Archive for the ‘Literatura’ Category

Porque la sangre es vida: Carmilla

Lunes, Abril 2nd, 2012

Mucho tiempo antes de que Bram Stoker nos revelara que la existencia del vampiro radica en que nadie cree en sus existencia, un oscuro y también escritor irlandés de nombre Joseph Sheridan Le Fanu escribió la que, a mi juicio, continúa siendo uno de los mejores relatos de no muertos en su no muerta historia: Carmilla.

Carmilla, que influyó notablemente en la pesadilla stokeriana (la mejor novela de todos los tiempos según Oscar Wilde), cumple 130 años y continúa, como su personaje protagonista, viva en el sueño de la muerte porque además de estar excelentemente escrita, ambientada en ese delicioso tenebrismo gótico que los que amamos los clásicos del género releemos con insólita devoción, se anticipó a su tiempo con una elegancia en la que la se combina una delicada capacidad para crear atmósferas con sugestiva y refinada elegancia decimonónico tantear los territorios del erotismo en unos tiempos donde esa palabra, erotismo, resultaba tabú.

Carmilla es así, entre otras muchas cosas, una obra maestra del relato vampírico, en el que el su autor, además, sentó muchas de las constantes que, a partir de ese entonces, iba a distinguir a tan inquietantes criaturas de la noche. También se trata Carmilla de un ingenioso canto al despertar sexual, en este caso el que comienza a sentir una delicada jovencita hacia quien se le aparece primero como fantasma y más tarde como una espléndida mujer con la que mantendrá una fascinante historia de amor a la que intenta poner freno los protagonistas masculinos, que actúan así como fuerzas represoras ante la amenaza de un mal que por una vez solo encarna violento desenfreno.

“No debía tener yo más de seis años cuando, cierta noche, me desperté y, mirando en torno a la habitación desde mi lecho, no vi a la doncella. No me asusté, porque era una de esas niñas afortunadas  a las que deliberadamente se había mantenido en la ignorancia con respecto a los cuentos de fantasmas y de hadas, y todas esas consejas que nos hacen esconder la cabeza cuando la puerta cruje súbitamente, o el parpadeo de una vela a punto de extinguirse hace bailar sobre la pared, cerca de nuestros rostros, la sombra de uno de los pilares de la cama. Me sentía molesta y ofendida al imaginarme abandonada y empecé a gimotear, antes de que me asaltara un enérgico estallido de bramidos. Entonces, con gran sorpresa por mi parte, vi un rostro solemne, pero muy hermoso, que me miraba desde uno de los costados de la cama. Era el rostro de una joven dama que estaba de rodillas, con las manos bajo mi colcha. La miré con una especie de asombro complacido, y dejé de gimotear. Ella me acarició con sus manos, se tendió a mi lado de la cama, y me atrajo hacia sí, sonriendo. De inmediato me sentí deliciosamente apaciguada y me quedé dormida otra vez. Me desperté con una sensación como si me clavaran profundamente en el pecho dos alfileres al mismo tiempo, y lancé un grito. La dama retrocedió, sin dejar de mirarme, luego se dejó caer al suelo y me pareció que se escondía debajo de la cama.”

El relato de Sheridan Le Fanu, que se puede encontrar en español en, entre otras, la inolvidable edición de Nostromo, así como en las recomendables antologías Vampiros entre nosotro (Plaza y Janés, 1965) al cuidado del cineasta y esteta Roger Vadim, y Vampiros (Ediciones Siruela, 1992), a cargo de Jacobo Siruela, narra así y desde la perspectiva de un escritor que logra transformarse en mujer, la relación alimentada de sentimientos y deseos que mantienen sus dos protagonistas.

“Solía rodearme el cuello con sus hermosos brazos, atraerme hacia ella, y, apoyando su mejilla en la mía, susurrarme al oído:

- Querida mía, tu corazón está herido. No me juzgues cruel por acatar la ley irresistible de mi fuerza y mi debilidad. Si tu corazón está sinceramente herido, el mío sufre espantosamente con el tuyo. En el éxtasis de mi enorme humillación, vivo en tu cálida vida, y tú morirás… morirás, dulcemente morirás… en la mía. No puedo evitarlo. Así como yo me acerco a tí, a su vez, tú te acercarás a otros, y conocerás el éxtasis de esa crueldad, que, sin embargo, es una forma de amor.”

El relato continúa, hasta que se descubre la verdadera naturaleza de Carmilla, o la condesa Millarca, un demonio sediento de sangre. Pero es que incluso después de su ejecución, Joseph Sheridan Le Fanu tiene la portentosa elegancia de dejar un inquietante interrogante en la imaginación del lector. 

Escribe la protagonista: “Aún ahora, la imagen de Carmilla retorna a mi memoria con ambigua alternancia: unas veces es la muchacha retozona, lánguida y bella; otras, el torturado demonio que vi en la iglesia en ruinas. Y con frecuencia, en medio de mis ensoñaciones, me he sobresaltado al imaginar que oía los pasos ligeros de Carmilla junto a la puerta del salón.”

El relato de Sheridan Le Fanu, un por otra parte fantástico escritor de relatos de misterio, ha sido llevado al cine en varias ocasiones pero en versiones que no rinden justicia a la obra original. La mejor de todas ellas es Vampyr, la bruja vampiro (Carl Theodor Dreyer, 1932), una adaptación muy libre de Carmilla, y en un discreto segundo puesto la cinta que protagonizó la actriz Ingrid Pitt en el primer título de la trilogía de los Karnstein, The vampire lovers (Roy Ward Baker, 1970), bajo el sello de la Hammer Productions.

Saludos, porque la sangre es vida, desde este lado del ordenador.

Introducción a una ‘Antología de poesía hispánica contemporánea en griego’

Jueves, Marzo 29th, 2012

A continuación reproducimos la introducción que Ati Solerti ha escrito a propósito de su Antología de poesía hispánica contemporánea en griego, publicada en el número diecisiete de la revista Vakxikón (Lo difícil es amar).

La traducción de esta Introducción es de Mario Domínguez Parra, y entre los poetas seleccionados se encuentran los tinerfeños Bruno Mesa, Roberto García de Mesa y Coriolano González Montañez, entre otros.

“La idea de la creación de esta antología, que se ocupa de la poesía contemporánea en lengua española, arrancó tras haber entablado contacto con el poeta y traductor español Mario Domínguez Parra, que tuvo la amabilidad de «presentarme» a los poetas que aquí aparecen.

Por tanto, una vez en contacto con la obra de estos poetas y sintiendo la necesidad de su proyección a causa de la relevancia que la caracteriza, tomé la decisión de traducir algunos de los poemas que sus autores me confiaron, honrándome con ello. Al afrontar, como es natural, todo el proceso de la traducción de poesía con el debido respeto y el cuidado necesarios, a fin de que la versión de los significados se llevase a cabo lo más fielmente posible, espero realmente haber conseguido corresponder dignamente en la presente tarea. Esto constituye para mí tanto la mayor apuesta como el deseo más respetuoso.

Querría no obstante enfatizar que el lenguaje de la poesía es siempre uno, en todos sitios. El mismo. Común para todos los que pueden comprenderlo. Puede que vista sus palabras de otro modo, que combine sus letras de manera distinta, que localice sus tonos en otras posiciones, también cambiando a veces de escenario, pero en cualquier caso el sentimiento que deja es el mismo. Incluso si el color que su arcoíris adopta resalta de forma ambigua, el rayo de su órbita mágicamente se elevará, cruzando aquella línea recta que une la tierra con el cielo. La misma. Idéntica para todos los que pueden soñarla.

Finalmente, querría dar las gracias de corazón a todos los poetas que participan en la presente antología, no solo porque me hicieron partícipe de su mundo, sino porque también correspondieron positivamente a mi invitación y no dudaron en confiarme sus poemas para que los tradujera. Un gran agradecimiento también a Mario Domínguez Parra, que se encargó de la supervisión general de la antología y me dio valiosos consejos para completarla. Esta ayuda fue realmente importante.

Y una última puntualización: la antología, debido a su gran extensión, se divide en dos partes. La primera parte se publica aquí, en el número de marzo, y la segunda se publicará en el próximo número, en junio. El orden observado de aparición de los poetas coincide con el orden en que enviaron sus poemas.  

Buena lectura

A.S.”

Saludos, ya saben, desde este lado del ordenador.

Sostiene Tabucchi

Domingo, Marzo 25th, 2012

Me lo recomendó hace mucho tiempo un amigo.

“No dejes de leerlo”, dijo.

Pero no le hice caso porque, a veces, uno es tan idiota que no presta atención a lo que te sugieren los amigos. Esos amigos de verdad que, para tú sorpresa aún te quedan mientras el mundo a tu alrededor se desmorona.

Así que la primera vez que me animaron a leer a Tabucchi pensé que se trataba de un escritor chino sobre el que enseguida comencé a tejer una estrafalaria biografía que se hizo añicos cuando descubrí que no, que el tal Tabucchi no era chino sino un italiano que quiso ser portugués. Se llamaba además Antonio y perseveró tanto y tanto en ser portugués que al final más que un escritor italiano se convirtió en un escritor portugués.

Cuenta la leyenda que Tabucchi llegó a Portugal persiguiendo la sombra de una persona que firmaba como Fernando Pessoa.

Lo leyó, lo devoró y más tarde lo dio a conocer en su país de nacimiento.

Tabucchi era así.

Deja, hoy que su corazón ha dejado de latir en Lisboa, una interesante producción literaria. Su obra más famosa quizá sea Sostiene Pereira. Un título hermoso y que ennoblece una profesión bella pero últimamente desacreditada como es el periodismo.

Fue adaptada al cine.

Marcello Mastroianni interpretaba al periodista que de repente toma conciencia de clase.

La novela se ambienta en uno de los periodos más tenebrosos de la historia de Portugal. La dictadura de António de Oliveira Salazar.

¡¡¡Adelante Viriatos, conquistemos la península Ibérica!!!

Tabucchi fue además un formidable articulista donde mostraba sus colmillos largos.

Y pienso que es una pena que la prensa en España no cuente con un articulista como Tabucchi, de colmillos tan largos y afinados.

Tabucchi encarna lo mejor de un continente, Europa, que hoy vive más desunido que nunca por estar fusionado por mercaderes. Ellos, los mercaderes, son los que han dividido un territorio que suda cultura entre pobres y ricos.

Tabucchi denunció en muchos de sus artículos esta falacia que rompe la cadena entre los pueblos que hicieron Historia y que hoy agonizan porque sus arcas están saqueadas como son los Mediterráneos, con los del norte. Encerrados en una disciplina espartana que solo se explica porque sus gentes ven muy poco la luz del sol.

Estas y otras cosas son lecciones que saqué del Tabucchi articulista, enfermo en los últimos tiempos de un cáncer que lo devoraba por dentro.

Escribe, no sé sin con este propósito, El tiempo envejece deprisa.

Ha muerto este domingo, 25 de marzo de 2012.

Cierro los ojos y veo a Tabucchi saludar en un paraíso que no existe a Pessoa.

Le estrecha la mano efusivamente.

- Muito obrigado.- le dice.- “I know not what tomorrow will bring.”

Saludos, continuamos jugando en este ajedrez que cada vez tiene menos piezas, desde este lado del ordenador.

Luis Alemany, premio Canarias de Literatura… ¡¡¡Por fin se hace justicia!!!

Viernes, Marzo 23rd, 2012

El escritor Luis Alemany, uno de los personajes más singulares de las letras canarias, ha obtenido el Premio Canarias de Literatura en una designación que ennoblece el carácter de esta distinción al reconocer la trayectoria de uno de los mejores autores con que cuenta este territorio desmembrada y a la deriva.

Alemany Colomé, nacido en Barcelona en 1944, aunque residente desde muy pequeño en Santa Cruz de Tenerife, es autor además de una de las escasas novelas de refencia de la literatura canaria, Los puercos de Circe, o el descarnado retrato de una generación que aprendió a devorarse a sí misma en una diminuta capital de provincias, y título que todavía disfruta de una inusual lozanía pese al aplastante paso de los años.

El escritor, que estudió Filosofía y Letras en la Universidad de La Laguna y ha ejercido como profesor de Literatura en este centro, en Rouen (Francia) y en Sevilla, es además de uno de los mayores conocedores del teatro en las islas, y un talentoso cuentista que, lamentablemente, se prodiga muy poco y del que dan buena muestra títulos como El indulto, Oscura relación, Beneficio de inventario y Conjugación irregular, entre otros. Cabe destacar, además, su actividad como articulista en prensa, donde suele inyectar a sus textos de una ironía que resulta muy de agradecer en estos tiempos aciagos que vivimos.

Para quien escribe ahora este post, nada más conocer la noticia, digamos que piensa que por una vez el en ocasiones cuestionado Premio Canarias de Literatura ha hecho justicia al reivindicar el trabajo, pero sobre todo la inteligencia y la ácidez  de un narrador que últimamente se había convertido para muchos en una presencia incómoda.

Saludos, Luis, y un fortísimo abrazo, desde este lado del ordenador.

Un centenario desapercibido: Bill S. Ballinger

Lunes, Marzo 19th, 2012

El pasado 13 de marzo se cumplió el centenario del nacimiento del escritor norteamericano Bill S. Ballinger, fallecido en 1980 en la localidad de Tarzana, California.

Resulta sorprendente que entre los muchos aficionados a la novela policíaca el nombre de Ballinger continúe siendo desconocido, más cuando se trata de uno de los primeros escritores del género que se atrevió a experimentar con sus fórmulas en una serie de novelas a las que el paso del tiempo apenas envejece.

No obstante, y mucho me temo, el trabajo de Ballinger continúa sin reivindicarse con la justicia que se merece porque sus historias todavía resultan incómodas, y más que un policíaco al uso, al escritor le interesaban otros asuntos colaterales al género como son las relaciones que se tejen entre sus protagonistas que la trama estrictamente criminal en la que desembocan todas las historias que dedicó al género.

Ballinger, como James M. Cain, apuesta más por el retrato de mujeres duras y encallecidas, femme fatales en la mayoría de los casos, de las que resulta imposible no enamorarse.

No pertenece Ballinger, sin embargo, al santísimo grupo de grandes escritores de novela policiaca de los 30, 40 y 50 por lo que ya va siendo hora de ubicarlo en tan distinguida como infame sociedad porque, sencillamente, se lo merece.

Como casi todos ellos, Ballinger se formó en las redacciones de periódicos y emisoras de radio, así como en medianas editoriales donde publicó libros que le dieron de comer a lo largo de toda una carrera en la que destacan piezas maestras y trabajos de una mediocridad desarmante.

Pero el caso es que, pese a su formidable producción alimenticia, se encuentran títulos de una brillantez y un lirismo que, como ávido lector de la edad de oro de la literatura negra escrita en Estados Unidos, solo he encontrado, desde otra perspectiva y con otras intenciones, en otro gigante olvidado del género como es David Goodis.

Se ha publicado y bien dos de las obras maestras de Ballinger en España: Retrato de humo y  La mujer del pelirrojo. También se pueden encontrar otras novelas del escritor que sin la dimensión de las dos anteriormente citadas, son títulos que, pese a resultar irregulares, respiran el fascinante aliento onírico Ballinger, como son Rafferty, teniente de homicidios, Cazadores de herederas, El segundo más largo, El diente y la uña y El Corso, entre otras. Aunque todas ellas  se devoran con el mismo placer porque forman parte de la carrera de un gran escritor.

Un escritor de oficio con una notable capacidad para crear ambientes y hacer creíbles los personajes que se desenvuelven en sus historias.

Retrato de humo (Portrait in Smoke, 1950) relata la búsqueda obsesiva que emprende Dan April de una mujer a la que amó hace diez años. Para él, Krassy representa lo más bello, lo más digno del amor aunque, desgraciadamente, la realidad no encaje con los sueños de su protagonista.

Estructurada en dos narraciones paralelas, en la que April cuenta en primera persona la obsesiva investigación que emprende para encontrar a Krassy mientras en tercera persona se nos descubre quién es realmente esta hermosa pero ambiciosa mujer, la maestría de Ballinger está en que al final del relato hace coincidir ambas historias con una inteligencia que ubica este título no solo entre lo mejor de la corriente lírica de la novela negra estadounidense de los años cincuenta, sino también en un libro que trasciende las fronteras del género sin renunciar a las características que lo hicieron grande, como son la denuncia social y el realismo urbano, al mismo tiempo que reivindica el sobresaliente papel de una mujer que utilizando sus armas intenta hacerse camino en un entorno férreamente masculino.

La mujer del pelirrojo (The Wife of the Red-Haired Man, 1957) es para el investigador Javier Coma la mejor novela de Ballinger, juicio al que nos sumamos siempre y cuando la equipare a la brillante e inteligente Retrato de humo,  obra con la que mantiene contactos estrictamente de estilo ya que la historia se desarrolla en dos niveles paralelos: los capítulos impares están escritos en tercera persona –y en los cuales se narra el relato de la pareja formada por Mercy y Hugh y la huída que inician juntos desde la ciudad de Nueva York hasta Nueva Orleáns– y los pares a través de la mirada del detective que tiene la misión de darles caza. Personaje que a medida que avanza en su investigación comienza a entender las acciones de los fugitivos, lo que hace difuminar su visión del bien y del mal.  

Este encruzamiento de perspectivas, de dobles miradas a través de la cual Bill S. Ballinger estructuró muchas de sus novelas es una de las características que diferencian a este escritor del resto de otros compañeros de generación como Kenneth Fearing y Fredric Brown, y técnica que le sirvió para ofrecer un descarnado análisis moral de la sociedad de su tiempo cuyo latido aún resuena en un género, como es el policíaco, que con escritores como Bill S. Ballinger se transforma en literatura con todas sus letras sin renunciar por ello al entretenimiento del lector.

Saludos, más Bill S. Ballinger, desde este lado del ordenador.

Con la marca de Cain

Jueves, Marzo 8th, 2012

Si le preguntan a cualquier aficionado a la novela negra sobre James M. Cain les responderá, probablemente, citando  dos o tres títulos de sus novelas más famosas: El cartero siempre llama dos veces, Mildred Pierce y Pacto de sangre (Doble Indemnización), la primera llevada al cine en varias ocasiones –aunque destaque sobre todas ellas la que dirigió Tay Garnett en 1946 con Lana Turner y John Garfield como protagonistas–; la segunda  una excelente película de Michael Curtiz (1945) y una interesante teleserie con la firma de Todd Haynes (2011), y la tercera por ese policiaco aún perturbador que filmó Billy Wilder, un pequeño y rechoncho judío vienés que además de moverse muy bien en los territorios de la comedia también lo hizo en los del drama.

James M. Cain es autor, sin embargo, de otras tantas novelas, muchas de las cuales han sido traducidas al español aunque aún no se le reivindica con el valor que se merece entre los iniciados y neófitos de la literatura negro criminal probablemente porque a su autor, quien comenzó a fabular historias a la edad de cuarenta años, le interesaba más el sexo y las relaciones que suscita, que las tramas policíacas con la que visitó a sus todavía potentes relatos.

Con motivo del 120 aniversario de su nacimiento, que tendrá lugar el próximo 1 de julio, reivindicamos desde El Escobillón el trabajo de un escritor al que se le ha colocado bastante a la ligera la etiqueta de noir, con la esperanza de que algún día un editor con ganas de riesgo se anime a recuperar su obra menos conocida y, sobre todo, la que aún no ha sido traducida a nuestro idioma con el objetivo de rendirle justicia. Pasado el tiempo, Cain es un  autor inclasificable, que abrió su propio camino dentro del género.

Escritor que utilizaba sus relatos para exprimir sus obsesiones sexuales, muchas de sus historias leídas en la actualidad pueden interpretarse como escandalosas y de un erotismos casi rayano en la pornografía, donde sus protagonistas femeninas son, por norma general, mujeres de carácter, fuertes, que en ocasiones responden al tipo de la femme fatale que tanto explotó la novela negra en los años 40, y que no es otra cosa que una especie de sublimación masculina de la mujer como elemento dominante y dominador. O, en otros casos, de una Eva inocente que conduce a su pareja, Adán, a devorar la manzana del árbol de las ciencias.

El caso es que en las novelas de M. Cain si hay personajes interesantes, perturbadores y con una capacidad de manipulación que las convierte en figuras que están más allá del bien y del mal estas son sus protagonistas femeninas. Protagonistas que en otras novelas del mismo escritor, representan exactamente lo contrario pero nunca sin perder su alto octanaje sexual. Esta circunstancia es lo que ha hecho que muchas de sus novelas todavía sigan respirando una insólita actualidad porque James M Cain como excelente escritor clásico que es, tuvo la capacidad de que el paso de los años apenas arrugara la mayoría de sus trabajos literarios.

No obstante, y a mi juicio, la obra maestra de este sin embargo irregular escritor y guionista es Más allá del deshonor, una novela ambientada en el estado de Virginia durante los días de la Guerra de Secesión y en plena edad de oro de los grandes burdeles.

Más allá del deshonor cuenta la historia de un joven que se enamora locamente de una prostituta que trabaja en uno de ellos, y de cómo asesina por amor a un multimillonario que desea casarse con la mujer de su vida dando como resultado que la pareja termine por huir ante la venganza que reclaman los amigos y secuaces de la víctima a través de un país sacudido por la guerra.

Se trata Más allá del deshonor de una novela repleta de giros cainianos, y en la que a su autor, al margen del momento histórico en el que transcurre su acción, le importa más la evolución de ese hombre y mujer locamente enamorados que son capaces de todo –incluso llegar al asesinato– por continuar estando juntos.

Pero que nadie se llame a error. James M. Cain no es un escritor romántico. De hecho, las parejas que viven hasta el último segundo su romance que nace del fuego de un sexo libre y salvaje, suelen terminar irremediablemente mal. Como si su transgresión al final fuera severamente castigada por una sociedad hipócrita pero fuertemente atada a los convencionalismos que imponen las jeraquías.

En este aspecto, el autor fue un poco más lejos en la todavía polémica La mariposa, una historia que se desarrolla en ambientes mineros donde un padre se enamora perdidamente de su hija, con la que llega incluso a mantener una relación carnal, y en las extravagantes Una serenata y Carrera en Re Mayor, que se desarrolla en el mundo de la música y en la que quizás se encuentren los personajes masculinos más débiles que salieron de la imaginación de su autor.

Una serenata cuenta con una atractiva versión cinematográfica dirigida por Anthony Mann en 1956 e interpretada por Mario Lanza, Joan Fontaine, Sarita Montiel y Vincent Price.   

En cuanto a estilo, James M. Cain se caracteriza por sus frases cortas y diálogos ágiles, lo que hizo que algunos lo encuadrarán dentro de la categoría de escritor hard boiled, denominación con la que nunca estuvo muy de acuerdo. Sus historias, además, van más allá de la cruda violencia boiled, ya que Cain más que un escritor de género negro es un escritor de novelas que trasciende el género.

Albert Camus no se cansó de elogiarlo, lo que significativamente le hacía bastante gracia al escritor norteamericano que como todo gran escritor cuenta también con títulos tan olvidables como Al final del arco iris y Galatea, aunque recupera su espíritu bronco y transgresor, siempre marcadamente sexual, en la estupenda Ligeramente escarlata, que quizá sea su novela más negro criminal junto El estafador, El cartero siempre llama dos veces y Pacto de sangre (Perdición/Doble Indemnización).

Regresó a los agitados años de la Guerra de Secesión en Mignon, pero es un título que no terminó de convencerme en su momento lo que hace que no descarte una segunda lectura para comprobar si se trata de un Cain con todas sus letras o de una más de las novelas alimenticias que escribió a lo largo de su vida.

Saludos, hoy recuperando a los clásicos, desde este lado del ordenador.