Archive for the ‘Literatura’ Category

Maldita sea tu estampa

Sábado, Noviembre 5th, 2011

I.- EL AUTOR

La vida de William Lindsay Gresham es tan apasionante como la novela que ubica su nombre con letras de oro en la Literatura universal.

Lo encontramos en 1937 ejerciendo como médico en el bando republicano durante la Guerra Civil española. Cuando, dos años después, espera ser repatriado a su país conoce por boca de otro compañero de fatigas la extraña historia de un hombre convertido en monstruo que en una feria ambulante se dedicaba a arrancar cabezas de pollos vivos a cambio de alcohol.

Este episodio se queda profundamente grabado en la cabeza de Gresham, quien a lo largo de su vida intenta superar sus miedos tanteando la filosofía marxista, el cristianismo, el psicoanálisis, el budismo y las ciencias ocultas al mismo tiempo que escribe El callejón de las almas perdidas, novela que publica en 1946 y se convierte en un best seller. Tanto es el éxito que incluso es llevada a la pantalla grande al año siguiente por Edmund Goulding con Tyrone Power como protagonista.

La fama, sin embargo, termina por devorar al prometedor escritor, quien acelera su proceso de autodestrucción a base de alcohol.

Alcohol y más alcohol.

Muere en la más completa indigencia en la sucia habitación de un hotel de Nueva York en 1953.

Al lado del cadáver se encuentra la siguiente tarjeta:

SIN DIRECCION

SIN TELÉFONO

SIN EMPLEO

SIN DINERO

RETIRADO.

II.- LA NOVELA

Así lo revela Nick Tosches en la Introducción de El callejón de las almas perdidas, libro que publica la editorial Sajalín por primera vez en español para todos aquellos lectores que esperan encontrar una obra que los haga temblar por dentro.

Probablemente se trata El callejón de las almas perdidas de la mejor novela que he leído este año. Y lo escribo bien: la mejor novela que he leído este año.

Además de sorprender, desarmar y angustiar, me dejó literalmente roto cuando la finalicé hace apenas unos días.

Deja muy mal sabor de boca El callejón de las almas perdidas.

Será porque es el relato de un perdedor con todas sus letras. Será porque es una crítica feroz al sueño capitalista  y las ambiciones que genera. Será porque se trata de un texto demoledor contra el enfermizo afán de conseguir dinero y el miedo a no tenerlo.

Un viaje al fin de la noche cuyos capítulos, veintidós en total, están representados por los inquietantes arcanos mayores de la baraja del Tarot.

El callejón de las almas perdidas cuenta la historia de Stan Carlisle, un joven con ganas de comerse el mundo que trabaja en una feria ambulante que ofrece, entre otros espectáculos, rarezas como la de un monstruo que le arranca la cabeza a los pollos a cambio de una botella de alcohol.

Carlisle hace carrera en el circo engañando a los pardillos al explotar sus miedos mientras hace de mentalista. Una especie de adivino que vende mentiras que otros quieren escuchar.

Son estos, a mi juicio, los mejores capítulos de esta, por otra parte, extraordinaria novela. En ellos, Gresham describe a navajazos la gestación de un  miserable que usa a unos y a otros para conseguir su objetivo.

La segunda parte narra la ascensión del protagonista hacia la fama como espiritista. Sus métodos para estafar a los ricos se vuelven más complejos técnicamente hablando aunque en esencia es el mismo: explotar sus debilidades, sus frustraciones, sus miserias.

La tercera entrega, la tercera entrega es su descenso a los infiernos.

El callejón de las almas perdidas es una novela inclasificable. También una novela que destila autenticidad arrolladora por los cuatro costados. Y esa aplastante sinceridad quizá sea lo que la hace tan peligrosa para el lector.

Es imposible identificarse con su protagonista, pese a que inevitablemente se le pueda comprender.

Es un hombre débil. Y sus debilidades lo convierten en un monstruo rodeado de otros monstruos por bellos y trágicamente magnéticos que resulten. Eso, sugiere el escritor, quizá sean los peores.

Su autor, William Lindsay Gresham, tiene la capacidad de mesmerizar al atribulado y desconcertado lector. Quien lee –este al menos fue mi caso– el relato con los ojos desencajados quizá porque nunca, hasta descubrir este título, había encontrado un texto mejor que hablara del miedo.

El miedo a vivir.

El miedo a no ser nada.

El miedo a los demás.

El miedo, en definitiva, a sí mismo.

Y todo ello sin poética extravagante aunque sí un inquietante experimentalismo alcohólico. Sincero por ebrio. Un grito borracho ante la nada.

Ante la muerte.

III.- REVELACIONES

“¡El mundo es mío, maldita sea! ¡El mundo es mío! Los tengo en mis manos y puedo hacer que me den lo que yo quiera. El monstruo tiene su whisky. Los demás beben otra cosa: beben promesas. Beben esperanza. Y yo tengo que entregársela. Y yo puedo dársela. Puedo conseguir lo que quiera.”

¿Teneriffe?

“-… les trae la música de Phil Roquette y sus Swingstars directamente desde la Sala Zodiac del Hotel Teneriffe.”

K.O.

“Su cerebro había dejado de funcionar. Estaba echado, con un aire estúpido, mirando la luz roja e intermitente.”

APLASTANTE

“- Mi querido amigo, ¿cuántas veces en tu vida, cuando las cosas pintaban mal, has pensado en suicidarte?

- Amigo, creo que no lo entiendes. Todo el mundo sabe que va a morir alguna vez, solo que preferiría quedarse en la tierra, y ver llorar y gimotear a sus parientes, ver cómo lo amortajan. Nadie quiere morir. Quieren que la gente llore un poco y se lamenten por ellos.”

¿LO SIENTEN?

“Un miedo sin forma ni nombre se retorcía en el interior de Stanton Carlisle. La muerte y las historias de muerte o mortalidad se abrían paso bajo su piel como garrapatas y producían una infección que le llegaba al cerebro y le enconaba.”

En fin, que les invito a que –¿disfruten?– de una peligrosa obra maestra.

Saludos, en un callejón en el que hay que buscar salidas, desde este lado del ordenador.

Ser o no ser

Martes, Octubre 25th, 2011

He seguido con atención la polémica que se ha suscitado en torno a la escasa presencia de editores y escritores canarios en el SILA porque quien puso el dedo en la llaga es uno de esos amigos a los que además de respetar profesionalmente me une una relación que, con sus naturales encuentros y desencuentros, para mí es un hermano. Me refiero a Alfonso González Jerez, uno de los escasos referentes de los medios de comunicación de Canarias que por su cruda objetividad invita a la reflexión a través de sus columnas periodísticas que hoy publica el Diario de Avisos pero que ayer también enriquecieron las cabeceras de periódicos como La Gaceta de Canarias, Canarias 7 y La Opinión de Tenerife. Lean, lean la que escribe hoy en el periódico. Podía haberla titulada Historias para no dormir.

En su primer artículo, del que nos hicimos eco en este mismo blog así como de la respuesta del escritor Nicolás Melini, Alfonso lamentaba con buen criterio –y bien es cierto que con ácidas palabras– sobre la pobre presencia de editores, narradores y poetas de las islas en el Salón Internacional del Libro Africano, encuentro que quien ahora escribe estas líneas ha estado vinculado desde hace unos años, aunque en su tercera edición ha tenido la oportunidad de vivirlo desde dentro para constatar el enorme esfuerzo que se hace por hacer realidad un proyecto en el que, obvia decirlo, quien ahora les escribe cree y en la medida de sus posibilidades ha intentado respaldar desde sus comienzos.

Me sorprende por ello el lado por el que se están escorando las críticas a las ausencias que planteó en un principio González Jerez, a quien parece que quieren crucificar por expresar libremente su opinión.

El refranero popular dice que quien se pica es porque ajos come, y a tenor de lo que he leído en blogs de poetas y escritores canarios la verdad es que, efectivamente, quien se pica es porque ajos come ya que nadie de los que ha levantado la tizona para arremeter contra González Jerez esgrime argumentos que desmonten las reflexiones del articulista.

Y es que algunos (no todos, afortunadamente) de los que escriben y editan en Canarias han preferido obviar su asistencia a las tres ediciones celebradas del SILA como quien no quiere beber de una fuente que emana en pleno desierto.

Vayan ustedes a saber sus extrañas razones. Ya saben, esa manía de pasar sed para estar quejándose todo el santo día de que tienen sed.

A mi, qué quieren que les diga, y como buen beduino que busca agua en el desierto, me parece insólito.

Será porque no me gusta pasar sed.

He tenido la suerte de asistir a encuentros con los libros celebrados en distintos puntos de este país llamado Expaña y en uno de ellos, tan cultural y festivo como es la Semana Negra de Gijón, he visto entre el público diariamente a editores, poetas y escritores asturianos a los que no se les caían los anillos por asistir a las numerosas mesas redondas, presentaciones y conferencias que allí se impartían

SILA no es la Semana Negra de Gijón, obviamente.

Sus objetivos, y el presupuesto que maneja, son radicalmente distintos.

En SILA se dan a conocer las múltiples realidades literarias que hoy por hoy se están cocinando en el continente africano y también es un foro que promueve, a través del Encuentro de Editores, el intercambio no solo con el universo editorial africano sino también europeo y latinoamericano.

Este año, por ejemplo, SILA acogió la IV Cumbre de Editores Independientes Latinoamericanos, un espacio abierto a los profesionales de la edición en Canarias…

Lamento escribir que el número de profesionales del libro del archipiélago que asistieron a este encuentro no fue, digamos, el que se esperaba.

Cuando alguien me preguntó los por qué, solté aquello que somos un pueblo aplatanado. Domesticado, feliz en una inquietante indiferencia de canario. Ese pajarito que canta muy bien siempre y cuando esté enjaulado. Dale de comer alpiste.  

En las dos mesas redondas que organizó la Alianza Internacional de Editores Independientes, salvo dos responsables editoriales canarios, lo que allí se dijo, lo que allí se expresó con mesura cuando tenía que haberse dicho a gritos, fue revelar las claves de cómo se lo montan en otros países para editar y que los libros que publican de manera independiente –fuera de las cadenas multinacionales– lleguen a su gente. A sus lectores potenciales.

Esta mañana, hablando con un editor canario al que estimo y respeto porque se ha convertido en algo así como un canario con necesidad de mover las alas, le comentaba esto mismo cuando me interrumpió diciéndome que no lo habían invitado al SILA.

¿Invitado? Pregunté.

El editor al que estimo y aprecio se quedó un buen rato mirándome.

¿Invitado? Volví a repetir.

SILA está abierto al público en general. Pero sobre todo está abierto a que los editores y escritores canarios además de hacerse una idea de lo mal que está publicar y escribir fuera de este ombligo peludo que es Canarias, aprendan escuchando las realidades de otros escritores y editores que realmente lo tienen muy duro para escribir y editar en sus territorios, e invita a que conjuntamente planifiquen futuras iniciativas editoriales.

Conocer cómo lo han hecho es, al menos para quien ahora les escribe, una respuesta  para aprender a sortear las dificultades que nos amenazan en este apocalíptico 2012 que ya se nos viene encima.

Respecto al escritor que ha dado el paso adelante al sentirse airado en nombre de otros escritores que no se han sentido airados debo decir que la producción literaria de Nicolás Melini es, a mi juicio, y sobre todo en el territorio del relato corto, excelente.

Ya he escrito que Melini es, reitero que a mi juicio, eficaz para contar mucho en apenas seis o siete páginas.

Su último libro de cuentos, Pulsión del amigo, logró lo que muy pocos libros canarios leídos en los últimos tiempos ha hecho: que me llegara al corazón, que me conmoviera. Que me dejara turulato y que supiera, no ya intuya, que detrás había un escritor que trascendía sus intenciones de futbolista asesino.

Melini, con muy buen criterio, vive en Madrid y por razones obvias no pudo asistir al SILA pero sé, no intuyo, que se sentiría muy cómodo en el Salón. Que sería uno de esos escritores canarios que asistirían –libre de prejuicios y paranoias– si no a todos al menos a la mayoría de las mesas redondas, presentaciones y conferencias que el Salón ofrece –es oro puro, creánme–  a lo largo de los cinco intensos días de su desarrollo.

Algunos opinarán que está mal que lo diga porque este año formé parte de esa familia que lo hace posible, pero pese al trabajo y los nervios, SILA es un milagro. Un oasis que invita al pensamiento y al intercambio. También al descubrimiento de un universo literario que pese a la censura y a la pobreza, está haciendo todo lo posible para competir contra un Primer Mundo que hoy más que nunca tiene los pies de barro.

De esto y otras cosas hablaron Boubacar Boris Diop o Sami Tchak, entre otros escritores, en SILA 2011.

Y como razonó Alfonso González Jerez apenas encontré a editores y escritores canarios sacando provecho de estas experiencias.

Sus razones tendrían, pienso.

Aunque no son tiempos, pienso otra vez, para mirarnos el ombligo y sí la de aprovechar las oportunidades que ofrece un espacio que invita al intercambio y al debate sensato. A tender puentes.

Por ello, que algunos de los integrantes del puchero narrativo canario se sientan molestos porque alguien les diga “esto es lo que pienso que son” me asombra. Claro que al sentirse algunos reflejados en ”esto es lo que pienso que son” se ha logrado al menos que despierten momentáneamente de su habitual letargo.

Allá ellos pero no sus lectores.

Saludos, esa es la cuestión, amigos, esa es la cuestión, desde este lado del ordenador.

Homenaje a Orlando Cova

Lunes, Octubre 24th, 2011

La Librería del Cabildo acogerá este martes, 25 ocrtubre y  a partir de las 20 horas, un acto en homenaje al poeta y novelista  Orlando Cova, fallecido el pasado 2 de octubre. Durante este acto, que presentará el poeta y editor Ánghel Morales, un grupo de amigos y familiares del escritor recitarán algunos de sus versos y recordarán su figura y su obra.

José Rivero Vivas, Jesús Rodríguez Castellano, Marcelino Marichal, Antonio Arozena, Fernando Senante, Rubén Díaz, Lourdes Hernández, José Marrero, Francisco Padilla, Antonio Carmona o Alfonso García, entre otros, son algunas de las personas que formarán parte de este homenaje. 

Saludos desde este lado del ordenador.

Francisco Estupiñán obtiene el Premio de Novela Benito Pérez Armas por ‘El corsario de Lanzarote’

Lunes, Octubre 24th, 2011

El escritor y periodista Francisco Estupiñán Bethencourt ha obtenido el XXVII Premio de Novela Benito Pérez Armas que convoca anualmente CajaCanarias por El corsario de Lanzarote, una documentada obra que se enmarca dentro del género histórico, que relata las luchas de poder de una poderosa familia canaria del siglo XVI, que se enfrenta en diferentes ocasiones a los piratas y corsarios moriscos.

El jurado de este certamen deliberó durante varias horas hasta conseguir un acuerdo, que incluye la concesión de un accésit de edición a El hombre que ama a Gene Tierney, un singular texto introspectivo cuyo autor es el escritor, actos y guionista Daniel María.

Los integrantes del jurado de la vigésimo séptima edición del Premio de Novela Benito Pérez Armas fueron Álvaro Arvelo Hernández, presidente de CajaCanarias, economista y profesor mercantil; Cecilia Domínguez Luis, escritora; Juan Manuel García-Ramos, catedrático de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de La Laguna, escritor y crítico literario; Juan Cruz Ruiz, periodista y escritor, y Ramón Trujillo Carreño, ex catedrático de Lingüística de la Universidad de La Laguna, presidente de la Academia Canaria de la Lengua y escritor.

Francisco Estupiñán es un reconocido periodista, que ha desarrollado una dilatada trayectoria en periódicos como El Día y La Gaceta de Canarias, así como en tareas de comunicación en el Gobierno de Canarias y, actualmente, en la Autoridad Portuaria de Santa Cruz de Tenerife.

Nacido en Las Palmas de Gran Canaria en 1961, es licenciado en Filología Hispánica y doctor en Ciencias de la Información por la Universidad de La Laguna. Ha publicado La isla redimida, una crónica de la metamorfosis de Fuerteventura editada por el Cabildo de esta Isla, y su tesis doctoral La escritura entre líneas, en la que analiza los artículos de opinión en El Día entre 1966 y 1975.

Es autor de diferentes investigaciones en comunicación social y colaboraciones literarias en diversas revistas y suplementos. Entre las primeras cabe citar Mitos sobre la globalización y las nuevas tecnologías de la comunicación, El sentido crítico y los medios de comunicación y el estudio realizado sobre el suplemento de Diario de Avisos  Gaceta semanal de las artes.

La novela ganadora es fruto de siete años de trabajo de documentación histórica y construcción de la trama argumental. Comienza a modo de memorias de un cautivo de un corsario musulmán. Hecho rehén a cambio de la libertad de la esposa de su hermano, pronto es consciente de que no va a ser pagado el rescate y, por lo tanto, que su vida depende de la voluntad del pirata Morato Arráez. Éste les proporciona sin embargo un trato exquisito y les cuenta sus andanzas (su origen albanés y posteriores correrías, que incluyen el ataque a las posesiones del hermano del protagonista en Lanzarote).

Tras pasar por Salé, son llevados a Fez. En los calabozos de Fez, conocen a un musulmán hijo de Dogali el Turquillo, famoso y temido en Canarias por sus temibles escaramuzas razzias (personaje real que ocupó y saqueó Arrecife en 1571). Este hijo de corsario les comunica que han pasado a ser parte del botín que Morato de Arráez le deja al rey de Fez. Cuando vence el plazo y el hermano del cautivo no paga la suma requerida para la liberación, el rey decide enviar al cautivo con un judío ceutí al que debe a su vez dinero. Así, el protagonista es llevado a Ceuta.

El hombre que ama a Gene Tierney, distinguido por el jurado como accésit de edición, es una obra en la que aparecen mezclados relatos, cuentos cortos, obras de teatro e, incluso, fragmentos de guiones, fruto de la polifacética creatividad de su autor, Daniel María.

El argumento gira en torno al día a día y las reflexiones que le despierta al protagonista, un licenciado en Literatura que visita diariamente la biblioteca para realizar su tesis sobre narrativa canaria contemporánea, pero también toma notas constantemente para su propia obra. De hecho, desde muy pronto se empiezan a intercalar los elementos de la novela policial de la que ha dado ya antes el argumento.

Daniel María, creador de esta trama de ficción valorada especialmente por el jurado, nació en Agulo, La Gomera, en 1985, y ha desarrollado una versátil trayectoria artística como escritor, actor y guionista. Ha trabajado en cortometrajes como Agua mineral, Roedores y Cabeza de familia; así como en obras de teatro. Entre sus puestas en escena, Endanimoniado obtuvo el primer Premio de Monologuistas de Tenerife, en 2006.

Ha codirigió, junto a Adrián Ruiz Martín, la Escuela José Manuel Cervino de Teatro y Cine de Arafo hasta su cierre en 2009 y ha impartido diversos talleres de interpretación. Es secretario de redacción de la revista La Página, donde escribe artículos sobre literatura y cine y en cuya editorial homónima dirige el sello La Página Joven.

Ha publicado el poemario Hilo de cometa (La Página, 2009) y el libro de cuentos (de)función cómica (Ed. Idea, 2009). También noveló y preparó la edición de El extraño viaje,  guion cinematográfico de Pedro Beltrán (La Página, 2011). Fruto de la investigación llevada a cabo sobre El extraño viaje resulta su libro El caso de la película imposible (La Página, 2011), primer estudio crítico en España sobre esta película maldita de Fernando Fernán Gómez.

Saludos, es lo que hay, desde este lado del ordenador.

Benditas relecturas

Domingo, Octubre 23rd, 2011

Estaban en las estanterías y ahora sobre la mesa.

El topo de John Le Carré.

El negrero de Lino Novás Calvo.

Vuelvo a la que quizá sea la novela más famosa de Le Carré –junto a El espía que surgió del frío– porque veo la serie protagonizada por Alec Giness como George Smiley y estoy pendiente del estreno del largometraje que recupera este título ya clásico en la novela de espionaje en la que Gary Oldman interpreta a Smiley, un Smiley que en mi cabeza siempre tendrá la presencia inquietante de ese católico convencido que fue Guiness. En El topo, o Calderero, sastre, soldado, espía, se dan todas las claves de la mejor novela de agentes secretos en la guerra fría. Su lectura es una compleja y apasionante partida de ajedrez en la que un Smiley cansado, y resignadamente cornudo, regresa al servicio con la misión de localizar al topo y desmontar la obra maestra que ha pergeñado desde entonces su Némesis, Karla.  

El negrero la escojo del estante empujado por la bendita casualidad y cuando releo las primeras líneas de esta novela que ahora se me antoja devoré en la noche de los tiempos en una vieja edición de Austral, me pregunto qué demonios estaba haciendo allí,  silenciosa y con sus cubiertas repletas por el injusto polvo del olvido. El negrero cuenta la vida real del tratante de esclavos Pedro Blanco Fernández de Trava a principios del siglo XIX e inevitablemente caigo hechizado por el retrato humano –demasiado humano– de este hombre terrible que hizo fortuna con el látigo. Llego a la conclusión de que probablemente se trate de una de las mejores novelas de aventuras escritas en castellano de todos los tiempos. La pregunta es ¿por qué no ha sido reivindicada como se merece? Se publicó en los años 30 y hace unos años fue reeditada por Tusquet.

Saludos, empiezo a notar frío, desde este lado del ordenador.

La legión de los condenados

Viernes, Octubre 21st, 2011

La corta producción literaria de Edward Bunker está siendo publicada y traducida muy bien al español gracias a la labor que está desarrollando la editorial Sajalín. A la espera de Little Boy Blue, los lectores pueden leer ahora La fábrica de animales, segunda novela de este escritor de pasado siniestro y probablemente el mejor de sus títulos junto a No hay bestia tan feroz, curiosamente su primera novela.

La fábrica de animales es un relato estrictamente carcelario, un tema que ya cuenta con una abultada bibliografía en la que se mezcla memoria y ficción que solo un autor como Bunker era capaz de contar con autenticidad, sin imposturas ni roñosos moralismos.

Lo más desconcertante en la literatura de este maestro que trasciende fronteras genéricas es que sabe de lo que cuenta y lo refleja con una sinceridad que desarma. Arroja de paso bastante luz para conocer las entrañas de un mundo que convive con el nuestro pero del que no queremos saber nada.

Su territorio es el de los condenados, el de los hombres que se han encallecido porque solo han recibido golpes a lo largo de su vida.

También es un mundo en el que se forman extrañas familias. Sucedáneos de familias conformadas por una legión de desesperados encerrados como bestias en prisiones que, supuestamente, tienen la misión de reinsertarlos en una sociedad que no reparte las mismas oportunidades para todos.

La fábrica de animales, llevada al cine por Steve Buscemi en una irregular adaptación que apenas araña la grandeza de la obra escrita original, es así el relato de un chico de clase media alta que dedicado al negocio del tráfico de marihuana da con sus huesos en San Quintín, un espacio, escribe Bunker, “donde ser guapo era una desgracia”.

Y Ron Decker, su protagonista, lo es.

Novela en la que se narra la rutina del presidio, donde todos los días se apuñala a cualquiera por cualquier cosa y en la que blancos y negros mantienen una soterrada guerra racial alimentada por los propios funcionarios de la cárcel, La fábrica de animales es además de una magnífica novela de supervivencia también un impecable relato de iniciación.

Decker logra esquivar la presión del entorno cuando conoce a un veterano, Earl Cooper, que lo apadrina porque ve en él cómo puede ser la vida fuera de las cuatros paredes donde ha pasado casi toda su existencia.

Como todas las novelas de Bunker, La fábrica de animales está repleta de una violencia soterrada que cuando estalla golpea con crudeza al rostro del lector.

También se trata de uno de esos textos incómodos que te obligan a seguir adelante, enganchado para intentar comprender cómo se puede sobrevivir en el infierno sin perder eso que llamamos dignidad.

También es un canto emocionado a los libros. A la lectura como vía de escape a través de la cual reconciliarse con el género humano.

“En tres meses, Ron leyó más que en toda su vida. Notaba que su mente se ensanchaba y que percibía la realidad con mayor nitidez, puesto que cada libro era un prisma que reflejaba las verdades infinitas y variadas de la experiencia. Algunos eran telescopios; otros, microscopios.”

“-Tengo un buen libro que igual te gusta –dijo Paul– Jugando en los campos del señor.

-  ¿De quién es?

-  De un tal Matthiessen. No lo conozco de nada, pero no está nada mal.

-  Tráetelo a la película.

-  Y también tengo otro que a ti te puede gustar… Pero yo no tengo paciencia, se me hace muy pesado. El hombre unidimensional de Marcuse.

-  Pues lo empezaré también. Llevo como un año oyendo ese nombre, pero no he leído nada de él.”

En mi ya larga vida como lector apenas he encontrado líneas tan emocionadas, precisamente por su contención, dedicadas a la literatura como válvula liberadora a través de la cual evitar la sombría existencia en la que estás envuelto.

Una lección que quita de piojos intelectuales un ejercicio tan sano como leer.

Leer para evadirte.

Leer para ser persona.

Leer para quitarte el disfraz de fiera al que el sistema carcelario (el de dentro y el de fuera) te condiciona.

Un caso extraño el de Ed Bunker.

Su literatura me sabe a telescópica y microscópica.

Saludos, con la extraña sensación de que tengo las manos manchadas de sangre al ver mesmerizado a Gadafi reclamar inútilmente clemencia antes de ser ejecutado, desde este lado del ordenador.