Archive for the ‘Cine de allá’ Category

‘La hija de Ryan’ cumple 40 años

Viernes, Agosto 6th, 2010

He aquí otra película que cumple 40 años. No se trata de una de las súper producciones más celebradas de su director pero sí que se trata de uno de sus títulos más intimistas y cautivadores. La épica que respira La hija de Ryan es la de una mujer condenada pero también liberada por amor. El resto, el pequeño pueblo irlandés en el que se desarrolla la acción y la presión que ejercen los nacionalistas por sacudirse del yugo británico, parte de un escenario donde su protagonista toma conciencia de sus pasiones y deseos.

No sé si algunos considerarán a La hija de Ryan como un filme preocupantemente  feminista porque siéndolo no es preocupante. Es más, tengo la sensación que a su director, David Lean, le interesaba mostrar cómo sale de la jaula su joven heroína (porque lo es) Rosy Ryan, que interpreta una estupenda y atractiva Sarah Miles.

El resto de los personajes giran a su alrededor. Quien será su marido, un pétreo pero impotente Robert Mitchum (qué pedazo de actor para los que sigan opinando que sólo era un cuerpo pétreo) y su amante, al que da vida Christopher Jones, un principiante que no tuvo suerte en el cine. De hecho, la biografía de este principiante que no tuvo suerte en el cine se antoja mucho más interesante que su posterior e irregular carrera en el cine.

La cinta cuenta además con admirables secundarios: Trevor Howard, John Mills, Leo McKern… y un paisaje, Irlanda, que la mirada de Lean muestra con todo el esplendor de su indómita e irreductible belleza.

Confieso que cuando vi por primera vez La hija de Ryan no sacudió mi conciencia como posteriores visionados sí me la despertaron. Es probable que estuviera condicionado por otras de sus grandes producciones, películas que forman parte de mi memoria cinéfila en un lugar destacado.

Me refiero a sus aplastantes obras maestras Lawrence de Arabia y El puente sobre el río Kwai. También, aunque en un lugar discreto, su Doctor Zhivago.

Cometí entonces con La hija de Ryan el error de pensar que iba a ver una gran película histórica de Lean, eso, razono ahora, quizá explique porque se me quedó atravesada en la garganta. Como una molesta espina.

En contra de los dos primeros títulos citados, historias masculinas y épicas, de caballeros probablemente ya inexistentes, La hija de Ryan como Doctor Zhivago se trataban de películas de amor, de esas que podías ir acompañado de tu chica porque, pensabas, eran para chicas.

El tiempo, por fortuna, me hizo ver las cosas de otra manera. Y que La hija de Ryan poco a poco fuera creciendo a medida que la veía. Hoy se trata, de hecho, de uno de esos títulos a los que recurro cuando el pesado calor de agosto sólo te invita a que te quedes en casa. Y ayer mismo, mientras recibía la poca brisa que mi ventilador de fabricación china me proporciona, la volví a ver sin saber que este título cumplía en 2010 cuarenta años.

Se recurre con frecuencia a calificar cualquier cosa de obra maestra por la sencilla razón que nos dejó marcado al rojo vivo. Invito a la tribu a que revisen sus obras maestras pasado el tiempo para comprobar si continúan igual de vivas en sus emociones. A mi pasa con un puñado de títulos, otros se han quedado en el camino. Y en ese puñado se encuentra La hija de Ryan, quizá porque con el paso de los años la he ido apreciando con la justicia que se merece.

Quizá sea porque cuando la contemplo descubro nuevas lecturas, matices que se me pasaron desapercibidos en otros visionados. Y sé que estas nuevas lecturas y matices volverán a brotar en mi cabeza cuando otro agosto –si continuo entre los vivos que están muertos– regreso a esa Irlanda hermosa pero rota, y observo pasear en la orillas de la playa a esa mujer indómita que fue capaz de darlo todo al descubrir que lo mejor que somos lo llevamos bien adentro.

Llámenlo unos pasión.

Llámenlo otros deseo.

Si no la han visto: véanla.

Y si la han visto: vuelvan a verla.

Saludos, cinéfilos, desde este lado del ordenador.

Verbinski sigue apostando por Fresnadillo para rodar ‘Bioshock’

Sábado, Julio 3rd, 2010

Mientras el cineasta Juan Carlos Fresnadillo rueda en Londres su tercer largometraje, The Intruders, con Clive Owen como protagonista, el también cineasta y productor Gore Verbinski ha anunciando que sigue contando con el director canario para llevar a pantalla grande el video juego Bioshock, aunque  ajustando el presupuesto a la baja.

Bioshock, asegura Verbinski, será una película para adultos (calificada R en EEUU) y de terror bajo el agua.

Saludos, ¿eso que oigo son gritos de España, España…?, desde este lado del ordenador.

Reflexiones de un viejo que no pretende ser decente

Viernes, Julio 2nd, 2010

I was born under a wand’rin’ star…

COMPARACIONES ODIOSAS

Entre las muchas cosas que me fastidian (será cosa de la vejez, leñe) es que se compare a un tal Kaká con fulano o mengano. O que se diga algo así como: He vendido eso como un Ferrari cuando se trataba de un 600.

¿Qué pretenden?

Cuando uno de mis nietos me informa de las idioteces que tiene que soportar por esto en su puesto de trabajo me pregunto porque ninguno de sus iluminados jefes recurre a otras comparaciones. A mi, por ejemplo, me gustaría que el gritón de turno y que lo tiene agarrado literalmente por los cojones (laboralmente hablando) le soltara “joder, tío, es que pensé que eras como John Ford y al final has resultado ser Ed Wood”. O “pensé que contrataba a Ray Bradbury y me has salido un Ray Barbry”. Para quienes no lo sepan, cabestros, lo de Ray Barbry es un pseudónimo al que recurrió uno más de aquellos escritores fantasmas que en los años cincuenta y sesenta del pasado siglo se ganaban la vida con su literatura de todo a cien camuflando sus verdaderos y castizos nombres por Clark Carrados, Silver Kane o ese mismo Ray Barbry que, como habrá observado el atento lector, nacía con el espíritu de despistar al personal haciéndole creer que se trataba del mismísimo Ray Bradbury.

Tal y como están las cosas y dando ya por inútil que quienes recurren a los símiles culturicen su lenguaje, debo de confesar que a mí esto de las comparaciones con jugadores galácticos o automóviles que no cortan carreteras sino vuelan me pone los pelos de mi arrugada piel de punta. Será porque cuando oigo que lo suelta el jefe o quien tiene el parné lo que amenaza es tormenta. O una manera nada elegante de señalarle la puerta y enviarle a  la puta calle para que forme parte del equipo de parados que tanto crece y se multiplica en este país llamado España.

UN FELIZ DESCUBRIMIENTO

Leo con bastante agrado un libro la verdad que inclasificable: Fuck America. Lo hago contagiado por las elogiosas críticas que leí el sábado pasado en algunos suplementos culturales y su recomendación, afortunadamente, no es equivocada. Con Fuck America de Edgar Hilsenrath te partes de la risa y también te partes con las lágrimas.

Sus capítulos finales son de aquellos que ponen la piel de gallina. Busco desesperadamente otra novela del mismo autor publicada en castellano, El nazi y el peluquero, pero me avisan en la librería en la que suelo recalar cuando no tengo nada mejor que hacer (casi todos los días) que está descatalogada. En fin.

POLÉMICA CON EL RASTRO DE SANTA CRUZ DE TENERIFE

No he seguido con mucha atención la que se está montando en torno al Rastro de la capital tinerfeña porque por aquello de la edad ya no me fijo bien en las cosas, pero si leo bien las informaciones creo entender por las críticas formuladas ahora desde la Federación de Comercio de la provincia de Santa Cruz de Tenerife (Fedeco) que se pretende –una vez más– que el mercadillo cambie de ubicación.

Coño, pienso. Y sigo leyendo pegando los ojos en la pantalla del ordenador de mi nieto.

Estos señores quieren además que se vele por las mercancías que se venden en el rastrillo aprovechando la publicación del nuevo Real Decreto que regula la venta ambulante.

Cómo no, la panda de Fedeco ha planteado igualmente que la imagen que ofrece el Rastro “quizás no sea la más adecuada para un municipio como Santa Cruz, en cuanto a que no mantiene una uniformidad estética, carece de instalaciones y la mercancía se expone en innumerables casos en el suelo”.

Y esta bobería me hace pensar como abuelo que esta gente –los de Fedeco– no han puesto la suela de sus zapatos en ningún mercadillo o rastro en su puñetera vida.

Paralelamente, la presidenta del Rastro, Carmen Tejera, ha anunciado (no sé si lo habrá hecho efectivo) que dimitirá de esta responsabilidad al no estar de acuerdo con que se obligue a que todos los vendedores ambulantes tengan que pagar una licencia para poder vender.

La señora añade que “estamos en crisis y hay muchas personas que aprovechan para sacarse un dinero vendiendo cosas de segunda mano”.

Y yo me reitero, como habitual paseante del Rastro santacrucero y sin ánimo de entrar en polémicas, que los señores de Fedeco nunca han pisado un Rastro. Y les ruego, como viejuno, que me sean inteligentes. Más que sea…

Y lo reclamo enarbolando el bastón porque el Rastro santacrucero se ha convertido para mí es un lugar magnífico en el que aventurarme precisamente porque no está ordenado.

Un domingo vas y te parece más chico. Y otro vuelves y te parece más grande, lo que me permite explorar nuevos y apasionantes territorios.

Y es que un rastro, y el de Madrid es un ejemplo, no es otra cosa que eso.

Una espontánea galería comercial en la que unos se desprenden y otros aprehenden. Intentar organizar algo así, cuya existencia vive precisamente de la improvisación, es como condenarlo a muerte.

LA INCREÍBLE HISTORIA DEL PREMIO MENGUANTE

Serán los años, carajo, pero me sorprende, la verdad, que el director, guionista y presidente de la Academia de Cine, Álex de la Iglesia, haya obtenido el Premio Nacional de Cinematografía 2010, dotado con 30.000 euros y que concede el Ministerio de Cultura a los profesionales que durante el año anterior han desarrollado la labor profesional más sobresaliente.

Y cuento esta batalla porque a juicio de este achacoso espectador la obra de Álex de la Iglesia dejó de saberle a innovadora y transgresora dentro de un cine como el español tan poco innovador como trangresor desde que estrenó en la noche de los tiempos El día de la bestia.

No pretendo con estas temblorosas líneas cuestionar la decisión del jurado, pero sí la de reflejar un asombro viejuno porque si valoro el trabajo del tal Álex como cineasta no hay que tener dos dedos de frente para darse cuenta que la filmografía de este caballero se quema con la misma facilidad con que se van los días de mi ya larga existencia. ¡Cien años como estrella errante pesan!

Al margen de que el premio valore también su “clara labor” a favor “del consenso y del acercamiento entre todos los que forman parte del cine español, y de ellos con la sociedad” como presidente de la Academia, cinematográficamente lo más interesante de la Iglesia como cineasta es, a mi modesto entender, su corto Mirindas asesinas, aquella frustrada Acción mutante que más tarde degeneró en la deplorable serie para televisión Plutón B.R.B. Nero, y su El día de la bestia. El resto, incluida La comunidad, un tostón en toda regla: Perdita Durango (1997), Muertos de risa (1999) 800 balas (2002) Crimen ferpecto (2004) y Los crímenes de Oxford (2007).

La prueba del tiempo, como el algodón, no engaña. ¡Si lo sabré yo!

ABRAN LOS OJOS

Ojo porque también me incluyo entre los que forman parte de esta odiosa estadística que revela que la venta de libros descendió en el primer semestre de este año un cuatro por ciento con respecto al mismo período de 2009.

No sé las razones de los demás, pero la mía es francamente objetiva: los libros que me gustan resultan demasiado caros para un bolsillo que por aquello de la pensión que percibo no puedo permitirme, aunque haya días en los que mi santa señora me permite un homenaje.

Espero, no obstante, que editores y libreros lean con atención este  descenso en ventas para que vayan planteándose otras políticas con respecto al libro dichoso. De hecho, y pese a mi fobia con los adelantos tecnológicos, uno de mis nietos ya me está dando clases para que aprenda a bajármelos por la Internet.

Y palabrita que aprenderé.

Y UN ÓBITO

Se nos ha muerto el dibujante Víctor de la Fuente. Dijo adiós al mundo conocido a la edad de 83 años en la localidad francesa de Le Mesnil Saint Denis. En su producción como historietista destacan series como Los Gringos, La siberiana y Los Ángeles de acero.

¡Descanse en paz, maestro!

Saludos, en esto que llaman la tercera edad, desde este lado del ordenador.

¡Toma, Moreno, toma!

Jueves, Julio 1st, 2010

PRÓLOGO

No fui un niño que tuviera pesadillas. Las vine a padecer oficialmente mayor y son tan extrañas y amargas que no merece la pena que insista en las muy jodidas. Pienso ahora que si fui una feliz criatura que solía dormir como un lirón sin que me asaltaran los miedos se debe, probablemente, a que desde muy pequeño me sedujo en el amplio universo del entretenimiento eso que se llama género de terror. Con todas sus chispeantes variantes.

Empaparme a tierna de edad de las historietas truculentas que publicaban revistas como Vampus o Rufus, Dossier negro o Espectro, así como de todas aquellas novelas y películas que se me ponían a tiro blindó mi cerebro hacia todos aquellos terrores que profanaban el sueño de mis amigos.

Reconozco, no obstante, que como espectador de esta clase de películas no soy el más recomendable ya que suelo brincar en la butaca. Recuerdo incluso que en una ocasión hasta solté un alarido.

Esto del grito sucedió hace muchos años y fue durante la proyección de una película de la que hablaré más abajo y que disfruté (porque con este género el que suscribe disfruta) en el ya legendario por desaparecido cine Greco, en la capital tinerfeña.

MIS MIEDOS INFANTILES

Si hay algo que siempre me ha producido mal rollo en las películas de terror son todas aquellas que están protagonizadas por niños y juguetes infantiles. Y si estos juguetes son muñecos la piel se me pone literalmente de gallina.

Este post me lo sugirió el visionado el otro día de un episodio de la Dimensión desconocida que pesqué en YouTube (hay que ver las tres partes) y que se titula, precisamente, El muñeco. Pueden disfrutarlo en versión original y también con doblaje sudamericano si pichan el enlace. Yo escogí la versión doblada porque me apetecía volver a escuchar aquellos acentos y recuperar mis viejos tiempos ante el televisor en blanco y negro que había en casa de mis padres (todavía me acuerdo de su marca, Pradoni) y que jubilamos cuando se impuso la tele a color sin que ningún día dejara de prestar leal servicio.

Es probable que si algunos de ustedes pinchan el enlace para contemplar este episodio de Twilight Zone se pregunten cómo demonios le produjo tal viruje a quien les escribe, pero créanme si les digo que fue verlo el otro día y no parar de mirar hacia atrás por si aparecía el puñetero muñeco del ventrílocuo.

Y PESE A TODO ME GUSTAN LOS VENTRÍLOCUOS

A mi los ventrilocuos me gustan bastante, debe ser porque los muñecos y en ocasiones quienes los manejan me dan miedo. Y ya saben que el miedo es una de las emociones más antiguas de la humanidad.

Es tanta mi pasión por los ventrílocuos que incluso me gustan malos ventrílocuos como Mari Carmen y sus detestables muñecos. Comenzando por doña Rogelia y terminando con aquel pato chulazo que se llamaba Nico. Mari Carmen sin embargo no copa el sube y baja de mis cotidianos desprecios como José Luis Moreno, un personaje que ya de por sí parece sacado de un cuento de terror por aquello de que parece ser el verdadero muñeco y no Macario o el cuervo Rockefeller, tan simpático con su reivindicativo ¡toma Moreno, toma!

Respecto a las películas con ventrílocuos como protagonistas (la mayoría curiosamente de carácter fantástico) les invito a que pinchen este enlace, ya que ha sido repasar la extensa lista de nombres que se citan para que inmediatamente volviera al pasado al recordar la primera y última vez que vi la excelente Al morir la noche, y la mejor de las cinco historias que se desarrollan en esta película protagonizada por un ventrílocuo y su muñeco. Me consta que ha sido editada recientemente en formato dvd.

EL GRITO

Como me he ido por las ramas, ya que comencé relatando mis miedos con niños en el cine  (Suspense y El otro me vienen ahora a la cabeza) o con juguetes como protagonistas, aprovecho este espacio para contarles lo que avanzaba al principio, mi primer y único grito de terror que he soltado viendo una película en pantalla grande. Con Tiburón no vale porque ahí lo que chillamos la chiquillada fue el ya mítico: “muere hijo de puta” cuando Roy Scheider manda al infierno al gigantesco escualo.

El filme al que me refiero es Poltergeist, de Tobe Ho0per macerado por Spielberg, y la escena –para quien la haya visto– es aquella en la que el niño despierta por la noche a causa de una tormenta y mira a su alrededor cuando sus ojos descubren sentado en una silla a su muñeco gigante de payaso. El chico continúa con su inspección ocular y cuando regresa a la silla descubre (glup) que el payaso ya no está. Y entonces… entonces… Brrrrr, todavía me produce escalofríos evocar esa escena.

EPÍLOGO

Les contaba al principio que no fui un niño con pesadillas. Y es verdad. Los miedos conjuraron en mi cabeza cuando dejé de llevar pantalones cortos. Miro hacia atrás quizá por la necesidad de comprender el origen de mis actuales pesadillas y ahora llego a la conclusión que cuando fui infante vi la luz: esto de ser adulto es lo mismo que convertirse en un muñeco.

Ya no sé si de ventrílocuo.

Saludos, ¡a lo toma Moreno, toma!, desde este lado del ordenador.

Charla sobre ‘Canarias, una historia filmada’

Lunes, Junio 21st, 2010

Es una lástima que no pueda asistir este martes, 22 de junio, a la conferencia que el especialista en cosas cinemtográficas Luis Roca ofrecerá a las 20 horas en la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Las Palmas (calle San Agustín con Roque Morera de Vegueta, final de la calle Mendizábal) ya que girará en torno a Canarias, una historia filmada. 

Toco madera sin embargo con la esperanza que Roca se la traiga bajo al brazo a la isla que tiene justo delante de sus narices para instruirnos en un asunto donde, destaca su autor, repasará algunas de las más emblemáticas películas rodadas en Canarias durante el siglo XX para vincularlas con la historia de las islas: “Lo que somos y la imagen que tenemos –y ofrecemos– de nosotros mismos y la relación entre cine e industria turística”.

Para abrir boca, Luis Roca invita a que pinchen este enlace http://www.youtube.com/watch?v=5dAaV6JbdmQ (realizado en colaboración con José Antonio González) en el que tomando como excusa la presencia de Cliff Richard y The Shadows en la capital grancanaria en 1964 para rodar Días maravillos a las órdenes de Sidney J. Furie, ilustra por donde irán los contenidos de su disertación.

Saludos, babeando, desde este lado del ordenador.

¡Viva Italia!

Sábado, Junio 19th, 2010

Sí, sé que las comparaciones son odiosas pero eso no evita que me siga preguntando ¿por qué el cine español reciente no despierta mis pasiones y el de otras cinematografías, como es la italiana, es capaz de tocarme ese pedazo de alma que –pensaba– debía encontrarse en estado comatoso?

Creo, y es un juicio muy particular obviamente, que el mejor cine que nos llega de Europa viene del país de la bota. Y no ahora sino también antes.

Que me quede hasta las tantas de la madrugada con los ojos pegados frente al televisor viendo una película cuyo idioma se me escapa pero que me empapa con esa extrañísima sensación que en pocas ocasiones logra el cine para estrujarme el corazón es una de las experiencias intelectuales más placenteras de mi existencia. Que esa película logre encima contarme una historia y hacerme olvidar las estupideces cotidianas que caracterizan mi vida es además un regalo.

Esto, lamentablemente, no me pasa con el cine español. Sí, hay nombres que escapan a esa sensación frustrante, pero pertenecen al pasado y resultan además inimitables: Berlanga, Edgar Neville, algo de Sáenz de Heredia, de José María Forqué. El primer Bardem…

En el cine italiano por el contrario siempre he encontrado talento. Y no sólo el que marcan sus iconos más representativos como Vittorio De Sica, Visconti, Pasolini, Rossellini y Fellini, sino esa otra cantera de cineastas que relativamente ocultos por la sombra de estos maestros, a mí me siguen pareciendo igual o superiores que todos ellos. Cito, de memoria y sin orden generacional: Pietro Germi, Mario Monicelli, Dino Risi…

Y todo esto con independencia de que el cine italiano fuera capaz en los años sesenta y setenta de crear una industria cinematográfica que tanteó todos los géneros (incluido el western), dando oportunidad a que se sumara a esta nómina extraordinarios directores que fueron capaces de recrear el esplendor de la antigua Roma en cartón piedra o narrarnos historias de terror bajo la fórmula del giallo u otras extravagancias hasta ese momento prácticamente monopolizadas por Hollywood.

Pero es que pasado aquellos fastos, el cine italiano continúa dando gratísimas sorpresas a quien les escribe gracias a una serie de películas capaces de denunciar, por ejemplo, las miserias de su democracia a través de pequeños relatos donde el peso de la Historia no está por encima de sus protagonistas.

Es cine verdadero, que te llega. Que te hace reír y llorar, y que habla de cosas que todos conocemos como la familia, el paso de los años, el amor…

Escribo este post profundamente conmovido tras haber visto las dos partes de una de las mejores películas de este siglo XXI que apenas ha cumplido diez años. Su título es La mejor juventud y la dirige con una poética desarmante Marco Tullio Giordana.

No es una obra redonda pero a mi juicio y por la huella que ha sabido dejar en mi registro como espectador, roza casi la perfección.

No voy a entretenerles contándoles el argumento de esta cinta prodigiosa, que te agarra y te sacude, que te acaricia y que te despierta. Pero sí a recomendárselas a todos aquellos que, como a mí, pensaba que el cine se había convertido en un arte incapaz de hacernos tan tontamente felices. Y sólo por eso, La mejor juventud debe verse a modo de antídoto para pulverizar las mediocridades que te comen el cerebro.

Llego a su fine tras pegarme sus seis horas de duración y aún estoy noqueado. Con el corazón agitado, agradecido porque una obra como esta exista.

Eso era todo. Escribo a una hora prohibitiva de la noche rodeado de una dulce emoción que espero no desaparezca por la mañana cuando abra los ojos.

Saludos, aún bajo sus efectos, desde este lado del ordenador.