Un puñado de propuestas insólitas

Lunes, Noviembre 1st, 2010

* El grupo de música electrónica Tangerine Dream (la verdad es que yo fui siempre más de Focus) ofrecerá un concierto en Tenerife en el marco del Festival Starmus, encuentro en el que también se rendirá homenaje al cosmonauta ruso Yuri Gagarin. El Festival se desarrollará del 21 al 26 de marzo en La Palma y Tenerife, y está previsto que asistan, entre otros, astronautas como Alexei Leonov, Victor Gorbatko, Valentina Tereshkova y Bill Anders.

* En el interesante blog literario Insólitos, especializado en literatura “no domesticada por el stablishment de las letras”, me encuentro con textos de tres grandes escritores canarios insólitos: Félix Francisco Casanova, Eugenio Millet y Ezequiel Pérez Plasencia.

* Keroxen es una de las apuestas culturales más atractivas y novedosas que se están produciendo a este lado siempre agitado del Atlántico. Un inteligente programa de actividades a la contra pero en vanguardia, así como una hábil utilización como escenario del Espacio Cultural el Tanque de Santa Cruz de Tenerife son algunos de los elementos que han contribuido a que este Festival se esté consolidado en el actual páramo creativo y festivo que vivimos en las islas. Y sólo con dos ediciones dando la murga. Para los que todavía se lo piensan, les invito a que visiten keroxen10 y formen parte de la tribu del queroseno. Están haciendo legión.

* Vale, lo confieso, a mi me dio también una época por leer todo lo que cayera en mis manos de Jack Kerouac. Me gustó En el camino, me gustó mucho más Los vagabundos del Drama, me mosqueé bastante con Big Sur, Los subterráneos y Ángeles de desolación. Casi no lo destierro de mis autores de cabecera por su La vanidad de los Duluoz y mucho me temo que rompí mis relaciones con el chico más beat de la beat generation cuando me tragé su soporífera Satori en París. Dicho esto, anuncio que Ediciones Escalera lanza este otoño nueva novela de Keruoack, Pic. Lo que no tengo tan claro es de si volveré a caer en la tentación de leerlo. Pic cuenta en apenas un centenar de páginas “la aventura de un niño negro de diez años que en compañía de su hermano mayor Slim, escapa de su Carolina del Norte natal para refugiarse en Nueva York y empaparse de jazz, Times Square, los apartamentos baratos de Harlem…”

* La Fundación Cristino de Vera-Espacio Cultural CajaCanarias de La Laguna acoge del  4 de noviembre al 2 de diciembre, el I Encuentro Arte y Pensamiento, jornadas en las que participarán cinco especialistas que reflexionarán sobre el proceso creativo de Cristino de Vera. El propio artista y el doctor en Filosofía y catedrático de Estética, Amador Vega Ezquerra, serán los encargados de inaugurar este encuentro, el jueves 4 de noviembre, con las conferencias tituladas Al vuelo del espíritu y El misterio de lo sagrado en el arte contemporáneo.

Saludos, haciendo amigos en Marte, desde este lado del ordenador.

Vargas Llosa, una reflexión desordenada

Jueves, Octubre 7th, 2010

Mi afición a leer comenzó gracias al descubrimiento de la mejor novela de aventuras de todos los tiempos, La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson. Más tarde me inicié en otros territorios literarios pero la mayoría de los escritores que llegaban a mis manos eran anglosajones y franceses, lo que condicionó de alguna manera mi acercamiento a otras geografías de la novela y los cuentos. A medida que fui creciendo, cambié en muchas ocasiones de compañeros de juergas lectoras. Ora devorando a los rusos, ora devorando a los alemanes, ora devorando cualquier cosa que me garantizara un refugio ante la hostil realidad que me rodeaba.

En todo ese tiempo, sin embargo, admito que siempre vi con vacilante recelo la euforia que se produjo durante unos años en torno a la literatura hispanoamericana porque nunca he sido demasiado amigo de las modas. Ahora bien, que un escritor se convierta de moda no me obliga necesariamente a que lo exilie en mi peculiar bolsa de valores.

Contaba todo esto porque mi aproximación al boom latinoamericano llegó muchos años después de que sus efectos nocivos para la salud hubieran sido dispersados por el viento que todo lo arrastra. No llegaron sin embargo a conmoverme. Bueno, unos pocos de aquellos autores forman parte de mi particular santa sactorum como Jorge Luis Borges, a quien nunca consideré estrictamente un escritor sudamericano porque su obra trasciende fronteras, y Julio Cortázar, más por sus cuentos que por sus novelas, porque este argentino con pinta de actor existencialista era además de un excelente cuentista un gran aficionado al jazz. Y a uno de sus dioses: Charlie Parker.

Leí Cien años de soledad de Gabriel García Márquez por recomendación de un amigo que no prestaba libros. Y el hecho de que me prestara precisamente a mi Cien años de soledad fue un gesto que me desarmó por completo. Y claro que me gustó la novela del escritor colombiano pero tras leer otras ficciones suyas prefiero al Márquez articulista y periodista. Más tarde llegó Juan Rulfo y su Pedro Páramo y Mario Vargas Llosa, entre otros muchos latinoamericanos en esta relación donde he mezclado a unos y a otros con independencia fueran boom o pre boom o post boom. Y es que como dijo un amigo: ¡Salvemos al puchero!

Vargas Llosa, por si no lo sabían, ha obtenido el premio Nobel de Literatura. Felicidades, viejo.

En la larga nómina de escritores sudamericanos siempre me dio por gustarme los que consideraba raros. Y Borges quizá sea uno de los más raros aunque, reitero, no sea sudamericano sino universal. A mí hay un escritor uruguayo que me seduce llamado Horacio Quiroga del que poca gente se acuerda hoy. El señor Quiroga es autor de uno de los mejores relatos fantásticos que he leído en mi ya largo historial como lector del género: El almohadón de plumas.

Háganse un favor y léanlo.

En los últimos tiempos y gracias a que he tenido la oportunidad de conocerlos me ha dado por continuar leyendo a escritores de la América hispana encontrando una literatura potente y en ocasiones estremecedora. Desgraciadamente, la mayoría de estos escritores no llegan al mercado español ni los españoles al mercado latinoamericano por esa absurda decisión editorial que pone coto a que circulen una y otras obras a este y al otro lado del Atlántico. No sé si se romperá algún día esta maldición.

Hay una interesante nómina de escritores cubanos, comenzando por el agitador Pedro Juan Gutiérrez y continuando por los policíacos Leonardo Padura, Amir Valle o Lorenzo Lunar. Peruanos, con Alonso Cueto, Jorge Eduardo Benavides y Santiago Rocangliolo. Y colombianos como el excelente Mario Mendoza. O los mexicanos Jorge Moch, Élmer Mendoza, Yuri Herrara o Francisco Haghenbeck, por citar sólo los que se me vienen a la cabeza. Hay más escritores desparramados por el continente, entre ellos el argentino Ricard Piglia o el chileno Roberto Bolaño pero este post no pretende ser exhaustivo sino celebrar –a mi peculiar y desordenado modo– que Mario Vargas Llosa se haya hecho con el Nobel de Literatura.

Un premio que si bien podría ponerse en cuarentena sirve la mayor parte de las veces para descubrir autores que por una u otra razón permanecían olvidados como es el caso del gigantesco Isaac Bashevis Singer.

 De Llosa he leído, creo, las novelas que debía leer: Los jefes, Los cachorros, La ciudad y los perros, La fiesta del chivo y Pantaleón y las visitadoras si no creo recordar mal. Sin embargo, me pasa lo mismo que con Gabriel García Márquez, prefiero más al Vargas Llosa periodista que al escritor de inquietantes ficciones. Su legión de seguidores me gritará que me estoy perdiendo lo mejor del escritor pero así son las cosas en mi tontorrona y desordenada cabeza.

No obstante, y porque debía hacerme eco del Nobel, espero que estas confesión apresurada sirva para sumarme al extraordinario alborozo que significa para las letras hispanas que uno de los nuestros se haya hecho con el galardón que lleva el apellido del inventor de la dinamita.

Saludos, mirando el calendario, desde este lado del ordenador.

El poder, ya lo saben, corrompe

Viernes, Octubre 1st, 2010

Imagina que un día cubre una cúpula transparente tu ciudad. Que esa cúpula impide (según la situación en la que te encuentres) que salgas o entres en ella. Imagina también lo que podría pasar con el grupo de aislados, a partir de ese momento al margen de cualquier autoridad externa porque como he dicho nadie puede entrar ni salir de esa cápsula misteriosa que, demonios quién sabe por qué, se ha instalado en –reitero– tu ciudad.

Partiendo de tan interesante e inquietante premisa Stephen King vuelve a sorprender a propios y extraños con su última (y abultadísima en páginas) novela. Una ficción poblada de personajes, más de medio centenar, que le sirve de excusa para radiografiar las inestabilidades que podrían afectan a los responsables municipales y por extensión a los vecinos de una pequeña ciudad de la costa este de los Estados Unidos, casi todos ellos ciudadanos que creían en las bondades del sistema democrático norteamericano.

Sin temor a equivocarme, La cúpula, que así se llama este novelón de más de 1.200 páginas, es la historia más política del escritor de Maine. Su obra más descarnadamente ideológica. Una novela en donde el autor de éxitos como Carrie, El resplandor o Duma Key abraza sin prejuicio alguno la obamanitis que últimamente parece aquejar al país de las barras y estrellas. Y al abrazar este bando, permitirse el lujo de arremeter como buenamente puede contra la ultraderecha radical estadounidense. Esa derecha que asocia a garrulos cerveceros y predicadores de pacotilla.

Advierto por ello a los seguidores de este gran escritor (pese a quien le pese) que no es un título estrictamente fantástico del talentoso autor de Cementerio de animales, pero sí una de esas obras que no cuesta leer pese al número tolstoniano de páginas. Detecto además en la última producción literatura de King nuevos y audaces hallazgos, aunque su fórmula se mantenga inalterable.

Es su estilo. Y su estilo le ha dado mucho dinero.

En este sentido, resulta hasta divertido para cualquier avispado consumidor de literatura y cine de género detectar las “influencias” que alimentan este libro gigantesco (en páginas). La primera y más obvia es Los cuclillos de Midwich, de John Wyndham, novela que dio origen a esa obra maestra del cine fantástico que es El pueblo de los malditos (Wolf Rilla, 1960, y el remake que firmó de este mismo título en 1995 con mucha menos imaginación John Carpenter) así como la sabrosa canibalización que hace de sus propias historias con la intención de describir el universo cerrado y opresivo que ofrece de la pequeña ciudad oculta bajo la cúpula transparante: Chester’s Mill.

Leyendo, ¡qué digo!, devorando esta obra he llegado a la conclusión sin embargo que lo menos importante de La cúpula son sus elementos fantásticos (que los tiene) sino ese medio centenar de personajes que participan en esta peculiar odisea por detener el poder absoluto al que aspira uno de esos malvados kigneanos que, en esta ocasión, no necesita recurrir a las bajas instancias del averno para –viene a sugerirnos King  en sus 1.200 páginas– afirmar que el MAL –así con mayúsculas– no tiene necesariamente que venir del más allá o de otra dimensión.

Entre los fallos de esta obra, irregular porque resulta demasiado larga, el lector iniciado le echará en cara a su autor  que haya decidido poner el piloto automático en determinados capítulos del libro, lo que resulta francamente irritante porque siempre te asalta la sensación de dejarlo abandonado en la mesilla de noche si el asunto no se pone interesante. De todas formas, y confiando en que quien lo escribe es un auténtico experto en marear la perdiz, basta superar esos momentos tontos porque sabes que al final te picará con el aguijón de la adicción. Es decir, que sigues  leyendo al tiempo que te planteas preguntas. No ya por el origen de la dichosa cúpula sino de lo morbosamente atractivo que resultaría que una cosa de esas cubriera de repente tu ciudad. Claro que ¿acaso no ha cubierto ya la tontuna nuestra ciudad?

Me he llevado una de esas bobas alegrías con La cúpula al descubrir que King también es seguidor de las novelas de Jack Reacher, el investigador privado al margen de la ley creado por el escritor Lee Child. Si leen este novelón sabrán porque lo digo.

La cúpula cuenta con un excelente trailler promocional que les invito a que disfruten y es más que probable que termine convirtiéndose en miniserie de televisión producida por Steven Spìelberg. Cineasta que es algo así como  Stephen King en literatura: todo lo que toca lo convierte en oro.

Aunque, ¿pensándolo bien?, quizá sea la maldición de estos dos grandes maestros de la cultura popular de nuestro tiempo.

Saludos, aún fuera de la cúpula, desde este lado del ordenador.

Al final siempre nos quedará Chejov

Miércoles, Septiembre 22nd, 2010

Sucedió hace muchos años. Por mediación de un buen amigo que tuvo la revelación y fruto de su empeño entusiasta y constante en que no dejara de leerlo, me procuré una antología de cuentos de un escritor del que sólo tenía hasta ese momento referencias por sus obras teatrales: Anton Chejov.

La antología, titulada Cuentos imprescindibles al cuidado del también escritor Richard Ford, se convirtió a partir de aquel día y nada más abrir la portada y sumergirme en sus textos en un descubrimiento. En uno de esos libros que te parten el alma, te conmueven porque están repletos de vida.

Leo y relejo a Chejov desde ese día como un sediento al encontrar en sus páginas lo que no encuentro en otras páginas de otros tantos autores: que se me meta por dentro, que me empape de sus personajes, que sufra con ellos, que les tenga piedad…

Hará dos semanas, o quizá fueron tres porque ya no me acuerdo, me encontré en el Rastro de la capital tinerfeña con un viejo volumen editado en los años cincuenta por Austral con un relato que desconocía del maestro: Historia de mi vida. El volumen apenas llegaba al centenar de páginas pero confieso que he tardado casi dos o tres semanas en leerlo desde que lo encontré olvidado en una mesita junto a otros tantos libros en lamentable estado, porque Chejov ha vuelto a partirme el alma. Ha vuelto a que sienta tristeza y piedad por los personajes que se mueven en esta extraordinaria novelita corta que te habla directamente al corazón. Que te toca los sentimientos, que te hace ¡será posible! más bueno. O al menos más justos con quienes te rodean.

No se rían. En estos días que ya se han ido, he disfrutado con refinada lentitud de una novela corta que se me ha hecho necesaria para aguantar las idioteces diarias ante las que me enfrento. Se equivocan, no obstante, los que piensen que su lectura les hará más fuerte porque con Chejov nunca es así. O conmigo nunca ha funcionado así. Chejov en todo caso limpia la sucia habitación donde mucho me temo resguardo a mi espíritu.

No hay trampa ni cartón en este escritor ruso que hizo del relato corto una obra maestra. Sus cuentos son tan insólitamente densos que merecen relecturas para desenmarañar esa tela de sentimientos que se te escapan con una sola lectura. Conectas con su universo, y ese universo conecta contigo porque supo, tuvo el don, de mirar a los monos sin pelo no a la cara sino a lo más profundo de su corazón. Por eso para mi sigue siendo uno de los más grandes, y un faro necesario que me guía por este extraño sendero que es la existencia.

Chejov, al igual que el mejor Guy de Maupassant, demuestra que el cuento sirve para narrar algo más que una anécdota brillante. Porque un cuento, cuando cae en sus manos, te emborracha de tristeza o de júbilo… casi como si acariciara tus dormidos sentimientos. Es literatura en estado de gracia. Tanta, que en mi locura por encontrar a otros escritores que me susciten tanta revelaciones soy consciente que lucho contra molinos de viento porque sé que se trata de una batalla perdida.

Por ello, afortunadamente, siempre pienso: “no te preocupes, al final siempre nos quedará Chejov. Siempre nos quedará el mejor Guy de Maupassant”.

Saludos, tocado y hundido, desde este lado del ordenador.

¡Qué bonito y cargadito será este otoño!

Viernes, Septiembre 17th, 2010

Seamos justos, un otoño sin la programación cultural de CajaCanarias no sería otoño. Programación donde siempre hay un poco de todo para gustos de todos: música, teatro, ciclo de conferencias, presentaciones de libros… Es natural que me pregunte de un tiempo a esta parte que pasaría entonces ¿y si no contáramos con más Otoño Cultural de CajaCanarias? Claro que, viviendo en unas islas donde la palabra cultura es casi sinónimo de cultura oficial, si careciéramos del Otoño de CajaCanarias el paisaje de actividades culturales en este archipiélago sin dioses ni bandera resultaría muy similar al de un páramo perdido en la noche de los tiempos. Sin desmerecer –qué conste en acta, obviamente, los ocasionales oasis que de tanto en tanto se dan en esta nuestra comunidad y que se caracterizan por su independencia.

CajaCanarias presentó esta misma mañana su Otoño Cultural con la esperanza y también la acuciante necesidad de crear en estos territorios aislados cierto espíritu de comunidad cultural. Que Dios les oiga.

Entre las actividades más destacables del programa diseñado para este año (todas se celebrarán en el Espacio Cultural de la entidad en la capital tinerfeña a las 20 horas) sobresale, como siempre la música. Incluye flamenco (Vicente Amigo, 14 de octubre); jazz (Egberto Gismonti, 29 de octubre y Polo Ortí y Chano Domínguez, 5 de noviembre); canción española (Diana Navarro, 20 de de noviembre) y el ciclo Festival Músicas Centenarias del Mundo, con Magios (19 dde octubre); Ensamble Stravinsky (22 de octubre); Alia Música (2 de noviembre); el conjunto noruego Trío Mediaeval (9 de noviembre); la intérprete turca Aynur (16 de noviembre) y el dúo indio formado por Azam Ali & Niyaz (30 de noviembre); sin olvidar el concierto que las galardonadas con el Premio de Canto María Orán –Orlando Niz y Estefanía Perdomo– ofrecerán el martes 26 de octubre.

En cuanto a literatura, la agenda contempla la presentación el miércoles 13 de octubre del libro Cuerpo habitado, de Miguel Ángel Alonso Arvelo, premio de Poesía Pedro García Cabrera; La novela extranjera en España de Domingo Pérez Minik ( el jueves 21 de octubre); Vivir sobre la vida, de Arturo Maccanti (4 de noviembre) y el estreno del documental Una luz en la isla. Domingo Pérez Minik, de Miguel G. Morales. En este apartado, regresa el ciclo El mundo que queremos, que dirige el periodista y escritor Fernando Delgado, y que este año analizará El valor de la memoria con José Álvarez Junco y Juan Carlos Rodríguez Ibarra (23 de noviembre) que debatirán sobre La memoria colectiva; Soledad Puértolas y Juan Cruz; que hablarán sobre La memoria literaria (24 de noviembre); Celia Fernández Prieto y Ana Caballé, quienes protagonizarán la charla El valor de la memoria (25 de noviembre) y La música y la memoria, en las que intervendrán Basilio Martín Patino, Fanny Rubio y Víctor Manuel, quien ofrecerá además un concierto acústico al finalizar el encuentro.

Y esto es sólo un pequeño avance de lo que se nos viene encima este otoño.

Porque como decían en los dibujos animados… aún hay más.

Saludos, oyendo de fondo Apache de The Shadows, desde este lado del ordenador.

A modo de epílogo

Sábado, Julio 17th, 2010

El escritor madrileño Juan Madrid puso hoy el dedo en la llaga al preguntarle a Paco Ignacio Taibo II qué pasará con la Semana Negra de Gijón si el PP gana las elecciones del próximo año. Taibo II contestó que no le gusta oficiar de adivino pero que si la derecha –pongamos por caso– instalada en el poder decidiese borrar del mapa este Festival de referencia (con mis disculpas al señor Calandraca), sí que estaba seguro de una cosa: masas de gijoneses saldrían a la calle en señal de protesta. A lo que añado, y también de canarios. O al menos de este canario que ya sufre de síndrome de abstinencia mientras el reloj de la Historia absorbe en el recuerdo la XXIII edición de este encentro único con las literaturas de género. De esta especie de oasis donde se habla y se debate con criterio de casi todo alejado de las perniciosa corriente del pensamiento único, ese que tanto gusta en Canarias.

No sé si volveré el año próximo a las XXIV Semana Negra de Gijón pero sí que puedo escribir y por lo tanto afirmar que para mi ha sido un privilegio asistir a esta maravillosa realidad en calidad de aficionado más que de informador. De aficionado, que conste en acta, al género negro, a la ciencia ficción, a la fantasía y a la novela histórica.

O a esa literatura que tanto nos gusta a los idiotas que vamos de criaturas del señor Dostoyevski por la vida (¿Qué es Crimen y castigo?, ¿qué es El jugador?, ¿que son Los hermanos Karamazov?).

La XXIII Semana Negra se funde a negro este domingo, 18 de julio,  en lo que ha sido, a mi modesto entender, una edición mastodóntica, salpicada de pálidas pólémicas pero intensa y durísima para un lector que por fin se siente que ha cruzado el grado de aprendiz para iniciarse en el de compañero rodeado de tantos maestros.

Redacto el borrador de este post en el mítico Café Gijón mientras ahogo la tristeza con una caña de cerveza con la sensación de que algo muy grande muere, pero también con la esperanza de que la Semana Negra regrese el próximo año. Y de que si aún estoy vivo entre los muertos, asistir a una fiesta donde la palabra Cultura (así, con C mayúscula) no produce molestos sarpullidos.

En definitiva, que quien les escribe está con Los Negros.

Saludos, no tan amargos como pensaba, desde este lado del ordenador.