Archive for the ‘Literatura’ Category

Y en esas estoy, descubriendo…

Miércoles, Julio 14th, 2010

Entre otras cosas, y para quien les escribe la más importante, la Semana Negra da la oportunidad de descubrir a veteranos y también nuevos escritores hasta ahora desconocidos en el arrugado mapa de mi memoria. Si el año pasado tuve la suerte de encontrar excelentes novelas del peruano Alonso Cueto y los mexicanos Jorge Moch, Fritz Glockner y Eduardo Monteverde, entre otros, en esta edición he tenido la oportunidad de leer y lo que es mejor conocer al colombiano Mario Mendoza (muy recomendable su Buda Blues, editada –loado los dioses– en España por Seix Barral–, la española Elia Barceló, que a mi juicio crece como narradora cuando abandona las geografías de la fantasía y la ciencia ficción; el periodista mexicano Javier Valdés, que me ha hecho reflexionar sobre el oficio de contar noticias; el argentino Gullermo Orsi, con quien uno puede perder el tiempo charlando sobre lo divino y lo humano pero sobre todo de Buenos Aires (no se pierdan su Ciudad Santa, publicada en España por Umbriel) y las ficciones de veteranos semaneros como Carlos Salem, un tipo tipo de apariencia bronca que esconde un corazón que, como cantaba Carlos Puebla y Los Tradicionales, es así de GRANDE, así, así, así…

Es una pena que en este encuentro con las letras de género, salvo la honrosa excepción del tinerfeño Víctor Conde, no haya más representación de escritores de nuestra tierra, lo que me anima a pensar que no estaría mal instalar una caseta vendiendo ”literatura made in Canarias” para promocionar a los todavía escasos pero potentísimos narradores que en las islas están publicando novelas y relatos negros o fantásticos. A esa hipotética caseta se podría sumar lo que se escribe en poesía, ensayo e historia. También aquella que explica las excelencias de nuestra gastronomía (y es que aquí, en el godo, no saben el privilegio que supone contar con nuestra característica variedad de papas –nunca patatas, of course– y mojos, entre otras excelencias alientarias y alimenticias)  pero es un sueño que algo me dice nunca se hará realidad porque en aquellas islas resulta muy difícil sacudirnos la manía que tenemos de mirarnos el ombligo así que… en fin.

Atolondrado por las entrevistas que he realizado (diez por el momento), asistencia a ruedas de prensa y coloquios y presentaciones en el recinto de la Semana Negra, he sido víctima una vez más de comprar con apetito voraz toda clase de libros que se me han puesto a tiro. La mayoría, no iba a ser menos, son de novela policíaca (a mi lo de negro no me termina de convencer, ya ven ustedes) pero también alguna rareza como una historia de la guerra que mantuvo México con Estados Unidos a principio del XIX. El libro está firmado por un periodista mexicano de aquel siglo, y asombra su despiada crítica al ejército de su país. Tras leerlo de una sentada, prometo que a partir de ahora veré con ojos muy distintos El Álamo de John Wayne, película no obstante que sigue siendo una de las favoritas de quien les escribe.

Cae la noche sobre Gijón, las gaviotas que me despiertan todas las mañanas descansan. Creo que es momento de irme a la cama no sin antes empaparme de Scorpio City, otra novela que he adquirido (esta vez publicada en Alfaguara Colombia) de Mario Mendoza. Uno de esos escritores, amigos, que ha sabido llegarme a lo más profundo. Será porque en sus historias eso que llaman realismo mágico se ha quedado en un pálido y macondoníaco reflejo del pasado.

Saludos, al grito de ¡viva la fabada asturiana y la sidra!, desde este lado del ordenador.

Basta ya de bloqueo

Lunes, Julio 12th, 2010

El mundo editorial español es responsable del bloqueo al que están siendo sometidas las literaturas que se escriben en nuestro mismo idiomas allende los mares. Va siendo hora, pues, de exigir como lectores, como humildes y para nada rutinarios consumidores culturales, que ya es hora que las cosas cambien aquí y en la otra orilla.

El único puente que existe en España entre el viejo y nuevo mundo. O entre lo que se escribe en este país y en los territorios de Latinoamérica es la Semana Negra de Gijón, oasis en el que algunos nos orientamos de lo mucho y bien que se está escribiendo y publicando (¡en editoriales filiales españolas como Alfaguara, Planeta, Seix Barral!) en México, Colombia, Argentina y Chile, entre otras repúblicas, sin salir del asombro. Y escribo sin salir del asombro porque además de saber que estas obras no circulan en España, los autores españoles tampoco llegan a estas geografías.

Asistir a la Semana Negra de Gijón –el festival de los festivales– es como ser iniciado en una logia que está al tanto de lo que se escribe en español pero con distintos acentos, y te hace preguntar por qué no se aprovecha lo de aquí y lo de allá de manera recíproca. ¿Qué frena la simbiosis? ¿Cómo no se ha visto las posibilidades culturales y también mercantiles de una operación de este tipo, de este calado, en la que todos, empresas, autores y consumidores saldrían ganando?

¿A qué viene este complot? ¿Esta obsesión por bloquear el cine, la literatura, la música, el arte que se genera en una y otras orillas? ¿Quién impide que un lector mexicano no pueda leer a un autor español y a un lector español leer a un mexicano?

Hay más mundo tras las vacas sagradas. Tras los García Márquez, los Carlos Fuentes, los Vargas Llosa, los Marsé y los Vila-Matas… Vaya si hay más mundo.

Saludos, ¿puño en alto?, desde este lado del ordenador.

¡Qué cosas!

Martes, Junio 29th, 2010

ALEGRÍA, ALEGRÍA, ALEGRÍA…

Ustedes perdonen que insista ya que no me canso de escribir sobre el asunto, pero fue leer el artículo que publica hoy el periódico El Día y sentir una de esas pequeñas alegrías que de tanto en tanto sacuden mi maltrecho corazón en unos días donde no sobra ni el vino ni las rosas.

El antiguo cine Víctor de la capital tinerfeña reabrirá probablemente sus puertas en septiembre gracias a un acuerdo que ha suscrito su propietario con un grupo de empresarios que pretende habilitar la señorial sala para teatro, conciertos, danza, exposiciones y espectáculos infantiles, entra otras actividades. No se habla, paradójicamente, de proyecciones cinematográficas o de aprovechar su reapertura para que el Gobierno de Canarias estrene con alfombra roja sus descacharrantes producciones audiovisuales pero tiempo al tiempo… que igual suena la campana…

Tras el polémico abandono del apoyo que recibía del Cabildo de Tenerife por las razones que ya todos sabemos: ¡la crisis!, el Víctor parece que renace ahora con la intención –es un suponer– de animar el cotarro cultural de la capitá, muy concentrado en TEA y La Noria últimamente, y de paso recuperar lo que antaño fue el centro santacrucero, hoy transformado en inquietante tierra de nadie.

A la espera del proyecto que gestarán los responsables de la denominada Asociación para el Desarrollo de la Inteligencia Múltiple, confieso no obstante mi estupor y también cierta admiración por los miembros de este colectivo al ser capaces de poner en marcha lo que otros intentaron perpetrar en el pasado con resultados frustrantes.

El valor añadido es que, según informa El Día, la cosa va en serio. O sea que no es un canto de sirenas como los que sonaron en el pasado. Y ello multiplica mis expectativas y reconocimiento hacia una gente capaz de reabrir el antiguo cine aunque reconvertido en otra cosa porque igual agita colateralmente a ese pedazo de Rambla que hoy parece destinada a agradable paseo de la tercera edad.

Bien es verdad que la oferta inaugural que se anuncia en los exteriores de la sala no ha despertado mi entusiasmo, pero tal y como están las cosas no deja de sorprenderme que esta gente no tiemble ante lo que significa la palabra riesgo.

Así que desde esta apartada orilla les deseo lo mejor.

UN RETRATO DEMOLEDOR

El digitaldecanarias.net recupera una semblanza que el escritor José Manuel Caballero Bonald escribe sobre el poeta canario Luis Feria en su libro La novela de la memoria. Les invito a que se la lean… y a que se queden con este singular párrafo: “Un día, de pronto, se fue Luis Feria a Tenerife y ya no volvió más por Madrid. Me telefoneaba de vez en cuando y prorrumpía en una interminable retahíla de protestas contra la sociedad insular y los burócratas peninsulares de la literatura, reiterando los graves inconvenientes con que contaba para la convivencia. Una cuña de histerismo también se incorporó a su carácter. Enemistado con todos sus paisanos, exceptuando quizá a Domingo Pérez Minik o Fernando Delgado, vegetaba y casi abdicaba de la vida en su encierro de misántropo”.

Da que pensar.

AQUELLOS ARTISTAS SÍ QUE SABÍAN MONTÁRSELO

TEA Tenerife Espacio de las Artes acoge este miércoles, 30 de junio, a partir de las 20 horas, la conferencia titulada Venus en el burdel: imágenes de la prostituta en el arte, en la que la responsable del Departamento de Exposiciones Temporales de TEA, Yolanda Peralta, ahondará las diferentes maneras en las que el mundo de la creación ha representado a las meretrices. Esta conferencia, que forma parte del programa de actividades paralelas de la exposición Picasso y la escultura africana. Los orígenes de Las Señoritas de Avignon -muestra que puede visitarse en este centro de arte contemporáneo del Cabildo de Tenerife hasta el 22 de agosto- será de entrada libre hasta completar el aforo del Salón de Actos.

Ahora la pregunta: ¿dejarán entrar a los menores de 18 años? Ya saben, por lo que aconteció con la exposición del desmadrado (a sus años, caballero) Juan Hidalgo en el mismo TEA.

Y UNA TONIFICANTE REFLEXIÓN SOBRE LA LITERATURA

Contando los días para asistir a la XXIII Semana Negra de Gijón, transcribo a continuación las palabras que su director, el escritor asturmexicano Paco Ignacio Taibo II,  pronunció en la rueda de prensa que este lunes, 27 de junio, se celebró en Madrid para dar a conocer los contenidos de esta edición. Taibo II señaló que la Semana Negra se presenta este año con la vocación de “hacer bueno el concepto de que la literatura, la oferta cultural, gratuita, variada, crítica y abundante, es el gran balón de oxígeno de una sociedad que tiene que apretarse el cinturón”; por ello,  significó que se había aumentado  “el número de autores presentes en el festival, la cantidad de mesas redondas, charlas, tertulias; que aumentáramos en cinco el número de librerías en nuestra feria del libro, que se sostuviera la calidad de los conciertos”.

En cuanto al carácter literario del festival resaltó que “en tiempos oscuros la literatura parece ser el único lugar donde se produce pensamiento crítico y pensamiento utópico. Donde fracasa la geografía. la novela descubre paisajes, nuevas fronteras, atmósferas urbanas; donde la ciencia política da nombres y cifras, la novela descubre nuevas clases sociales, cuenta sus vivencias cotidianas, las explica; donde la economía aparentemente analiza (todo el mundo sabe que los economistas, por una cuestión de principios, mienten) la novela cuenta lo que significa un despido, la reducción de un salario, una hambruna; donde la información genera ruido mediático la novela crea planos narrativos, profundidad, subjetividad, visión de conjunto. Donde las ciencias sociales tradicionales ignoran, la novela inventa la Atlántida. El mundo es complejo, se ha vuelto más complejo, la novela es capaz de enfrentarlo”.

Y yo, desde este modestito El Escobillón, le digo olé, olé y olé.

Saludos, juro sobre la Biblia que sin haber visto el partido de España-Portugal, desde este lado del ordenador.

Esto es literatura para plebeyos

Lunes, Junio 28th, 2010

No sé si existe una literatura, un cine, una música, un arte serio. En todo caso, sí sé que existen obras que consumimos muchos. Un saco enorme donde los miembros de la plebe aprendimos a alimentarnos intelectualmente.

En este pozo sin fondo meto los que unos consideran pesos pesados y los que otros consideran pesos plumas. O moscas, por buscar un símil pugilístico. Me he pasado la mayor parte de mi vida entregado a las realidades imaginadas (propias y ajenas) como para no saber de lo que estoy hablando.

Y ese viaje casi autodidacta, fruto de felices descubrimientos e inteligentes y agudísimas recomendaciones, me ha servido, creo, para tener cierta noción de que no me tomen el pelo. Mi veredicto resulta así bronco como consumidor cultural porque sé lo que me gusta y lo que me disgusta. Sé cuando un artista serio es un fraude como cuando un artista que no va de serio es sincero. Mi palabra, obviamente, no es ley de nadie salvo de mí mismo. Si con eso basta para crucificarme no esperen que haga como Cristo… ya que eso de entregar la otra mejilla no le sirvió de mucho tal y como van los tiempos.

Toda esta perorata viene a cuento de mi reivindicación con totales mayúsculas de un escritor que forma parte de esa fauna que los imbéciles catalogan de segunda o tercera división. No me cabrea que estos tontos lo ubiquen en esa clasificación ya que soy de los que piensan que ellos, precisamente, se lo pierden. Hacerle asco a las cosas es una manera poco elegante de ajustarte a una disciplina que visto lo visto sólo te convierte en mala persona.

El escritor al que me refiero se llama Leon Uris y hoy apenas se le recuerda aunque en la década de los años 50 y 60 fue un escritor de referencia. Un best seller que, compruebo ahora pasado los años, vive pese al paso implacable del tiempo.

Uris  es un gigantesco escritor, y no sólo por el abultado volumen en páginas de casi todas sus novelas, que a veces rebasan las 500, sino por su capacidad para atraer la atención del lector con muchas ganas de evasión.

Me imagino que, como a muchos iniciados, caí en sus redes cuando ví (¿en qué cine fue? Demonios que ya no me acuerdo aunque me imagine el Rex porque fue en el Rex ¿verdad?) la versión cinematográfica que Otto Preminger firmó de una de sus novelas más conocidas: Éxodo, o la crónica del nacimiento de Israel. Si esta película continúa siendo junto a Río sin retorno una de mis preferidas de su director (lapidame si quieren, pero así son las cosas), recuerdo que leer la voluminosa novela que aún se conserva en la librería de mis padres fue como entrar en un estado (si cabe) de mayor shock.

El libro, lo reviso ahora mismo, incluye imágenes del legendario filme protagonizado por Paul Newman y Eva Marie Saint, entre otros actores, pero su historia resulta mucho más compleja que el estimable y épico filme de Preminger.

Pasado el tiempo, supongo que Éxodo ha terminado por convertirse en un título incómodo a causa de las desatadas olas antijudías que asolan este nuestro mundo conocido, pero invito a todos aquellos que sean capaces de leer un libro sin vendas en los ojos a que se sumerjan en sus páginas y disfruten –pese a su tono claramente partidario en favor de la causa hebrea– de esta aventura que sólo pretende ser un vibrante y tenso homenaje a los hombres y mujeres que hicieron posible que Israel exista.

En la bibliografía de Uris hay más títulos, casi todos ellos de carácter bélico y protagonizado por judíos que, en contra de otros autores, se nos presentan como personajes que no están dispuestos a cometer los mismos errores del pasado. Destacaría, en este sentido, su apasionante Mila 18, donde narra con pulso narrativo el levantamiento del gueto de Varsovia y ya en el terreno del espionaje las fuertemente anticomunistas Topaz (llevada al cine por Alfred Hitchcock) y Armagedón: una novela de Berlín, en la que sus protagonistas se mueven por la superficie lunar de la capital alemana ocupada por los aliados en 1945. En este apartado incluyo también su formidable Conspiración en Atenas (o Traición en Atenas según la traducción) en la que un escritor de segunda de novelas policíacas se ve enredado en un turbio asunto en la capital griega durante los primeros años de la ocupación alemana.

Esta novelita (una de las de menor extensión de su autor) funciona con la misma mecánica que un reloj suizo, lo que hace que se lea rápidamente, con los ojos puestos en ella. Robert Aldrich se encargó de su versión cinematográfica. No es una de las mejores películas de Aldrich pero esto es casi lo mismo que decir que es una gran película si la comparamos con el vertedero en el que ha convertido últimamente el cine. Y no sólo el norteamericano.

Insistiendo en la temática judía, Uris penetró también el subgénero procesal con QB VII, donde cuenta la historia de un médico de pasado nazi que hoy vive felizmente con su familia en Gran Bretaña colaborando en misiones humanitarias (¿les suena esto?) a quien las evidencias demuestran durante el juicio que fue un sádico y torturador en los ya tristemente célebres campos de concentración. De esta novela se realizó una excelente miniserie protagonizada por Ben Gazzara y el hoy histriónico Anthony Hopkins como médico de pasado nazi.

Hay otras novelas de Uris, y me imagino que muchas de ellas traducidas al español, como El peregrino, pero aún no he tenido tiempo ni ganas de enfrentarme a ella.

Que lo recuerde ahora en este improvisado post viene a cuento porque acabo de terminar su Conspiración en Atenas, libro que encontré hace algunas semanas en el Rastro de la capital tinerfeña y que –les contaba–   devoré porque a medida que iba a avanzando en su trama poblada de personajes cortados de una pieza, llegué una vez más a la conclusión que la palabra entretenimiento no tiene que estar reñida con aburrimiento por mucho que otros se empeñen.

Su lectura refrescó además mi urismanía pasada y despertó el profundo agradecimiento que le debo a un autor que hoy (llévense las manos a la cabeza) tiene para mi el añejo sabor de los clásicos… best seller.

O esa literatura que prefiero denominar con la cabeza bien alta de y para plebeyos.

Saludos, aullando en la colina, desde este lado del ordenador.

Las cosas de ‘Juancho’ Armas Marcelo

Miércoles, Junio 23rd, 2010

En contra de otros escritores canarios de su generación (la que denomino cariñosamente como el petardito de los 70) a mi nunca me ha interesado la literatura de Juancho Armas Marcelo. Recuerdo que hace años intenté leer Los dioses de sí mismos y que apenas pasé de sus primeras páginas. Y mira que fue publicitada. Obtuvo un premio y todo.

A Juancho lo he ido siguiendo a través de los artículos que todavía publica en el suplemento cultural de ABC, aunque debo de admitir que últimamente me cansa bastante cuando pone a parir desde su atalaya a otros compañeros de oficio con muy mala fe y escasos argumentos.

Hoy Juancho irrumpe en el templo de mis ideas a raíz de unas declaraciones leídas en la edición digital del periódico El Día que me han hecho preguntarme si este hombre anda bien de la cabeza. Les invito a que le echen un vistazo, si bien me he molestado en extraer algunas de sus paridas con el único fin de que se hagan una idea de las chuminadas que suelta.

En fin, allá él y sus revoltosas neuronas, que deben de viajar felices de un lado al otro en su cerebro. Imagino yo que exultantes por el especial que le ha dedicado La Página, probablemente la revista más espectral a este lado del Atlántico… ¿Quién la lee? ¿A quién le llega? ¿Dónde se vende? ¿Cómo se financia? ¿Existe La Página o es un producto más de mi imaginación? 

En la entrevista que una vez más les invito a que repasen Juancho (o el hombre que fuma puros) sienta cátedra sobre el fantasma de Mercedes Pinto –personaje de moda en estos convulsos tiempos no, afortunadamente, por el documental del bueno sí, está inspirado en su vida pero tampoco…– al mentir sin que se le caiga la ceniza del cigarro cuando afirma que ese mismo documental se lo sugirió a David Baute que hasta que no llegó su guionista y se lo propuso, sabía de la historia de esta formidable mujer lo mismo que quien les escribe de física cuántica.

Lo mejor de la entrevista, sin embargo, viene a continuación del prólogo Pinto. Lean estas declaraciones dignas de figurar en mi peculiar museo de los horrores canarios: “Me gusta la lucha. Levantarme de la cama y enfrentarme a los fantasmas que a otros les pervierten la vida, y no soy partidario de la cultura de la queja ni admito el victimismo, que me provoca verdaderos vómitos y me parece una inmoralidad que no se puede permitir en estos tiempos”.

O “reinvindico el derecho al fracaso como una de las asignaturas a estudiar desde pequeños en el colegio, y otra la lealtad”.

O “la lealtad está perdida y sólo la mantenemos algunos antiguos”.

ACLARACIÓN: Para quienes no lo sepan, los Antiguos son criaturas que creíamos muertas y enterradas pero que reaparecen cada cierto tiempo para darnos la lata.

Pero no se vayan, que aún hay más:

“Soy bonapartista, federalista y jacobino porque a mí esto de las autonomías me parece un error histórico garrafal que vamos a pagar durante mucho tiempo”.

INCISO: O este señor no sabe de historia o quiere ir todavía de enfant terrible por la vida. No sé, además, que tiene que ver Bonaparte, que defendió una Francia imperial a base de machacar con sus ejércitos a media Europa, con el estado de las autonomías. Pero en fin, alguien le debió de dar alpiste a Juancho cuando se entrevistó con el desdichado periodista de la agencia Efe.

Y otra pieza a modo de postre que me ha hecho reír: “la democracia tiene algunos inconvenientes: vulgariza y permite el triunfo del mediocre”.

UNA INQUIETUD: Sospecho, Juancho, que debes pensar que bajo los regímenes de Hitler, Mussolini, Stalin, Franco, Fidel Castro, Pinochet no hubo ni hay mediocres porque o bien están o estaban muertos, en el exilio o encerrados en la cárcel.

¡No le des ideas al Gobierno de Canarias, chacho! 

Y por último, la perla –a mi juicio– que revela el potaje mental del dícese escritor: “La cultura está en el furgón de cola porque no hay jerarquía, sino la alabanza de la mediocridad y los mediocres que son legión escribiendo en los periódicos vetando la excelencia para que no haya debates”.

Me encojo de hombros, tardo en digerir esta empanada mental y concluyo que, definitivamente, Juancho, jamás leeré un libro tuyo.

Es más, ¿hay alguien que haya leído un libro tuyo?

Probablemente Alberto Delgado.

Viva Canarias libre.

Saludos, gritando Achamán por la cordillera de Anaga, desde este lado del ordenador.

La clave Charles Dickens

Lunes, Junio 21st, 2010

El pasado 9 de junio se cumplió el 140 aniversario del fallecimiento del escritor británico Charles Dickens. Mi relación con Dicken se inició siendo yo todavía muy pequeño a raíz del musical Oliver! dirigido por el más que estimable Carol Reed –algunas de cuyas canciones todavía suenan muy frescas en mi apolillada memoria– y más tarde a través de algunas de sus memorables novelas como David Copperfield, Grandes esperanzas, Oliver Twist, La pequeña Dorrit, Historias de dos ciudades y su ya imprescindible relato Un cuento de Navidad cuando se aproximan esas fechas hoy más que nunca entregadas al consumo.

Coincide este aniversario por esos extraños lazos que mantengo con el mundo de los espíritus en plena lectura de su fantástica Tiempos difíciles, título que me procuré la semana pasada mientras buscaba en una librería como un sediendo agua en el desierto una novela que rebajara la profunda indignación que me sacude estos días.

Creo que a estas alturas es innecesario que les hable de Dickens porque doy por supuesto que es uno de esos autores que todo lector bien nacido debiera de tener en la cabecera de su cama.

Meterme en su universo poblado de personajes mezquinos a mí, paradójicamente, me serena. Quizá sea porque en sus obras todos ellos –Fagin, Bill Sikes, Uriah Heep– reciben justo castigo por sus fechorías.

Imagino que las novelas de Dickens no han perdido actualidad porque sus lecciones morales y su profundo sentimentalismo aún continúa vivo entre nosotros. Su aversión a la pobreza, sumidero de las miserias humanas, puede ser corregida si se sabe derramar en ellas la semilla de la educación y la cultura, actitudes, pienso, de la que podría tomar ejemplo el Gobierno de Canarias y demás instituciones autonómicas y locales, para mí hoy más que nunca ejemplos perfectos para que se hagan una idea de los protagonistas más tenebrosos en la literatura de este gigantesco escritor.

Como en sus novelas, sólo espero que al final todos ellos –los Fagin, Bill Sikes, los Uriah Heep de esta región confusa– terminen como acaban los dos primeros en Oliver Twist y el tercero en David Copperfield.

Pero les contaba que por esos caprichos del azar vuelve a caer en mis manos una de las muchas novelas de su autor que no había podido leer hasta ahora, y que la emoción que me embarga con su retrato en ocasiones feroz sobre la clase obrera vista, bien es verdad, con cierta ironía pequeña burguesa, me ablanda un corazón últimamente demasiado lacerado por mediocres.

Descubir o redescubrir como es mi caso a Dickens me sirve así como antídoto para creerme que otro mundo es posible, y que al final los malos, los que han hecho de su vida una trampa de mentiras y traiciones, de arrabismos miserables, terminarán donde nunca debieron de haber salido: el cubo de la basura.

Algunos lo llaman justicia poética. Yo, la clave Charles Dickens. 

Saludos, lo que se dice eternamente agradecidos al maestro, desde este lado del ordenador.