Archive for the ‘Literatura’ Category

Confesiones de un lector probablemente más que idiota (todos para uno y uno para todos)

Domingo, Septiembre 19th, 2010

La lectura de algunos libros (no necesariamente excelentes) ha forjado algunas de mis mejores amistades. En ocasiones, un libro también me ha servido para ver con otros colores paisajes y personas e incluso que un escritor tan poco valorado para unos como H. Rider Haggard subiera en mi peculiar bolsa de valores cuando coincidí con una señorita en nuestra mutua pasión por el autor de Las minas del rey Salomón quizá porque me pareció la reencarnación de Ella, otra excelente novela de Haggard.

Este post me lo suscita el mensaje vía móvil que recibí esta misma semana de un veterano amigo a través del cual me agradecía que en su momento le hubiera recomendado Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas. Obviamente, ese breve sms le hizo consquillas a mi últimamente tocada vanidad aunque afortunadamente soy consciente que todo el trabajo lo hizo el señor Dumas. Sólo bastó un pequeño empujón para que mi amigo abriera el libro y terminara iniciado en la sagrada orden del todos para uno y uno para todos.

Me viene ahora a mi fatigada memoria uno de esos momentos donde un libro procuró el milagro del acercamiento entre dos personalidades radicalmente opuestas. La charla se produjo en un  bar –que son sitios excelentes donde perder el rato hablando de fútbol como de libros–  lugar donde conocí a este elemento por mediación de otro amigo que se apartó discretamente de nosotros al apreciar la elevada temperatura que estaba tomando lo que comenzó siendo una aburrida conversación entre desconocidos.

Y es que la charla degeneró pronto en una de esas tontas discusiones que entre dos idiotas lectores se dan para ver quién sabe más de libros. Estas discusiones pueden resultar igual de violentas que las de dos macarras machacándose la cabeza, sólo que la violencia no se hace física sino verbal con el objetivo de empequeñecer el espíritu del contrincante.

Así estábamos pues cruzándonos títulos y autores como alma que lleva el diablo cuando la disputa escoró hacia los territorios de la literatura erótica que es un género que tiene discretos adeptos que, como si miembros de una estrafalaria masonería se tratara, se hermanan al reconocerse unos a otros.

Solté un nombre, Gamiani. Y el de su presunto autor, Alfred de Mussett. Percibí entonces como los ojos de mi oponente bailaban detrás de sus gafas y su tono se teñía de conciliación cuando entre los dos nos pusimos a recordar los gratísimos momentos que nos había hecho pasar este clásico de la literatura para leer con una sola mano.

Desde ese día, como diría Claude Rains a un triste y solitario Humphrey Bogart al final de Casablanca, nació una bonita amistad que aún dura pese a que de tanto en tanto nos cabreemos por las historias que leemos y que nos queman el cerebro.

Con esto pretendo demostrar que los libros sirven para hacer amigos. También enemigos, pero así son las cosas.

Siendo un tierno y confuso adolescente me emborraché con la obra completa de H. P. Lovecraft, un escritor que no goza de demasiada estima entre mi entorno de colegas lectores. Gracias a H.P., no obstante, logré relacionarme con gente que sentía esa mismo tonto entusiasmo a través de una relación epistolar que dio lugar a un fanzine cuya historia ya reseñé en este mismo blog.

Semejante pero sin ser igual, me ha pasado con otros tantos escritores de género… autores que cuando me topo con otro aficionado me brinda alguna de las más deliciosas conversaciones literarias que he tenido a lo largo de mi existencia. En una de éstas, descubrí que fuimos más de los que pensaba los que cerramos El señor de los anillos cuando Gollum se lanza al vacío con el puñetero anillo y en otra que La isla del tesoro fue la primera novela que nos llevó por el mal camino de la literatura de género.

En lo que también coincido con la amplia comunidad de lectores es en los desesperanzador que resulta que, pese a haberte devorado toneladas de libros, al final apenas recuerdes algo de ellos. Es probable que el título esté escrito en letras de oro en tu cabeza por las sensaciones que te produjo cuando te alimentaste de él, pero eres incapaz de transmitirle a otro con cierta coherencia de qué iba la novela años después. Con suerte recuerdas escenas que probablemente tu caprichosa memoria engrandece como a un coloso con pies de barro.

Les invito a que lo intenten… seguro que suspende la prueba.

He escrito ya en este mismo blog que gracias a los libros (y a muchos de esos amigos que conocí y que voy conociendo a través de los libros) he logrado capear como he podido el temporal en el que me encuentro desde hace ya bastante tiempo. Así que me temo que nunca podré agradecérselo (a los libros y a los excelentes amigos que he conocido gracias a los libros) como se merecen. A su manera han sido como flotadores en los que me he agarrado para no hundirme ante las gigantesca marejada que ésta levantando el actual temporal que hizo trizas con todas nuestras bobas ilusiones.

No sé cuanto tiempo permaneceré a flote, pero sí que estoy seguro que si no me hubiera encontrado con ellos (los libros y esos amigos que he conocido a través de los libros) ya me habría ahogado en el océano de la desesperación quiero imaginar que  para satisfacción de algunos.

No obstante, y siempre que pienso en la muerte, se me viene a la memoria el funeral que Scott Fitzgerald describe de Gatsby, el protagonista de una de sus obras maestras: El gran Gatsby.

Al cementerio acuden apenas dos personas, y quiero imaginar ahora que cae del cielo una molesta llovizna para potenciar la frase que suelta uno de los escasos asistentes para describir al fascinante (¿anti?)héroe fitzgeraldiano:

“Fue un pobre hijo de puta”.

“¿Un pobre hijo de puta?”

Me quedo sin palabras.

Saludos, lamentando la muerte de José Antonio Labordeta a quien nunca conocí como músico pero sí como impetuoso diputado, desde este lado del ordenador.

¡Qué bonito y cargadito será este otoño!

Viernes, Septiembre 17th, 2010

Seamos justos, un otoño sin la programación cultural de CajaCanarias no sería otoño. Programación donde siempre hay un poco de todo para gustos de todos: música, teatro, ciclo de conferencias, presentaciones de libros… Es natural que me pregunte de un tiempo a esta parte que pasaría entonces ¿y si no contáramos con más Otoño Cultural de CajaCanarias? Claro que, viviendo en unas islas donde la palabra cultura es casi sinónimo de cultura oficial, si careciéramos del Otoño de CajaCanarias el paisaje de actividades culturales en este archipiélago sin dioses ni bandera resultaría muy similar al de un páramo perdido en la noche de los tiempos. Sin desmerecer –qué conste en acta, obviamente, los ocasionales oasis que de tanto en tanto se dan en esta nuestra comunidad y que se caracterizan por su independencia.

CajaCanarias presentó esta misma mañana su Otoño Cultural con la esperanza y también la acuciante necesidad de crear en estos territorios aislados cierto espíritu de comunidad cultural. Que Dios les oiga.

Entre las actividades más destacables del programa diseñado para este año (todas se celebrarán en el Espacio Cultural de la entidad en la capital tinerfeña a las 20 horas) sobresale, como siempre la música. Incluye flamenco (Vicente Amigo, 14 de octubre); jazz (Egberto Gismonti, 29 de octubre y Polo Ortí y Chano Domínguez, 5 de noviembre); canción española (Diana Navarro, 20 de de noviembre) y el ciclo Festival Músicas Centenarias del Mundo, con Magios (19 dde octubre); Ensamble Stravinsky (22 de octubre); Alia Música (2 de noviembre); el conjunto noruego Trío Mediaeval (9 de noviembre); la intérprete turca Aynur (16 de noviembre) y el dúo indio formado por Azam Ali & Niyaz (30 de noviembre); sin olvidar el concierto que las galardonadas con el Premio de Canto María Orán –Orlando Niz y Estefanía Perdomo– ofrecerán el martes 26 de octubre.

En cuanto a literatura, la agenda contempla la presentación el miércoles 13 de octubre del libro Cuerpo habitado, de Miguel Ángel Alonso Arvelo, premio de Poesía Pedro García Cabrera; La novela extranjera en España de Domingo Pérez Minik ( el jueves 21 de octubre); Vivir sobre la vida, de Arturo Maccanti (4 de noviembre) y el estreno del documental Una luz en la isla. Domingo Pérez Minik, de Miguel G. Morales. En este apartado, regresa el ciclo El mundo que queremos, que dirige el periodista y escritor Fernando Delgado, y que este año analizará El valor de la memoria con José Álvarez Junco y Juan Carlos Rodríguez Ibarra (23 de noviembre) que debatirán sobre La memoria colectiva; Soledad Puértolas y Juan Cruz; que hablarán sobre La memoria literaria (24 de noviembre); Celia Fernández Prieto y Ana Caballé, quienes protagonizarán la charla El valor de la memoria (25 de noviembre) y La música y la memoria, en las que intervendrán Basilio Martín Patino, Fanny Rubio y Víctor Manuel, quien ofrecerá además un concierto acústico al finalizar el encuentro.

Y esto es sólo un pequeño avance de lo que se nos viene encima este otoño.

Porque como decían en los dibujos animados… aún hay más.

Saludos, oyendo de fondo Apache de The Shadows, desde este lado del ordenador.

Noel Clarasó, un clásico olvidado de la novela de humor, suspense y terror en español

Domingo, Septiembre 5th, 2010

La literatura española no ha sido muy afecta con el género de terror, aunque en sus pobladísimas estanterías podamos encontrar títulos de claro sabor macabro. Esta tendencia, afortunadamente, está cambiando en el siglo XXI, aunque creo necesario llamar la atención sobre un escritor casi marciano en la república de las letras en castellano porque se ocupó de escribir cuentos de miedo en unos tiempos en el que este país estaba demasiado aferrado a la pesadilla cotidiana de la postguerra.

Su nombre es Noel Clarasó, autor relativamente conocido por sus excelentes relatos de humor, pero menos como creador de notables obras policíacas (El asesino de La Luna) y cuentos macabros.

Miedo, una antología editada en su día en la inolvidable colección Reno de Plaza y Janés, reúne doce espeluznantes historias que hacen necesaria la revindicación del escritor como uno de los grandes clásicos del género en España. Y escribo lo de revindicación porque Clarasó supo teñir sus historias de miedo de una tétrica atmósfera donde lo fantasmal se mezcla con lo real con el fin de inocular el virus de la inquietud en el corazón del lector, fascinado (es nuestro caso) por sus potentísimos cuentos macabros.

Descubrí a este atípico escritor español cuando leí en su día en el tercer tomo de la recopilación Los mitos de Cthulhu –editada en Alianza Editorial al cuidado de Rafael Llopis– su relato El jardín de Montarto. Para mí fue un agradable descubrimiento, aunque luego me costara esfuerzo encontrar sus libros en mis ya habituales incursiones por rastros y librerías de viejo porque sus obras dejaron de ser editadas a finales de la década de los años 70 del pasado siglo.

Sin embargo, y gracias a esta perseverancia por encontrar nuevos trabajos del autor, fui descubriendo en mi obsesiva cacería que Clarasó además de ser un excelente narrador de historias de suspense también fue un sobresaliente humorista que en su fecunda producción siempre se ajustó a los cánones del género al no permitir que la ironía tiñera sus relatos policiales y de miedo, ni el suspense ni lo macabro en su amplísima producción como humorista.

Esto me hace reflexionar que es un caso muy extraño el de este narrador español. Extraño porque en unos tiempos donde el más desolador realismo campaba en las letras de un país hambriento y recién salido de una Guerra Civil, fue capaz de dejarse seducir por la extravagancia de lo raro.

Invito a todos aquellos que tengan la oportunidad de encontrarse con algunos de sus textos a que entren en su universo, y que se dejen arrastrar por la prosa de un escritor que, misterios de la vida, permanece hoy olvidado pese a que sus ficciones hayan sabido superar los implacables arañazos del tiempo.

Y eso, me parece a mí, sólo sucede con los clásicos.

Saludos, clarasonianos, desde este lado del ordenador.

Una afortunada corriente de aire fresco: nuevo libro de Nicolás Melini

Viernes, Julio 23rd, 2010

No sé si es el mejor halago que le puedo brindar a las novelas y relatos del escritor Nicolás Melini (Santa Cruz de La Palma, 1969) pero a mi juicio lo que más me gusta cuando leo sus historias es que no me parecen canarias. Ni siquiera españolas.

Será, pienso, que cuando me adentro en algunos de sus libros siento que estoy leyendo a un escritor que no necesita de patrias para su ubicación. En sus novelas, cuentos y poemas, Melini trasciende fronteras y se convierte en escritor sin banderas.

Me sumergí por primera vez en su mundo (bastante próximo al mío pese a sus notables diferencias) a través de su potentísima novela El futbolista asesino, un relato que sigo considerando afortunadamente inclasificable y que despertó en mí esa llama espontánea que como lector me exige, al terminar una obra que me gusta, aquello de “quiero más”.

Pasado el tiempo, porque esta es prácticamente la palabra que mejor se ajusta al seguimiento que hago con la literatura de Melini, leí La sangre, la luz, el violoncelo, y más tarde su impresionista e impresionante Cuadros de Hopper, que considero, a mi modesto entender, el mejor de sus títulos publicados hasta la fecha y que me supo –aún tengo ese sabor en la boca mientras escribo estas líneas apresuradas– a texto con ecos no ya del genial pintor norteamericano Edward Hopper sino del mismísimo Raymond Carver. Sólo que de un Carver con señas de identidad propias, como si su autor, Melini, hubiera cogido de ese gran narrador de las soledades humanas el marco para describir sus particulares historias de desarraigo y pequeñas traiciones cotidianas en forma de poemas.

Otros de sus títulos son Historias sin cariño de Remedios quiero besarte y Adonde marchaba. También Cuadernos de mis mayores, textos que espero encontrar un día de estos si los dioses que viven dentro de los libros me conceden esa oportunidad.

Viene a cuento esta extensa introducción para anunciar que el escritor acaba de publicar un nuevo libros de cuentos, y que bajo el título de Pulsión de amigos ha sido editado por KRK Ediciones en su colección Tras 3 letras.

El escritor venezolano Juan Carlos Méndez-Guédez ha escrito sobre Pulsión de amigos: “Sólo los grandes escritores son capaces de crear el vacío: un vacío seductor, terrible y hondo que antecede y se expande a partir de cada uno de sus textos. Nicolás Melini excava alrededor de estos doce relatos verdaderos abismos en los que la mirada se extravía la obra de Nicolás Melini: para encontrar en sí misma desconocidos vértices del goce y del dolor.

Los cuentos de Melini extraen de lo real pequeños trozos, segmentos de subterránea intensidad, y los colocan en medio de la blancura de la página como irritantes manchas, como intrigantes imágenes que el lector condensa y completa.

Literatura de primera línea, Nicolás Melini confirma en este libro que es uno de los mejores cuentistas de lengua española de este siglo que comienza. Porque sólo los grandes autores como él son capaces de armar un libro como este: fuego líquido, chispazos, quemantes resplandores, epifanías terrenales conectadas a un paisaje insular ajeno a la mitificación o a la visión adántica, pero próximo a la lucidez vital, al desgaste, al horror y al placer devorador que significa la existencia.”

Así que ya lo saben, y no olviden supermineralizarse.

Saludos, esperando a que caiga en mis manos Pulsión de amigos, desde este lado del ordenador.

A modo de epílogo

Sábado, Julio 17th, 2010

El escritor madrileño Juan Madrid puso hoy el dedo en la llaga al preguntarle a Paco Ignacio Taibo II qué pasará con la Semana Negra de Gijón si el PP gana las elecciones del próximo año. Taibo II contestó que no le gusta oficiar de adivino pero que si la derecha –pongamos por caso– instalada en el poder decidiese borrar del mapa este Festival de referencia (con mis disculpas al señor Calandraca), sí que estaba seguro de una cosa: masas de gijoneses saldrían a la calle en señal de protesta. A lo que añado, y también de canarios. O al menos de este canario que ya sufre de síndrome de abstinencia mientras el reloj de la Historia absorbe en el recuerdo la XXIII edición de este encentro único con las literaturas de género. De esta especie de oasis donde se habla y se debate con criterio de casi todo alejado de las perniciosa corriente del pensamiento único, ese que tanto gusta en Canarias.

No sé si volveré el año próximo a las XXIV Semana Negra de Gijón pero sí que puedo escribir y por lo tanto afirmar que para mi ha sido un privilegio asistir a esta maravillosa realidad en calidad de aficionado más que de informador. De aficionado, que conste en acta, al género negro, a la ciencia ficción, a la fantasía y a la novela histórica.

O a esa literatura que tanto nos gusta a los idiotas que vamos de criaturas del señor Dostoyevski por la vida (¿Qué es Crimen y castigo?, ¿qué es El jugador?, ¿que son Los hermanos Karamazov?).

La XXIII Semana Negra se funde a negro este domingo, 18 de julio,  en lo que ha sido, a mi modesto entender, una edición mastodóntica, salpicada de pálidas pólémicas pero intensa y durísima para un lector que por fin se siente que ha cruzado el grado de aprendiz para iniciarse en el de compañero rodeado de tantos maestros.

Redacto el borrador de este post en el mítico Café Gijón mientras ahogo la tristeza con una caña de cerveza con la sensación de que algo muy grande muere, pero también con la esperanza de que la Semana Negra regrese el próximo año. Y de que si aún estoy vivo entre los muertos, asistir a una fiesta donde la palabra Cultura (así, con C mayúscula) no produce molestos sarpullidos.

En definitiva, que quien les escribe está con Los Negros.

Saludos, no tan amargos como pensaba, desde este lado del ordenador.

El argentino Guillermo Orsi obtiene el premio Hammett con la novela ‘Ciudad santa’

Viernes, Julio 16th, 2010

(A) El escritor argentino Guillermo Orsi ha obtenido el premio Hammett a la mejor novela negra publicada originalmentre en castellano en 2009 por su novela Ciudad Santa. En una multitudinaria rueda de prensa, Orsi declaró sentirse “muy honrado” con esta distinción ya que, según explicó, este galardón es el más respetado entre todos los escritores en lengua española adscritos al género.

Los finalistas fueron la española Cristina Farragás con Así murió el poeta Guadalupe; el colombiano Mario Mendoza por su novela Buda blues; el mexicano Eduardo Monteverde con Carroña’s Hotel y el también argentino Carlos Salem por Pero sigo siendo el Rey.

El jurado de esta edición estuvo formado por los también escritores Rodolfo Pérez Valero (Cuba) y los españoles Julián Ibáñez y Juan Ramón Biedma.

(B) En cuanto al premio Celsius, que reconoce la mejor obra publicada en castellano en 2009 de ciencia ficción, fantasía y terror, recayó en el español Juan  Miguel Aguilera por La red de Indra. Aguilera, ya un veterano semanero, agradeció que la Semana Negra haya encontrado un hueco para la literatura de ciencia ficción, un género “tan poco valorado en España”.

Finalistas a este galardón quedaron los escritores Antonio Dyaz por Unicornio; Eduardo Vaquerizo por La última noche de Hipatia y José Miguel Vilar Bou por Alarido de Dios.

El jurado estuvo integrado por Jorge Iván Arguiz, Ricard Ibáñez y Javier Negrete.

(C) El premio Espartaco a la mejor novela histórica publicada en castellano el año pasado, lo obtuvo el cubano Alejandro Hernández por Oro ciego, quien adelantó que no volverá a escribir una novela histórica por el trabajo que supone.

Se quedaron sin premio aunque sí fueron finalistas León Arsenal con La luz de Egipto; Fermín Goñi por Los sueños de un libertador y Andrés Pérez Domínguez con El violinista de Mauthasen.

El comité deliberado estuvo conformado por Nerea Riesco, Rafael Marín y Alfonso Mateo Sagasta.

(D) El premio Rodolfo Walsh al mejor libro de no ficción sobre tema criminal recayó en el argentino Javier Sinay por Sangre joven. Su autor manifestó que su intención con esta obra fue impregnar sus páginas con el aliento de las novelas policiacas.

Finalistas a este premio quedaron Mariano Sánchez Soler (España) por Nuestra propia sangre y Javier Valdés Cárdenas (México) por Miss Narco.

Tuvo la nada sencilla tarea de evaluar estos trabajos el argentino Raúl Argemí y los españoles Fernando Marías y Carlos Quílez.

(E) El galardón Memorial Silverio Cañada que reconoce la primera novela negra publicada originalmente en castellano en 2009 lo obtuvo el español Gregorio Casamayor por La Sopa de Dios.

Finalistas: los argentinios Gabriela Cabezón Cámara por La Virgen Cabeza y Matías Néspolo por Siete maneras de matar a un gato; y los españoles  Enrique Rubio y Carlos Zanón por Tengo una pistola y Tarde, mal y nunca, respectivamente.

El jurado estuvo compuesto por Mercedes Castro, Julio Murillo y José Luis Muñoz.

(F) Por último, el ganador del Concurso Internacional de Relatos Policíacos (en colaboración con el Ateneo Obrero de Gijón) para obras originales e inéditas lo recibió Enrique Ferrari por Ese nombre. Se quedaron en el banquillo Rafael Marín con 9mm Parabelum y Javier Márquez Sánchez con Charles Bronson era un cabrón.

El jurado lo integraron Sebastian Rutes (Francia); Nacho Guirado (España) y Eduardo Monteverde (México).

MÁS PREMIOS

La Semana Negra de Gijón, que el jueves recibió una distinción de Radio Libertad de Perú por su apoyo a los escritores de este país latinoamericano, fue escenario también del nombre del ganador del Premio Literario Ciudad de Getafe 2010 de Novela Negra, que recayó en el escritor madrileño Francisco Valbuena de la Cruz por No hay perro que viva tanto. Este trabajo será publicado próximamente en Edaf, y se presentará oficialmente al público el 28 de octubre de este año.

Saludos, en plan informativo, desde este lado del ordenador.