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Rubén Gallo: “A mí me duele México y quizá por eso Cuba es mi patria de repuesto”

Miércoles, Junio 8th, 2022

Escritor, ensayista y catedrático en la Universidad de Princeton, Rubén Gallo (Guadalajara, México, 1969) cuenta con una bibliografía en la que destacan, entre otros libros, los que ha dedicado a Cuba, país que considera su segunda patria porque México, como en su día le pasó a Unamuno con España, “le duele”.

Rubén Gallo es uno de los invitados del IV Festival Hispanoamericano de Escritores que se desarrollará en Los Llanos de Aridane a finales de septiembre de este año, una edición que está dedicada a México y que espera reunir en esta bonita y cultivada ciudad de La Palma a una veintena de escritores de ese país.

El escritor admite la influencia de, entre otros, Octavio Paz y Fernando Vallejo. Si no pudo conocer al primero, sí que tuvo la oportunidad “hace poco” de conversar con el segundo. Algunos de los personajes reales que habitan su universo literario son Sigmund Freud y La Habana, la capital cubana, una ciudad que conoce muy bien, tanto el latido de su literatura como el de sus habitantes.

Gallo es autor, entre otros libros, de Conversación en Princeton, que recoge una clase magistral sobre la actualidad y el oficio de novelista con el Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa; y sus libros cubanos: Teoría y práctica de La Habana y Muerte en La Habana, en la que se toma el pulso a una ciudad que nunca duerme y que ocupa un gran espacio de recuerdos entre los que viven en ella y los que han tenido la suerte de conocerla.
Otros libros del escritor son Freud en México: historia de un delirio, Las artes de la Ciudad, y la compilación México, D.F., lecturas para paseantes. Es miembro de la junta directiva del Museo Sigmund Freud de Viena y ha sido profesor visitante en las universidades de Viena y Jerusalén. Desde 2008 dirige el Programa de Estudios Latinoamericanos de Princeton.

- ¿Hasta que punto cree necesario leer y escribir en tiempos tan oscuros como los que vivimos en la actualidad?

“Cito una frase de José Lezama Lima recogida por Reinaldo Arenas: “la palabra es lo único que nos salva: ¡escribe!”

- ¿Cuándo y por qué se despertó en usted el entusiasmo por la literatura y por escribir?

“Nací en Guadalajara, una ciudad de provincia, muy cerrada y conservadora. Me asfixiaba y la literatura fue el oxígeno que me permitió respirar”.

- ¿Recuerda alguno de los primeros libros que lo convencieron y le animaron a escribir?

“Rayuela, La guerra del fin del mundo, los ensayos de Octavio Paz, los cuentos de Sartre, alguna novelita de Balzac, entre muchos otros”.

- Creo que cultiva sobre todo el ensayo, pero ¿y la ficción?

“Desde 2017 he publicado dos novelas: Teoría y práctica de La Habana (2017) y Muerte en La Habana (2021). Esta última fue toda una aventura: está basada en el homicidio real de un valenciano que se mudó a La Habana en busca del paraíso erótico, que encontró y disfrutó hasta que lo mataron. Para escribir la novela tuve que seguirle la pista a ese personaje, que se llama Manuel, y eso me llevó a entrevistar a mucha gente: chaperos, amigos del personaje, policías, detectives. Uno de ellos — el comisario que llevó la investigación en La Habana — ahora vive en Canarias. Fui a entrevistarlo y así descubrí estas islas maravillosas que tanto me recuerdan a esa otra Isla”.

- Ha dedicado estos dos libros a Cuba y a La Habana. ¿Qué tiene de especial para usted esta ciudad y ese país?

“Cuba es el país de José Lezama Lima, de Reinaldo Arenas, de Severo Sarduy, de Virgilio Piñera, de Guillermo Cabrera Infante: he ahí una genealogía literaria que ha nutrido mi vida y mi obra.”

- En estos dos libros aborda entre otros asuntos el turismo sexual, también la homosexualidad en un país como Cuba que se reconoce fuertemente machista. ¿Piensa que está cambiando la mirada del cubano sobre la mujer?, ¿y en México? ¿Y en Norteamérica?

“El machismo y el homoerotismo van de la mano: sólo hay que leer a Reinaldo Arenas para entender que los momentos más represivos de la historia fueron también aquellos de más libertad sexual. El machismo es una pose, una serie de códigos que vuelve posible el juego y la subversión. Lo más triste que vivimos ahora no es el machismo sino la ausencia total de códigos”.

- Escritores como Pedro Juan Gutiérrez y también Leonardo Padura muestran en sus novelas zonas oscuras que hasta hace relativamente muy poco no eran habituales que se reflejaran en la literatura cubana. ¿Algo está cambiando en Cuba?

“La Habana cambió, cambia y seguirá cambiando. Es una ciudad que sorprende por su capacidad de reinventarse y de reinventarnos. La Habana de Tacón, la de Leonard Wood, la de Estrada Palma, la de Machado, la de Batista, la de Castro y la de ahora son ciudades y realidades distintas. Pedro Juan Gutiérrez, en sus cuentos, nos ha dado la crónica más sincera y más realista de lo que fue La Habana de los años 90”.

- ¿Qué opinión tiene de movimientos como San Isidro?

“Cuando se escriba la historia del siglo XXI, entenderemos cuál habrá sido la importancia de estos movimientos”.

- Después de la muerte de Fidel Castro y con su hermano Raúl retirado a los cuarteles de invierno, ¿cómo observa la situación en Cuba?

“Ahora nos damos cuenta de que los años 2008-2017 fueron una época dorada: nunca, en la historia de Cuba desde 1959, ha existido un periodo con tantas libertades, impulsadas por un auge económico que en muy pocos años transformó a la Isla. Se abrieron espacios culturales, galerías de arte; cada semana llegaban a la Habana decenas de periodistas, curadores, artistas…Surgieron nuevos restaurantes, bares y centros nocturnos. Algunos, como el Bar Roma, fueron retratados por el fotógrafo Leandro Feal. Lamentablemente, por causas muy complejas que incluyeron la llegada de Trump a la Casa Blanca, todo esto duró muy poco: se derrumbó como un castillo de naipes.”

- ¿Y de México?

“Porfirio Díaz dijo una vez: “Me duele Chihuahua”. A mí me duele México. Quizá por eso Cuba se ha convertido en mi patria de repuesto”.

- ¿Cómo valoraría las políticas de Estados Unidos de Norteamérica con estos dos países?, ¿y con el resto del continente americano?

“Hay una frase célebre de Porfirio Díaz: “Pobre México: tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”. Y otra más de Jean-Paul Sartre: “Si los Estados Unidos no existieran, la Revolución cubana hubiera tenido que inventarlos”.

- Es profesor de Literatura en la Universidad de Princeton. La pregunta es ¿cómo creen que observan los norteamericano a los del sur y los del sur a los del norte?

“Me temo que en este mundo globalizado, dominado por las redes sociales, todo se ve igual. Es decir que nadie ve a nadie. Creo que nunca en la historia se ha dado un episodio como el que vivimos ahora: lo que impera a nivel global es un narcisismo malsano que seguramente algún día se estudiará como la gran patología del siglo XXI. Sólo hay que mirar a nuestro alrededor: todos tomándose fotos sin parar para subirlas a las redes”.

- ¿Qué tiene México que atrae tanto a los escritores del norte?, pienso en Malcolm Lowry, Ambrose Bierce, B. Traven si se me permite, entre otros.

“El México de principios del siglo XX es como la Cuba de los años sesenta: cientos de viajeros, entre los que había poetas, novelistas, pintores, directores de cine, filósofos y políticos, llegaron a esos países en busca de algo, que en ambos casos tenía que ver con la Revolución. Nadie encontró lo que buscaba, pero muchos de entre ellos, como Artaud o Sartre, encontraron otras cosas que los sorprendieron y que siguen sorprendiendo a sus lectores”.

- ¿Qué influencias reconoce en su literatura de escritores como Octavio Paz y Fernando Vallejo?

“A Octavio Paz lo vi dos veces pero nunca pude hablar con él. Me hubiera gustado conversar con él sobre la India y sobre Athanasius Kircher. A Fernando Vallejo — el escritor contemporáneo que más admiro — lo conocí hace poco. Mi novela Muerte en La Habana es un homenaje a La virgen de los sicarios y alguno de sus personajes se cuela en mi trama. En abril de 2022 fui a Medellín y pude conocer a Fernando. Pasamos dos días conversado de muchas cosas y me llevó a conocer la ciudad: tomamos el metro, los teleféricos, caminamos por el centro. En un barrio muy pobre pasamos al lado de un grupo de vendedores ambulantes. Uno vendía cortaúñas; otro, vitaminas; otro más, cables para teléfono celular; había uno que pregonaba: “el último libro de Vallejo, el último libro de Vallejo…” Le dije a Fernando: “Qué país tan culto el tuyo. En México los vendedores ambulantes gritan sin parar: “¿hongos en los pies? ¿hongos en las uñas?” pero en Colombia promueven tus libros…”

- ¿Qué autores jóvenes mexicanos destacaría?

“Entre los jóvenes, hay un escritor que admiro mucho: Daniel Saldaña. Sus Aviones sobrevolando el monstruo es uno de los libros más bellos y más desconcertantes que se han escrito sobre la Ciudad de México y sobre otras ciudades del mundo”.

Saludos, ándale, ándale, ándale, desde este lado del ordenador

Cinco mil años, una novela de Ernesto Delgado Baudet

Lunes, Junio 6th, 2022

“Al atardecer se dirigió hacia el puerto por el sórdido callejón de Emilio Calzadilla, una rampa de hosco y desigual empedrado insertado en un terraplén ascendente. En sus márgenes alabeadas, los muros de las casas adyacentes, que destacaban por su tintado en capas de carmesí de aliz impermeabilizante, se apuntalaban unas con otras, sus azoteas desbordando por encima de las fachadas leprosas, tanto más enfermas en apariencia gracias a la tenue iluminación del sol de la tardecita”.

(Cinco mil años, Ernesto Delgado Baudet. Nectarina Editorial, 2022)

Conocido más por su poesía que por su narrativa, Ernesto Delgado Baudet (Santa Cruz de Tenerife, 1961- 2010) tanteó los territorios de la novela con Cinco mil años una obra pequeña pero con mucha sustancia que no defraudará a los que, como quien ahora les escribe, les gusta navegar por las diversas literaturas que han transitado por la capital tinerfeña.

Y se dice bien transitar, ya que Cinco mil años se desarrolla en las avenidas, calles, ramblas y plazas de una capital de provincias en unos tiempos que podrían ser los 80 del pasado siglo XX, y de ello deja reflejo las páginas de un libro que me hace retroceder y reencontrarme con una ciudad que hoy apenas se reconoce así misma.

La política de recuperación de textos olvidados que está emprendiendo Nectarina Editorial es una labor más que encomiable en el paisaje y paisanaje de una isla, la de Tenerife, a la que le falta todavía mucho músculo para reflexionar sobre su pasado. Nectarina ya emprendió esta tarea reeditando Teneyda y otros cuentos de Alfonso García Ramos, y anuncia sin subrayados la publicación de una nouvelle de Eugenio Millet, Aves del paraíso y, si todo conspiran para que el proyecto de por fin luz verde, La ciudad tiene otra cara, de Luis Gálvez Monreal, una novela que no ha sido editada desde el año de su publicación, 1955, cuando obtuvo el primer premio de novela Premio Benito Pérez Armas, y obra que pide con carácter de urgencia su reedición porque por esos extraños sortilegios que dominan las literaturas de esta tierra, permanece en un injusto olvido. Acumulando el polvo de los que nadie se acuerda.

Parece que Nectarina Editorial cuenta entre otros objetivos con hacer justicia a todas esas obras sobre las que no se ha hecho justicia y presenta ahora Cinco mil años, una novela corta (no llega a las 140 páginas) que quizá contenga algún destello autobiográfico, reflejo que se aprecia en la descripción de calles y plazas de la capital tinerfeña de aquel entonces pero también es una férrea apuesta de estilo del escritor tinerfeño. Un autor con cierto apego barroco, que gusta de la descripción profusa y al que se debe leer con atención por su entusiasmo por los párrafos largos .

Resulta muy grato sumergirse en un libro que nada en aguas tan profundas, también descubrir el trabajo de un escritor que le dio tanta importancia a la palabra.

La novela cuenta también (algunas veces en cursiva) con expresiones que empleamos en Canarias, las islas y en concreto muchas voces que utilizan los habitantes de la capital tinerfeña, Santa Cruz.

Cinco mil años cuenta la historia de un joven inocente y por ello mismo libre que sin padre ni madre vive en un cuarto en una de las viviendas que pueblan un barrio santacrucero que bien podría ser el Toscal. Una suposición.
O no. También es la historia del primer y último amor que tiene su protagonista, Manolito, a quien apodan El Arroz, con Anita “la de Cueva Bermeja”, pero el relato no solo gira en torno a esta relación sino que cuenta otras cosas, algunas interesantes y que dan color a esta clásica historia de iniciación.

A Manolito no le gusta que lo conozcan como El Arroz y cuenta a modo de rasgo distintivo y como pasa en otras novelas escritas en este archipiélago (diríase casi que se trata de una obsesión) con un atributo masculino que envidiaría el actor John Holmes. Casi es lo único que se destaca del físico de un joven que va por detrás de los demás, que se enfrenta solo a las adversidades de una vida que ha sido poco o nada generosa con él.

A su alrededor, Ernesto Delgado Baudet despliega una serie de personajes secundarios, algunos realmente notables, que casi parecen que saltan de las páginas de un libro escrito con un estilo espeso pero también contundente.

La novela está dividida en dos partes, Como una extensión de agua, que se centra en las desventuras de Manolito El Arroz y Huesos en tierra baldía o esa salvaje oscuridad. Ambos textos se pueden leer de manera independiente aunque el segundo resulta algo desconcertante ya que camina por un delirio ciertamente críptico.

Los capítulos de la primera parte cuenta con un epígrafe, técnica de la que se prescinde en la segunda mitad.
La edición de Cinco mil años cuenta con una portada que firma Luis Delgado Baudet y un prólogo, Orfandad del amigo, en la que el también poeta Coriolano González Montañez recuerda una amistad que se rompió con la muerte de Ernesto Delgado Baudet. Cinco mil años tiene también una nota del autor, en la que explica que con este libro “no pretende más que un sueño amante del barrio de vieja ciudad: como las historias del gran Sertao de Güimaraes Rosa, como la pertinaz gloria del Buenos Aires de Mújica Láinez, como una alucinación sentimental y, en fin, como el lector quiere que sea”.

Saludos, leímos, leamos y leeremos, desde este lado del ordenador

Quedan oficialmente avisados

Jueves, Junio 2nd, 2022

* El equipo Para, situado en la calle de La Marina de Santa Cruz de Tenerife, acoge mañana, viernes, 3 de junio, la presentación de la novela La isla de las palabras, de Patry Díaz. El acto dará comienzo a las 20 horas.

* Paisajes de la memoria, una exposición de Alfonso García, se expone a partir de este viernes, 3 de junio, en el Espacio Bronzo, en La Laguna. La colección permanecerá abierta en esta sala hasta el 1 de julio.

* Desván Blanco, en Santa Cruz de Tenerife, acoge a partir de este sábado, 4 de junio, la exposición Naturaleza ingrávida, collages y libros de artista de Carmen Isasi. La inauguración comenzará a las 19 horas.

* La sala de exposiciones del Cabrera Pinto, en La Laguna, presenta este sábado, 4 de junio, una retrospectiva de la artista Pepa Izquierdo, que recoge parte de su producción entre 1966 a 2022. La inaguración es a las 12 horas.

Saludos, quedan avisados, desde este lado del ordenador

Segundo Manchado: “Freud es muy hitchcockiano”

Miércoles, Junio 1st, 2022

El psiquiatra y psicoanalista Segundo Manchado Romero (Las Palmas de Gran Canaria, 1950) participó hace unas semanas en el programa No-Todo: crítica y negatividad, que coordina Roberto Gil-Hernández y que se desarrolla en TEA Tenerife Espacio de las Artes, donde habló sobre Lo queda del psicoanálisis.

Profesor asociado en la Universidad de La Laguna y en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Segundo Manchado es miembro del Seminario Freudiano de las Islas Canarias; del movimiento de La Otra Psiquiatría; de la Asociación Española de Neuropsiquiatría (AEN) y de la Asociación Canaria de Neuropsiquiatría (ACN).

- ¿Qué queda del psicoanálisis?

“Diría que todo o, mejor aún, No-Todo, que es lo propio hablando de psicoanálisis. Desde cierto ámbito tecnocientífico, se impone la exigencia de la evidencia y para ello se recurre a la estadística como validación. Es decir, se exige la evidencia de lo Universal, de lo que vale para todos. De este modo se excluye lo singular, lo propio de cada sujeto tomado uno a uno. En cambio, el psicoanálisis es una “ciencia” de lo particular. Como sostiene el psiquiatra y maestro Fernando Colina, refiriéndose a las ciencias humanas, hermenéuticas o interpretadoras: “(Ellas) no son ciencias exactas, pero sí son, cuando menos, saberes rigurosos, de meticulosa imprecisión, que exigen analogías, regularidades y legalidades de otra índole”. El psicoanálisis se ocupa del sujeto cartesiano que, no por casualidad, está en el origen de la ciencia, aunque, desde ese momento inaugural, desaparecerá por completo de los paradigmas científicos. Y esto tiene una repercusión sobre la clínica, al menos en ciertos estratos de la llamada Razón Psiquiátrica. En ella no sólo se deniega una y otra vez a Freud, sino que se postula el cálculo estadístico como guía para la clínica, afectando al legado freudiano que surge de la atenta escucha al sufriente. Y con ese cálculo se construyen nuevas nomenclaturas que nada tienen que ver con la psicopatología clínica y, lo que es peor, tampoco quieren saber nada de lo singular. Si usted tiene tal síntoma o tal otro, lo que tiene es esto o aquello. En esto se resume la nueva “clínica” de los formularios y protocolos. Lo que el sufriente pueda decir es “ruido de fondo” que lo único que hace es estorbar. La llamada “atención” psiquiátrica ha desaparecido. Por eso sigue siendo fundamental el psicoanálisis”. 

- ¿Cómo se ha ido adaptando a los tiempos?

“Todo indica que bastante bien. Los tiempos cambian y las mentalidades también. Hablamos de Grecia clásica, Helenismo, Alta y Baja Edad Media, Renacimiento, Ilustración, Positivismo… Y lo que vino después, sin saber si es o no una nueva subjetividad… Digamos que hay cambios epocales de subjetividad. En cada uno de ellos descubrimos algunas características que le son propias: concepciones del mundo, modos de entender y vivir la vida, el ser humano, las relaciones con la naturaleza y el entorno, maneras de entender la política, etc. Lacan dice algo muy interesante sobre la nuestra: “que renuncie quien no tenga en su horizonte la subjetividad de su época”. Desde hace algún tiempo estamos, no ya en la época de la muerte de Dios, sino en la del declive de su sustituto, el Padre freudiano y su pluralización —como modo de contener, ordenar y limitar la insoportable e inefable verdad que nos constituye, la soledad radical y el desamparo del ser humano, del ser parlante. La clínica ha cambiado y, por tanto, el psicoanálisis también. Sobre todo ahora, en la época de la exigencia generalizada de goce y del llamado “discurso universal”. La exigencia que vivimos tiene que ver con el superyó freudiano; y el discurso universal, como saturación de sentido, con el exceso diagnóstico y de otros tantos etiquetados de quita y pon que confunden, sin posibilidad de confrontación seria!. 

- ¿Siguen vigentes sus teorías sobre el sexo? 

“Es un error habitual confundir el psicoanálisis con la sexualidad. Lo más oscuro que nos habita tiene que ver con la pulsión (que no está relacionada con el instinto, propio de los animales). Esta pulsión es asexuada, y por el hecho de ser parlantes, es el lenguaje quien la ordena y limita. Este ordenamiento tiene que ver con la subjetividad propia y con la subjetividad de la época (de ese Otro social con el que nos topamos al nacer). La anatomía no es el destino, ni la biología tiene la última palabra, porque, entre otras cosas, no habla. Por todo ello no hay un catecismo sexual. Freud inició un camino para responder a las preguntas que plantea la sexualidad. Hizo suyo un refrán de su época: hay tres imposibles: curar, gobernar y educar. Y Lacan añade un cuarto: la proporción sexual. El psicoanálisis no cura de la radical alteridad humana del ser parlante, de su división ni de su falla estructural. Como dijo un célebre psicoanalista, anima al sujeto a construir su singularidad”.  

- El Covid-19, el confinamiento… Desde entonces, ¿cree que han aumentado los trastornos mentales?, ¿hasta que extremo? 

“Hoy se clasifica como trastorno todo tipo de malestar. Y este malestar se mide a partir de la promesa de un ideal de salud con tres patas heterogéneas: como bienestar físico, psíquico y social. Se prometen tres imposibilidades… ¿Dónde ponemos la vara de medir? Claro que hay sufrimiento en la pandemia. Sé de los sufrimientos de sujetos que han empeorado. Tal vez los más jóvenes, quizá porque se han topado demasiado pronto con la boca del lobo. A lo mejor estaban demasiado acostumbrados a la Providencia laica y de repente algo removió los cimientos de la seguridad y la pertenencia y trastocó muchísimas cosas. Y eso hay que escucharlo bien para luego poder hablar. Tal vez sea excesivo hablar de los daños producidos en la salud mental por la pandemia. Son cosas tan obvias… que no se pueden medir”.  

- Según el Manual de Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales este tipo de enfermedades continúan aumentando, ¿es así?

“No creo que este tipo de malestares sigan aumentando precisamente por la pandemia. La proliferación acelerada de nuevos diagnósticos en el Manual de Diagnóstico Estadístico de los Trastornos Mentales (conocido como DSM), revela un “malestar en la clasificación”. Nombrar y nombrar cosas para estar a la última. En la vigente edición, el DSM-5, aparecen catalogados, diría que absolutamente, casi todos los rasgos humanos, de tal modo que no se salva ni Dios de tener un trastorno mental. Su pregunta entraña otras preguntas: ¿por qué se sufre tanto en las sociedades llamadas del bienestar?, ¿por qué, justamente, cuando tenemos mejores soluciones, mejor calidad y mayor esperanza de vida, cuando tenemos más medios para ser felices? Antes de rechazar a Freud, como si fuera una cuestión de principios, ¿por qué no darse una vuelta lectora por sus Psicología de las masas y El malestar en la cultura? Tal vez se entenderían mejor muchas de las cosas que suceden en ese malestar”.
 
- ¿Cómo cree que ha tratado el cine el psicoanálisis?, sobre todo grandes cineastas como Alfred Hitchcock. 

“Desconozco qué grado de conocimiento tuvo Hitchcock de Freud. Sin embargo, sus películas son muy psicoanalíticas o, si se quiere, Freud es muy “hitchcockiano”, porque cada uno en su campo hace lo mismo: hablar de las pasiones que nos habitan, las dualidades que somos, intentar poner en primer plano los objetos mediadores del deseo o del horror, el enigma de la mujer, las madres “buenas” y las madres “malas”, las perversiones y la constante presencia del mal en los humanos. Hay películas suyas donde son explícitas las referencias al psicoanálisis, como en Recuerda, muchas tópicos que no tienen que ver con la práctica freudiana. Sin embargo, en otras, como La sombra de una duda, es mucho más freudiano y hasta lacaniano, sin decir una palabra de psicoanálisis. De lo que no me cabe duda es que Freud habría analizado muy bien sus películas. En este sentido, un grupo de estudiosos de la Universidad de Liubliana, entre los que estaba Žižek publicó, a principios de los 90, un excelente trabajo titulado Todo lo que usted quiso saber sobre Lacan y nunca se atrevió a preguntarle a Hitchcock. Recomiendo su lectura. Lacan también ayuda a leer a Hitchcock. Sin duda”. 

- Cada vez se están demandando más medios para invertir en salud mental, ¿hacen falta? 

“No es que se demanden más medios, sino que se parte de carencias muy importantes. Hay menos medios de los que son precisos. Creo que el hospitalocéntrico no es un buen modelo y, en un sentido más general, tampoco lo es el modelo biomédico de enfermedad aplicado al malestar psíquico. Hay ejemplos en algunos países nórdicos donde se llevan a cabo proyectos descentralizados, multiprofesionales y con colectivos en primera persona, que tienen buenos resultados. Por lo que sé, en ellos se privilegia el trato frente al tratamiento. Pienso que el modelo actual, globalmente, tiende al colapso. Afortunadamente hay un frente amplio de psiquiatrías críticas, donde convergen muchas disciplinas y colectivos “en primera persona”, que cada vez más hace oír su voz. Ojalá prospere”. 

- ¿Qué significa Lacan para el psicoanálisis? 

“Hoy todo. Coloca a Freud en nuestro tiempo. Para decirlo a grandes rasgos: al principio fue freudiano y hegeliano, luego freudiano y estructuralista y terminó como freudiano postestructuralista. Y entonces dijo algo así como “yo soy freudiano; a ustedes les toca ser lacanianos”. Y aquí estamos. La repercusión clínica de su obra es irrecusable. Lo que nosotros, psiquiatras y psicólogos, llamamos psicosis, no se puede entender sin Freud ni sin Lacan”. 

- ¿Qué diferencia a un loco de un cuerdo? 

“¿Se trata de un problema diagnóstico? Si así fuera habría que tener mucho cuidado con la noción de diagnóstico, porque, para muchos, es el núcleo de todo estigma. En cualquier caso, me gustaría recordar que la locura siempre ha estado en lugares de excepción en los giros estelares en la historia de la humanidad. La llamada normalidad es un galimatías terrible: hay neuróticos enloquecidos y locos normalizados. A fin de cuentas son posiciones subjetivas frente a esa verdad terrible que nos constituye. No hay que entender las locuras como déficit. Son siempre una respuesta, una defensa. No sabría distinguir un loco y un no loco cuando voy por la calle. Además, ¿por qué habría de hacerlo?” 

- Y por último, ¿podría hablarnos de esas máximas, aforismos, que usted cultiva? 

“Hace años que escribo pensamientos encapsulados, pensamientos moleculares o moléculas elementales de pensamientos a los que llamo “aphorías” porque tienen algo de aporía, algo de aforismo y, en algún caso, también algo de greguería afónica”-

Saludos, hace mucho tiempo…., desde este lado del ordenador

Listilla, un librio de Talía d. Lucas

Martes, Mayo 31st, 2022

“Leo, empiezo a leer, tras abandonar en la cuneta de la superioridad que me otorga ser lectora que cierra las tapas de un libro y lo utiliza como mojón para señalar senderos de momento poco placenteros para ser transitados porque definitivamente no llevo los pertrechos adecuados, Pero hermoso, de Geoff Dyer, un libro sobre jazz, y aquí reconozco uno de esos universos jamás habitados pero familiares como un cojín o una taza o un mar. Las habitaciones prontas a ser testigos de la luminosa decadencia que sólo puede provenir de la cumbre, la sisa cada vez más floja de un traje brillante y ajado, los vítores de cada uno de los tablones que conforman un escenario que otros pretenden llenar reflejando tu sonido pero como lágrimas en la lluvia se irán. Geoff Dyer. Otro perro británico”. (pág 122)

(Listilla, Talía d. Lucas, Ediciones Escalera, 2022)

Listilla es uno de esos libros que se recomiendan leer a trozos aunque también se puede hacer de principio a fin aunque creo que ésta es una manera que imbuirá al lector de cierta inquietud, a no prestarse al juego que propone Talía d. Lucas en una obra densa y generosa en páginas, casi quinientas.

He devorado, y ha sido así, devorar aunque el verbo no guste a algunos, Listilla, y me he dejado llevar por el juego que supone un libro que propone un apasionante y muy personal itinerario por diversas lecturas y autores que la autora de este inclasificable volumen desliza con una energía que noquea. Y noquea porque invita a meterse dentro de la cabeza de quien firma esas páginas; de plantearse con ella las mismas cuestiones que plantea y la de estar de acuerdo o no con la profusión de libros y escritores que aparecen en este curiosísimo transitar intelectual.

El libro está editado por Ediciones Escalera, un proyecto que forma parte del disco duro de mi memoria porque navegó durante unos años como una editorial independiente, especializada en publicar en español rarezas y otras que no lo son de escritores mayoritariamente norteamericanos “perdidos” en nuestra lengua por no estar presentes, y si lo estaban mal traducidos. En este aspecto, la contribución que hizo Escalera para dar a conocer el formidable patrimonio literario de algunos de los miembros de la conocida como Beat Generation es incalculable en un país que como España anda bastante errático en rescatar y si viene al caso recuperar escritores y escritoras que se mantuvieron al margen, que defendieron y ahora vuelven a defender, una literatura que todavía se mira con lupa.

Entre lo mejor de Listilla está su aparente anarquía organizativa, la de distribuir materiales de peso sin un orden aparente, se insiste, ya que creo que detrás de toda esa avalancha de títulos y autores, de fotografías, el empeño de saltarse el orden es uno de lo atractivos de una obra que, como se dijo al principio, mejor es abrirla y dejarla en las páginas que propone el azar. Se va a encontrar uno, el viajante, que no es otro que el lector, con sorpresas.

El título del libro resulta así clave y ya anuncia los derroteros ante los que se va a encontrar uno si se adentra en esta especie de diario que tampoco lo es; en esta relación de reflexiones de una autora que escribe para sí mismo que es lo mismo que decir que escribe para todos nosotros. A través del compromiso intelectual de Talía d. Lucas se adentra en una cosmogonía de referencias que la escritora vuelca con una libertad que desarma ya que se tiene la sensación, o al menos nos asaltó a nosotros, que la idea no era publicar en principio lo que no es sino resultado de largas sesiones de escritura que dialoga constantemente consigo misma. También es sumergirse en un puchero de libros y autores que a mi me recuerda vagamente al mío propio, y la capacidad que tiene la autora de sujetarme otra vez por la pechera cuando la lectura me abstrae y hace que sea yo entonces el que hable conmigo mismo.

Listilla recoge lecturas, errores, aprendizajes y exabruptos, se informa en la contraportada, pero también añadiría, se presta para conocer el mundo interior de Talía d. Lucas, sus amores y odios, sus inquietudes filosóficas que la llevan a buscar si no verdades sí que aclaraciones sobre determinados temas que si bien no dan respuestas sí que generan, afortunadamente, más preguntas, de ahí la búsqueda constante de seguir leyendo. La lectura casi vista como una patología que no tiene, afortunadamente, se reitera, una cura perfecta.

“La abundancia ahonda en el zigzagueo. Escucho a un perro aullar a las seis de la mañana a mi sombra; veo los ojos cánicos de mi prima en el aeropuerto; leo Bienvenido a casa de Lucía Berlín y pospongo; leo Te trataré como a una reina de Rosa Montero y pospongo; voy a comprar el periódico y el envoltorio publicitario me da un calambrazo. Tal vez solo quede una hora de vuelo. Tengo hambre y pinzamientos en el vientre (por lo demás, nada me duele: ni mandíbula ni encías ni garganta; el renacimiento de mi óvulo me otorga un pinchazo cálido y constante que me asciende a sola mamífera). La sensación de ir al otro lado del mundo para encontrarme con mi amado” (pág, 383).

Para Listilla no existen los capítulos y si uno se deja arrastrar por la curiosidad que destila, no necesita de ellos para sumergirse dentro de unas páginas que son una creación dentro de otra creación, de un día a día que también puede ser ayer. Se exprime el jugo de las ideas y se vierte tal y como aparecen en el papel de una obra inclasificable e ideal en la que desaparecer si se lee, ya se dijo, a trozos, sin ton ni son y que solo es, ya se dijo también, una forma de entender el mensaje.

Saludos, ya lo saben, desde este lado del ordenador

Domus Nostra, un nuevo poemario de Pedro Javier Castañeda García

Lunes, Mayo 30th, 2022

La editorial madrileña Vitruvio ha publicado Domus Nostra (2022), el último poemario de Pedro Javier Castañeda García (El Paso, Canarias) en el que aparecen veintiséis poemas que retratan esos objetos y espacios de la casa propia, tan mudos e invisibles la mayoría del tiempo para sus moradores.

Un libro sobre la simbiosis casa-palabra-inquilino en estos tiempos recientes de pandemia, desde un Balcón «ilusión colgante…» a la Cocina y sus «hambres descalzas que no se desposan nunca». También un Garaje indiviso «y su dalia de paseos reunidos» o una Azotea «El pasaje más medicinal…» o el Comedor «que transita batallas de labios conciliados…».

Objetos de la casa que relatan su ser y circunstancia como Libro del sofá, Vieja radio, Mesilla de noche…, o también el clamor de habitaciones abandonadas por el triunfo de las nuevas pantallas, como el Cuarto bibliotecado y su memoria paginada a dos de aquel «coitus imbatible». Además, habitáculos del día y de la noche, como la Sala de estar musicada que «absuelve como pozo resonante» y Dormitorio «de la vida mareada por turnos». El libro termina con el poema Cortinón que como metáfora optimista nos deja cada mañana en una aduana de luz «por libertar…

Domus Nostra se presentará en Madrid el miércoles, 1 de junio y a las 19,30h., en el espacio Office-Madrid, calle Doctor Castelo 44, coincidiendo con la feria del libro, para hacerlo posteriormente en las islas. La entrada será libre hasta completar aforo.

Saludos, que los dioses repartan suerte, desde este lado del ordenador