Archive for the ‘Libros’ Category

La ternura del caníbal, una novela de Víctor Álamo de la Rosa

Lunes, Junio 15th, 2020

Tras pasar el fechillo (o cerrojo, como prefieran) a su ciclo de novelas de Isla Menor, Víctor Álamo de la Rosa regresa con La ternura del caníbal (Ediciones Siete Islas, 2020), libro que cierra una trilogía que, según el autor inició con Todas las personas que mueren de amor, novela por la que obtuvo el Premio Benito Pérez Armas en 2013 y continuó con El pacto de las viudas. Tres libros que, aparentemente, no tienen nada en común salvo cierto barniz fantástico que en La ternura del caníbal transita por los territorios de la distopía aunque lo que más le interesa a su autor son las relaciones de pareja y dar una explicación a lo que las condena irremediablemente al fracaso.

En este aspecto, La ternura del caníbal mantiene una continuidad con las otras dos novelas que forman parte de la trilogía, siempre según el autor, libros que salvo el primero, Todas las personas que mueren de amor, revelan a un escritor más suelto y no tan amarrado (o atado) a las complejidades del estilo.

Esto da como resultado que La ternura del caníbal sea una novela que se caracteriza entre otras cosas por un notable (e insospechado) sentido del humor, un humor corrosivo (reír es tomarse las cosas en serio, decía el músico y escritor francés Boris Vian) que vuelca en su resignado protagonista que podría llamarse Pablo.

El libro está divido en dos grandes bloques, un primero titulado Del susto y un segundo De la interferencia y consta con una Introito (para amenizar el baile) y un Epílogo (para darte un final). Llama también la atención, en contra de otras novelas del autor, el tinte de crítica social que asoma en sus páginas.

Crítica que arremete contra las clases sociales que aparecen en ese universo distópico en el que habitan los ricos y poderosos, los trabajadores y los parias de la tierra. También una horda de caníbales que reparten justicia social en una ciudad con cuatro elevadas y enigmáticas torres. Estos elementos no se sabe muy bien si son reales o ficciones de ese estado explotador que se parece tanto al nuestro pero saben captar la atención del lector, quien se deja llevar por los laberintos en los que se sumerge primero el protagonista y en la segunda mitad, Melany, la otra mitad de una naranja que se seca lentamente al sol.

Como ya hiciera con Todas las personas que mueren de amor, La ternura del caníbal reúne dos novelas en una, por lo que gustará a algunos más la primera o segunda parte del libro. En nuestro caso ha sido su primer tramo, que es donde Víctor Álamo de la Rosa deja correr su imaginación e intenta dar coherencia a ese mundo inventado con el que juega continuamente con el lector para recordarle que, a pesar de tratarse de una ficción, esa misma ficción está inspirada en hechos que podrían ser reales. La vida misma, con independencia de la ciudad y en el país en el que se viva.

En este escenario, el escritor plantea entre otros dilemas uno bastante transparente: el amor o el romance o mejor la seducción. También la convicción de que todas las épocas (o mundos) son iguales y que solo el amor es capaz de hacerlas soportables.

No obstante, y en ese universo que promete oportunidades que son mentira, Víctor Álamo insiste en destacar que solo podemos sobrevivir si hay amor. Y si en esa relación hay sexo, mucho mejor porque la cosa funciona además de proporcionar placer, lo que relaja y ayuda a ver las cosas de otra manera porque da perspectiva al quitarnos las tensiones de la vida diaria. O esa realidad demasiado cambiante.

La segunda parte toma como protagonista a Melany, la supuesta pareja del supuesto Pablo y el punto de vista anterior se fragmenta en mil pedazos. Si antes hubo asomo de crítica social, caníbales que actúan contra los poderes (una especie de espontáneos parias de la tierra que no muertos vivientes o zombis), romance y amor que queda en nada por el egoísmo sentimental de su protagonista masculino, el relato de los acontecimientos da un giro radical según la mirada femenina ya que no tiene, a mi parecer, el encanto de la primera parte. Un hecho que suele ocurrirme con otras novelas del autor pero que en La ternura del caníbal logra manejar con brío ya que propone una nueva y fresca mirada sobre el relato. Relato en el que Víctor Álamo de la Rosa se cuestiona todo lo que se ha leído hasta ese momento.

El juego, si se acepta sin condiciones las reglas, tiene hasta su gracia y sirve para reconocer el compromiso de un escritor que se mueve bien en estos espacios donde más que presentar personajes propone variaciones de sí mismo con independencia del sexo de sus protagonistas.

Melany va en busca del que podría llamarse Pablo en las torres que se erigen en el centro de una urbe que acepta todos los puedes que quieran: es una invención o es una realidad, aunque si se continúa la lectura da igual que resulte una cosa u otra porque lo que importa, más allá de dar credibilidad al atractivo escenario en el que van de un lado a otro los personajes, es contar cómo él y cómo ella viven dentro de un universo que si pertenece a alguien es a su creador. Un escritor que explora ahora otros espacios tras explotar el de Isla Menor.

Territorios, los de su nueva literatura, curiosamente, urbanos y en los que da rienda suelta no ya a sus constantes sino a su mirada como escritor. Mirada que observa con resignación a la especie humana, a las relaciones de pareja y a una acción política que no deja de ser rabiosamente radical pero también significativamente política.

Saludos, la nueva normalidad, normalidad, nueva, desde este lado del ordenador

Notas con mucho de agridulce

Viernes, Junio 12th, 2020

* El Ayuntamiento de La Laguna acordó este jueves, 11 de junio, una moción institucional para el inicio de un expediente de distinciones y honores al poeta y escritor José Carlos Cataño (La Laguna, 1954-Barcelona, 2019).

* Una triste noticia, fallece esta semana en Madrid el actor Chicho Castillo a la edad de 58 años. Castillo formó parte del reparto de la serie Hierro e intervino en diversos episodios de El Juramento de Punta Brava, Balas Perdidas, Al salir de clase, Física o química y Ana y los siete.

* Antonio Martín Piñero obtiene con Amarillos el XII Premio Bienal de Poesía Joven Emilio Alfaro Hardisson que convoca el Ateneo de La Laguna. El poeta nació en la capital tinerfeña en 1998 y estudia cuarto curso de Filología Hispánica en la Universidad de La Laguna además de colaborar en la revista y los simposios organizados por la Asociación cultural Cipsela.El jurado de esta edición estuvo formado por los escritores y poetas Antonio López Ortega, Verónica Aranda y Yapci Bienes, quienes deliberaron el fallo telemáticamente.

Saludos, game over, desde este lado del ordenador

Isamel Lozano Latorre: “Rindo homenaje a los héroes que lucharon por los derechos LGTBI”

Lunes, Junio 8th, 2020

Vagos y maleantes (Editorial Siete Islas, 2020) es una novela de Ismael Lozano Latorre (Granada, 1978) en la que rescata un pedazo de la Historia de Canarias mal y poco conocido: la existencia de 1954 a 1966 de la Colonia Penitenciaria de Tefía, Fuerteventura, centro que aprovechó las instalaciones de un complejo abandonado para encerrar a los “vagos y maleantes” que atentaban contra la moral de un régimen que, como el franquista, intentó imponer un represor modo de vida a los españoles. En estos centros solían acabar presos comunes, políticos y homosexuales a quienes se encerraba con el objetivo de su reeducación.

Ismael Lozano Latorre utiliza este material para narrar una historia de amor condenada al fracaso y que se articula en torno a a los recuerdos de un anciano al que se le ha diagnosticado Alzheimer y que estuvo preso en Tefía en los años 50.

La novela se preocupa por describir la relación frustrada de dos hombres en unos tiempos muy difíciles para que pudieran sellar su relación y carga las tintas no solo contra el aparato represor franquista que fue capaz de poner en marcha aquella maquinaria inhumana sino también a Lesbianas, Gays, Bisexuales, personas Transgéneros e Intersexuales (LGTBI) que han olvidado “a los héroes sin capa” que lucharon y en algunos de los casos perdieron su vida en defensa de los derechos que tienen en la actualidad.

- ¿Por qué Vagos y maleantes?, ¿podría explicar quiénes eran esos vagos y esos maleantes?

“Vagos y maleantes eran todos aquellos que el régimen franquista consideraba un escándalo para la moral colectiva. La homosexualidad en España estuvo penada hasta 1978, primero con el artículo 431 del Código Penal y tras la reforma de la Ley de Vagos y Maleantes en 1954 la situación empeoró considerablemente. El nombre de la novela hace referencia a todos esos superhéroes sin capa que lucharon por los derechos del colectivo LGTBI y fueron tratados injustamente”.

- Como mucho de los habitantes que vivimos en Canarias desconocía la existencia de la colonia agrícola penitenciaria de Tefía, Fuerteventura, que sirvió de prisión para presos comunes y políticos además de centro de reeducación de homosexuales. ¿Cómo descubre el centro?

“Durante la presentación de Todavía no me he ido, mi primera novela LGTB, en la Feria de Libro de Fuerteventura, José Barreto de León, de la Asociación Altihay, me habló de la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, un hecho histórico que desconocía. A partir de ese momento, guiado por mi curiosidad, investigué y sentí la necesidad de escribir esta novela porque no es justo que esa parte de nuestra historia haya sido silenciada y no se haya hecho justicia a las víctimas de ese sistema opresivo”.

- ¿Habló con antiguos presos y guardias de la colonia penitenciaria?

“Por desgracia es complicado, la mayoría de los testigos de aquella barbarie han fallecido y otros prefieren permanecer en el anonimato, pero por fortuna, tuve la suerte de contactar con Javier Larrauri que compartió conmigo la entrevista que realizó a Octavio García, uno de presos de Tefía, para su documental Testigos de un tiempo maldito”.

- ¿Quiénes son los protagonistas de la novela?

“Manuel y Lorenzo, dos jóvenes conejeros que se atrevieron a amar cuando el amor estaba prohibido. La novela nos presenta dos líneas temporales distintas, la década de los 50, donde se desarrolla su romance y las vicisitudes que soportaron y el presente, donde un anciano Manuel es diagnosticado de Alzheimer y teme perder sus recuerdos sin que se haga justicia. Para inspirarme en Manuel y Lorenzo me documenté leyendo infinidad de testimonios de homosexuales de la época, ellos son el resultado de muchas voces e historias silenciadas.”

- ¿Se dejó llevar por la improvisación o tuvo todo estudiado en la cabeza?

“Una de las características de mis novelas es que me gusta “jugar” con el lector y sorprenderlo y para eso es necesario ser metódico. Yo tengo la cronología de los acontecimientos y la evolución de los personajes desarrollada antes de comenzar a escribir. Gracias a eso logro los giros en las trama que tanto me gustan y evitar las incoherencias”.

- ¿Cómo fue el proceso de documentación de la novela?, ¿consultó registros?

“En este caso particular el trabajo de campo para la planificación de la novela ha sido bastante complicado porque no existía mucho material sobre estos hechos históricos. Consulté el BOE, cartas de presos de la época, reportajes de prensa, bibliografía como El látigo y la pluma de Fernando Olmedo o Viaje al centro de la infamia de Miguel Ángel Sosa… y además, por fortuna, tuve la suerte de contar con la colaboración de Javier Larrauri director del documental Testigos de un tiempo maldito y con Dani Curbelo, del documental Memorias aisladas”.

-¿Conoce los lugares en los que transcurre la novela?

“Sí, Alby y María, unos amigos de Fuerteventura, me llevaron a Tefía para que sintiera las vibraciones de aquellos muros en mi piel. Gracias a sus hijas, que nos acompañaron y jugaban entre las piedras, aprendí que hasta en los peores escenarios hay espacio para la esperanza. Intenté ajustarme a la realidad del espacio, aunque es cierto que me he tomado ciertas licencias literarias”.

- Uno de los personajes de la novela es sobrino de un sacerdote..
.
“No me gusta generalizar porque en todos los colectivos hay gente que actúa bien y otra, que, por el contrario, hace atrocidades. Dentro de la Iglesia sucede lo mismo. Lo que no podemos negar es que el régimen franquista se apoyó en la Iglesia para defender que los homosexuales eran un peligro para la Patria, porque sus valores iban en contra de la familia y la sexualidad procreativa y la Iglesia podría haber hecho más por defenderlos”.

- Critica en el libro que la comunidad gay haya olvidado a estos hombres y mujeres que a lo largo de los años y gracias a su lucha lograron que se respetaran sus derechos. ¿Está cambiando esta idea?, ¿comienza el colectivo LGTBI a tomar conciencia de toda aquel coraje?

“Durante el proceso de creación de esta novela me ha pasado una cosa muy curiosa y es que he descubierto lo que para mí es el verdadero significado del Orgullo. Hay una frase del libro que lo resume. Dice: “No somos nada, pero nos tenemos los unos a los otros”. El mensaje de la novela es ése y va más allá de las tendencias sexuales porque hay que luchar por nuestros derechos y apoyarnos unos a otros, como colectivo. Es un Orgullo pertenecer a una comunidad y hay que ayudar al prójimo, sobre todo cuando las circunstancias son tan crueles e injustas como las que les tocó vivir a los homosexuales durante el franquismo.”

- En el libro cuenta la historia de amor de dos hombres en unos tiempos donde confesarlo abiertamente podía llevarlos a la cárcel. ¿Se sabe cómo fue la persecución contra las lesbianas?, ¿fue igual de duro?, ¿contaban como Tefía con un penal en el que pasar condena?

“Existieron cárceles como la de Badajoz donde internaban a lesbianas y a gays pasivos. Las lesbianas, por fortuna, lograban pasar más desapercibidas y su persecución, aunque también fue dura, fue menos cruenta”.

- Cree que las islas han superado ya esos prejuicios. ¿Y en concreto en una isla como Fuerteventura que es donde se desarrolla el relato?

“Se han superado muchos prejuicios pero todavía queda mucho trabajo por hacer, sobre todo hay que visibilizar y normalizar al colectivo LGTBI, que es algo, que por fortuna, las nuevas generaciones canarias están haciendo perfectamente. Nuestros mayores levantaron muchos puentes con sangre y esfuerzo, que si no cuidamos, pueden volver a derrumbarse”.

- ¿A qué elementos da prioridad en sus obras? ¿Le gusta cuidar el diálogo, la trama, perfilar el carácter de los personajes, construir una buena historia?

“Mi prioridad siempre es la historia y crear personajes verosímiles que evolucionen y estén llenos de luces y sombras. Soy de los escritores que se emocionan escribiendo y por fortuna eso se refleja en mis páginas”.

- Cómo editor qué es lo que le pide a un libro para publicarlo? ¿Y cómo lector?

“Mi primera novela, La sirena de Famara fue auto publicada y en la actualidad ha superado los 12.000 ejemplares vendidos y ha estado casi veinte veces como lectura obligatoria en centros educativos. Después de ese logro se me abrieron muchas puertas pero mi intención siempre fue crear mi propia editorial, una en la que pudiera contar con grandes nombres canarios (en la actualidad contamos con Víctor Álamo de la Rosa y Santiago Gil, entre otros, en nuestro catálogo) y también darles la oportunidad a autores nóveles que tengan obras que consigan emocionar pero que por desgracia la maquinaria del sistema editorial no les estaba dejando hueco”.

- Qué autores le gustaría publicar en la editorial Siete Islas?

“Tengo bastantes y ellos lo saben porque han recibido ya email con mi propuesta pero, sobre todo, me encantaría encontrar una voz nueva, joven y canaria que escriba de forma diferente a lo que hasta ahora hemos leído. Lo que realmente me encantaría es descubrir un diamante literario canario en bruto”.

- Ha escrito La sirena de Famara, La isla de los dragones dormidos y La leyenda de Gara y Jonay, ¿qué cree que encontrará el lector en cada una de estas novelas?

“Todas mis novelas, aunque son distintas hablan de amor, porque el amor es lo que mueve el mundo. La sirena de Famara nos habla de la inocencia y la dulzura del primer amor y el desgarro del primer desengaño. La isla de los dragones dormidos trata sobre los amores prohibidos, de esas mariposas que a veces sentimos en el estómago y que nuestra cabeza nos manda aplastar porque no debemos traspasar ciertos límites. La leyenda de Gara y Jonay nos habla de una chica gomera, llamada Gara que está obsesionada con la leyenda de los amantes guanches y de Jonay, un chico de Tenerife, que para conquistarla, intenta que la historia se cumpla en la época actual”.

- ¿Se encuentran constantes en su producción literaria?

“Desde el principio he tenido un estilo propio, fácilmente reconocible y mis historias siempre buscan emocionar y sorprender al lector, aunque con Vagos y maleantes, además e intentando remover conciencias para que la historia no se repita”.

- ¿En qué proyectos anda metido ahora?

“En la actualidad estamos en proceso de edición del segundo volumen de cuentos ilustrados Conoce Canarias con Nico, que esta vez nos trasladará al Parque Nacional Timanfaya y estoy escribiendo mi séptima novela, que por primera vez, no transcurre en Canarias”.

Saludos, me mira, desde este lado del ordenador

María Montez, la reina del technicolor era canaria

Sábado, Junio 6th, 2020

María África Gracia Vidal (Barahona, República Dominicana, 6 de junio de 1912 – Suresnes, Francia, 7 de septiembre 1951) fue una reconocida estrella del cine de serie B de origen canario por parte de padre y dominicana por parte de madre que al llegar al turbulento Hollywood de los años 40 dio a conocer aquel cuerpo esculpido por Venus con el nombre artístico de María Montez.

Cuenta el tristemente desaparecido Antonio Pérez Arnay en el libro María Montez, la reina del Technicolor (Filmoteca Canarias, 1995), que la actriz que se metió en el bolsillo a públicos de todas las edades y de todos los países aprendió a hablar inglés mientras estudiaba en un convento en Santa Cruz de Tenerife.

Tras ser nombrado cónsul español en Belfast (Irlanda), su padre Isidoro Gracia, nacido en Garafía (La Palma), y su esposa, la dominicana Teresa Vidal, recogieron los bártulos y se fueron a la isla verde mientras la Montez aprendía a ser modelo. Su aparición en revistas hizo que algún avispado de la industria del cine se fijara en sus curvas y la fichara para la Universal Pictures para que protagonizara una serie de películas de aventuras a colores que si bien no han resistido el paso del tiempo son de obligado visionado para nostálgicos de la serie B. Serie B en la que María Montez, Montez por Lola Montez, interpretó a retorcidas reinas de países ignotos y hermosísimas esclavas cuyo destino solía ser el de caer seducida ante apuestos y valerosos hombres blancos.

Reina Cobra, La Atlántida, Ali Babá y los cuarenta ladrones, Las mil y una noches son solo algunas de las deliciosas películas que protagonizó. Cintas que pasado los años soportan aún el paso inclemente del tiempo gracias a su resplandeciente (las cosas del technicolor) belleza.

Pero algo más tuvo esta actriz de limitados registros y sus compañeros de reparto como John Hall, Turhan Bey y el fantástico Sabú. Lo escribimos para que los iniciados entiendan a que nos referimos.

A mi me encanta María Montez, personalmente, en La Atlántida, que no es otra cosa que una buena adaptación de la novela del mismo título de Pierre Benoit (un notable escritor de novelas de aventuras francés) y en la que compartió escenas con quien sería su marido en la vida real, el actor Jean-Pierre Aumont, con quien tuvo una hija, la también actriz Tina Aumont, y hombre al que le destrozó el corazón cuando la actriz falleció en la bañera en septiembre de 1951.

Entre la legión de fanáticos que cosechó la actriz –”con la Montez todo, sin la Montez nada”– se encontró Antonio Pérez Arnay, un crítico de cine tinerfeño que nos regaló a los aficionados al séptimo arte uno de los mejores libros, si no el mejor, que ha publicado hasta la fecha la Filmoteca Canaria. El prólogo lo firma un amigo de Pérez Arnay y otro fan también de la actriz de origen canario por parte paterna: Terenci Moix.

Ya va siendo hora de recuperar a aquella actriz y a aquellas películas para aproximarse a un cine que hoy pese a su aroma rancio continúa manteniendo el encanto que descubrí hace ya mucho tiempo cuando vi esas películas en televisión. La sorpresa entonces fue mayúscula cuando me dijeron que aquella mujer que apenas transmitía emociones pero en la que descansaba todo el peso de la película porque tenía glamour, un glamour exótico, era de origen canario. Esta extraña tierra en la que nací y en la que habito y en la que cada día me reconozco un poco menos.

Hablé con Antonio Pérez Arnay sobre ella cuando publicó el volumen, y en una de las aquellas charlas espontáneas que manteníamos porque nos encontrábamos siempre en cualquier esquina de esta ciudad de aceras menguantes, me dijo que estaba preparando otro libro. Un libro que versaría sobre las otras reinas de la serie B, una aristocracia –con perdón, Pablo Iglesias, no vaya usted a anatemizarme– orgullosa de llevar esta corona y entre las que se encontraba otra actriz de padre canario, Patricia Medina.

Así que los monteses se pongan de pie porque tal día como hoy vino al mundo María África Gracia Vidal, María Montez, la actriz que ahora cabalga a lomos de un córcel blanco por un desierto de metirijillas. Un desierto de cartón piedra.

Salve, Reina Cobra, los que va a morir te saludan.

Saludos, olé, olé y olé, desde este lado del ordenador

Marchando que es gerundio

Sábado, Junio 6th, 2020

* La Convocatoria de Premios CajaCanarias, que en la presente edición está compuesta por un total de ocho galardones a concurso, entra en su recta final al establecer las correspondientes bases de participación, con carácter general, el 15 de junio (Hasta la 14 horas) como fecha límite para la presentación de candidaturas. Dichas bases, así como la información de interés de los certámenes puestos en marcha en el presente ejercicio, se encuentran disponibles en www.cajacanarias.com.

* El 11 de julio concluye el plazo de admisión de originales al Premio Internacional de Novela Benito Pérez Galdós, dotado con 15.000 euros y la publicación de la obra. El galardón es una iniciativa del Cabildo de Gran Canaria y se recupera este año, 2020, tras varias décadas suspendido.

* El poeta Rafael-José Díaz forma parte del consejo de redacción de la revista chilena WD40, realizada por poetas y críticos de la región de Valparaíso. WD40 dedica sus contenidos a la poesía, el ensayo y la crítica y se publicará dos veces al año.

* Este verano comenzará a funcionar la revista digital literaria Trasdemar, que dirige el poeta y abogado Ramiro Rosón y que fue uno de los proyectos a los que dio luz verde Canarias Cultura en Red. Trasdemar quiere, en palabras de Rosón, “contribuir a que la literatura insular siga contando con la dimensión cosmopolita que la caracteriza”.

Saludos, marchando que es gerundio, desde este lado del ordenador

Pestañas fucsias, una novela de Antonio Daniel García Orellana

Jueves, Mayo 28th, 2020

Premio Benito Pérez Armas en su trigésimo cuarta edición (2018), Pestañas fucsias, del escritor y dramaturgo Antonio Daniel García Orellana, se publicó un año después sin demasiadas alharacas ni la debida promoción que se esperaba por ser la novela ganadora del certamen.

Es probable en todo caso que debido al cansancio que arrastra la entidad convocante, antes caja ahora fundación, y a una larga serie de novelas premiadas muy desiguales en los últimos años, expliquen el escaso recorrido de un libro que sin ser notable no disgusta leerse en los tiempos que corren. Uno imagina incluso que esta circunstancia podría servir para respaldar su promoción si la situación provocada por la Covid-19 se normaliza tal y como todos esperamos.

El planteamiento de Pestañas fucsias es interesante ya que se desarrolla mayoritariamente en una página web, Domine, en la que su creador, que se esconde bajo una máscara de papel de plata y el nick de Aracne, muestra en directo las acciones que comete contra una adolescente a la que supuestamente ha secuestrado. Paralelamente, mantiene un diálogo con los usuarios de la web, quienes asesoran al supuesto secuestrador sobre el trato que debe recibir la supuesta secuestrada.

El nick de uno de ellos es, precisamente, el que da titulo a la novela, novela que se construye fundamentalmente a través de las conversaciones que mantiene con Aracne y Aracne con otros usuarios de la página.

Al margen de la web, y un espacio de televisión de contenidos amarillistas que también tiene su protagonismo, estos elementos sirven a Antonio Daniel García Orellana para criticar la sociedad del espectáculo en la que vivimos (¿vivíamos?) así como los medios de comunicación, cada vez más al servicio de la desinformación sugiere el autor de la novela, quien aprovecha el texto para arremeter contra unos individuos que cada vez están más atontados. Personas, con independencia de su sexo, que han claudicado sus experiencias vitales al sustituirlas por la de estar sentados ante el ordenador y mirar.

Mirar.

En este aspecto, la novela resulta atractiva como vehículo que reflexiona sobre la mirada y mirar sin ser mirado. Observar lo que hacen los otros a distancia bajo la protección de un nick que garantiza, en principio, su anonimato. Lástima que el escritor no profundice en el supuesto placer que implica para el mirón su condición de, precisamente, mirón.

No obstante, Pestañas fucsias funciona como rompecabezas por lo que a medida que se avanza en la lectura parece que existe cierta unidad y una visión global de lo que acontece cuando concluye la novela.

Una novela que tiene cosas que decir y que entretiene lo suficiente para no dejar su lectura a la mitad a pesar de que cuenta con elementos que más que dar impulso, lo que hacen es frenar un relato de confinamiento que no termina de resultar lo contundente que uno esperaba.

La novela se equivoca también y a nuestro juicio en su número de páginas. Más cuando se aprecia que muchas de ellas están ahí de relleno y no para dar contenido a lo que cuenta. Se tiene la sensación en este sentido que si se hubiera aligerado muchas de ellas, el acabado final de la obra hubiera resultado más ágil, atractivo e interesante.

Entre los aciertos de Pestañas fucsias destaca su espíritu crítico, tan necesario en unos tiempos que son tan malos para la crítica; también las ganas de pasar factura a una sociedad idiotizada que se siente segura de permanecer encerrada en sus casas cuando nadie podía imaginar el confinamiento que vivimos ahora y el hecho, significativo, de que desde nuestras casas y desde nuestros ordenadores, podemos acceder a un universo virtual en el que se puede encontrar de todo un poco. En el caso de la página web, Domine, la relación tabú que mantiene un adulto con una adolescente. Ya avisa el nombre de la web por donde irán los tiros, dominación, sadomasoquismo… página que visitan tanto curiosos como los que buscan pornografía, sobre todo si ésta transgrede las normas.

La novela propone otras preguntas, porque es una novela de preguntas aunque no dé soluciones ya que las respuestas siguen abiertas pero plantea cómo recurrir al anonimato para sacar a relucir lo peor que llevamos dentro, en este caso, con personas que sugieren al supuesto secuestrador que actúe de determinada manera con la supuesta secuestrada.

Desgraciadamente, el retrato de personajes que diseña la novela no resulta demasiado complejo, ese es el problema de jugar con personajes desconocidos, de los que solo conocemos su nick, pero no deja de tener interés cómo Aracne, el creador de la web, juega con los sentimientos más perversos de su audiencia explotando el gancho de la joven que mantiene secuestrada. O no, eso lo averiguará quien se sumerja en las páginas de una novela que radiografía algunos de los más bajos instintos que nos caracteriza como especie. Uno de ellos el retorcido placer que provoca recomendar al responsable de la página lo que debería hacer con la víctima.

Entre los elementos negativos, los que dificultan la lectura de la novela en demasiadas ocasiones, destaca además de su número de páginas el estilo que ha escogido el autor. Y no para situar al lector en este diálogo continuo que suscita la web, sino por la tentación en la que incurre García Orellana al narrar la gravedad de lo que critica con frases rimbombantes que, más que aportar información, se quedan en inútiles fragmentos que poco o nada ofrecen al conjunto del relato.

Un relato por otra parte abierto, en donde intenta definir a algunos de sus personajes a través de los apodos con los que se identifican como, por ejemplo, el de los dos protagonistas: Aracne y Pestañas fucsias.

Con todo, no se trata Pestañas fucsias de una de las peores novela ganadoras del Premio Benito Pérez Armas pero tampoco eleva el nivel de un certamen que, hoy por hoy, continúa siendo el más prestigioso de Canarias solo por su dotación económica y no, desgraciadamente, por la calidad argumental y literaria de la mayoría de las obras ganadoras.

Saludos, abajo las caenas, desde este lado del ordenador