Archive for the ‘Reflexiones’ Category

¡Qué cruz cuando la Santa Semana Santa dejó de ser igual a ‘cine de romanos’!

Martes, Marzo 30th, 2010

CUANDO LA NOSTALGIA ES…

En épocas ya remotas, cuando se acercaba la Santa Semana Santa era habitual que exhibieran por la televisión una de romanos. O varias de romanos. De un tiempo a esta parte también se las conocen como peplum pero prefiero identificarlas como de romanos pese a que este término no se ajuste a la realidad. Y digo que no se ajusta a la realidad porque muchas de estas películas la mayor parte de las veces sin criterios históricos, no tienen que transcurrir necesariamente en la época romana. 

Al margen de las socorridas cintas sobre la vida de Jesús de Nazareth, cuya pasión y muerte ha dado al séptimo arte bastantes películas, a mí las que me gustaban de verdad eran las de romanos a secas aunque debo de confesar que sintiéndome como Álex –el protagonista de La naranja mecánica– cuando vi La pasión de Cristo de Mel Gibson, abrí los ojos más que nunca nunca más para no perderme los litros de sangre que se derramaban en la cinta cuando lo del calvario que sufrió el que dicen es “nuestro señor”.

UN PUTO PERDEDOR CRUCIFICADO

Curioso el caso de Jesús.

Si uno lo analiza fríamente a través de sus películas descubre a un pobre hombre rodeado de doce hombres igual de pobres y desquiciados. Es tanto su fatal fatalismo, que incluso exclama en la cruz una de esas frases que cuando intentaba que el cura que nos daba religión me la interpretara no había manera… De hecho, cansado de mi interrogatorio imagino que impertinente, en un acceso de rabia ese mismo cura me condenó al infierno eterno por hacerle, entre otras, preguntas tan molestas como la de “¿pero por qué  dice Jesús lo de Padre, ¿por qué me has abandonado?”

¿Y LOS DOCE?

Para los que, desde ese entonces por razones de sanidad moral procuramos abrazar el paganismo, resulta así muy complicado entender porqué en las películas dedicadas a Jesús casi nunca se desarrollan los caracteres de quienes presumo le conocieron de cerca como fueron los doce apóstoles.

 Bueno, esto no es exacto. Sí que hay dos que juegan un papel casi de co-protagonistas en estas cintas: Pedro y Judas.

Pedro porque se convierte en el padre de la Iglesia pese a que reniegue de su líder espiritual antes de que cante el gallo tres veces y en un bronco acceso de rabia le corte la oreja a un legionario romano.

Y Judas por la ya celebérrima traición y cobrar encima treinta monedas por ello…

Y DE MUJERES ¿QUÉ?

En cuanto a los personajes femeninos sí, ahí está la Virgen María y María Magdalena entre otras. Pero no tienen como sustancia en estas producciones vengan de Hollywood o de la vieja y achacosa Europa.

Martin Scorsese intentó recuperar a la Magdalena en su versión La última tentación de Cristo (basada en una estupenda novela de Nikos Kazantzakis) pero ni con esas…

Y NO NOS OLVIDEMOS DE LOS SECUNDARIOS

Es tanto el fenómeno con Jesucristo que incluso personajes que no tuvieron el gusto de conocerlo salvo cuando las circunstancias así lo marcaron (dicen)  también protagonizaron sus historias particulares de redención cristiana.

Entre otros me refiero a Barrabás, una excelente novela del escritor Pär Lagerkvist que publicó en su día Alianza Editorial y que fue llevada al cine por Richard Fleischer en una de esas películas de romanos de verdad; y Poncio Pilatos, el cónsul romano que abofeteó a Jesús condenado y después se lavó las manos. Mi estimado Fantomas cinematográfico Jean Marais hizo que lo interpretaba en el aburrido filme que dirigió Irving Rapper en 1961 y que tuve la suerte de ver cuando estaba en pie el Cine La Paz. Cine que tantas satisfacciones le regaló a este quien les escribe y que fue de los primeros en la capitá tinerfeña que programó sesiones dobles.

¡¡¡Dos películas al precio de una!!! ¡¡¡Y sin criterio alguno!!!

¡¡¡Veías Jack el destripador de Londres y Poncio Pilatos en una misma tacada!!!!

ESTAS SON LA DE VERDAD DE ROMANOS

Pero les contaba que a mí las que me gustaban eran las de romanos. Se desarrollara la historia en el antiguo Egipto, Mesopotamia,Troya, Grecia, Roma o estuvieran protagonizadas por Maciste, Ursus, Goliath, Sanson y Hércules, entre otros.

A varios de estos campeones los reunieron en ese clásico descacharrante del cine Z que sigue siendo Combate entre gigantes. Cometería una injusticia si olvidara de la lista a Espartaco, pero no la impecable versión cinematográfica firmada por Stanley Kubrick sino los exploitation hispano italianos como El hijo de Espartaco y  Espartaco y los diez gladiadores…

VAMOS A POR EL SOLOMILLO

En cuanto al ¿género o subgénero? de romanos ¡es que hay tantas películas que me han alegrado la vida!

Cito de memora las cristianas La túnica sagrada y Demetrius y los gladiadores, Quo Vadis? y Ben Hur. Y no por cristianas  Cleopatra, Brazo de hierro, La caída del imperio romano, la bíblica Los diez mandamientos, Helena de Troya, Faraón, Jasón y los argonautas, Furia de titanes (cuyo remake se estrena esta misma semana); Ulises, El león de Esparta (obviando 300, of course) y El coloso de Rodas, entre otras tantas y tantas…

No olvido, claro está, series de televisión tan importantes para mi vida como fueron Yo, Claudio y  mucho más recientemente Roma. Y, obviamente, un título que a su pesar inauguró una especie de subgénero en el cine erótico que más tarde degeneraría en pornográfico como es Satiricón de Federico Fellini según los fragmentos del clásico de Petronio.

 A la sombra del filme de Fellini se rodarían más tarde títulos como la sin embargo delirantemente interesante Calígula y la olvidable Mesalina… Y si bien continuaría citando nombres ahora mismo prefiero no recordarlos. Ustedes disculpen.

Y eso era todo.

 ¡Qué cruz!

Saludos, cogido de la mano de Dante mientras paseamos por el infierno, desde este lado del ordenador.

La sonrisa de Hooper

Lunes, Marzo 29th, 2010

La dosis habitual de basura produce en ocasiones extrañas digestiones. La última que me ha atacado el estómago ha sido leer y observar la imagen de cineasta y actor Dennis Hooper en el Paseo de la Fama de Hollywood. Foto que exhibe a un hombre extremadamente delgado, con las mejillas chupadas y una sonrisa casi inocente en los labios.

Leo las crónicas que se han escrito sobre esta su aparición y se me sube el vómito por la garganta.

Los agoreros escriben con “imparcialidad”  periodística que puede tratarse de la última aparición pública del director y co-protagonista del ya mítico largometraje Easy Rider, y confieso que cuando termino por asimilar lo de “esta podría se la última aparición de…” suelto en la taza del wáter lo que llevo dentro; profundamente asqueado por la suposición informativa mientras no deja de pasear por mi cabeza la extraña sonrisa de Hooper en la imagen que ilustra esta noticia.

Noticia que ya no es que el actor y cineasta tenga por fin su estrella en el Paseo de la Fama sino que ésta podría ser su última aparición en público…

Tomo una tila para calmar las chispas que hacen trizas mis tripas. Y maldigo entre dientes esa degeneración periodística que supone a muchos de los que desarrollan este oficio que están por encima del bien y del mal cuando es probable que ni quiera sepan que es eso de estar por encima del bien y del mal.

Lo mejor del caso es que entiendo que llegar a una edad en la que ya no te importan las reglas es lo que se traduce en la sonrisa (la describía más arriba como inocente) del actor y director norteamericano.

Así que reflexiono: pandilla de siniestros reporteros que han destacado lo de su “estado terminal” por encima de su oficio como actor y cineasta ¡pueden meterse su sentido de la noticia donde mejor les quepa!

Hagan sitio. Hagan maldito sitio donde les quepa. 

Saludos, muy indignados, desde este lado del ordenador.

Que la cosa funcione…

Sábado, Marzo 27th, 2010

Me siento cómodo en una librería. Son sitios donde puedo perder las horas mirando las novedades y pasando los ojos por la sección de los de bolsillo.

Es tanta mi afición, que ahora más que nunca paso como cinco días por semana en uno de estos establecimientos. Y la mayor parte de las veces sólo para sentirme integrado no con otros curiosos que, como yo, se han acostumbrado a perder el tiempo así ni con los empleados que esperan pacientemente a que compre un libro, sino porque dentro de estos espacios me relajo y soy lo que se dice idiotamente feliz.

 Me gusta leer las contraportadas, la reseña por si la hubiera del autor y oler esos volúmenes como si pretendiera catar el impacto que su lectura podría causar en mis revoltosas ideas.

En ocasiones voy a las librerías a tiro fijo. Con la intención de hacerme con un volumen que llevaba tiempo con la idea de devorar en la acogedora soledad de mi casa. En otras me siento como un cazador que espera con paciencia su próxima pieza. Lentamente exploro los libros con la esperanza de encontrar a uno de esos autores que durante un tiempo se convertirán en referente dentro de mi cabeza. No suele pasar mucho, la verdad, pero cuando se produce esa especie de extraño milagro merece la pena que gran parte de mi vida la haya perdido en estos establecimientos.

Hace unos años descubrí gracias a este método a un escritor británico del que no tenía referencia. Me gustó el título y me gustó la descripción que hacía de su protagonista nada más comenzar la primera página:

“- Eres un buen chico –dijo Dalmire, aceptando gustoso el vaso de ginebra que le tendía Morgan Lefy–. Sí señor.

Este tiparraco me ofrece su camaradería como un regalo, pensó Morgan; parece un perro esperando que le lancen un hueso para salir disparado en su busca; si tuviera cola, estaría moviéndola en este momento.

Morgan sonrió y brindó. Te odio, chulo asqueroso, juró para sí. Eres un mequetrefe, un cataplasma; lo único que has conseguido es arruinar mi vida.”

La novela se titula Un buen hombre en África y está escrita por William Boyd, uno de esos autores que, desde el día en que adquirí este libro, es a los que recurro porque generalmente no suelen fallarme. Y ello pese a que sigo considerando Un buen hombre en África como su  mejor obra. Me hizo reír y me hizo llorar pero sobre todo consiguió que a ratos me identificara con su protagonista: el tal Morgan Lefy, un tipo al que todas las cosas no le pueden ir peor porque resultaría imposible. Un náufrago que pese a todo continúa nadando mientras sus sueños se hacen pedazos.

Boyd cuenta con otra novela con notable sentido del humor pero sin el encanto aniquilador de Un buen hombre en África. Se trata de Barras y estrellas, o la descacharrante historia de un inglés en tierra de salvajes: los Estados Unidos.

Creo que lo que más me atrajo de Boyd fue que a medida que leía sus novelas masticaba como un gourmet sus influencias. Unos dices que hay que buscarlas en Graham Greene pero yo las ubico más en mi también admirado Evelyn Waugh, ese caballero que tan bien supo contar –y con revelador sentido del humor– las miserias de las clases altas británicas.

William Boyd no es, sin embargo, un escritor estrictamente humorista ya que cuenta con otros títulos conmovedoramente dramáticos. Destacaría así sus excelentes Como nieve al sol, Las aventuras de un hombre cualquiera, Sin respiro, Las últimas confesiones y Armadillo, novelas que sin ser explosivas son de esas que lees con facilidad mientras sus protagonistas penetran en tu vida para que pienses, mientras descansas la lectura, que vives su vida en tu existencia diaria provinciana.

Me quedan otros títulos de Boyd a los que echarle el ojo. El último traducido al castellano es Tormentas cotidianas, pero también están Playa Brazaville y La tarde azul, libros que localicé en su momento aunque los dejé aparcados por aquello de que no es bueno tanto empacho boydiano.

Sin embargo, y cuando me lo dicta el corazón, me alegra el día encontrarme con un nuevo trabajo de este escritor relativamente poco conocido en España.

Será porque cuando una novela me deja tarumba necesito que el autor continúe dejándome tarumba con más títulos. Así, he ido construyendo mi biblioteca a base de escribidores que me dieron en esa parte del alma que reclama sangre cuando la despierto. La lista es larguísima. Y es tan larga porque cuando un escritor me da, busco como un endemoniado el resto de sus obras como si fuera una cuestión de supervivencia.

El primer escritor de lo que califico como llamada de lo salvaje fue Bradbury, después Jim Thompson, David Goodis, Sender, Aub, Fitzgerald, Alfred Bester, Theodore Sturg eon, Arturo Barea, Tomás Salvador, Hemingway, Mauppassant, Chejov, Stevenson, Jack London, Conrad, Kipling, Ambler, Greene, H. G. Wells, Flaubert, Tolstoi, Salinger, Steinbeck, Doss Passos, Faulkner, Graves, Dickens… tantos y tantos que me hacen plantear que no tendré vida suficiente para continuar ampliando horizontes…

En cierta ocasión leí un cuento de fantasmas obstinadamente recomendable para lectores compulsivos y caprichosos como quien les escribe. El espectro protagonista del relato aparecía en la casa para terminar la novela que dejó incompleta cuando la ilustrada señora de la guadaña se lo llevó a ese otro mundo que sospecho que no existe.

Empezaba este post contando que disfruto perder el tiempo en las librerías con la esperanza de encontrar a uno de esos escritores que ilumine un pedazo más de mi existencia… Y si bien cuesta su esfuerzo, la espera suele valer la pena.

Y de eso se trata. De que valga la pena y que la cosa funcione.

Saludos, abiertos hasta el amanecer, desde este lado del ordenador.

Regreso a ‘El Planeta de los simios canarios’ (o los ‘monos’ según la traducción)

Sábado, Marzo 20th, 2010

Según las enseñanzas del profesor Pierre Boulle para detectar a un artista (canario en nuestro caso) basta con repasar los tres estamentos con los que los representó en su magnífico ensayo El planeta de los simios (o de los monos depende la traducción a la que tengamos acceso). Trabajo que fue llevado al cine con resultados igual –o más– de sobresalientes.

Como ya sabrán lo iniciados el señor Boulle propone en su estudio tres castas de intelectuales: Los chimpancés (intelectuales revoltosos); orangutanes (venerables y sabios intelectuales guardianes de la Ley) y gorilas (a su manera intelectuales que rinden culto a la fuerza bruta porque asumen que son los protectores de la dichosa Ley).

En ese pequeño planeta perdido en la galaxia del Ombligo que se llama Canarias la visión de Boulle nos sirve –como en cualquier otro escenario de la galaxia del Ombligo–  para analizar las caprichosas fuerzas que agitan el diminuto universo de sus pensadores (¿?).

Contando con la apreciable colaboración de un chimpancé que está empeñado en advertirme que con esta reflexión voy a continuar cosechando esa legión de amigos que, según él, he ido ganándome a través de este blog que no termina por trasladarse, apunto que hay una serie de pautas que tras contrastarlas científicamente en los laboratorios que el Gobierno de los Estados Unidos me ha habilitado en la localidad de Roswell, Nuevo Méjico, coincide entre los sujetos que he utilizado como ejemplos.

Damos así y pese a todo las gracias al chimpancé que nos sirvió de fuente y a quien llamaremos Cornelius por su asesoramiento a la hora de elaborar este, sin embargo, improvisado perfil general de los artistas (los que se creen, los que lo son y los que aspiran a creérselo) con el fin de que abra nuevas vías de estudio sobre el hecho de vivir en esa galaxia del Ombligo. Tan necesitada hoy –reflexionamos con cierta amargura– de clarificar sus más que inciertos y, generalmente, idiotizados horizontes.

He aquí algunas reflexiones:

* La existencia de un artista canario no sería completa si no perteneciera a una generación. Da igual el nombre que se le dé. O el año que le dé origen. El hecho es que tiene que ser generación. O grupo. O pandilla con ánimos de pandilleros culturetas. La paradoja radica –tras consultar archivos– que una vez se catalogue al mono en los tres grupos que sugiere Boulle, éste no querrá que se lo identifique con esa generación, grupo o pandilla.

* En el amplio y variado escaparate cultureta canario (literatura, artes plásticas, cine, música, teatro, danza…) sus protagonistas hacen muchas cosas (la mayor parte de las veces las mismas cosas) que son consumidas siempre por los miembros de esa generación, grupo o pandilla citados anteriormente.

Conclusión boulliana: se lee, se realiza, se pinta, se esculpe o se representa para los mismos mimados miembros de esa generación, grupo o pandilla más arriba reseñados.

* Toda generación, grupo o pandilla que se precie deberá contar con un patriarca (orangután) que guíe sus pasos. Otra cosa es que, pasado el tiempo, los chimpancés se rebelen contra el Venerable. Lo que suele ocurrir. En ese caso surgen los efant terrible, sólo que por edad ya no resulten, precisamente, efant terrible.

* Para formar parte de una generación, grupo o pandilla de ese pequeño planeta llamado Canarias de la galaxia Ombligo es necesario recitar el mantra “los hermanos malasombra somos malos de verdad” sólo que cambiando ideas. Se recomienda así, nos sugiere Boulle, que se recite como plegaria: “somos artistas, somos artistas de verdad”. Con eso se consigue, dice, que se crea en algo que no es creíble.

Además, recomienda, se tiene que buscar a un enemigo para justificar el espejismo de lo que es simple mediocridad. En el caso del planetita canario: los godos. Y no porque sean godos (que son habitantes de la misma galaxia Ombligo) sino porque “no nos entienden”.

* Boulle opina en su ensayo El planeta de los simios (o de los monos según la traducción que se tenga a mano) que esta estrategia para ocultar las miserias señalando la de de los demás es tan antigua como la noche de los tiempos. Recomienda así como lectura obligatoria ese rompecabezas de odio titulado Mi lucha, texto que firma un tal Adolf Hitler, un tipo sospechoso para quien les escribe no ya por su ridículo bigotito a lo Charlot y su confeso vegetarianismo y abstemia sino por su manía de mandar a la cámara de gas a quienes –como quien les escribe– busca su lugar en el mundo y recela de quienes quieren implantarle en el pecho un triángulo amarillo.

* Para todas las generaciones, grupos o pandillas del planetita canario es necesario, además, editar una revista donde publicar sus cosas. Esas cosas que después pondrán a parir con argumentos peregrinos en animadas charlas de café sus mismos colaboradores. Se exige, eso sí, que la revista publique apenas un par de números.

Una vez haya fracasado, es obligatorio que los mismos que la ponían a parir lamenten en nuevas charlas de café el vacío que provoca en la cultura del planetito canario su desaparición.

* Boulle en su libro, y eso lo constatamos en el planetito canario, destaca que tradicionalmente se criticará siempre al artista que, pese a su mediocridad, insista en seguir trabajando. O lo que es lo mismo, no cabe en cabeza de sus miembros que ese autor o autora no pueda contar con edad juvenil con una obra casi tan prolija como la de  Benito Pérez Galdós por mucho que escriba, ruede, pinte, esculpa o componga.

* Y no tendrá interés porque el chimpancé que tarda cinco años en parir una mediocridad querrá casi siempre convencer a los otros monos que no puede salir nada bueno de ese chimpancé mediocre que publica casi todos los años sus obras completas.

* El ensayo de Boullé también revela datos interesantes sobre los monos que empezaron su carrera en el planetito canario para saltar al planetita que llaman España. Todos estos chimpancés aspiran a convertirse en orangutanes (venerables) porque aspiraron a  hacerse un nombre en territorio desconocido. Es probable, apunta el ensayista (autor también del imprescindible estudio El puente sobre el río Kwai, entre otros volúmenes) que muchos de esos chimpancés a lo que nos referimos y a punto de la jubilación miren a su planetita canario de origen con la intención de regresar a su tierra cuando el impecable e implacable paso del tiempo les haya quitado protagonismo en los territorios donde hasta ahora se desenvolvían.

* Permítanos apuntar que lo mejor del caso es continuar siguiendo a rajatabla las directrices planteadas por Boulle y que nos preguntemos ¿por qué esos canarios que lograron hacerse un nombre fuera continúan con los mismos vicios de los canarios que no han triunfado fuera? Será, pensamos humildemente, la mala costumbre de devorarnos a nosotros mismos.

* La conclusión que arroja Boulle en su ensayo es muy triste. Aunque si han visto la película que inspiró tan valiente retrato de la sociedad su final es más amarago si cabe.

Tanta lucha, tanta mierda para descubrir que por mucho que te hayas roto la cabeza para hacerte un lugar en la galaxia del Ombligo tú mismo eres víctima de ella.

* La paradoja de Boulle –y sobre todo la de la película– nos dice que por mucho que escapes con la intención de crear un nuevo mundo al final te encontrarás en la playa desierta con media silueta de la Estatua de la Libertad para recordarte que has regresado a casa.

¡¡¡A casa!!!

Saludos, casi como uno de los supervivientes de Los Andes, desde este lado del ordenador.

La maldición de 'El Quijote'

Miércoles, Marzo 17th, 2010

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Esta mañana me dio por hacer una rápida encuesta entre un grupo de amigos lectores. La encuesta consistía en una única pregunta, fácil de responder siempre y cuando se hiciera con sinceridad: ¿Ha leído usted El Quijote?

De los seis amigos a los que les solté la inevitable cuestión creo que cinco me contestaron con el corazón en la mano. No estoy tan seguro de la respuesta que me ofreció el sexto porque es un bromista. Una de esas personas que va por la vida con un optimismo que desarma incluso en las situaciones más desagradables de su existencia. Sólo por eso, considero que lo que me dijo debe darse por válido pese a que todavía me pregunte si fue verdad o simple y llanamente una de sus tradicionales tomaduras de pelo.

Esta encuesta nació a raíz de un post anterior en el que relexionaba del flaco favor que le hicieron a mi espíritu rebelde cuando en su tierna adolescencia le obligaron a leer determinadas novelas. Uno de los encuestados me recriminó de hecho mi obsesivo ataque a los profes y profas que se empeñaron por aquel entonces en que me tragara aquellos títulos que no conservo en mi ya gastada memoria. Quizá tenga razón, pero por carácter siempre he mirado de reojo a quienes intentan imponerme algo sin razonar el por qué debo de hacerlo.

Creo que no soy el único que, pese a ser un idiota y pacífico ciudadano, tiembla cuando pasa por arcos detectores, entrega un billete y enrojece cuando lo pasan por uno de esos dispositivos que salta si es falso o cuando se cruza en la calle con una pareja de policías.

Que sepa, hasta este momento afortunadamente no cuento con ficha policial a no ser que el Estado disponga de un archivo con el quién es quién de todos sus ciudadanos. Por eso no entiendo que este miedo me siga asaltando pese a que crezca y me haga más viejo. Me refiero a la extraña inquietud de enfrentarme ante cualquier tipo de autoridad.

Lo que ya considero como una especie de síndrome debe de tener nombre. Y ese nombre quizá justifique el cañonazo que supuso para mis neuronas cuando descubrí la obra de Franz Kafka. Sí, me refiero a ese mismo escritor al que sólo se le conoce por esa novela corta donde un tipo se despierta una mañana convertido en escarabajo. Aunque en mi imaginario juvenil el nuevo cuerpo transmutado fuera el de una de nuestras tan habituales cucarachas.

Entre los amigos a los que les planteé la pregunta –¿ha leído usted El Quijote?– sólo dos me aseguraron que sí. Y uno de los del sí fue, precisamente, ese amigo que les contaba que ve siempre la botella medio llena. El resto, como quien les escribe, me respondió que lo que conocía de la obra magna de Cervantes era gracias a la serie de dibujos animados que había que tragarse cuando éramos pequeños y se emitía por televisión antes de la película de la tarde; y por los fragmentos que en su época de estudiante les obligaron a que leyeran y comentaran en clase.

No pude reprimir entonces plantear a quienes me confesaron esta laguna en su reconocida cultura como ávidos lectores si habían intentado leerlo después, sin pesadas orientaciones. Y cosa curiosa, tres coincidieron en que trataba de una novela que esperan leer cuando sean ancianos siempre y cuando aún les funcione con corrección la maquinaria de la mente y el cuerpo. Los dos restantes, sin embargo, me indicaron que habían hecho intentos aunque habían desistido nada más empezar En un lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme… No manifestaron tampoco mucho interés en leer la obra del que llaman Príncipe de las Letras en los que le queda de vida.

Como no tengo muchas cosas que hacer últimamente y me encantan estas boberías de perder el tiempo y dormir la bendita siesta, me dediqué cuando no estaba puesto en tan sana labor, en navegar por la Internet para descubrir comentarios elogiosos de lectores sobre El Quijote. Muchos porque quieren quitarse ese libro de la cabeza. Casi porque parece que se trata de una obra que sienten como una extraña espina clavada en el alma. Otros porque –dioses– habían llegado a una edad donde el único libro que les reconfortaba intelectualmente era precisamente El Quijote.

Todo esto me hizo reflexionar que hay algo maldito en el que se considera como título mayor en la obra de Miguel de Cervantes. Tan maldito que ilustres cinestas que quedaron cautivados ante su universo descrito fueron incapaces por cuestiones financieras de finalizar los proyectos personales que estaban rodando sobre el caballero de la triste figura. Me refiero a Orson Welles y Terry Gilliam.

Reflexioné así que esta maldición también llega al resto de los que como quien les escribe, y ese grupo de amigos, siente ante esta novela gigantesca de nuestra literatura.

En mi caso, y dispongo de una excelente edición, he fracaso en las tres intentonas en las que me he propuesto sumergirme en su universo. No obstante, escribo que estoy armándome de fuerza para saltar ese obstáculo que aún no me he atrevido a superar en lo que ya considero como una larga y probablemente inquieta carrera como lector.

El Quijote será así la única novela que me llevo en el equipaje de un viaje largo que espero emprender precisamente en abril, mes en el que como todo el mundo sabe se celebra el 23 la Fiesta de eso que todavía llamamos libro. La fecha coincide –¿hay que decirlo?– con el mismo día en que enterraron en Madrid a don Miguel de Cervantes en 1616.

Saludos, más que probable víctima de la maldición de El Quijote, desde este lado del ordenador.

¡Que viva la bandera tricolor!

Martes, Marzo 16th, 2010

 ¡DALE TANKE Y KEROSENO!

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De un tiempo a esta parte la actividad parlamentaria en la Cámara regional ha acogido una serie de iniciativas de carácter cultural que pese a su carácter simbólico merecen nuestro más absoluto reconocimiento. En la mayor parte de los casos quien ha llevado estas iniciativas es la diputada del grupo de CC Dulce Xearch Pérez, mujer que si llevara boina guevariana podría convertirse en algo así como nuestra particular Patty Hearst de la política canaria.

Gracias a una proposición no de ley defendida por ella con la misma gallardía aunque usando distintas armas que la antaño miembro del Ejército Simbionés de Liberación, la Comisión de Cultura estudiará mañana, a las 10.30 horas, el futuro del Festival Keroken y el Espacio Cultural El Tanque. Buena suerte, inglés, que decían en Adiós al rey.

Está muy bien que el Parlamento de Canarias acoja asuntos de tan importante calado cultural. Lo que ya no me parece muy bien es el paquete de diputados que se prestan a debatir estos asuntos. Durante un tiempo tuve el dudoso honor de ser un habitual de esa casa, casa que pasado el tiempo creo que está encantada. O poblada de fantasmas y cadáveres enterrados en sus paredes como hacen con el pobre protagonista de El barril de amontillado de Poe.

Luego están los actores de la comedia política canaria paseándose por los pasillos, la cafetería y el mismo hemiciclo. Recuerdo que me bastaba escucharlos para que poco a poco mi rostro se transformase en una amarga máscara de aburrimiento y me asaltase (o al menos me asaltaba entonces) la sensación de que todo aquello que se debatía y debatía no servía para nada. Además, cuando intentaba en forma escrita dar coherencia a sus ¿razonamientos? la tarea me resultaba más complicada que resolver el misterio de la piedra Rosseta.

En ocasiones, es cierto, prestaba atención a un diputado porque se expresaba con meridiana claridad aunque generalmente el nivel de oratoria de sus señorías me parecía más que deficiente.

Hablaban y hablaban. Hablan y hablan y se emborrachan hablando. Mientras, fingen compromiso con un cinismo que haría trizas la mueca del mismísimo Joker. Así que uno que les escribe, cuando salía de esa casa de fantasmas ubicada en la santacrucera calle de Teobaldo Power, no dejaba de preguntase ¿para qué demonios sirve este circo interpretado por tan malos payasos?

Conste en acta que con esto no estoy diciendo que me parezca que caen en saco roto iniciativas que, como la que se abordará mañana y se abordaron ayer de carácter cultural, protagonicen algunas de las horas de nuestro provinciano parlamento canario, pero entiendan que soy de los que duda que algunas de sus señorías –salvo honrosas excepciones porque imagino que debe de haberlas, ¿verdad dioses?– haya leído lo que se dice un puto libro en su vida.

Pero así son las cosas en esta chripitifláutica región en la que habitamos.

¡SODOMA Y GOMERA!

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La editorial Verena Zech anuncia que presentará a uno de los autores de su catálogo en la Leipziger Buchmesse, la segunda feria del libro más grande de Alemania. El encuentro se celebra del 18-21 de marzo. Mani Beckmann dará a conocer su novela policíaca Sodom und Gomera (Sodoma y Gomera) en este encuentro. La editorial Zech es una empresa privada fundada por Verena Zech en 2001 en Santa Úrsula (Tenerife). En su catálogo se pueden encontrar novela histórica como El Rey de Taoro y Tanausú, traducidas al castellano, y Pedro González (o Petrus Gonsalus) El salvaje gentilhombre de Tenerife del italiano Roberto Zapperi. Incluye además a otros escritores, como el tristemente desaparecido Rafael Arozarena, co-autor de la Guía naïf de costumbres canarias, con obra de la pintora canaria Ángeles Violán.

(*) La imagen corresponde a Saló o los 120 días de Sodoma. La última obra maestra de ese gigantesco e irrepetible maestro que fue Pier Paolo Pasolini.

Y EL VIERNES…

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El próximo viernes, 19 de marzo, a las 19 horas en la librería Agapea de Santa Cruz de Tenerife tiene lugar la presentación de Los días de mercurio (La iniquidad II), de Alexis Ravelo. El libro fue presentado oficialmente en la librería Negra y Criminal, de Barcelona, el pasado 27 de febrero, donde contó como padrino con el escritor argentino Raúl Argemí. Ahora le toca el turno a la capital tinerfeña, y en esta ocasión el maestro de ceremonias será el escritor y gestor cultural Ayoze Suárez.

POR EL FOR(R)O CANARIO

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Y nuevo mea culpa. Y mea culpa porque si bien hace unos días “acusé” al pobre y sufrido David San Ginés, he comprobado con honda satisfacción que el responsable de diariodeunkinosofista se ha vuelto hoy más gamberro y canalla que nunca. Me entero gracias a su blog de una noticia que hace necesaria su masticación sensata con la esperanza de digerirla con la lentitud que precisa. Lean.

Lean y sepan por donde va la cosa.

Sólo puedo manifestar mi total y también sufrido respaldo a la cineasta María Eugenia Arteaga.

Les invito así, una vez más, a que lean este texto para que se hagan una fotografía de cómo se han hecho las cosas en el actual For(r)o Canario tras la fatal (por la crisis, ¡ah, la crisis! recuerden) destitución de su anterior coordinador, Luis Roca.

LA FRASE DE LA SEMANA

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Lo escuché en un establecimiento de alquiler de películas.

- ¿Vas a ir al concierto de Stanley Jordan?

- ¿Y quién es ese?

-Sí hombre, un negro que toca la guitarra…

Y es que somos ansí.

¡Que viva la bandera tricolor!

Saludos, numantinos, desde este lado del ordenador.