Apenas puedo mirar a mi amigo.

No nos atrevemos a preguntar: ¿Qué te ha parecido?

- ¿Nos tomamos unas cañas?- digo por salir del estupor.

En el bar no hablamos.

Es probable que la cerveza nos sepa amarga, así que eructamos en silencio.

- Joooder.- digo.

- Joooder.- responde el amigo.

 Saludos, joooder, desde este lado del ordenador.

‘Fragmentos de una revolución’, Mejor Documental en la VI edición de MiradasDoc

Domingo, Noviembre 6th, 2011

La película franco-iraní Fragmentos de una revolución, de autor anónimo, ha conseguido el premio al Mejor Largometraje Documental en MiradasDoc.

El galardón se dio a conocer la noche del 5 de noviembre durante la clausura de la sexta edición del Festival Internacional de Cine Documental de Guía de Isora, en el Auditorio de este municipio de Tenerife (Islas Canarias).

También resultó premiada la película Domingo en Brazzaville, de Enric Bach y Adrià Monés, que consiguió el galardón al Mejor Documental Español. Además, el film recibió el Premio Canal Plus que anualmente concede esta cadena de televisión en MiradasDoc.

El palmarés del festival se completa con el premio a la película Cautivas, de Mercedes Ortega, como Mejor Documental Canario; la producción polaca Oh Dios, Dios mío, de Julia Poplawska, Mejor Cortometraje Documental, y la película camerunesa Koundi y el jueves fiesta nacional, de la realizadora Ariane Astrid Atodji, premio a la Mejor Ópera Prima.

El Premio Especial del Público recayó en esta ocasión en la cinta Retrato de familia en blanco y negro, una producción canadiense de la directora rusa Julia Ivanova.

Li ké Terra (Portugal), de Filipa Reis, Joao Miller Guerra y Nuno Baptista, Hula y Nathan (Israel), de Robby Elmaliahm, y La sonrisa escondida (España), de Ventura Durall, merecieron menciones especiales de los jurados correspondientes a los concursos en los que participaron: largometraje, ópera prima -ambos en la categoría internacional-, y documental español.

Saludos, última hora, desde este lado del ordenador.

Volando voy, volando vengo… (notas)

Lunes, Octubre 17th, 2011

XXVII PREMIO DE NOVELA BENITO PÉREZ ARMAS

El lunes 24 de octubre se conocerá el nombre del ganador/a del XXVII Premio de Novela Benito Pérez Armas, dotado con 12.000 euros y hoy por hoy el galardón literario con más prestigio de cuantos se conceden en el archipiélago canario. Si la memoria no nos traiciona, solo en una edición –concretamente la XXV– el jurado del certamen decidió por unanimidad declararlo desierto “al no reunir las obras presentadas el nivel literario de los trabajos ganadores en ediciones anteriores.” El ganador del 2010 fue el escritor grancanario Juan José Mendoza por la novela Isla feliz y formaron parte del comité deliberador la escritora Cecilia Domínguez Luis, el catedrático de Literatura Hispánica de la Universidad de La Laguna, escritor y crítico literario, Juan Manuel García-Ramos y el periodista y escritor Juan Cruz Ruiz.  

 JOSÉ ABAD. LAS ESCULTURAS REGRESAN A LA CALLE

 Un total de 400 piezas conforma la exposición Eros, forma y azar del escultor José Abad que desde este lunes, 17 de octubre y hasta el 28 de enero, se podrá ver en las salas de exposiciones de CajaCanarias. Banca Cívica en Santa Cruz de Tenerife y La Laguna, así como en calles y plazas de estas dos ciudades. En la presentación estuvieron Álvaro Arvelo, presidente de CajaCanarias; José Manuel Bermúdez, alcalde de la ciudad, y Julio Pérez, consejero delegado de la Sociedad de Desarrollo de Santa Cruz de Tenerife.

VÍCTOR CONDE INAUGURA EL CURSO 2011-2012 DE LA ECCL

La Escuela Canaria de Creación Literaria inaugura el próximo lunes, 24 de octubre, el curso correspondiente a 2011-2012 con la participación del escritor tinerfeño Víctor Conde, quien hablará de su obra y del arte de escribir a partir de las 20 horas. Por otro lado, la novela de Conde Oniromante, inicia en noviembre scyla e-books, una nueva colección de libros digitales de fantasía. El autor del prólogo es Juanma Santiago.

ANTOLOGÍA DE POETAS CANARIOS EN MÉJICO

Juan Carlos de Sancho se encuentra en Méjico, donde presentará el 23 de octubre en la Feria Internacional del Libro en el Zócalo, ciudad de Méjico, la antología 20 del XX Poetas de Islas Canarias. La obra ha sido editada por la editorial La Otra en colaboración con la Universidad de Durango y la Embajada de España en Méjico y recoge poemas de Domingo Rivero, Tomás Morales, Alonso Quesada, Domingo López Torres, Pedro García Cabrera, Agustín Espinosa, Josefina de la Torre, Agustín Millares, José María Millares, Félix Casanova de Ayala, Rafael Arozarena, Manuel Padorno, Luis Feria, Juan Jiménez, Eugenio Padorno, Lázaro Santana, Ángel Sánchez, Félix Francisco Casanova, Cecilia Domínguez y Federico J. Silva. El libro también se dará a conocer en  la Universidad de Sonora y en el Encuentro Internacional de Escritores de Literatura de Ciudad Obregón, además de en la Universidad de Sinaloa, donde De Sancho estará acompañado por el escritor Elmer Mendoza.

 ENTREVISTA CON JUAN CARLOS FRESNADILLO

 Muy interesante la entrevista que publica en su edición del lunes Diario de Avisos con el cineasta Juan Carlos Fresnadillo. El director de Intrudres anuncia, por otro lado, que abandona el remake de El cuervo para dirigir –probablemente– una nueva versión de Los inmortales. En su primera semana en cartel, Intruders encabezó el primer puesto de las diez películas más vista en España con una recaudación de 1.100.000 euros.

Saludos, sed, mucha sed, desde este lado del ordenador.

De viaje por Caprona, no confundir con Cabrona

Sábado, Octubre 15th, 2011

Canarias también ha servido de plató de rodaje para que por su accidentada geografía corretearan bestias de tiempos remotos. Así que hay dos película de serie Z por las que siento simpatía porque las vi en una época de mi vida en la que todo me daba igual.

Probablemente se deba a que se tratan de títulos que inevitablemente se reestrenaban en las sesiones de cine a las 4. Aquellas gloriosas matinés que tanto contribuyeron a que una generación de cinéfilos nacidos a este lado del Atlántico se forjaran como espectadores.

La oferta iba desde los hermanos Marx a Godzilla y familia. De vez en cuando se colaba también filmes tipo La tierra olvidada por el tiempo y su secuela, Viaje al mundo perdido, dos producciones de serie Z de la Amicus dirigidas por el británico Kevin Connor y parte de cuyos exteriores se rodaron en la isla de La Palma.

Las películas están inspiradas en sendas novelas del escritor norteamericano Edgar Rice Burroughs.

Burroughs fue el creador literario de Tarzán.

Confieso con orgullo que he leído algunas novelas de Tarzán. También que ninguna de ellas supo germinar en ese honroso jardín que dedico en mi corazón a la mitología pulp.

Y es que más que Tarzán, si hay un personaje de Burroughs que me atrapara fue John Carter y sus aventuras en el planeta rojo.

Recuerdo que leí las tres primeras novelas de la serie cuando uno de mis tíos me las prestó en una colección de libros diminutos encuadernados en tela.

Tiempo después, adquirí en el Rastro de Madrid dos volúmenes del ciclo que Burroughs dedicó a Carson Napier en el planeta Venus (Piratas de Venus y Perdidos en Venus) editados por la mejicana Novaro, pero confieso que no las he leído.

Es más, pienso que me hice con estas novelas porque todavía me hechiza perder el tiempo contemplando sus coloridas portadas.

No he leído más a Burroughs desde ese entonces.

Un escritor que hizo carrerea en la geografía de las novelas baratas saqueando un poco de todos lados.

Entre otros ilustres, al mismísimo Jack London y una novela clave, aunque poco conocida, de este grandioso por contradictorio escritor, Antes que Adán. También, por razones obvias, a los maestros Conan Doyle y el ciclo de historias que concibió dedicadas al profesor Challenger, y H. Rider Haggarth, entre otros.

No obstante, y por ser un autor al que asocio con un periodo de mi iniciación lectora, cuando me topo con Burroughs en cualquier sitio se me ponen las antenas tiesas.

Probablemente se deba a que se trata de un artesano del entretenimiento. Y un artesano del entretenimiento –han de saber criaturas mías– casi siempre se mete en el bolsillo a los lectores que no esperan demasiado de un libro salvo que entretenga.

Por lo que recuerdo –ya que no he querido volver a verlas– La tierra olvidada por el tiempo y Viaje al mundo perdido son dos películas que cumplen esa misma función: entretienen. O me entretuvieron cuando las vi en aquellas sesiones de cine a las cuatro de la tarde.

Me veo así feliz penetrando en la sala cuando una sala de cine era un cine.

Feliz porque voy a ver una de monstruos basada en una novela que no he leído de Burroughs.

La tierra olvidada por el tiempo estaba protagonizada además por un actor que en aquellos años hacía cierto furor entre la pibada. Me refiero a Doug McClure, que hacía de Trampas en la serie El virginiano, y si bien sus efectos especiales apenas convencían a la pibada de aquel entonces, tiene argo. Ese argo puede ser el recuerdo que, como crío que empezaba a sufrir los primeros escozores de ser adulto, siente hacia un espectáculo cuyo mayor mérito es el de entretener.

Aunque el entretenimiento sea de cartón pieda.

La aventura de La tierra olvida por el tiempo se desarrolla durante la Primera Guerra Mundial, cuando un submarino alemán que lleva prisioneros de guerra cambia de rumbo hasta llegar a una isla desconocida del Antártico.

Estamos pues ante una película de mundos perdidos –que no territorio mítico– que como anuncia el título parece que se ha detenido en el tiempo.

Su nombre: Caprona.

No Cabrona, sino Caprona.

El mismo equipo de La tierra olvidada por el tiempo regresaría a Caprona (cuyos exteriores, reitero, son los de La Palma) en Viaje al mundo perdido.

En esta ocasión acompaña en la expedición a McClure una por aquel entonces jovencísima Sarah Douglas, actriz de belleza turbadora a la que pueden recordar por ser la malísima kriptoniana de Superman II. Y Patrick Wayne, actor que no tuvo la misma carrera que su padre: John Wayne.

Viaje al mundo perdido es muchísimo peor que La tierra olvidada por el tiempo porque se trata de una secuela que intentó explotar el regular éxito de la primera, pero aún con esas tiene argo.

¿Los paisajes palmeros?

Sí y no.

Ese argo, reflexiono, se encuentra en aventurarse en las pantanosas y atractivas aguas de lo fantástico.

Lástima que al final sea solo argo.

Concluyendo que es gerundio:

Y pese a todo se tratan de dos títulos con su no sé qué.

Idóneos, por su no sé qué, para ser exhibidos por la Televisión Canaria.

Esa tele que, ya saben ustedes, nadie hasta ahora ha descubierto su no sé qué.

Saludos, yo solo sé que no sé nada, desde este lado del ordenador.

Un cazarecompensas bajo la sombra del volcán

Viernes, Octubre 14th, 2011

Entre las curiosidades del cine rodado a este lado del Atlántico destaca una producción italiana cuyo título en español es Por la senda más dura (1975). Un espagueti western que sin estar al dente se mastica con simpatía probablemente porque uno de sus protagonistas es Lee Van Cleef, uno de los más inquietantes malvados de la historia del cine.

O lo que es lo mismo, uno de los más perfectos hijos de puta de la Historia del Cine. Con mayúsculas.

Dirigida por Antohny M. Dawson (pseudónimo tras el que se esconde Antonio Margheriti) y con Jim Brown, Catherine Spaak, Fred Williamson y un trío de viejas glorias hollywoodienses como Dana Andrews, Harry Carey Jr. y Barry Sullivan, gran parte de los exteriores de esta película de tiros se rodaron en Gran Canaria y en Tenerife.

De hecho, en una de sus escenas se ve cabalgando a los protagonistas como Pedro por su casa bajo la sombra imponente del volcán. El volcán es el Teide y descubrirlo en la pantalla grande del hoy desaparecido teatro Baudet significó para quien les escribe algo así como si le trituraran los esquemas.

Lo de romper los esquemas se debe a que siendo ya por aquel entonces consumidor de polvorientos espaguetis western no he dejado de preguntarme qué hubiera pasado si el archipiélago se hubiera transformado en plató de rodaje de aquellas producciones.

En una especie de Almería de ultramar. 

Pero seamos francos, Por la senda más dura no es uno de los mejores espaguetis de la historia del cine aunque tampoco una cinta que mi memoria cinéfila recuerde con pavoroso rencor. Mi cerebro la registra como un producto de entretenimiento donde hay tiros, peleas y briosas persecuciones a caballo. 

Por la senda más dura es uno de esos tantos productos italianos que se dedicaron a explotar el western a la zaga de la revolucionaria interpretación que como aficionado hizo el enfermizo maestro Leone con Un puñado de dólares, La muerte tiene un precio, El bueno, el feo y el malo y la fascinante y operística Hasta que llegó su hora.

No inserto en la lista su, a mi juicio, fallida aunque trepidante Agáchate maldito por razones varias. Entre otras, sus excesos.

En contra de otras cintas del mismo calado, Por la senda más dura está protagonizada por dos actores negros que en aquellos años hacían furor: Jim Brown y Fred Williamson. Lee van Cleef repite el papel que lo hizo famoso en el subgénero: un cazarecompensas.

Aunque hoy quede políticamente incorrecto, en aquellos tiempos en los que la pibada iba al cine que en una película sus actores protagonistas fueran negros o amarillos era como si estuviera protagonizada por una pareja de marcianos tan marginados como nos sentíamos la pibada de aquel entonces.

Así que resulta lógico que saliésemos del cine y gritáramos mientras desenfundábamos invisibles colt: ¡yo soy el negro, yo soy el negro!

Ser el negro significaba ser como el chachi de la película. El tipo simpático que las enamoraba a todas (fuesen blancas, negras, rojas o amarillas) y también el tipo que repartía justicia. Una justicia que casi siempre se asociaba con la venganza por muy idiota y digna que resultara.

Es una pena que nadie haya valorado lo que contribuyeron estas películas de tiros para que una generación de espectadores forjados en las endurecidas butacas de cines de reestreno llegara a la conclusión que eso de la diferencia es una máscara.

Por fortuna o sin ella, cuando recreábamos en la rambla, en el parque o jugando a los vaqueros lo que habíamos visto, casi siempre tocaba a uno el papel del malo. Y el malo, cuando uno veía un espagueti western de los que te hacían temblar y sacar revólveres imaginarios era inevitablemente el gran Lee Van Cleef.

Desde ese entonces el gran Cleef me acompaña por esta senda tan dura en la que transito.

El otro día soñé que me lo encontraba en la rambla de las tinajas.

Iba vestido de negro, el sombrero calado hasta las cejas. Apenas veía como sus ojos escudriñaban el tráfico pero sí como una gota de sudor resbalaba por su nariz aguileña.

Y me pareció que un vapor de bourbon salía de su boca al mascullar: “Viejo, hasta la última bala.”

 Como es natural quedé petrificado.

 - ¿Hasta la última bala?- balbuceé.

Lee Van Cleef asintió en silencio y rozó con la yemas de los dedos el sombrero.

Supe entonces qué hacer con la última bala que me queda en el tambor de mi colt imaginario.

 Saludos, POW, desde este lado del ordenador.