Archive for Julio, 2010

Memorias de un bombero de la ‘Farenheit 451′

Domingo, Julio 4th, 2010

Visito el Rastro de la capital tinerfeña sin muchas esperanzas de encontrtar algo que valga la pena. Doy una vuelta y me encuentro en los puestos de siempre. Cambio de rumbo y salto el trayecto tradicional y pierdo el tiempo rebuscando en tongas de libros.

Me encuentro con dos amigos, a uno de los cuales tengo que rendirle pleitesía guanche porque me ha pasado la primera temporada de la serie Espartaco, esa en la que uno de sus productores es Sam Raimi y que se caracteriza además de su molesta influencia con la película 300, por su inusitada violencia.

Ver cada uno de sus episodios es como ver una película gore elevada al cubo. La serie, no obstante, lo advierte al llevar el subítulo de sangre y arena.

Así que sólo por lo delirante de su planteamiento, por ese regusto radical y extremo de mostrar a la legendaria Roma como patria de mujeres con el demonio en el cuerpo y gladiadores recién salidos del gimnasio merece la pena si uno va más allá de la cortedad de miras tradicional. Espartaco resulta a ratos pornográfica. Y no por las escenas de sexo que muestra sino por los combates en la dichosa arena.

Como el Rastro es una tierra que sorprende a veces encuentro alguna cosa interesante para los gustos de quien les escribe. La novela Habana del historiador Hugh Thomas y La  reina del Antártico, de Edison Marshall, en una viejísima edición pero en perfectas condiciones de la colección Biblioteca Oro que editaba en la noche remota de los tiempos la legendaria Molino. En la mesa hay más pulps, todos ellos contenidos en bolsas de plástico para su conservación. Encuentro ejemplares de The Shadow y novelas que prometen gracias a aquellas impagables portadas y hasta relatos de Charlie Chan, el detective chino. Una juerga para un aficionado a este tipo de noveluchas, una borrachera para un fan de este tipo de subliteratura que dirían otros.

Sigo caminando por el Rastro, intentando percibir algo en el ambiente por aquello de que igual lo trasladan de sitio, pero no aprecio nada. El Rastro está inalterable. Se escucha la misma banda sonora confusa, el murmullo de la gente. Casi todos con los dedos manchados de mugre tras rebuscar en las tongas… El sol deja escapar algún rayo entre las nubes que pueblan esta extraña mañana de domingo.

Me vuelvo a encuentrar con los dos colegas y buceo con ellos zonas inexploradas del Rastro aunque sin encontrar nada. La sorpresa del día la he encontrado solo, en ese puesto donde un señor con su hijo vendía colecciones de pulps enfundados en plástico. ¡Qué los dioses los tengan a ambos dos en su gloria!

Descubro en un puesto Campos de Londres de Martin Amis, editada por Anagrama. Un euro me cuesta el tostón. Y es en ese momento cuando uno de los que me acompaña empaña el día.

- Ese libro tiene el lomo quemado. Seguro que su anterior dueño murió en un incendio y sólo escapó ese libro.

Me desarma esta reflexión. Empapo en saliva el dedo pulgar e intento quitar del lomo esa antipática mancha negra y no hay manera.

- Déjalo porque es inútil.- dice el agorero.

Y de repente ya no quiero ese libro. Se lo regalo pero no lo acepta. Así que me lo tengo que llevar a casa donde lo miro y lo remiro.

Consulto su primera página a ver si me engancha… y me engancha pero el fantasma de lo que me dijo el colega me muerde la cabeza. Y me pierdo en paranoias.

Tiro el libraco sobre el lavabo del cuarto de baño y me pongo en la piel de uno de los bomberos de Fahrenheit 451. Es decir, que enciendo el mechero y quemo sus páginas.

Veo en la oscuridad como las llamas van devorándolo poco a poco y siento, dioses, un inexplicable placer que me sabe a liberación.

Y eso me asusta.

No la fascinación de las llamas. Sino el acto ritual de quemar un libro. De hacerlo desaparecer.

Crepitan las páginas. Las cucarachas de casa se esconden en las grietas alarmadas. Veo mi sombra moverse juguetonamente en la pared del cuarto de baño.

Y exclamo, beodo, Fahrenheit 451: ¡la temperatura en la que el papel de los libros se inflama y arde!

Saludos, de verdad que lo siento, señor Amis, desde este lado del ordenador.

Fimucité, uno, dos, tres, cuatro y los que vendrán…

Domingo, Julio 4th, 2010

Fimucité inicia este lunes, 5 de julio, el pistoletazo de salida de su cuarta edición con la apertura de su programa de actividades paralelas. El Espacio Cultural CajaCanarias acogerá así a las 17.45 horas la presentación del libro La conexión Williams-Spielberg, compositor y cineasta a través del cual giran este año parte de los contenidos del Festival.

En este volumen colaboran Pedro Mérida y Manuel Díaz, coordinadores editoriales y miembros del Festival, así como el director del mismo, Diego Navarro; Nancy Knutsen de ASCAP; Dan Goldwasser y Owen Carter de Soundtrack.net; Andrés Brito y Acaimo González, de la Universidad de La Laguna; Juan Ángel Saiz, de la Universidad Politécnica de Valencia, y Pablo Nieto y David Serna de ScoreMagacine.

En el mismo espacio, pero a las 18,30, una mesa redonda analizará La música para el cine de John Williams.

Por la tarde, a las 20.30 horas, la Banda Sinfónica del Conservatorio Profesional de Santa Cruz de Tenerife a las órdenes de Benigno Cedrés interpretará composiciones de Jerry Goldsmith, Nino Rota, Charles Chaplin, John Barry y Klaus Badelt, entre otros.

ANÍMENSE

Invito a los interesados a que consulten el calendario de actividades en la página web del Festival, ya que se trata de una oportunidad única para disfrutar de un encuentro en el que, pese al continuo batallar de sus organizadores por contar con un presupuesto digamos que digno, Fimucité ya ha sabido colarse en las agendas de este tipo de festivales.

Me consta, de hecho, que la celebración de su cuarta edición ha sido obra hoy más del empeño del puñado de resistentes que forman parte de su organización que otra cosa. Así que si alguno pensaba que los días de Fimucité estaban contados, que mire a otro lado.

UNA AUSENCIA JUSTIFICADA

Como aficionado al cine y a las bandas sonoras también lamento confesar, no obstante, que nunca he asistido a ninguna de las ediciones de Fimucité aunque la razón me acompaña al ser objetivas: durante las fechas de su celebración no me encuentro en esta tierra. Ello no impide que desde esta modesta atalaya no deje de apoyar una iniciativa que combina música y cine, y que hasta la fecha ha permitido que visite esta tierra grandes compositores y directores de música para cine.

¿Es importante la música en el cine? Obviamente sí. Diego Navarro, director del Festival, intenta vertebrar en torno a Fimucité un conjunto (Tenerife Film Orchestra & Choir) que sirva de reclamo sonoro para todos aquellos directores que se vienen a la isla con el objetivo de que sus músicos pongan el acento sonoro de las películas por las que son contratados. La idea sólo ha germinado, pero quien sabe si en el futuro da una sorpresa.

OTRA AUSENCIA MÁS QUE JUSTIFICADA

Huelga decir, aunque lo diremos, que es un fastidio que John Williams no visite esta tierra en la que nos gusta tanto los plátanos, pero al parecer el compositor es de esas personas que odia coger aviones… No obstante, entre las estrellas de fuera que forman parte de Fimucité 4 figura Bruno Coulais, un compositor de primera división que cuenta, entre otros, con trabajos como Los mundos de Coraline; y Bear McCreary, que dirigirá la sinfonía Battlestar Galactica.

ME GUSTA, NO ME GUSTA, ME GUSTA…

Otra cosa es que a mí, particularmente, me guste o me deje de gustar la música de Williams y las películas de Spielberg. Respecto al primero creo que demostró al mundo que podía huir de su repetitivo sinfonismo en bandas sonoras de excelentes y maduras películas del director de ET como son La lista de Schindler y Munich, filme este último que sigo considerando uno de los mejores títulos en la filmografía del cineasta.

UN LIBRO DE SPIELBERG ESCRITO POR UNO DE AQUÍ

Buscando por mi cuenta una posible conexión Spielberg-Canarias que no tiene nada que ver con Fimucité, recuerdo a los aficionados al universo de este cineasta que el estudioso en temas cinematográficos Jorge Fonte es autor también de un interesante libro sobre Spielberg, y que se da la circunstancia –por si no lo sabían– que Fonte además de ser una de las personas que más sabe de Walt Disney y su universo en España, es responsable también de otros ensayos dedicados a directores como Woody Allen y Oliver Stone, ambos dos publicados en la colección de cine de Cátedra.

Como ya avanzamos en este mismo El escobillón, Fimucité dedica también parte de sus contenidos a rendir homenaje al compositor Alex North, de quien se celebra este año el centenario de su nacimiento.

Así que…

Saludos, quitándome el sombrero, desde este lado del ordenador.

Verbinski sigue apostando por Fresnadillo para rodar ‘Bioshock’

Sábado, Julio 3rd, 2010

Mientras el cineasta Juan Carlos Fresnadillo rueda en Londres su tercer largometraje, The Intruders, con Clive Owen como protagonista, el también cineasta y productor Gore Verbinski ha anunciando que sigue contando con el director canario para llevar a pantalla grande el video juego Bioshock, aunque  ajustando el presupuesto a la baja.

Bioshock, asegura Verbinski, será una película para adultos (calificada R en EEUU) y de terror bajo el agua.

Saludos, ¿eso que oigo son gritos de España, España…?, desde este lado del ordenador.

Reflexiones de un viejo que no pretende ser decente

Viernes, Julio 2nd, 2010

I was born under a wand’rin’ star…

COMPARACIONES ODIOSAS

Entre las muchas cosas que me fastidian (será cosa de la vejez, leñe) es que se compare a un tal Kaká con fulano o mengano. O que se diga algo así como: He vendido eso como un Ferrari cuando se trataba de un 600.

¿Qué pretenden?

Cuando uno de mis nietos me informa de las idioteces que tiene que soportar por esto en su puesto de trabajo me pregunto porque ninguno de sus iluminados jefes recurre a otras comparaciones. A mi, por ejemplo, me gustaría que el gritón de turno y que lo tiene agarrado literalmente por los cojones (laboralmente hablando) le soltara “joder, tío, es que pensé que eras como John Ford y al final has resultado ser Ed Wood”. O “pensé que contrataba a Ray Bradbury y me has salido un Ray Barbry”. Para quienes no lo sepan, cabestros, lo de Ray Barbry es un pseudónimo al que recurrió uno más de aquellos escritores fantasmas que en los años cincuenta y sesenta del pasado siglo se ganaban la vida con su literatura de todo a cien camuflando sus verdaderos y castizos nombres por Clark Carrados, Silver Kane o ese mismo Ray Barbry que, como habrá observado el atento lector, nacía con el espíritu de despistar al personal haciéndole creer que se trataba del mismísimo Ray Bradbury.

Tal y como están las cosas y dando ya por inútil que quienes recurren a los símiles culturicen su lenguaje, debo de confesar que a mí esto de las comparaciones con jugadores galácticos o automóviles que no cortan carreteras sino vuelan me pone los pelos de mi arrugada piel de punta. Será porque cuando oigo que lo suelta el jefe o quien tiene el parné lo que amenaza es tormenta. O una manera nada elegante de señalarle la puerta y enviarle a  la puta calle para que forme parte del equipo de parados que tanto crece y se multiplica en este país llamado España.

UN FELIZ DESCUBRIMIENTO

Leo con bastante agrado un libro la verdad que inclasificable: Fuck America. Lo hago contagiado por las elogiosas críticas que leí el sábado pasado en algunos suplementos culturales y su recomendación, afortunadamente, no es equivocada. Con Fuck America de Edgar Hilsenrath te partes de la risa y también te partes con las lágrimas.

Sus capítulos finales son de aquellos que ponen la piel de gallina. Busco desesperadamente otra novela del mismo autor publicada en castellano, El nazi y el peluquero, pero me avisan en la librería en la que suelo recalar cuando no tengo nada mejor que hacer (casi todos los días) que está descatalogada. En fin.

POLÉMICA CON EL RASTRO DE SANTA CRUZ DE TENERIFE

No he seguido con mucha atención la que se está montando en torno al Rastro de la capital tinerfeña porque por aquello de la edad ya no me fijo bien en las cosas, pero si leo bien las informaciones creo entender por las críticas formuladas ahora desde la Federación de Comercio de la provincia de Santa Cruz de Tenerife (Fedeco) que se pretende –una vez más– que el mercadillo cambie de ubicación.

Coño, pienso. Y sigo leyendo pegando los ojos en la pantalla del ordenador de mi nieto.

Estos señores quieren además que se vele por las mercancías que se venden en el rastrillo aprovechando la publicación del nuevo Real Decreto que regula la venta ambulante.

Cómo no, la panda de Fedeco ha planteado igualmente que la imagen que ofrece el Rastro “quizás no sea la más adecuada para un municipio como Santa Cruz, en cuanto a que no mantiene una uniformidad estética, carece de instalaciones y la mercancía se expone en innumerables casos en el suelo”.

Y esta bobería me hace pensar como abuelo que esta gente –los de Fedeco– no han puesto la suela de sus zapatos en ningún mercadillo o rastro en su puñetera vida.

Paralelamente, la presidenta del Rastro, Carmen Tejera, ha anunciado (no sé si lo habrá hecho efectivo) que dimitirá de esta responsabilidad al no estar de acuerdo con que se obligue a que todos los vendedores ambulantes tengan que pagar una licencia para poder vender.

La señora añade que “estamos en crisis y hay muchas personas que aprovechan para sacarse un dinero vendiendo cosas de segunda mano”.

Y yo me reitero, como habitual paseante del Rastro santacrucero y sin ánimo de entrar en polémicas, que los señores de Fedeco nunca han pisado un Rastro. Y les ruego, como viejuno, que me sean inteligentes. Más que sea…

Y lo reclamo enarbolando el bastón porque el Rastro santacrucero se ha convertido para mí es un lugar magnífico en el que aventurarme precisamente porque no está ordenado.

Un domingo vas y te parece más chico. Y otro vuelves y te parece más grande, lo que me permite explorar nuevos y apasionantes territorios.

Y es que un rastro, y el de Madrid es un ejemplo, no es otra cosa que eso.

Una espontánea galería comercial en la que unos se desprenden y otros aprehenden. Intentar organizar algo así, cuya existencia vive precisamente de la improvisación, es como condenarlo a muerte.

LA INCREÍBLE HISTORIA DEL PREMIO MENGUANTE

Serán los años, carajo, pero me sorprende, la verdad, que el director, guionista y presidente de la Academia de Cine, Álex de la Iglesia, haya obtenido el Premio Nacional de Cinematografía 2010, dotado con 30.000 euros y que concede el Ministerio de Cultura a los profesionales que durante el año anterior han desarrollado la labor profesional más sobresaliente.

Y cuento esta batalla porque a juicio de este achacoso espectador la obra de Álex de la Iglesia dejó de saberle a innovadora y transgresora dentro de un cine como el español tan poco innovador como trangresor desde que estrenó en la noche de los tiempos El día de la bestia.

No pretendo con estas temblorosas líneas cuestionar la decisión del jurado, pero sí la de reflejar un asombro viejuno porque si valoro el trabajo del tal Álex como cineasta no hay que tener dos dedos de frente para darse cuenta que la filmografía de este caballero se quema con la misma facilidad con que se van los días de mi ya larga existencia. ¡Cien años como estrella errante pesan!

Al margen de que el premio valore también su “clara labor” a favor “del consenso y del acercamiento entre todos los que forman parte del cine español, y de ellos con la sociedad” como presidente de la Academia, cinematográficamente lo más interesante de la Iglesia como cineasta es, a mi modesto entender, su corto Mirindas asesinas, aquella frustrada Acción mutante que más tarde degeneró en la deplorable serie para televisión Plutón B.R.B. Nero, y su El día de la bestia. El resto, incluida La comunidad, un tostón en toda regla: Perdita Durango (1997), Muertos de risa (1999) 800 balas (2002) Crimen ferpecto (2004) y Los crímenes de Oxford (2007).

La prueba del tiempo, como el algodón, no engaña. ¡Si lo sabré yo!

ABRAN LOS OJOS

Ojo porque también me incluyo entre los que forman parte de esta odiosa estadística que revela que la venta de libros descendió en el primer semestre de este año un cuatro por ciento con respecto al mismo período de 2009.

No sé las razones de los demás, pero la mía es francamente objetiva: los libros que me gustan resultan demasiado caros para un bolsillo que por aquello de la pensión que percibo no puedo permitirme, aunque haya días en los que mi santa señora me permite un homenaje.

Espero, no obstante, que editores y libreros lean con atención este  descenso en ventas para que vayan planteándose otras políticas con respecto al libro dichoso. De hecho, y pese a mi fobia con los adelantos tecnológicos, uno de mis nietos ya me está dando clases para que aprenda a bajármelos por la Internet.

Y palabrita que aprenderé.

Y UN ÓBITO

Se nos ha muerto el dibujante Víctor de la Fuente. Dijo adiós al mundo conocido a la edad de 83 años en la localidad francesa de Le Mesnil Saint Denis. En su producción como historietista destacan series como Los Gringos, La siberiana y Los Ángeles de acero.

¡Descanse en paz, maestro!

Saludos, en esto que llaman la tercera edad, desde este lado del ordenador.

¡Toma, Moreno, toma!

Jueves, Julio 1st, 2010

PRÓLOGO

No fui un niño que tuviera pesadillas. Las vine a padecer oficialmente mayor y son tan extrañas y amargas que no merece la pena que insista en las muy jodidas. Pienso ahora que si fui una feliz criatura que solía dormir como un lirón sin que me asaltaran los miedos se debe, probablemente, a que desde muy pequeño me sedujo en el amplio universo del entretenimiento eso que se llama género de terror. Con todas sus chispeantes variantes.

Empaparme a tierna de edad de las historietas truculentas que publicaban revistas como Vampus o Rufus, Dossier negro o Espectro, así como de todas aquellas novelas y películas que se me ponían a tiro blindó mi cerebro hacia todos aquellos terrores que profanaban el sueño de mis amigos.

Reconozco, no obstante, que como espectador de esta clase de películas no soy el más recomendable ya que suelo brincar en la butaca. Recuerdo incluso que en una ocasión hasta solté un alarido.

Esto del grito sucedió hace muchos años y fue durante la proyección de una película de la que hablaré más abajo y que disfruté (porque con este género el que suscribe disfruta) en el ya legendario por desaparecido cine Greco, en la capital tinerfeña.

MIS MIEDOS INFANTILES

Si hay algo que siempre me ha producido mal rollo en las películas de terror son todas aquellas que están protagonizadas por niños y juguetes infantiles. Y si estos juguetes son muñecos la piel se me pone literalmente de gallina.

Este post me lo sugirió el visionado el otro día de un episodio de la Dimensión desconocida que pesqué en YouTube (hay que ver las tres partes) y que se titula, precisamente, El muñeco. Pueden disfrutarlo en versión original y también con doblaje sudamericano si pichan el enlace. Yo escogí la versión doblada porque me apetecía volver a escuchar aquellos acentos y recuperar mis viejos tiempos ante el televisor en blanco y negro que había en casa de mis padres (todavía me acuerdo de su marca, Pradoni) y que jubilamos cuando se impuso la tele a color sin que ningún día dejara de prestar leal servicio.

Es probable que si algunos de ustedes pinchan el enlace para contemplar este episodio de Twilight Zone se pregunten cómo demonios le produjo tal viruje a quien les escribe, pero créanme si les digo que fue verlo el otro día y no parar de mirar hacia atrás por si aparecía el puñetero muñeco del ventrílocuo.

Y PESE A TODO ME GUSTAN LOS VENTRÍLOCUOS

A mi los ventrilocuos me gustan bastante, debe ser porque los muñecos y en ocasiones quienes los manejan me dan miedo. Y ya saben que el miedo es una de las emociones más antiguas de la humanidad.

Es tanta mi pasión por los ventrílocuos que incluso me gustan malos ventrílocuos como Mari Carmen y sus detestables muñecos. Comenzando por doña Rogelia y terminando con aquel pato chulazo que se llamaba Nico. Mari Carmen sin embargo no copa el sube y baja de mis cotidianos desprecios como José Luis Moreno, un personaje que ya de por sí parece sacado de un cuento de terror por aquello de que parece ser el verdadero muñeco y no Macario o el cuervo Rockefeller, tan simpático con su reivindicativo ¡toma Moreno, toma!

Respecto a las películas con ventrílocuos como protagonistas (la mayoría curiosamente de carácter fantástico) les invito a que pinchen este enlace, ya que ha sido repasar la extensa lista de nombres que se citan para que inmediatamente volviera al pasado al recordar la primera y última vez que vi la excelente Al morir la noche, y la mejor de las cinco historias que se desarrollan en esta película protagonizada por un ventrílocuo y su muñeco. Me consta que ha sido editada recientemente en formato dvd.

EL GRITO

Como me he ido por las ramas, ya que comencé relatando mis miedos con niños en el cine  (Suspense y El otro me vienen ahora a la cabeza) o con juguetes como protagonistas, aprovecho este espacio para contarles lo que avanzaba al principio, mi primer y único grito de terror que he soltado viendo una película en pantalla grande. Con Tiburón no vale porque ahí lo que chillamos la chiquillada fue el ya mítico: “muere hijo de puta” cuando Roy Scheider manda al infierno al gigantesco escualo.

El filme al que me refiero es Poltergeist, de Tobe Ho0per macerado por Spielberg, y la escena –para quien la haya visto– es aquella en la que el niño despierta por la noche a causa de una tormenta y mira a su alrededor cuando sus ojos descubren sentado en una silla a su muñeco gigante de payaso. El chico continúa con su inspección ocular y cuando regresa a la silla descubre (glup) que el payaso ya no está. Y entonces… entonces… Brrrrr, todavía me produce escalofríos evocar esa escena.

EPÍLOGO

Les contaba al principio que no fui un niño con pesadillas. Y es verdad. Los miedos conjuraron en mi cabeza cuando dejé de llevar pantalones cortos. Miro hacia atrás quizá por la necesidad de comprender el origen de mis actuales pesadillas y ahora llego a la conclusión que cuando fui infante vi la luz: esto de ser adulto es lo mismo que convertirse en un muñeco.

Ya no sé si de ventrílocuo.

Saludos, ¡a lo toma Moreno, toma!, desde este lado del ordenador.