Basta ya de bloqueo

Lunes, Julio 12th, 2010

El mundo editorial español es responsable del bloqueo al que están siendo sometidas las literaturas que se escriben en nuestro mismo idiomas allende los mares. Va siendo hora, pues, de exigir como lectores, como humildes y para nada rutinarios consumidores culturales, que ya es hora que las cosas cambien aquí y en la otra orilla.

El único puente que existe en España entre el viejo y nuevo mundo. O entre lo que se escribe en este país y en los territorios de Latinoamérica es la Semana Negra de Gijón, oasis en el que algunos nos orientamos de lo mucho y bien que se está escribiendo y publicando (¡en editoriales filiales españolas como Alfaguara, Planeta, Seix Barral!) en México, Colombia, Argentina y Chile, entre otras repúblicas, sin salir del asombro. Y escribo sin salir del asombro porque además de saber que estas obras no circulan en España, los autores españoles tampoco llegan a estas geografías.

Asistir a la Semana Negra de Gijón –el festival de los festivales– es como ser iniciado en una logia que está al tanto de lo que se escribe en español pero con distintos acentos, y te hace preguntar por qué no se aprovecha lo de aquí y lo de allá de manera recíproca. ¿Qué frena la simbiosis? ¿Cómo no se ha visto las posibilidades culturales y también mercantiles de una operación de este tipo, de este calado, en la que todos, empresas, autores y consumidores saldrían ganando?

¿A qué viene este complot? ¿Esta obsesión por bloquear el cine, la literatura, la música, el arte que se genera en una y otras orillas? ¿Quién impide que un lector mexicano no pueda leer a un autor español y a un lector español leer a un mexicano?

Hay más mundo tras las vacas sagradas. Tras los García Márquez, los Carlos Fuentes, los Vargas Llosa, los Marsé y los Vila-Matas… Vaya si hay más mundo.

Saludos, ¿puño en alto?, desde este lado del ordenador.

¡Vividores!

Sábado, Julio 10th, 2010

Si el año pasado fue un gigante este 2010 se ha transformado en un coloso. Me refiero a la Semana Negra, que ha crecido de manera descomunal.

Paseo por la feria y compro libros rezando a los dioses porque me dé tiempo de leerlos casi todos. Me cruzo con una familia que lleva en la mano una bolsa repleta de volúmenes y en la otra un paquete de churros gigantes porque, reitero, en esta semana todo es un poco más grande. El olor de pulpo (ya podrían cocer al dichoso y profético Paul) y carnes se entremezcla con el del papel. Las presentaciones y mesas redondas analizan lo habido y por haber en eso que aquí llaman literatura de géneros, y que concentra a cantidad de friquis de todas las edades (incluido quien les escribe) con gentes responsable.

Me entretengo oyendo a Joe Haldeman, un americano para nada impasible que me hace recuperar la fe en esa inteligente y siempre generosa izquierda estadounidense que para nada huele a socialista. Habla de Robert A. Heinlein con un cariño distante que desarma. Casi lo mismo que me pasa con la lectura de Tropas del espacio y la novela más famosa de Haldeman, La guerra interminable.

Me encuentro con un libro que recopila cuentos de ciencia ficción escritos por un español el siglo pasado, pero dejo escapar la oportunidad y continuo navegando por este mar infinito de personas que se dan una vuelta por la feria mientras me digo que Gijón podría resultar una ciudad perfecta si no fuera tan cara (lo es) y si asomara el sol más veces a lo largo del año en estos lares. Claro que esto lo escribe alguien acostumbrado al calor africano y al azul de un océano que me hace lamentar el desteñido de este Cantábrico.

Dicen que hay crisis, pero en esta capital todo el mundo sale a la calle y llena los bares, locales que te encuentras cada dos por tres repletos de gente que toma la sidra, el vino o la cerveza. Mejor que no hable de cómo se come. Porque comer, comer, los jodidos nos ganan por clara ventaja a los que somos de más allá del sur.

Gijón me provoca reacciones adversas. Te invita pero también se resiste. Ayer, cuando el tren negro nos dejó en la estación, un grupo de manifestantes despedidos de la fábrica Chupa Chups llamó a los que desembarcábamos ¡vividores! Lo mejor del caso es que ninguno de los escritores se molestó por el calificativo sino el grupo de periodistas que venía conmigo. Pensé, resignado, que el que se pica es porque ajos come.

 Llevo dos días en la Semana Negra y tengo la sensación de que han pasado ya las siete jornadas. El tiempo no corre sino vuela.

Un aviso, me entero que Bilbao acogerá del 22 al 26 de septiembre el Festival de la risa, y que asistirán, entre otros, Tom Sharpe, Martin Amis (ese mismo autor del que quemé un libro hace una semana), Forges y Michel Houellebecq. Le pregunto a quien lo organiza si habrá una mesa redonda sobre la literatura española de humor (que hay mucha y de calidad, Jardiel Poncela, Azcona, Neville) pero me sale por peteneras, quizá sea porque en este país los mejores cultivadores de la risa literaria fueron gente de derechas. Pero no sé. Y tampoco tengo tiempo para romperme la cabeza con estas cosas.

Me duele la barriga, no me curo el catarro que he pillado y la noche, aquí siempre una hora por delante de Canarias, cubre esta ciudad del norte que durante una semana quiere amanecer y atardecer muy negra. Por el momento lo está consiguiendo.

Saludos, pensando muy seriamente lo de dejar de fumar, desde este lado del ordenador.

La clave Charles Dickens

Lunes, Junio 21st, 2010

El pasado 9 de junio se cumplió el 140 aniversario del fallecimiento del escritor británico Charles Dickens. Mi relación con Dicken se inició siendo yo todavía muy pequeño a raíz del musical Oliver! dirigido por el más que estimable Carol Reed –algunas de cuyas canciones todavía suenan muy frescas en mi apolillada memoria– y más tarde a través de algunas de sus memorables novelas como David Copperfield, Grandes esperanzas, Oliver Twist, La pequeña Dorrit, Historias de dos ciudades y su ya imprescindible relato Un cuento de Navidad cuando se aproximan esas fechas hoy más que nunca entregadas al consumo.

Coincide este aniversario por esos extraños lazos que mantengo con el mundo de los espíritus en plena lectura de su fantástica Tiempos difíciles, título que me procuré la semana pasada mientras buscaba en una librería como un sediendo agua en el desierto una novela que rebajara la profunda indignación que me sacude estos días.

Creo que a estas alturas es innecesario que les hable de Dickens porque doy por supuesto que es uno de esos autores que todo lector bien nacido debiera de tener en la cabecera de su cama.

Meterme en su universo poblado de personajes mezquinos a mí, paradójicamente, me serena. Quizá sea porque en sus obras todos ellos –Fagin, Bill Sikes, Uriah Heep– reciben justo castigo por sus fechorías.

Imagino que las novelas de Dickens no han perdido actualidad porque sus lecciones morales y su profundo sentimentalismo aún continúa vivo entre nosotros. Su aversión a la pobreza, sumidero de las miserias humanas, puede ser corregida si se sabe derramar en ellas la semilla de la educación y la cultura, actitudes, pienso, de la que podría tomar ejemplo el Gobierno de Canarias y demás instituciones autonómicas y locales, para mí hoy más que nunca ejemplos perfectos para que se hagan una idea de los protagonistas más tenebrosos en la literatura de este gigantesco escritor.

Como en sus novelas, sólo espero que al final todos ellos –los Fagin, Bill Sikes, los Uriah Heep de esta región confusa– terminen como acaban los dos primeros en Oliver Twist y el tercero en David Copperfield.

Pero les contaba que por esos caprichos del azar vuelve a caer en mis manos una de las muchas novelas de su autor que no había podido leer hasta ahora, y que la emoción que me embarga con su retrato en ocasiones feroz sobre la clase obrera vista, bien es verdad, con cierta ironía pequeña burguesa, me ablanda un corazón últimamente demasiado lacerado por mediocres.

Descubir o redescubrir como es mi caso a Dickens me sirve así como antídoto para creerme que otro mundo es posible, y que al final los malos, los que han hecho de su vida una trampa de mentiras y traiciones, de arrabismos miserables, terminarán donde nunca debieron de haber salido: el cubo de la basura.

Algunos lo llaman justicia poética. Yo, la clave Charles Dickens. 

Saludos, lo que se dice eternamente agradecidos al maestro, desde este lado del ordenador.

Narradores sin incómodas denominaciones de origen

Miércoles, Mayo 5th, 2010

Por fortuna –loado sean los dioses– la evolución de lo que podríamos denominar como literatura canaria no se quedó anclado en los años 70. Década que dio nombre a una generación de escritores que más que boom fue petardo sin ánimo de ofender a nadie.

Su estampido, sin embargo, resuena todavía en las cumbres de un archipiélago pequeño bastante dado a mirarse el ombligo y a lamentar su ausencia en la historia oficial de la literatura escrita en español por aquello ya tan manido de la lejanía que nos separa del territorio peninsular.

Si bien es cierto que culturalmente hablando las islas han dado un simbólico paso de gigante en especial a cuanto infraestructuras se refiere en los últimos años, no deja de resultar llamativo que literariamente hablando suene hoy más sus poetas nacidos en los 60, 70, 80 y 90 del pasado siglo que sus narradores. Casi como si pretendiera hacernos creer que Canarias es tierra de trovadores y no de aplicados novelistas precisamente en unos días donde las ficciones son tan necesarias.

Afortunadamente estoy detectando en la novela un movimiento de nuevos escritores en las islas que sin los prejuicios de sus hermanos mayores, padres, abuelos y bisabuelos si se terciara, se han lanzado al ruedo para contar sus historias con independencia de que éstas transcurran o no en su entorno.

La nómina es larga, muy larga, así que advierto que en este post no aparecerán citados todos pero sí algunos a los que llevo siguiéndoles la pista desde hace unos años y otros tantos más recientes que me han soprendido por la variedad y calidad de sus propuestas.

Se tratan de obras en su mayoría desconcertantes y muy bien escritas, que revelan un universo personal que hacen si cabe mucho más atractivas sus  ficciones.

Si hay un elemento digamos común a todos estos escritores es que nacieron en la era de la televisión, se alimentaron viendo películas, leyendo tebeos y navegando por la red. Quizá ello explique la variedad de géneros que tantean, llámese costumbrista, fantástico, policíaco o de ciencia ficción, entre otros.

En esta improvisada nómina de nuevos narradores se encuentra Víctor Álamo de la Rosa, a punto de publicar su última novela, La cueva de los leprosos, y autor de un territorio mítico novelesco –Isla Menor, trasunto literario de El Hierro– que ha ido construyendo al modo del de otros grandes narradores como Gabriel García Márquez y su Macondo; Juan Rulfo y su Comala o William Faulkner y su condado ficticio de Yoknapatawpha . Y Víctor Conde (pseudónimo literario de Alfredo Moreno Santana) premio Minotauro 2010 por su novela Crónicas del Multiverso y autor ya de una más que respetable bibliografía adscrita fundamentalmente al género de la ciencia ficción.

En los territorios del género policíaco destaca Alexis Ravelo y en la novela con denuncia social Santiago Gil. No querría olvidarme de la primera y excelente novela publicada por Carlos Cruz, h.; ni de Nicolás Melini, para quien firma El Escobillón probablemente uno de los mejores narradores de relatos y novelas cortas nacidos en los años 60, 70, 80 y 90 del pasado siglo.

Añado a esta lista –insisto que improvisada y apresurada– a José Luis Correa, Anelio Rodríguez Concepción y David Galloway; también a Bruno Mesa, poeta que debutó este año como novelista con su interesante El hombre encuadernado; y Álvaro Marcos Arvelo, escritor cuyo trabajo se caracteriza por un mundo propio y cuasi hermético del que ya dio sobradas muestras en su excelente El Pasaje y que presentará el próximo viernes, 14 de mayo, su última novela Al sueño polar de golondrinas, en la sede de la MAC en la capital tinerfeña.

Sí, soy consciente que me quedo corto, pero espero que los autores mencionados sirvan sólo como periscopio de lo que se está moviendo en la superficie de la novela y el cuento en estas islas. Todos ellos representan, a mi entender, una forma de escribir sin prejuicios ni ataduras generacionales. Capaz de mirar al frente sin molestas referencias locales.

Este puñado de narradores ya está aquí…

Así que quién sabe, igual aquel petardo que sonó en los setenta deje paso ahora al estruendo de una traca cuyos efectos quizás sean devastadores para la apolillada y rancia literatura canaria (¿?).

¿La razón? Todos ellos se sienten escritores sin incómodas denominaciones de origen.

Bienvenido sean. 

Saludos, a lo “es de bien nacido ser agradecido”, desde este lado del ordenador.

Sobre héroes y cobardes

Domingo, Mayo 2nd, 2010

UN FELIZ REDESCUBRIMIENTO

Creo que más que la casualidad es una mano fantasma y caprichosa la que te lleva a revolver en las estanterías para que te encuentres con salvavidas con los cuales aguantar el chaparrón que no está cayendo. Así que en esta realidad que cada día se torna más siniestra y desesperada, se agradece topar con clásicos relativamente recientes que no han perdido actualidad desde que fueron paridos. Obras por lo tanto que se meten en las tripas y te las revuelven como una lavadora con el fin marcar un camino porque, como le decía un atribulado H. G. Wells a su futura esposa en Los pasajeros del tiempo: “Todas las épocas son iguales y sólo el amor las hace soportables”.

Cuento todo esto porque el viernes pasado veo una vez más La tapadera, de Martin Ritt, y mastico esa palabreja tan maltratada en los últimos tiempos como es dignidad. Y ser una persona digna hoy no es un acto baladí sino una forma de enfrentarte a los miedos. 

Y reflexiono, mientras veo esta pequeña pero gigantesca película protagonizada por Woody Allen que transcurre en lo que se denominó como Caza de Brujas, en lo actual que sigue siendo su mensaje. 

En el largometraje Allen, cuyo personaje presta su nombre para que un puñado de guionista de televisión que figuran en las tristemente célebres listas negras puedan vivir de su trabajo, opta al final por la salida más digna pese a que mande a paseo un futuro más que prometedor como falso escritor de éxito. Y esta decisión, que opte por el caminio más difícil en unos tiempos como son los de este cancerígeno siglo XXI más cercano a los siniestros retratos que George Orwell y Aldous Huxley nos legaron en sus aún reivindicables novelas 1984 y Un mundo feliz, respectivamente, es lo que me espabila la cabeza y hace pensar que vale la pena continuar pese a las adversidades.

Reviendo La Tapadera tengo la sensación que como las cosas continúen como están, ahogando cada vez más a esos ciudadanos que sólo quieren que los dejen vivir en paz, ese batallón de perdedores que cada día se hace más grande en nuestro país, empezará a tomar conciencia de su dimensión de héroes ante una realidad vil que hoy está manipulada por demasiados cobardes.

MERECE LA PENA

Les recomiendo que lean el artículo que Alfonso González Jerez publica hoy en Diario de Avisos. Sus palabras son contundentes y como casi todo lo que escribe cuando no tiene la necesidad de disfrazarlo, traduce lo que pensamos muchos sobre un caso y un protagonista –un juez para más señas– que no pertenece, precisamente, a la legión de desarrapados a la que aludíamos en el comentario anterior. González Jerez comete en su texto, no obstante, un pequeño error que sólo detectaremos los iniciados en el universo de los tebeos. Error que me permito corregir con la humildad de un colorínadicto desde épocas muy tempranas. Ni Batman ni su némesis el Joker (o el Comodín en aquellas inolvidables ediciones mexicanas de Novaro) son personajes de Marvel sino de la DC. Dicho esto, enlacen y, por favor, lean.

EL BUEN PASTOR

Y otra de cine. Otra recomendación para los que no encuentran en cartelera títulos potables para gastarse siete euros en taquilla.

Ahora se puede adquirir en kioscos la que probablemente sea una de las mejores películas de espías de la historia del cine. Me refiero a El buen pastor, dirigida y protagonizadas por Robert de Niro. El filme se inspira vagamente en la vida del jefe de la contrainteligencia de la CIA, James Jesús Anglenton, personaje que interpreta con una convicción abrumadora Matt Damon.

Para los que conocen mi afición por este género (tanto cinematográfico como literario) les garantizo que procurarse El buen pastor es apostar a caballo ganador. Los iniciados encontrarán ecos de la magnífica novela La compañía (convertida en serie de televisión sin los excelentes resultados de su material novelesco), pero también contiene referencias a otros grandes títulos del género de espías.

El buen pastor es una historia de iniciación narrada con un pulso en ocasiones macabro pero necesario para mostrar las entrañas de la que probablemente sea la agencia de espionaje más colosal del planeta. Es una historia de amor, también de traiciones, pero sobre todo de deber y brutales sacrificios. Todo en nombre de la patria (Estados Unidos). Una entelequia que, como decía Kirk Douglas citando al doctor Samuel Johnson en Senderos de Gloria, “es el último refugio de los cobardes”.

Saludos, reivindicativos, desde este lado del ordenador.

Dos recomendaciones

Jueves, Abril 22nd, 2010

UN EXCELENTE TRIBUTO NEGRO

Ese gran escritor que fue David Goodis y a quien ya le dedicamos un post en esta misma bitácora en septiembre de 2007, cuenta desde hace relativamente poco tiempo con una página web dedicada en exclusiva a su vida y producción literaria.

Es probable que a los profanos Goodis no les diga nada, así que les recomiendo en vísperas del Día del Libro que se hagan con algunas de sus historias para que entiendan que el género de la novela policiaca trasciende precisamente esas fronteras genéricas cuando cuenta con narradores como Goodis. Un escritor de vida errante y empañada en alcohol que terminó echando pestes de su breve etrapa como guionista en el Hollywood dorado de los años 40 y cuya producción literaria dedicó casi enteramente a retratar la retorcida poesía del arrabal.

Cineasta como François Truffaut (Disparen sobre el pianista);  Delmer Daves (La senda tenebrosa, imagen que acompaña estas líneas) y Samuel Fuller (Calle sin retorno), entre otros, intentaron traducir al cine su universo poblado de tinieblas aunque no supieron mostrar, mucho me temo, ese desencanto que produce descender a los infiernos que padecen los antihéroes protagonistas de sus hoy tan necesarias novelas.

PARA ACLARAR LAS IDEAS

El catedrático en Ciencias Políticas argelino Samï Nair y el crítico búlgaro Tzvetan Todorov (en la imagen) protagonizan, este viernes 23 de abril, a las 20.30 horas, el segundo coloquio del foro Ideas para cien años, organizado por la entidad con el objetivo de conocer y compartir las ideas, experiencias y perspectivas entre diversos pensadores, científicos y escritores protagonistas del siglo XX, sobre temas tan variados como la ciencia, la humanidad, el papel de la mujer en la sociedad y el futuro que le espera a las generaciones venideras en todos estos asuntos.

Saludos, animándoles a que conozca a Goodis y esperándoles ver mañana en CajaCanarias, desde este lado del ordenador.