Archive for the ‘Literatura’ Category

Nathaniel West: ‘Miss Lonelyhearts’, ‘El día de la langosta’, ‘Nada menos que un millón’ y algo más

Viernes, Octubre 4th, 2013

Forma parte de lo que se conoce como Generación Perdida, ese grupo de escritores norteamericanos que escribió, y muy bien, sobre los que son hermosos y los que son malditos.

No es, sin embargo, de sus autores reivindicados aunque cuente con un puñado de títulos de los que guardo grata e inquietante memoria. Sirvan por lo tanto estas líneas para celebrar que el 17 de octubre se cumple el 110 aniversario de su nacimiento.

Más de un siglo. Y continúa hablando como si fuera hoy…

Me gusta pensar que Nathaniel West se corrió juergas, algunas de ellas junto a Francis Scott Fitzgerald con quien, entre lingotazo y lingotazo de ginebra de contrabando, hablarían de cosas tan poco alimenticias como literatura. De todas formas suena de fondo algo de jazz y se escuchan las risitas de los que continúan la fiesta.

Nathaniel West fue testigo de un tiempo que es el mismo que vivimos.

Formó parte de la juerga loca de los años veinte hasta que se despertó bruscamente del sueño un otoño de 1929.

Conocí a Nathaniel West un día de buena suerte, hace ya bastantes años.

El libro, publicado por Alianza Editorial, me dijo que se llamaba Miss Lonelyhearts. Le ofrecí el brazo y salimos de la librería. Fue entonces cuando me contó su historia.

La de un novato periodista al que le asignan en el periódico que se encargue del consultorio sentimental firmando Miss Lonelyhearts.

“Aunque faltaba menos de un cuarto de hora para el cierre, todavía seguía trabajando en su artículo. Había llegado hasta: “La vida sí vale la pena, porque está llena de sueños y de paz, de gentileza y éxtasis, y de fe que arde como una pura llama blanca en un sombrío y oscuro altar.” Pero no podía seguir adelante. Las cartas ya no eran divertidas. No podía seguir encontrando gracioso el mismo chiste treinta veces al día durante meses y meses. Y la mayor parte de los días recibía más de treinta cartas, todas iguales, extraídas de la pasta del sufrimiento por medio de un cuchillo de cocina en forma de corazón.”

Lo fuerte del caso, es que a mi su historia todavía me hace reír y llorar. Y como todas las revelaciones, presté a un amigo Miss Lonelyhearts. Al amigo volví a verlo aunque pensé que nunca más a Miss Lonelyhearts.

Ya me había olvidado de él hasta que un día tropecé otra vez con Nathaniel West.

Me llamó desde una tonga de libros a punto de entrar al crematorio.

- ¡Viejo!- exclamé.

Me lo llevé a casa. El libro recogía su Narrativa completa, e incluía Miss Lonelyhearts así como La vida fantástica de Balso Snell, Nada menos que un millón y El día de langosta, su amarga crónica sobre Hollywood.

“Qué fuga más perfecta era el retorno al útero. Mucho mejor que la religión, el arte o las islas de los Mares del Sur. Se estaba tan cómodo y caliente, y la alimentación era automática. Todo era perfecto en ese hotel. No resultaba sorprendente que el recuerdo de ese alojamiento persistiera en la sangre y los nervios de todo el mundo. Sí, estaba oscuro, pero era una oscuridad cálida y rica. No tenía nada que ver con la tumba. No era de extrañar que se luchara tan desesperadamente para no ser expulsado al terminar el contrato de nueves meses.”

Nathaniel West murió junto a Eileen McKenney, su mujer,  el 22 de diciembre de 1940.

West conducía un automóvil que, dicen, se saltó una señal de Stop.

El día antes había fallecido Francis Scott Fitzgerald.

(*) Las citas de Miss Lonelyhearts y El día de la langosta están recogidas de Narrativa completa, Nathaniel West, colección Narradores de hoy, Bruguera, 1982. Traducción de Javier Alfaya y Barbara McShane)

La ilustración es de Charles Binger.

Saludos, la nave va, desde este lado del ordenador.

Marc Serena y ‘La vuelta de los 25′

Miércoles, Septiembre 25th, 2013

El escritor y periodista Marc Serena (Manresa, 1983) tomó una decisión al cumplir los 25 años que muy poca gente de su edad toma cuando llega a esta edad: reunir sus ahorros, liarse la manta a la cabeza y dar la vuelta al mundo.

La aventura lo llevó a recorrer 150.000 kilómetros, y el resultado de aquella experiencia dio origen al libro La vuelta de los 25 (Ediciones B), uno de los mejores libros de viajes de 2011 y finalista del Premio de Literatura de Viajes Camino del Cid.

Desde su aparición, La vuelta de los 25 se ha traducido a cinco lenguas y en países como China, Hong Kong, Taiwán y Corea del Sur.

Marc Serena, cuyo blog lavueltadelos25.com fue considerado por Lonely Planet como el mejor del mundo en lengua no inglesa, presentó su libro esta semana en Periplo, Festival Internacional de Literatura de Viajes y Aventura de Puerto de la Cruz, donde reveló algunas de las claves de una obra que para quien firma ahora estás líneas más que un libro de viaje al uso es un  mapa generacional que puede ayudarnos a comprender otras formas de entender y asumir la vida.

La vuelta de los 25 propone, en este sentido, un recorrido más que geográfico, humano, por 25 países del mundo con 25 hombres y mujeres de esos mismos países en los que el autor les plantea una batería de preguntas que van desde ¿tienen algo en común todos ellos?, ¿qué les preocupa?, ¿cómo viven?, ¿cómo afrontan el futuro?

Un atlas, ya hemos dicho, generacional, que toma el pulso de los países que recorre a través de sus hombres y mujeres para dibujar un vivo e interesante fresco sobre el planeta que habitamos.

La vuelta de los 25 conduce al lector desde África –a mi personalmente me impacta el retrato que ofrece Marc Serena de una poetisa en Zimbabue, un país que casi parece el 1984 de George Orwell-- a Asia, Australia, las dos Américas y Europa.

Las conclusiones que saco son muchas y complejas. Entre otras que cada país es un mundo y que cada uno de los protagonistas de este libro es un mundo en sí mismo.

Gracias a La vuelta de los 25 he conocido  cómo es la vida diaria de Chutaporn, una mujer  boxeadora en Thailandia, o la resignada sencillez de los pescadores en Busuanga (Filipinas). También cómo se mueve un gay en la India.

Pero hay más historias, más fragmentos de existencia, narrado con vibrante pulso narrativo y una sencillez periodística que logra que las veinticinco historias que reúne el libro palpiten al contener una fuerza que anima a su lectura porque estas veinticinco experiencias tienen nombre y apellido e incluso en algunos casos, y aunque los protagonistas pertenezcan a culturas diferentes, similitudes.

La vuelta de los 25 no es, en este sentido, solo un notable libro de viajes sino también un relato de iniciación y de aventura por lo que significa de proceso de transformación de su autor.

Marc Serena se cuestiona al final de su viaje: “¿Ha pasado un año o una vida?”

De hecho, me pregunto como lector, ¿cuánto de Marc Serena hay en sus 25 entrevistados y cuánto de los 25 entrevistados hay hoy en Marc Serena?

Saludos, caminante no hay camino, desde este lado del ordenador.

Mary Morris: “Solo existen dos tipos de trama”

Martes, Septiembre 24th, 2013

La escritora norteamericana Mary Morris cita a uno de sus profesores en la primera de las charlas de Conversaciones en La Ranilla, ciclo que forma parte de una de las secciones de Periplo, Festival Internacional de Literatura de Viajes y Aventuras de Puerto de la Cruz.

Viene a decir Morris, insisto que recordando a su querido profesor, que todas las historias tienen la misma trama, el mismo hilo conductor: te vas de viaje o un extranjero llega a la ciudad, idea que no deja de llamarme la atención durante su intervención, salpicada de referencias a su familia, pequeños relatos con los que dinamizó una entrevista en la que por encima de todas las cosas reivindicó la literatura de viaje escritas por mujeres.

Morris no recurre a las nuevas tecnologías cuando recorre el planeta sino que se sirve de cuadernos de tapas rojas que le sirven de diarios y un bolígrafo. Mezcla además memoria en sus relatos de trotamundos, aunque todavía continúa siendo una autora desconocida en España porque, que sepa, no se ha traducido ninguno de sus libros al spanish castillian.

Por Nothing to declare (Nada que declarar) obtuvo cierto reconocimiento en los Estados Unidos pero continúa siendo una obra de la que apenas tenemos referencias en España. Ignoro las razones que animan a traducir a determinados autores y obviar otros, pero escuchar a la señora Morris invita a acercarse a sus libros pese a que mi nivel de inglés sea el mismo que el de Ana Botella.

Morris está a punto de finalizar una novela, no un libro de memorias, cuya acción se desarrolla en Chicago, durante los felices años 20. Morris nació en Chicago y pretende rendir un homenaje a la histórica ciudad mezclando personajes reales, como Al Capone, o Cara Cortada, con ficticios, entre otros un trompetista negro y un pianista de origen judío de jazz.

Morris admite que tiene algo de Louis Armstrong su trompetista y que el jazz está muy presente en esta novela. Destaca, además, que padre, que nació los primeros años del siglo XX, fue pianista en esa década que también cantó literariamente F. Scott Fitzgerald. Los años locos, del alcohol ilegal, de figuras del hampa con más poder que el gobernador del Estado, de las revolucionarias flapper, del vive la vida…

Simultaneando su periplo por la ficción, Mary Morris no renuncia a viajar aunque reconoce que tras el atentado a las torres gemelas el 11 de septiembre ya no resulta lo mismo cruzar fronteras mientras muestra el pasaporte norteamericano.

¿Aprecia hostilidad?

No lo dice así exactamente, aunque algo de ello debe haber.

El Festival Internacional de Literatura de Viajes y Aventuras de Puerto de la Cruz continúa hoy a las 19 horas con Marc Serena, quien presenta en la sección Tan lejos, tan cerca, su libro La vuelta de los 25; y con la escritora Reyes Calderón en el ciclo Conversaciones en La Ranilla, a las 20.30 horas.

Saludos, agito las manos, desde este lado del ordenador.

Carolyn Cassady, Camille ‘En el camino’

Lunes, Septiembre 23rd, 2013

“Y por la mañana Camille nos echó a los dos a la calle, equipaje incluido, La cosa empezó cuando llamamos a Roy Jonson, el Roy de Dénver, y le hicimos venir con cervezas, mientras Dean cuidaba a la niña y lavaba los platos y la ropa en el patio, aunque todo lo hizo muy mal debido a la excitación. Jonson aceptó llevarnos a Mill City a ver a Remi Boncoeur. Camille volvió del trabajo en la consulta de un médico y nos dedicó la triste mirada de una mujer atosigada. Jonson aceptó llevarnos a Mill City. Intenté demostrar a la desgraciada chica que yo carecía de malas intenciones con respecto a su vida familiar y la saludé cordialmente y le hablé con el mayor cariño del que era capaz, pero ella se dio cuenta que era una artimaña y una artimañaza que había aprendido de Dean, y solo me respondió con una triste sonrisa.” (En el camino, Jack Kerouac)

El viernes pasado, 20 de septiembre, falleció Carolyn Cassady, sufrida esposa de Neal Cassady. A través de su marido conoció a Jack Kerouac y Allen Ginsberg. Es decir, ante ella se le revelaron el padre (Cassady), el hijo (Kerouac) y el espíritu santo (Ginsberg) de la santísima trinidad del misterio beat.

Carolyn Cassady, Camille en la novela En el camino, se convirtió en un testigo involuntario de aquel nacimiento cuya obra literaria todavía inquieta por la noción de viaje. La de dar el primer paso sin mirar atrás.

La muerte de Carolyn Cassady coincide –caprichoso como se las gasta el destino cuando tira los dados– con la publicación en español de Off the road, escrito por la señora Cassady y en la que cuenta su peculiar historia junto a la santísima trinidad beat.

Off the road está editado en español por Ediciones Escalera, traduce Ana Lima, y es una oportunidad para visualizar con otra perspectiva cómo fue vivir con Cassady y su entorno.

Ediciones Escalera se está preocupando por recuperar y bien aquel universo literario, así como el trabajo de ilustres precedentes como Jack Black y su crudamente existencial Nadie gana, con prólogo de ese iluminado llamado William S. Burroughs.

Carolyn Elizabeth Robinson Cassady nació en Lansing, Michigan, en 1923 y su vida fue normal y corriente hasta que conoció a Neal Cassady (Dean Moriarty en El camino) y tomó contacto con el San Francisco (Frisco) de los años cincuenta. En 1983, Cassady se trasladó a Inglaterra, donde residió hasta su muerte. Tras algunos problemas para publicar las cartas de Jack Kerouac, su libro de memorias, Off the road, se publicó por primera vez en 1990.

Saludos, ya vamos de camino, desde este lado del ordenador.

De Kant a ‘La caballería roja’ de Babel

Sábado, Septiembre 21st, 2013

En Rusia, o en lo que queda de lo que una vez fue una unión de repúblicas socialistas soviéticas, un tipo le pega a otro un tiro porque discuten sobre Kant.

No he visto fotografías de los protagonistas de la noticia.

Noticia porque uno le pega a otro un tiro por Kant –Immanuel Kant– mientras hacen cola en una tienda.

Kant no es un futbolista.

Tampoco un político corrupto.

Ni siquiera un hombre con posibles.

Kant es Kant.

No me aclara ninguno de los despachos informativos que leo cuál fue la idea que provocó ese tiro.

BANG.

Hay que tener en cuenta, de todas formas, que en Rusia se toman muy en serio la cultura.

Tanto, que lo mejor de una generación de artistas desapareció en los calabozos o en Siberia gracias al camarada Stalin. Entre otros, un escritor y periodista llamado Isaac Babel.

Babel, un adelantado a su tiempo. Quizá eso explique porqué hoy casi nadie se acuerda de él aunque en español cuenta con un ilustrado imitador de su libro más recordado, La caballería roja.

¿Nombre de la obra y del hereje?

Condenados de Condado, de Norberto Fuentes.

Descubrí a Babel a través de La caballería roja en una edición del año 27 que estaba en la biblioteca de mi padre. Se trata de un volumen de Ediciones Biblos Madrid y cuenta con ilustraciones de Maroto aunque no se indica quien es el traductor.

El ejemplar, que aún conservo junto a Cuentos de Odesa y otros relatos (Alianza Editorial, 1972) tiene sus páginas amarillentas, y se deshace lentamente entre mis manos por el paso implacable del tiempo. Respira tradición, la fragancia de lo venerable, de lo viejo.

Leí La caballería roja hace mucho, mucho tiempo, y es uno de esos raros libros a los que recurro de vez en cuando porque siempre me cuenta cosas distintas.

La primera vez, su voz tuvo la forma de una extraordinaria aventura escrita con desarmante estilo seco y conciso.

Más tarde, encontré en esas mismas historias secas y concisas un objetivo y casi fotográfico relato de hechos.

La caballería roja está inspirada en las experiencias como combatiente y periodista de Isaac Babel durante la guerra ruso polaca y en estos relatos el autor se confunde entre la tropa. Es uno más que habla como ellos y cuenta lo que dicen ellos.

“Así perdimos a Chlebnikov. A mi me entristece mucho, porque Chlebnikov era un hombre pacífico, de carácter semejante al mío. Era el único en el escuadrón que tenía un samovar. Los días de calma tomábamos juntos té caliente. Y me hablaba con tanto detalle de las mujeres, que yo me ruborizaba. Y me hacía bien oírle. Creo que era debido a que los dos teníamos las mismas pasiones. Considerábamos el mundo como una pradera en mayo… como una pradera con caballos y con mujeres” (Historia de un caballo).

La Gran Purga del camarada Stalin ordenó detener a Isaac Babel.

Comienza el descenso a los infiernos de un sistema que él, paradójicamente, contribuyó a construir.

Sus declaraciones tras ser detenido resultan inquietantes.

Alguna de ellas las recoge Vitali Chentalinski en De los archivos literarios del KGB (Editorial Anaya & Mario Muchnik, 1993).

“PREGUNTA: Ha sido usted detenido por sus actividades antisoviéticas de traición. ¿Se considera culpable?

RESPUESTA: No, no soy culpable.

P: ¿Cómo se puede compaginar esta declaración de inocencia con su detención?

R: Considero que mi detención es el resultado de un fatal cúmulo de coincidencias, y de mi impotencia creadora, que me ha impedido publicar ninguna obra importante durante los últimos años, lo que en las condiciones soviéticas puede ser tomado como un sabotaje y una negativa a escribir.

P: ¿Quiere decir que ha sido detenido por ser escritor? ¿No cree que tal explicación es demasiado ingenua?

R: Desde luego, tiene razón. No se detiene a un escritor por su inactividad y su esterilidad.

P: Entonces, ¿cuál es la verdadera causa de su detención?

R: He viajado con frecuencia al extranjero y he mantenido estrechas relaciones con destacados trotskistas…

P: ¿Quiere explicar porque un escritor soviético como usted ha sido captado, en el extranjero, por los círculos enemigos del país que representa? Debe confesar su criminal actividad de traidor.”

Cuentan que Isaac Babel pidió, rogó hasta el final que lo escuchasen sus camaradas.

Los mismos camaradas que lo ejecutaron en enero de 1940.

“La traición, le digo, compañero Juez de Instrucción Burdienko, se ríe de nosotros en la ventana; la traición avanza descaradamente en nuestra propia casa; la traición se cuelga las botas a la espalda para que las tablas de piso no crujan en la casa despojada. Pero nosotros queremos arrancar el piso para que se levante contra nuestra inocente rudeza y derramaremos sangre negra en esas botas que han aprendido a andar sin crujidos” (Traición).

BANG.

Saludos, seis años con El Escobillón, desde este lado del ordenador.

Moby Dick, bendita sea

Domingo, Septiembre 15th, 2013

Alguien, en algún sitio, comenta que los aspirantes a extras en la nueva versión que sobre Moby Dick espera rodar Ron Howard en Canarias tienen que haber leído primero la novela de Herman Melville.

Melville debe ser junto a Joyce y Proust –benditos sean– uno de esos escritores que citan lectores que nunca lo han leído pero que insisten –benditos sean– en que los leas.

Herman Melville cuenta al menos con excelentes adaptaciones cinematográficas.

Hay un Moby Dick de John Huston con guión de Ray Bradbury que se rodó en las islas.

Y una redonda versión de Billy Budd dirigida por Peter Ustinov que no se rodó en las islas.

Cito dos películas y una de ellas, Billy Budd, porque ayudó a que me animara a leer el relato original.

La historia fue diferente con Moby Dick.

Mucho antes de ver la película de Huston, Moby Dick se me reveló como historieta en Joyas Literarias Juveniles de Editorial Bruguera. Una colección –bendita sea– que contribuyó a acercarme a esas  joyas en concisas y generalmente rigurosas adaptaciones al cómic.

Moby Dick, la novela llegó mucho, mucho más tarde.

“Llamadme Ismael. Hace años, no importa cuántos exactamente, hallándome con poco o ningún dinero en la bolsa y sin nada de especial interés que me retuviera en tierra, pensé que lo mejor sería darme a la mar por una temporada para ver la parte acuática del mundo.”

Melville cuenta con otro extraordinario relato marinero, Billy Bud. Y con una de esas historias que conviertes en tu peculiar evangelio: Bartleby el escribiente. Uno de esos relatos a los que regresas y regresas mientras la nave va…

La primera vez que leí Bartleby me hizo reír. Pero no he vuelto a recuperar aquella risa desde entonces.

La historia con Moby Dick fue otra.

Lo dice un tripulante del Pequod.

Saludos, benditos sean, desde este lado del ordenador.