Archive for the ‘Música’ Category

Fallece el percusionista José Pedro Pérez

Lunes, Julio 22nd, 2013

Silencio pesado y triste en el universo musical canario.

Ha fallecido el percusionista José Pedro Pérez León.

José Pedro trabajó con grupos y artistas como la Compañía de Flamenco I+D Danza, Al Farabi, Euclydes Mattos, Madeira de Choro, Cambio de Sentido, Fernando Otamendi, Trespuntocero3.0, Tricústico, Adhâr Goma, Julio Tejera, Borondón, Greg Lyons, Taller Canario, Almargen, Los Sabandeños, Mestisay, Taburiente, Sergio Makaroff, Luis Pastor, Cañamán, Benito Cabrera, Arístides Moreno, Gato Gótico, Añoranza, Artenara e Ismaila Sane, entre otros.

También cabría destacar sus colaboraciones junto a Paco Perera, Fabiola Socas, Mari Carmen Mulet, Enrique Guimerá, Zigurath, Kike Perdomo, Rubem Dantas, J.C. Machado, Carlos Sánchez, Mbalax, Macaronesis, Luis Lozano, Rita Tavares, Epi´s Station, Sonhora Delté, Manuel Bonino, ST Fusion, Carlos Costa & Jet Set, Manuel Illán, Randy Brecker, Baobads, Polo Ortí, Machado-Gueblón Experience, Dato Eugenidze, Randy Brecker, Pedro Guerra, Rosana, Andrés Molina, José Manuel Ramos, Parranda de Cantadores y Domingo Rodríguez “El Colorao.”

(*) La imagen está tomada de la web Canarias Cultura.

Recordando a Bob

Sábado, Mayo 11th, 2013

Es probable que alguno todavía tararee sus canciones pero también es probable que desconozca que lo que le sale de su boca es un tema de Bob Marley. Un caballero, el señor Marley, que contó con numerosos seguidores en esta isla en la que vivo. Vamos, que cuando comenzaba a declinarme por el lado mods de las cosas muchos compañeros de generación se decantaron por el rastra.

Llevar la melena trenzada, collarines y pulseras con la colorida bandera de Jamaica y un porro de hierba en la mano mientras intentaba comunicarse con ese cosmos que no iba más allá de las sensaciones que le provocaba la maría, eran algunas de sus gloriosas señas de identidad.

Pese a que fuera por la vida con parca verde y un peinadito resultón calcado de la portada de un disco de los Small Faces, y sin vespa a la que despeñar por los acantilados de Dover, tuve muchos amigos que iban de rastafaris con notable acento canario. Buena gente, aunque a veces sospechara que la mayoría de ellos le había declarado la guerra al agua y el jabón, aunque cuando se ponían a hablar, te liaban y te liaban de verdad.

El más auténtico de aquellos rastras vivía en una de las ciudadelas que se distribuían por esta capital de provincias. En concreto la situada en una de la calles paralelas al cine Víctor y hoy cerrada a cal y canto en la que ocupaba una habitación que hacía vecindad con otras habitaciones en la que residían familias con escasos recursos económicos.

Todos ellos hacían una vida en común cuya metáfora más objetiva era el retrete que se encontraba al final de aquel estrecho callejón, un agujero de forma cónica por el que cuando ibas a orinar solías tropezarte con cucarachas del tamaño de un escarabajo.

Pero regresabas a la habitación y te sentabas en el suelo y se te iba el miedoo y el tiempo charlando con ese tipo mezcla de rastra y hippie que no paraba de escuchar música reggae a todo volumen en un transistor de fabricación japonesa.

Bob, voy a llamarlo así en homenaje a su dios Marley, nos desentrañaba entre calada y calada de porro de maría la filosofía de ese movimiento.

Nos hablaba de que el mundo de aquel entonces era la nueva Babilonia y que solo el espíritu de Haile Selassie nos liberaría del caos.

Como es natural, Bob había adaptado a su planeta nebular las creencias rastras, pero resultaba atractivo escucharlo en su largo monólogo porque el tipo transmitía una paz y una serenidad que desde ese entonces he encontrado en muy pocas personas.

Se trataba además de un individuo desprendido, de los que apenas acumulaba cosas. Su equipaje lo formaba un solo libro, el I-Ching, que consultaba –nos dijo– cada mañana; dos camisetas, un pantalón vaquero y su ración de maría y papelillos para liarse unos cigarrillos que fumaba no con adicción sino desconcertante filosofía.

Cuando lo dejaba en su habitación de la ciudadela y regresaba a casa pensaba que Bob era demasiado transparente para resistir el paso implacable del tiempo.

Un día, en el que junto a dos amigos fuimos a visitarlo, la señora que vivía al lado nos comunicó que se había ido.

- ¿A dónde?, le preguntamos.

La señora se encogió de hombros y volvió a lo que estaba haciendo, un poco harta de aquellos tres chavales. Uno vestido con parca verde olivo, el otro con una chupa de cuero y peinado rockero y el tercero como un modernillo que ya entonces empezaba a ponerse de moda.

No he vuelto a ver desde ese día a Bob. Pero cada vez que escucho a Bob Marley o me hablan de reggae e incluso de las acotadas y vigiladas playas jamaicanas solo para disfrute del turismo extranjero, recuerdo a Bob sentado en la habitación de la ciudadela mientras lo ilumina la luz amarilla de la bombilla que cuelga del techo y desgrana con voz serena su discurso sobre la nueva Babilonia.

El humo de la hierba desdibuja su cara y nosotros, los que lo escuchamos, reímos como discípulos traviesos y algo colocados.

No sé cuanto tiempo transcurrió desde que Bob se fue sin decir nada cuando otra noche me tropecé con otros dos rastras chicharreros que se empeñaron en contarme que vivimos en “la nueva Babilonia, tío…” y en la esperada llegada de Haile Selassie para poner orden ante tanto desorden.

Pero ya conocía la historia, y la velada se interrumpió abruptamente cuando una pareja de policías nacionales nos exigió –no solicitó– nuestros respectivos carnés de identidad.

La verdad es que no sé porqué escribo todo esto, pero digamos que es una forma a través de la cual liberar recuerdos que creía dormidos y que hoy se han despertado al conocer que este mismo día, pero en 1981, falleció el original Bob Marley.

Un músico que no forma parte de mi lista de favoritos pero por el que siento simpatía. No tanto por sus canciones sino por lo que influyó en aquellos tres personajes que conocí en unos años donde salir a la calle significaba tropezarte con gente así.

Sin malos rollos. Solo ganas de hablar y soltar su discurso sin pretender convencer a nadie.

Es inevitable por eso que lo compare ahora con estos tiempos en lo que lo más inteligente que me cuenta un conocido es el dinero que está ganando y otro, mientras pega chillidos como si pretendiera hacerse oír –no que lo oigan– defienda la reencarnación de los cangrejos como verdad suprema.  

Arrugo el ceño y pienso entonces que Bob tenía razón.

Solo que se adelantó en el tiempo mientras viajaba en la alfombra mágica de la maría: Ya habitamos la nueva Babilonia, solo que no me creo que el espíritu de Haile Selassie descienda sobre la tierra para poner orden entre tanto desorden organizado.

Sea como sea, recibe amigo Bob –esté entre los vivos o entre los muertos– un invisible pero fortísimo abrazo desde este lado del ordenador.

¿Me preguntas por Bebo Valdés?

Sábado, Marzo 23rd, 2013

¿Me preguntas por Bebo Valdés?

La primera imagen que se me pasa por la cabeza no es por su música, no es por ninguno de sus discos, ni siquiera por las colaboraciones que el ya nonagenario artista prestó al cine en los últimos años de su vida… No, la primera imagen que se me pasa por la cabeza es que el pianista cubano es una metáfora, tan excelente como cualquier otra, para visualizar la realidad de un país divido en bandos que parecen irreconciliables y generador de dramáticas separaciones familiares.

Bebo Valdés fallece en Suecia. Su hijo Chucho Valdés, fundador de los legendarios Irakere, continúa residiendo en Cuba.

Padre e hijo se unieron hace años en un concierto ya inmortal que tuvo lugar en Los Cristianos, Tenerife, y que quienes tuvieron ocasión de verlo y disfrutarlo atestiguan con su memoria que hizo historia.

Una historia muy diferente a la de un país cuyo corazón tiene dos mitades.

La inmensa diáspora que vive en el exilio y a la que le cuesta un riñón perder ese acento dulzón en el que las R se convierten en L pegajosas y almibaradas, y otro representado por los que se quedaron y viven resignadamente –“no es fácil, chico, hay que trabajar mucho”– en un territorio que parece que se quedó detenido en el tiempo.

Cuba es de hecho una tierra donde las agujas del reloj se detuvieron a finales de los años cincuenta del pasado siglo XX, cuando las tropas de guerrilleros verde olivo descendió de la Sierra y parecían traer la tierra prometida que todavía hacía costras en sus revoltosas y revolucionarias barbas.

Bebo Valdés tocaba el piano, el gigante de color oscuro no quiso nunca entender de lides políticas, esa batalla por las ideas que no comprende donde suena el corazón de la música.

Valdés debe de tocar con los ángeles si existe algo parecido al cielo.

Cuenta la leyenda que Cristóbal Colón dijo, cuando pisó por primera vez la mayor de Las Antilla, algo así como “esta es la tierra más hermosa.” Una frase cursi que parece sacada de un rancio anuncio turístico, aunque se perdona porque se nota que está empapada por la emoción: “la tierra más hermosa”.

El piano más hermoso fue el de Valdés.

Piano que pone ahora acento sonoro a la degradación de lo que tuvo que ser antaño la antesala del paraíso.

El fantasma de El Caballón, como se le conocía, debe de flotar ahora por La Habana mientras le llora en silencio resignado su hijo Chucho.

Una Habana que se cae a pedazos.

Anciana ciudad de La Habana cuyas calles y avenidas las salpican cicatrices resultado de la dejadez de un sistema que nunca prestó demasiada atención a su música.

El Caballón tuvo otro temple que el Caballo, que no es otro que Fidel Castro.

Un Fidel Castro al que imagino como un patriarca envejecido que no ha perdido su mal genio.

Esa obstinación retorcida que lo ha hecho símbolo de una causa inevitablemente perdida.

¿Me preguntas por Bebo Valdés?

Quiero recordar a Valdés recorriendo con sus dedos las teclas de un piano.

Al fondo La Habana y las olas del mar rompiendo contra los muros desgastados del paseo del Malecón.

Saludos, azúcar amargo, desde este lado del ordenador.

Muy interesante…

Lunes, Marzo 18th, 2013

* El Organismo Autónomo de Cultura del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife y la Filmoteca Canaria en colaboración con la Filmoteca de Catalunya, proyecta el 19 de marzo a la 20.30 horas una selección de las imágenes más antiguas de la isla de Tenerife que conserva la Filmoteca y cortos realizados por el cineasta español, Segundo de Chomón a principios de siglo pasado (1904-1908) para conmemorar la primera proyección de cine que realizó el cineasta y fotógrafo palmero Miguel Brito en el Teatro Guimera, hace ya 115 años  El precio de la entrada es de tres euros.

* Indifestival y Escena Miriñaque ha otorgado el premio a la mejor interpretación masculina a Javier Cuevas por Hamlet Post Acriptum, de Roberto García de Mesa, pieza que acogerá el sábado 23 de marzo el Espacio Cultural Aguere a partir de las 20 horas. El precio de la entrada es de 8 euros.

* Les invitamos a que visiten la página oficial de Eduardo Bercedo en Facebook, en la que además de poder escuchar su música también estarán al día de su apretada agenda de conciertos.

Saludos, flotando en algún lugar del océano, desde este lado del ordenador.

Palabra de Jebediah Leland (y 3)

Miércoles, Febrero 27th, 2013

* TEA Tenerife Espacio de las Artes acoge desde este viernes, 1 de marzo, y hasta el domingo en dos pases, 19 y 21.30 horas, el estreno en Canarias del primer largometraje del cineasta tinerfeño Miguel Ángel Toledo, La senda.

El filme, escrito por el director junto a Juan Carlos Fresnadillo, está protagonizado por Irene Visedo y Gustavo Salmerón y se trata de una cinta de carácter fantástico en la que encuentro huellas de El carnaval de las almas, un clásico del cine de serie B cuya memoria, lamentablemente, solo conservamos algunos.

En este su blog ya le dedicamos un comentario a La senda, pero ésta es una buena oportunidad para verla en pantalla grande así como una invitación para adentrarnos en el peculiar universo de Toledo, quien arma un largometraje fantástico muy apegado a la realidad.

Eduardo BercedoEdui para los que forman el clan, actúa en directo el viernes, 1 de marzo, en el Malavida. Ideas y copas, local situado en la santacrucera calle Clavel, 3.

En este concierto, el fundador de grupo ya legendarios del rock canario como Venus en surf y Nuclear Baby, repasará viejas y nuevas canciones en las que Bercedo se nos muestra no ya como un músico potente sino como el inmenso letrista que lleva dentro.

La audición, como colofón al estreno de La senda, no es un mal plan cultural para este fin de semana.

* El jueves, 7 de marzo, a las 19:30 horas, tendrá lugar en Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Las Palmas de Gran Canaria la presentación de La estrategia del pequinés, del escritor Alexis Ravelo, título que comentamos recientemente en este mismo su blog.

La presentación de la capital grancanaria se ha planteado como un acto abierto a la participación, y acompañará a Ravelo el editor Gregori Dolz Kerrigan, quien desvelará algunas de las claves de escritura de esta nueva novela, que supone un giro de noventa grados en la producción del narrador, así como el inicio de su colaboración con la editorial Alrevés, que reúne en su catálogo a autores como Carlos Quílez, Víctor del Árbol, Andreu Martín, Susana Hernández o Luis Gutiérrez Maluenda.

Alexis Ravelo presentará en mayo La sonrisa del pequinés en Tenerife.

¡Aquí lo esperamos!

Saludos, malas noticias: fallece la actriz María Asquerino y el filósofo y activista Stéphane Hessel, desde este lado del ordenador.

George Harrison, en su 70 aniversario

Lunes, Febrero 25th, 2013

Si hay un miembro de The Beatles por el que siento algo especial ese es George Harrison. Las razones no son estrictamente musicales, ni siquiera que pareciera el más serio y estirado del grupo. No, que va, mis razones son más de cercanía. Un día, hace ya mucho tiempo y por casualidad, descubrí que Harrison había nacido el mismo día, no en la misma fecha que quien ahora les escribe. Este lunes, de hecho, hubiera cumplido setenta años si el cáncer que acabó con su vida no lo hubiera hecho. Pero así es el puto cáncer. La misma palabra lo dice.

No voy a cortar y pegar los registros biográficos que sobre este guitarrista y compositor inunda el paisaje de la red, pero sí la de intentar explicar la simpatía y la nada objetiva manía que asumo cuando me digo que entiendo bastante de las cosas por las que pasó a lo largo de su vida  porque, pienso, esto de nacer el mismo nos aproxima.

Partiendo que es una soberana tontería esta ingenua reflexión ya que al menos conozco a tres personas, una de ellas una mujer, que nacieron también un 25 de febrero y la verdad sea dicha no nos parecemos en nada salvo en ir por la vida como seres humanos, debo de reconocer que me llevé una agradable sorpresa cuando descubrí que George Harrison y Anthony Burgess, que fue un excelente escritor además de La naranja mecánica, habían nacido un 25 de febrero que pare ellos como para mi fue la fecha de inicio, el primer pistoletazo de salida en esta carrera de obstáculos en la que convertimos la vida.

Antes de descubrir que Harrison había venido al mundo el mismo día que quien ahora les escribe, a mi quien me gustaba de The Beatles era Ringo Starr, que asumió nada más entrar en el grupo la función de payaso, del gracioso que tocaba además ese instrumento musical que todo aquel que no tiene oído para la música cree que puede tocar bien: la batería.

Yo solía cantar, bueno, repetir una y otra vez Yellow Submarine que es la canción más popular de las pocas que interpretó como cantante Starr estando con The Beatles. Otro título por el siento cariño y que me encanta recitar inventándome la letra en ese inglés de garrafón que me caracteriza es The Octupus Garden. Curiosamente, el resto de las canciones que mayoritariamente firmaron John Lennon y Paul McCartney apenas las silbo o hago que interpreto porque las asocio a periodos muy importantes de mi adolescencia. Esa fase de la vida en la que te vas forjando y en la que resulta muy importante los temas musicales que desde ese entonces formarán parte de lo que los cursis llaman como la banda sonora de tu vida.

Con o sin banda sonora, durante un tiempo no me cansé de escuchar sus discos en solitario y los vinilos que integraban el concierto de Bangladesh que Harrison organizó para apoyar  al que probablemente continúe siendo uno de los países más pobres del planeta.

A Harrison siempre le fue el rollo espiritual hindú. Por lo que buscó un maestro que serenara sus contradicciones internas para encontrarse a sí mismo. No sé si se encontró a sí mismo Ni siquiera si mereció la pena que se encontrara a sí mismo si lo hizo. Lo que de verdad importa de este compositor más allá de The Beatles es que nos regaló un puñado de canciones que, carajo, sí que forman parte de la banda sonora de mi vida.

Ahí está Taxman, Something y Here Comes the Sun, entre otras.

La vida de Harrison resultó la menos visible de los cuatro integrantes de The Beatles una vez que el grupo se disolvió como un terrón de azúcar en un café con leche.

John Lennon escribía y cantaba canciones mientras hacía campaña por la paz siendo espiado junto a su mujer, Yoko Ono, por el mismísimo FBI; Paul McCartney continuó componiendo excelentes canciones y ganando mucho dinero y Ringo Starr probó suerte en el cine donde se encontró con Barbara Bach en una comedia cafre que, en mis tiempos mozos, gozó de bastante éxito como es la tontorrona Cavernícola.

Pero, ¿dónde estaba George Harrison?

En todos esos años, su amigo Eric Clapton le birló a la novia y él tuvo tiempo para meter sus dólares en producir películas. Una de ellas, El hombre elefante, contribuyó a cimentar la fama de cineasta de lo extraño del hoy cada día más extraviado David Lynch.

Tras la muerte de Lennon por un hijodeputa que lo tiroteó a las puertas de su casa tras pedirle un autógrafo, The Beatles dejaron de ser leyenda para convertirse en algo así como una religión.

Una religión que contaba además con un hombre que nos ayudó a imaginar un mundo mejor y que fue sacrificado cuando a un hijodeputa se le cruzaron los cables porque confesó nada más ser detenido: solo quería ser un guardián entre el centeno.

Fui de los muchos que hizo vigilia aquel 8 de diciembre de 1980 en la plaza de España de la capitá en la que vivo en señal de respeto por el que muchos aseguran fue el mejor de The Beatles.

Evito entrar en ese debate primero porque no soy un beatlemaníaco autorizado y segundo porque a mi los cuatro me gustan juntos y por separados.

George Harrison hubiese cumplido hoy setenta años.

El mayor tributo que puedo hacerle es escuchar sus discos.

También el de intentar ver George Harrison: Living in the Material World, el documental de Martin Scorsese.

Después no hay más, sino esa extraña sensación que todavía me asalta cuando pienso que tal día como hoy pero hace setenta años nació un tipo llamado George Harrison.

Saludos, Something, desde este lado del ordenador.